Hear me now
Sentía rabia por las preguntas que Gold le había dado para la entrevista.
Sabía que aún guardaba rencor por el pasado, pero no sabía que iba a poner a una trabajadora en tal situación.
Emma no sabe la suerte que ha tenido, porque si hubiera sido otra con esas preguntas, le habría dado una patada y la habría sacado de aquí.
Su pregunta fuera de la entrevista me sorprendió.
En realidad, ella me sorprendió más de a lo que yo solía estar acostumbrada con ella.
Después de Daniel, después de lo que hizo conmigo y de la forma en cómo acabó nuestro matrimonio, no he vuelto a abrirme al amor. Creo que tengo miedo de sufrir de nuevo como la última vez.
Cuando me enteré del accidente que lo mató, sé que no debía importarme tanto ya que estábamos separándonos, pero me importó. Fue el único al que había amado y la forma en que me fue arrancado me hirió.
Hundí mis dolores en el alcoholismo, y cada día que pasaba me hundía un poco más en ese pozo. Creo que si no hubiera sido por Zelena, yo no estaría aquí, probablemente ya estaría muerta debido a aquella costumbre de conducir borracha que tenía. Mi hermana centró mi cabeza y acepté la ayuda de la rehabilitación, no fue fácil, pero lo conseguí, y no lo habría hecho sin ella.
Las palabras de Emma sobre esa esperanza me hicieron recordar mi pasado, incluso el hecho de que solo conseguí salir de ese vicio del alcohol gracias a las esperanzas que mi hermana tenía en que yo iba a salir de eso.
¿Tenía Emma razón?
¿Debería abrazar la esperanza como lo hizo mi hermana para sacarme de aquel pozo?
Una vocecita en mi interior cuestionaba, y mi indecisión sobrevolaba mi mente.
Emma debía tener a todos los hombres a sus pies, nunca había visto una muchacha tan linda y simpática. Su físico era de dar envidia, seguro que se entrenaba horas y horas, o sencillamente la genética de los Nolan era un regalo de Dios. ¿Y aquellos ojos? Podría perderme en ellos fácilmente. La había conocido hacía poco y poco sabíamos la una de la otra, pero no sé cómo explicarlo, pero algo me movía por dentro, de una forma que no sé qué significaba.
Quizás debería mantenerla cerca, y quién sabe, al igual que Zelena, ella pudiera ser la llave de la esperanza que escaseaba en mí.
La puerta abriéndose captó mi atención.
—¿Y? ¿Qué tal con Emma?—Zelena sonreía demasiado para haber pasado solo una entrevista.
—¿Nada de entrevistas contigo, eh? Tu sonrisa te delata, Zelena
—Solo unas caricias y manos bobas, infelizmente me tenía que hacer la entrevista—se tiró en la silla —Y no has respondido a mi pregunta, ¿cómo fue con Emma?
Tomé aire al recordar cómo Emma había quedado avergonzada en tener que hacerme las preguntas afiladas de Gold.
—Gold preparó unas preguntas incisivas a posta— dije —No ha cambiado nada, Zel, aún siente mucha rabia por lo que sucedió entre él y papá
—Traducido, mal amado—Zelena reviró los ojos —Y de nuevo, huyes de mi pregunta
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres saber? A Emma no le gustaron las preguntas, al igual que a mí, pero ella no tiene la culpa.
—Joder, qué aburrida eres. Déjalo.
Salió del despacho canturreando.
Miré en dirección a la ventana de Emma
Estaba concentrada en algunos papeles que agarraba.
Su rostro estaba serio, y era la primera vez que la veía así.
Desde que la había conocido, al salvar la vida de Henry, sentí que nos conocíamos desde hacía años, pero no.
¿Qué estaba sucediendo?
Emma
Ruby me llamó para salir a bailar con ella y Zelena, pero no tenía ni las más mínimas ganas. Quería tomar un buen baño y tirarme en la cama para olvidar lo que Gold me había hecho pasar. Sé que Regina me dijo que no pensara en eso, pero no lo conseguía. La ética profesional era una cosa que celaba fervorosamente, y a él eso no le importó para nada, apuesto a que le hubiera gustado ser una mosca y ver la expresión de Regina ante aquellas preguntas ridículas. Voy a descubrir qué sucedió entre él y los Mills, o no me llamó Emma Nolan Swan.
Ya era tarde, y ya había revisado toda la información disponible en Google. Pero no veía nada alarmante que sustentara ese odio de Gold durante años. Encontré fotografías suyas y del padre de Regina en eventos importantes, en fiestas y actos que los medios de comunicación adoraban.
Hundí mi rostro en la almohada ante mi pésimo comienzo.
Quizás si hablara con Graham conseguiría los trapos sucios de Gold, pero no quería envolver a mucha gente en esto. Iba a intentarlo sola, solo como último recurso, recurriría a Graham.
Mi móvil comenzó a vibrar incansablemente, tenía la certeza absoluta de que era Ruby para preguntarme si de verdad no quería ir con ellas.
—Ruby, aún no he cambiado de idea— cogí la llamada.
—Buenas noches, Emma— era Regina
Me levanté de sopetón, mirando fijamente el nombre en la pantalla del móvil.
De verdad era ella.
¿Y eso?
—¿Emma?— la escuché
—¿Regina?— intenté calmarme —No esperaba tu llamada, discúlpeme
—Todo bien, Emma. Pero me hubiera gustado ver tu cara al ver que no era la Srta. Wolf.
Rió
¿De verdad es eso? ¿Regina Mills se reía al teléfono, y con conmigo?
—Me sorprendí, lo admito— dije intentando no tartamudear —¿Cómo te encuentras?
—Bien. ¿Y tú? No estás aún nerviosa por las preguntas, ¿verdad?
Miré mi portátil, y las investigaciones, lo cerré.
—No voy a mentir, lo estoy, aún lo estoy.
—Lo sabía. Te conozco hace poco, Swan, pero parece que es de siglos. Emma, no te preocupe por eso.
¿Ella sabía?
¿Estoy delirando?
—Dejaría de preocuparme si supiera por qué te guarda tanto rencor.
La línea quedó en silencio.
—¿Regina? ¿Estás ahí?
—Sí, Emma. ¿Qué tal si esperamos a que el evento de este fin de semana pase, y conversamos después sobre eso?
—¿De verdad?
—Me dijiste que tuviera esperanzas. Estoy depositando mi esperanza en ti.
Mi corazón se disparó
¿De verdad había dicho lo que yo creo que ha dicho?
—¿Emma?
—¿Sí?
—Perdona por haberte llamado a estas horas, solo quería comprobar que estabas bien y que no te quedarías dándole vueltas a lo ocurrido.
—Puedes llamar cuando quieras, no tienes por qué disculparte. Prometo que no volveré a pensar en eso hasta que no pase el evento.
—¿Lo prometes de verdad?
—Lo prometo
Escuché un suspiro de alivio.
—Ha estado bien escuchar tu voz— dije
—Lo mismo digo, Swan. Bueno, buenas noches, hasta mañana
—Hasta mañana, Regina
Esperé a que ella colgara y comprobé dos veces más para ver si había sido un delirio de mi mente tendiéndome una trampa.
Aquella voz ronca resonaba en mi cabeza, plasmando una sonrisa boba en mi rostro. La llamada, las palabras de Mills, sin sombra de dudas, iban a hacer que tuviera un óptimo sueño.
Estoy sorprendida, Regina Mills.
