Hola a todos... ¿Qué tal el fin de semana? ¿Pueden creer que estoy intentando colgar esto desde las 9 de la mañana que llegué a la oficina y no he podido porque no me han dado ni un suspiro en el trabajo?

Bueno, no los hago esperar, ya todos sabemos las advertencias, disclairmes y demás, así que a leer:


CONSTRICCIÓN:

CUARTA PARTE

Sin darse cuenta los días se convirtieron en semanas y las calles se fueron tiñendo de blanco por las primeras heladas, la navidad llegó antes de lo esperado y, al igual que para muchos otros magos y brujas, los días se le hicieron demasiados cortos, teniendo que hacer las compras de navidad cuando el tiempo se estaba agotando ya.

El callejón Diagon rebasaba de gente que entraba y salía de las tiendas, cargando grandes cantidades de paquetes y jalando a niños para alejarlos de las vitrinas y escaparates. Aunque había planeado ir con Ron a hacer las compras de última hora, cuando lo visitó en la tienda, había tal cantidad de gente que dudaba que el chico se pudiera librar del trabajo por lo menos hasta año nuevo, así que resignado a que tendría que hacerlo solo, se encaminó nuevamente hacia la calle principal del callejón.

Agradeció que incluso los periodistas parecieran mucho más ocupados en las compras de última hora como para seguirlo, como habían venido haciendo las últimas semanas, los últimos días con menos entusiasmo, seguramente ya convencidos de que podía haberse declarado gay, pero de que no había ningún otro chico que ocupara su tiempo y les diera un jugoso titular.

Anduvo escogiendo regalos para todos, incluso para Colin y sus amigos, quienes se habían convertido en sus compañeros de juerga, o por lo menos era así como los había denominado Ron, que algunas veces parecía algo resentido porque hubiera conseguido otros amigos con los cuales festejar además del grupo normal de la escuela. Decidió finalizar la tarde compras en la tienda de juguetes "Elusum" una tienda que siempre le había parecido realmente mágica, y en la cual se podía perder durante horas, donde había comprado los regalos para Ted y Victoire, los únicos niños que conocía; se detuvo delante de la vitrina de la tienda, admirando la enorme maqueta que habían montado, representando al expreso de Hogwarts, que echaba vapor y avanzaba por un gran puente, rodeado de árboles y jardines llenos de nieve. Ese era un gran juguete, y realmente le gustaba, pero no se imaginaba comprándolo para sí mismo, además no tendría un lugar dónde ponerlo, a menos que decidiera convertir la sala en un cuarto de juegos. Pensando en que tal vez algún día, cuando tuviera una casa más grande, sería buena idea tener un cuarto de juegos lleno de maquetas de ese tipo, se dio la vuelta, con tan mala suerte que chocó contra un cuerpo grande y forzudo, que lo sostuvo de los brazos, evitándole caer. En cuanto levantó la mirada hubiera preferido dar con el culo en el piso lleno de nieve, que estar sujeto por él.

—¡Oh! —Lior lo soltó, arrugando la nariz con cara de asco, su expresión le hizo recordar a alguien, pero no estuvo seguro de a quién, mientras retrocedía y miraba ya no hacia el chico, sino hacia Draco, que, como siempre, estaba a su lado, con los brazos cruzado y una mirada algo divertida. —Podrías fijarte por dónde caminas, no puedes andar atropellando a los demás —le increpó el chico, alejándose también un paso de él.

—Hola —atinó a decir Harry, ignorando por completo al extranjero y hablando hacia Draco, que torció un poco los labios antes de hacer un asentimiento.

—Vamos, hay demasiada gente aquí —dijo entonces Lior, mirando hacia Draco y pasando un brazo sobre sus hombros. Draco sólo hizo un asentimiento con la cabeza y se alejó en compañía de su novio.

Harry se quedó un momento más allí, de pie y mirando cómo se alejaban, mientras aparentemente, conversaban animadamente, como si nada hubiera ocurrido.

—¡Ah, qué genial! —suspiró Harry mientras se encaminaba hacia el otro lado del callejón, maldiciendo la cantidad de gente que había y rumiando porque todos parecían tan contentos cuando él se sentía tan miserable.

****

La noche anterior a navidad, mediante un sorteo, Harry fue asignado a vigilar, junto a un grupo de compañeros, la gran fiesta que el Ministerio daba para celebrar esas fechas; lógicamente que había sido invitado, pero a él esas cosas no le gustaban mucho, así que había rechazado la invitación y todos en el Ministerio ya sabían que no valía la pena siquiera intentar insistir, así que no lo hicieron y pusieron su nombre junto con el de los demás aurores para sortear los horarios de esas fechas. Pero, además, había otro problema: Draco y su maravilloso, popular y sexy novio estarían presentes en aquella fiesta, por supuesto, y a él no se le apetecía pasarse la noche entera vigilándolos. Estaba seguro de que si era obligado a permanecer tanto tiempo en esa situación terminaría, como mínimo, maldiciendo al extranjero ese que parecía haberse vuelto mucho más británico, por el acento con que le había reclamado en el Callejón Diagon un día antes.

Era una suerte no tener una familia en ese momento, al menos no una familia del tipo que muchos y muchas aurores sí tenían, no le fue difícil ubicar a Gissela Dromit, quien recientemente se había incorporado al trabajo, luego de haber tenido gemelos, y convencerla de cambiar turnos, apelando a lo maravilloso que sería para ella pasar la primera navidad con su esposo y sus gemelos a cambio de pasar una noche entera de vigía en una aburrida fiesta del Ministerio.

—Pero tú ya habías confirmado tu asistencia a la Madriguera —reprochó Hermione ese día, mucho más tarde, cuando se encontraron a almorzar el veinticuatro de diciembre, la víspera de navidad, Harry los había buscado a ella y Ron para explicarles lo que había pasado y para pasar un rato con ellos.

—Lo sé, pero no hay mucho que pueda hacer, el trabajo es el trabajo.

—Pero a ti no te tocaba trabajar el veinticinco, sino el veinticuatro —protestó Ron.

—Ya, pero Gissela quiere estar con sus hijos, es su primera navidad ¿sabes? Y la verdad que a mí no me molesta mucho pasar ese día trabajando, no sería la primera vez que pasa.

—¡Ay, Harry! —suspiró Hermione —¿Cuándo lo vas a superar? —parecía demasiado enojada y Ron le dio un codazo, como si quisiera detenerla.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Harry, arqueando una ceja y no comprendiendo, o no queriendo comprender a su amiga.

—Sabes perfectamente que sí.

—No. No lo sé, por eso lo pregunto.

—Hermione —llamó Ron a su novia, haciendo gestos —, ya te he dicho que eso es improbable y que es mejor que…

—¿Qué? —interrumpió Harry, cada vez más enojado por no saber qué era lo que pasaba, pero seguro de que sus amigos habían estado suponiendo cosas acerca de él.

—Hablo de que cambiaste tu turno para la fiesta a última hora porque te diste cuenta de quiénes iban a estar allí y no podrías soportarlo. Honestamente pensé que ya se te había pasado todo eso.

Harry abrió la boca, no sabía qué decir, qué contestar o cómo negar aquello.

—No le hagas caso, Harry —apoyó Ron y, aunque no parecía muy convencido, agregó —, ella tiene una tonta teoría y cree que…

—No es un tonta teoría —interrumpió Hermione.

—Chicos… ¿qué es lo que…?

—Es obvio que no quieres quedarte haciendo el turno de la fiesta porque lo vas a ver a él y a su novio, pensé que ya lo tenías aceptado y superado, eso es todo —explicó Hermione, encogiéndose de hombros y dándole una probada más a su postre de chocolate.

Harry suspiró lentamente y quiso creer que ella estaba muy lejos de averiguar la verdad, después de todo había muchas parejas gay que irían a esa fiesta.

—Yo no me estoy escapando de nadie —discutió, pese a saber que no la iba a convencer.

—¿Ves? No se está escondiendo de nadie, porque ese chico no está invitado a esa fiesta ¿verdad, Harry? —preguntó Ron, sonriendo como si le hubiera lanzado una cuerda de salvación en medio del océano.

—Pues… no me sé la lista de invitados y francamente no estoy al tanto de cuáles serán sus planes para las fiestas.

—Oh, no —masculló Ron, hundiéndose un poco en su asiento y luciendo derrotado. Hermione sonrió ampliamente.

—Harry, Harry —canturreó Hermione, negando con la cabeza y agitando la cucharita delante de sus narices —, ¿Qué tan tonta crees que soy?, ¿tanto como para no darme cuenta?

—No sé de que hablas, ¿y sabes qué? —replicó, poniéndose a la defensiva y haciendo el gesto de levantarse para marcharse —, podrías ser más clara y acusarme de una vez por todas, si es que te crees dueña de todas las respuestas.

Dicho eso se levantó y dejó un par de monedas en la mesa, Ron estaba más sonrojado aún y ni siquiera hizo un intento por detenerlo, mientras Hermione suspiraba dramáticamente. No fue hasta que se dio la vuelta para irse, que ella respondió a su pregunta, con voz firme y segura.

—Draco Malfoy.

