Aclaración: Los personajes pertenecen a CLAMP.
La Promesa
Capítulo 3 "Desesperación y Melancolía"
Había arribado a su departamento con la mente corroída, descontrolada. Se caracterizaba por ser un hombre de una gran inteligencia, bueno para los negocios, pese a su juventud el nombre de 'Syaoran Li', era reconocido en toda Asía. Sin embargo, su arrogante frialdad y la agudeza para realizar las transacciones comerciales más complejas, se habían llevado toda su inteligencia emocional, desde hace un par de años.
Estaba desesperado, las imágenes de Sakura no lo dejaban en paz. Tenía que encontrarla, pero se sentía impotente al no saber por dónde comenzar. Se merecía las mil penas del infierno, lo sabía. Pese a ello, no estaba preparado para dejarla ir, para no saber si ella y Miu estaban bien. Era cierto que se había portado como un canalla, pero la amaba, había sido un mal hombre comportándose como lo hizo, los celos habían hecho mella en él, en su capacidad de ser honorable. Todos hablaban mal de ella, todos decían que se acostaba con cualquiera.
—¡¿Por qué nunca lo negaste, maldita sea?! —gimió e intentó calmarse. Debía mantener la cabeza fría—. Si tú me hubieses explicado, todo sería tan diferente —se lamentó.
Aunque sabía que no podía imputarle la culpa a ella. Él era el culpable. Sólo él.
Se paseó por la sala de estar y se dirigió al mini-bar, sacó la botella de whisky que su mejor amigo le había enviado desde Inglaterra. Abrió la botella y directamente de ella comenzó a beber cuantiosamente. El líquido quemó su garganta e hizo que pequeñas lágrimas se juntaran en la cuenca de sus ojos, pero no importaba. Soltó la botella y se derrumbó en unos de los sillones.
«Definitivamente, soy un idiota»
Su mente divagó, lo quisiera o no, en sus recuerdos con Sakura. En aquellos dolorosos, aquellos donde él la despreció tanto. Aquellos que sabía jamás podrían rehacer. No importaba cómo, pero haría todo lo posible para encontrar a Sakura y decirle todo lo que sentía, todo lo que siempre se negó.
Comenzó a enumerar sus errores y provisto de sus memorias empezó a recordar.
A partir de su regreso a Tomoeda, en búsqueda de la muchacha que en años anteriores lo había conmovido como nadie había logrado hacerlo; se había encontrado con un panorama tan distinto al que pensó que hallaría.
Había estado preocupado por ella demasiado tiempo, la pérdida de contacto de un momento a otro, no hizo más que impacientarlo. Sentía que la frustración de no poder saber qué pasaba, lo carcomía por dentro. Odiaba el hecho de no poseer contacto con ninguno de sus antiguos compañeros, que pudiesen darle luces sobre su Sakura. Con la única que había mantenido cierto contacto era con Daidouji, pero ella tampoco tenía idea alguna del paradero de su amiga.
Se inventó mil excusas que pudieran explicar el por qué de su nulo contacto, había algunas muy razonables, otras que rayaban en lo absurdo. Pero una voz susurrante, baja y casi hipnótica; se colaba cada vez un poco más, le hablaba de aquella muchacha, de cómo simplemente lo había olvidado, quizás se había enamorado de alguien más y fue incapaz de ser sincera. No obstante, él se había mantenido esperanzado y, aunque costaba cada día más, acallaba esa voz. Se llenaba de sus recuerdos felices con Sakura, de sus sonrisas brillantes, de cómo lograba calentar su corazón sólo con el roce de sus manos.
Intentó infructuosamente, convencer a su madre de dejarlo ir a Japón. Era un chiquillo de casi dieciséis años y no tenía el poder económico, ni el poder legal para poder salir del país. Eso lo desmoralizó, se concentró en sus estudios y de cierto modo, se fue cerrando con todos quienes lo rodeaban. Pasó un año, casi sin hablar con nadie. Se sentía molesto con su madre, con Sakura y a veces con todo el mundo. Sólo necesitaba saber de ella, era tan necesario como lo era respirar.
