CAPITULO 004

Cuando llegaron a comisaria Kate lo hizo pasar a la sala de interrogatorios, cambiando su semblante agradable, por el de dura inspectora. - Señor Castle, tiene bastantes antecedentes para ser un escritor de éxito: escándalo público, resistencia a la autoridad... - fue enumerando, perpleja.

- Era un poco gamberro, por aquella época. - sonrió pícaro.

- Aquí dice que robo un caballo a la policía...

- Prestado. - le indicó.

- Y, por lo visto, estaba desnudo... - lo miró, alzando las cejas.

- ¡Era primavera! - rio, encogiéndose de hombros.

- Y los cargos se retiraron en todos los casos... - lo miró sorprendida.

- ¿Qué quiere que le diga? El alcalde es un gran admirador. Pero, bueno, si se siente mejor, será un placer dejar que me azote. - bromeó.

- Señor Castle... - se tensó mientras se sentaba frente a él - ...ese rollo de chico malo que lleva, le valdrá con modelos y famosillas, de tres al cuarto, pero, yo, trabajo para vivir, así que puede ser dos cosas en mi mundo: el tío que me facilita la vida o el tío que me complica la vida... y créame no le conviene ser el tío que me complica la vida.

- ¡Vale! - entonó a modo de disculpa.

Kate abrió el expediente del caso, sacando una foto y mostrándoselas a Castle. - Alison Tisdale, hija del magnate inmobiliario Jonathan Tisdale. - le informó.

- Es guapa. - valoró.

- Está muerta. ¿La conocía? ¿Tal vez, le pidió un autógrafo?

- Es posible, pero no está en mi agenda privada, si lo dice por eso. - era incapaz de controlarse, sentía la imperiosa necesidad de ponerla a prueba. Como dura policía, le excitaba muchísimo.

- ¿Y conoce a este hombre? - Dijo Kate mostrándole otra foto que sacaba del expediente en ese momento – Marvin Fisck abogado de pequeños pleitos.

- Casi todos mis pleitos suelen ser….bastante gordos. - sonrió, mordiéndose su labio inferior - ¿Qué tiene que ver esto conmigo? - varió el tono al ver como Kate resoplaba.

- Fisck apareció muerto en su despacho hace 2 semanas. No he atado cabos hasta que he visto el crimen de esta noche. - mostrándole una foto de cómo habían encontrado el cadáver de Alison.

- Flores para tu tumba. - pronunció Richard cortado.

- Y, así, apareció Marvin Fisck. Copia exacta de 'La furia infernal'. - enseñándole otra foto de cómo habían encontrado a la primera víctima.

- Parece que tengo un fan... - le sonrió.

- Sí, un fan muy perturbado...

- ¡Oh! Usted no tiene pinta de perturbada... - la miró con media sonrisa, coqueteando con ella.

- ¿Qué? - se tensó.

- 'La furia infernal', 'Una secta en busca de sangre',... ¡Vamos! Eso solo lo han leído mis fans más radicales...

- ¿Y alguno de esos fans radicales le manda cartas? ¿Perturbadas? - intentó recomponerse al ver que él era consciente de tener ante sus ojos a una acérrima seguidora.

- Todas esas cartas son perturbadas. Son gajes del oficio.

- Porque, a veces, en casos así, el asesino intenta contactar con el objeto de su obsesión... - Kate.

- El asesino intenta contactar con el objeto de su obsesión... - Richard.

Acabaron los dos, al unísono, la misma frase. Se miraron. No podía ser. Ella creía que podía ser un sospechoso y tenía que demostrarle que se equivocaba. Podía ser un mujeriego, un juerguista, pero de asesino... solo sus novelas.

- También estoy muy versado en metodología psicopática... otro gaje del oficio... - se encogió de hombros - ¿Sabe que tiene unos ojos preciosos? - le dijo de pronto, sin saber ni cómo ni por qué.

- Supongo que no tendrá inconveniente en que repasemos su correo. - estaba perpleja. Era consciente de que su escritor favorito estaba tirándole los tejos.

- Es todo suyo.

- Hemos terminado.


Kate salió de la sala de interrogatorio, en dirección a su mesa, dejando a un alucinado Castle, pensativo. Seguro que sería la envidia de sus colegas de profesión como Cannel, Patterson y demás, gracias a su imitador.

Kate oyó el timbre del ascensor. Por lo que se abrirían las puertas en esa planta, la 4, la de homicidios. Cuando quiso darse cuenta dos vocecillas la llamaban a gritos.

- ¡Kateeee! - Alexis.

- ¡Mammiiiii! - NaNi.