Harry se quedó quieto en su sitio, como si algo lo hubiera golpeado con mucha fuerza, sintió sus mejillas sonrojarse y pese a eso se obligó a girar, con lentitud, encarando a su amiga, la sonrisa de Hermione era mucho más amplia aún, como cuando recibía los resultados de un examen particularmente difícil y complicado con una nota de "Supera las Expectativas".

—¡Oh, Merlín bendito! —exclamó Ron, y, ante el asombro de Harry, con un gesto de fastidio, sacó del bolsillo un par de monedas de oro y se las entregó a Hermione, que parecía no caber en sí de orgullo.

—¿Apostaron por eso? —preguntó horrorizado, retornando a su mesa antes de llamar más la atención.

—¡Fue su idea! —se defendió Hermione, apuntando a Ron —, en realidad dijo, "puedo apostar un millón de galeones a que no es verdad", yo le hice ver que no contaba con un millón de galeones y que aceptaría dos a cambio.

—¿Es en serio? —preguntó Ron, lucía algo enfermo —¿con el hurón? ¿No pudiste encontrar otro? Es decir, Colin se ve muy amable y eso.

—¡¿Colin?!—gritó horrorizado Harry, Hermione soltó una carcajada y negó con la cabeza.

—Menos mal que sólo apuestas conmigo, cariño, no quiero imaginar cuánto oro perderías si no fuera así, mira que no le aciertas a ninguna.

—¿También pensaste que me estaba enredando con Colin?

—¿Ilógico, cierto? —negó con la cabeza Hermione —, aunque después de haberte enredado con Malfoy… ¿qué lógica le podemos encontrar a tu comportamiento?

—Ah… ¿Por qué crees que es él? —preguntó Harry, tratando de ganar tiempo, y de paso, dándole algo más de tiempo a Ron, que parecía recuperar el color poco a poco.

—¿En serio quieres que te lo enumere?

Harry arqueó una ceja, como si la estuviera retando, aunque sabía que si ella afirmaba algo así era porque realmente estaba segura, sería interesante saber al menos cómo demonios había llegado a esa conclusión.

—Bien; si es lo que quieres —suspiró Hermione —Extrañamente, cuando Malfoy empezó a salir con ese chico…

—Lior —se encontró Harry, aclarando.

—Ese mismo, empezaste a verte mucho más apagado y cansado; por supuesto que no había reparado en eso en ese momento, sino hasta después, cuando rompiste con Ginny, siempre estabas mirando los diarios, incluso las revistas de chismes, esas que siempre dices detestar, fue cuestión de sumar dos más dos para darme cuenta de que lo que buscabas allí era la imagen de Draco Malfoy, saber sí seguía o no con él y qué era lo que hacían.

—Puedo haber estado viendo a cualquiera.

—Claro, pero fue cuando viste la revista en tu cocina, con la foto de ellos, que cerraste la revista con tanta rabia que por un momento pensé que maldecirías al primero que se cruzara por tu camino.

—¿Cuál revista?

—La revista de chismes —Hermione negó con la cabeza —, olvídalo, fue sólo una prueba que hice. Además, no creas que no me di cuenta que en el partido de quidditch de inicio de temporada, mientras todos estaban como locos animando a los jugadores, tú estabas concentrado en mirar unas cuantas filas hacia abajo y que cuando cierto rubio, quien recientemente tiene novio y le gusta salir en los diarios y revistas, desapareció, tú lo hiciste también, seguramente siguiéndolo. Después me contaste que lo habías encarado, ¿recuerdas?

Harry negó con la cabeza, suspiró profundamente y levantó una mano, la mesera, una chica joven y de cabellos rubios perfectamente peinados en una ajustada coleta, se acercó con una sonrisa.

—Dígame señor, ¿qué le puedo ofrecer?

—¿Qué es lo más fuerte que tiene?

—¿Disculpe, señor? —preguntó, parpadeando en exceso.

—Tráiganos Whisky. Tres vasos —ordenó Ron, luego miró hacia Harry, mientras la mujer asentía y escribía en su pequeña libreta y corrigió —, mejor la botella entera.

La chica lo miró extrañada, y luego hacia Hermione, que sólo se encogió de hombros.

—De acuerdo, inmediatamente —dijo, desapareciendo.

Se quedaron en silencio por un momento más, Harry tratando de ordenar sus ideas y tratando de evitar la mirada de Ron, que parecía estar en medio de un gran debate interno, pues mascullaba y apretaba los puños mientras negaba con la cabeza. Hermione daba cuenta de la última parte de su postre, luciendo bastante relajada y tranquila, como si no hubiera sido la culpable de soltar tremenda bomba.

La mesera regresó pronto, interrumpiendo el pesado silencio y dejando la botella sobre la mesa, una gran hielera y tres vasos. Ron se encargó de servirles una gran cantidad de licor a los tres y antes de esperar siquiera el brindis se bebió el contenido de un gran trago.

—Ni pienses que te emborracharás, porque yo no te llevaré a casa de tu madre en ese estado —reprochó Hermione, mientras jugueteaba con un dedo sobre su vaso.

—De acuerdo, Harry, ahora dinos que eso es mentira —resolvió Ron, hablando hacia Harry y no contestando a su novia.

Fue su turno de darle un gran sorbo a su bebida y cuando dejó el vaso vacío sobre la mesa, negó, sin detenerse mucho a pensar, los malos tragos hay que pasarlos de una sola, se dijo.

—¡Oh, Merlín bendito!

—Ya, no seas tan escandaloso, es mejor eso a tu teoría de que era uno de tus hermanos.

—Ella tiene razón —aseguró Harry, recordando la pregunta que Ron le había hecho varias semanas atrás.

—Pues ahora lo hubiera preferido.

—¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó Hermione, ajena a todo el sufrimiento mental que, aparentemente, su novio estaba atravesando.

—Nada. No hay nada que hacer, tú misma lo has dicho, tiene a ese… extranjerito que no se le despega nunca.

—¿Es decir que te rendiste? ¿O ya lo has olvidado?

—¿Es eso? —preguntó Ron, luciendo un poco más esperanzado —¿Lo has olvidado?

—No.

—Oh…

—Pero tiene novio, y es feliz, o así aparenta serlo, las veces que lo he visto, que, además del partido de quidditch, han sido sólo dos, parecía bastante contento.

—¿Y ya? ¿Eso es todo? ¿No hay un maravilloso plan para reconquistarlo? Para hacer que se dé cuenta que aún lo quieres y todo eso.

—Él ya lo sabe, Hermione —suspiró Harry, sirviendo más licor para él y para Ron —, se lo he dicho y aún así no me acepta de vuelta.

—¿Se lo has dicho? ¿Qué le has dicho?

—Vamos…

—Sí, vamos, Hermione, que estamos hablando del hurón, no es una conversación muy agradable que digamos, menos lo que Harry le haya dicho o... —Ron arrugó un poco la nariz y miró a Harry —en verdad que no quiero saber nada de lo que le hayas hecho.

—No le digas hurón —protestó Harry.

—Cierto, Ron, mejor no insultarlo —apoyó Hermione —Entonces, ¿qué fue lo que le dijiste?

—Yo... —Harry se removió un poco, incómodo por mantener esa conversación, Hermione le hizo un gesto para que continuara y suspiró, antes de hablar —. Solo le dije que yo aún… —se encogió de hombros y se sonrojó un poco más, qué difícil eso de decir la verdad, aunque no podía negar que sus amigos se lo estaban tomando mejor de lo esperado, tal vez porque ya habían hablado mucho al respecto —lo quiero, eso le he dicho, y ha respondido que no le interesa. Fin de la historia, y de la conversación.

—¡Fin y un cuerno! —resopló Hermione, dándole un pequeño sorbo a su vaso —¿A eso se ha reducido tu maravilloso discurso de reconciliación, a: Malfoy aún te quiero?

—Draco —corrigió Harry, dándole a entender que sí, que más o menos a eso se había limitado.

—Lo que sea.

—Ya, déjalo en paz —reprochó Ron —, ha dicho que él ya tiene novio, el chico con el que sale por todos lados.

—Empecemos por allí —Hermione se dirigió hacia Harry —, he estado analizando todo esto durante un tiempo, ¿Malfoy con novio? No que fuera alguien muy… no que anduviera de escándalo en escándalo, pero desde que regresó a casa no ha tenido novio formal, y justo cuando ustedes están por terminar, aparece este chico, salido de quién sabe dónde y…

—Holanda, es de allí —aclaró Harry, que se sabía ya toda su historia.

—Como sea, y ahora anda con él de arriba abajo, gritando a todo el mundo que son novios, como si quisiera que todos se enteraran…. Que tú te enteraras.

—Ya, pero eso pudo haber servido para hacerme decidir, y lo hice, ¿recuerdas? ¿Y qué me dijo? —preguntó con amargura, bebiendo el contenido de su vaso —, que mi tiempo ya había pasado.

—Pero de eso ya hemos hablado —suspiró Hermione, como si se tratara de enseñarle la lección a un niño demasiado lento. Harry gruñó fastidiado, lo último que necesitaba en ese momento era una de las explicaciones de su amiga. —¿Acaso tú estabas listo para salir al frente y decirle al mundo que estabas con él? Tú mismo lo dijiste, lo más probable es que todos pensaran que él te había hecho algo para "convertirte en gay" y lo dilapidarían, peor aún, Malfoy ha estado tratando, durante el último año y medio, de limpiar el nombre que la guerra ensució, un escándalo de este tipo solo lograría echar por tierra todos los esfuerzos que ha estado haciendo.

