Hay tantos caminos por andar,

Dime si tú quisieras andar conmigo,

Cuéntame si quisieras andar conmigo,

Dime si tú quisieras andar conmigo,

Cuéntame si quisieras andar conmigo…

CAPITULO 4

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE…

-No puedo creer que este haciendo esto –se dijo la castaña a si misma, al tiempo que terminaba de ponerse el aparatoso vestido blanco y se miraba en el espejo sin emoción.

Era por lo menos el vigésimo vestido que se probaba, siempre con el mismo resultado, ninguno terminaba de satisfacer el exigente gusto de su mejor amiga. A la que la castaña sentía ganas de ahorcar en ese momento.

Sora había insistido en que si Mimi se casaba y no realizaba una fiesta espectacular, por lo menos debía lucir muy hermosa en su boda, para conservar lindos recuerdos de ese día. Mimi le había prometido no comprar el primer vestido que se cruzará en su camino y ante la insistencia de Sora y su promesa de ayudarla a elegir el más acertado, había aceptado dar una ojeada a las tiendas de vestidos de novia.

Pero ahora… más bien se arrepentía de haberla llevado, si por ella fuera ya tendría el vestido, los zapatos y hasta el ramo, pero nada terminaba de satisfacer el gusto de Sora.

-Sabes la respuesta ¿verdad Mimi? –cuestiono Sora con voz seria y mirándola evaluadoramente.

-¿Qué le falta o sobra a este? –pregunto Mimi cansada y ligeramente histérica. A su gusto el vestido no era bonito, pero… ¿qué más daba?

-La tela no te sienta bien y el escote es tan recatado que te hace parecer mojigata.

-¿Y qué más da? –suspiró Mimi entrando de nuevo al vestidor para quitarse el odioso vestido.

-No te desesperes –la reprendió la voz de Sora, al tiempo que se probaba un sombrero y se miraba en el espejo. Por supuesto que ella ya había elegido el vestido que usaría en la boda de Mimi-. Es el día más importante de tu vida y de lo mínimo que te puedes ocupar es de comprar un vestido bonito, se supone que sea emocionante.

Dentro del vestidor, Mimi sonrió con amargura. No le había contado a nadie que su matrimonio era arreglado. Matt y ella se habían limitado a decir que se habían enamorado a primera vista. Cosa que a sus amigos les parecía extraña, sobre todo tratándose de ellos dos y teniendo en cuenta la forma en la que se habían comportado la noche del arresto de Ken y Yolei… sin embargo, todos lo habían aceptado. El día anterior Matt y Mimi habían anunciado su matrimonio a la prensa.

Ambas chicas salieron de la tienda algo decepcionadas, sobre todo Sora, el estado anímico de la castaña era más bien de desgana. Cansadas de haber recorrido todas las tiendas de vestidos de novia infructuosamente, acordaron tomar algo en una cafetería. Ordenaron dos capuchinos y ocuparon una mesa cercana a un enorme ventanal, en el segundo piso del establecimiento.

El tráfico se había hecho más denso y los conductores se habían visto obligados a prender sus luces. Acababa de comenzar a llover. La primera alarma fueron unas inocentes gotas, seguidas de un chaparrón que obligó a los transeúntes a correr.

Mimi observó el espectáculo con la mirada perdida… el día que hablaron con su madrastra también llovía a cántaros, el cielo estaba oscuro y poco después comenzó a granizar, recordaba que tanto Yamato como ella había llegado mojados a la casa y en seguida… Keiko los recibía.

ooo oooo ooo

Keiko los recibió con fría cortesía en el salón principal, aún decorado con el sencillo pero elegante gusto de su padre. Su madrastra los invitó a sentarse, haciendo gala de los exquisitos modales que había aprendido en sus años de matrimonio con Tachikawa. Observó con interés al rubio, le parecía conocido y no le pasó desapercibido el detalle de que sostenía con firmeza la mano de su hijastra.

Después de las debidas presentaciones Yamato le sonrío a la mujer, dispuesto a ir al grano. No le sorprendía que el padre de Mimi se hubiera casado con ella, le calculaba como máximo 34 años y aún conservaba una figura atractiva y exhalaba una aire de sensualidad innata, en sus años de casanova había conocido a muchas como ella.

