Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa v_v….aclarado esto aquí vamos.

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Ashita ne Nareba

Por Mimi chan

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Capitulo 3

Fate

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Lunes 24 de Junio de 1996

Tokio, Japón

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— Vamos Buyo sube por esas escaleras – dijo sosteniendo al gato en sus manos mientras el gordo gato lo miraba con pereza.

— ¡Buyo ven aquí!

Inuyasha escuchó al hermano pequeño de Kagome ir a la pagoda y subió los escalones, el niño se acercaba cada vez más.

— Souta – lo llamó Kagome alarmada.

Por un instante él no pudo si no dejar de mirar por las aberturas de los tablones de madera de la pagoda, allí estaba, finalmente la misma Kagome que él había conocido hacia 500 años, exactamente igual, al menos en su apariencia, está Kagome era un poco diferente.

— ¿Qué pasa hermana?

— Que ha dicho papá siempre Souta – dijo con cierta dureza – la pagoda del pozo devora huesos no es un lugar para jugar.

— No estaba entrando para jugar Kagome, es que Buyo se metió allí.

Kagome se acercó a la pagoda, pero cuando estaba a algunos pasos sintió una sensación muy intensa que la hizo detenerse en el acto, un escalofrió que corrió directamente a su pecho, como la fuerza de una mirada.

Inuyasha tuvo que apretar su puño con fuerza, una parte de él no quería nada más que salir de allí y presentarse finalmente a ella, pero no era tiempo, ella debía disfrutar de su tranquilidad un poco más y él aun tenía cosas que resolver.

Se agachó y empujó al gato por la puerta, el gato avanzó cansado.

— Mira allí viene.

Dijo el pequeño niño y se adelantó para tomar al gato en sus brazos, Kagome no agregó nada más, había una presencia, verdaderamente intensa en la pagoda, no era algo maligno al menos eso podía sentirlo, pero era poderoso, realmente fuerte.

Según las leyendas que le había contado su padre ese pozo era peligroso, desde hacía siglos se había utilizado como cementerio de youkai, el jyaki que debía mantenerse en ese lugar… bien prefería no pensar en eso.

— Por favor Souta – dijo con seriedad – nunca entres en la pagoda, Buyo saldrá solo, acaba de hacerlo ¿No?

— Si hermana – respondió su hermano bajando al cansado gato el piso.

— Vamos – lo apuro de nuevo – es hora del colegio.

Los dos hermanos se alejaron de allí, solo cuando se fueron él se atrevió a salir, 4 años no más de 4 años más. Cuando Kagome había pasado 1 año viajando de una época a otra después el pozo se había cerrado y no la había vuelto a ver, seguramente ella tenía que pasar ese tiempo lejos por algún motivo, le daría el mismo tiempo y después…

Su corazón se llenó de anticipación, después de 4 años más no habría poder humano que lo apartara de ella y a ella de él.

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Montaña McKeltar, Escocia

20 de enero de 1715

Sabía que no debería estar caminando en la oscuridad a esas horas, sabía que tenía que haber vuelto más temprano del pueblo y no lo había hecho, en ese bosque tan cerca del castillo se decía que había monstruos y demonios que solo esperaban almas incautas que se adentraran en él para poder devorarlas.

Tan incautas y tontas como ella, debía agregar.

Respiró profundamente tratando de mandar su nerviosismo al fondo de su estomago y continuó caminando.

Y entonces escuchó…

Unas pisadas venían detrás de ella, sintió como la sangre se le helaba en las venas, cuando escuchó como las pisadas eran evidentes sobre la borrasca del camino, no estaban muy lejanas y eran rápidas, ella sostuvo el canasto que traía entre sus brazos y caminó más rápido, sentía que el cuerpo le pesaba mucho más que solo unos minutos antes, pero lo obligó a avanzar, debía llegar al castillo una vez que estuviera en las seguras puertas de su hogar no tenía porque temer nada.

Pero las pisadas estaban cada vez más cerca. Quizás solo era su imaginación, quizás solo eran ideas dentro de su cabeza, un cervatillo, un conejo incluso, los conejos eran muy rápidos.

Un leve vistazo y podría quitarse sus miedos de encima, temblando de pies a cabeza giró solo un poco su cabeza, estaba tan oscuro que no podía verse nada salvo las sombras de los árboles delineadas por la luna, volteó por completo y buscó entre las espeluznantes sombras que la rodeaban.