—De acuerdo, puede que tengas razón, pero ya pasamos por eso también, es decir, yo ya acepté que soy gay, y aún así…

—¿Lo has visto desde entonces?

—Sí, estaba en un club gay, con ese y no se mostró tan amistoso.

—Estoy segura que no le dijiste lo que él quería escuchar. ¿Qué fue lo que le dijiste? —Harry abrió la boca para replicar, pero ella negó con la cabeza y se dejó caer contra la silla —. No, mejor nos lo cuentas todo desde el principio.

Harry suspiró y se encogió en su sitio, mientras aceptaba una copa más de Ron, le dio un trago largo antes de empezar a relatar todo lo que había pasado con Draco, la forma como lo había abordado en los camarines de Quidditch y la apuesta; como se habían estado viendo después; como se había sentido cada vez más atraído hacia él, que parecía indiferente a sus sentimientos, hasta que no lo había soportado más y había dado el primer paso, evitó hacer muchas referencias al tiempo en que estuvo engañando a Ginny, porque sabía que eso no sería del agrado de Ron, y luego la forma como lo había buscado cuando habían terminado.

—Allí lo tienes —declaró Hermione, con una sonrisa satisfecha.

—¿Qué? —preguntaron Harry y Ron a la vez, la chica puso los ojos en blanco y le dio otro sorbo más a su bebida.

—Tú no has sido completamente claro con él, le has dicho que aún le quieres, pero eso, considerando la historia de ustedes dos, no es ninguna declaración, ya antes le habías dicho que lo querías y aún así no dejaste a Ginny, esperaste a que él se metiera con otro para hacerlo, ¿qué le garantiza que lo que pretendes ahora es una relación seria y real? Que no estás tratando de hacerlo volver a tu lado sólo por capricho, porque te sientes ofendido y dolido de que finalmente te haya dejado, o que quieres volver a tener el mismo tipo de relación que tenían antes. En conclusión —suspiró —¿Qué le garantiza que tus intenciones son serias?

—¿Serias?

—¿No lo son entonces?

—Yo… supongo que sí, es decir… —se removió incómodo en su sitio —¿Te refieres a ser novios formalmente, salir y todo eso? —Hermione asintió, luciendo algo impaciente —, pues sí, claro que lo son.

—¿Y se lo has dejado saber a él?

Harry la miró fijamente un instante, su mente, algo embotada ya por el alcohol, tardó un poco en unir los puntos, hasta que por fin lo entendió y negó con la cabeza lentamente.

—No. Yo supuse que él entendería que yo… —cerró los ojos un instante y luego negó nuevamente con la cabeza, sintiéndose más tonto aún —, yo simplemente asumí que él sabría que…

—Pero no se lo dijiste, ¿cómo puede él saberlo si no se lo dijiste?

—Pero debió comprender…

—Según recuerdo, él no es un adivino —interrumpió Hermione.

—Aunque se trate del hurón —intervino Ron, parecía un poco más relajado por el alcohol —, le doy la razón, es decir, yo también hubiera hecho lo mismo. ¿Qué me garantiza que no estás jugando nuevamente? Por más que hayas salido de la alacena y todo eso…

—Del armario —corrigió Hermione.

—De donde sea —replicó Ron.

—Oh… ya entendí —masculló Harry.

***

Tras aquel glorioso descubrimiento, Harry hubiera querido aporrear la puerta de la gran Mansión Malfoy y, aunque estuviera el extranjerito presente –tanto mejor que lo estuviera- decirle a Draco, con puntos y comas exactamente todo lo que sentía, que estaba dispuesto a tomar eso de la manera más seria que fuera posible, siendo él el que se paseara de su brazo por las grandes fiestas que tanto detestaba, o cenando en cualquier lugar a la vista pública, que no le importaba en absoluto que algunos lo juzgasen por haberse enamorado de él, porque era eso, estaba enamorado de él y se arriesgaría a todo, con tal de estar a su lado. Sin embargo, tras el quinto trago de whisky tuvo que admitir que aparecer medio ebrio en la Mansión, en medio de la tarde, no sería buen pie para iniciar con esa conversación, así que resignado, se dejó llevar por Hermione, que mascullaba molesta por el poco control que él y Ron tenían, y se metió en su cama, al día siguiente tenía el turno completo en el departamento de aurores, y tendría que levantarse muy temprano.

***

Se levantó de un sobresalto, con un ligero dolor de cabeza, y luego de una poción para la resaca, se apareció en el Ministerio. Como era un día festivo, no había nadie en el gran edificio, solo en el área de Aurores habían cuatro "suertudos" que, al igual que él, habían sido designados a hacer guardia hasta el anochecer.

Entró a la enorme sala y saludó con un asentimiento de cabeza a sus colegas: Richard Eisenberg, un auror ya mayor y divorciado, siempre andaba mal humorado y contestaba todo con asentimientos y monosílabos, en ese momento se encontraba rellenando el crucigrama de un diario y en su escritorio había una gran ruma más de diarios, Harry se preguntó si es que los guardaba con la intensión de rellenarlos durante los días festivos en que tenía que trabajar. En el siguiente escritorio estaba Witi Covarrubias, un chico recién salido de la academia, pero de la misma edad de Harry, habían trabajado juntos un par de veces y a Harry siempre le desagradaba su sobre entusiasmo para los casos, siempre ansioso por meterse en misiones súper arriesgadas y lo cruel que solía ser para burlarse de todos. Dos escritorios más lejos estaba Maurice Pirsig, un auror de treintaicinco años, soltero y gay, que siempre se ofrecía para trabajar en los días festivos, según decía no le molestaba facilitar las cosas a sus compañeros con familia y prefería pasar las fiestas así, trabajando, ya que no contaba con familia, pues sus padres habían muerto unos años atrás, durante la guerra. Y en el escritorio del fondo estaba Zadie Butler, una bruja bastante guapa, de veintitantos años, con el cabello castaño claro perfectamente arreglado y que se estaba aplicando, al parecer, un complicado hechizo de manicure, llenando la sala con el olor a químicos.

Harry se acomodó en uno de los escritorios que había entre Maurice y Zadie y sacó una de las revistas que había traído consigo, tratando de concentrarse en ella, pero no pudiendo apartar la mente de Draco, seguramente que el chico no estaría en casa en Navidad, sabía, porque recordaba haber hablado con él sobre eso en alguna oportunidad, que sus amigos daban fiestas lujosas y elegantes y que él, que ahora no tenía más familia que su tía Andrómeda, a la que simplemente iba a saludar la mañana de navidad, asistía a algunas de ellas, empezando por el almuerzo en casa de los Goyle, o Crabbe, dependiendo de a quien le tocara ese año, y culminando la celebración en la fiesta nocturna que daba algún otro de sus amigos, que por lo general duraban hasta el día siguiente.

Sabía que no había nada que pudiera hacer, cierto que podría investigar en cuál de las fiestas se encontraba Draco, pero ir a buscarlo en medio de la noche y sacarlo de una fiesta llena de sus amigos, donde seguramente estaría Lior, no era un plan muy inteligente, quería hablar con Draco, estaba más que ansioso por hacerlo, pero debía ser consciente de que tendría que buscar la oportunidad adecuada. Lo mejor sería buscarlo al día siguiente, en la Mansión, y plantarse allí hasta que apareciera si es que no se encontraba en casa.

La mañana pasó lentamente, ya sabía que en ese día no había mayor sobresalto, no durante el primer turno al menos, la peor parte la llevaban los del turno noche, que tenían que vérselas con todos los magos y brujas que celebraban en exceso y que para esas horas ya estarían fuera de control, era por eso precisamente que para ese turno había tres veces la cantidad de aurores que para el de día.

Decidieron comer todos juntos en la oficina y Zadie y Maurice fueron elegidos para ir por la comida al Londres muggle. Cuando estaba ya terminando el almuerzo, escuchando algo aburridos sobre la fiesta a la que Zadie asistiría esa noche, luego de salir del trabajo, llegó la alerta. Una sirena sonó desde lo alto a la vez que una bruja, la asistente de recepción, que Harry no había notado al llegar y que seguramente había permanecido sola durante toda la mañana en el mostrador de afuera, llegó corriendo, agitada y con un pergamino en la mano.

—Hay un serio problema en Cambridge —jadeó —, nos han reportado quejas de una batalla que se está dando en una zona mágica, al parecer entre una gran familia, creo que han tomado bandos y todo… si no los detienen pronto es probable que terminen lastimándose seriamente, o que los muggles los descubran, pues están cerca de un poblado muggle.

—¡Genial! —exclamó Witi, dejando el vaso de refresco que estaba bebiendo.

—Claro, que genial, metidos en una batalla familiar el día de navidad —suspiró Zadie, mientras observaba su manicure con fastidio —, seguro que tendré que volver a hacerla.

—Ya, más acción y menos palabras —protestó Richard Eisenberg, que era el que estaba a cargo en el improbable caso que algo ocurriera.

