N/A: La historia estara dividida en 5 "tiempos", por llamarles de unn modo. Cada tiempo tiene su nombre y una frase que lo inicia.
Tiempo 1: El mundo en que vivimos.
"Nuestra decisiones marcan nuestro destino"
4: La hechicera y su captor.
-Melva ¿Con quién hablas?
Victor ya estaba acostumbrado a que la niña hablaba sola desde que llegó. Era natural, ya que estaba en la edad de los "amigos imaginarios", pero eso de que tuviera muchos lo inquietaba.
-Con mi mamá.
-¿Con tu madre?
-Con la verdadera- dijo clavando aquellos ojos de un azul diáfano en los de él.- Dice que Raven está bien con el Caballero León. Pero teme un poco por la agente Amy Brown.
"Es imposible que sepa esto." pensó Vic "Les dije a los niños que Raven tuvo que ir por unos papeles a Inglaterra y que demoraría. Además, tampoco sabe de ese loco. De seguro está inventando también lo de su madre, no es posible que le hable, ya que está muerta. Pero me alegra que la chica esté bien".
Y en efecto, Raven estaba bien con él. Mostrándose odiosamente sumisa ante Gabriel, este le daba el permiso de ir y venir, con la inútil amenaza de que si intentaba escapar, él estaría ahí para regresarla a su guarida y entonces sí le iría mal.
Aunque poco a poco iban agarrándose cierta confianza, pero no la suficiente como para hablar de sus demonios internos. Parecían una especie de frío matrimonio en el que Gabriel salía a "trabajar" ayudando a los demás que sufrían por Enrique de Hanover y en su ausencia Raven salía al mercado a comprar comida para prepararle a su regreso. En la noche los dos se quedaban simplemente en silencio, intentando no conocer al otro, ya que temían que eso sólo les haría imposible el momento de separarse y, dicho sea de paso, querían seguir creyendo que el otro era el malo.
-Ah, Raven- le dijo un día Gabriel, mirándola llegar un poco cansada por el sol de mediodía.- Descansa un poco.
Recibió la canasta con las verduras y carnes y miró un poco felíz mientras ella se acostaba poco a poco en un montonal de paja amontonada o algo así. Raven quedó sorprendida: le había hecho una cama de brezo. Estaba cómoda y olía de verdad bien, como para dormir profundamente.
-Gracias, Gabo- le dijo y se recostó. Aunque seguía sin dormir.
A veces peleaban porque ella comenzaba a perder la paciencia en la espera de su libertad, pero guardaba silencio después de provocarlo. Lo único que hacía en esos momentos era recostarse de lado en su cama y ocultaba la cara. Sin embargo, él siempre le pedía perdón sin atreverse a abrazarla o algo, debido a los tabúes sociales que consideraban "malo" besarse o abrazarse a alguien a quien apenas se conocía y peor en público.
Dick miraba la ciudad desde un balcón en el palacio. El centro se veía espléndido, casi como el único recuerdo que tenía de Roma, pero las zonas más lejanas se veían abandonadas, tristes. Pensó que esa era la triste realidad de España.
-Lo es.- dijo una voz femenina. Era Catalina, que se acercaba a él. No pudo evitar sonrojarse levemente al verla.
-¿Lo es que?- preguntó él.
-Que los arrabales muestran nuestra realidad, Sir Dick.
Se quedaron en silencio contemplando....el piso, de la pena que tenían de estar lado a lado. Dick rompió el silencio.
-Escuché por ahí que se casará con el Príncipe Raymond Alexander dentro de unos meses.
-Así es- dijo tristemente. Lo miró y dijo- Aunque supongo que no hay tristeza mayor que tener perdido a una hermana.- suspiró- Dígame ¿Como es su hermana?
-Es todavía una niña. Tiene el pelo negro y rozándole las mejillas, ojos azules como zafiros- añadió un poco divertido- ¿Porqué será que las mujeres tienen ojos de joyas, como usted, que los tiene de esmeraldas?- ella rió del comentario, pero por dentro estaba sonrojada- piel blanca como el mármol, alta y espigada.
-Se parecería un poco a usted
-¿A mí? ¡Que Dios nuestro Señor no lo permita! Si no la pobrecita estaría feísima.- ambos soltaron la carcajada.
Raven en esos momentos estaba picando las verduras para la comida de ambos. Observaba la olla y se le hacía muy parecida a su viejo caldero. Sólo que mas pequeño y que en vez de hervir la "mezcla base" hervía agua. Se sentía algo extraña, ya que ella que siempre odió las labores domésticas debido a que en la Academia le enseñaron que eso era para las mujeres plebeyas puras. Y ella era una Hechicera hecha y derecha.
Además de que no lograba sacarle algo a Gabriel sobre su pasado y porqué quería vengarse de su hermano. Tampoco podía entender su manía de rescatar a los animales heridos y cuidarlos hasta que sanaran -lo cual la disgustaba ya que le daba mas trabajo del que quería.
-Ya llegué- avisó él mientras dejaba en el perchero su capa y su sombrero.
-Ah, hola. Preparé sopa campirana de verduras para comer, ya que no te gusta la carne.
-Espero ahora no sea "sopa gótica de verduras"- se rió al recordar las verduras que solía dejar negras.
-No te rías de mí. Apenas si sé cocinar.- bufó ella.
-Mi estómago ya lo sabe.
En ese momento, Raven entendió que el único modo de que Gabriel se abriera y le contara sobre sí mismo, era que ella se abriera primero. Se quitó el mandil y le sirvió la sopa en un plato. Tomó la cazuela y comió de ahí.
-Eh, que hambre que tienes- volvió a burlarse él.
-Mucha, ya sabes que a los niños se nos debe dejar mas de comer.
-¿Eso a que viene?- preguntó, extrañado. Raven miró al cielo con actitud medio traviesa.
-Verás, cuando era niña, no hace mucho como es obvio, nunca tuve una muñeca. En vez de jugar tenía que aprender largas series de hechizos, pociones, sortilegios y maldiciones. Como quien dice, no tuve infancia.
-Yo tampoco- dijo él concentrándose mas en la comida- Al amanecer me levantaban para bañarme, pulirme y dejarme pudriéndome frente a ocho maestros que me enseñaban historia, geografía, matemáticas, español y varias lenguas mas. Luego clases de clavicordio, flauta, chelo, seguidas de interminables lecturas....
-¿Y eso?- preguntó sorprendida, ya que eso significaba que él tuvo dinero alguna vez.
-Eh...por nada.
Se quedaron en silencio mirándose a ambos lados de la mesa vieja. Gabriel rompió el silencio sorbiendo ruidosamente de su plato para comerse lo último de la sopa con tan poca educación que Raven se sintió asqueada.
-Raven- volvió a decir él, pero ahora con pena- Quiero decirte que puedes irte cuando lo desees. Creo que tu hermano ya debe de tener los pelos mas erizados de lo normal de tu ausencia. No intentaré atraparte de nuevo ni tenerte de " mi esposa maldita" si es lo que piensas.
-Gracias- dijo ella- Debo admitir que la pasé bien en tu casa.
Salió simplemente de la casa antes de que Gabriel recordara que debía quitarle el brazalete de la anulación. Pero no tardó en verlo de nuevo, a un lado de la olla en la que ella comía. Estaba roto de un lado.
Esta loca encontró el modo de liberarse- pensó con una sonrisa torcida- Me engañó. Yo que todo este tiempo creí que no podía hacer magia y resulta que en cualquier momento pudo convertirme en sapo.