La canasta cayó en sus pies y las botellas de lejía se regaron en el piso, no se dio tiempo de recoger nada que no fuera su propia alma y corrió, corrió tan rápido como sus piernas le permitían, no volteó de nuevo, no quería ver de nuevo en medio de la oscuridad esos ojos rojos que habían aparecido de la nada y la habían mirado directamente a ella, la única persona en ese lugar.

Corrió y corrió hasta llegar a las puertas del castillo y golpeó desesperadamente, no podía verlos ya pero sabía que debían estar detrás de ella, esos ojos horripilantes color de sangre, si la criatura la pudiera alcanzar moriría de miedo antes de que esta le pudiera hacer nada.

En un momento el señor del castillo había salido y abierto la puerta, ella ni tarda ni perezosa entró y se desplomó en el piso tratando de respirar

— Marguerite – Collin se arrodilló a un lado de la anciana cocinera – ¿Qué te pasa? ¿Por qué vienes tan alterada?

— Oh mi Laird – dijo alterada la mujer – creo que acabo de ver una aparición en el bosque.

— ¿Una aparición? – dijo con incredulidad.

— Si, venía regresando de comprar lejía y sentí como alguien me seguía – su voz era evidente en su voz – cuando voltee a ver allí había, detrás de mí, un par de ojos rojos en medio de la oscuridad

— ¿Ojos rojos? – dijo está vez con más curiosidad.

— Si, señor – dijo la mujer al borde de las lagrimas – como los de un demonio salido del infierno, me dio tanto, tanto miedo mi Laird nunca había sentido algo tan espantoso, sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.

— Vamos levántate – dijo sosteniéndola de los brazos para ayudarla – ve a la cocina y toma algo dulce para tu miedo, ve.

— Aye mi Laird

La anciana mujer se alejó de allí mientras él se quedo conjeturando sobre la supuesta aparición del bosque, salió del castillo y se adentró solo un poco en el tenebroso bosque.

— ¿Disfrutas asustando a las personas verdad Inuyasha?

El bosque no le respondió nada, solo el viento sopló y arrancó alguna que otra hoja de los árboles.

— ¿Qué te hizo la pobre anciana para que quisieras asustarla de esa manera?

— Khe, pobre anciana mis… – se interrumpió a él mismo cuando se escuchó respondiendo, se asomó de las ramas en las que había subido para mirar al señor del castillo – la pobre anciana me dio de comer esta mañana la avena mas quemada del mundo y me acusó de haber asaltado la alacena anoche, cuando seguramente fue ella con sus supuesto sonambulismo – dijo indignado – no me lo trago, dormía de las mil maravillas hasta hace 10 años, y de buenas a primeras gana peso y camina dormida, si como no.

Collin no pudo evitar, reír, la pobre Marguerite, casi se lo había ganado, nadie le hacía algo a su esquivo huésped y salía bien librado.

— Debes hacer algo con tu apariencia Inuyasha – dijo con cierta diversión – por ella, la gente piensa que comes más que los demás.

— Lo hago – respondió Inuyasha, era cierto, lo hacía, pero no asaltaba las alacenas por la noche.

— Bien, si lo haces – dijo con otra sonrisa – pero, ¿No crees que si te vieran como a una persona común y corriente, dejarían de tratarte diferente?

— No soy una persona común y corriente – respondió indignado, no era humano, más que en la luna nueva y no era una experiencia que apreciara – no puedo lucir como una.

— ¿Eso crees? – preguntó con curiosidad.

Inuyasha bajó del árbol donde había estado recostado escuchando a Collin, el recio y adulto hombre a pesar de sus casi 70 años no perdía esa presencia indómita y sabía que tenía desde hacía 50 años que lo había conocido.

— Lo creo – respondió.

— Pues deberías empezar a hojear más a menudo los libros que te doy Inuyasha – respondió sin demasiada emoción – encontrarías allí seguro el hechizo de apariencia que los Druidas han usado por milenios para mimetizarnos con los demás seres humanos.

— ¿Mimetizarse? – dijo como si nunca hubiera escuchado la palabra

— Aye – respondió Collin – tú mejor que nadie debe saber que hombres con ojos dorados o plateados no son fáciles de pasar desapercibidos.

— Si lo sé.

— Entonces – dijo con cierta burla – que haces aquí Inuyasha, ve y empieza a leer y deja a mi servidumbre tranquila, encontrar buenas cocineras no es fácil...