El rubio comenzó, no tenía intenciones de demorarse más de lo necesario con ese asunto.

-Mimi y yo tenemos pensado casarnos en tres semanas –soltó Matt sonriendo intrigante y tratando de calcular la reacción de la viuda de Tachikawa.

Keiko lo miró detenidamente, como estudiándolo, pero eso no amilano al rubio, por el contrario, levantó la barbilla y le devolvió la mirada a su futura "suegra".

-Yamato Ishida ¿verdad? –cuestionó Keiko pensativa-, de casualidad, nieto de…

-Sí, el fundador del emporio Ishida fue mi abuelo –interrumpió Matt, pensando que con Keiko le sería de lo más provechoso hacer gala de su apellido.

-En tres semanas ¿eh? Lo siento, pero eso no será posible –Keiko sonrió fríamente, teniendo el antecedente del apellido de Matt le convenía actuar con cautela y diplomacia. Pero estaba decidida, su hijastra no iba a casarse con nadie.- Como sin duda, Mimi debió haberte comentado no puede casarse hasta que cumpla 22 años, esa fue la voluntad de su padre y es irrevocable, lo lamento –musitó con falsa ternura- pero si quieres casarte con ella, vas a tener que esperar un año y medio, esa fue la decisión de Reichiro.

Keiko se levantó, no tenía nada más que decir ni la intención de discutir, estaba dispuesta a salir de la estancia, pero la voz calculadora del rubio la detuvo.

-Ya veo, y sin duda es lo más conveniente para usted ¿no?

-¿Cómo dices? –la hermosa mujer clavó su mirada amatista en él. Seguramente, ese mocoso no sería fácil de convencer, sobre todo teniendo en cuenta quién era.

-Por favor, seamos sinceros, a usted no le importa lo que le pase a Mimi. –sentenció Matt sinceramente- Sólo quiere que ella permanezca a su lado porque, sino perderá la herencia que le dejo el señor Tachikawa. Ese cuento de respetar su voluntad sólo lo sigue porque le conviene, Mimi no le importa para nada.

-Vaya, con que saliste muy listo –ironizó Keiko sonriendo- ¿Le contaste, Mimi? –Keiko encaró a su hijastra y observó que el rubio le apretaba fuertemente la mano, pero a pesar de ese detalle, no se dejo engatusar.

Mimi la miró a los ojos. ¡Como odiaba a esa mujer! Había acabado con todo lo que significaba algo para ella y ahora lo único que tenía era el deseo de irse. Estaba a punto de contestar cuando fue interrumpida por Matt.

-No fue necesario. Ordené que investigaran a su familia y la verdad… bueno… digamos que usted, independientemente de su matrimonio con Tachikawa, tiene una historia más que interesante.

Keiko lo miró airada, la furia se reflejaba con frialdad en sus ojos.

-Mimi no puede casarse todavía. No es mayor de edad y hasta que lo sea está bajo mi tutela. Viniste a solicitar su mano ¿no? Pues ya conoces la respuesta, no hay más que decir. Buenas noches. –se dispuso a salir nuevamente.

-Creo que se equivoca en las dos cosas –musitó Matt con tono irónico y muy a su pesar Keiko detuvo su huída.- A mi, por lo menos me quedan dos cosas por decir, una es que pronto tendrá noticias de mis abogados y estoy seguro de que a la prensa le encantará ésta historia. A mi no me importa hacer un escándalo, pero no creo que a usted le vaya a ser muy grato.

Keiko crispó los puños, el tono del rubio no le gustaba nada, este continúo.

