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Loki ganó con 6 votos, Luke tuvo 3 y Link 2. ¡Gracias por votar! :D


4. Fantasma pecaminoso

Se hallaba completamente disperso, mirando con cara de idiota al techo como si fuese lo más interesante del mundo. No le prestaba ni la más mínima atención a las palabras del profesor, ya que su mente ni siquiera parecía estar donde debía. Estaba demasiado ocupado procesando todavía los sucesos como para dignarse a centrarse en otra cosa.

Después de haber pasado todo el fin de semana completo en aquél manicomio, le costó bastante re habituarse a su vida normal.

—… siguiendo con las lecturas de finales de la época Victoriana, podemos analizar con detalle que… señor Evans— El profesor anciano y robusto se interrumpió con cierta indignación para llamarle la atención.

Pero Soul parecía ni haberse percatado de aquello. Hero por lo menos tuvo la delicadeza de lanzarle unas bolitas de papel para hacerlo reaccionar, lográndolo sólo cuando le encestó una en la boca que hizo que por poco se atragantara. Ante la mirada de reproche que le envió, el rubio se limitó a señalar con un ademán de la cabeza al profesor.

Miró entonces en aquella dirección, dándose cuenta no sólo de la mirada poco amigable del maestro, sino también de todas las otras miradas burlonas de sus compañeros que se sentaban delante de él.

—Me alegra que haya regresado al planeta Tierra, señor Evans— Comentó relajado pero notoriamente disgustado el profesor. —Ahora, si fuera tan amable de poner atención a la clase le estaría agradecido.

Soul sacudió un par de veces la cabeza para terminar de despertarse.

—Lo… Lo lamento, señor— Se disculpó finalmente, al tiempo que sus demás compañeros retomaban el hilo de la clase y el maestro reanudaba la lección.

Suspiró algo frustrado, siendo consciente de la mirada algo preocupada que su rubio amigo le enviaba. Entendía la inquietud de Hero, pero con un rápido vistazo le indicó de forma silenciosa que no le pasaba nada. Simplemente no podía evitar perderse de semejante forma al tomar consciencia de que había regresado a casa, a su mundo, lejos de todo aquél disparate que parecía haber sido simplemente producto de su loca imaginación o de un sueño, pero no… Hero era el claro recordatorio de que aquello sí había sido real.

Se llevó una mano hacia su cabeza para pasarla por su blanco cabello y despeinarlo un poco, oyendo casi al mismo tiempo el timbre que indicaba el inicio del recreo.

El sonido del movimiento de las sillas y los escritorios contra el suelo tapó las últimas indicaciones del profesor, y antes de que este pudiera repetirlo, la gran mayoría había escapado del aula.

Hero hizo lo propio y se puso de pie para acercarse al pupitre que tenía a su lado, mirando con más insistencia al peliblanco.

—Estás así desde la primera clase— Comentó, apoyándose levemente en el pupitre de en frente.

—Lo sé, simplemente no puedo…

—¿Asimilarlo?— Completó, entreteniéndose al jugar con una silla, meciéndola con un pie.

El otro asintió.

—Bueno, supongo que es normal…

—¿A ti no te pasó la primera vez?— Preguntó algo curioso por la forma en la que lo dijo, poniéndose de pie finalmente para abandonar el aula.

Él por otro lado se apresuró a salir junto a él.

—No, recuerda que te había comentado que llevo en esto toda mi vida. Me crié en Death City, el cambio para mí más bien fue venir al mundo humano— Explicó brevemente, mirando algo distraído el techo y las lámparas del pasillo.

—¿No eras humano?— Quiso corroborar con algo de sorpresa.

—Sí, soy humano, y originalmente pertenezco a este mundo. Pero de bebé fui llevado a Death City y no conocí este lugar hasta mis primeros seis años. Me costó mucho "integrarme", y aún soy malo para relacionarme con la gente de este mundo— Admitió, desviando un poco la mirada sin dejar de caminar por el corredor.

—Oh… por eso nunca hablabas con nadie en la clase— Recordó, a lo que el rubio asintió en silencio.