Un día al llegar a casa, con su típica mueca de molestia, cruzó el vestíbulo de su casa. Pretendía estudiar un poco, a eso reducía su vida: Levantarse, ir a clases, estudiar o leer, entrenar y dormir. Repitiendo el ciclo cada día.
—Xiao Lang —llamó su madre, quien se encontraba acomodada en un sofá—. Quiero hablarte.
Syaoran se dirigió donde estaba su madre y con una reverencia se plantó frente a ella, sus ojos no mostraban ninguna emoción, ni para bien, ni para mal.
—Debo decirte que desde un tiempo he notado que no eres feliz, ¿quieres decirme qué pasa? —preguntó Ieran a su hijo.
—No pasa nada, madre —discrepó el muchacho, con su tono insustancial.
—Es por esa muchacha —afirmó la mujer—. Nunca pensé que el prohibirte volver a Japón, repercutiría tan negativamente en ti —admitió con su tono riguroso, que trataba de ocultar la preocupación que sentía, al ver a su hijo cada día más lejano.
La mirada sin brillo de él fue toda su respuesta.
—Soy tu madre —continuó la mujer—. Quiero tu felicidad y la de tus hermanas más que cualquier otra cosa —confesó y se puso de pie, tomó ambas manos de Syaoran—. Sé que puedo parecer fría e inflexible, y en cierto modo lo soy. No obstante, ustedes, mis hijos, son lo más importante en mi vida, Xiao Lang —hizo una breve pausa y miró directamente los ojos de color ámbar de su hijo, era tan igual a su padre—. Permitiré que regreses a Japón, te falta un año de preparatoria aún; sin embargo, quiero que comiences a trabajar en nuestra sucursal que tenemos allí.
—¿Habla en serio, madre? —murmuró perplejo.
—Claro, jamás bromearía con algo así —musitó y una sonrisa se asomó por la comisura de sus labios—. Prepara tu equipaje, volverás a Japón la semana entrante.
Lo primero que había hecho, al llegar a Tomoeda, fue ir a casa de Sakura. La vivienda se encontraba providencialmente abandonada, los vidrios estaban rotos, en algunas partes. La maleza estaba demasiado crecida y el arreglado jardín del señor Kinomoto, estaba a muy mal traer.
Una corazonada de algo siniestro, lo inundó. Intentó adentrarse a la propiedad, pero sólo logró llegar hasta el 'jardín'. Todo estaba cerrado, sin rastro de vida.
Había pensado que tendría que contratar a algún detective o a alguien para averiguar qué había ocurrido con la familia Kinomoto. Pero el destino siempre se había reído de él en su cara, y se había encontrado con Sakura mucho antes.
Aún podía palpar todas las sensaciones que aquel encuentro provocó. Se había matriculado en la preparatoria Seijo, la cual estaba al lado de la primaria Tomoeda, donde había estudiado, durante su anterior estadía.
Sus pasos resonaban al andar por aquel limpio y pulcro pasillo de la preparatoria, cursaría allí su último año. Las alumnas más osadas le sonreían tasándolo y guiñándole el ojo en algunos casos, otras simplemente se sonrojaban cuando por casualidad la mirada de Syaoran se cruzaba con las suyas. Él correspondía cada muestra de 'compañerismo' arrugando su frente y tensando la quijada, la palabra "aléjense" podía perfectamente leerse en su frente. Pero pese a lo que la lógica dictaba, esto parecía tener el efecto contrario, pues los murmullos y risitas tontas, se expandían como un ensordecedor cuchicheo que le tensaba los nervios. Odiaba ser el nuevo, de eso no había duda.
Luego de hablar con el director, quien se había mostrado emocionado de tenerlo como alumno, lo había guiado hasta su nuevo salón.
Una vez que estuvo frente a la clase, escribió su nombre en el pizarrón y se presentó a los que serían sus nuevos compañeros:
—Soy Li Syaoran, espero que seamos buenos compañeros —comentó con desganó, debería estar contratando a un detective que le permitiera saber que había pasado con Sakura, pero había hecho un trato con su madre y él sabía que cuando un Li daba su palabra, siempre hacía todo lo posible por cumplirla.