-Será interesante observar la reacción de sus "amistades" y conocidos cuando se enteren de que el hombre con el que se va a casar fue su amante cuando Reichiro Tachikawa aun vivía. Que cuando él agonizaba y su vida se estaba extinguiendo usted disfrutaba con su amante… -Matt estaba a punto de continuar, pero al sentir que Mimi aferraba su mano con fuerza, decidió omitir los detalles de la infidelidad de Keiko, no quería hacerle daño a Mimi, sólo quería dejarle claro a Keiko que no había ido a negociar- también será divertido publicar que aún así, aspira a su herencia y que esa ambición no permite que la única hija de Tachikawa ser feliz con el hombre que ama. Una historia bonita y dramática que a la prensa le encantará y naturalmente la balanza de la opinión pública se inclinará por dos jóvenes que se aman. "Romeo y Julieta contemporáneos" me parece un buen titulo para el reportaje –el rubio sonrío lacónico, había ganado- y la segunda cosa en la que se equivoca es que yo no vine a pedirle la mano de Mimi. Yo vine a llevármela.

Keiko sonrió calculadora, ese chiquillo parecía haber planeado todo con bastante cuidado. Esbozo una sonrisa más amplia y entre dulce e irónica comentó –tener a Mimi contigo es también lo que más te conviene ¿no?

Matt ignoró el comentario. La mujer no era tonta y estaba molesta, pero sabía que no podría hacer nada contra ellos. Desde que la había visto se había dado cuenta de que no sería nada fácil convencerla sólo con palabras, sino que tendría que emplear amenazas e influencias. Pero estaba dispuesto a todo: nadie iba a impedir que se casara con Mimi Tachikawa.

Y finalmente, Keiko accedió.

El escándalo era algo que no le hacía falta, sobre todo cuando tenía la posición que quería y estaba a punto de casarse.  Ishida había manejado bien sus cartas.

Sus abogados se reunieron y después de pactar los detalles, Mimi fue libre de marcharse y cobrar su herencia en cuanto firmará su acta de matrimonio. Keiko se quedó con lo heredado al principio, las joyas y los muebles clásicos. Además, su reputación de "dulce viuda" quedaba intacta

En opinión de Matt no tenía de que quejarse, su herencia no era nada despreciable y además Mimi le había cedido el derecho de quedarse con la casa. Sumado a su herencia le permitiría vivir lujosamente con su nueva familia, pues dentro de la investigación, Matt se había enterado de que la madrastra de Mimi estaba embarazada, hecho que no le había mencionado a la castaña.

Desde ese día Mimi decidió vivir en un hotel, por lo menos hasta casarse, jamás olvidaría ese episodio, ni el momento en que dos días más tarde fue a supervisar la mudanza y se topó con su madrastra.

-Te salió muy bien todo ¿no crees, hija? –murmuro Keiko al pie de las escaleras que llevaban a los dormitorios.

-Pues sí –contesto ella- Por fin logre mi libertad y me voy a casar con el hombre que amo -mintió.

-Qué amas –repitió Keiko venenosa-. No me engañas, Mimi. Tú no amas a Ishida, y es obvio que él tampoco te ama a ti. Todo esto lo van hacer por interés. Para él sólo eres una salida y quizá un trofeo. Pero te aseguro algo Mimi, lamentarás haberte ido con él, te vas a arrepentir, porque no sabes en qué te estás metiendo en realidad.

-Gracias por el consejo –replico Mimi fríamente al salir de la casa.

Era afortunada por poder alejarse de Keiko, su amenaza parecía diálogo de telenovela barata. No obstante, la había puesto a pensar. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Y eso importaba? Correcto o incorrecto lo iba a hacer. Matt había cumplido su parte del trato y ahora le tocaba a ella.

ooo oooo ooo

-Mimi –la llamo Sora.

-Perdón, estaba un poco distraída –respondió saliendo de su sopor. El vaso de Sora estaba casi vació y el suyo, por el contrario, intacto.

-Ya lo note desde hace mucho –la pelirroja miró por la ventana y finalmente pregunto lo que se moría de ganas por saber-. Mimi, dime la verdad ¿estás enamorada de Yamato?

-¿Por qué me preguntas eso? –contesto Mimi desviando ligeramente la mirada, Sora no acostumbraba a cuestionarla tan directamente, más bien era intuitiva.

 -No creas que soy ciega, Mimi, después de todo somos amigas desde hace mucho tiempo, sólo una vez te he visto enamorada y no creo que ahora lo estés de Ishida.

