- ¿Qué estarán haciendo? Parece que mueven muebles...

Kanon lo dice con visible intriga reflejada en su tono, y pega aún más la oreja contra la pared que separa su cuarto de la habitación de sus hermanos mayores.

- ¡Kanon! Apártate...- Susurra Saga, nervioso ante las intenciones de Kanon de seguir espiando lo que ocurre sólo unos pocos palmos más allá.- Deben hablar de sus cosas...

- Hablar de sus cosas es hablar, Saga, no mover muebles...además...ni que fueran un matrimonio para tener que hablar de sus cosas...- replica Kanon, despegando un instante su oreja de la pared para mirar a Saga y descubrirle extrañamente inquieto y sentado en medio de su cama, observándole con el reproche escrito en sus verdes ojos.

- No está bien espiar, Kanon...- insiste Saga.

Kanon hace caso omiso de las apreciaciones de Saga y vuelve a pegar su oreja en la pared, sólo un segundo antes de apartarse y volverse de nuevo hacia Saga, con una nueva interrogación en su mente.

- ¿Nunca te has preguntado porqué en su habitación sólo hay una cama grande?

- Bueno, decían que la compraron cuando la novia de Aspros vivió con ellos una temporada...

La novia de Aspros...una artimaña más de las que los mayores se inventaron para justificar ante sus padres ciertas cosas injustificables. La novia de Aspros...la cuál nadie conoció nunca, y la cuál apareció en las conversaciones de la misma manera que un día se esfumó.

- ¿Qué pasó con su novia? - El encogimiento de hombros de Saga es toda la respuesta que Kanon obtiene, pero es obvio que hoy su mente está despierta y con ganas de indagar. - ¿Crees que la compartían?

Saga le mira con los ojos completamente abiertos y en silencio, sopesando todas las posibilidades imaginables, para responder finalmente luciendo una pequeña mueca de repugnancia.- No creo...¿no?

- ¿Tú compartirías una novia conmigo?

Realmente hoy Kanon está espavilado y sin muchas ganas de dormir. Y a Saga le molesta. No el hecho que hable...sino los temas que está empeñado en deshilachar.

- Nunca.

- ¿Ni que estuviera muy buena?

- ¡Menos! ¿Acaso lo harías tú?

- ¡No! Pero ellos son raros...quizás lo hacían...

- ¿Qué quieres decir con raros?

- ¡Pues éso! Raros...No entiendo cómo pueden dormir juntos...- aclara Kanon, completamente ajeno al hecho que siempre les ha unido - ¡yo no podría dormir en una misma cama contigo! Ya me molesta tener que compartir la habitación...

- ¡Kanon! Déjalos...- Saga se está incomodando cada vez más ante los derroteros que va tomando la conversación con su gemelo, pero no hay nada que hacer. Hoy Kanon está incomprensiblemente hablador.

- Quizás se tocan...¿te imaginas?...- continúa Kanon, sentándose con las piernas cruzadas en medio de su cama, mirando a Saga con travesura - ¡qué asco!

- ¡Vale ya, Kanon!

Saga se ruboriza sin saber muy bien por qué. No le gustan las ideas de Kanon, ni la ligereza con la que las pronuncia. No quiere imaginarse a sus hermanos tocándose, pero su mente le traiciona, y lo hace. Y para más sufrimiento, sorpresivamente no le disgusta la imagen que se crea en su mente. Muy a su pesar...le excita...y su cuerpo no tarda nada en responder a estos imaginarios estímulos. No puede ser...simplemente tiene que alejarse de las enfermas ideas de Kanon, y sólo se le ocurre hacerse con el móvil y conectar la música, poniéndose los auriculares a un volumen atronador. Aprovechando para cambiar radicalmente de conversación.

- ¿Quieres escuchar la música que me ha pasado Aioros? - Kanon ha vuelto a pegar la oreja a la pared, pero la insistencia de Saga consigue que se rinda y que deje de lado sus ansias de seguir espiando.- Es buena...toma.- Saga le ofrece uno de los auriculares y Kanon cambia de cama y se sienta a su lado, tomando el chisme y colocándoselo en su oreja.

Kanon hoy mismo ha dejado claro que no le gusta compartir habitación con él, pero a Saga éso no le molesta. Incluso podría llegar a aceptar que le gusta. Y ahora, tenerlo sentado a su lado y sin pelearse, simplemente le reconforta. Quizás sus hermanos mayores no son raros...o quizás ellos dos son tan raros como Aspros y Defteros pero aún no lo saben...Saga sacude la cabeza para limpiarla de demasiadas ideas y conjeturas absurdas, y decide concentrarse en la música.

Las canciones van pasando. Sí...realmente son buenas. Parece que Aioros tiene buen gusto con la música. Una música que les acompaña y que consigue que finalmente se olviden de lo que transcurre justo al otro lado de la pared.

Hasta que el ruido de muebles aparece de nuevo y un estruendoso portazo hace vibrar las estanterías de su cuarto.

Ambos se quitan los dispositivos de música del oído y se miran extrañados. Unos apresurados pasos avanzan por el pasillo hasta el salón, e inmediatamente la tele es prendida.