A Soul lo intrigaba un poco su historia, pero se resistió a la tentación de preguntar. A juzgar por la forma en la que siempre que estaban a punto de tocar el tema le desviaba drásticamente el hilo de la conversación, supo que no debía ser un relato muy agradable.

Se distrajo al observarlo discretamente por el rabillo del ojo, razón por la cual no vio venir lo siguiente hasta que sus oídos captaron esa voz. Miró incrédulo hacia adelante para encontrarse con dos peculiares muchachos cruzando por el pasillo y topándose con ellos.

Hero de inmediato recuperó su buen humor y saltó contento hacia Maka, logrando atraer algunas miradas extrañadas con su muestra un tanto exagerada de afecto. Ella también ignoró cualquier otra cosa y se centró en abrazar contenta al muchacho.

Un pequeño tic se instaló en uno de los ojos del albino al comprobar que la pequeña fiera traía puesto el uniforme de la academia: Falda corta de tablones, color gris, camisa blanca, cintilla roja en el cuello y sobre todo eso una chaqueta azul oscuro. El otro muchacho de cabello negro y tres curiosas líneas blancas a un lado de su cabeza vestía el uniforme masculino, lo mismo, pero con pantalón gris y en lugar de la cintilla, una corbata roja. Aquello verdaderamente le daba mala espina.

—¿Qué hacen aquí?— Inquirió no muy contento, señalándola a ella principalmente.

Maka dejó de ponerle atención a Hero por un momento para enviarle una mirada de pocos amigos al otro y soltar despacio al rubio.

—¿No recuerdas lo que dijo Shinigami? Tengo que entrenarte— Le refrescó la memoria, colocando ambas manos a cada lado de su cadera y frunciendo levemente el ceño. —Estoy aquí precisamente para comenzar tu entrenamiento.

El chico de cabello blanco pareció espantarse ante aquello.

—No puedes estar hablando enserio— Espetó con un tono algo alterado. —Además, ¿Qué se supone que haga aquí? ¿No sería más lógico "entrenar" en Death City o algo?

—Precisamente vinimos aquí porque es un mejor campo de entrenamiento— Observó ahora por la fila de ventanas que se extendían por todo el pasillo. —Hay muchísimos seres sobrenaturales rondando por aquí y causando alboroto, es perfecto para que te vayas habituando a la vida de un Cazador y que mejores tus habilidades de percepción.

Soul palideció un poco, y al desviar la vista se topó con la mirada seria y ambarina del otro sujeto. No recordaba haberlo visto antes, pero sin duda pertenecía a esa extraña dimensión.

Hero notó la dirección de la mirada del muchacho, y se acercó un poco al pelinegro para palmearle ligeramente la espalda en un intento por relajarlo un poco y que no mirara de forma tan… escudriñadora al chico de ojos rojos.

—Soul, él es Death the Kid, el hijo de Shinigami-sama— Lo presentó brevemente. —Ahora si me disculpan, muero de hambre. Nos vemos más tarde— Se despidió con un ademán antes de escabullirse por el pasillo... Presintiendo lo que venía luego.

El albino sintió un estremecimiento ante la mención de la palabra "Shinigami", y Maka pareció notarlo. Tal vez le dio lástima o algo así, pero relajó un poco sus facciones al ver al chico.

—No te hará nada, no muerde— Aclaró, intentando hacer que el otro se destensara un poco.

Pero el rostro serio y algo intimidante de Kid no ayudaba mucho, además de que no había pronunciado palabra alguna.

Soul tragó grueso, sin poder dejar de sentirse sumamente incómodo.

—Pero… ¿Los Shinigamis no se encargaban de enviar al Infierno a todo aquél que los viera?— Inquirió todavía desconfiado, haciendo que Maka enarcara una ceja.

—¿Qué? Claro que no… ¿De dónde sacaste eso?

—Lo leí en un libro… y si lo de las luciérnagas rojas se cumplió, no veo razón para que lo demás sea mentira— Contestó igual de desconfiado, sin despegar su vista del muchacho.

Maka abrió los ojos sorprendida ante aquello.

