Pánico

oOo

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro.

oOo

Capítulo 4

« ¿Diez minutos? ¿Por qué narices le había dicho diez minutos? Él necesitaría de días enteros para tranquilizarse después de lo que había pasado. Si es que en algún momento lo conseguía…» Steve se lamentaba de todas las decisiones que había tomado en la última media hora de su vida.

Imágenes muy vívidas de Danny aún se agolpaban en su mente cuando Steve consiguió regresar al bloque de apartamentos de su compañero.

Su cabello aún estaba húmedo. Aquellafue la ducha más rápida que se había dado en su vida, pensaba que el agua fría le ayudaría a centrarse pero no lo había conseguido en absoluto. Y menos cuando la reacción de su cuerpo ante el agua recorriéndolo fue todo menos lo esperado. Pero, ¿cómo iba a reaccionar si su mente fue incapaz de no rememorar la imagen del cuerpo de su amigo? Tan húmedo y caliente…

«Joder, joder, joder…», gimoteaba mentalmente mientras frotaba su cara con desesperación.

— ¡Céntrate McGarrett! Has luchado en guerras. Has enfrentado situaciones de combate de las que tienes prohibido hablar… — balbuceaba para sí mismo mientras tomaba aire una y otra vez. — Entrar ahí por Danny no puede ser tan complicado. No debería ser tan complicado. Bien…—resopló. Tomó las llaves del Camaro que aún estaban en el contacto y comenzó a andar hacia el bloque de edificios con toda la determinación que un marine podía tener.

Entro en el apartamento sin pensar, sin mediar palabra. Simplemente entró. Si hubiera podido incluso lo habría hecho arma en mano. Así de tenso se sentía. Esperando encontrar a Danny sentado en el salón, preparado para él.

Pero Danny no estaba en el salón.

Ni en la cocina.

Y el estómago de Steve se retorció de nervios mientras avanzaba una vez más por el pasillo hacia la habitación.

— ¿Danny?— demandó con urgencia antes de entreabrir aquella puerta. No podía entrar sin más, no después de lo sucedido hacía menos de una hora.

—Steven…

Su nombre en labios de Danny sonaba ahora tan obsceno que no pudo evitar que un escalofrío recorriera su cuerpo. Aquello no estaba bien. Nada bien. Danny lo llamaba por su nombre como mil veces al día, y él no podía reaccionar así, debía centrarse.

Movió lentamente la puerta hasta que pudo ver a su compañero. Sentado en la cama, con el torso descubierto y las manos sobre su cara. Y algo dentro del él se alarmó dejando a un lado el resto de sensaciones.

— ¿Qué? ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa Danno?— reclamó con urgencia. Había recorrido la distancia que los separaba en un salto, y había posado sin pensarlo sus manos sobre las de Danny, intentando ver su rostro.

Danny se dejó hacer resignado. Mostró su rostro a Steve pero evitaba su mirada. Parecía desolado.

—Danny mírame. Soy yo. Steven, ¿eh?— su nombre no sonaba igual en sus propios labios, pero Danny lo miró y Steve le giñó un ojo. — ¿Qué pasa?

—Steve, ¿por qué quieres que vaya? — y había algo en sus ojos azules que Steve no conseguía ubicar dentro de su repertorio de miradas "made in Danno". Al parecer en su cara se reflejó que no entendía nada porque Danny suspiró y continuó hablando— Ni siquiera soy capaz de vestirme solo, Steve.

Fue entonces que Steve se fijó en la camisa azul que estaba arrugada en un lateral de la cama.

— ¿Ey?— La tomó, la estiró y la puso lo mejor posible en un lateral de la cama mientras se sentía la mirada de Danny sobre él— ¡Me gustas con esta camisa!— y las palabras salieron demasiado rápido de su boca o así lo sintió Steve.

—Me queda bien, ¿eh?— Danny sonreía por primera vez y eso estaba bien.

—Resalta el azul de tus ojos amigo.

Steve sonreía con complicidad a Danny y este le devolvía al fin una sonrisa autentica, de esas que le llegaban hasta los ojos.

Aun con la sonrisa en la bocas e obligó a romper el contacto visual antes de hacer una tontería y se volvió hacia armario de su compañero para rebuscar entre sus camisas.

—Por dios, Danny, ¿cuántas de estas tienes? — se regodeaba mostrando una manga tras otra.

—Me hacen lucir bien, ¿no?

— ¡Ahm!… ¿Yo dije eso? — se volvió intentando parecer consternado por aquello que llegaba a sus oídos.

— ¡Ajá! Hace menos de un minuto. Cuarenta segundos exactamente.

—Así que cuarenta segundos, ¿eh? — Steve era incapaz de mantener aquella cara de incredulidad, no mientras Danny le observaba con su mirada de detective de Jersey. — Ven aquí anda. Déjame ver...

Steve ayudó a Danny a levantarse.

Danny no luchó contra aquello, simplemente se dejó hacer.

