Disclairmer: La mayoría de los personajes son de mi invención, pero lo trama le pertenece a Suzanne Collins.
Summary: Verena Cástil, un joven de dieciséis años del Distrito 4, queda seleccionada en la cosecha de los primeros Juegos del Hambre. Un desconocido mundo se abre ante ella revelando un nuevo orden después de la guerra. ¿Podrá sobrevivir en la arena y luchar contra los demás tributos?
El Centro de Entrenamiento
El gran edificio en donde habían construido la tarima se llamaba Centro de Entrenamiento, Verena dedujo, antes de saber su nombre, que allí harían los entrenamientos de los que Garut había hablado con Barius. Por fuera tenía un aspecto cerrado, como el de una cárcel, las paredes no se abrían como en el Centro de Renovación, había puertas metálicas gigantes por las que entraron los tributos con sus acompañantes y, a excepción de la planta inferior, los pisos del edificio poseían cristal plateado el cual no dejaba ver el interior desde fuera.
Por dentro era muy distinto.
Saltaba a la vista que los diseñadores de aquel lugar habían querido resaltar los mejores aspectos del Capitolio, cada pocos pasos se encontraba un lujo diferente, desde cuadros con marco de oro a esqueletos prehistóricos en miniatura de dinosaurios que colgaban del cielo raso y objetos de alta tecnología.
Había muchos ascensores en la planta baja. En el que ingresaron Barius, Verena y Garut solo alcanzaba las primeras doce plantas, aunque el acompañante les mencionó que había veinte.
Era de esperarse que a ellos les asignaran el piso cuatro de los doce que marcaba el ascensor.
Cada uno poseía un gran y cómodo cuarto con baño incluido lleno de curiosidades y botones que Verena quiso descubrir que hacía al tiempo que los encontraba, el que más le llamó la atención fue uno ubicado dentro de un florero y bajo el agua.
Luego de deshacerse de las prendas y el maquillaje del desfile inaugural, la joven se vistió con un agradable traje gris que había en el gigantesco armario de su habitación y se dirigió al salón del piso en donde cenaría con Garut, Barius, el estilista de éste y Coriña y verían la repetición del suceso con carruajes por televisión.
Se preguntaba si sus hermanas la habían visto deslumbrante con aquel vestido de sirena ¿Podría quedarse con él?
El estilista de Barius se llamaba Horce y era la persona más pequeña que Verena hubiese visto en su vida.
Un gran banquete los esperaba en el comedor, la mesa estaba llena de platillos (muy parecido al almuerzo en el tren eléctrico) con frutas, vegetales, carnes rojas, blancas y doradas, guarniciones de arroz salvaje, batatas asadas y panes con formas extrañas, Verena supo reconocer el pan en forma de pez y con mucha sal del Distrito 4. En el centro de la mesa había un gran jarrón lleno de flores exóticas con un olor inconfundible a bosque.
-¡Fue sensacional!- gritó Garut al verlos entrar- los dos estaban hermosos y el diseño de tu vestido…- no pudo seguir hablado por que parecía contener las lagrimas de excitación.
-Seguramente causaron una gran impresión a los patrocinadores- comentó Horce mientras se sentaban a comer- no como los del Distrito 12 ¿Vieron esos quimonos de minero?- agregó desdeñoso.
-Sí, espantosos- afirmó Coriña dándole la razón- tendrán problemas para conseguir patrocinadores con los estilistas que les tocaron- señaló apenada.
-Me gusto el traje del la chica del Distrito 3, aunque no entendí lo que era- dijo Barius.
-Era un circuito electrónico- explicó la estilista- su distrito construye muchas de las tecnologías que tenemos en el Capitolio.
Verena intentó recordar a los demás tributos en el desfile pero no les había prestado mucha atención, había estado demasiado deslumbrada con la reacción de la gente y su brillantez.
Cuando terminaron la cena la pantalla gigante, colocada en el salón junto a unos cuantos juegos de sillones, se encendió sola dando una presentación en la que un hombre y una mujer comentaban acerca de la apertura, deteniéndose en cada carro para analizar a los tributos y sus trajes.
Se sentaron a escuchar atentos los comentarios.