—¿Tienes ya la posición exacta? —preguntó Harry, poniéndose en pie y enfocándose en lo importante allí, no podía dejar de agradecer que al menos la tarde se hiciera más corta gracias a esa trifulca, había estado en decenas de peleas como esas, y generalmente terminaban en lágrimas e insultos en San Mungo, mientras los medimagos trataban de enmendar los daños de los hechizos de intercambio de extremidades o árboles saliendo de algunos orificios de los involucrados.

—Sí.

—Hay que mandar a hacer… —empezó a ordenar Eisenberg, pero la chica lo interrumpió.

—Los trasladores, sí. Hay una persona trabajando en Transporte mágico, ya le he dado la alerta, tal como me indicó Mandy —habló atropelladamente —, ya debería haber llegado, ¿cierto? —preguntó con un deje de pánico, seguramente pensando que había hecho algo malo.

—No, no te preocupes —tranquilizó Maurice con voz suave, poniéndose en pie y tomando su capa de viaje —, suelen tardar un poco en hacerlos.

—Cierto —asintió Eisenberg.

La chica lo miró atentamente, quizá esperando a que el hombre dijera algo más, pero todos sabían que eso no ocurriría.

Rápidamente tomaron sus abrigos y sus guantes del perchero, abrigándose para el frío que sabían estaba haciendo afuera, pues la noche anterior había nevado por horas, mientras la asistente de recepción se movía de un lado al otro, desvaneciendo los restos de comida.

—Cinco trasladores para Cambridge —informó Charlotte Kenyatta, entrando en ese momento a la sala. Charlotte era una antigua miembro del área de transportes mágicos, casi siempre era ella la que les preparaba los trasladores de emergencia.

—Ya era hora —gruñó Eisenberg mientras alargaba la mano para tomar la cinta de tela color verde con adornos navideños que le entregaba la mujer.

—Ah, que monos —sonrió Zadie, embutida en su abrigo color anaranjado y un gorro marrón que le tapaba hasta las orejas.

—¿Verdad que sí? Los hemos tenido guardados toda esta semana, pero no han sido necesario utilizarlos.

—Andando, chicos —ordenó Eisenberg, arrancándole de la mano las otras tres cintas a Charlotte y dándoselas de mala manera a Harry, Maurice y Witi.

***

Harry agradeció que al menos no estuviera nevando, pues eso haría que el trabajo fuera mucho más difícil. Se apareció, junto a sus compañeros, en una pequeña colina, la nieve llegaba a unos cuantos centímetros y sintió que los bordes de sus pantalones y su abrigo se empapaban. Apretó más la bufanda en torno a su cuello y suspiró, odiaba trabajar cuando hacía tanto frío.

—Allí —señaló Eisenberg, hacia el pie de la colina, donde se podía ver y sentir claramente la magia vibrando de manera descontrolada.

—Vaya… están muy alterados —razonó en voz alta Zadie, acomodando mejor sus guantes de cuero y apretando la varita.

—Probablemente hayan menores de edad allí, así que deben tener cuidado, al final les haremos una revisión de varita a todos —ordenó Eisenberg, mientras comenzaba a bajar la colina, sus demás compañeros lo siguieron con prisa.

Harry sentía los músculos de sus piernas resintiéndose por el esfuerzo de correr sobre la nieve, y tuvo que reconocer que a pesar de eso y del frío, el entrar en acción era algo que le gustaba, en cuanto fue más visible la gran casa en donde se estaba desarrollando el altercado pudo sentir la adrenalina fluir por sus venas y recorrer su cuerpo, su expresión se tornó más seria mientras apretaba la varita con fuerza y seguía bajando por la colina.

—¡Hey Potter! —llamó Witi, al otro lado del grupo, Harry, concentrado ya en lo que tendrían que hacer, levantó la cabeza para prestarle atención —¡Cuidado te rompas una uña!

Harry entrecerró los ojos, ya había escuchado algunos comentarios cuando había vuelto al trabajo, pero ninguno que lo ofendiera directamente, aunque tampoco había tenido que trabajar con Witi, que podía ser particularmente idiota.

—¡Ya verás que te rompo otra cosa! —gritó, tratando de alcanzarlo, cruzándose con sus demás compañeros, Maurice lo sujetó de un brazo, lo que provocó que casi cayeran ambos.

—Tranquilo, no le des el gusto —jadeó Maurice, aún tratando de contenerlo.

—¡Witi! —gritó Eisenberg, deteniéndose —Si no cierras la boca, te mando de vuelta a la estación y con una amonestación.

—Yo sólo bromeaba —se excusó Witi, aunque no parecía realmente arrepentido.

—Vamos, Potter, que tenemos trabajo que hacer —dijo entonces Eisenberg, retomando la marcha.

Maurice le dio un apretón más en el brazo y Harry asintió, sabía que no era el momento para ponerlo en su sitio.

—Siempre se porta así —le contó Maurice, mientras seguían bajando la colina —en el fondo es un idiota acomplejado, se creerá más si lo tomas en cuenta.

—Gracias —masculló Harry, sujetando con fuerza la varita y meditando qué tan difícil sería lanzarle un hechizo en medio de la trifulca, sin que nadie lo notara.

Se detuvieron casi al pie de la colina, el valle que tenían en frente estaba completamente cubierto de nieve, al fondo se podía ver una casa, o lo que quedaba de ella, y era bastante grande, de tres pisos y con un gran jardín en el frente.

Los hechizos venían desde el interior, y gracias a las paredes caídas se podía ver a algunos magos y brujas en el interior, refugiados tras muebles y restos de cemento, lanzándose hechizos.

—Doce en total —informó Zadie, bajando la varita.

—De acuerdo, Potter, Maurice por el lado derecho, yo voy con los demás por el izquierdo, desarmen a los que estén de su lado y amárrenlos.

—Sí, señor —respondieron Maurice y Harry, alejándose hacia el lado derecho de la casa.

—Allí hay sólo dos personas —comentó Harry, levantando la varita y tirándose al piso, al tiempo que una cantidad de hechizos volaban cerca de él y de Maurice, que también se lanzó al suelo.

—¡Odio la nieve! —se quejó Maurice, seguramente que, al igual que Harry, se había empapado ya por completo.

—Supongo que no quieren que nos acerquemos —jadeó Harry.

—¡Aurores del Ministerio Ingles! —escucharon que gritaba con un hechizo de amplificación de voz, Eisenberg.

La respuesta fueron más hechizos.

—Nop, definitivamente no quieren que nos acerquemos.

Se escudaron en lo que al parecer eran las rejas de madera que protegía el jardín y avanzaron a rastras por un buen tramo, mientras escuchaban como más y más hechizos eran lanzados, ya no podían saber cuáles eran de los integrantes de la casa o de sus otros compañeros, hasta que estuvieron cerca de la pared frontal; entonces Harry pudo ver a un hombre y una mujer, de más o menos cuarenta años, ambos tenían cortes en los brazos y en el rostro y jadeaban profundamente, parecían demasiado enojados.

—¡Esto no hubiera pasado si es que no hubieras abierto tu bocota! —gritó la mujer, sin prestarles atención a Harry y a Maurice, y levantándose un poco a fin de lanzar otro hechizo.

—Te dije que tarde o temprano se enteraría, además, no sé qué haces con ese bueno para nada, él no te ama, ¿no te has dado cuenta aún? —protestó el hombre, también levantándose para lanzar un nuevo hechizo.

Maurice y Harry intercambiaron una mirada de desconcierto, aunque hubieran podido desarmarlos en ese momento, aprovechando que estaban de espaldas y que ninguno había notado su presencia, sabían que no debían hacerlo, pues iba contra las reglas hacerlo sin anunciarse antes y darles la oportunidad de bajar las varitas.

—Señores —avisó Maurice, levantándose de su escondite y tratando de llamar su atención, pero los sobresaltó de tal manera que ambos voltearon, con las varitas en alto y pronunciando hechizos a la vez hacia el chico.

Harry no tuvo de pensar qué hacer, simplemente hizo lo que el instinto le indicaba, y eso fue lanzarse para tratar de sacar a Maurice del alcance de ambos hechizos, pero no fue lo suficientemente rápido, pues si bien es cierto, los hechizos no le dieron a su compañero, sí le dieron a él.

****

Oh, sí, eso era dolor. Aquel dolor. Llevaba algún tiempo sin sentirlo, no de esa manera al menos, en que podía percibir cada uno de los músculos de su cuerpo y lo resentidos que estaban por el trato recibido.

Su garganta estaba seca y se sentía demasiado atontado, aún así se obligó a abrir los ojos, necesitaba saber dónde estaba. Sacando fuerzas de dónde ya no las había, abrió los ojos con dificultad, todo estaba a oscuras, escuchó algunos ruidos rítmicos y trató de reaccionar, de sentarse, de despertarse por completo, pero no lo consiguió, en el último momento su mirada se enfocó en lo que al parece era una mancha, junto a su ventana, dónde las cortinas estaban abiertas, entre las telas blancas y flotantes, casi estuvo seguro de ver algo, o a alguien, una mirada gris, esos ojos, mirándolo preocupadamente…. Pero entonces el cansancio lo golpeó con más fuerza y todo se oscureció una vez más.

****

¿Cualquier cosa que quiera? —preguntó Draco en un susurro.

