Las clases en la Academia Aihara transcurrieron con normalidad durante toda la mañana. Yuzu lo había decidido; se uniría al equipo que organizaba la obra de teatro para el festival cultural, y trataría de hacer su mejor esfuerzo para conseguir que fuera todo un éxito. Solo le quedaba convencer a su amiga Harumi de que también se uniera, pues el tiempo se le pasaría muy lento sin ella por allí.
—Oye, Yuzucchi —la llamó Harumi cuando las clases se dieron por finalizadas, volviéndose atrás desde su pupitre—, ¿quieres que vayamos a divertirnos hoy antes de ir a casa?
Una mirada distraída se cruzó con la suya en aquel instante. Mei, quien casi parecía querer decirle algo importante, mantuvo sus ojos clavados en los de Yuzu. Pocos segundos después, desistió y salió del aula en dirección al consejo de estudiantes.
—No puedo, Harumin —respondió la chica rubia, volviendo en sí tras aquel ensimismamiento—, tengo que hablar con Mei y decirle que me uno a la obra.
—¿Aún con eso? —se sorprendió Harumi, mientras se levantaba tranquilamente de su pupitre. Se mantuvo unos instantes pensativa, como si de un debate interior se tratara. Finalmente, se decidió y posó su mano sobre el hombro de Yuzu, que aún permanecía sentada—. ¡Está bien, Yuzucchi! ¡Vamos a enseñarle a la presidenta lo que es actuar!
En el rostro de Yuzu se dibujó una amplia y sincera sonrisa. Sabía que a Harumi no le interesaba hacer de actriz, pero le haría el favor de ser su compañera y confidente entre bastidores y en plena escena si fuese necesario.
Ambas se dirigieron entonces hasta el tan mencionado consejo estudiantil, donde Yuzu esperaba encontrar a su hermanastra para comunicarle su decisión. Llamaron a la puerta del mismo con cierta timidez y, en cuanto oyeron la voz de Mei dando permiso para pasar al interior, entraron sin vacilar. Acompañando a la presidenta, se encontraban igualmente las dos vicepresidentas: Momokino Himeko y Maruta Kayo.
—Está todo el equipo… —susurró nerviosa Harumi a Yuzu. Temía que Momokino armara un escándalo al conocer que se unirían a la obra—. Hubiera preferido que solo estuviera la presidenta.
—No te preocupes, Harumin —respondió Yuzu, en voz baja—, todo está bajo control.
—¿Y bien? —las sorprendió Mei, interrumpiendo su secreta conversación—. ¿Qué ocurre?
—¡Mei! —gritó Yuzu—. ¡Queremos unirnos al equipo de la obra de teatro!
—¡¿Cómo has dicho?! —gritó igualmente Momokino Himeko, alterada por la noticia. Caminó hasta Yuzu y se colocó frente a ella con notable prepotencia—. ¡Otra de tus estrategias para pasar tiempo con la presidenta! ¡No te lo permitiré, Aihara Yuzu!
—Cálmese, Momokino-san —intervino Maruta amablemente—. Cuantas más seamos, mejor será el resultado final.
—Himeko —interrumpió Mei—, es cierto que no son las candidatas más adecuadas… pero es un hecho que necesitamos más personal para prepararlo todo, incluido el reparto de actrices.
—¡Pero, presidenta, es Aihara Yuzu! —insistió Himeko.
—Espero que aportéis vuestro esfuerzo y dedicación al festival cultural —advirtió Mei, ignorando parcialmente las quejas de Momokino—. Vamos a intentar representar una obra nueva y queremos estudiantes comprometidas con ello.
—¡Eso está hecho, Mei! —afirmó Yuzu, imitando un saludo militar ante su superior.
La vicepresidenta Momokino, ante la situación, no tuvo más remedio que aceptar su derrota y acatar la decisión de la presidenta. Se conformó con una advertencia verbal más hacia las dos nuevas compañeras y siguió con sus deberes del consejo estudiantil. Por su parte, Yuzu estaba satisfecha por haber tenido la aprobación de Mei en su deseo de ayudar en la obra.
Con el paso de los minutos, Mei pudo disponer de algo de tiempo para guiarlas a la sala donde realizarían los ensayos. Harumi y Yuzu jamás habrían pensado que aquello había sido alguna vez un aula convencional, puesto que no había pupitres, sillas o cualquier detalle que indicara que allí habían asistido estudiantes. Tan solo un gran vacío, decorado con ventanas y una solitaria pizarra, acompañaba a un pequeño mueble con un par de casilleros y algunos cajones, situado al fondo de aquella estancia.