Mimi la miró, la pelirroja tenía razón, se conocían desde niñas, eran amigas desde pequeñas y Sora la conocía más de lo que ella creía.

-No amo a Yamato –murmuro Mimi mirando a su amiga.

-Me lo supuse –suspiro esta tranquilamente- ¿Por qué te casas con él?

-Ya lo sabes, Sora. O al menos supongo que lo sospechas. Es mi boleto de salida, gracias a este arreglo me libre de Keiko. Sino me casó con él, tendré que regresar con ella y tú sabes mejor que nadie que cuánto la desprecio –susurró Mimi aferrando la taza de su café.

-Sí lo sé. Y tú sabes lo que siempre he pensado del matrimonio –suspiró-. No obstante, es tú decisión amiga y te entiendo, ya sabes que cuentas conmigo, flaquita –susurró Sora sonriéndole.

La pelirroja había entendido que Mimi no iba a cambiar de opinión. Y ella mejor que nadie sabía que Mimi era indecisa, pero cuando decidía algo era muy terca. Además, comprendía y había visto lo mal que Mimi la pasaba al lado de la mujer que había traicionado a su padre. Lo único que le quedaba era pedir por la felicidad de su amiga.

La castaña le sonrió feliz y cruzó la mesa para abrazarla sinceramente, agradecida, porque desde la muerte de su padre, Sora siempre le había hecho sentir que no estaba sola.

-Gracias –susurró y después añadió en tono de broma- Eso quiere decir que podemos comprar el último vestido que vimos.

-¡Claro que no! –sonrió Sora autoritaria- Eso quiere decir que mañana iremos a otras tiendas a buscar el vestido.

-¿Tiendas? ¿En plural? –gimió la castaña.

Ambas chicas se echaron a reír, conscientes de que su amistad no sólo era una apariencia, sino que en verdad contaban con la otra. Y eso, le ofrecía a Mimi un islote de salvación en medio del maremoto al que estaba por entrar.

ooo oooo ooo

Matt deslizó la llave por la cerradura, la puerta se abrió. Él se quitó las gafas oscuras que utilizaba para manejar y entró algo desconcertado. Nunca había estado en ese departamento, que era parte de la herencia de su abuelo. Pero había hablado con uno de sus abogados sobre sus planes de matrimonio y después de un par de trámites, tuvo en sus manos las llaves del departamento o peligroso y mortal penthouse en el décimo piso de un edificio, como él lo llamaba.

No cabía duda, que en cuanto a inversiones su abuelo era un genio, siempre tenía una visión especial para saber lo que a cada persona le gustaría y también, sabía en que momento invertir en algo. De acuerdo a la historia que Matt conocía, su abuelo había comprado ese departamento cuando el proyecto de esa zona comercial comenzaba a plasmarse, por lo que le había costado una suma considerable, pero nada que ver con su precio actual.

Una ganga. Había bromeado el abuelo cuando se lo comentó en una ocasión.

Sin duda, era un departamento hermoso, de dos pisos. Con un toque modernista y a la vez minimalista. Tres habitaciones, dos baños, cocina, sala, comedor, despacho e incluso un pequeño cuarto de servicio. Una casa familiar, Yamato agitó la cabeza como tratando de alejar al fantasma de su abuelo.

Aunque estaba a medio amueblar, le agradaba su nueva casa, que compartiría con Tachikawa.

Cansado se recostó en un sillón de un estrambótico color naranja y miró por el enorme ventanal del salón, que a la vez conducía a una terraza. La vista era espectacular, pero ni borracho le habría apetecido salir al balcón.

Cerró los ojos por un momento y no pudo evitar sumergirse en un delicioso estado de semiconciencia, entre los planes para la boda y sobre todo los que se relacionaban con la empresa familiar, estaba exhausto. Ni siquiera había tenido tiempo de salir con Tai, aunque el morocho también estaba algo ocupado con sus propios negocios. Sin embargo, le había prometido una despedida de soltero para recordar.

ooo oooo ooo

Se levantó y se obligó a salir de su letargo cuando escucho el timbre. Sonrió traviesamente y se encaminó a abrir la puerta, tenía una idea muy certera de la persona que había tocado. Y no se equivocó, Mimi estaba en la puerta, en su rostro podía leerse un poco de confusión.