No dijo más volteo y dejo que su extraño pero valioso inquilino tomara sus decisiones.

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Tokio, Japón

Martes 04 de Julio de 2000

Ella estaba realmente distraída, podía notarlo, mordiéndose el labio inferior con impaciencia como hacia siempre que algo la molestaba, golpeó su mejilla con la punta de la pluma que estaba usando y siguió llenando la forma de inscripción.

Era una muy buena estudiante, no tenía duda de que lograría entrar en la universidad de Tokio sin demasiados problemas.

Tuvo que apartar su mirada porque ella había subido la suya como buscando entre la gente y no quería que notara que la estaba mirando.

Aunque no podría ignorar su mirada por demasiado tiempo ya.

Había esperado todo lo que dijo que esperaría por ella, habían pasado por fin aquellos 3 años que se había impuesto a sí mismo para mantenerse alejado de ella, había viajado a Estados Unidos para vender las empresas que había creado y transferido todo su dinero a Japón, empezaría nuevos negocios aquí, si le apetecía, el dinero que había reunido le serviría para vivir otros 200 años sin mayores sobresaltos, pero considerando que no sabía cuánto más viviría, era mejor empezar a planear aquello.

Quizás dentro de unos 5 años más lo pensaría de nuevo, ahora la única ocupación que tenía era conquistar a la joven que se mordía el labio inferior a unos metros de él.

— ¡Kagome!

La joven levantó la vista para ver a un par de sus amigas yendo donde estaba ella, seguramente la mirada que había sentido había sido de ellas.

— Que bueno que estás ya aquí – saludo con un beso en la mejilla una de sus amigas – estábamos preocupadas de que no alcanzaras ficha.

— Bueno mi papá recordó de pronto que era hoy el día de las fichas y no tuve que quedarme en el templo el día de hoy – les explico a sus amigas – mamá se ofreció a ayudarlo.

— Que bueno – dijo una de ellas – ¿Cómo vas?

— Ya casi la termino – dijo con calma – lo complicado ha sido cuando han preguntado los motivos por los cuales escoges la especialidad, no es muy fácil explicar que mi papá me ha contado tantas leyendas que estudiare Historia solo para saber cuál es la diferencia entre la realidad y la fantasía.

— Si supongo que tan fácil como decir que quiero estudiar periodismo porque quiero conocer famosos – dijo con una sonrisa cómplice una de ellas.

— Ustedes al menos piensan concentrarse un poco, yo debería poner que entrare en cualquier especialidad que escoja el chico que he visto al llegar, ¡kami sama!, no he visto un chico tan lindo en toda mi vida.

— Creo que habías dicho eso cuando vimos la película de Death Note – dijo con diversión Kagome – no fue lo mismo que dijo del chico que hizo de Kira.

— Oh eso es distinto, los chicos de la TV siempre son lindos, verlos en vivo y en directo es otra cosa.

Las tres chicas solo soltaron una carcajada y terminaron de llenar sus cuestionarios, después de terminarlos los llevaron con la señorita que los estaba recogiendo y empezaron a ir a la salida.

— Mira, mira allí está, échale una mirada y dime que no es hermoso – le dijo una de sus amigas a Kagome.

— Vamos Yuka.

— Solo míralo Kagome – dijo con aire soñador – se ve tan mono allí dormido como un bebe.

Kagome puso los ojos en blanco pero al final la curiosidad la venció y miró a donde su amiga apuntaba, en medio de todos los demás chicos que estaban allí pudo ver de quien hablaba, y sin duda destacaba entre las demás personas.

Por un momento no supo realmente que decir, recostado contra un frondoso árbol estaba el chico con una mochila a un lado, vestido con unos vaqueros que lucían desgastados, pero presentía que eran del tipo que lucen así desde fabrica, y una camisa roja, los puños remangados en sus codos lo que demostraba unos brazos realmente trabajados, hombros y pecho ancho, cintura compacta, largas piernas, y su rostro, un rostro pacifico, realmente pacifico coronado por largo y aparentemente sedoso y suave cabello negro, y sus rasgos a pesar de lucir pacíficos le hablaban de un hombre de fuerte carácter, el chico que no debía tener más de 25 años poseía un alma vieja, lo sentía.

Pero lo que de verdad le desconcertaba eran en primera el deseo de ir hasta donde estaba y despertarlo jugando con… su cabello y dos, la increíble necesidad que de que él abriera sus ojos y la mirara.