- ¿Se habrán enfadado? - pregunta Kanon con vanos intentos de aclarar algo en lo que Saga es tan ignorante como él.

Un simple encogimiento de hombros por parte de Saga dice que quizás sí. Ambos se miran por unos instantes, y los auriculares vuelven a sus oídos.

- ¿Puedes poner otra vez la primera? Mola mucho...

Saga no dice nada. Sólo obedece.

La primera canción vuelve a sonar. Sí...definitivamente, es buena.

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- Defteros...¿crees que es necesario hacer todo ésto?

Aspros le mira impaciente, plantado en medio de la habitación, con el deseo palpitando y la impaciencia robándole la serenidad. Pero Defteros sigue con su empeño de atrancar la puerta sea como sea.

- Por si acaso...

- ¿Por si acaso qué? Estarán dormidos hace rato...no entrarán.

La silla no parece servir de mucho, ya que cuando Defteros intenta abrir la puerta, por mucho que ella esté bajo la manija, cede y se cae. Es evidente que la silla no es una buena opción, así que Defteros la hace a un lado y arrastra un pequeña cómoda unos cuantos palmos para apostarla frente a la puerta.

Ahora sí, ahora parece que funciona, y Aspros ya no puede aguantarse más. Avanza hacia Defteros y se abraza a él por la espalda, atrayéndolo hacia sí y mostrándole cómo se encuentra su cuerpo sin ningún tipo de pudor.

- Hace días que me tienes así, Defteros...

Defteros cierra los ojos y sella sus labios conteniendo el placer que le supone sentir a su hermano pegado a él, y finalmente cede a sus intenciones durante tantos días amarradas. Se voltea y devora los ansiados labios que tan tercamente ha rehúsado probar las últimas semanas. Él también está excitado. Él también necesita desesperadamente esta malsana unión con Aspros, pero el terror que le despierta la mínima posibilidad de ser descubiertos hace que sus oídos se hayan agudizado como los de un felino, y repentinamente cesa con el profundo beso altamente electrificante, dejando a Aspros con los labios partidos, el aliento quemando sobre su rostro y el ardor gobernando sus entrepiernas.

- Defteros...relájate...por favor...

Aspros vuelve a la carga y Defteros se rinde, pero sólo un instante antes de detenerse de nuevo, achicando la mirada y agudizando su oído.

- Mierda...están hablando...- lo dice con la mirada perdida en su concentración, ahora lejos de Aspros y los sugerentes movimientos que éste profiere contra su cadera.

- Olvídalos...

- Nos pueden escuchar, Aspros...

- Seremos silenciosos...

Aspros atrapa de nuevo los labios de Defteros y desliza sus manos bajo la tela de su camiseta, no para deshacerse de ella, sino por el simple placer de sentir bajo sus carícias el tacto de una piel últimamente añorada. Parece que finalmente Defteros se olvida de los pequeños y se entrega tanto en el beso como en las carícias que recibe y que otorga, ahogando entre la húmeda unión de sus labios un gemido de placer cuando una de las manos de Aspros desciende y palpa con destreza la evidente excitación que se insinúa bajo sus ropas.

Sí, parece que todo va bien...que Defteros se entrega y que sólo existen ellos dos...pero una exclamación proveniente del otro lado de la pared corta el beso en seco y propícia que Defteros se aparte de Aspros con celeridad, pasándose de manera inconsciente el dorso de su mano contra los labios, llevándose con este gesto los restos de saliva compartida que hay en ellos.

La mirada de Aspros se ensombrece con una mezcla de profunda decepción y frustración, y Defteros le envía una mirada cargada de culpas, dudas e impotencia.

- Lo siento Aspros...Hoy no puedo...Así no...

Defteros baja la mirada sintiéndose incapaz de aguantar la tremenda decepción que percibe en Aspros.

Y Aspros tampoco puede más. Imposible es ahora meterse en la cama junto a él y en ese estado que no se atreve a afrontar.

Aspros siente como la rabia sube por su garganta y le obliga a arrastrar la cómoda hasta su sitio de origen y salir con su enfado a cuestas, propinando un fuerte portazo que hace estremecer las débiles paredes.

Es evidente, Aspros se ha enfadado. Y mucho. Seguirle hacia el salón no es una buena opción a tener en cuenta, menos cuando Aspros luce así de enojado y busca su propia soledad.

A Defteros no le queda otra solución que quedarse en su habitación y hacerse bajar de otra manera el deseo que no se decide a saciar con Aspros. Demasiadas son las dudas y los miedos que tiene a ser descubiertos, pero ésto es algo que parece que Aspros no está dispuesto a aceptar. Y quizás menos a entender y respetar.

Con la cabeza gacha, las culpas asomando y el deseo aún quemando, Defteros se sienta en medio de la cama y busca desesperadamente la solución para saciar su ansiedad.

Ya no quedan pipas. Hoy ya las ha engullido todas.

La siguiente opción es clara.

Las pocas uñas que le quedan pasan a ser las rescatadas víctimas de su indecisión.