Es tu cumpleaños, me tienes aquí… y puedes hacer conmigo cualquier cosa que quieras —ratificó Harry, con voz sugerente, mientras se dejaba caer sobre el sillón y abría las piernas, aún estaban completamente vestidos, eran las tres de la tarde, y fuera las nubes grises anunciaban que quizá pronto llovería; ese día habían quedado mucho más temprano que de costumbre. Harry se había pasado la semana anterior buscando qué regalarle a Draco por su cumpleaños, sintiéndose algo corto por no saber qué darle a quién realmente podía tener cualquier cosa que quisiera, hasta que finalmente decidió que, además de los chocolates finos y más caros que había comprado en su vida, le permitiría jugar con él. Harry sabía, porque Draco ya se lo había insinuado muchas veces, que le gustaba jugar y experimentar en la cama, pero Harry, aunque se había dejado tomar por él, y confiaba lo suficiente como para habérselo permitido más de una vez, no se animaba a tanto… hasta esa tarde.

¿Cuánto tiempo tienes disponible? —preguntó Draco, su mirada empezaba a brillar de esa manera gatuna, como cuando estaba realmente excitado, mientras dejaba los chocolates sobre el escritorio y caminaba lentamente hacia él.

Toda la tarde —contestó Harry, abriendo un botón de su camisa —y toda la noche —agregó, sacando otro botón más.

Draco arqueó una ceja y se detuvo delante de él, mirándolo apreciativamente.

¿Toda la noche?

Mañana tengo que entrar a trabajar recién en la tarde. Prácticamente veinticuatro horas —respondió Harry, sin dejar de mirarlo a los ojos y abriendo otro botón más, empezaba a sentirse mucho más excitado de lo que pensaba que se sentiría en esa situación —. Aunque claro, si tienes otros planes, yo lo entenderé… es tu cumpleaños, después de todo.

Draco entonces sonrió, mientras se inclinaba un poco más hacia él y le ponía las manos encima, deteniendo el movimiento de sus propias manos, que ya iban tras otro botón.

Te conté que lo celebraría el fin de semana —susurró.

Lo sé, y…

Y no puedo dejar que, después de haberte tomado tantas molestias, te vayas sin entregarme mi regalo.

Harry sonrió ampliamente, las manos de Draco, sobre las suyas, se sentían cada vez más calientes.

Arriba, Potter —ordenó Draco, tirando de él finalmente —, que pienso aprovechar cada uno de los minutos que tienes para mí.

¿Sabes que debo dormir al menos unas horas, verdad? —preguntó Harry, su garganta se secó ante la perspectiva de estar en las manos de Draco durante tanto tiempo, preguntándose qué es lo que el chico le haría.

Oh, bueno, te puedo dar eso —aceptó Draco, mientras lo guiaba hacia la habitación. Harry sabía que por seguridad nadie se podía aparecer directamente en el segundo piso, ni siquiera Draco, así que se dejó llevar, sujeto aún de las manos, por las largas escaleras de mármol y el amplio e iluminado pasillo, hasta la última puerta.

Quédate allí —susurró Draco en cuanto entraron a la habitación, dejándolo de pie en medio de la amplia estancia.

Harry asintió tranquilamente y observó a Draco moverse alrededor, abriendo uno de los armarios y sacando una caja larga de madera clara.

Me pregunto si sabes realmente a lo que te estás ofreciendo —preguntó Draco mientras dejaba la caja de madera junto a la cama, en la mesa de noche y se desprendía de su túnica, quedando sólo en una camisa y un pantalón, ambas de color oscuro.

A ti —respondió Harry con voz ronca, lleno de curiosidad por saber qué había dentro de esa caja —, completamente.

Draco lo miró más intensamente, sus ojos parecían querer decir algo más, pero ninguna palabra salió de sus labios, simplemente se acercó a él y lo comenzó a besar de manera demandante y dominante, sus manos lo sujetaron de la cintura y lo apretaron con fuerza, haciéndole sentir que Draco ya estaba excitado.

Vaya… —jadeó Harry, pensando en bromear con él acerca de su animosidad —, tenemos mucho tiempo aún.

Lo sé —susurró Draco, apartándose de él un poco y comenzando a desvestirlo con lentitud —, pero no pienso desperdiciar ni un minuto.

Harry se dejó desvestir, besar, morder y, por instancia de Draco, se mantuvo quieto, hasta que estuvo completamente excitado y de espaldas sobre la cama, respiraba entrecortadamente mientras observaba a Draco, algo sonrojado, desprenderse de su propia ropa. Tenía que reconocer que la mirada de Draco, sobre su cuerpo, con esa expresión tan traviesa, lo ponía más que cualquier otra persona en el pasado, en momentos como esos era que se planteaba seriamente dejar de engañar a Ginny y terminar con ella, tal como Draco le había insinuado ya en el pasado, y formalizar con él, pero sabía que esa resolución moriría cuando abandonara esa habitación y, con la cabeza completamente fría, sopesara las consecuencias de sus actos.

Ahora… —susurró Draco, gateando sobre la cama y recostándose sobre él, dejándole sentir toda su tibia piel contra la suya, jadeó y se arqueó ante el contacto del duro miembro contra su necesitada erección —quiero tenerte atado a mi cama.

Draco —jadeó Harry, no podía negar que había pensado ya en que Draco le haría eso, y que estaba mentalmente preparado para ello, pero el saber que en verdad pasaría le dejaba una mezcla de miedo y excitación, mientras sentía sus muñecas siendo elevadas.

Pero no te imposibilitaré de movimiento —continuó Draco, dejando un par de besos en sus mejillas, antes de levantarse un poco más y sacar de la caja de madera un par de tiras de seda negra, y enrollando un extremo a una de sus muñecas —, pero te prohíbo que te muevas —Harry sintió la suavidad de la tela apretándose en torno a una de sus muñecas y supo que se trataban de cuerdas mágicas, pues Draco no necesitó hacer ningún nudo para que ésta se asegurara y ajustara —, pero si lo haces, la cuerda se encogerá. —informó, pasando la soga tras los barrotes del cabecero y luego cerrando el otro extremo, en su otra muñeca.

Son…

Mágicas —completó Draco, sentándose sobre él, con las piernas a cada lado de torso —, ahora, Potter —dijo, arrastrando las palabras al pronunciar su apellido —, te demostraré cómo es que funcionan —y dicho eso, retrocedió un poco, hasta que su culo se frotó contra la caliente y dura erección de Harry, que involuntariamente levantó las caderas, para conseguir más contacto, jadeó entre sorprendido y asustado cuando sintió las cuerdas tirar de él un poco, giró la cabeza lo más que pudo, para ver que las cuerdas de seda negra eran ahora más cortas.

¡Draco! —protestó.

Vamos a ver cuánto control tiene el león —se burló Draco, reptando por su cuerpo, provocando que su miembro se refregara con toda su tibia piel, hasta quedar entre sus piernas.

Harry se mordió los labios e hizo acopio de toda su voluntad para no arquearse contra él, no quería que la cuerda se acortara más aún, pues sabía que al final terminaría completamente jaloneado de los brazos.

Veo que vamos progresando —comentó Draco, mirándolo de manera predadora, antes de tomar con una mano el miembro de Harry, que no pudo evitar jadear y levantar las caderas, lo que dio como resultado que la soga se acortara más —, o tal vez no tanto.

¡Merlín! —jadeó Harry, obligándose a quedarse quieto —, eres un sádico.

Draco soltó una pequeña carcajada y le dio un beso en la cadera.

Eres muy fácil de impresionar —dijo, antes de meterse en la boca el miembro de Harry, casi por completo y tomándolo por sorpresa, Harry no se contuvo y se empujó contra él, sintiendo como la cuerda tironeaba de sus muñecas, le tomó un par de segundos aspirar profundamente y entender que debía quedarse quieto, aunque sus brazos empezaban ya a quedar rígidos por la falta de cuerda.

Mientras Draco seguía chupándolo, jugando con su lengua e incluso con sus dientes, lamiendo y apretando de manera experta, sus manos jugueteaban sobre sus testículos, masajeándolos, Harry abrió un poco más las piernas, dándole acceso a donde sabía que Draco quería llegar; inspiraba profundamente y se concentraba en no moverse ni un poco, pero, ¡Dios, que realmente le estaba costando!

Por momentos miraba hacia abajo, hacia Draco, que se había dejado caer completamente sobre su abdomen, apoyado sobre sus codos, y sentía la necesidad no sólo de empujarse contra él, sino también de enredar sus dedos en esa larga y suave cabellera, de sentir su cabello y hacer que el movimiento impregnara sus dedos de ese olor tan particular que tenía. Con cuidado de no provocar que las sogas se acortaran más, levantó una pierna y la puso sobre el hombro de Draco, que en ese momento se detuvo y levantó la cabeza, su sonrisa era predadora, y algo le dijo a Harry que debía temer. Draco, en silencio, lo apartó y jaló la cajita de madera hasta tenerla a mano, Harry, ilusamente, había pensado que sólo eran contenedora de las sogas.

¿Qué es lo que…? —quiso preguntar, pero Draco se volvió a dejar caer sobre su abdomen y le levantó ambas piernas, apoyándolas sobre su hombro.