—Señor Li —comentó el profesor de anteojos, regordete y de semblante serio—. Veamos, veamos, ¿dónde se sentará? —se preguntó a sí mismo, mientras deslizaba su dedo índice sobre el puente de su gruesa nariz, gesto que, con el tiempo sabría Syaoran que, el profesor Gansai hacía con regularidad—. Siéntese al lado de la señorita Madarame. Señorita levante su mano, por favor.
Syaoran rebuscó y la vio. Encogió los hombros y se dirigió al último pupitre, de la fila de la ventana, había dos puestos vacíos, pero él obedientemente se sentó en el último, al lado de la chica señalada. Acomodó su mochila, prácticamente se echó sobre la silla y puso los codos en la mesa. Agradecía el hecho de que le hubiese tocado estar al lado de la ventana, tendría distracción el resto de la hora de clases.
Estaba ensimismado en sus pensamientos, cuando un susurro suave y femenino, inundó sus oídos.
—Espero que te sientas cómodo en esta preparatoria —señaló la muchacha de al lado—. Mi nombre es Yukiko Madarame y estaré encantada de ayudarte en lo que sea —señaló la joven y un sonrojo, muy parecido al que siempre atacaba a Sakura, inundó sus mejillas. Su estomago se contrajo de ternura, sin darse cuenta, se encontró sonriéndole de vuelta.
Cuando iba a responder, unos golpes en la puerta irrumpieron el salón. Todos permanecieron inmóviles, atentos a la reacción del señor Gansai. El profesor movió la cabeza negativamente y abrió la puerta de un sopetón.
—No sé por qué no me extraña que sea usted, señorita Kinomoto —vociferó sardónico el maestro. Syaoran sintió que su corazón se detenía por completo, pese a que no alcanzaba a ver si esa 'señorita Kinomoto' era su Sakura, su cuerpo se tensó y los nervios se intensificaron.
—Lo siento, lo siento, señor Gansai —se escuchó una voz apenada y femenina, muy femenina—. Intentaré que no se vuelva a repetir —prometió la misma voz. Syaoran observó cómo algunos alumnos hicieron un gesto de diversión, otros de incredulidad, al parecer no era la primera vez que esa muchacha prometía algo así.
—Señorita Kinomoto, creer en sus promesas es un ejercicio inocuo. ¿Cuántas veces me lo ha prometido ya? —siguió el profesor con su tono beligerante.
Syaoran se quedó atento pero no escuchó nada más por unos instantes, quería ver si esa muchacha era su Sakura. Hasta que la misma voz suave se disculpó nuevamente.
—De veras lo siento, señor —indicó la joven y su tono parecía más asfixiado que antes.
Vio como el profesor rodó los ojos y se hizo a un lado, para agregar:
—Mejor pase, señorita. No pienso perder más tiempo de mi clase, conversando con alguien tan irresponsable como usted.
Cuando la vio entrar, su mundo se detuvo, al igual como lo había hecho su corazón instantes antes. Venía mordiéndose el labio profusamente, cosa que sabía que hacía cada vez que estaba nerviosa, su rostro era una oda al color carmín. Vestía el uniforme de la preparatoria, aunque le quedaba un poco grande. Apretaba con ahínco la manilla de su bolso, con la cabeza un poco gacha, la vio rodear todo el salón y dirigirse donde estaba él.
Con cada pasó que daba, Syaoran sentía que volvía a vivir. Era ella, Sakura. Su Sakura. Aunque no se encontraba arreglada, el joven Li pensó que era la mujer más linda que hubiese visto alguna vez, los años que habían estado separados, la habían embellecido mucho más de lo que su imaginación se atrevió a predecir. Tragó grueso y carraspeó un poco. Ella seguía avergonzada y no se había percatado de su presencia.
Instantes antes de llegar a su altura, ella levantó la vista y sus miradas se cruzaron. El color rojizo de su rostro desapareció alarmantemente rápido, dando paso a una anormal palidez en el rostro de cualquier persona. Soltó su bolso ante la sorpresa, cayendo aparatosamente, esparciéndose todo el contenido en el suelo. Se escucharon algunas carcajadas y burlas, aunque bastó una sola mirada del maestro para que éstas cesaran.