—¿Viste las luciérnagas rojas?— Inquirió con el mismo tono de sorpresa que marcaba sus facciones, para luego mirar al pelinegro con el ceño ligeramente fruncido, en busca de una explicación.

Kid no hizo más que desviar la mirada, manteniendo siempre su rostro inmutable, pero unas pequeñas gotas de sudor delataban cierto nerviosismo al sentir aquella mirada penetrante. Ella entrecerró los ojos, corroborando con aquello que en efecto, algo le estaban ocultando.

Perfecto entonces, si así iban a ser las cosas, lo averiguaría por su cuenta… a su manera. Soltó un suspiro, con cierto fastidio.

—Hablaremos luego sobre esto— Sentenció, enviándole una última mirada de reproche.

El humano ni tuvo tiempo de preguntar por algo, ya que al siguiente segundo se encontraba siendo arrastrado por la corbata a manos de la rubia, que caminaba nuevamente molesta, a pasos pesados y con el ceño fruncido, ignorando todas las miradas que estaba atrayendo con su comportamiento.

—¿A… a dónde me llevas?— Logró articular con voz ahogada, tratando por todos los medios de librarse de su agarre y aflojar aunque fuera un poco el nudo de la corbata para no morir asfixiado.

—A algún lugar despejado donde podamos empezar tu entrenamiento— Contestó sin más, dirigiéndose hacia las escaleras, para horror del muchacho, y sin intenciones de dejar de arrastrarlo.


Marie caminaba impaciente de un lado a otro, como un león enjaulado. No despegaba su vista del piso, y se notaba en su rostro que cada vez se encontraba más tensa.

—Nada ganarás estresándote— Habló de repente la voz calmada de Stein.

Ella lo observó desde su lugar, encontrándolo muy cómodamente sentado sobre un sillón claro y con los pies apoyados en la mesita baja donde reposaba una taza de humeante café.

—Tampoco puedo estar tranquila— Le reclamó, volviendo a su actividad de caminar de un lado a otro y patear de vez en cuando una que otra pequeña nube que no tardaba en desintegrarse.

Shinigami se dedicaba a mirarla ir de acá para allá desde el otro lado del espejo, para luego soltar un suspiro.

—¿Segura que no quieres café?— Insistió Joe desde su lugar en el otro sillón que hacía juego con todos los otros bienes provisorios que colocaron mientras tanto.

—A como está, lo que necesita es un té calmante— Contradijo el científico, sin despegar los ojos del libro de anatomía que estaba leyendo.

Marie se volteó para mirarlos con el ceño fruncido.

—¿Cómo pueden actuar como si nada pasara?— Les reprochó con cierta histeria, pisoteando otra nube.

—¿Y qué quieres que hagamos?— Azusa se acomodó las gafas y se cruzó de piernas en su lugar, dejando un almohadón de distancia entre ella y el adicto al café. —No nos servirá de nada preocuparnos innecesariamente.

—Pero…-

—Marie-chan— Shinigami la interrumpió, con su misma voz informal de siempre. —Azusa-chan tiene razón. Entiendo que estés preocupada, pero deja que ellos se encarguen, por algo los envié.

Ella se lo pensó por un momento antes de contestar.

—Sigo insistiendo en que fue mala idea no decirle a Maka…— Se llevó un dedo a la boca para morderlo un poco y volver a andar de un lado a otro.

—Sabes que Maka lo matará si se entera, ¿Verdad?— Comentó la voz tranquila de Stein, totalmente casual. —Es mejor que lo entrene y sospeche a que lo sepa concretamente y lo asesine de una vez.

—Lo sé, pero si ella por lo menos tuviera alguna pista o un mínimo de información tendría más cuidado a la hora de entrenarlo para que no lo haga liberar tanto poder y…-

—¡Shinigami-sama!— Interrumpió la voz algo agitada de un nuevo hombre que se integraba a la reunión en la Death Room.

Todos voltearon para encontrarse con un hombre de cabello rojo y ojos azules corriendo por el pasillo con bastante prisa, siendo seguido de cerca por una mujer completamente vendada como una momia y el sujeto enorme de piel azul.

—¿Qué sucede, Spirit-Kun?— Inquirió el enmascarado con curiosidad.

