Nos acercamos al final,

regresen al capítulo anterior si no han dejado review xD.


VII

Detenerse frente al endeble refugio fue lo que le hizo decidir.

Diarmuid no aspiraba al trono que en teoría le correspondería al casarse con Gráinne, no deseaba liderar un reino ni mucho menos pelear para obtenerlo y siendo incluso capaz de dejar de lado la lealtad que había jurado sostener… ahora, por modesto que fuera el plan, deseaba una vida propia; así que suspiró pues si bien se decía que incumplir con los geis llevaba a la perdición, vivir con miedo era absurdo y quizás aún más mortal.

Su encuentro con Lord Fionn había sido breve, sincero y habían sellado el perdón con un apretón de manos firme y una sonrisa inesperada que él correspondió con el pecho ligero; su antiguo señor le había devuelto su orgullo como Caballero y eso era algo que no esperaba recuperar.

Era un hombre libre.

Dio un golpe sobre la madera, hizo una pausa y golpeó de nuevo dos veces anunciando que era él; cosas así, pequeñas señales, les había salvado la vida en más de una ocasión.

La puerta chirrió, Diarmuid entró y encontró a Gráinne sentada en el suelo.

—Alégrate Gráinne…

Avanzó, con la emoción retenida en el pecho.

—¡Lord Fionn ha reconocido nuestro matrimonio! —la exclamación surgió como algo natural y venía acompañada de una sonrisa que contagió a la menor.

Diarmuid rodeó a Gráinne con un abrazo y suspiró suavemente cuando el cuerpo menudo se amoldó a él, devolviéndole el gesto; era ahora cuando todo comenzaba a tornarse diferente, cuando realmente podrían pensar a futuro y no sería simplemente hacer castillos en las nubes como hasta el momento.

—Me he reunido con él —le explicó—, ya no es necesario huir.

—¿En verdad?

Afirmó en respuesta, sujetándole para ponerla en pie.

—Diarmuid.

—Podrémos irnos lejos —besó las manos ajenas—, no nos perseguiran.

—Pero, mi padre…

Diarmuid negó, sabía que Gráinne no le tenía mucho aprecio a éste y que la relación se había deteriorado aún más cuando la obligó a casarse pero aún así le sabía mal hablar de las desgracias que le habían ocurrido al hombre en esos años; cualquiera en ese reino podría contarle de la mala temporada que había azotado al rey desde que Lord Fionn le retiró su apoyo, incluso oponiéndose directamente a él.

—Ya no es rey—declaró con cierta suavidad, quizás tratándo de moderar la noticia—, ha perdido ante Lord Fionn —a conciencia omitió la manera en la que estaba ocurriendo ese cambio porque no tenía sentido hablar de las crueldades de una guerra.

—¿Murió?

—Ha cedido la corona…

Y probablemente moriría dentro de poco, Lord Fionn no sería tan descuidado como para dejarle con vida y correr el riesgo de un ataque por la espalda. Al parece de Diarmuid hubiera sido mejor que el hombre muriera en batalla, con su honor intacto y no como prisionero en un calabozo o colgado como un vil ladrón; sin embargo también entendía que Fionn había sido inteligente y que exigir que fuera éste quien cediera la corona, a pesar de ya haberla ganado y poder arrebatarla, era sólo una forma de corroborar su inminente victoria… después de todo, tendría al rey de rodillas.

Y aunque esa era la situación actual del reino, era lo que menos le importaba.

Abrazó a Gráinne, la levantó del suelo y dio un giro con la chica celebrando la nueva libertad que poseían; el faldón del vestido ondeó y la voz de la menor, en esa risa, fue calentándole el pecho mientras los dedos suaves le acariciaban la nuca.

—Nos iremos —Gráinne murmuró las palabras, besando la frente de Diarmuid.

—Así es.

Podían marcharse ese mismo día si lo deseaban, emprenderían el camino hacía el este y en tres días estarían a bordo de un barco; o bien, simplemente podían dirigirse al norte y asentarse.