Como si pudiera escuchar sus deseo el chico abrió los ojos y esta vez sí que se quedo sin respiración, un escalofrió la barrió de pies a cabeza y sintió que el corazón se le detenía.

— ¿Kagome…?

— Kagome, ¿Estás bien?

Kagome volteó a ver a sus amigas que la miraban alterada, y apartó su mirada de él joven.

— Wow así que no soy la única que ha quedado helada de verlo – dijo su amiga con un suspiro – ¡Que chico! ¿No es así?

— Si… sus ojos – respondió con sinceridad, como dentro de un hechizo – sus ojos.

— Lo sé – casi ronroneo Yuka – parecen los ojos de un lobo, verdad.

"No, los de un ángel" estuvo a punto de responder, no había olvidado nunca los ojos de el ángel que la había rescatado cuando había sido niña, y no los olvidaría nunca, estaba segura, si este joven hubiera tenido el cabello plateado como Kingin habría jurado que era él.

Pero eso era imposible, eso había pasado hacia más de 10 años, Kingin debía ser un hombre maduro ahora, había deseado tanto que un día volviera a cruzarse en su camino sin resultado, ahora seguramente era un hombre casado y con hijos y familia, una mujer muy feliz lo tendría todas las noches en su cama dándole calor.

Kingin había tenido quizás la edad de ese joven cuando lo había conocido… ahora que quizás… quizás era su hijo.

Eso casi la impulsa a ir donde él estaba y preguntarle su nombre y el de su padre, pero se detuvo. Kami es que acaso estaba loca.

— Vamos – dijo desviando el tema y echando a andar – prometí que llegaría temprano a mi clase con papá, no puedo entretenerme aquí.

— Está bien – dijo su amiga – pero espero que el chico también logre entrar aquí, verlo al menos por los pasillos será mi consuelo.

— Vamos, vamos – intervino su otra amiga – Kagome hizo una promesa y a de cumplirla.

Kagome alejó la mirada de donde estaba el joven recargado en el árbol y caminó con pasos rápidos.

Inuyasha la vio partir, pero había logrado su cometido, lo había visto, la fuerza de su mirada lo había bebido por completo, aun con los ojos cerrados pudo sentir toda la concentración de Kagome sobre él, cuando se dio cuenta de la enorme casualidad de que lo volviera a ver justamente dormido en un árbol quiso sonreír, pero no, solo se limitó a verla a los ojos y la sorpresa y la ansiedad que vio en ellos lo sorprendió y lo alegró, quería justo eso, dejar una huella importante en ella, que donde lo volviera a ver lo reconociera.

Que realmente hubiera una pequeña oportunidad de que lo recordara.

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Montaña Keltar, Escocia

23 de octubre de 1730

— La curiosidad mato al gato Inuyasha – le dijo Collin a su espalda.

— Buena cosa entonces que no sea uno – respondió Inuyasha – ¿Por qué la persona que está aquí nunca sale de su habitación?

Collin lo miró sorprendido, se paró a su lado y después de pensarlo un buen momento, sacó un gran juego de llaves para abrir la puerta y lo hizo, se supone que está habitación debía mantenerse lo más imperturbable posible, solo se entraba una vez al año para ver que todo estaba en orden, pero él tenía ya 85 años, no le había hablado a los hijos de Jessica ni a sus nietos de esto y la única persona en la que podía confiar que tuviera el temple y el conocimiento para hacerse cargo de esto era Inuyasha.

El joven hanyou miró dentro de la habitación, cuando sus ojos pudieron notar en la oscuridad que había dentro se sorprendió mucho.

— ¿Por qué…?

— Está encerrado en un hechizo de tiempo – respondió a la pregunta que no termino de formular – por libre voluntad, si te lo preguntas también. De algún modo está buscando lo mismo que tú pero no tiene una vida tan larga como la tuya así que decidió dormir para poder llegar a ella.

Inuyasha avanzó hasta el hombre recostado en el altar de piedra, había un par de telarañas sobre su cabeza y estaba cubierto de polvo, sabía que había un hombre allí, pero no imagino que estuviera en esta condición, había escuchado su respiración lenta y casi inexistente, y había pensado que estaba enfermo, pero en esos casi 70 años viviendo allí no había preguntado nada

— Te contare la historia…

E Inuyasha escuchó aquella historia que a cualquier otro le hubiera parecido solo el argumento de algún loco y excéntrico libro de romance y ficción, pero él tenía en su propia sangre la sabiduría de que cualquier cosa puede pasar.