—Himeko me ha pedido que os enseñe la sala mientras ella viene de camino —explicó Mei—. Aquí es donde nos reuniremos después de las clases.
—Es increíble que nunca me diera cuenta de esta aula… —decía Harumi, mientras giraba sobre sí misma para observar todos los detalles de aquella sala.
—¿Y cuál es el argumento de la obra? —preguntó Yuzu, para luego mostrar un leve sonrojo—. ¿Es… una historia de amor o algo así?
—¿Una historia de amor? ¡Bah! —se oyó la voz de Himeko, quien acababa de entrar en el aula acompañada de Maruta Kayo—. Hoy en día las historias de amor como argumento principal son un desastre, ¡tanto drama para un final que todos conocíamos desde el principio!
—¿Y en qué se basa la obra, entonces? —volvió a preguntar Yuzu.
En el instante en el que formuló su pregunta, le pareció ver un brillo de emoción en la mirada de la vicepresidenta Maruta. Ésta sonrió complacida de poder dar la respuesta a tal enigma, mientras se ajustaba las gafas con cierto aire de elegancia.
—Nuestra obra será un reto para los sentidos, ¡una aventura por el más oscuro suspense! —el brillo en sus ojos parecía hacerse más notorio con cada palabra que pronunciaba—. ¡Una obra… de misterio!
—¿Misterio? —repitió Harumi—. ¿Esas en las que se investiga un crimen?
—¡Exactamente, Taniguchi-san! —respondió con efusividad Maruta—. ¡Aquí tienen el guión de la obra!
Parecía que habían descubierto una nueva faceta en la vicepresidenta de las gafas, o al menos la única hasta ese momento: su interés por el género policíaco. Yuzu y Harumi miraron curiosas aquella libreta y la tomaron sin dudarlo. La portada era simple, y solo venía escrito el título y el autor original del espectáculo que iban a representar.
—«Hoy va a morir alguien. Por Kyomori» … —leyó Yuzu.
—Qué explícito… —comentó Harumi.
—¡He leído esa obra de teatro tantas veces que podría representarla de memoria! —dijo Maruta—. Además, ¡no dejaremos de lado el romance!
—¡¿A qué se refiere?! —preguntó Yuzu, con tremenda curiosidad.
—En la obra hay un romance como argumento secundario, así que esperaba que Aihara-san fuera una de las protagonistas de esa parte —respondió Maruta, con una gran sonrisa hacia Yuzu.
—¡¿Eh?! ¡¿Yo?! —decía la chica rubia, sin creerlo. Sentía miedo a realizar la pregunta que rondaba su mente, pero Harumi se le adelantó.
—¿Y quién será la otra protagonista de ese romance? ¿Yo? —dijo.
—Bueno, esperaba que nuestra presidenta asumiera ese papel —contestó Maruta, haciendo que Yuzu abriera sus ojos por completo.
—¡Un momento! —intervino Yuzu, a punto de entrar en un ataque de pánico—. ¡Yo no puedo hacer eso!
Mei, quien había estado en silencio todo el tiempo, fue esa vez la sorprendida. Pensaba que a Yuzu no le importaría hacer una actuación romántica con ella, pero se equivocaba. ¿Sería simplemente la timidez que siempre la caracterizaba o quizás el hecho de que quería participar en la obra sin acercarse a ella? Cualquiera que fuese la razón, no pareció agradar demasiado a la presidenta.
—Entonces, no lo hagas —se pronunció Mei—. Buscaremos a otra estudiante para que actúe como mi pareja.
Aquello preocupó a Yuzu, pues estaba segura de que su hermanastra se había molestado por aquel comentario. Pero ¿qué iba a hacer? Podría desmayarse con solo pensar que tendría que hacer de pareja de Mei ante un amplio público, cuando ni siquiera se atrevía en los momentos en los que se quedaban a solas.
—¡No se preocupe, Aihara-san! —volvió a llamar su atención Maruta—. Podrá hacerlo si ensaya lo suficiente.
—Y si no, yo representaré ese papel —intervino Momokino, desafiante y presuntuosa. Sabía que Yuzu acabaría cayendo a sus leves provocaciones y no fracasó en su intención, aunque también le habría agradado actuar como pareja de la persona que tanto admiraba. La chica rubia la observó igualmente, aceptando el reto.
