CAP III
"Cuestión de trabajo"
30 de diciembre de 1994
La investigación no iba bien. Lo único que había sacado en claro es que la única relación entre los siete desaparecidos (una muchacha y seis jóvenes) era que un mes antes de cada desaparición, habían pasado unos días en Monte Hope. John Winchester estaba desconcertado.
Decidió volver a Wabash, los chicos estarían aburridos, dos días encerrados es mucho para un par de adolescentes.
Iría a la casa, pasaría ese fin de semana con ellos, celebrarían el año nuevo y quizás fueran al cine. Había escuchado a Sam decir algo de una película cómica, ¿por qué no?
Cuando llegó a la casita de la avenida Harrison los chicos no estaban. Al parecer Dean había estado trasteando en el televisor, vaya. Afortunadamente no lo ha estropeado. "voy a tener que decirle que se deje de abrir las tripas a todo cacharro que se encuentre"
No había casi nada en la nevera, un par de cartones de leche, un zumo, un sobre de queso en lonchas y medio paquete de pan de molde. ¿Qué hacía allí aquella cerveza? Definitivamente tendría que mantener una conversación muy seria con su hijo mayor. Salió a comprar algo de comer mientras esperaba que volvieran sus hijos.
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Sam estaba en la taquilla del cine con la chica que vendía las entradas. No quería estar fuera pues aunque el día anterior el dueño le había dado permiso para ver la peli que quisiese mientras Dean trabajaba como acomodador, no se fiaba del vigilante Randolph. Y prefería no volver a tener ningún encontronazo con él. Además Linda se aburría entre pase y pase, y así se hacían compañía y aprendía cosas sobre las mujeres, que ya tenía once años.
La tarde anterior tuvieron suerte de que hubiese aparecido el dueño justo a tiempo. El señor Dayoniov era un hombre justo, aceptó las explicaciones de su hermano y las suyas y reprendió al guarda por no haber sido más paciente. Después ofreció al mayor un puesto de acomodador para las tardes de las vacaciones y como Dean le explicó que no podía dejarle sólo le autorizó a quedarse en el cine mientras su hermano trabajaba.
A las once de la noche, volvieron a casa. El había cenado ya con Linda pero su hermano debía estar hambriento. Al abrir la puerta se encontraron con la expresión iracunda de su padre. El hombre, alterado por la preocupación se dirigió directamente al mayor y lo zarandeó con rudeza.
- ¿Dónde coño estabais? ¿no os dije que no salierais si no era estrictamente necesario?
- Estábamos trabajando – contestó el pequeño ingenuamente.
- Samuel vete a la cama – El tono de su padre no admitía réplica. El niño miró a su hermano y éste asintió así que se marchó a regañadientes.
Dean Winchester se esperaba esa reacción de su padre. Era consciente de que había desobedecido y también sabía que esa desobediencia no quedaría impune. Aguardó a que comenzara la tormenta que invariablemente se desataba con un "Samuel vete a la cama".
John había soltado a su hijo, si seguía por ese camino, acabaría apartándolo de su lado. El chico esperaba mientras el adulto respiraba profundamente tratando de dominar su enfado. Había pasado unas horas muy angustiosas desde que llegara esa tarde, y se acercaba la media noche ya. Toda clase de calamidades le habían atormentado sin saber qué hacer ni dónde buscar.
Fueron a la cocina, el chico le siguió sin abrir la boca. Le indicó que se sentara frente a él en la barra. Sacó dos cervezas y Dean lo miró sorprendido. Le dio una a su hijo pero el chico no la tocó. Y abrió la suya.
- ¿no te la tomas?
El muchacho, sin tocar el botellín siguió aguardando la bronca sin abrir los labios. Su padre si acabó la cerveza y ya más calmado comenzó con el interrogatorio.
- ¿Dónde habéis estado?
- En el cine
- ¿Con qué dinero?
- Ayer, con el que me diste para comprar comida. Hoy, trabajando.
- Trabajando de qué.
- De acomodador.
- ¿y tu hermano?
- Le dejan quedarse mientras trabajo.
- Mañana hablas con tu jefe y te despides.
Ni siquiera iba a protestar, para qué. De todas formas su padre no había terminado. Todavía quedaba el asunto de la cerveza y el de la televisión. A las tres de la mañana lo mandó a acostarse. Estaba cansado, mareado del hambre y tenso por la agria discusión. Por lo menos podría seguir en el cine hasta que tuvieran que irse, al final su padre había accedido… si seguía llevando a Sammy con él. Cuando entró en la habitación el niño preguntó medio dormido.
- ¿Estás bien? ¿ha sido muy duro? – Lo había escuchado todo
- Lo de siempre, duérmete.
- ¿Quieres que hable con él?
- Déjame en paz
El mayor se acostó sin una palabra más, ni siquiera se molestó en llamarle mocoso, debía estar cansado y hambriento. El pequeño se levantó de la cama y sacó de su mochila la merienda de aquella tarde, la taquillera lo había invitado a merendar así que no se había tomado ni el batido, ni el sándwich.
Se lo puso a su hermano en la mesita entre las dos camas, se inclinó sobre el otro que vuelto de espaldas no lo había visto hacer toda aquella operación y le dijo que comiese algo. Dean se volvió dispuesto a mandar a la cama a su hermano pero el mandato quedó atascado en su garganta cuando el pequeño le puso el bocadillo en la mano y le dio el beso de buenas noches que no le había dado a su padre.
Se tomó el sándwich y se bebió el batido, condenado chiquillo. Cuando se volvió a acostar el niño dormía apaciblemente mientras el adolescente pensaba en cómo sería todo si su madre viviera.
