Adventure Tine no me pertenece sino a su creador Pendleton Ward.

Esta historia es solo mía y no permito que se publique en otro medio, de alguna otra forma sin mi autorización.

Escribo por mera diversión sin fines de lucro.

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- Corazón de Cristal (Corazones preciosos)

- By NaikoPink

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Capítulo IV.- Mi corazón.

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A ella, la Reina Hela le era imposible dañarlo a él, esa era su debilidad. Pero con Fionna era completamente distinto.

Con ella podría ser realmente cruel sin importarle nada…

Las palabras de la reina resonaron en la mente de Gumball y nuevamente el miedo reino en él, ocultó lo más posible todo temor mirando con seriedad a la mayor para advertir.

No te atrevas a tocar a Fionna o voy a…

¿Vas a qué? — Interrumpió la reina Helada y sonrió. — ¿Qué puedes hacerme tú? Eres un débil príncipe, que depende de una simple humana para protegerlo. —Rió en son de burla.

¿Crees que eres mejor? — Pregunto tratando de seguirle la corriendo mientras miraba con disimulo el castillo.

No lo creo, lo sé. — Ironizó cruzándose de brazos.

¿Dónde está? — Pregunto finalmente.

El hielo que retenía al príncipe se deshizo y este cayó de rodillas suelo congelado, levanto su mirada para toparse con los ojos grisáceos de la mayor.

Busca en todo el castillo si quieres. — Dijo recostándose en una de las paredes. — No sé donde esta esa mocosa. — Admitió de mala gana mirando hacia otro lado.

El príncipe detallo el lugar con su mirada, no había rastro de la heroína en el castillo, pero él bien sabia que ella tenía algo que ver.

Si lastimas a Fionna, jamás te lo perdonaré. —Amenazó el príncipe.

Como odiaba la reina del hielo escuchar a Gumball pronunciar ese nombre, y más aún cuando en esa voz, que a ella le fascinaba se denotaba tan preocupación e importancia por alguien… que no era ella: porque nunca ha sido ella, siempre ha sido Fionna y por eso mismo ella no tenía relevancia, porque para el príncipe era una alegría llamar a Fionna, en cambio pronunciar su aparente nombre ''Reina Helada'' sólo ocasionaba incomodidad y temor.

Al menos eso entendía ella, eso le hizo entender él.

¿Por qué ella es tan importante? — Ni siquiera tuvo el coraje de pronunciar ese nombre.

Porque es mi amiga. — Dijo y esa respuesta desconcertó a la reina.

Claro… — Replico de mala manera rodando los ojos.

No me explico cómo puedes tener mil años y ser tan inmadura. —Murmuró el príncipe y ella claramente se ofendió.

¡Por qué simplemente no me tomas en serio! — Se quejó la dama helada con frustración.

Él bufó irritado. — Nadie tomaría en serio un capricho. — Dijo secamente.

Vete. — Ordenó ella apretando sus puños tratando de contener su ira.

Gumball la miro y ella a él. Los labios entreabiertos del príncipe como queriendo decir algo, pero sin tener el valor suficiente para hacerlo, confundieron a la dama.

El príncipe ignoró su orden, sin moverse ni un centímetro sólo se quedo mirándola a los ojos.

¡¿No me oíste?! , Dije que…

Ya entendí. — Interrumpió el príncipe con ánimos de avivar aún más su enojo.

Y le funcionó:

Ella dio la vuelta dispuesta a perderse en uno de los corredores de su castillo, pero la voz del príncipe la detuvo.

Debes descongelar a Cake. — Ella rodo los ojos ante la voz del príncipe.

¿Cómo que ''debes''?

¿Quién se creía él para darle órdenes a ella, la afamada Reina Helada?

Dirigió sus manos hasta el lugar donde yacía la estatua de hielo de Cake, una energía azulada se cargo en sus manos y la condujo hasta la minina, quien fue liberada de su encierro helado. El príncipe se apresuro en tomar a la gata entre sus brazos, estaba aparentemente desmayada, su pulso era débil, pero él bien sabía que su vida no corría peligro, pues en más de una ocasión se encontró en la misma situación.

La reina se recostó sobre una de las paredes del castillo observándolos con discreción aunque Gumball claramente notó su mirada. Sus ojos grises fijos en sus movimientos, su seño levemente fruncido y sus labios juntos: ''curiosidad'' dedujo el príncipe al instante y sin querer se quedó observando a la reina que ahora lo miraba fijamente.