Como una especie de trance ella se acuclilló en el suelo y comenzó a recoger cada una de sus pertenencias, las manos le temblaban notoriamente. Syaoran la vio hacer eso y no pudo refrenar sus acciones, de un momento a otro, estaba hincado junto a ella ayudándola.
—Esto es demasiado para mí —masculló el profesor—. ¿Acaso no puede ser menos torpe? —señaló con un tono mordaz, apuntando a Sakura—. Y usted, ¿quién le dio permiso para ponerse de pie? —preguntó directamente al muchacho.
Syaoran lo miró con despreció, ese tipo o estaba de mal humor, o era un hijo de puta. Cualquiera de las dos respuestas daba lo mismo, en esos momentos si las miradas mataran, la preparatoria Seijo tendría un maestro menos.
—¡Responda! —explotó el anciano, ante la mirada desafiante del joven. Como Syaoran no respondió, optó por lo más simple— Vayan los dos a detención escolar. ¿Cómo es posible que no sepan comportarse en clases? —arguyó verdaderamente cabreado.
El joven Li ayudó a una nerviosa y pálida Sakura a ponerse de pie. Salieron del salón, la muchacha caminaba atropelladamente, silente y ausente. Syaoran la seguía en silencio, era incómodo, pero no sabía cómo iniciar la conversación que ambos sabían que tenían pendiente. De repente ella carraspeó y con voz apenas audible murmuró:
—Lamento que te hayan castigado por mi culpa —su rostro se encontraba escondido con el largo flequillo de su cabello, el cual le llegaba un poco más debajo de los hombros.
—Veo que tu antigua costumbre de llegar tarde no ha cambiado —comentó Syaoran, tratando de distender el ambiente. Pero no funcionó, ella se mordió el labio increíblemente nerviosa. Era un gesto inocente pero que hizo que las entrañas del muchacho se removieran violentamente, movió la cabeza negativamente y decidió ser sincero—. Debemos hablar.
—Lo sé —musitó ella.
—Saltémonos la detención —propuso— ¿Sabes de un lugar donde podamos hablar?
—Sí.
Si desde ese momento en adelante hubiese actuado como una persona racional, todo sería tan diferente. Pero no, tuvo que dejarse llevar por el 'qué dirán'. Actuar como un estúpido. ¿Y era él quien se burlaba de la gente que se dejaba llevar por chismes?
Había demostrado que su capacidad de hacer juicios era tan buena, como la casera de los departamentos donde vivía Sakura.
Se hundió en el sofá, ojala la tierra se abriera y se lo tragara. Tenía largas horas por delante y poca fe. De veras no tenía idea de qué acción tomar.
«¿Dónde puedo buscarte, Sakura?»
…
En bus arribó con un leve retraso, pasado de las siete de la mañana, a Osaka. Bajó del bus con el cuerpo entumecido. Miu seguía durmiendo en sus brazos, y un amable señor la ayudó a hacerse del equipaje.
Cuando se dirigía a tomar un taxi, pudo ver su reflejo en un gran espejo situado en unos de los pilares del terminal. Tenía unas grandes marcas bajo los ojos, su cara lucía muy pálida, casi translucida. Soltó su cabello y lo alisó con las manos, eso ayudaría a que su aspecto mejorará.
Se acomodó en el taxi y pidió que la llevaran al barrio residencial que había visto en internet, el precio era aceptable para su alicaída economía, y permitían niños pequeños. Las dos variables más importantes en la búsqueda de Sakura, para un lugar donde vivir. Al menos, temporalmente.
Rentó un pequeño departamento a la amable anciana encargada de la administración. No era lujoso, pero tenía lo mínimo para vivir. Mientras tanto, tenía asegurado el pago de éste por dos meses.
Era temprano, así que luego de cambiar a su hija y vestirla con su pijama favorito, la acomodó en la cama de plaza y media. Ella procedió a hacer lo mismo y se quedó profundamente dormida.
Despertó porque sentía que alguien le besaba las mejillas con esmero y también con un poco de rudeza. Cuando abrió los ojos, Miu sonreía con legítima alegría.
—Buenos días, mi niña —susurró la muchacha.