—¡El Rey Kishin ha iniciado su movimiento! ¡Detectamos indicios de locura contaminando los distritos de Harrow y Barnet con dirección a Camden! ¡Se está esparciendo rápidamente!— Contestó igual de alterado una vez hubo llegado frente al espejo.

—A este paso sumergirá a todo Londres en la locura, y creemos que luego se esparcirá por el resto de Inglaterra— Agregó el hombre de piel azul, haciendo que Marie palideciera y se llevara ambas manos a la boca.

Todos abandonaron sus asientos y se pusieron rápidamente de pie.

—¿Cuáles son sus instrucciones?— Se apresuró a preguntar certera y seria la voz de Azusa, mirando fijamente a su jefe.

El inquietante silencio que guardó el enmascarado sólo logró avivar más la desesperación del ambiente, hasta que transcurridos unos interminables segundos, dio su palabra.

—Guarden la calma. Kid-kun y Maka-chan están allí. Dejaremos que ellos se encarguen de la situación— Contestó sin inmutarse ante lo más mínimo.


La azotea estaba despejada, y Maka se relajó notoriamente al sentir aquella brisa refrescante que hizo ondular sus coletas.

Soul seguía en el suelo, respirando a grandes bocanadas y masajeándose el cuello tras haber estado cerca de una experiencia mortal una vez más. Descartó la idea de volver a usar una corbata en su vida, y más si iba a tener a esa loca cerca suyo. Trató de incorporarse para enviarle una mirada matadora a la rubia, pero se la encontró extrañamente olfateando en el aire, haciéndolo enarcar una ceja.

—¿Hueles eso?— Preguntó ella de un repentino buen humor. —Huele a Fantasmas…— Se volteó para mirarlo y sonreírle ampliamente, haciéndole desaparecer del rostro aquella mueca molesta. —Este es sin duda el mejor lugar para entrenar. Estamos rodeados de Fantasmas y alguna que otra alma en pena vagando por ahí. Con suerte tal vez puedas ver cómo se transforma un alma torturada en un Kishin— Se asomó para ver por el precipicio.

Soul se estremeció ante aquello y tragó grueso.

—Yo no veo ni siento nada— Aseguró como todo escéptico, aunque en realidad el tono de su voz era más propio de alguien que hablaba en voz alta para convencerse a sí mismo.

—No me extraña, con lo inútil que eres…— Comentó como si nada.

—¡Oye!— Le reclamó molesto, poniéndose de pie para encararla.

Ella se giró para mirarlo con una ligera sonrisa burlona, antes de acercarse y chocar su frente con la de él para provocarlo.

—Qué— Espetó divertida. —¿Vas a contradecirme?

Frunció el ceño en respuesta e hizo fuerza contra la frente contraria.

—Por supuesto, planita— Dos podían jugar ese juego, y si de burla y cinismo se trataba, él era el rey.

—Entonces demuéstramelo, chico tiburón— Contraatacó con una notoria molestia, al parecer reteniéndose para no golpearlo.

Soul supuso que se estaba conteniendo para no dejarlo inconsciente, pues de otro modo tendría que postergar el entrenamiento. Retrocedió un paso y alzó la barbilla de forma altanera, aprovechando su altura para mirarla desde arriba mientras que se cruzaba de brazos.

—¿Qué tengo que hacer?— Inquirió sin una pizca de duda en su voz.

Maka amplió su sonrisa confiada. Había encontrado la forma perfecta para dominarlo a su antojo, todos los hombres eran iguales. Stein también había reaccionado de esa forma, recordó luego.

—Empezaremos con algo simple— Señaló con un dedo un punto lejano en la cancha exterior, más precisamente, cerca de la pista, por unos árboles que daban inicio a un pequeño bosque. —Si fuiste capaz de ver esas luciérnagas rojas no veo la razón por la cual no puedas ver lo demás. Concéntrate en ese punto y dime qué ves.

Soul se arrimó un poco hacia el alambrado y afinó lo más que pudo su vista para mirar con detalle el lugar. Por más que observó y observó como un idiota el lugar una y otra vez, por varios minutos, sólo captó el movimiento del viento. Se rindió a los cinco minutos y la miró con aburrimiento.

