Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen. El Fantasma de la Ópera y sus personajes no me pertenecen. Para desgracia mía, ni Érik ni Prusia me pertenecen. Pero este fic si.

Dedicatoria: Dedicado especialmente para Eire-sensei (que podéis encontrar en FanFiction como IreneRodriguez), que me hizo ese trailer tan awesome de mi fic Caught in the Pirate Ship.


Capítulo 3

Elizabeta estaba cabreada consigo misma. Habían pasado días desde su encuentro con Gilbert. Desde entonces había reflexionado mucho sobre sus encuentros.

Había preguntado a la gente, pero nadie parecía conocerle. Llegó un momento que la empezaron a mirar como si se estuviera imaginando cosas. Pero ella sabía que no se lo imaginaba.

Una parte de Elizabeta agradecía no haberlo vuelto a ver. Podía centrarse en actuar y en aprenderse bien el papel, e incluso en pasar más tiempo con Roderich. Pero por otra parte, cada noche deseaba volver a verle. La hipnotizaba. Tenía una magia especial, que le envolvía como una capa. Un misterio que la atraía.

La húngara fue al comedor, donde se encontró con sus dos compañeros. Los tres, igual que el resto del reparto, estaban cansados pero ansiosos por que llegara el día de la representación. Darían un total de dieciséis representaciones. Cuatro semanas, con cuatro representaciones cada una.

El ensayo de esa mañana fue normal, como casi todos. Estaban tranquilamente sentados, mientras las bailarinas practicaban unos pasos de baile, cuando se escuchó un ruido por encima de sus cabezas.

Todos pararon de hacer lo que estaban haciendo para mirar hacia arriba. Pero allí no había nadie. Cuando estaban a punto de seguir ensayando, se volvió a oír el ruido.

Más ruidos fuertes y cada vez más cercanos continuaron y de repente, se hizo el silencio. Todos miraban medio asustados hacia arriba, pero riendo un poco, continuaron con el ensayo.

—¿Qué era eso? —preguntó Elizabeta mirando hacia arriba.

—Tal vez era el fantasma de la ópera —susurró Sadiq levantando las cejas sinuosamente.

—No seas idiota —replicó Roderich, que estaba sudando —. No ha sido nada gracioso. Quien quiera que haya sido el responsable se merece una buena tunda.

—Oh, Rode, no te pongas así, simplemente sería un bromista —contestó Elizabeta cariñosamente.

—Es verdad. No hace falta que te pongas así.

Elizabeta y Sadiq estaban riéndose cuando se oyó de nuevo un ruido muy fuerte, justo por encima de sus cabezas, y un cuerpo cayó de la viga, con una soga alrededor del cuello.

Hubo un momento de silencio y de repente casi todas las bailarinas se pusieron a gritar, mientras que su profesor, Roderich, Elizabeta y unas pocas más, se quedaban callados, con la tez pálida.

Pero Sadiq no. Sadiq se echó a reir. Elizabeta frunció el ceño, mirando a su compañero, y luego volvió a mirar al cuerpo que colgaba, para darse cuenta: era solo un muñeco.

—¿Qué? —dijo, incrédula —. Rode, es un muñeco.

—¡Es solo un muñeco! —gritó el profesor, al mismo tiempo, que se había acercado a ver que estaba pasando.

Algunos en la sala siguieron en shock, pero otros se echaron a reir débilmente, mientras Sadiq continuaba carcajeándose.

—¿Ha sido cosa tuya? —preguntó Roderich, furioso.

—¡Juro que no! Pero quien sea que haya sido, se merece mi reconocimiento. No reía tanto en semanas. —Mientras decía esto, Sadiq se secó unas lágrimas que se le habían escapado, de tanto reir.

—Son todos unos idiotas —murmuró Roderich, levantándose indignado y saliendo de allí, mientras las bailarinas volvían a su ensayo.

Elizabeta, suspirando y lanzando a Sadiq una mirada reprobatoria, salió detrás de Roderich, persiguiéndole por el pasillo.

—¡Rode! Te estoy viendo.

—Déjame, Eliza.

—Oh, por favor, se supone que soy Christine, y que tu eres mi Raoul, ¿no?

—¿Qué quieres decir?

—Yo soy la que debería estar asustada, no tu.

—No estoy asustado.

—Si lo estás, te has dado un susto de muerte y lo sabes.

Roderich paró de caminar y se giró, cruzándose de brazos y mirando a Elizabeta con las cejas alzas mientras ella sonreía, sintiendo su triunfo.

—Oh, vamos, Rode.

—No hace ninguna gracia.

—Mírame. Soy Christine, necesito tu protección. Estoy asustada, Raoul. —Elizabeta se puso una mano en el pecho, echando la cabeza hacia atrás, para después volver a mirar a Roderich y pestañear rápidamente varias veces, haciendo que éste sonriera —. El fantasma de la ópera me da miedo

—Pero no existe ningún fantasma de la ópera, Christine. —Roderich se acerco a ella, mientras Elizabeta le miraba, sorprendida de que le siguiera el juego.

—Oh, Raoul, sí que es de verdad. Yo le he visto, yo he estado con él.

—Eso fue todo un sueño, Christine, ya pasó todo.

—No, Raoul. Era de verdad. —De repente, Elizabeta hizo una pausa, y sin quererlo, la imagen de Gilbert le vino a la cabeza —. Hipnotizante, seductor, lleno de misterio. Con una máscara cubriéndole media cara.

Elizabeta se quedó un momento callada. Pensaba en el fantasma de la ópera, pero también en Gilbert. Se quedó sin palabras. De repente, Roderich la abrazó por la espalda.

—Pero yo estoy aquí para protegerte.