Los del Distrito 1 eran los mejores según las encuestas, sus trajes los habían hecho brillar como si hubiesen estado envueltos en resplandor. Prida y Lutherin, del Distrito 2, eran reconocidos al instante por sus cabezas rapadas y trajes de agentes de la paz confeccionados con brillos, su expresión era intimidante y habían sido muy aclamados por el público. Verena y Barius también fueron bien recibidos, el traje de sirena y el de marinero habían causado furor entre los amantes del mar y las fantasías acuáticas.
Por el contrarío lo tributos del Distrito 7, 8 y 12 habían sido los peores. Sus trajes eran toscos y opacos, representaban perfectamente a sus ciudades, sin embargo eran poca cosa para las personas el Capitolio. Los comentaristas los ridiculizaban. Coriña tenía razón acerca de los problemas que tendrían para conseguir patrocinadores.
Verena no podía dejar de ver las imágenes de su entrada en carruaje, no se reconocía en aquel traje, lo que más le impresionaba era como su grupo de renovación había controlado su delgadez, no se le notaba ni un hueso sobresaliente, aunque la comida que le ofrecían en el Capitolio estaba surtiendo efecto en sus cuerpo, solo había pasado dos días en la cuidad y ya se sentía mucho mejor, la barriga no le dolía y su palidez enfermiza había desaparecido casi por completo. Sin embargo faltarían unos cuantos platos más de comida para hacer desaparecer los huecos de sus costillas.
-Será mejor que vayan a acostarse, mañana les espera el primer entrenamiento- dijo Garut aplaudiendo para que los chicos cumplan su orden.
Estaban tan cansados que no pusieron objeción, el atracón y el día entero yendo de aquí para allá los había fatigado.
-Buenas noches- saludó Verena a los estilistas y le devolvieron el saludo.
La chica creía que no podría dormirse por los nervios que le causaba el despertar del mañana, no sabía que haría en el entrenamiento, no sabía manejar ningún arma, siquiera un mísero cuchillo. Se imaginó que Prida era capaz de lanzar cosas a diestras y siniestras: lanzas, lazos, dagas, espadas, lo que fuere. Los brazos de aquella chica eran muy poderosos, no solo se alimentaba bien, si no que estaba preparada para hacer lo que fuere con ellos. Los gigantes del Distrito 1 podían aplastarla en cuestión de segundos y hasta Barius la superaba por sobre manera con los punzones, lanzas y redes.
¿Qué haría?
Esa noche tuvo muchas pesadillas. Garut la perseguía en carruaje con múltiples manos de colores por el Centro de Renovación, el cual tenía paredes hechas de personas que gritaban incoherencias. Llegaba a su habitación y encontraba a Coriña resplandeciente como el traje de los tributos del Distrito 1 con un sable bifurcado esperando ser usado, pero ella no sabía manejarlo entonces Barius se lo quitaba y le cortaba las manos, sus manos, de un color negro podrido.
Verena se despertó empapada en sudor, todavía no había amanecido y seguía cansada aunque ya no podía dormir, aquel sueño la había alterado lo suficiente para sentir el repetitivo palpito de su corazón en los oídos.
Dio vueltas por la habitación durante gran parte de la madrugada, descubrió que muchos botones eran para pedir comida, no le importó seguir comiendo, la mantendría relajada el saber que estaba recuperando fuerzas con cada bocado.
Cuando visualizó la débil luz en el horizonte de Panem que alumbraba su ventana se sentó en el suelo de alfombra a contemplar el amanecer. En el Distrito 4 debía despertarse muy temprano para comenzar a trabajar así que siempre podía ver al Sol ascender desde el mar hasta la copa del cielo. Antes de la guerra, cuando su familia tenía más dinero, su padre la llevaba con sus hermanos a pasear en la pequeña embarcación que poseían solo para poder contemplar el espectáculo en familia.
-Ahora es muy distinto- pensó Verena en voz alta- soy yo sola… y ni siquiera en el Distrito 4- una lagrima rodó por su mejilla, extrañaba tanto a su familia que contemplar el amanecer sola le hacía daño.
Entonces se puso de pie con convicción tocó el botón más próximo a la ventana y esta se opaco con una cortina negra.