No seas curioso… que lo estás haciendo muy bien —respondió Draco, su voz era ronca, de esa manera que hacía que la piel de Harry se estremeciera.

Harry cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás mientras sentía nuevamente esa boca en su miembro, y gemía complacido por todo el placer que Draco le estaba prodigando. Se preguntó si es que acaso no debía ser él quien proveyera de placer a Draco, siendo cumpleaños de éste último.

Abrió los ojos nuevamente cuando sintió esos dedos jugueteando sobre su entrada, preparándolo y lubricándolo, mientras esa lengua seguía causando estragos en el poco control que le quedaba ya.

Draco… para… yo… no —jadeó como un perro asmático, pensó que lo divertido para Draco, tal vez, era dejarlo en ese estado, como una gelatina, imposible de controlarse ya, levantó las caderas para darle el encuentro a esa boca, mientras sentía que las cuerdas le jalaban más y más los brazos, hacia el cabecero de la cama y su orgasmo trepaba rápidamente, pero entonces una mano le pellizcó en la base de su miembro, haciéndolo gritar disconforme.

Aún no —susurró Draco, elevándose un poco, sin soltar su miembro ni sacar el par de dedos que ya había introducido en su interior.

Por favor —lloriqueó Harry, levantando un poco más las caderas y sintiendo sus brazos adoloridos.

No —respondió Draco, apartándose de él. Harry dobló las piernas, seguro de que ahora por fin Draco lo tomaría, pero eso no sucedió, con la mirada borrosa observó como Draco sacaba del interior de la caja un vibrador, gracias a Merlín no muy grande, y de color rosa.

¿Qué…? —jadeó conforme observaba a Draco murmurar un par de hechizos.

Ahora, Harry —la voz de Draco se escuchaba ronca y ansiosa, Harry sabía que estaba tan ansioso como él y eso lo hizo sentir un poco mejor —, levanta las piernas.

¿No irás a…? —trató de preguntar, mientras una de las manos de Draco se posaba sobre una de sus piernas, acariciándolo con cariño.

¿Por favor?

Harry asintió, algo nervioso, mientras llevaba las rodillas hasta su pecho, sintió entonces la punta de aquel vibrador presionando sobre su entrada y trató de relajarse, Draco siempre lo ponía en situaciones impensables, en situaciones que jamás había imaginado. Apretó un poco los dientes conforme sentía aquel objeto extraño entrando en su interior y la mano de Draco volvió a acariciar su pierna, de manera consoladora, hasta que sintió lo que claramente era el final de aquel juguete.

Vaya… —jadeó, apretando su interior y tratando de acostumbrarse.

Merlín, Harry, si te vieras —susurró Draco, apartándose un poco más de él.

Harry enrojeció mucho más de lo que ya estaba, imaginando como se vería, amarrado al cabecero de la cama, con las piernas levantadas y aquel juguete insertado en su interior. No podía negar que había algo de incitante en esa imagen.

Deberías verte —resolvió Draco, levantando y agitando la varita. Sobre el techo se proyectó un enorme espejo que abarcaba completamente la gran cama, Harry vio sus rostro, más rojo y despeinado de lo que había pensado, y luchó contra la idea de mirar más abajo, hasta donde el vibrador seguramente sobresalía de su cuerpo.

Draco… —resopló, jalando sus muñecas, la cuerda se apretó un poco más, haciendo que sus manos rozaran contra el cabecero, se sujetó de él como si la vida se le fuera en ello a la vez que sentí aquel vibrador comenzar a entrar y salir de él, jadeó sonoramente y miró hacia Draco, que estaba de rodillas entre sus piernas, con una mano sujetando su pierna y con la otra sujetando su propia erección, como si se estuviera conteniendo. Analizando rápidamente la situación, lo más rápido que su mente, estando en la situación en la que se encontraba, pudo, se preguntó qué era lo que hacía que ese vibrador se moviera en su interior —¿cómo…?

Tiene un hechizo —explicó Draco, levantando la mirada hacia él, mirándolo a través de su flequillo y sonando también agitado, pese a no estarse moviendo en lo más mínimo.

¡Dios! —Harry se arqueó ante la insistencia del juguete golpeando su próstata, mientras enfocaba la mirada en el espejo, debía ser uno de aumento, pues podía ver, a pesar de su falla de visión, claramente como aquel juguete entraba y salía de su interior, girando lentamente; se arqueó nuevamente y se sujetó con más fuerzas del cabecero de la cama, el dolor en sus muñecas estaba siendo cada vez mayor, pero no había forma de que le pidiera que se detuviera.

No sabes lo que he querido verte así —gimoteó Draco, su voz sonaba ahogada, Harry apartó la mirada del espejo y lo vio de rodillas, entre sus piernas, mirándolo con atención y la sola idea de ser ese tipo de espectáculo para Draco lo hizo sentirse más excitado aún, su erección, en un estado casi doloroso, golpeaba contra su estómago y clamaba por atención.

Draco… por favor, necesito… por favor —gimoteó, Draco pareció demorar un poco en darse cuenta de sus palabras, hasta que finalmente reaccionó, levantando la varita y agitándola sobre el cuerpo de Harry, las cuerdas se soltaron de sus muñecas, pero antes de que pudiera alcanzar su erección y darse alivio, las manos de Draco lo detuvieron.

No —ordenó Draco con voz más firme de la que había creído posible —Así no.

¡Maldición! —resopló Harry, queriendo soltarse de él, mientras sentía como su cuerpo era jalado hacia arriba. No supo cómo, pero de pronto su espalda dejó el colchón y fue obligado a apoyarse sobre las rodillas, las manos de Draco evitaron que sus propias manos se apoyaran hacia adelante.

Así no —repitió Draco, mientras se acomodaba detrás de él.

Por Merlín bendito —jadeó Harry arqueándose y sintiendo que perdería la razón pronto, con el vibrador entrando y saliendo de él y Draco acomodándose en su espalda.

Shh… sólo un poco más, Harry, un poco más —pidió Draco mientras le daba pequeños besos en el cuello y la nuca, Harry sintió el miembro erecto y húmedo de Draco contra una de sus nalgas y jadeó más fuerte aún, sus manos estaban a los lados de su cuerpo, apretando los puños y tratando de obedecer, pero esos besos… —hazlo por mí.

Draco, yo… —Harry se estremeció cuando sintió las manos de Draco separándole las nalgas y se trató de quedar quieto, conteniendo el aliento mientras el vibrador era completamente extraído. No tuvo tiempo de protestar, antes de que siquiera pudiera abrir la boca, Draco ya se estaba introduciendo en él, con mucha facilidad gracias a la previa preparación.

¡Oh… Merlín! —gimoteó Harry, agradecido por sentir al fin ese cuerpo caliente y esos brazos rodeándolo, sabiéndose sostenido por Draco, pasó sus manos hacia atrás, sujetándose de las piernas de Draco y sintiéndolo moverse con velocidad y ansiedad.

Mira… —una de las manos de Draco llegó hasta su mandíbula y lo obligó a levantar la vista, mientras la otra recorría su abdomen y se posaba finalmente sobre su miembro.

Harry parpadeó, no se había dado cuenta de que el hechizo de espejo se había cambiado de sitio y ahora estaba delante de ellos, podía ver perfectamente su cuerpo: la mano pálida de Draco rodeando su rojo y brillante miembro, mientras el otro brazo cruzaba todo su torso, haciendo contraste con su piel un poco más oscura, el cabello de Draco rozaba su hombro mientras éste se inclinaba y mordisqueaba su cuello y la parte de atrás de la oreja, su mirada metálica viéndolo a través del espejo y… ¡oh, demonios! Aunque en un inicio, cuando poco antes Draco había convocado ese espejo, se había sentido avergonzado, ésta vez no podía quitar la mirada de encima, de ver la forma como Draco lo apresaba y sostenía, como su propio cuerpo se arqueaba y agitaba tratando de darle más espacio, y tratando de encontrar más placer, como sus labios entre abiertos exhalaban gemidos cada vez más sonoros… y Draco, sus labios y lengua roja recorriendo su cuello, mirándolo fijamente a través del espejo y demostrándole que eso se veía tan…

Eres perfecto así —ronroneó Draco, apartándose un poco de él y comenzando a morderle en el hombro, Harry jadeó mucho más fuerte y, apalancándose con las manos y clavándole las uñas en las piernas a Draco, comenzó a moverse de adelante para atrás, tratando de darle el encuentro a su amante y evitando cerrar los ojos para no perderse ni una imagen del espejo.

No aguantaré… —informó, su garganta apenas y dejó brotar las palabras, aunque Draco pareció entenderlo.

Córrete —ordenó Draco, su mirada nuevamente en el espejo —, córrete —repitió, agitando más su mano —, hazlo para mí.

Harry no necesito más que la idea de Draco queriendo verlo correrse para que su orgasmo estallara al fin, sintió perfectamente como su interior apretaba el miembro de Draco y éste gemía y gruñía, golpeando en su interior unas cuantas veces más, pese a los placeres del orgasmo no quiso perder de vista la forma como la frente de Draco se arrugaba y sus labios se apretaban mientras sus mejillas se arrebolaban mucho más aún. Los brazos de Draco lo apretaron con mucha más fuerza y por un instante ambos se quedaron quietos, antes de dejarse caer a la vez y hacia el frente, Harry sintió el cuerpo de Draco apretándolo, presionándolo contra el colchón y la respiración agitada y cansada en su oído. No pudo evitar sonreír, demasiado relajado y agotado.