—¿Qué se supone que vea?

Ella pareció hasta ofenderse ante la pregunta. Enarcó una ceja con incredulidad y lo miró de una manera que lo hizo sentirse extremadamente idiota.

—¿Cómo puede ser que no lo veas? ¡Es algo tan sencillo!— Exclamó indignada.

El otro bufó con pesadez.

—Pues lo lamento, señorita planicie, pero no veo más que…-

No vio venir ese enorme y grueso libro que se estampó contra su cabeza, por lo que terminó casi noqueado en el suelo. Maldijo su suerte, creyó que estaba a salvo de esos ataques por lo menos mientras entrenaran, pero al parecer estaba muy equivocado.

—Vuelve a decirlo y te mato— Advirtió con un leve tic en una ceja, claramente conteniéndose para no asestarle un segundo golpe. Suspiró fastidiada y arrojó el libro hacia alguna parte. —¿Qué fue lo último que hiciste antes de ver las luciérnagas rojas?

Él por supuesto no respondió al instante, estaba ocupado tratando de reacomodar sus neuronas medio muertas y agonizantes para siquiera volver a recordar cómo se llamaba. Se incorporó con dificultad y soltó unas cuantas maldiciones por lo bajo, sin dejar de presionar con dolor la zona afectada.

—Leí ese libro extraño sobre los Shinigamis y las desapariciones misteriosas…— Contestó todavía sobándose la cabeza.

—Hmm…— Colocó un dedo en su mentón a modo pensativo. Tal vez su "sexto sentido", como ellos lo llamaban, se había despertado al encontrarse sugestionado tras esa pequeña historia de terror. En ese caso…

Volvió a observar los alrededores y sonrió satisfecha. Tal vez un pequeño truco lo ayudaría.

Soul parpadeó, y tan pronto volvió a abrir los ojos, se vio envuelto en una oscuridad total. Desconcertado, buscó con la mirada a su "instructora", pero se halló completamente solo. Estaba a punto de incorporarse, cuando sintió algo duro y frio sujetarlo por la muñeca, sobresaltándolo. De inmediato dirigió su vista hacia dicho lugar, y en ese mismo instante deseó nunca haberlo hecho.

Una huesuda mano lo sujetaba firmemente, jalándolo hasta hundirlo un poco en lo que parecía ser una especie de arena movediza de color rojo oscuro. Soltó un grito sin poder evitarlo y al instante intentó ponerse de pie para alejarse de aquello, retrocediendo hasta chocar contra algo familiar. Reconoció el alambrado, lo sentía contra su espalda y de inmediato se aferró a él, pero no lo veía. La visión de esqueletos emergiendo del suelo rojo ocupaba todo el panorama, destrozando lo poco que quedaba de sus nervios y haciéndolo gritar como si estuvieran apuñalándolo.

Tras un chasquido de dedos, la oscuridad se disipó, llevándose consigo a los esqueletos y dejando al descubierto la terraza una vez más, con Maka frente a él, mostrándole una sonrisa satisfecha.

Dejó de gritar y observó desconcertado todo el lugar, con los ojos desmesuradamente abiertos y la respiración extremadamente agitada. Se encontraba prácticamente incrustado contra la reja que lo salvaba de una caída segura hasta el suelo, aferrado a ella como si su vida dependiera de ello, y sin comprender absolutamente nada, centró su vista en la muchacha.

—Parece que logré sugestionarte lo suficiente para activar tu sexto sentido— Comentó ella con buen humor.

Soul dejó de hiperventilar y lentamente aflojó el agarre de la reja, relajando un poco su cuerpo.

—¿Quieres decir que todo eso lo hiciste tú?— Inquirió entre molesto y alterado.

Ella asintió sin darle mucha importancia al asunto, para luego volver a señalar con el dedo índice el lugar indicado anteriormente.

—Ahora dime si ves algo.