No podía ser. Las dos pequeñas venían corriendo, cogidas de la mano, hacia ella, llamándola a gritos. Ambas, seguidas de su padre y Martha, la madre de Castle.

- ¿Qué hacéis aquí? - preguntó Kate, sorprendida.

- ¡Hemos venido con ellos! - Dijeron las niñas girándose para señalar a Jim y Martha.

- Papa... - pronunció Kate mirando a su padre.

- Lo siento Katie, las niñas nos preguntaban por ti y por Richard y Martha estaba nerviosa por saber si su hijo se había metido en problemas.

- De momento, espero que no, ¿Beckett? - la miró interrogante. Castle salía tan ancho de la sala de interrogatorios más preocupado por lo que pensara Jim de él, que de lo preocupada que estaría su madre.

- ¡Dad! - Alexis se abalanzó a los brazos de su padre, contenta de verlo bien, ya que por la mañana se había ido con Kate bastante serio y, él, no era así.

- ¡Rick! - NaNi se acercó a Castle estrujándole una pierna en señal de alegría, repitiendo Alexis el mismo gesto.

- Todo bien, señor Castle, puede marcharse. - dijo Kate, incapaz de apartar su mirada de su hija y del afecto que procesaba por Richard.

- Está bien, espero vernos pronto Kate. - Le soltó un beso en la mejilla.


NaNi se sentó en las rodillas de Kate viendo como los Castle se marchaban hacia el ascensor, esperando poder volver a ver pronto a Alexis que la despedía, saludando con la mano, mientras era llevada en los brazos de su padre.

- Papa, te tengo dicho que no quiero que venga la niña a comisaria. - Kate dirigiéndose a su padre.

- Cariño, las niñas estaban preocupadas y Martha también. Además tenían muchas ganas de verte, las dos. - especificó.

- ¡Chicos! - Dirigiéndose a Ryan y Esposito.

- ¿Si jefa? - contestaron tanto Ryan como Espósito.

- ¿Podéis cubrirme un rato? Me apetece ir a comer con mi familia. - Ambos asintieron con una sonrisa - ¿Queréis que os traiga algo de Remi's?


Mientras Kate, con su familia, se dirigía a comer algo en la cafetería más cercana a la comisaria, en otra parte de la ciudad Richard Castle estaba confundido, preocupado porque un fan psicópata hubiera escogido sus peores obras. Y eso, no le encajaba.

Al terminar la comida, Kate decidió llevar a su padre y a NaNi a su apartamento, era la hora de la siesta y era de vital importancia para el crecimiento de su pequeña que durmiera ciertas horas. Mientras su padre le ponía el pijama a la pequeña, decidió que sería bueno releer los libros de Castle y, así ver, si podían encontrar más pistas para atrapar al sospechoso.


Volvió a comisaría y les paso los libros a Espósito y Ryan. Se marcharon a la sala de descanso con los libros y la bolsa de comida que ella misma les había traído de Remi's, cuando el capitán Montgomery la llamo a su despacho.

- Señor. - dijo Kate, entrando al despacho de su capitán.

- He hablado con el alcalde. El Señor Castle se ha ofrecido para ayudarla con la investigación. Él, mejor que nadie, conoce sus libros.

- Señor... es un civil. Además, por no decir que tiene un ego descomunal... - se quejó.

- Es una orden directa del alcalde. Si el alcalde está contento, el comisario está contento y si él lo está, yo también. - le sonrió.

- ¿Y cuánto durara esto? - preguntó enfadada.

- Hasta que él lo decida. - dijo señalando a Castle, que se encontraba fuera del despacho del capitán, en el marco de la puerta.

- Está bien, señor... - Se retiró a su mesa, saliendo del despacho con una mirada que atravesó a Castle. Si las miradas matasen, habría ocurrido un asesinato.

Cuando quiso darse cuenta, estaban los dos solos, en la sala de descanso, repasando el correo de los admiradores de Castle.

- Puedes dejar de mirarme y concentrarte en el trabajo... - le miró fijamente.

- ¿Puedo preguntarte algo, Beckett?

- Que sea rápido, tenemos mucho trabajo.

- ¿Querríais venir y hacer un picnic, tú y NaNi, con Alexis y conmigo, el próximo domingo?

- Ni en tus mejores sueños, Castle.

- Alexis me ha insistido en que te lo dijera. Tiene ganas de volver a ver a tu pequeña.

- Si te digo que sí, ¿dejaras de molestarme?

- Si.

- Si.

- ¿Si? ¿Qué?

- Que sí, que iremos con vosotros. Pero tú te encargas de todo escritor y ahora vuelve al trabajo.

- Si, jefa. - sonrió feliz.