Día 4: Larga distancia
— Yurio hoy luce un poco distraído ¿No crees? — Victor preguntó desde la orilla de la pista a Yuuri, Mila que estaba cerca escuchó esta pregunta y se acercó un poco más a la pareja para unirse a la conversación.
— Ahora que lo dices — La pelirroja se llevó la mano derecha cerca de los labios, clavando la mirada en el patinador más joven— Está muy raro hoy, no le ha gritado a nadie en todo el día y le ha hecho caso a Yakov ¿Estará enfermo? Quizás pescó un resfriado con la nevada de anoche.
— No creo que sea eso —El japonés devolvió la botella de agua a su entrenador— Mírenlo bien, si estuviera enfermo estaría fallando sus movimientos pero sigue siendo Yurio, es como si tuviera la cabeza en otra parte — Los rusos fijaron su mirada en Yuri,y efectivamente sus movimientos seguían siendo determinados y frágiles como siempre, su fluidez sobre el hielo seguía siendo la misma y sus saltos como siempre, perfectos.
— Mila, tú hablas de vez en cuando con Otabek ¿Sabes si han discutido o algo? — La relación amorosa que hace algunos meses el ruso comenzó con el héroe de Kazajistán no era secreto para nadie, pero todos respetaban a Yuri respecto al hecho de que no daba muchos detalles sobre esta. Siendo de la misma edad Mila y Otabek habían forjado algo así como una amistad, aunque si bien la pelirroja ayudó al kazajo al momento de confesar sus sentimientos, él no era precisamente la persona más abierta con sus sentimientos.
— Yo no sé nada, saben que ellos nunca dicen nada — Se alzó de hombros— Pero también sé que no pelean por nada en lo absoluto así que debe ser algo más, algo debe preocuparle. ¿Y si le preguntamos? Tiene sus patines puestos, no corremos peligro de que nos lance alguno. Voto porque Yuuri lo haga.
— Entonces Yuuri, ve a preguntarle — Mila volvió a practicar lejos de Yurio y Victor empujó levemente al pelinegro para que patinara hasta el rubio, quien aún seguía metido en lo que sea que tuviera en la cabeza.
— Esperen ¿Por qué tengo que ser yo? —El japonés no pudo controlar a tiempo el frenar sobre el hielo y terminó empujando levemente a Yuri, el menor con ello fue sacado de lo que sea que lo tenía en otro planeta y miró al Katsudon con expresión vacía, ni siquiera un poco de la furia que lo caracterizaba todo el tiempo.
— Ten más cuidado, Katsudon. — Se dio la media vuelta, arregló su cabello y dispuso a continuar con su entrenamiento, pero el japonés lo detuvo tomándole el antebrazo — Ash ¿Qué quieres? —Ahora sí sonaba un poco más a Yurio.
— Yurio ¿Estás bien? No has prestado mucha atención a lo que te rodea y no le has gritado a nadie hoy.
— Katsudon, tengo 19 ya no soy un niño, no me pasa nada. — Se zafó del agarre de su brazo y antes de que volviera a ser interrumpido se alejó una distancia considerable del japonés, este volvió hacia donde Victor estaba para contarle la poca (y casi nada) información que obtuvo del corto intercambio de palabras.
— Definitivamente le pasa algo.
— ¿Qué te dijo?
— Que no le pasa nada.
— Esperemos hasta mañana, tal vez solo se levantó del lado equivocado de la cama y mañana vuelva a ser el mismo, si no me lo dejas a mí, suelo saber cómo hacer que Yurio se exprese — El entrenador abrazó a su pupilo (y prometido) y dejó un beso en su frente.
— Molestarlo hasta colmarle la paciencia no es un muy buen método.
— ¡Pero funciona!
— Volvamos a entrenar, será mejor.
Cuando terminó el entrenamiento Yuri se fue en silencio. No aceptó la oferta de Mila de llevarlo en su auto, la casa de Lilia no quedaba para nada cerca de la pista pero de todos modos decidió caminar esa distancia aprovechando que no hacía tanto frío. Definitivamente el Katsudon tenía razón y algo le pasaba, pero no era nada importante y lo más seguro es que el otro solo se preocuparía demasiado si le decía algo. Hace unos meses que Otabek y él habían decidido que lo que tenían era algo mucho más que amistad y exactamente ese día se cumplía el sexto mes desde ese día, y el no saber del kazajo hace días lo tenía completamente de los nervios. El kazajo tendía a vivir toda una semana de extrema concentración en su entrenamiento donde no contestaba mensajes ni llamadas, las de él incluidas en ese grupo.