—¡Mami! —chilló la menor, encantada de que Sakura ya estuviera despierta. Sin embargo, luego bajó su mirada y murmuró—: Perdóname por despertarte.
—No pasa nada, mi cielo. Sabes que a mamá le encanta despertar con su princesa favorita cada día —le contó mientras destapaba la barriga de la niña y comenzaba a hacerle cosquillas.
Las risas de Miu inundaron la habitación. Sakura amaba con todo su ser a su hija. Daba gracias cada día, a la vida, a Dios o al destino, porque Miu hubiese sanado de su enfermedad.
—¿Tienes hambre, pequeñita mía? —resopló, ya que la risa de Miu también la hacía reír a ella.
—Sí, mamá —respondió la niña, con la voz entrecortada por el esfuerzo que había supuesto reír tanto tiempo.
—¿Quieres que te prepare algo especial? —preguntó Sakura, casi segura de la respuesta.
—¡Sí! —chilló la pequeña y saltó de la cama— Quiero manzana, así como tú sabes.
La sonrisa de la muchacha de ojos verdes, fue genuina. Desde mucho antes de nacer, cuando Rika comía pedacitos de manzana untados en azúcar, Miu siempre se movía en el vientre de ella. Y al crecer eso no había cambiado, no había mejor premio para Misame que comer trocitos manzanas de esa manera.
Gracias a Dios, había llevado algo de mercadería, loza y cuchillería de su antiguo hogar, de modo que no fue difícil llevar a cabo el pedido de la niña.
Mientras la niña comía, Sakura se dedicó a observarla. Era tan hermosa como Rika y quizás había heredado mucho de su buen carácter, Miu era una pequeña muy sociable y dulce. Se sentía afortunada de tenerla.
No se dio cuenta de que la niña le devolvía la mirada, con un gesto que siempre tenía cuando quería preguntar algo.
—¿Qué pasa, cariño? —preguntó Sakura.
—Mamá, ¿aquí podremos seguir viendo a tío Syaoran?
La joven sintió que los colores abandonaban su cara, se había hecho a la tarea de guardar bajo un millón de llaves, todos los recuerdos que llevaran impreso el nombre de 'Syaoran Li'. Pero se daba cuenta, que la más mínima alusión a su nombre era la clave para que esas memorias se pasearan por su cabeza, como si fueran las dueñas de ella. Con mucho esfuerzo inspiró para que la pequeña no notara su turbación. Carraspeó y se afirmó una mano con la otra, con la intención de que no se notara el temblor del que eran víctimas.
—¿Tío Syaoran? —balbuceó, intentando vagamente recobrar la compostura.
La niña la observó con interés, aunque parecía que no se había percatado de los nervios de Sakura. Simplemente se limitó a asentir mientras degustaba un trozo de manzana.
—No lo sé, cariño. Tío Syaoran vive muy lejos de aquí, de modo que se le haría difícil venir a vernos —mintió y apretó sus labios, generando una línea recta, tratando de calmar los demonios de dolor, que sonreían implacablemente ante la debilidad de Sakura.
—Entonces, ¿no volveremos a verlo? —preguntó la pequeña, en apenas un susurro de voz. Sakura observó como los ojos de Misame se pusieron brillantes de lágrimas y se odio a si misma por causarle pena.
—No llores, mi niña —pidió a Misame y la atrajo hacia sus brazos, entrujándola delicadamente entre ellos.
—Es que yo quiero mucho a tío Syaoran, mamá —sollozó.
—Cálmate, princesa. Ya verás cómo podremos verlo pronto, otra vez —volvió a mentir, haciendo que la opresión de su pecho aumentara.
—¿Lo dices enserio, mami? —murmuró con evidentes signos de recuperación.
—Claro.
—¡Yupi!
Pasaron los días rápidamente, Sakura vivía un infierno cada noche. Era complicado acallar sus sentimientos por la madrugada. En el día lograba mantener a raya cualquier pensamiento o sentimiento que tuviese que recaer en él. Pero por las noches esa bestia se desataba y maltrataba sin compasión lo que quedaba de su alma. Era imposible no recordar su perfil, la forma tan endemoniadamente hermosa de sus ojos, el color intenso que tenían cuando la besaba. Dios, daría cualquier cosa por olvidarse de su amor por él. Pero ese sentimiento pese a todo prevalecía, como una hermosa flor en medio de las ruinas de lo que alguna vez fue su vida.