El druida que dormía en la torre había conocido a una mujer en el futuro y había atado su alma a la de ella, en un amor inmortal, pero ella había pertenecido al futuro y las paradojas del tiempo no le habían permitido quedarse con él, con el amor tan profundo que le había tenido había decidido seguirla.

Exactamente igual que él.

— Hay algo en esta historia que comúnmente no se cuenta que quizás te gustaría saber – agregó con su acento de "quiero que tengas mucha curiosidad" que siempre solía usar.

— ¿Qué? – peguntó curioso dándole gusto.

— Silvan – continuo Collin – el padre de Dageus escribió cosas en sus diarios personales algunas cosas bastantes divertidas pero la más curiosa de todas ellas es justamente la historia del garderobe.

Inuyasha frunció el seño, había una extraña tradición entre las mujeres de esa casa que cuando querían casarse con un hombre que estuviera especialmente poco dispuesto a hacerlo lo encerraban en el garderobe hasta que este aceptaba.

— Veras Silvan escribió en sus diarios que cuando Dageus y Gwendolin, así se llama la mujer que él está siguiendo se vieron por primera vez ella aseguraba que él la conocía pero él no lograba recordarla, que solo hasta que lo encerró en el garderobe y se casó con él, pudo descubrir un hechizo de memoria que hizo que él finalmente la recordara.

— No lo entiendo.

— Veras, hay memorias que son consientes y otras que están dormidas en la mente.

Pero una vez que las memorias han sido creadas en la mente de una persona no importa si crees que no las has vivido allí están, Dageus regresó a esta época del futuro, pero las memorias que tenía consigo del futuro aun no habían ocurrido en el presente de su época, aun así, con el hechizo correcto pudo tener acceso a ellas.

Inuyasha no entendía realmente lo que quería decir, Collin lo miró con una expresión divertida.

— Jessy – sus ojos se oscurecieron un momento por el recuerdo de su fallecida hermana, pero tan rápido como vino se fue – creía que quizás, si encontrabas el hechizo correcto, harías que Kagome te recordara aunque en su otra vida nunca te hubiera conocido, confiaba en que las memorias de la Kagome que tu conociste quedaras grabadas en la Kagome que tú estás buscando.

Inuyasha saltó de su lugar como si lo hubiera golpeado, y fue a él, lo tomó con tanta fuerza de los brazos que Collin casi se cayó.

— ¿Estás diciendo que Kagome podría recordar lo que vivimos juntos? – dijo con profunda sorpresa y ansiedad.

— No estoy seguro, yo solo digo lo que se y en lo que Jessy creía, la conociste era una eterna romántica.

Escalofríos lo recorrieron de pies a cabeza y se repitió como 10 veces, uno tras otro, escalofríos calientes y fríos intercalados.

Él había deseado verla, y tenía la posibilidad pero si él conseguía que ella lo recordara, su historia, su vida juntos y él amor que se habían tenido, quizás ella no solo lo recordara, si no que…

— ¿Cuáles fueron los hechizos que estudio Drustan? – pidió Inuyasha sin querer esperar un segundo

— Montones y montones de libros Inuyasha – dijo entusiasta de la curiosidad de su extraño pero valioso inquilino – Drustan fue uno de los Druidas más grandes de nuestra familia, solo su hermano Dageus lo superaba.

— Tengo que leer todos esos libros Collin – dijo en tono casi suplicante – por favor dime donde están.

— Sabes que te enseñare todo lo que quieras – dijo animado por la necesidad de su amigo – solo debes pedirlo.

— Por favor, déjame leerlos.

— Ven conmigo.

Collin lo llevó a la biblioteca y mientras vea uno tras otro los muchos libros que el antigua druida había leído un pensamiento no dejaba de atormentarlo,

Si conseguía que Kagome recordara todo lo que habían vivido juntos, todas las cosas buenas y malas, tenía la esperanza más grande que jamás había sentido en su vida y lo llenaba de ansiedad, quería que esos 350 años pasaran rápido.

Si Kagome podía recordarlo, quizás, podía volver a amarlo.

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Cuando ella se hubo marchado, se acercó a la mesa donde ella había dejado su ficha.

— ¿Aun tiene fichas? – le preguntó a la señorita en la mesa.

— Son las últimas 15 para Historia – respondió con amabilidad.

Inuyasha sonrió, él podría ir allí y pedir un doctorado en eso.