Lo siento —susurró Draco un instante después, apoyando sus manos sobre el colchón y levantándose un poco —, te debo estar aplastando —su voz sonaba agitada.

Negó con la cabeza, pero de todas maneras Draco se apartó un poco de él, hasta dejarse caer a un lado.

Draco… —jadeó, tratando de enfocar la mirada en él —, se supone que es tu regalo…

Y lo estoy disfrutando mucho —afirmó Draco, pegándose a su cuerpo y comenzando a besarlo en las mejillas y el cuello.

Pero…

Nada —lo interrumpió Draco, dándole un beso contundente en los labios —, descansa un poco mientras hago que nos traigan algo de comer, aún no he terminado contigo.

¿Me dejarás hacer algo esta vez?

Draco soltó una carcajada, mientras se sentaba en la cama.

Estás haciéndolo muy bien—aclaró —, estás en mi cama, y has prometido que por hoy me dejarás hacer contigo lo que yo quiera. Que eres mío.

Algo en la forma de hablar de Draco, en su tono de voz, hizo que Harry se estremeciera, de una manera muy diferente a la que normalmente asociaba con el sexo. Asintió y cerró los ojos, empezando a sentirse sobre pasado por sus sentimientos, mientras sentía una delgada sábana cubriendo su cuerpo y a Draco alejarse.

Cuando el amanecer llegó, los sorprendió a ambos aún despiertos, mientras Harry lo acariciaba con cariño y entraba y salía con lentitud de Draco, que estaba de espaldas sobre la cama, con las caderas levantadas por una almohada y lo recibía en medio de gemidos, con las piernas apresándolo con fuerza y las manos clavadas en sus hombros, besándolo en el cuello y los hombros, repitiendo su nombre una y otra vez. Y entonces Harry lo supo, en cuanto Draco lo miró a los ojos, lo supo.

Te quiero —susurró Harry, sin miedo, los ojos de Draco brillaron un poco más, y su respiración pareció detenerse un instante, antes de responder, con voz ronca, casi en un murmullo, como si se tratase de un muy valioso secreto.

Yo también te quiero.

Harry abrió los ojos con pereza; no le extrañó encontrar a Ron y Hermione a su lado, mirándolo con atención, sonrió de manera cansada mientras ellos se ponían en pie.

—Te lo dije, le encanta eso de asustarnos —dijo Ron hacia Hermione, aunque Harry podía percibir el alivio en su voz.

—Claro, qué mejor regalo de navidad —masculló Hermione, mientras se acercaba a él también.

—Lo siento… seguramente que les arruiné el día —se justificó Harry, sentándose y sintiendo cada uno de sus músculos resentidos clamar de dolor.

—No, en realidad no —explicó Hermione, acercándole un vaso con agua.

Harry ya se sabía la rutina, no eran muchas las veces que había terminado hospitalizado, pero las pocas veces le habían servido para saber cómo actuaban sus amigos: Hermione le daría el vaso de agua y le diría que era necesario que se hidratara, mientras que Ron le acomodaría las almohadas en la espalda y le daría un par de revistas de quidditch o de escobas, dependiendo de la temporada, y mascullaría que iría por café; entonces Hermione se comenzaría a pasear de un lado al otro de la habitación, explicando lo descuidado que era con su trabajo y la poca consideración que tenía al preocuparlos de esa manera, y si Ginny hubiera estado cerca, hubiera puesto los ojos en blanco y se hubiera sentado cerca de él, tomado su mano y mirado de reojo las revistas mientras su amiga terminaba con aquel discurso que parecía haberse aprendido de memoria. Entonces Ron aparecería con los dos vasos de café y le diría cuándo podría irse a casa.

Resignado, escuchó toda la perorata de Hermione, mirando de reojo la fotografía del equipo francés en el que jugaba Ginny, ella salía al centro, la primera mujer que jugaba para ellos en cincuenta años y que estaba llevando al equipo a la gloria, sonreía bastante relajada, imponiendo su personalidad entre tantos chicos altos y forzudos. Ron apareció en el momento exacto en que Harry asentía y pedía disculpas nuevamente por su falta de consideración al haberse dejado dar por un hechizo, ¿o acaso habían sido dos? Y tenerlos angustiados.

—Estarás libre para el treinta en la tarde, tu jefe ha dejado dicho que en cuanto salgas te reportes, sólo para llenar los informes y que tienes libre hasta el dos de enero —informó Ron, antes de darle un sorbo a su café y hacer una mueca por lo caliente que estaba.

—¿Hasta el treinta? ¿cinco días?

—Un día —corrigió Hermione, sentándose a su lado y dejando caer la edición del "El Profeta", con fecha: veintinueve de diciembre, la primera plana anunciaba que las nevadas de los días anteriores no habían sido nada comparadas a las que vendrían durante los últimos días del año.

—Vaya… no había quedado inconsciente tanto tiempo desde…

—Desde la guerra —suspiró Hermione, Harry sonrió tristemente y asintió, dejando de lado las revistas y dejándose caer un poco más sobre la cama.

—De acuerdo, ¿qué paso? —preguntó esperando que su amiga le diera el informe completo del medimago.

—Te dieron tres hechizos a la vez —informó ella —, un sectusempra, un desmaius y un inmovilus.

—Mmm —Harry arrugó la nariz y se contuvo de buscar cicatrices en su cuerpo, eso lo podría hacer luego.

—Ese chico, Maurice —continuó Ron —, te trajo rápidamente, no quedarán secuelas de ninguno de los hechizos, pero como fueron tres… ¡demonios, ¿cómo mierda…?! —Ron se calló de golpe, mientras se encorvaba por el golpe que Hermione le había dado en el abdomen —, lo siento pero, es que tuviste suerte, esos hechizos son incompatibles y bien pudiste haber muerto.

—Oh… —el miedo a que Harry se muriera, no lo había escuchado desde la guerra, desde que supieron que él era el que tenía que matar a Voldemort, entonces fue consciente de cuánto valía su vida realmente.

—El punto es —retomó Hermione —que te lograron estabilizar, la noticia salió en los diarios, los que te lanzaron los hechizos han sido detenidos, al igual que los otros miembros de esa familia, los que se andaban lanzando maldiciones; y sobre el otro auror, tu compañero, los medios han ensalzado y explotado mucho la idea de que saltaste para protegerlo por… —Hermione carraspeó y Harry arqueó una ceja —, bueno, era de esperarse, él es gay, y tú has dicho que lo eres, trabajan juntos y luego saltas delante de tres hechizos para…

—Sólo habían dos personas —recordó Harry, no queriendo pensar en los alcances de que creyeran que estaba enamorado de Maurice.

—Uno más, al parecer el esposo de esa mujer tan desagradable —Hermione hizo un gesto de fastidio —, corría para escaparse del otro grupo de aurores y vio el momento en que saltabas, pensó que ibas por su amada esposa y te lanzó el inmovilus.

—Ah…

—Al parecer su esposa se había enredado con el esposo de su hermana, con su cuñado, hasta sólo una semana atrás, y la celebración de navidad, llena de alcohol y ganas de llevarse bien hizo que algunos sentimientos resurgieran, como el sentimiento de culpa y las ganas de confesar, por lo que terminaron todos en una gran batalla, por suerte el padre de ella llamó a los aurores en cuanto las paredes de la casa comenzaron a caer; habían dos chicos de catorce y doce años, hijos de los dos matrimonios que andaban en disputa, y han sido puestos en custodia de sus abuelos. —explicó Ron.

¿Quién dice que a las mujeres les gusta más el cotilleo?, pensó Harry divertido mientras negaba con la cabeza.

—Entonces ahora debo descansar y… —Harry abrió los ojos de golpe y miró a sus amigos, recordando algo —¿Nadie más vino a verme?

—Maurice ha estado viniendo todas las mañanas, cuando su turno se lo permitía —comentó Hermione —, aunque mañana se lo cambian y sólo podrá venir en las noches; los señores Weasley han estado hasta hace poco afuera y Fred y George vendrán más tarde; Ginny no pudo dejar las prácticas en Francia así que no ha venido para las fiestas y no creo que sepa que estás internado, y…

—¿Draco no vino? —interrumpió, recordando casi como si hubiera sido un momento antes la presencia del chico en su habitación, estaba tan seguro de que eso había sido real.

—No —negó Hermione con la cabeza y le dio una mirada más a Ron —, lo siento, yo también pensé que se aparecería por aquí, o que enviaría a alguien a averiguar sobre ti, pero…

—Ya… supongo que ahora quiero dormir —interrumpió Harry, quitándose la almohada de la espalda y acomodándose mejor, dispuesto a descansar hasta el día siguiente, en que le dieran el alta y poder salir en busca de Draco, no se le habían olvidado sus planes y no pensaba dejarlos de lado, aquello simplemente era un retraso.

—En verdad, sobre Malfoy… —empezó Hermione, pero Harry levantó una mano, indicándole silencio.