Contrario a lo que esperaba, Yamato no se quitó de la puerta para dejarla pasar, el cuerpo del rubio le impedía el acceso a ese misterioso lugar en donde la había citado. Aturdida, intentó empujarlo, pensando que era una de sus bromas, porque ciertamente él tenía un sentido del humor un tanto extraño. Lo que no se esperó fue ser levantada por los fuertes brazos de Yamato en menos de un segundo.

-¿Qué te pasa? –gimió la castaña después de soltar un grito ahogado. Afortunadamente llevaba vaqueros y no una falda.

-De acuerdo a la tradición debemos entrar juntos a nuestro nuevo hogar, ya sabes el novio carga a la novia –bromeó Matt al tiempo que entraba en la estancia.

-Pensé que detestabas las tradiciones –se quejó ella intentando bajarse, él le sonreía divertido, con esa sonrisa que ella había aprendido a calificar como de diversión a expensas de otro, por lo general de ella.

-No lo niego, pero siendo Mimi Tachikawa, la romántica empedernida, mi prometida, pensé que sería todo un detalle de mi parte.

-¡Oh, si, un gran detalle! –rezongó sarcástica- Ahora, quieres madurar y bajarme de una vez –por alguna extraña razón estar en los brazos de Matt, que parecían hechos a su medida, la ponía nerviosa. Quizá eso se debía a la estúpida plática que había tenido con Sora.

Sin abandonar esa sonrisa que tanto irritaba a Mimi, el rubio depositó a la castaña en el sillón naranja. Por un momento sus cuerpos sintieron la cercanía del otro, porque él la había recostado con gran cuidado, como si de un bebé se tratase. Pero Matt se levantó de inmediato y Mimi lo imitó.

La chica avanzó con destreza al ventanal, asombrada por la espectacular vista de la ciudad.

-Es genial –exclamo entusiasmada.

-Tenemos una gran vista –concordó Matt y nuevamente sonrió divertido.

Mimi trataba de abrir, sin éxito alguno, la puerta corrediza que conducía a la terraza y no se había percatado de que estaba cerrada con llave.

-Está atorada –se quejó jalando la manija con fuerza.

-Tiene llave –murmuro el rubio sacando un llavero de su bolsillo, insertó una pequeña llave en la imperceptible cerradura y deslizo la puerta para que Mimi saliera.

La castaña salió sonriente y respiro tranquila, le encantaba la terraza, sin duda alguna sería un buen lugar para desayunar observando la modernidad de la ciudad y las lejanas montañas que se perdían con la inmensidad.

-Te mentiría si te dijera que el aire es puro, pero la vista es excelente –comentó Mimi pensando que Matt también estaba en el balcón, por lo que se llevo una gran sorpresa al ver que ni siquiera había salido y que estaba alejado por lo menos metro y medio de la puerta corrediza- ¿Te sientes bien? –pregunto preocupada al tiempo que regresaba a su lado.

-Sí, perfectamente –murmuro Matt.

Nunca había sido muy fanático de las alturas. Quizá la culpa la tenía su padre, que de pequeño lo obligaba a practicar rapel en cada una de sus vacaciones, a pesar de que al pequeño rubio le mortificaba ver hacía abajo. Sí, sin duda, su padre lo había traumado. Incluso los aviones le producían ese efecto.

-¿Seguro? –cuestiono, a su parecer estaba un poco pálido.

-Por supuesto –contesto Matt apartando la mirada del ventanal y dejándose caer en el pequeño sofá- ¿Quieres subir a ver las habitaciones?

-Aja… Yamato…

-Matt –la corrigió él.

-Matt –murmuró ella- este lugar debe ser muy costoso, no crees que estás exagerando.

-No te preocupes por eso, este lugar no me costo ni un céntimo.

-La herencia –no era pregunta, pero el rubio asintió.

-Es parte de lo que me dejó el abuelo, ya sabes, con la esperanza de verme hacer vida familiar –susurró, recordando las ideas extrañas de su abuelo.

