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Masters se frotó los ojos, desconcertada. Algo la había despertado y no sabía qué era. Miró el despertador. Eran casi las cinco de la mañana. Unos fuertes golpes en la puerta la hicieron ponerse alerta.
Se acurrucó entre las sábanas y decidió esperar a que el vándalo se marchase. Siempre había sido asustadiza y sabía que no podría dormir más esa noche.
-¡Masters!-gritó una voz conocida desde el otro lado de la puerta. Tras el susto inicial, comprendió, con gran alivio y fastidio al mismo tiempo, que se trataba de su jefe.
Lo mejor sería abrir o sabía perfectamente que echaría la puerta abajo a bastonazos.
-¿Qué quieres House?
-Sabía que usarías un pijama así. Bueno en realidad es más ridículo de lo que esperaba.
-¿Vienes a burlarte de mí?
-Nop. En realidad vengo a pedirte consejo. Que de hecho es lo que te pasas haciendo todo el día, así que es tu especialidad. Bueno, realmente no aconsejas, sermoneas…
-Si vienes a pedirme un favor creo que no le estás dando el mejor enfoque, pero ya que no voy a ser capaz de volver a conciliar el sueño, creo que te escucharé, porque esto promete ser divertido.
House entró en la casa sin esperar a que lo invitase formalmente. Buscó el salón y se sentó en el sillón más cómodo.
-Tengo que hacer algo por alguien a quien haya perjudicado, a parte de pedir perdón y toda esa parafernalia y no sé a quien escoger-dijo el médico sin más preámbulos.
-Supongo que ya habrás reducido tu lista a unos pocos candidatos.
-En efecto. En primer lugar he eliminado a todos aquellos a los que he perjudicado de manera realmente importante.
-¿Por qué? No sé qué te motiva a hacer esto pero sería mucho más significativo que…
-No tengo intención de complicarme la vida. Todos aquellos que me han amenazado de muerte o que han intentado romperme algún hueso quedan descartados.
-O sea que en primer lugar eliminas a la gente que te odia. ¿A quién eliminas en segundo lugar?
-A los hombres.
-¿Eso tiene alguna motivación sexista o sexual?
-No.
¿Entonces…?
-Wilson es un hombre y no quiero que tenga ninguna posibilidad en esto porque sé que está deseando ser el elegido.
-Es tu mejor amigo. Si alguna vez le has hecho daño…
-Le debo mucha pasta. Una de las formas de compensárselo todo sería devolviéndosela.
-Estoy segura de que le debes disculpas por asuntos que no tienen que ver con el dinero.
-No pienso darle esa satisfacción.
-Vale. Entonces la lista queda reducida a mujeres a las que hayas hecho un daño no demasiado grande.
-No. Queda reducida a mujeres a las que haya hecho un daño no demasiado grande y que estén buenas.
-¿Qué?
-Lo que oyes.
-¿Quieres decir que una mujer poco agraciada…?
-No pienso perder el tiempo con una fea. Si a parte de hacer el bien mojo, pues mejor que mejor.
-No lo puedo creer. Al final intentas sacar provecho de cualquier situación.
-No quiero que me sermonees, sólo que me ayudes a elegir a una.
-Pues abrevia porque esto ya no me gusta y quiero volver a la cama.
-Camila Boots. Mi primera novia. Me obligó a comprar un anillo caro para pedirle matrimonio. Meses antes me había dejado tirarle unas fotos "comprometedoras". Vendí copias a cinco dólares en el instituto para pagar lo que me había costado la joya.
-¿Fotos de ella desnuda?
-Ajá. Estaba bastante bien. Me las quitaron de las manos. Fue un buen negocio.
-¿Y qué hizo ella?
-Sesiones de psicólogo.
-¿Te dejó?
-Sí. Después de que su hermano me patease el culo unos cuantos cientos de veces. El hermano murió hace unos años, así que aún podría intentar disculparme.
-¿Cuántas candidatas tienes?
-Cuatro.
-¿La segunda?
-Beatriz Halloway. Fue mi abogada en un caso de negligencia médica. La torturé tanto durante el juicio que al final pidió al juez que me condenase.
-¿Por qué la torturaste?
-Era una novata inexperta. Estaba nerviosa y no paraba de decir insensateces. Había visto demasiadas pelis de abogados. Yo era uno de sus primeros casos y creo que de los últimos, porque después de conocerme decidió dedicarse a otra cosa.
-¿La tercera?
-Lisa Cuddy. Decana de medicina del Princeton en el 2001.
-Deja que lo adivine. Se marchó por tu culpa.
-Pues un poco sí. Sólo ocupó el cargo unos meses. Fue ella la que me contrató.
-¿Y qué hiciste?
-Cuddy era un grano en el culo. No tan pesada como Gale pero bastante molesta. Desde el principio decidimos que no nos gustábamos y nos hicimos la vida imposible.