— Estúpido Beka — Murmuró mirando su teléfono, última conexión del Kazajo en Whatsapp hace 5 días. Cuando decidieron estar juntos hablaron del tema de la distancia, de cómo las cosas no cambiarían a pesar de eso y que no eran como las otras parejas que ante la distancia pierden la cabeza. Puras patrañas, hablar solo por mensajes si bien le hacía feliz no era lo mismo ¿Estaban haciendo las cosas bien? ¿Llevar tanto tiempo sin saber del otro era alguna especie de señal? Veces anteriores Yuri no dudaba en llamar pero la cansada voz del kazajo hacía que se sintiera mal por interrumpirlo cuando él se está esforzando tanto por mejorar. — Estúpido yo — Tal vez es el único que se siente así, lo más probable es que Beka sí está cumpliendo con lo que acordaron y no está siendo un manojo de paranoia como lo estaba siendo él en ese momento.
Y es que no podía controlarlo, a veces sentía deseos de dejar todo botado e irse a practicar a Almaty con él, o secuestrarlo y que él entrenara en San Petersburgo para así verse durante los entrenamientos cuando el moreno decía entrar en su cápsula. Pero para Otabek entrenar en su país era un tema importante y para Yuri también lo era entrenar cerca de su familia, particularmente de su abuelo. Pero demonios, lo extrañaba más de lo que podía ser sano y demonios, la lista de reproducción de Spotify tampoco estaba ayudando ¿En qué momento todas esas canciones románticas y tristes aparecieron en su DailyMix? De seguro en algún momento Victor usó su teléfono para buscar todas esas canciones tan cursis, recordatorio para golpearlo por eso.
Cuando llegó a casa de Lilia tomó una bebida isotónica, un par de frutas y se encerró a su cuarto a cumplir su ritual de adulto-joven deprimido, ver una serie en Netflix y comer (Aunque le gustaría que fuese comida basura, pero desde que su metabolismo ya no es el mismo de cuando tenía 15 Lilia le tiene prohibido pasarse con la chatarra). Se puso su mejor ropa de "No planeo volver a salir de mi cuarto" y se acurrucó con su gata en la cama, la mejor forma para dejar de autotorturarse pensando en su novio era distraerse con la historia de una chica rubia que terminó en una penitenciaría femenina por un caso antiguo de narcotráfico.
Se quedó dormido terminando terminando el tercer capítulo de la segunda temporada, lo que lo despertó fue el constante sonido de su tono de llamada, por un momento maldijo la hora en que puso un tono de llamada tan chillón sin embargo todos sus sentimientos de odio profundo a todo lo creado por el hombre se esfumaron cuando vio "Beka está llamando" junto a una fotografía que tomó indiscretamente al mayor un mes atrás. El corazón le comenzó a latir con extrema rapidez y la mano le tembló un poco aunque eso no le impidió contestar a la llamada.
— Yura… — Para su sorpresa fue el kazajo quien habló primero, apenas escuchó su voz sintió una especie de agradable calor en el cuerpo, hizo a un lado la computadora y tomó una almohada, la cual abrazó como si se tratara de la persona al otro lado de la línea— Lo siento.
— Idiota ¿Llamas para disculparte? No has hecho nada que yo sepa ¿O tienes algo que contarme? — Del otro lado de la línea se pudo escuchar una leve risa — Pensé que era tu semana de claustro pre-competencia.
— Pensé que podría sobrevivir a ella como siempre, pero es la primera desde que estamos juntos y… No podía dejar de pensar en ti — El rubio se aferró más a su almohada, en ese momento la voz de Otabek era mejor que cualquier serie de Netflix y cualquier otra cosa en el mundo que pudiera escuchar. Solo era una llamada telefónica ¿Por qué se sentía tan feliz de recibirla? — Oh dios, eso fue tan cursi.