Mimi asintió algo incómoda. La mirada penetrante del rubio la había turbado. Vida familiar. Vida marital. Casados. Dos.

-¿Quieres ver el departamento? –inquirió el rubio jovialmente, y sin esperar respuesta tomó la mano de la castaña y la guió por el primer piso.

La moderna cocina, la sala, el baño, el comedor, un cuarto de servicio. Esas habitaciones le gustaron a Mimi y hasta se imaginó la decoración de la sala, con ese toque modernista que a Yamato parecía gustarle y que a ella le encantaba. El rubio la llevo por las escaleras y arriba le mostró 2 habitaciones y el estudio que pensaba acondicionar con una pequeña biblioteca. El departamento parecía un lugar perfecto para una pareja que estaba a punto de empezar una nueva y feliz vida, o al menos eso pensó Mimi con ironía.

El rubio abrió la última puerta y ambos se encontraron en una espaciosa habitación. Contaba con un amplio y elegante cuarto de baño, dos vestidores y aunque aún no estaba totalmente amueblada lo que más resaltaba era la gran cama con dosel que se encontraba en la parte derecha.

-Es la habitación más grande –explico Matt-. Supongo que ésta será la nuestra.

Mimi sintió un ligero escalofrío cuando Matt aclaró ese punto. ¿Cómo que su habitación? ¿En plural? Y nítidamente recordó su conversación con Sora.

ooo oooo ooo

-Oye, Mimi –murmuró la pelirroja al tiempo que evadía con precaución el tráfico.

-¿Ehm? –contestó la castaña.

-Y… bueno… los dos años planeas… -la tez de Sora se encontraba embargada del mismo tono que su cabello.

-¿Qué?... ¿Sora? –la castaña la miró con curiosidad.

-Quiero decir –continúo Sora pensando que hablar claro era lo mejor-, que si los dos años… tienes pensado… acostarte con Yamato.

¿¡Qué!?

Los pensamientos de Mimi se desataron en una locura imparable.

¿¡Acostarse con Yamato!?

Eso jamás había pasado por su cabeza, aunque ahora que lo pensaba era natural que dos personas que se casaban…

¿¡Natural!?

No había nada natural en su relación.

Y ni loca o drogada pensaba acostarse con él.

-Mimi… Mimi –la llamó Sora.

-Lo lamento –se disculpó la castaña notando su cara caliente, señal inequívoca de que estaba sonrojada- Yo… no había pensado en eso.

Sora se dio cuenta de que había tocado un punto sensible.

-Pues quizá sería mejor que lo aclaren –y después prosiguió con voz bromista- quizá mañana no debamos a ir a buscar el vestido sino pasar a una tienda de lencería.

-¡Sora! –gritó Mimi quejándose y haciendo retumbar los oídos de la pelirroja.

ooo oooo ooo

No.

No tenía ni idea de lo que él estaba pensando acerca de ese matrimonio, pero ella no quería llegar tan lejos, desde la plática con Sora había pensado que dormirían en recámaras separadas.

Eso no iba a pasar entre ella y Matt.

-¿Nuestra habitación? –pregunto titubeante y con un ligero escalofrío estremeciéndola.

-Por supuesto –contesto Matt con naturalidad- si no te gusta la cama podemos cambiarla, además si quieres puedes decorarla a tu gusto, siempre que no se vea muy "rosa". Después de todo estarás aquí dos años, quiero que te sientas cómoda.

¿Dos años compartiendo habitación con Matt?

¿Cuántas pastillas de prozac necesitaría para hacer eso?

Mimi sintió el mismo escalofrío, pero elevado a la quinta potencia.

No pensaba estar dos años compartiendo la cama con él, después de todo había varias habitaciones.

-Que bueno que aclaras ese punto –comento Mimi-. Porque no sé qué es lo que tú estás pensando, pero yo no pienso compartir… la… la cama contigo –termino ruborizándose un poco, levantó la cara y se encontró con una sonrisa burlona de Yamato.

Desde el principio se lo había esperado, la verdad el comentario de la castaña no le sorprendía, siendo como era la chica de romántica estaba seguro de que tendría que seducirla para conseguir su boleto a la herencia.