Sin saber cómo, Roderich parecía saber que Elizabeta no estaba solo actuando, y la abrazó y la sujetó fuerte sin decir nada más, y sin esperar una respuesta de ella.

Elizabeta sonrió, se giró, y lentamente, depositó un suave beso en sus labios.

—Eres un Raoul magnífico —bromeó, haciendo que Roderich sonriera.

—Tú eres la Christine perfecta.

—Bfff… Tonterías.

Los dos rieron y volvieron a la sala donde, Sadiq disfrutaba de ver a las bailarinas bailar.

—No queda mucho para terminen —anunció el de la máscara —. Os habéis perdido una buena función.

Roderich alzó las cejas y puso los ojos en blanco mientras Elizabeta reía.

Ese día no ocurrió nada más. No pudieron averiguar quién era el culpable de lo del muñeco, para desagrado de Roderich. Durante todo el día, Sadiq y Elizabeta se estuvieron metiendo un poco con él, pero no pasa nada de notable importancia.

Esa noche, Elizabeta fue al camarote donde dormía, empezó a recorrerla un extraño sentimiento por dentro.

Entró en al camarote y se sentó. Cuando hizo ademán de comenzar a desvestirse, una voz surgió de algún sitio que no lograba localizar.

—Elizabeta.

—¿¡Qué quieres!? ¿¡Quién eres!?

—Sabes quién soy.

La voz sonaba potente, profunda y con un deje de burla en ella. Elizabeta la reconocía perfectamente. Quería ponerse furiosa, pero por alguna razón, no lo lograba.

—Gilbert.

—Mi querida Eliza, parece que si me conoces, después de todo.

—Déjate ver.

—¿Estás segura? ¿No preferirías irte con tu querido señorito?

—¿Señorito? ¿Roderich?

—Justo.

—¿Qué tiene que ver Roderich en esto?

—¡Él tiene que ver todo! ¿No lo entiendes?

—¿¡Qué se supone que tenga que entender!? ¡Tú solo eres un idiota que se dedica a hacerse el misterioso!

Hubo un momento de silencio, pero Elizabeta estaba furiosa. ¿Quién se creía aquel hombre que era? Entrando así en su vida, y no dando ninguna explicación. Y encima parecía que ella le debía alguna explicación. La húngara no podía estar más enfadada.

De repente, Gilbert comenzó a reír. Al principio lentamente y en voz de baja, y Elizabeta no estaba segura de si realmente se estaba riendo, pero luego fue subiendo de intensidad, hasta que no le cupo la menor duda.

—¿¡Qué es lo que te hace tanta gracia!? —chilló Elizabeta.

—Eres ella. Puedo decirlo con solo verte. Pero a veces, eres totalmente diferente.

—¿Quién se supone que soy?

—Demasiado pronto… ¡Demasiado pronto!

Gilbert calló y Elizabeta respiró agitadamente.

—¿Gilbert?

Nadie le contestó y la húngara cogió el cepillo de encima del tocador y lo tiró contra la pared con furia. Estuvo a punto de gritar de la frustración, pero se mordió el labio para que de sus labios no saliera ningún sonido.

Se agarró el pelo, y se sentó en la cama, roja de la agitación.

Quería odiar a Gilbert por hacerla sentir así. Quería enfadarse con él, quería tener miedo de él. Pero no podía. Y aquello la llenaba de rabia.

XxXxX

Ya estaban prácticamente dentro del túnel, cuando alguien entró en la habitación. Emma y Lily se giraron, asustadas, pero resultó ser Roderich.

¿Qué estáis haciendo aquí? —preguntó, confundido —. ¿Quiénes sois?

Tú eres Roderich, ¿no?

Así es.

Somos amigas de Elizabeta. Hemos entrado para buscarla.

No deberíais estar aquí. Salid ahora mismo.

No pensamos hacerlo —contestó Lily, mirándolo fijamente —. Es nuestra amiga.

Acabamos de encontrar este tipo de pasadizo —añadió Emma —. Tiene que llevar a algún sitio.

Esto es… Exactamente igual que… —susurró Roderich.

¿Qué? —preguntó Emma.

Nada, da igual. Supongo que no hay otra opción. Entremos los tres.

Emma y Lily asintieron y entraron en el pasadizo, vagamente iluminado por las antorchas. Los tres se miraron y comenzaron a avanzar.


Comentarios:

Bueno, después de mil años, aquí vengo actualizando. No responderé a los reviews del último capítulo porque hace tanto tiempo que he perdido el hilo, me disculpo fuertemente. A partir de aquí los responderé por mensaje, además.

Lamento muchísimo la espera. Si alguien sigue por ahí esperandome, me vuelvo a disculpar. Pero ahora que se han terminado las clases y los examenes, por fin he actualizado.

Espero que os esté gustando la historia :3

La tengo ya en su punto. Descubrí hace un mes que una de mis mejores amigas no había visto el fantasma de la ópera, y mi plan era verme la película con ella, pero en el fnac, encontré el dvd del 25 aniversario, en Londres... Y el cantante era Ramin, que soy fan porque sus actuaciones en Les Miserables, así que como era barato (una entrada a un musical normalita aquí en España te puede costar 70 euros, y el DVD del 25 aniversario en Londres, diez euros) ni me lo pensé y me lo compré... Tras decir esto, LA RECOMIENDO MUCHO. Una actuación impresionante, de Ramin (el fantasma), Hadley (Raoul) y Sierra (Christine)

Dicho esto, he empezado a releerme el libro, y me tiro el día escuchando la banda sonora del 25 aniversario (si alguien quiere la lista de reproducción en youtube, la tengo :D) o sea que este fic lo tengo bien metido en la cabeza.

Gracias por leer!


Cualquier comentario, crítica (constructiva a ser posible), petición del algo, etc... Review ^.^