Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece, son de JK Rowling.

3.- Mi ayuda

Sin previo aviso las puertas del Gran Salón se abrieron mostrando a nuevos jóvenes magos alumnos del colegio Hogwarts, dando así por sentado el inicio de un nuevo ciclo escolar.

Hermione Granger alumna modeló, prefecta de Gryffindor y muy seguramente Premio Anual, se encontraba mirando asqueada a su amigo Ronald y a su novia Lavander quienes estaban mirándose y murmurándose cosas melosas al oído.

La Gryffindor los miró negando con la cabeza, más le quitó importancia al recordar la última carta que había recibido de Viktor. Ella se había puesto prácticamente a gritar, definitivamente los dos se habían transformado en buenos amigos.

Centró su atención a la ceremonia de selección.

Lejano a la mesa de Gryffindor, un hombre se encontraba muy atento a lo que decía la Jefa de Gryffindor, concentrando sus sentidos en la selección.

El profesor Severus Snape escuchaba con una claridad irreal las palabras de Minerva, el profesor se lamentó: ya no podía atemorizar a sus nuevos pupilos con la mirada "ni verlos" pensó después.

Mantenía los ojos en sus piernas, evitando así que descubrieran su mirada desenfocada.

Se limitó a escuchar los nombres de cada uno de los niños.

Cuando por fin el sombrero seleccionador terminó de colocar a los jóvenes en sus casas, fue el turno del Director Dumbledore de hablar.

– Bienvenidos al colegio Hogwarts en un año más de clases, hemos considerado prudente decirles que hemos tenido muchos inconvenientes en el verano, tengan cuidado...les recuerdo que el bosque prohibido está restringido completamente.

Algo más… espero puedan adaptarse a los cambios que tendremos este año– Ante esto, Severus sonrió de una manera un tanto extraña "Cambios demasiado extremos" – pensó.

No podía. No iba a poder y lo sabía.

Paso la última semana aprendiendo la ruta de las mazmorras al Gran Salón, la enfermería y el despacho de Dumbledore, así como su aula de pociones… Una semana eterna para él,sin duda alguna.

– Bien y sin más ¡Que comience el banquete! –mencionó alegre el director.

Aparecieron en las mesas diferentes platillos que lucían deliciosos.

–Genial–pensó Snape

El profesor de Pociones era demasiado orgulloso como para pedir ayuda alguna, aunque en verdad la necesitaba, aun no podía tomar un plato ni un vaso entre tantos; sí movía su brazo, corría el riesgo de tirar algo.

Tenía que aceptarlo, le había costado bastante llegar por sí mismo hasta el Comedor sin hacerse algún daño, pero comer enfrente de todos sin saber donde se encuentran las cosas, eso definitivamente sería lo más complicado.

Murmuró maldiciones por lo bajo dirigidas hacia Albus, quien le había convencido de aparecerse en la cena. Gran error. ¿Cómo pudo convencerle de quedarse en Hogwarts como profesor si no podía calificar ni el mugriento trabajo de Longbottom?

De repente un "PLOP" le sacó del letargo en el que se encontraba preso.

– ¿Profesor Snape, señor?

Severus prestó mucha atención a la voz chillona que le llamaba, al parecer un elfo del castillo.

– ¿Si? –Preguntó impaciente, se sentía demasiado incomodo en ese momento, tan rodeado de gente, sin poder ver absolutamente nada.

–Señor, el profesor Dumbledore ha enviado a Falco para que Falco le pregunte que desea cenar señor.

"Viejo zorro, no se le escapa ninguna"

No tenía muchas ganas de permanecer demasiado tiempo ahí, así que se limito a pedir al elfo algo de pavo, café negro, ensalada y un poco de pastel de calabaza.

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Hermione desvió la mirada que tenía depositada en su plato hacía la mesa de los profesores y la escena que presenció la extraño de sobremanera.

El profesor Snape estaba sentado con la vista fija hacía enfrente, se encontraba a un lado de la profesora Mcgonagall, parecía muy ausente, pues su mirada no enfocaba ningún objeto. Pero lo más extraño para ella se presentó cuando la mano de Severus fue palpando la mesa hasta entrar en contacto con un vaso de zumo, el profesor no miraba el contenido que bebió rápidamente para después tomar con bastante cuidado el tenedor que se encontraba en la mesa, de nuevo palpando la superficie para encontrarlo y continuo comiendo con demasiada lentitud.

"Que extraño está actuando "pensó la castaña "parece que esta… no, no puede ser"…desechó sus pensamientos rápidamente y volvió a encontrar muy interesante el vaso de jugo de zanahoria que estaba tomando.

– ¿No les parece que Snape está actuando muy extraño? – preguntó Ginny extrañada, minutos después de los pensamientos de la prefecta.

–Sí, milagrosamente no me ha echado su típica mirada de odio. Ya empiezo a extrañarla–añadió Harry dramatizando.

–Es como, como…no es muy estúpido. Olvídenlo– concluyó la menor Weasley.

Y sin más, el tema de conversación cambio radicalmente.

La cena pasó sin más contratiempos y todos los alumnos se fueron a sus respectivas casas. Hermione como prefecta que era, ayudo a los nuevos alumnos a llegar a sus dormitorios.

¿Por qué Snape actuaría tan raro?