Quiso estrangularla por casi infartarlo con esa cosa, lo que fuera que hubiese sido, y estaba a punto de hacerlo, hasta que inconscientemente rodó los ojos por un breve instante hacia el lugar señalado. Se detuvo de inmediato y se giró para ver con más claridad, hasta parpadeó un par de veces para comprobar que aquello no era producto de su imaginación.

Allí, oculto entre los árboles se encontraba un pequeño niño llorando. Todo su cuerpo transparente brillaba con un resplandor azulado, y su potente llanto era perfectamente audible incluso desde el lugar donde él se encontraba.

Los chicos alegres que jugaban con el balón de fútbol ni siquiera se inmutaron ante el pequeño y continuaban como si nada sucediera. Parecía que ni siquiera eran capaces de verlo. Y gracias a una mala jugada, el balón salió despedido directo hacia el niño.

—¡Oye, cuidado!— Advirtió Soul, aferrándose al alambrado, pero su advertencia fue en vano.

La pelota le dio de lleno al niño, rebotando contra el árbol y saliendo disparada una vez más hacia la cancha. Había atravesado al pequeño que ni se había inmutado en lo más mínimo y continuaba con su insistente llanto.

—¿Qué demonios…?

—Es un Fantasma— Se apresuró a contestarle, cruzándose de brazos y observando también al pequeño. Una vez tuvo la atención del joven amplió su explicación. —Ese es un Fantasma común y corriente, nosotros los llamamos "Almas Errantes". Son espíritus que por algún u otro motivo se perdieron y no son capaces de encontrar el camino al lugar donde pertenecen. Son inofensivos si tienen ese color celeste claro que envuelve a ese niño.

Parpadeó un poco, intentando captar bien sus palabras, y luego volvió a centrarse en el Fantasma.

—¿Y qué sucede con ellos?— Quiso saber.

—A veces se los envía a alguna iglesia para que sean transportados directamente al más allá, y en caso de que esto no suceda…— Se lo pensó por un momento, volviendo a mirar al pequeño. —Son devorados por esencias oscuras o Almas Pecaminosas que vagan por un cierto tiempo en el mundo terrenal como castigo hasta que se decide su destino en un juicio en Death City… eso si tienen suerte y no se topan con uno que ya se haya convertido en Kishin.

Observó en silencio al pequeño niño, sin poder evitar sentir un poco de lástima por él.

—¿Los Kishins son Demonios?— Preguntó luego de un rato, todavía sin apartar la vista de allí.

—No exactamente…— Caminó unos pocos pasos hasta alejarse del alambrado. —Están cerca de convertirse en Demonios, y son lo que son por influencia de ellos— Hizo una pausa, pensando en una forma fácil de explicarlo. —Los Demonios son los más fuertes en la escala, los que están detrás de todo y su poder sólo es equiparable al de los Shinigamis. No son muchos los Demonios que existen, pero son extremadamente poderosos, y por eso Shibusen intenta erradicarlos antes de que decidan dar ellos el primer paso.

Suspiró, todo ese asunto de las clasificaciones y rangos de los Cazadores, Demonios y demás era algo realmente complejo y extenso para su gusto.

—De momento, debemos concentrarnos en el entrenamiento— Volvió a tomar la palabra. —Ya que pasaste exitosamente la primera etapa, vamos a centrarnos en la segunda: Sacar a flote tu energía espiritual.

Él no contestó, seguía perdido con la imagen del pequeño e indefenso Fantasma llorando sin cesar y sin ser oído por ninguno de los muchachos que tan alegremente jugaban alrededor suyo.

—Normalmente implica un proceso que lleva su buen tiempo de entrenamiento, pero nosotros usaremos un método más rápido… y un poco más riesgoso…— Agregó eso último en voz baja, llamando así la atención del chico.

Tan pronto el peliblanco volteó para verla, se la encontró ya con su guadaña plateada materializada en sus manos, y una sonrisa un tanto… perturbadora.

—… Una experiencia cercana a la muerte— Completó, justo antes de saltar hacia él con su guadaña en alto y el filo de la hoja listo para partirlo en dos.


Tras ingresar a la cafetería, Kid tomó asiento frente a Hero y casi al instante se recostó sobre la mesa, jaloneándose unos mechones de cabello con ambas manos y con un leve tic en uno de sus ojos.