Aunque quizá había llegado el momento de aclararle el otro punto de su contrato matrimonial, después de todo ella ya estaba atada de manos y al casarse la tendría encadenada por completo.

-¿Por qué, no? –comentó Matt probando la paciencia de la castaña, se acercó a ella peligrosamente con una sonrisa seductora y mirando fijamente los labios de la castaña.

-Porque no quiero –contesto Mimi enojada y perturbada por la cercanía del rubio.

-Prometo que te la vas a pasar bien –susurró Matt en el oído derecho de la castaña, deslizó una mano por la cintura de la chica.

Mimi lo miró asustada, por el extraño escalofrío que acaba de sentir. Observó la sonrisa de Matt.

El seco sonido de la mano de la castaña impactando contra la mejilla izquierda del rubio pareció hacer eco en la casa que aún estaba desprovista de muebles.

-No juegues conmigo –masculló Mimi furiosa, le molestaba la actitud confiada de Matt y sus insinuaciones.

Yamato la miró inescrutable, lentamente se llevó una mano a su mejilla. No cabía duda de que la menuda castaña era una chica fuerte. El reto se hacía poco a poco más interesante.

-Creo que ya es momento de que aclaremos algo –su voz fue fría y la dura mirada que le dirigió la chica no consiguió intimidarlo.

-Sí –acepto la castaña-. Y lo primero que vamos a aclarar es el asunto del sexo en nuestro matrimonio –todas sus reticencias y vergüenzas habían quedado atrás, estaba furiosa porque Matt se estaba burlando de ella.

-Me parece perfecto empezar por ese tema –contestó el rubio sonriendo con ironía.- Y ya que vamos a hablar sinceramente, no quiero que pienses ni por un momento que por mi tendría la intención de ponerte un sólo dedo encima.

Mimi abrió la boca molesta y tuvo que contenerse para no soltarle otra bofetada al observar su sonrisa socarrona.

-Tampoco creas que es mi fantasía sexual más anhelada, Yamato. A mi no me importa que estemos casados, yo no me voy a acostar contigo –sentenció mirándolo, de tal forma que el rubio supo que era momento de contarle la otra parte del trato.

Mimi, ya no tenía escapatoria.

««««»»»»««««»»»»««««»»»»««««»»»»««««»»»»««««»»»»««««»»»»«««

Hola, Hola!!

Por fin el capitulo 4 XD

Ok, la hice mucho de emoción, pero estaba medio ocupadona con unas prácticas de televisión y la verdad no me quedaban ganas de nada u.u

Pero ahora con el puente por fin soy libre!! Aunque parcialmente TT

Pero bueno, dejemos de lado mi rara vida y pasemos al fic.

Por fin Matt le dirá a Mimi la pequeña, casi ni importante condición de su abuelo… tener un baby 0

Seguro que la castaña no se lo tomará para nada bien. Y sigo con la pregunta… merece Mattie ser golpeado o.O  ??

Seguimos con lo de sólo hablar de ésta parejita, pero bueno, en cuanto se casen… veremos qué pasa con las otras parejas n.n

A todos los que leen la historia les agradezco un montón y aún más a los que dejan review!! n.n 0

La verdad es que no me imaginaba tan buena respuesta. MUCHÍSIMAS GRACIAS, ustedes me animan a continuar n.n

Siento no contestarles personalmente sus reviews, pero me alegra leer cada uno, me provocan una sonrisa, nostalgia y a veces hasta sentimiento de amenaza XD

Maoko, Santalia, Rogue Aikawa, Rashiru, Erianiita, Raven Sakura, Hiikarii.chan, Gabu-chan, Marby, Inusuki, Fanii D Flowright, Meimi, Esme-chan, Priincess Thamara Poop, SaraaOlea, Denny, Brenss, Jossangelic, Haruno-Samy, Karoru01, Sheccid Ishida y Vane.

Neta GRAX.

Como siempre les deseo suerte con su chico "abrazable" n.n

Y les recomiendo ampliamente la saga de Crepúsculo de Stephenie Meyer n.n

Matta ne

Prox. Capi.

… suena a cadena perpetua