¿Pasa algo? — Preguntó Gumball.

Príncipe… — Llamo con un rostro serio, quizá más de lo que ella quería. — ¿Me odias?

Yo… — Sintió un nudo en la garganta que le impidió continuar.

Quería decir que no la odiaba pero eso, según su criterio, seria mentir, ella lo acosa, lo secuestra y siempre que puede causa estragos en su amado reino, se supone que debe odiarla… pero no.

Entonces… ¿Qué es ese sentimiento?

¿Podría ser lastima? Como él mismo lo había denominado.

No...

Será acaso ¿Cariño?

''No. '' Respondió en su mente al instante, casi con miedo de sentir aquel sentimiento, pero le parecía imposible pues no sentía aquel calor reconfortante en su pecho, como lo especificaban en sus libros de filosofía.

El sonido de una voz seca llamó su atención, volteo para encontrarse con la reina de rodillas en el suelo, cubriendo con sus manos el lugar donde debería estar su corazón, mas el príncipe bien sabia que aquel órgano había abandonado el cuerpo de la dama hace algún tiempo, pues él se encargó de remplazar el órgano más importante de la reina para lograr salvar su vida.

Soltó a Cake de sus manos y corrió al lado de la mayor, inclinándose hasta a la altura de ella.

¿Algo va mal con el corazón? — Preguntó tratando de ayudarla a levantarse.

Suéltame. —Exigió la Reina empujando levemente al príncipe. — No es nada.

Tengo que revisarte. — Ordenó el príncipe.

No. — Contestó ella de manera cortante.

El dolor en el pecho de la mayor se intensificó, pero ella no emitió queja alguna.

Estoy bien. — Aseguró mirando al suelo.

El príncipe sabía muy bien que mentía, él siempre fue un maestro descifrando engaños.

Gumball… — Llamo Cake de manera dudosa. — ¿Qué pasó?

¿Estás bien Cake? — Preguntó Gumball mirando a su amiga.

La visión de la reina se volvió borrosa, sintió su cuerpo debilitarse y simplemente cayó al suelo inconsciente.

¿En dónde estaba?

Era suave y cálido… Se acomodo aún más y lentamente abrió los ojos, vio su castillo a lo lejos y finalmente noto que estaba recostada sobre Cake.

Pensó en levantarse, pensó en irse, pues el dolor en su corazón había cesado, pero la conversación entre el príncipe y Cake llamarón su atención.

Estabas con ella y no trates de negarlo. — Dijo Cake de manera severa.

No iba a hacerlo. — Aseguró el príncipe.

La reina se quedo inmóvil con esperanza de no ser descubierta, cerro sus ojos y se dispuso a escucharlos.

Estas lastimando a Fionna y lo sabes... — Dijo la minina en voz baja.

¿Cómo? — Preguntó sarcástico el dulce príncipe — ¿Viviendo mi vida?

No lo entiendes, ¡Le pediste que fuera tú novia! — Recalcó y la Reina helada al escucharla quiso irse en ese instante.

¡Sí! pero ella me rechazó — Respondió Gumball con fastidio.

No es tan sencillo, ¡la ilusionaste! Ella creyó que tratarías de conquistarla, y tú sólo dejaste que se fuera, ni siquiera te disculpaste y aún así Fionna fue a salvarte, sólo para verte con ella. —Finalizo casi con asco.

Gumball sintió un nudo en su garganta y después de analizarlo un momento le dio la razón a la minina, suspiro y dijo. — Hablaré con ella Cake.

No es la única con la que tienes que hablar. — Respondió la felina...

La Reina helada poco a poco volvió a quedar dormida, siendo arrullada por aquella conversación que no logro oír por completo...

Delante de ella se encontraba la heroína del cabello dorado, su ropa se veía más desgastada de lo usual, pero su mirada era la de siempre, valiente y decidida.

Estaban en un lugar oscuro, parecía ser una cueva, con grandes rocas húmedas.

Quiso avanzar hasta ella, pero no pudo, se alarmó al notarlo pues parecía ser un espectador en su propio cuerpo, ya que no era capaz de controlarlo.