«Tengo que olvidarlo»
Se repetía cada mañana al levantarse, y descubría en la noche que su lucha diaria había fracasado. El insomnio, su fiel compañero, se burlaba de ella y le susurraba que batallaba contra lo imposible. Que lo dejara estar, lo amaba y punto. Con carcajadas le decía que eso no cambiaría. Sin embargo, ella se empeñaba en intentarlo. Ya Li le había arrebatado todo, pero también, le había permitido continuar con la vida de Misame. Entonces no podía odiarlo, pero tampoco quería amarlo, se encontraba en un perpetuo purgatorio; que con frecuencia la llevaba a preguntarse: qué es lo que había hecho tan mal para estar en esa situación.
Luego sonreía al ver la respiración acompasada de su hija, que dormía a su lado. No podía ser tan malagradecida. Caminaría sobre cenizas de fuego por ella. Le bastaba con saber que ella, su niña, estaba feliz y sana. No podía pedir más.
Daba igual si no volvía amar a otro hombre, la sola idea le daba nauseas. No importaba si nunca podía olvidarse de Syaoran. Insistía que luego de la milagrosa recuperación de la pequeña, ella no podía esperar más de la vida.
Irrevocablemente, sus pensamientos recayeron en su reencuentro con Syaoran, ella intuía que si hubiese sido honesta con él y no se hubiera dejado llevar, quizás las cosas serían diferentes. Pero una promesa no se podía traicionar, más cuando Rika le había hecho jurar que jamás revelaría lo de Misame.
Nunca entendió muy bien, porque era tan importante que nadie supiera que estaba embarazada, ella ninguna vez se lo reveló. Decía que a veces la ignorancia de algunas cosas nos mantenía a salvo. Después de insistir muchas veces, Sakura aceptó que ese secreto no lo compartiría con ella.
Su mente divagó nuevamente en sus recuerdos con él. Luego de que lo echaran, a ella y a Syaoran, del aula. Se dirigían a la detención escolar. Caminaba cabizbaja, con millones de pensamientos burbujeando en su cabeza. Estaba aterrada, sabía lo que sus compañeros solían decir de ella. Hablaban de que se había prostituido y que su hija era un fruto de sus actividades perniciosas. Otros decían, que la había embarazado un hombre mayor y que luego la había abandonado. Había otras versiones, pero cada una tenía mucho de morbo y poco de realidad.
Las chicas rehuían de su presencia, no querían involucrarse con alguien como ella. Los chicos se acercaban con segundas intenciones, intentando conseguir lo que otros insistían en haber logrado. Motivos por los cuales, había pasado por la preparatoria sin hacer amistad con nadie.
Cuando Syaoran le propuso saltarse la detención, ella creyó que sería lo mejor. Poder decirle cuanto antes, que ella tenía una hija, contarle porque había dejado de comunicarse con él. Hablar como habían sido sus últimos años de su vida. Decirle que lo amaba, aún.
Caminaron por un pasillo, hasta llegar a la azotea del edificio. Nada más cruzar la puerta de emergencia, Sakura sintió que los brazos de Syaoran la rodearon desde atrás.
—Te he extrañado, Sakura —susurró mientras su rostro descansaba en la curva de su cuello femenino, se permitió inhalar todo el aroma de su cabello, seguía oliendo tan bien como recordaba.
La muchacha respondió esa muestra de afecto, se volteó y abrazó también a Li, deslizó sus manos hasta los omoplatos de él, su espalda estaba más musculosa que antes, estaba muchísimo más alto y su rostro seguía tan guapo como sabía que era.
—También yo —se limitó a decir, dejando que su cabeza descansara en su firme pecho.
No hubo mucho más que decir, sus bocas se buscaron con desesperación, intentando sellar un conjuro que sabían que jamás podrían romper. No fue un beso amable, ni lento. Fue un cúmulo de sensaciones que los llevó a sucumbir a ambos, olvidándose completamente de donde estaban.
—¿Volviste por mí? —preguntó ella sin dejar de besarlo, notando como las cuencas de sus ojos se llenaban de lágrimas por la emoción.