—¡Yo lo haré! —no lo dudó por más tiempo, Yuzu estaba decidida a todo con tal de seguir adelante con su objetivo.
Según Maruta Kayo, quien asumió la dirección del espectáculo, el comienzo de los ensayos estaba previsto para el día siguiente. El club de teatro de la academia se unió con notable entusiasmo, y su miembro especial para el estilismo de las obras se encargó rápidamente de tomar medidas a todas las actrices y empezar a crear atuendos.
Yuzu seguía sin cruzar demasiadas palabras con Mei desde el día anterior, incluso habiendo dormido en la misma habitación. Tampoco parecía que la presidenta fuera a hacer acto de presencia en aquella sala, donde realizarían los ensayos a partir de ese momento.
«Qué sensible es Mei a veces», pensó Yuzu para sí misma.
Quien sí acabó entrando por aquella puerta fue Shiraho Suzuran,estudiante de tercer año de la Academia Aihara. Yuzu se sorprendió al verla, pues hacía días que no sabía nada de ella. Shiraho solía tener facilidad para pasar desapercibida, aunque resaltara por algunas razones obvias como, por ejemplo, sus largos guantes negros, los cuales llegaban hasta sus codos. Igualmente, siempre llevaba calcetines oscuros hasta las rodillas. Yuzu siempre había estado convencida de que aquella combinación le daba un aspecto algo siniestro a la chica y, cuando llegó a conocerla mejor, comprobó que realmente era una chica siniestra. Nunca la veía hablando con nadie pero, por alguna razón que desconocía, Shiraho se acababa enterando de todo lo que ocurría en la academia.
—¿Shira-pon? —la llamó con notoria curiosidad. La nombrada se percató de ello y caminó hasta ella.
—No sabía que te gustaba el teatro —dijo, aunque rápidamente frunció el ceño para comenzar con sus especulaciones—. Será que hay una razón especial para ello…
—¡Solo me uní porque quería! —la detuvo Yuzu, nerviosa—. Estoy probando nuevas actividades para descubrir nuevos hobbies, nada más.
—Puede ser eso, sí… —se mantuvo pensativa Shiraho.
—¿Y tú que haces aquí? No formas parte del club de teatro.
—Me pidieron el favor… el consejo.
—Ya veo. Entonces te gusta actuar, ¿no?
—En realidad no… pero quería ayudar.
—Ah... genial —Yuzu no lo entendía del todo, pero preguntarle quizás tampoco eliminaría sus dudas. Lo dejó estar por el momento, aun sabiendo que Mei le había pedido actuar a Shiraho antes que a ella. «Eres una cabezota, Mei. Si necesitabais ayuda con la obra, solo tenías que decírmelo».
La vicepresidenta Maruta se hizo oír entre el reparto para dar inicio a los ensayos y esbozo del primer acto. Por suerte, la tierna escena que Yuzu debía representar junto a Mei no se llevaría a cabo ese día, pero sí que tenía que ir pensando cómo iba a hacer para que aquella actuación no se descontrolara y acabara convirtiéndose en algo real; no solo toda la academia sería testigo de aquella obra, sino también madres y padres de todas las alumnas. No obstante, la chica rubia pareció tener cierta facilidad para las artes escénicas en su primer día de ensayo. Maruta quedó muy satisfecha con su intervención. Muy al contrario fue con la pobre Harumi, la cual se equivocaba e incluía palabras que no estaban en sus líneas porque, según ella, le daban un carácter más cool a su personaje.
Esa noche, Yuzu llegó agotada a su hogar. Pudo ver los zapatos de Mei en la entrada, por lo que supuso que ella ya se encontraba allí.
—¿Tu ensayo… bien? —oyó la voz de Mei. La presidenta había aparecido de repente en el pasillo, haciendo que Yuzu se sobresaltara exageradamente y la mirara con una sonrisa nerviosa.
—¡M-Mei! Sí, todo fue bien… —decía, antes de quitarse sus zapatos y dejarlos en la entrada—. ¿Y mamá?
—Salió a comprar algunas cosas que hacían falta para la cena.
—Ya veo… —Yuzu se mantuvo en pie en la entrada y se cruzó de brazos. Daba la impresión de que batallaba internamente con algo, pero no parecía que tuviera que ver con su madre. Finalmente, habló de nuevo—: ¿Mañana vendrás al ensayo?
—No lo sé —dijo ella, con bastante indiferencia.