Hero dejó de engullir el panecillo que estaba masticando para mirarlo. Tragó lo que tenía en la boca y no preguntó, ya presintiendo la razón de su lamentable estado.

—No puedo creer que soporten vivir en esta inmundicia de mundo asimétrico, ¡Es inhumano!— Soltó de un momento a otro y sin que nadie le haya preguntado.

Su compañero de mesa por otro lado ni se inmutó, estaba más que acostumbrado a sus ataques de simetría. Se limitó a terminarse el panecillo para luego abrir una caja de leche sabor fresa y mandársela entera.

—No es tan malo, ¿Sabes?... O relevante— Agregó lo último en un susurro.

Y en efecto, fue una muy mala idea, pues la escenita que montó a continuación el Shinigami captó la atención de todos.

—¡¿Cómo osas insultar a la simetría? ¡Tú, ser asquerosamente asimétrico, no sabes de la belleza y el perfecto orden que encierra la simetría!— Lo apuntó acusadoramente con un dedo y se puso de pie, apoyando uno de sus pies sobre la silla. —¡Deberían de adorar a la simetría como su diosa! ¡Si lo hubieran hecho desde el principio este mundo no sería un caos ingobernable ni…!— Se detuvo de un momento a otro, haciendo que esta vez fuera Hero quien le enviara una mirada completamente extrañada.

Dejó de beber de su leche de fresa para enarcar una ceja y preguntar finalmente.

—¿Qué te sucede?

En un completo silencio y con toda seriedad, Kid volvió a tomar asiento como si nada hubiera ocurrido. Entrelazó sus manos y apoyó los codos sobre la mesa, para encorvarse ligeramente y ocultar su boca tras sus manos.

—Creo que estamos en problemas…— Murmuró pensativo, sin despegar los ojos de la mesa.

—¿Por qué?— Inquirió alertándose un poco. —¿Sentiste alguna presencia enemiga o algo?

—No… olvidé advertirle a Maka que no lo hiciera sacar su energía espiritual…


Maka tuvo que aferrarse al alambrado con una mano y con el otro brazo, que sujetaba la guadaña, cubrirse un poco los ojos ante el deslumbrante resplandor rojo que envolvía a Soul. Una potente energía la empujaba con una fuerza impresionante, mandando a volar cualquier otro elemento que no se encontrara sujeto al suelo.

—¡Soul!— Lo llamó, pero su grito fue opacado por el ensordecedor sonido producto de esa misma energía. —¡Soul!— Volvió a intentarlo, pero fue en vano.

El aludido parecía ni siquiera tener control de sí mismo. Su cuerpo tenso estaba completamente envuelto en esa monstruosa energía roja, y sus ojos adquirieron en su totalidad un rojo brillante, parecido al de los Kishins cuando se salían de control.

Ella maldijo por lo bajo una vez más al ser incapaz de acercarse o sacarlo de ese trance, y recién en ese momento se percató de algo.

No supo cómo lo hizo, pero pudo escuchar a lo lejos un muy débil grito, que al voltear, comprobó que provenía del niño Fantasma que había estado llorando anteriormente. El pequeño estaba siendo engullido por un Alma Pecaminosa, que incrementó su tamaño al terminar de comérselo.

El lugar no tardó en ser rodeado por esos Fantasmas de color gris, que no paraban de reír lunáticamente. Una energía oscura los acompañaba y se esparcía por el lugar. Una energía que Maka reconoció al instante.

Era locura.

CONTINUARÁ…


Well, eso es todo por ahora. Sí, yo sé que todos aquí odian a esta Maka por ser tan odiosa con Soul, pero todo tiene una explicación, y sabrán a qué se debe ese odio natural en el capítulo 21... creo que era el 21...

En fin, descuiden, ella no será así todo el tiempo, lentamente dejará de ser tan maldita con él, pero para eso todavía falta...

Creo que eso era todo. Nos leemos en el próximo cap, y les regalaré chocolates y galletas virtuales a quienes dejen un review para que el monstruo come reviews no me coma a mí.

Kmi-nyan~