—Te dije que lo haría, estaba desesperado por saber de ti, ¿qué pasó para que dejaras de comunicarte conmigo? —indagó, pero no permitió que le respondiera, pues la besó fervorosamente antes de ello.
Las manos de Syaoran, recorrieron su espalda y se detuvieron en su cintura. Los labios de ambos seguían pegados, la fogosidad fue apoderándose de la situación. Sakura entreabrió sus labios y la lengua de Syaoran barrió hacia su interior, las salivas se mezclaron y eso fue suficiente afrodisiaco para que la muchacha comenzara a suspirar. Syaoran la apretó más hacia él, dejando que los milímetros que los separaban fueran prácticamente nulos, era demasiado el tiempo que había necesitado hacer eso, simplemente no podía contenerse, Sakura jadeó.
Las manos de ella se hundieron en el cabello de él, poseía la misma textura que antes. Siempre había amado sus ojos, pero si se trataba de hacer una lista, el cabello de Syaoran era, también, uno de las cosas que más le gustaban. Su eterno cabello desordenado, sus mechones rebeldes que se negaban a permanecer peinados, ella amaba cada aspecto de aquel muchacho.
Seguían besándose, sin detenerse siquiera a respirar, trabajosamente tomaban aire cuando se separaban levemente, instantes casi inexistentes, que les permitían seguir con su unión.
Tanto ella como él, se encontraban perdidos. Era como si el tiempo fuese sólo un detalle sin importancia, querían seguir así por toda la eternidad.
El ruido que provino de la misma puerta que ellos habían cruzado, logró hacerlos volver a la realidad. Sakura se separó de inmediato y de un saltito se puso a una distancia prudente del muchacho que aún seguía pasmado.
La mirada penetrante de una de sus compañeras, los observó con algo que Sakura definió como rabia, aunque luego lo dudó, porque su expresión cambió por una sonrisa dulce, que no convenció a la menor de los Kinomoto. El apellido de esa compañera era Madarame. Nunca había hablado con aquella muchacha, pero Sakura sabía que su persona no era de su agrado.
—Kinomoto —llamó su compañera—. He andado buscándote, uno de los profesores me pidió que te buscara ya que informaron en dirección, que tu hija sufrió un accidente en la guardería.
Sakura sintió que la tierra se abría y se la tragaba viva. Enfrentó la mirada de incredulidad que le dio Syaoran, pero no podía quedarse a explicarle. La preocupación de que algo le hubiese pasado a Misame era más fuerte.
Entonces se echó a correr, pero Syaoran la detuvo de uno de sus brazos, dándole un agarre firme.
—¿Una hija? ¿De qué diablos está hablando esta muchacha? —apuntó a Madarame que observaba la escena con una falsa mueca de preocupación, volvió su mirada hacia ella—. ¿Tienes una hija? —Sakura observó como su compañera le regaló una sonrisa arrogante, al darse cuenta que Syaoran no la miraba—. Contéstame, Sakura. ¡Maldición!
—¡No puedo hacerlo ahora! —sollozó, con la cara tan blanca como la nieve—. Debo ir a su guardería. Lo siento, prometo que hablaremos después —se soltó de su agarre y se fue, dejando a Syaoran con una expresión de desconcierto.
Corrió como una endemoniada por los pasillos, luego saltó la reja perimetral de la escuela y en menos de diez minutos de maratón llegó a la guardería. La maestra de Miu se extrañó de verla tan desarreglada, con la cara roja y con esfuerzos por llevar aire a sus pulmones. Cuando le explicó que todo estaba bien con su pequeña hija y que no había tenido ningún accidente, supo que su compañera había mentido. Regresó a la preparatoria todo lo rápido que pudo, necesitaba hablar con Syaoran, pero cuando consiguió verlo, él ni siquiera dejó que le hablara y le pasó por el lado como si ella fuese una desconocida. Ese había sido el comienzo de una serie de desprecios por parte de él.
—Eres estúpida, Sakura —se dijo a sí misma, forzándose a volver al presente, se percató que las lágrimas llenaban sus ojos—. ¿Hasta cuándo llorarás por él? —dejó que su autocompasión llenara ese momento.
