Sam:

¿Cómo puedes dormir tan profundamente con toda esta situación?

Yo no puedo, hombre. Me despierto cada noche y me paseo por todo el búnker, se me van los minutos haciendo nada, sin poder pegar un ojo, y siempre acabo en el mismo lugar, en tu cuarto, observándote dormir tan tranquilo, como si todo esto de las pruebas fuera tan ajeno a ti, cuando no lo es.

Y aquí me tienes otra vez, tan cerca y tan lejos.

Joder, te veo y eres el mismo bebé al que me gustaba observar en su cuna.

Eres el mismo capullo que hacía berrinches si no te preparaba macarrones.

Idéntico al chiquillo que se metía entre mis sábanas víctima de alguna pesadilla.

Tan parecido a aquel niño que me dijo "te quiero" bajo el peso de mi cuerpo.

El hijo de perra que me abandonó para irse a Stanford y que encima de todo me cambio por una jodida (y bastante buena) rubia.

El mismo por el que vendí mi alma porque no soportaba la idea de caminar en un jodido mundo en donde él no existiese.

El adicto a la sangre de demonio.

El que a nada estuvo de iniciar el Apocalipsis.

El que no confió en mi...

El idiota que se tiró a un hoyo dejándome solo de nuevo.

El chico sin alma.

El que me traicionó.

El maldito bastardo que no me buscó en el purgatorio y en su lugar volvió a cambiarme.

El estúpido suicida.

El amor de mi vida...

Y me importa un carajo cuantas facetas hayas tenido.

Cuantas veces me hayas decepcionado.

O cuantas veces te hayas rendido y marchado de mi lado.

Tienes que saberlo, hermano, incluso si nunca tengo el valor de entregarte esta carta.

Sam, te sigo queriendo igual.

Sam, te quiero incluso más.

Sam, sigues siendo mi pequeño.

Sam, sigues siendo mi "Sammy".

Sam, vendería mi alma por ti de nuevo.

Sam, volvería a pasar por todo, sin cambiar una sola cosa.

Sam, te necesito.

Sam, te amo.

Sam, si no estás tú, no existo yo.

P.D: Me gustaría que un día todo volviera a la normalidad y me hicieras un hueco en tu cama, tal vez entonces podría dormir mejor, espero que lo consideres.