Steve comenzó a recorrer su piel con las manos, muy lentamente, valorando cada uno de sus hematomas. Bajo la yema de sus dedos, la piel de su compañero reaccionaba, sobre todo en las zonas más doloridas y Steve miraba embelesado como la piel se le erizaba.

—Estamos sensible hoy, ¿no?

—No tienes ni idea…—Murmuró Danny de forma apenas audible, pero Steve lo oyó y su voz bajo varios tonos cuando consiguió recobrar el habla.

—Voy a vendarte esto. No puedes simplemente quitar un vendaje y no poner otro Danny.

Steve desapareció por la puerta del baño. Una vez dentro su mente jugó con él mandándole una imagen muy real de Danny en la ducha, acariciando su piel como él acababa de hacer. Tragó con dificultad. «Control Steven… control, no arruines esto». El autocontrol era la clave.

Regresó con yodo y un apósito. Un par de ojos azules seguían sus movimientos con mucha atención. Demasiada para el autocontrol de Steve.

Cubrió la zona. Y como había hecho durante las últimas dos semanas, ayudó a Danny a ponerse la ropa. Y lo hizo con todo el cuidado del mundo, mientras este resoplaba. Aquella costilla rota todavía dolería por un tiempo. Giró sobre el cuerpo de su amigo y comenzó a abotonarle sin considerar el hecho de que Danny podía ocuparse de eso perfectamente. Mientras sus dedos se movían ágiles, sus miradas se cruzaban constantemente. Steve se perdía con facilidad en la mirada de Danny pero cuando sus ojos bajaron sin permiso a observar aquellos labios y se encontraron con que Danny se mordía el labio inferior con fuerza, tuvo que romper completamente el contacto mientras se reprendía mentalmente por ser tan débil.

Había dado un paso para separarse de Danny. Incluso su cara había cambiado, ahora estaba enojado consigo mismo, pero también con Danny. El nunca debió irse de su casa, no aún. Apretaba el puente de su nariz intentando no decir todo lo que quería decir sobre aquella casa horrible, o sobre la seguridad o sobre cómo él lo único que quería era protegerlo…

Danny lo sujetó por un hombro y lo miró con una mueca triste antes de hablar.

—Solo no lo digas vale. Porque sé todo lo que está pasando por tu cabeza en este momento Steve.

—Oh, ¿ahora tienes súper-poderes? ¿Eh?

—Cuando se trata de ti sí, babe.

—No sé ni cómo contestarse a eso Danny— Steve suspiró agotado.

—No lo hagas. Y vámonos antes de que te dé un infarto. Hace como una hora ya de esos diez minutos que me diste y creo que te vendría bien golpear a alguien.

—Pues sí que tienes súper-poderes. Sí.

—Eso lo sabría hasta un niño de diez años, la vena de tu cabeza está hinchada como una bota y tu cuerpo… uhm... vibra.

— ¿Vibra?

— Sí. Vibra.

— ¿Cómo qué vibra?

— Vibras como… uhm, como un consolador— bromeó Danny mientras realizaba un movimiento exagerado con su brazo bueno.

— ¿Ahora soy un consolador?

Danny lo miró con una sonrisa estúpidamente hermosa antes de decir repitiendo las palabras de su amigo:

—No sé ni cómo contestarte a eso Steven.

oOo

El cinco cero había sido llamado para lo que cualquiera calificaría como un caso sencillo.

Nada de asesinatos. Nada de tiroteos. Nada de mafia local ni extranjera… Era un caso de robo. Algo controlado. Al menos eso le dijo a Danny en el transcurso hacia el centro de la ciudad. Danny estaba nervioso y distante. Su mirada no se apartaba del ventanal a su derecha, y eso nunca había sido una buena señal.

Steve nunca pondría a Danny en una situación comprometida en su situación, al menos no de manera consciente, y necesitaba que Danny lo supiera:

—Danno… yo— comenzó con la voz ronca. — nunca te pondría en peligro. No sé si es en eso en lo que piensas pero te juro que…

—No, yo. No pienso en nada Steven… — le interrumpió Danny. Ahí estaba otra vez su nombre saliendo de sus labios. Steve miró aquellos labios por un segundo— ¡Puedes por favor mirar la carretera! ¡Por dios Steve!

—Lo hago.

—Y una mierda. No lo haces. Nunca lo haces. ¡A no ser que tengas más ojos escondidos por tu cara y yo creo que no porque me habría dado cuenta!

Tras un momento de incómodo silencio Steve optó por bromear:

—Sería bastante útil, ¿sabes?

— ¿Qué?— Danny lo miró con su peor gesto de: ¿de qué me hablas McGarrett?

—Tener más ojos en cara… sería bastante útil.

Danny estalló en risas mientras hablaba algo sobre los súper poderes SEAL, y la visión periférica y en lo difícil que sería robarle las malasadas en ese caso y Steve se sintió tan bien, que no dejó de sonreír hasta llegar a la escena del crimen.

Chin le dejó una pequeña palmada en el hombro como bienvenida, mucho menos fuerte de lo normal, lo cual Danny agradeció enormemente. Lo acompañaron al interior de la galería de arte mientras daba detalles del caso.