— Yo también estaba perdiendo un poco la cabeza— Su mano libre acarició el pelaje de Sasha, dirigió la mirada hacia el espejo que tenía en el cuarto ¿Desde cuándo que tenía esa sonrisa tan tonta pegada en el rostro? Se veía casi tan tonto como cuando Victor llega con flores para el Katsudon solo porque sí — Por un momento pensaba que estabas realmente bien con no hablar por toda esta semana —Ambos volvieron a reír — ¿Estamos haciendo esto bien? Digo… vivimos como a 4500 kilómetros de distancia, suena un poco de locos.
— Es de locos, pero ni tú ni yo somos las personas más cuerdas del universo, yo meto motocicletas a pequeños rincones y tú te subes a la motocicleta de un extraño— Probablemente nadie creería que Otabek hablara tanto, pero ambos lograban sacar ese lado del otro que probablemente nadie conocía— Solo necesitaba escuchar tu voz para recordar lo feliz que soy por estar contigo.
El rubio se hizo un ovillo sobre su cama, 4500 kilometros, solo podía escuchar su voz y sentía a Beka tan cerca que incluso podía imaginar su perfume — Serás idiota, Beka. — Entre risas le respondió— Si seguimos hablando de forma tan cursi nos transformaremos en Victor y el Katsudon ¿Qué tal entrenar?
— Excelente, yo que tú no me dormiría en los laureles si quieres ganarme la medalla de oro
— ¿Ah sí? No quiero verte disculpándote por tu insolencia cuando patee tu trasero en el hielo.
— ¿Quieres apostar? Quien pierda invita la cena.
— Espero prepares tu billetera Beka, yo como mucho.
Continuaron hablando de temas triviales por un rato, de cómo Victor ahora que se decicaba exclusivamente a entrenar parecía ser mucho más extrovertido que antes, de que Mila confundió a un junior con Yuri porque aún no superaba el hecho de que ya había crecido y de cómo Georgi se había convertido en un reconocido novelista de drama y romance después de su retiro y por supuesto, el exquisito sabor de los piroshki preparados por el abuelo Nikolai.
— Es en serio Beka, deberíamos ir a Moscú y que los pruebes de una buena vez, al abuelo le agradas mucho y nunca has ido a su casa.
— Debería ¿No es así? — Y como si Otabek pudiera verlo Yuri asintió— La post-temporada será bastante larga después de esta competencia, podría volver contigo a Rusia y pasar tiempo contigo y tu abuelo.
— ¿Hablas en serio? Demonios Beka ¡Eso es genial! —El más joven estuvo a punto de comenzar a dar saltos en su cama de la felicidad, pero luego recordó que si hacía mucho ruido Lilia pronto iría a molestarlo al cuarto por meter demasiado ruido — Llamaré a mi abuelo para decirle, estará feliz de verte en persona por primera vez, ya sabes, con su vista no puede verte realmente bien por llamada de Skype.
Otabek solo rió— Me disculparé con él por no haber visitado antes, pero él es un poco intimidante ¿Has heredado eso de él? Algunos patinadores dicen que das mucho miedo — Yuri se sentó en la cama de un salto.
— ¡Oye, qué quieres decir con eso, te mataré! — Diablos, eso lo había gritado, pronto Lilia aparecería a regañarlo por el ruido— Demonios, Lilia me va a matar por estar metiendo ruido y el cuarto es un desastre.
— Si esperas un poco de misericordia yo que tú comienzo a limpiar rápido antes de que te golpee la puerta — El kazajo había estado un par de veces en casa de Lilia de visita (Solo para cenar, cuando visitaba San Petersburgo era Victor y Yuuri quienes le daban alojamiento) Y conocía perfectamente como era respecto al tema limpieza en su casa y también lo estricta que era con Yuri.
— No quiero cortar… —Murmuró el rubio, encogiéndose sobre sí mismo. Esa llamada había pintado de colores todo el día gris y lleno de distracciones que había tenido ¿Y si al cortar todo volvía a estar como antes? Y si sus pensamientos y las canciones tristes le volvían a hacer una mala jugarreta?