Garut no les había dicho como se perdía en esta clase de juegos pero Verena ya se lo había imaginado de muchas formas, el hecho de tener que practicar con lanzas, cuchillos y espadas le decía todo. Solo habría un ganador, probablemente no fuera ella, que desataría una matanza en la arena o donde sea que los llevaran. La única posibilidad que tenía era la de esconderse y esperar a la muerte, pero eso no era lo que le habían enseñado, ella debía pelear, tal vez no con fuerza si no con astucia.
Cuando el Sol estuvo a la mitad del cielo Coriña llamo a la puerta de su habitación. Verena ya se había bañado y su estilista le traía la ropa que debía ponerse para asistir al entrenamiento. Era un conjunto de algodón azul que detrás tenía cocido el número 4 y su nombre, cuando se lo puso la chica se sintió cómoda era una tela bastante elástica.
-Será mejor que comas algo antes de irte, todavía estas muy flacucha- opinó Coriña cuando se estaba cambiando. Verena ya no tenía vergüenza de mostrar su cuerpo con ella al lado.
En el comedor se encontró con Barius, llevaba un conjunto igual al suyo solo que con su nombre y de talla cuatro veces más grande.
El chico siquiera se había dado cuenta de la presencia de su compañera, estaba engullendo un gran tazón de cereales con leche mientras miraba, junto a Garut, un anuncio televisivo de las encuestas de los juegos. Al parecer sus músculos habían resaltado en el desfile de carruajes.
Verena intento no suspirar al verlo, era imposible que llevaran una relación sin altibajos, un día se compadecían y al otro no podía ni verlo. Este era un día de los malos, más que nada por que la fuerza del chico destacaría más que sus débiles brazos.
-¡Por fin llegas!- exclamó Garut al verla entrar con Coriña- le estaba comentando a Barius los distintos entrenamientos que pueden tomas hoy- dijo alegremente.
Verena lo miro sin ganas pero escucho lo que le decía.
-Primero: hay dos tipos, creo que ya se los había dicho, supervivencia y ataque- explico haciendo gestos con las manos violetas- dentro de lo que es supervivencia pueden aprender a hacer trampas, camuflaje, reconocimiento de plantas venenosas y curativas, nudos…-
-¿Nudos?- lo interrumpió Verena sorprendida- ¿Para que nos serviría eso?
-No lo se, supongo que es útil para hacer trampas- supuso el acompañante- y dentro de lo que es ataque pueden aprender a usar cuchillos, lanzas, arcos, lazos, espadas, guadañas, lo que sea que vean- termino de explicar.
-Genial- sonrió Barius al escuchar todas las armas que podía utilizar.
Su compañera, en cambio, tragó saliva.
Cuando terminaron de desayunar Gaurt los acompaño a un ascensor diferente al que habían tomado la noche anterior. Este solo tenía un botón que rezaba Centro de Entrenamiento, subsuelo. A Verena no le gustó la idea de tener que estar bajo tierra.
Fueron una de las primeras parejas en llegar al lugar, era enorme casi tan grande como el recinto en donde habían montado a los carruajes, en el ala este de la sala estaban colgadas cualquier tipo de armas, muchas clases de cuchillos, dagas, lanzas, punzones, arcos, pesas y masas; en el centro habían montado un circuito de entrenamiento con redes para escalar, tubos por donde arrastrarse, colchonetas por si caían y montones de artilugios para esquivar. Del otro lado se encontraban unas cuantas mesas con sogas, pinturas, plantas, piedras y troncos secos. El Centro de Entrenamiento también contaba con una tarima en donde unas veinte personas charlaban sin notar a los chicos que llegaban de los ascensores.
-¿Quiénes son ellos?- le preguntó Verena a su compañero.
-Los Vigilantes, Garut me hablo de ellos, son los que diseñan la arena- respondió gustoso- ellos nos evaluaran para ponernos un puntaje.
-Gracias- se atrevió a decir la chica. Barius frunció el ceño extrañado por el agradecimiento.
Cuando todos los tributos estuvieron en el centro un hombre se les acerco.
-Buenos días Tributos, me llamo Foster y seré su jefe de entrenamiento- se presentó el muchacho fornido.
Les explicó lo mismo que Garut les había dicho en el desayuno solo que con más detalles. Los puestos de entrenamientos tenían horarios, media hora cada uno, así los chicos podían probar todo lo que pudieran. Estaba estrictamente prohibido luchar entre ellos.