—Ahora no, Hermione, en serio… debo dormir.

—Tiene razón, Hermione —apoyó Ron —, déjalo descansar y vamos a avisar a los demás que ya está bien, luego podremos hablar de él.

Harry gruñó en respuesta y escuchó a Ron resoplar.

—O quizá no, ya veremos…

—Claro… —Hermione asintió y Harry sintió el roce de sus labios en la frente —, ese otro chico Maurice…

—No pasa nada con él.

—Lo sé, nos lo ha dicho, y se lo ha dicho a la prensa, pero aún así ellos insinuaron que tú y él tenían un escabroso romance, y que no podían admitirlo porque iba contra las reglas de los aurores.

—Ya lo imagino, supongo que se olvidarán pronto de eso.

—Así será, por supuesto —afirmó Hermione.

Harry sintió el apretón de la mano de Ron sobre su brazo, y luego el silencio, estaba demasiado cansado nuevamente, lo cual no era raro, y, tratando de plantearse nuevamente qué le diría a Draco al día siguiente, cuando saliera de San Mungo, se quedó dormido.

***


Gracias a todos por leer.

Respuestas a comentarios:

dospiesizquierdos
-------------------
¡Hola! Qué gusto leer tu comentario... disculpa la tardanza en contestar... pero la semana pasada he estado con el tiempo justo.

Sobre lo que me dices, no, a mí tampoco me gusta mucho eso de que Draco sea una damisela en peligro y que base su decisión de perdonar a Harry sólo porque este lo rescató, creo que el orgullo Malfoy que me dices, no se lo dejaría. Por otro lado, ya has leído este capítulo, aunque sé que no sale nada en claro respecto a Draco... pues, Harry ya ha decidido qué hacer, ahora veremos qué hace Draco con eso.

Muchas gracias por tus comentarios y tu apoyo, que tengas una linda semana...

Saludos desde Lima.

Cindy

Hola Cindy,

Muchas gracias por tu gran comentario, me he entretenido mucho leyéndolo... Ah... como dices, Harry se equivocó mucho, pero el niño es tan despistado que vale la pena perdonarlo jajaja... ¿Vive la vida loca? Nah... ya has podido ver en este capítulo que no ha hecho mucho en verdad, aunque en realidad por un momento lo pensé, he decidido dejarlo más "fiel" al recuerdo de Draco, mira que lo extraña mucho, no hace más que recordarlo en cada capítulo... Ahora que ya ha visto la luz, gracias a Hermione que le dejó todo más claro aún, vamos a ver si es que encuentra a Draco y le dice que es lo que quiere realmente.

En cuanto a Ginny, creo que todos tienen en claro que es uno de los personajes que más detesto, pero, después de la última historia, he decidido dejarla en paz, al menos por esta vez jajaja... además me parece que, según lo que se lee de ella en los libros, es una mujer fuerte y decidida, y que no le aguantaría a Harry una cosa así, tiene dignidad y aunque le duela no le rogará a Harry que deje de amar a ese "otro chico".

Por otro lado, sobre tu pregunta, si, básicamente es sobre Harry, solo Harry y lo que pasa a su alrededor, es en verdad la primera vez que escribo un fic desde el lado de una sola persona, siempre tiendo a imaginar y poner lo que la mayoría de los personajes hacen, y en este caso no será del todo así, pero ya descubrirás en el siguiente capítulo la razón.

Te dejo un beso y un abrazo y espero que tengas una buena semana... pásala bien y nos leemos el otro lunes...

sephy malfoy

Hola... ¿Un asiatico? Jajaja... a mí también medio que me gustan los asiaticos... pero no, ya viste en este capítulo que Harry no se va con ningún otro, esperemos a ver cómo aclara las cosas con Draco...

Un beso para ti y muchas gracias por tus comentarios, sorry por la tardanza en contestar. Que tengas una linda semana

Shadow Lestrange

Hola... muchas gracias por tu comentario.

Sobre que Draco no haya perdonado así, de buenas a primeras a Harry, pues tienes razón, y como has visto en este capítulo, Hermione, e incluso Ron, están de acuerdo en que Harry no ha sido completamente claro ni ha demostrado que en verdad está dispuesto a tener una relación con Draco, ahora las cosas están en manos de Harry, que tiene que ir y decirle a Draco todo y ver qué le dice él.

Un beso para ti también, espero que tengas linda semana

Ise

Hola... ¡Claro que me acuerdo de ti! Y sí, leí el comentario, me gustó mucho

Ah... Harry, está pagando sus culpas al no haber sido completamente honesto o decidirse a tiempo, pero ahora que tiene ya las cosas claras debe ir a dejárselas en claro a Draco también, veremos qué le contesta.

Oh, eso de que una no deja de escribir, pues es cierto, tengo un montón de cosas escritas, lo que ocurre es que le doy muchas vueltas antes de soltar algo, (el fabricante demoró varios meses en mi pc antes de lanzarlo) pero espero que al finalizar este fic siga colgando otras cositas que tengo por allí guardadas para ustedes.

Ten una linda semana y nos leemos el lunes. Un beso.

kogu17
-------------------

Hola... Gracias por tu comentario, me alegra que te esté gustando y que sigas leyendo estas locuritas mías que se me ocurren...

Ya estamos bien cerquita del final, espero que este final también les agrade.

Un beso y que tengas una linda semana.

heva

Hola, gracias por tu comentario.

Pues, sé que hay varios pensando que este fic no da para que ellos terminen juntos, pero como dices, aún no sabemos que es lo que pasa con Draco, pues básicamente el final está visto desde el punto de vista de Harry, pero prometo que sí sabremos qué pasa por la cabecita de Draco pronto... estamos a un capítulo del final, y en este capítulo creo que hemos avanzado algo en saber los sentimientos de Draco cuando éste retribuyó el "Te quiero" a Harry en el recuerdo, además que Harry va por él en el siguiente capítulo, que es ya la conclusión.

Un beso para ti, y nos leemos el lunes que viene, espero que tengas una linda semana.

alejalublack

Hola... qué pena que Slasheaven no esté funcionando, pero igual encontraste la forma de comentar, gracias por eso...

Oh, bueno, Harry evidentemente no merece ser perdonado, al menos no sin dar una disculpa correcta, algo más que "he dejado a mi novia y te quiero" que es lo único a lo que se ha limitado su actuación. Ya veremos qué tal se le da hablar en el siguiente capítulo. Sobre sus amigos, Harry necesitaba un poco de aire, y estos chicos son muy monos y bellos, sobre todo porque son buenos, sin intereses maquiavelicos ni nada de eso...

Un beso para ti, nos leemos la semana que viene.

SARAHI

Hola... Gracias por tu comentario. Me alegra que te esté gustando la historia. De todas maneras habrá final feliz, eso sí, no digo más, pero ya estamos a un solo capítulo del final.

Un beso y ten linda semana.

Cindy

Hola de nuevo, tengo los comentarios del segundo y tercer capítulo juntos... qué enredo... jajaja..

Bueno, Harry no se ha ido con ningún otro porque siente mucho aún la ausencia de Draco, pero está bien, que esté solo, que se conozca a sí mismo, que se acepte como es y se deje de esconder. Como has visto en este capítulo, Hermione le ha hecho notar a Harry ciertas cosas, tal como dices, lo que pasó en el baño durante el capítulo tres fue un mal entendido, pero Harry, ¡Oh Dios de la palabra! No se supo dar a entender, y la desconfianza de Draco es muy justificada pues, como se ve aquí, Harry le dice que lo quiere, pero eso no es en realidad una garantía de que no lo vaya a engañar o de que siquiera quiera tener algo serio con él, pues ya se lo había dicho y aún seguía con Ginny, Harry tendrá que explotar un poco más sus dotes de orador para que Draco lo perdone y lo deje volver...

Sip, estoy casi segura que podré colgar algo apenas termine este fic, espero que lo disfruten también.

Que tengas una linda semana. Un beso.

Shadow Lestrange
-------------------
Hola... Gracias por tu comentario, como decía arriba, ando con los comentarios del segundo y tercer capítulo juntos jejeje...

Me alegra que te haya gustado el capítulo, como dices, se nota que Draco ama a Harry, pero es terco y debe cuidar el corazón, es decir, tal como dice Hermione en el capítulo de hoy, Harry no ha sido bueno con él, y nada le garantiza que ahora sea diferente. Harry ya ha dicho al mundo entero que es gay, y también a sus amigos y familia, lo que es un gran paso, pues algo de lo que Draco le dijo en el tercer capítulo es cierto, a él no le gusta estar con personas confundidas que no admiten siquiera lo que son, y se lo dijo también en uno de sus encuentros, está con alguien que no tiene vergüenza de lo que siente, que no se acobarda y esconde. Harry ha hecho bastante bien en salir del closet y todo eso, ahora le falta dejarle en claro a Draco qué es lo que quiere realmente con él. Veremos cómo le va con eso.

Te deseo una linda semana y nos leemos pronto.


Ya estamos a sólo un capítulo del final, espero que este capítulo les haya gustado y que se animen a dejarme sus comentarios, dudas, sugerencias, tomatazos y vociferadores, que gustosa los leo y respondo.

Un beso para todos, espero que tengan linda semana.

Zafy