-¿Ella te hacía la vida imposible?
-Bueno, ella me quería obligar a acatar las normas, lo que equivalía a hacerme la vida imposible.
-¿Y de qué manera la atacabas tú a ella?
-Igual que ataco a Gale. Sólo que sus escotes y sus faldas ajustadas me daban un abanico mucho más amplio de posibilidades.
-O sea, que la humillabas como profesional y como mujer.
-Sí. Ahora que lo pienso, Cuddy debería haberse quedado. Así no tendría que aguantar al feo de Gale. Claro que ya andará por los cuarenta. Probablemente ya no esté tan buena.
-Vale, pues descártala y pasemos a la siguiente.
-Es que todas mis candidatas superan ya los cuarenta puesto que ya hace bastante de todo esto.
-Pues entonces termina y déjame en paz.
-¡Eh, que soy tu jefe! ¿No quieres saber que ocurrió con Cuddy?
-Sí.
-Hubo una gran intoxicación en el hospital. Cuando todo volvió a la normalidad, la Junta la obligó a elaborar un nuevo plan de higiene alimentaria. Estuvo casi dos semanas trabajando sin descanso en su elaboración y, una vez terminado, presentó el proyecto en el auditorio del hospital ante más de trescientas personas.
-Supongo que ahí interviniste tú.
-Chica lista. Un par de días antes me había impedido realizar unas pruebas. Mi paciente murió por culpa de su obstinación, así que decidí vengarme.
-¿Qué clase de pruebas querías realizar?
-Unas ilegales, por su puesto.
-Entiendo. Y tu venganza consistió en…
-Digamos que alguien manipuló su portátil unas horas antes de la presentación.
-Clásico.
-La pantalla de proyección estaba de espaldas a ella. Cuddy se limitaba a pulsar un mando a distancia con el que pasaba a la siguiente diapositiva.
-Y una de esas diapositivas…
-No era una diapositiva, era un archivo de vídeo.
-Un vídeo en el que…
-Dos lesbianas hacían…bueno tú ya sabes lo que hacéis las lesbianas.
-No soy lesbiana. ¿Durante cuanto tiempo pudo "disfrutar" la audiencia de dicho vídeo?
-Como ya te he dicho, ella estaba de cara al público y de espaldas a la pantalla y, puesto que la presentación era insonora, digamos que el disfrute del público duró alrededor de treinta segundos. Quince hasta que alguien hizo un sonido que la puso alerta y otros quince que ella tardó en reaccionar y apagar la presentación.
-¿Qué ocurrió después?
-Silencio sepulcral. Después, carcajadas.
-¿Y ella qué hizo?
-Salir de la sala. Unas semana más tarde, presentó su dimisión.
-O sea que su caso es similar al de la abogada. La hiciste replantearse su profesión.
-No creo que Cuddy se replantease su profesión. Sólo el sitio en el que quería trabajar.
-¿Pero se enteró de que habías sido tú?
-No sé si se enteró. Yo, desde luego, no recibí noticias.
-¿Quién es la cuarta?
-Una azafata de un vuelo a Bombay.
-¿Cómo se llama?
-No tengo ni idea.
-Entonces difícilmente podrás localizarla.
-Recuerdo la compañía, sería cuestión de investigar.
-Está claro que te vas a decantar por el caso que te resulte más interesante. ¿Es esta azafata, o la situación que provocaste, más interesante que las otras tres?
-No.
-Pues descártala. Será mucho más caro y difícil dar con ella.
-Esa es mi chica. Preocupándose por mi situación económica. Bueno, más bien por la de Wilson. De acuerdo, descartemos a la azafata. Nos quedan Boots, Halloway y Cuddy.
-Quédate con Cuddy.
-¿Por qué?
-Estás claramente más interesado.
-Y piensas eso porque…
-Has hablado de ella mucho más que de las otras dos.
-Ha sido casualidad.
-El caso de Halloway es similar. Arruinaste la carrera de ambas.
-No exageres. Halloway decidió que no era lo suyo y Cuddy simplemente pidió traslado.
-Y con respecto a Boots, no creo que quieras enfrentarte a una ex. Además, lo más probable es que su marido te parta la cara, si es que se ha casado.
-Creo que está casada y tienes razón. Además, era demasiado rencorosa. Jamás me perdonaría. Boots es una pérdida de tiempo.
-Elige a Cuddy.
-Bueno, el caso de Halloway es similar, tú misma lo has dicho.
-Sí pero con Cuddy tuviste otro tipo de conexión.
-Relación profesional con ambas.
-Aún así. Tu tono de voz ha variado ligeramente cuando has hablado de Cuddy y he visto algo distinto en tu mirada.
-¿Insinúas que me gusta?
-No, pero creo que ya la habías elegido antes de venir aquí.