—¿Extrañarás el castillo? —Diarmuid lo preguntó por primera vez en esos años, y si lo hacía hasta ahora era porque la duda le preocupaba pero la respuesta lo hacía aún más.

—No.

Gráinne negó.

—Todo lo que quiero es estar contigo, te seguiré sin importar el lugar —con una pequeña sonrisa, la castaña le observó—. Soy tu esposa.

Diarmuid sonrió, reparando en la expresión sincera en los ojos de la menor; cuando se veía reflejado en éstos, no había manera de que dudara de lo que estaba haciendo y sabía que hubiera sido un gran error darle la espalda a ese sentimiento.

Apretó la mano pequeña entre la propia pues iba a asegurarse de que todo saliera bien, de que ellos tuvieran aquello por lo que habían arriesgado tanto.

Viajarían ligero, era más una necesidad que un gusto, y aunque no corrían peligro ya…, las precauciones nunca estaban de más. Alejándose de las pequeñas ciudades que aún tenían problemas internos, habían rodeado el territorio de Aran rumbo a los acantilados de Morher; las tierras altas eran un buen lugar para pasar una temporada, las grandes extensiones llenas de verdor y las olas rompiendo contra la costa resultaban algo diferente para los bosques densos en donde habían tenido que esconderse.

Además, Gráinne quería ver el mar y lo que él había descrito para explicarle la inmensidad que rugía y el olor salado que se elevaba cuando soplaba el viento, sólo despertó más curiosidad en en la menor.

Apoyando los labios contra la cabeza ajena, Diarmuid cerró los ojos mientras el corcel se movía a paso lento por el camino; él aferraba las riendas pero no tenía necesidad de tirar del animal.

Aquel era el último tramo de su viaje y comenzaba a sentirse en casa aunque no tenían un lugar exacto al cual llegar. Kerry, la ciudad que habían dejado atrás, era pacífica y se había mantenido alejada de los problemas en gran medida por encontrarse aislada; así que tal vez podrían regresar a ella, quedarse ahí.

—Diarmuid...

—Dime —murmuró, con la idea de que había pensado con mucha intensidad y que Gráinne continuaría con su idea.

—Esos hombres —la chica se inclinó hacia atrás, pegando la espalda al pecho ajeno.

Su instinto le empujó a tensarse aún antes de abrir los ojos, iba armado pero llevando a Gráinne con él no tenía ventaja.

—Son Caballeros de Fianna —Diarmuid lo notó.

Y eso no era todo, la carreta a un lado del camino se inclinó hacia la izquierda cuando el peso en su interior se dirigió a la salida; el porte y el andar, Diarmuid los reconoció de inmediato aunque el hombre vistiera ahora diferente.

La palabra emboscada resonó en su cabeza cuando Fionn sonrió y por ello desmontó, con el orgullo a cuestas.

Gráinne le observó con el terror marcado en el rostro.

—Huye y escóndete —le entregó las riendas, el potro se inquietó—. Iré por ti.

—¡No! ¡Diarmuid!

—¡Vete!

Azotó el costado del animal, éste relinchó y corrió. Esgrimó a Gae Dearg, al ser su lanza más larga, y corrió hacia los dos jinetes que avanzaban con la intención de detener a Gráinne, los derribó y sujetó las riendas de un garañón pero no logró montar pues tuvo que retroceder ante una espada afilada y un hombre decidido a pelear.

Las armas chasquearon al encontrarse, cerca escuchaba los cascos de otro corceles y cuando hirió a su enemigo, tras asentar una patada en el estómago ajeno y alejarlo, volvió a escuchar ese grito con el que alguien le llamaba. Más no pudo encontrar el lugar de donde provenía esa voz porque cuando esquivaba un golpe recibía otro, lanzaba uno y tenía que bloquear de inmediato sin bajar la guardía; el enemigo le superaba en número y pronto estuvo herido, respirando con pesadez y con herídas contadas pero considerables.