Por supuesto, cuando los Tributos se comenzaron a repartir por el salón, la mayoría recayeron en las armas del ala este. Verena observó como Barius se unía a los del Distrito 1, 2, 7 y 12 y tomaba uno de los punzones, lo manejaba a la perfección. Siete Tributos se habían arriesgado a entrar en el circuito de entrenamiento y luchaban con las redes para poder escalar. Mientras tanto, los pocos que quedaban, se resignaban a las tácticas de supervivencia.
Verena se unió a los chicos del Distrito 3 en el puesto de plantas curativas y venenosas, no le resultó muy complicado ya que muchas veces se había cortado con la escama, atorada en las redes que confeccionaba, de algún pez medio venenoso y había tenido que atenderse sola, y como no podían pagarse un medico tuvo que aprender a la fuerza a reconocer las plantas curativas de su destrito, muchas eran algas.
Era difícil concentrarse en lo que decía el experto ya que el ruido que hacían los cuchillos al clavarse en las maderas y los gritos que soltaban cuando le acertaban al blanco los Tributos que practicaban con armas eran ensordecedores.
-Idiotas- susurro la chica del Distrito 3. Verena miro su nombre en la parte de atrás de su conjunto, que al igual que el de ella era azul. Se llamaba Ween.
-No te preocupes se mataran entre ellos- dijo su compañeros para calmarla, se había puesto colorada de rabia.
-Espero que tengas razón- comento Verena al chico de complexión larguirucha.
-Casi siempre la tengo, me llamo Marco- se presentó tendiéndole la mano- y ella es Ween.
-Verena- dijo correspondiendo al saludo.
-Oh, si la sirena- la reconoció Ween con un poco de sarcasmo en la voz- disculpa, no estoy de buen humor hoy- se excusó al instante.
Verena pensó en que tenía algún trastorno de personalidad pero después de ello no volvió a dirigirle la palabra así que no pudo saberlo.
-¿Y tu compañero?- preguntó Marco que se había acercado más a ella.
-Con los idiotas- susurró y frunció el labio para dar a entender que no era muy amiga de Barius.
-Por lo menos sabes que uno de ellos no podrá matarte, eso es bueno- comentó el chico dejándola perpleja, nunca había pensado en eso.
Durante la siguiente media hora, que la dedico a nudos, meditó sobre lo que Marco le había dicho. No era necesario que se concentrara mucho en hacer los nudos ya que era una experta, mucho más que Barius, así que pensó en que pasaría si al final quedaban ellos dos, estaba claro que era una posibilidad muy remota, pero ¿Y si sucedía? ¿Sería lo suficiente valiente para matar al chico de su mismo distrito? Sabía la respuesta.
A las doce llamaron a los Tributos a comer, mientras entrenaban unas personas parecidas a las mujeres del tren eléctrico colocaron unas cuantas mesas con platillos humeantes en ellas. Verena no se había dado cuenta de lo hambrienta que estaba hasta que el olor del pescado asaco le removió el estomago. Para entonces ya había pasado por los puestos de trampas, nudos y plantas; había probado la mitad de los puntos de supervivencia, siquiera se había acercado al circuito de entrenamiento y mucho menos tocado un arma.
Los Vigilantes los habían observado de a momentos, mayormente a los que usaban cosas punzantes y filosas, pero cuando había llegado su comida no les prestaron más atención.
Los del Distrit llamaron a Barius, al chico del Distrito 7 y al del 12 a comer con ellos pero este último rechazó la oferta y se sentó con su compañera lo más alejado de ellos posible. Por otro lado Verena se acomodo junto a Marco y Ween que parecía haber perdido la agresividad al ver la comida.
-Ya deben estar armando una estrategia- escuchó la chica decir a uno de los del Distrito 9 que se sentó cerca suyo y miraba con amargura a los Tributos de los primeros distritos.
-¿Y por qué no hacemos la nuestra?- le preguntó Marco que también lo había oído.
Ya empezamos a conocer a otros Tributooos! se ve que no se rinden fácilmente y quieren pelear.
Espero que les haya gustado el capi.
Hasta la vista, Scarlet!