— Los guardias de seguridad hicieron todas las rondas en el horario establecido. No se registró ninguna señal de alarma. Estos pasillos tienen sensores de movimiento laser y cámaras de seguridad. Ninguno registró nada — hablaba mientras recorrían pasillos a derechas e izquierdas, hasta que sus pasos se adentraron en una gran sala de color naranja que hacía resaltar tanto marcos como zócalos— Sin embargo...

— ¡Wow!— interpeló Danny con un silbido cuando vio que la gran sala estaba desprovista de cualquier tipo de arte— Sabéis…ahora tener recuadros blancos pintados en las paredes se considera arte en algunas partes del mundo.

Danny se llevó algunas miradas extrañas, entre sorprendidas, disgustadas y medio sonrientes, pero todas le pedían que cerrara la enorme bocaza.

— ¿Qué? — Replicó a la defensiva con una gran sonrisa— Deberíais ir a ver los museos de Nueva York. Esta sala sería la famosa: "Gran Sala Naranja con Ventanales Blancos"— bramó mientras movía sus manos enfatizando— ¿Eh? ¿A que suena bien? — Steve le miraba con la mano sobre su boca intentando no reírse, pero es que la sonrisa de Danny era contagiosa.

—Eso estaría bien si estuviéramos en Nueva York, ¿agente? — demandó una mujer de pelo castaño que lo escrutaba lentamente con la mirada.

—Williams. Detective Danny Williams. ¿Y usted es?

—Ophra Daubney, soy la directora del museo y buena amiga del Gobernador.

Eso realmente explicaba por qué el cinco cero se veía involucrado en este caso, y también el por qué acababa de recibir Danny un pisotón de Steve y una mirada airada a la que Danny respondió encogiendo los hombros como un niño pequeño.

—Necesito recuperar esta exposición caballeros. Era una exposición itinerante valorada en millones de dólares. No espero que entiendan de arte, pero sí espero que sepan hacer su trabajo.

Ophra era una mujer hermosa. Nadie podría decir que estuviera cerca de la cuarentena con un simple vistazo, era al hablar cuando demostraba la madurez intelectual que tenía. Y si bien en un primer momento Danny le resultó un energúmeno, bastó un par de conversaciones para que este le mostrase que era más que una cara bonita. Danny entendía de arte. Y Steve no se sorprendió de ello. Danny era un hombre de asfalto y rascacielos, pero la cultura le venía de cuna, su madre era una entusiasta del arte y Danny paseó por todos las grandes galerías del continente.

Steve por su parte se sintió completamente fuera de lugar. Danny le dedicaba alguna mirada, pero todas las sonrisas se fueron con la señora Daubney y algo dentro de él lo estaba matando. Quería salir de allí lo más pronto posible y no dudó en interrumpir una magnífica conversación sobre pintura abstracta que su compañero estaba teniendo:

—Señora — reclamó atención con una voz tan seria que Danny lo miró contrariado — Tenemos lo que necesitábamos. Detective Williams. Nos vamos.

Steve comenzó a andar a una velocidad que Danny no era capaz de seguir ni aun en sus días buenos. Steve lo vio llegar sofocado a la altura del Camaro, donde lo esperaba con ambos brazos cruzados en su pecho.

—Me puedes explicar, ¿qué ha sido eso? — la voz de Danny sonaba tan irritada como la de Steve minutos antes.

—Eso ha sido que nos teníamos que ir y ya.

— ¿Y ya?— repitió mientras frotaba su cara con fuerza— Porque a mí me ha parecido toda una escenita.

— ¿Una escenita?

— Si una escenita. Exacto. Y eso de llamarme Detective Williams no hace más que confirmar lo que pienso.

— ¿Y qué es lo que piensas Danny?— Steve había avanzado un paso, solo uno y estaba invadiendo su espacio con una mirada peligrosa fijada en él.

— Celos. Esa mirada Steven es de celos— susurró con la mandíbula tensa.

Ambos se quedaron invadiendo el espacio del otro, con un cruce de miradas que nada tenía que ver ya con la señora Daubney. Fue Danny quien se rindió dando un paso atrás, estaba claro que Steve nunca cedería así a un enfrentamiento, pero no era necesario porque él sabía lo que sintió. Sintió las miradas, sintió el deambular nervioso de Steve por la galería, sintió la tensión apoderándose de su amigo y no hizo nada. Y en el fondo se sentía culpable.

—Llévame a casa Steve. No me encuentro bien.

«Mierda Danny», pensó Steve arrepintiéndose inmediatamente de su forma de actuar. Al parecer había fijado un cartel sobre Danny que ponía propiedad de McGarrett y no se había dado cuenta. Y ahora solo veía dolor en el rostro de su amigo y no solo físico.

—He traído tus medicinas. Descansarás igual en el cuartel general.

— Joder McGarrett. ¿Qué está mal contigo?—Danny le estaba gritando, no es que no lo hubiera hecho antes, pero esta vez su voz había temblado.

—No voy a perderte de vista. Y punto. Sube al coche Danny.