Vio como Fionna corrió hasta ella, quiso esquivarla pero le fue imposible y la joven la golpeó con fuerza. Sintió un dolor apoderarse de su pecho, cerró los ojos con fuerza y al instante se despertó alarmada.

Parecía haber sido sólo un sueño, pero el dolor en su pecho prevalecía y se hacía cada vez mayor.

¡Reina Helada! — Llamo Gumball acercándose a ella.

Duele. — Informó ella sentándose en la cama, abrazando su pecho con fuerza.

El príncipe colocó su mano en el hombro de la mayor en un inútil intento por reconfortarla. Pasaron unos segundos hasta que poco a poco el dolor cesó, se tranquilizó un poco y entonces lo noto...

Su vestido no estaba...

Se alarmó al verse desnuda, sintió vergüenza ante los ojos del príncipe, pero no hizo ningún intento por cubrirse. Colocó sus manos en su regazo, sobre la cobija que en ese momento sólo la cubría hasta la cintura.

— ¿Por qué estoy desnuda? — Preguntó extrañada mirando al gobernante.

Gumball casi sin poder evitarlo, bajo su mirada hasta el pecho de la mayor y al instante se dio la vuelta avergonzado.

Te hice un ecocardiograma, no pienses mal. — Informó el príncipe rápidamente sintiendo sus mejillas arder.

La mayor rió divertida por la reacción del príncipe ante eso, no pudo evitar divagar si acaso él habría visto el cuerpo de alguien más o si tendría ella el gusto de ser la primera.

Él corazón que te di parece estar bien. — Agregó Gumball para romper el silencio.

Soñé con Fionna. — Dijo la reina.

¿Qué soñaste? —

fue raro, no podía controlarme, ella sólo me atacó y desperté por el dolor. — Explicó la Reina mirando hacia dónde el príncipe le daba la espalda.

Eso tiene sentido... — Dijo el príncipe.

¿Cómo? — dudó ella.

Revisé mis cámaras de seguridad y descubrí que la persona que raptó a Fionna es Ricca, tú antiguo corazón. Puede que sientas el mismo dolor que ''ella'' recibe. — Dedujo el príncipe y la reina asintió.

Tenemos que salvar a Fionna. — Dijo la reina levantándose de la cama.

Los pies descalzos de la dama rozaron el piso de aquella habitación, la sabana que cubría parte de su cuerpo cayó sobre el suelo.

Nosotros no salvaremos a Fionna. — Dijo Gumball con seriedad. — Marshall y Cake lo harán, yo me quedaré contigo. — Finalizó.

La Reina Helada sonrió casi sin poder evitarlo, pensó con ilusión que el príncipe prefería quedarse a cuidarla en lugar de salvar a Fionna.

¿Por qué no quieres salvarla? — Preguntó la mayor.

No es que no quiera... — Ella lo noto incómodo, suspiro — No merezco ser su héroe. — Finalizó.

La reina lo pensó un momento, el príncipe no deseaba ser un héroe, pero aún así, él la había salvado... De la inmensa soledad que aún amenazaba por consumirla. Camino por la habitación en la que estaba, hasta llegar al ventanal, en el que se detuvo para admirar el reino que solía atemorizar, ya era de día.

No quieres ser un héroe y aún así me salvaste. — Dijo la reina con una sonrisa.

El príncipe volteo a verla, pues no logró comprender del todo sus palabras, al estar de espalda su desnudez no era percibida pues su larga cabellera plateada se encargaba de cubrir su femenina figura.

Tomo la sabana del piso y se dirigió hasta ella, que por alguna razón parecía no querer vestirse, se colocó detrás de ella y envolvió su cuerpo con la manta.

Sus ojos se cruzaron por un momento, sus rostros sólo eran separados por centímetros, ambos sintieron su corazón acelerarse. Gumball miro los finos labios azulados de la dama helada, subió por su rostro hasta llegar nuevamente a sus ojos, noto lo brillantes que eran, grises con un ligero toque azulado, ¿acaso siempre había sido tan hermosa?

Se acercó a ella lentamente.

Príncipe... — Llamo la Reina Helada en voz baja.

Gumball se alejo de ella al oírla y le dio la espalda.

Volveré luego, tú vístete. — Pidió Gumball señalando una puerta al lado de la cama, la cual supuso sería el baño.