Sin embargo, por encima de esos dolores, el pasado le golpeó con fuerza; dicho en medio de la batalla su nombre se había convertido en un mal augurio; primero Klein, luego Duncan y ahora…

—¡Diarmuid! —el grito se repitió.

—¡Gráinne!

De un momento a otro se encontró rodeado y hubiera luchado, hasta vencer o morir, si la menor no hubiera sido llevada a rastras hasta Lord Fionn; éste la sujetó del brazo y tiró de ella, tratándola no como a la hija de un rey sino como a cualquier mujer que encontraba en alguna aldea y la que quisiera llevar con él.

Apretó las manos con impotencia pero bajó las armas.

Los hombres del Lord no tardaron en sujetarlo, haciéndole llevar las manos a la espalda antes de encararse con éste.

—Diarmuid, ¿creíste que olvidaría lo que sucedió con Gráinne? —inquirió con voz ronca y con odio palpable—, ¿¡qué perdonaría tú traición?

Lord Fionn arrojó a Gráinne a un costado, Diarmuid la siguió con la mirada y un segundo después se dio cuenta de que nadie le retenía; mas no pudo moverse, quiso respirar y antes de que el aire le llenara los pulmones, el sabor metálico en su boca anunció lo ocurrido… volvió la mirada hacia abajo, y el borbotón de sangre que escupió fue tan impactante para él como ver aquella mano aferrando la empuñadura de la espada que ahora tenía enterrada en su pecho.

Todo hombre moría, morir era increíblemente fácil…

Con la sonrisa de satisfacción Lord Fionn tiró de la espada hacia atrás, retirándola. Diarmuid no pudo mantenerse en pie, dio unos pasos y se desplomó sobre el pasto increíblemente verde y el cielo azul, sin nubes, sobre él.

—¡DIARMUID! —las manos pequeñas le cubrieron la herida en el pecho, manchándose— ¡No mueras!

—Gráin-…

—¡No! —Gráinne gritó cuando Lord Fionn la sujetó, apartándola.

—Díselo.

Si Gráinne había estado pálida, en ese momento perdió todo rastro de color. Diarmuid trató de moverse, luchó en contra de la pesadez que le arrastraba pero era aplastante.

—¡Te ordeno que se lo digas! —el mayor tiró de ella con rudeza, sacudiéndola sin importar si la lastimaba—. ¡Dile la verdad!

—¡No! —replicó al borde del llanto.

El Lord la arrojó de regreso al suelo, sobre Diarmuid, y con la misma espada con la que le había herido hundió la punta en la armadura rota para sacar el pañuelo ensangrentado; la alianza, apenas un arito de cuerda entrelezado, fue lo primero que Diarmuid vió cuando éste resbaló y luego contempló el manchón rojo sobre la tela.

Con esfuerzo miró a Gráinne, era casi una imagen borrosa, desesperándose con el pecho apretado y las sensaciones aglomerándose en él; la confusión se volvía más y más grande, ahogando al resto de sentimientos que buscaban lugar.

—Tu querida esposa le robó esto a otra mujer —Lord Fionn aventó el pañuelo de la misma forma en la que había soltado a Gráinne—, a una doncella tonta que confió en su señora...

Diarmuid jadeó, con expresión atormentada.

—¡Perdón! —la chica chilló la disculpa, apretando las manos de nuevo contra el torso herido—. ¡Perdón Diarmuid, yo te amaba! ¡Te amaba como nadie más te amaría! ¡Tenías que llevarme contigo!

Había sido iluso, un tonto, y un traidor por motivos injustificables.

Diarmuid la contempló con los ojos vacíos, engañado y otra vez sin honor, mas si había pensado en luchar para vivir un poco más, ya no…

Su cuerpo se sentía frío y era consciente de que iba a morir.

—Traíganla.