…
Los días que habían pasado, habían conseguido que el aspecto de Syaoran fuera deprimente. No había salido de su departamento, con suerte había probado bocado, andaba con pijama todo el día, no entrenaba, no leía, prendía el televisor e imaginaba que estaba acompañado. La soledad era una tortura constante. Sus sentimientos de culpabilidad eran demasiados, había tenido la verdad delante de sus ojos y no había sido capaz de verla. Deseaba morir, descansar de sus pensamientos auto-compasivos. Pero no podía morir antes de pedirle perdón a ella.
El sonido del timbre lo sacó de sus cavilaciones. Una sentimiento sobrecogedor de esperanza llenó su ser, quizá era Sakura. Se apresuró en abrir la puerta.
—Madarame, eres tú —resopló con desgano—. ¿Qué quieres?
—Yo también me alegro de verte, Syaoran —murmuró con sarcasmo—. ¿No vas a dejarme pasar?
Syaoran se movió para permitir que la muchacha se adentrara a la sala. Observó que vestía seductoramente como siempre, si la veías de forma objetiva, Yukiko Madarame era una mujer hermosa. Poseía una figura envidiable, un rostro de una belleza exótica. Medio instituto estaba tras sus huesos, pero ella se había empecinado con él.
—Madarame, no estoy de humor para visitas —informó Syaoran a la recién llegada.
—Llámame Yukiko, por favor —susurró a escasos centímetros del joven.
Syaoran enarcó las cejas y entonces lo inundaron sus recuerdos donde aquella muchacha le susurraba cosas sobre Sakura, en donde le ofrecía su amistad para apoyarlo en su afán de olvidar a Kinomoto. La furia nació desde el centro de su ser y se atrevió a encarar a aquella mujer.
—¿Por qué mentiste todo este tiempo respecto a Sakura, Madarame? —preguntó con la respiración contenida, esforzándose por no perder el control. La muchacha palideció y tragó grueso. Parpadeó un par de veces y se mortificó al notar la mirada de Syaoran, la ira pura y dura, bañaba la cuenca de sus ojos de color ámbar—. ¡Responde, carajo!
—No sé de que hablas —murmuró con la voz temblorosa, cosa que hacía más evidente su nerviosismo.
—Hablo de todas las veces que me juraste haber visto a Sakura coqueteando con otros chicos. Hablo de las veces en que dijiste que tú sabías de muy buena fuente, que Sakura se acostaba con otros chicos por dinero. Hablo del supuesto novio que Sakura te quitó. Hablo de toda esa sarta de tonterías que yo estúpidamente creí. ¿Dime, Madarame, en qué más mentiste?, ¿y por qué?
N/A: Gracias por leer hasta aquí.
Pido disculpas por el atraso, en serio, el trabajo me bombardea de responsabilidades inaplazables.
Respecto al capítulo, me ha costado un tanto escribirlo y ha quedado un poco más largo que los anteriores. Pero bueno, a mi me gusta escribir la situaciones con detalles para que ustedes puedan imaginárselas de mejor manera.
Durante este capítulo conocimos algo más del pasado de mis castaños favoritos, de cómo la mano de terceros afectó su relación. Sin embargo, di luces de que Syaoran es muy querido por Miu, el como se construyó esa relación es algo que estoy loca por escribir. ¿Que piensan ustedes?
También he estado pensado en el rated de esta historia, quienes pudieron leer mi otra historia, se percataron que el lemon era tratado en el mismo, no sé si incluir en esta cuando llevaron a cabo la apuesta, es algo que seduce escribir, pero por el rated no podría publicarlo. Quizás cuando llegue el momento me decida, pero ¿qué consejo me dan?
Ahora lo último, apareció la antagonista de la historia. ¿Cuáles son sus percepciones de ella?
Me encantaría que me dejaran un review, eso me anima a seguir escribiendo. Y tiendo a escribirlo muchísimo antes si veo que la historia está gustando. Anímense y anímenme a mí. Les estaré agradecida.
Gracias por los comentarios del capítulo anterior, de verdad me honran.
Nos vemos en la próxima actualización.
Au revoir.