Tú me desvestiste, tú me vistes. — Respondió la reina divertida y al reír la puerta de la habitación resonó con un portazo.

El príncipe se apoyo en la puerta completamente avergonzado.

¿Qué le pasa? — Murmuro confundido y se auto-corrigió. — ¿Qué me pasa?

Suspiro queriendo liberarse de los sentimientos que amenazaban con atarlo a ella, levantó la mirada y comenzó a caminar perdiéndose entre los corredores de su palacio, dirigiéndose hasta la cocina se encontró con su mayordoma, la mentita lo miro insegura, Gumball bien sabia que ella anhelaba comentar respecto al asunto, pues al parecer verlo desvestir a la reina del hielo realmente la alarmó.

Majestad. — Saludo la menta haciendo una leve reverencia. — Marshall Lee y Cake lo esperan en el salón. — Anuncio dispuesta a retirarse.

Gracias por la información. — Respondió, se había olvidado por completo de ellos. — ¿Puedes hacerme un favor…?

La menta bien sabía que le pediría algo que tuviese que ver con ella, con la reina. Suspiro resignada y asintió, sintiéndose obligada a obedecer a su gobernante.

Mentita acató la petición del príncipe, de atender a la Reina Helada mientras él se ocupaba de lo que parecía ser prioridad, rescatar a Fionna, era una suerte para todos que él tuviese tantas cámaras… de seguridad claro está.

Después de darle indicaciones precisas a Cake y Marshall de no dañar el corazón y traerlo hasta él ileso, los vio marcharse en busca de la chica, de su heroína. Se dirigió a su laboratorio, en el que se aisló hasta que consiguió lo quería, normalmente le habría sido sencillo crear algo tan simple, como lo era un calmante para el dolor que agobiaba a la reina, el cual no parecía dañarla realmente.

Salió de su laboratorio con una pequeña caja de chocolates en sus manos, rogando no ser visto se dirigió a la habitación en la cual se encontraba la dama del hielo. Entro sin avisar cerrando la puerta detrás de sí y miro a la dama helada recostada en la cama.

Tráeme mi tiara — Ordenó la Reina Helada mirándolo con desconfianza.

Gumball suspiro y caminó hasta la mesa de noche en donde coloco la caja que llevaba consigo. — Si tu dolor vuelve come un chocolate y te sentirás mejor. — Explico ignorando las exigencias de la dama de cabellera blanca.

Príncipe. — Llamo ella y él volteo a verla. — Quiero irme, dame mi tiara.

Gumball se sentó al pie de la cama y la miro. — Podrás irte cuando traigan tu corazón.

Ese ya no es mi corazón. — Aseguro la Reina y luego bajo la mirada. —Te llevaste mi tiara porque sin mis poderes te sientes seguro, aún piensas que soy capaz de lastimarte. — Dijo con pesar y la inconformidad inmunda al príncipe.

No es eso… Traeré tu tiara — Accedió con calma. — Pero no te vayas — pidió.

Ambos se miraron y el silencio se volvió incomodo.

La Reina Trago saliva e incluso debió tragarse su orgullo para decir.

¿Podrías responder a mi pregunta ahora?

Gumball sintió un nudo en su garganta, bien sabía de lo que ella hablaba pero decidió hacerse el desentendido.

Respiro hondo y respondió simplemente — ¿Qué pregunta?

La fría mano de la reina tocó sutilmente el hombro del príncipe para llamar su atención — ¿Me odias? — Preguntó.

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FIN DEL CAPITULO

''Ten cuidado al tratar de arreglar una persona rota, te puedes cortar con sus pedazos…''

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Notas de la Autora: Se supone que esta era una historia abandonada, ya que deje de seguir la serie desde hace un buen tiempo, pero luego pensé en lo mucho que odio leer un fanfic y darme cuenta a mitad de lectura que está abandonado ¡y no tiene final! Así que me dije a mi misma que debía continuarla y así lo haré.

Puede que nunca haga las otras historias que se suponía estarían interconectadas con esta, pero como está ya esta empezada pienso culminarla lo más pronto posible. Así que pido disculpas de antemano si acaso este capítulo se desconecta mucho de los otros, si es así háganme saber en los comentarios por favor.

Gracias a vilusanchez372en realidad tu comentario me animo a continuar la historia, espero sea de tu agrado.