—¡Diarmuid! —Gráinne gritó al ser obligada a ponerse en pie, arrastrada lejos de éste y luego arrojada dentro de la carreta.

Los cascos de los caballos volvieron a ser un sonido claro, acompasado, pero ahora se alejaban de él; Diarmuid, débil por la pérdida de sangre, movió los dedos alcanzando y apretando el pañuelo mientras sentía la humedad bajo su cuerpo.

No muy lejos de ahí el mar golpeaba contra los acantilados de Moher y la idea de un hogar aún parecía real; pero, justo al final, había vivido en un mundo de mentiras y le habían arrebatado todo… incluido el honor.

..

.

—No tengo odio por nadie —añadió, mirándo a Rider—. Sin embargo, el destino simplemente fue demasiado cruel…

Lancer negó con un movimiento de cabeza, tenía nuevamente el tarro vacío pero la charla se había tornado pesada y no deseaba seguir bebiendo ni mucho menos encerrado en esa pequeña habitación.

Una charla a cada tanto, una reunión, eran cosas que no buscaba en esa vida y que en fondo no necesitaba.

A diferencia de Lancer, Rider parecía disfrutarlas…

—¿Sabes que es lo bueno de ser invocado en esta guerra por el Grial? —el Rey de los Conquistadores se reclinó apoyando las manos en el suelo, y se adelantó a responder ante el silencio de Lancer—. Es una oportunidad para que los grandes héroes se puedan conocer, de otra forma nunca estaríamos aquí.

Lancer sonrió, poniéndose en pie, vaya forma de romper con la tensión.

—Deberías de unirte a mi ejército —Rider soltó la propuesta, con una sonrisa ancha mientras llevaba de nuevo las manos al vino—, tengo grandes planes para el futuro. El mundo es inmenso, en mi época sólo conquisté una pequeña parte…

—Me temo que declinaré pero, suerte con ello.

Rider soltó una risa, confiado, mientras Lancer desaparecía ante él.

Terminó de beber sólo, apagó las luces del cuarto y aunque tropezó con un par de latas, cajas de videojuegos y bolsas de frituras haciendo ruido, Iskander se sentó en el suelo nuevamente pero ahora recargando la espalda en la cama del menor.

—Al final no conseguiste lo que deseabas…

Waver habló desde su lugar, girándo al haber despertado por el ruido y el peso que empujaba la cama contra la pared.

—Muchacho —la voz ronca de Rider llevaba un tinte feliz, y el alcohol no tenía anda que ver con ello—, ¿acaso cabeceaste?

Iskander estiró el brazo para revolverle el cabello y Waver se hundió entre las sábanas, con un mohín, sin aceptar que lo había hecho en más de una ocasión. Había sido una historia larga, con muchas pausas y él aunque sonara irrespetuoso, no recordaba mucho pues sentía los ojos pesados desde antes que Lancer comenzara hablar.

—Sé más de lo que necesitaba.

—¿Y eso cómo nos ayudará a conseguir el Grial? —Waver se descubrió medio rostro, arqueando una ceja en espera de la respuesta.

—Aún no lo sé —aceptó, al igual que lo hizo en días atras—, pero no había tenido una charla así desde hace siglos...

—¡Rider!

Waver volvió a hundirse entre las sábanas cuando el mayor le frotó la espalda como una obvia señal para que no se preocupara; suspiró, frustrado y sin entenderle, pero rendido ante el hecho de que no podría cambiar esa forma de ser.

Su Servant era así, tenía que lidiar con eso.

oOo


¿Les ha quedado un nudo en el pecho?...

En la mitología irlandesa los héroes incumplen con sus geis por culpa de engaños, eso los llevaba a morir tragicamente y traté de apegarme a eso. También… me hubiera gustado usar otra versión de la historia de Gráinne y Diarmuid pero en el anime parecen enamorados así que seguí ese detalle.

Beautiful-sadness, ve al epílogo porque no creas que me he olvidado de Saber.