—Yo… bueno… Había pensado que quizás vendría bien que practicáramos un poco… esa escena.
—¿La escena de romance?
—¡S-sí!
—Está bien —respondió Mei, aparentemente conforme—. Te espero en el salón.
La presidenta, con serenidad y cierta elegancia, abandonó el pasillo para volver al salón, donde esperaría a su hermanastra. Yuzu no acababa de entenderlo, pero pocos segundos bastaron para que se percatara de lo que había querido decir con ello; «¡Quiere practicar ahora!». Siempre le había incomodado esa actitud de Mei de dar algunas cosas por supuestas, sin preguntar antes si prefería elegir otro momento para realizar aquello, decidiendo así por las dos. Yuzu aún permanecía en ese pasillo, en pie, esperando a que su cuerpo reaccionara; era cierto que ya había conseguido acostumbrarse a estar más cerca de Mei, pero eso no significaba que no pudiera quedarse petrificada ante cualquier situación nueva que se presentara. Y es que la chica rubia podía jurar que veía cierta satisfacción en su hermanastra cuando la acorralaba psicológicamente de esa forma.
Una de las escenas a representar por ellas dos era un simple beso bajo la lluvia, tras una dramática confesión por parte del personaje que Mei interpretaba. Después de perseguir al personaje de Yuzu por todo el escenario, tratando de hacerla entrar en razón y que aceptara que su idilio no las perjudicaría, sellaría con un beso de amor todo rechazo y sería correspondida. Desde que había visto el guion, Yuzu estaba segura de que aquella escena era una mala broma de la autora para que cambiaran sus papeles naturales. Y tenía razón.
Aquel salón parecía desprender por sí mismo una atmósfera de romanticismo, o al menos eso pensaba Yuzu al ver los impacientes ojos de Mei. Quizás aquella vez no había tomado la decisión por las dos dando por supuesto que la chica rubia así lo prefería, sino que lo utilizaba como excusa para no tener que admitir que estaba ansiosa por besar a Yuzu de nuevo. Ésta se acercó con cautela, como si pudiera asustar a la presidenta si se aproximaba demasiado deprisa.
—¿Empezamos? —sugirió Mei.
—Espera, Mei —interrumpió Yuzu—. ¿Y tu guion? ¿Ya te has aprendido tus líneas?
—Sí —respondió, tras una leve pausa. A la chica rubia le había parecido verla dudar por un instante.
—¿Y por qué no has venido al ensayo al menos para practicar el diálogo conmigo?
—Tenía cosas que hacer —dijo—. No es necesario ensayar con nadie si prácticamente es un monólogo de mi personaje.
—Supongo que tienes razón… —Yuzu se dio por vencida, aunque en realidad le habría gustado ver esa confesión dramática por parte de Mei.
—Pero sí te necesito para ensayar el final.
«El beso», pensó Yuzu. Sabía perfectamente que se refería a eso. Ni tiempo a pensar le dio antes de encontrarse a Mei a una distancia tan reducida que podía llegar a ser peligrosa, con su intensa mirada clavada en ella. No podía evitar sentirse intranquila, aunque no fuera la primera vez que la besara. Y su cuerpo tampoco hacía esfuerzo por moverse lo más mínimo, mientras era testigo de la suavidad de las manos de su hermanastra, quien las había llevado hasta su rostro. Aquellos delicados labios se posaron al fin sobre los suyos, y Yuzu cerró sus ojos instintivamente; el aroma que sus cabellos negros desprendían parecía invitarla a soñar con sus besos eternamente. Sería realmente difícil tener que plasmar un solo beso encima de un escenario pues, lo que parecía un tímido encuentro, se volvía cada vez más necesario. Sin pretenderlo, habían perdido la cuenta de cuántas veces sus labios se habían encontrado en aquel salón, y continuarían danzando emparejados hasta que ellas decidieran dar por concluida su tan particular y secreta función.
Dejo por aquí el segundo capítulo de este fic, poco a poco nos vamos acercando a la verdadera trama de esta historia. Los que ya me conozcan un poquito por haberme leído en Yuru Yuri, con "La cicatriz secreta", pueden hacerse una idea de lo que voy a hacer ahora con Citrus.
Espero que vaya siendo de vuestro agrado y que no notéis las personalidades muy cambiadas, haré cuanto esté en mi mano para que sea lo más parecido posible al Citrus que conocéis. Gracias por leer.
Aprendiz de Agatha Christie,
Kyomori.