— ¿Podría darme una por favor?

— Claro – le extendió una con amabilidad – llénala y tráemela de nuevo, con tus datos te llamaremos el día del examen.

— Gracias – respondió tomándola.

El recogió la ficha y empezó a llenarla, si a Kagome le gustaba la historia podría darle un montón de datos del mundo que la tendrían escuchando los próximos 20 años, la anticipación de eso lo lleno.

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El sol había caído del todo cuando termino el entrenamiento con su padre, había siempre cierto desgaste en la preparación de pergaminos purificadores que los feligreses pedían en el templo, su papá nunca se cansaba al hacerlos no sabía porque ella sí, pero no podía evitarlo, especialmente hoy que había estado tan distraída.

Cerró sus ojos y volvió a ver en su memoria al joven del árbol, su cabello negro y esos profundos ojos dorados.

Oro pulido y brillante, tan parecido a Kingin.

Bufó y golpeó su almohada, como era posible que desde que era niña no pudiera sacárselo de la cabeza, en realidad ya no recordaba exactamente su cara, en realidad no la había mirado tanto, había mirado sus ojos por que habían sido únicos como su cabello y…

Allí es donde se preguntaba si esa aparición aquel día no había sido más que un invento de su imaginación, Kingin había sido un joven con orejas de perro, lo que era imposible. Su padre se había burlado de su historia cuando había sido niña y finalmente había roto su promesa y le había contado lo que había pasado diciendo que seguro era un youkai lobo que la había creído caperucita roja.

Youkai o no, ella se había prendado de Kingin como toda niña lo hace con su primer amor.

Pero ¡Kami sama! tenía ya 18 años y aun no podía olvidar su primer amor era ridículo, pero así era, los ojos de su héroe habían quedado como grabados en fuego en su memoria. De niña había sido su amigo imaginario. Cuando se había convertido en adolescente su enigma mejor guardado, la persona con la que hablaba cuando se escondía detrás del goshimboku del templo su mejor amigo a quien le platicaba todos sus secretos y miedos, pero cuando la adolescencia cobro su propia madurez, Kingin había pasado de ser su amigo a su amante secreto, a quien había deseado dar su primer beso, decirle por primera vez te amo, y descubrir las cosas que sus demás amigas descubrían con sus novios, las miradas que hacían que el corazón te latiera más rápido, las caricias que te llenan de escalofríos, y de alguna manera lo había hecho, dentro de sus sueños Kingin había sido quien recibiera y le diera todo aquello, pero no dejaba de pesar que después de todo no había sido real, peor es que no había deseado a nadie más, no ayudaba que Kingin hubiera sido realmente tan hermoso y que en comparación con cualquier otro hombre no tuviera igual.

Bueno excepto hasta el día de hoy.

¿Quién sería ese joven? ¿Estudiaría en la universidad?

Tenía un cuerpo de nadador olímpico, tan estilizado y al mismo tiempo lleno de músculos que solo había visto en atletas de carrera, la había dejado por completo sin respiración. Pero más que su apariencia había sido su mirada, era como si fuera la persona que todo el tiempo sentía que la miraba.

Desde que era pequeña había siempre sentido la presencia de alguien espiándola, había parado hacia algunos años y se había repetido de nuevo hace poco, nunca podía verlo pero sentía su presencia, apabullarte, pero nunca amenazadora, sino todo lo contrario.

Pero hasta este momento que había visto a este joven nunca había sentido tanta fuerza en una mirada.

Y nunca había sentido latir su corazón más rápido, solo Kingin lo había hecho latir así y había sido toda su vida una confusión entre la realidad y la fantasía, pero el estremecimiento de ese día que había ido desde sus pies hasta la punta de su cabello era completamente real.

Tenía que averiguar quién era ese joven, su nombre, lo que fuera y lo haría aunque se le fuera la vida en ello.

Fin capitulo 3

27 de octubre de 2008

8:47 p.m.

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Nota de autora: bueno niños y niñas aquí otro capítulo, que tal les va pareciendo, una historia un poquito rara lo sé, pero esas locas ideas me gobiernan y si no las libero no me dejan dormir tranquila y "Il cielo sa" dormir desde hace poco se ha vuelto una prioridad. mmm... estaba intentando recordar que año empieza la historia en el manga y no puedo... por favor no se fijen demasiado, el caso es que todos sabemos qué momento está ocurriendo y dentro de mi historia ya no paso vale.

Shian shen

Mimi chan