Lo obvio se hizo presente en sus cavilaciones. Estaba ciego… pero sonaba muy increible. ¿Así daría clases a la mañana siguiente?

Y no pudo dormir, sintiendo ese huequito característico de la preocupación… se levantó de la cama sin hacer un solo ruido y se dirigió a dar vueltas por el amado castillo.

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Snape se retiró esquivando a sus colegas con maestría.

No le gustaba para nada el trato que le brindaban así que prefirió salir rápidamente del gran comedor, guiado por su bastón hasta las mazmorras (El cual utilizó hasta que estuvo seguro que no se encontraría con ningún alumno descuidado), en donde ya conocía perfectamente el camino hasta su habitación.

Cuando se topó con la orilla de su cama, giró con cuidado y se sentó, se sacó los zapatos para más tarde tumbarse agotado cubriéndose con las mantas, hasta que el sueño le venció mientras maldecía su primera hora al día siguiente: Doble hora con Gryffindors y Slytherins de séptimo grado.

Una hora más tarde, se dio cuenta de que esa noche no descansaría en absoluto…

Se levantó y salió al pasillo. Para él era totalmente igual la noche y el día. Pero por la noche, era libre de recorrer el lugar a tientas.

Llegó hasta un pequeño jardín cercano al corredor dirigido a la clase de Herbolaría. O al menos eso le parecía. Hogwarts tenía muchos pasillos, corredores, aulas, si no tenía cuidado, acabaría perdido y sin salida alguna.

Se sentó en lo que parecía un tronco. Hoy la luna debía de verse maravillosa… jamás se había percatado que esos pequeños detalles ayudaban a quererse levantar por las mañanas. Ahora deseaba que no existiera ese mañana. Dobló el batón y lo dejó a su lado.

¿Qué rayos haría mañana?

Entre sus caminatas, vio a alguien en el pasillo, de pie.

Se acercó cautelosamente… el hombre camino tambaleante hasta un parquecito instalado dentro de los pasillos, se sentaba lentamente en un tronco del pequeño jardín, bañado de brillantes rayos de luna, lo que ayudó a confirmar sus suposiciones.

Era el profesor Snape.

Pero lo que más le sorprendió fue el aparato que llevaba en mano. El bastón para ciegos.

Se llevó las manos a la boca, sorprendida. Era verdad

Snape encerró sus manos entre su cabeza, desesperado. Poco tiempo después, se encorvo hacia delante.

Antes de que Hermione pudiera decidir qué hacer, el hombre comenzó a gritar, sosteniéndose el antebrazo izquierdo, parecía sufrir un dolor terrible. La joven brinco asustada, reprimiendo un alarido de miedo.

Tenía que ayudarle pronto. Utilizando su veloz mente, murmuró un hechizo, pensando en la jefa de Gryffindor.

– ¡Pro…! – Su voz le resultó irreconocible, era la de su profesora de Transfiguración, quien definitivamente no llamaría, profesor Snape al hombre, estando completamente solos.

– ¡Severus! – El hombre continuaba gritando y cayó sin más de rodillas al suelo. – ¿Qué sucede? ¡Déjame ayudarte! – grito la mujer al no escuchar respuesta en el profesor de pociones. La joven destapó la manga del profesor, intentando por todos los medios que no notará la textura de sus manos o la vestimenta que llevaba. Sus manos temblaban y no podía pensar con la respiración de Snape en su oído. La marca sangraba y parecía quemar la piel del hombre.

–Vete, Minerva. Me…-Me parece que solo es un recordatorio, de lo que hice

–Tengo que llevarte a enfermería, Severus. Vamos–Snape se opuso resistencia alguna. Debía de dolerle mucho. La joven le ayudó a levantarse y tomó el bastón que se encontraba en el improvisado asiento.

"Mione, sabes lo que te hace si te descubre"

"Eres niña muerta"

¿Por qué Minerva es ahora más bajita que normalmente? – Se permitió preguntar el profesor de pociones entre el dolor de la Marca Tenebrosa.

La castaña rogó internamente que Madame Pomfrey no le aludiera como: "señorita Granger"

Cuando llegaron a la enfermería, Poppy iba saliendo de los cuartos en los que se atendía a los alumnos. Distraída, se giró a mirarles, abriendo los ojos con sorpresa al notar el débil andar de Snape.

–Poppy, es Severus su antebrazo, está sangrando

El rostro de la enfermera se sorprendió ante la voz de Hermione. Pero era obvio que Severus no sabía que la era la joven y no Minerva quien le conducía.

Las preguntas podía hacerlas más tarde.

Se acercó rápidamente a Snape, quien se sostenía en la pared. Le tomó del brazo, conduciéndole dentro del cuarto.

Le ayudó a recostarse en la cama y a detener la hemorragia en el brazo. Le dio una poción para el dolor, para dormir sin sueños.

–Descansa, Severus. Duerme

Se alejó de la cama, llamando a Hermione a un sitio alejado de Severus.

–Gracias, Hermione– murmuró suavemente– De verdad, gracias.

–Madame…

– Las preguntas mañana, ahora ve a dormir.

La joven obedeció. Cuando llegó a su dormitorio, no pudo conciliar el sueño. Y notó entre sus manos, un fino bastón negro.