— ¿Mañana hablamos por Skype? Con esta llamada mi factura del móvil se elevará por las nubes y no poder realizar llamadas en un rato.
— Está bien — Y aunque sus deseos de cortar la llamada seguían en cero, la idea de poder ver a su novio por videollamada al día siguiente le gustaba, y le provocaba deseos de que el "mañana" llegara luego — Nos vemos mañana, Beka.
— Te amo Yura, cuídate ¿Si? — Aunque ya se lo habían dicho antes, su corazón aún saltaba fuerte cada vez que esas palabras eran dichas por el moreno como si fuese la primera vez que las escuchara, pero era una sensación tan agradable que no le molestaba en lo absoluto.
— Yo también te amo Beka, nos vemos mañana — Cortó la llamada y rápidamente comenzó a ocultar las evidencias del desorden que había en el cuarto antes de que Lilia apareciera para su regaño. Su ánimo con esa llamada había vuelto a ser el mismo, es casi como si Otabek no estuviera a miles de kilometros ¿Qué más da lidiar con unas cuantas dificultades debido a la distancia? Al lado de sus sentimientos por el mayor, esos kilómetros no significaban, con solo escuchar la voz del otro se sentía como si cruzara todo el mundo. Y quien sabe, la distancia tal vez solo sea algo temporal y después podrían vivir juntos, con lo que tiene es feliz, sabe perfectamente que los dos están haciendo su mayor esfuerzo.
Al día siguiente en la pista de patinaje, Mila, Victor y Yuuri notaron que el ánimo del tigre Ruso había vuelto al habitual, básicamente porque apenas entró le gritó a Victor que no era profesional que un entrenador besara a su pupilo cuando había otras personas viendo, por muy casados que estuvieran. Mila había vuelto a ser llamada "Vieja bruja" y los más jóvenes habían vuelto a mirar con cierto temor al rubio. Como ya se hizo costumbre, los tres se reunieron a un costado de la pista a analizar este cambio de un día para otro.
— ¿Entonces, alguno sabe qué fue lo que pasó? —La pelirroja susurró, esta vez sí eran escuchados corrían peligro de ser atacados con un filo de patín más tarde.
— Tal vez no era nada, como dijo ayer — Intuyó Yuuri, ambos se llevaron una mano al borde de su labio inferior— ¿No estamos suponiendo demasiado?
— Puede que Yurio haya crecido, mi vida, pero sigue siendo Yurio, es obvio que algo pasó, pero tal vez no debamos meternos y nos enteraremos de todos modos, así es siempre — Los tres asintieron, pero pronto sintieron el fuerte aura del rubio acercarse.
— Ustedes tres ¿Qué tanto están cuchicheando? ¡Dejen de holgazanear y muevan sus viejos traseros! — Antes de que el peligro de ataque con patín fuese inminente, Mila y Yuuri fueron a lados contrarios de la pista para entrenar mientras que Victor solo se hizo un poco el tonto fingiendo que buscaba música para las coreografías en su teléfono y claro que Yuri notó eso— ¿Qué estupidez estás haciendo Victor?
— Nada, nada, es bueno ver que estás de mejor humor hoy Yurio ¿Pasó algo bueno ayer? — Las mejillas de Yuri se pusieron un poco rojas, en ese momento Victor temió por su vida, no quería dejar viudo a Yuri al menos hasta los 60 años de matrimonio pero ese momento no llegó, el menor solo se dio media vuelta y volvió a entrenar, murmurando algo que no pudo entender bien, solo logró captar las palabras "Victor" e "idiota"
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Notas de la autora
¡Feliz día 4! Ya estamos en la mitad de la semana de esta pareja ¿La están disfrutando? El tema que escogí para este día fue la Larga distancia. Al principio iba a escribir con la temática doméstica porque simplemente amo el Otayuri doméstico. Pero escuchar "Kilometros" de Sin Bandera a todo volumen anoche simplemente me llamó a escribir sobre la larga distancia y salió esto, un capítulo lleno de romance y ternura y cosas indas que producen diabetes.
El día 5 trata de miedos o ánimos (Infundir ánimo o energía) ¡Esperen con ansias ese!
Muchas gracias a todas las personas que leen, muchos cariños.
