Hola a todos! Os apetece leer algo de lemon? Pues este capítulo va cargado! Espero que lo disfrutéis ^^
...
- Gray-sama, crees que hemos hecho bien en dejarle solo?
- Esperemos que sí. -Contestó el chico abrazando a la maga de agua- Después de todo no es tan tonto como parece. Habrá ido detrás de ella.
- Y si no la encuentra? -Se preocupó la chica- Debemos ayudarle a encontrarla!
- Tranquila... -dijo besándola el cuello- Si vamos no podremos terminar lo que empezamos en el tren...
Juvia se puso totalmente colorada.
- Gray-sama...
*FLASHBACK*
Cuando Lucy se durmió en el tren Juvia empezó a hablar en susurros para no despertar al gato que ronroneaba feliz en su regazo.
- Juvia cada vez está más segura de lo que dijo ayer en el gremio.
- Siempre han estado muy unidos, -contestó Gray- pero tal como vi a Lucy ayer... Me da que hay algo más. Pero no parece que ellos quieran admitirlo en voz alta.
- Pero sus reacciones los delatan. Juvia se ha dado cuenta esta mañana de que Natsu estaba totalmente nervioso.
- Bueno, no pienso ayudar al cabeza de llama más de la cuenta. Si no se quieren dar cuenta ellos mismos, allá ellos.
Juvia le miraba con verdadera adoración.
- Gray-sama es tan bueno con sus amigos... Eso hace que Juvia lo quiera más.
- Venga, tienes que dejar de hacer eso. -dijo un poco ruborizado.
- El qué?
- Decir todo el tiempo cosas así. Al final vas a acabar llevando a error a alguien algún día.
- Pero... Todo lo que Juvia dice es de verdad. Pero solo se lo dice a Gray-sama, porque es la persona que ha conquistado a Juvia.
El muchacho no podía reaccionar. Estaba totalmente rojo y miraba a Juvia con extrañeza. Con ese aire inocente y sincero, las mejillas lévemente arreboladas y la mirada perdida en el suelo... No pudo evitar sentirse atraído por esa extravagante belleza que rezumaba la chica de agua. Ella le miró y se sorprendió al verle con sus ojos puestos en ella tan fíjamente. Entonces él se dio cuenta de que la estaba observando sin poder apartar la vista de ella, y notó cómo se le calentaba la cara por momentos.
- Pu... pues no hace falta que lo estés diciendo siempre.
- Gray-sama?
Siguió mirándola un momento más. No podía creerlo, pero sentía ganas de besarla. Por qué ahora le pasaba eso? Debería hacerlo? Y si solo era un capricho pasajero? Estropearía la buena relación que tenían ahora? De momento, sólo sabía que deseaba besarla. Le puso una mano en la cara acariciando su mejilla con el pulgar, se acercó a ella y posó sus labios sobre los que se abrían tiernos ante él. Para su sorpresa, el calor creció entre ellos. De pronto necesitaba más, y empezó a mover su lengua con más fiereza dentro de la boca de la chica. Ella estaba extasiada, no entendía cómo había pasado eso, pero no sería ella quien se quejara, tenía lo que más deseaba en el mundo. Cerró los ojos, le agarró con ambas manos de la camiseta y se dejó hacer. Una lágrima involuntaria se escapó de uno de sus ojos, cayendo justamente en la mano que el chico tenía aún colocada en su cara. Al notar la humedad éste abrió los ojos preocupado.
- Juvia! Te he molestado? Perdona, no sé qué me ha pasado... Yo...
- Tranquilo, no me pasa nada. Sólo es que Juvia es demasiado feliz ahora mismo.
La chica agarró la mano que Gray aún tenía colocada en su cara y cerró los ojos deleitándose con el tacto de su pulso a través de ella. En seguida volvió a mirarle y se lanzó decidida a volver a tomar su boca. Él se inclinó para tomarla gustosa, cuando Natsu soltó un gemido que llegó a despertar a Lucy. Los dos se separaron al momento, tremendamente avergonzados. No volvieron a tener oportunidad durante todo el viaje de un encuentro tan íntimo, pero el mago de hielo no dejaba de lanzar miradas pícaras a la chica de agua y a forzar roces insinuantes de su mano contra el muslo de ella.
Sería verdad? Al fin Juvia había conseguido llamar la atención de su amado?
*FIN DEL FLASHBACK*
- Gray-sama...
La pareja estaba alojada en la misma habitación. Habían entrado y Gray no había aguantado más, cerró la puerta y se abalanzó sobre Juvia apoyándola en ella, buscando con sus labios la fina piel del cuello de la chica y adornándolo de besos. Juvia tenía las manos puestas en sus fuertes hombros desnudos y los acariciaba con la llema de los dedos. La manos de él estaban fuertemente aferradas a la cintura de la muchacha, y de un tirón la llevó derecha a la cama y se recostó sobre ella.
- Bien bien, por dónde íbamos antes de que entrara Natsu? -dijo él fingiendo pensar- Ya lo recuerdo...
Empezó a desabrocharle los botones de la camisa, uno por uno, mientras pasaba la lengua por la piel que iba descubriendo con los dedos. Ella se estremeció y movió instintivamente sus caderas hacia él, cosa que le excitó sobremanera. Aceleró el ritmo y terminó de quitarle la camisa en un momento. Siguió con la falda mientras ella se deshacía en sus manos, y cuando la tuvo en ropa interior sólo para él se dedicó un momento para mirarla bien.
- Eres realmente preciosa. Y totalmente deseable.
- Gray-sama! No puede ir diciendo esas cosas a Juvia o se las creerá.
- Cree lo que quieras, pero te voy a dejar clara una cosa. Mañana no sé qué pasará, pero hoy quiero que seas mía.
Dicho esto se abalanzó a besarla con locura. Sus labios jugaban y sus lenguas peleaban en un beso en el que se decían todo. Puso una mano en la espalda de la muchacha y quiso desabrocharle el sostén, con la mala suerte de que se le resistió y comenzó una pelea entre el orgullo del chico y la prenda de la chica. Ella evitó reír al darse cuenta del cómico momento y para ayudar se puso en una posición más cómoda de acceso al broche.
- Maldito... -se quejó Gray.
Tras un rato de forcejeo Juvia le ayudó y se lo quitó ella misma. Entonces él se deshizo de la braguita que le quedaba puesta aún, y con un ardiente deseo y su hombría puesta en evidencia, hundió la cara entre las piernas de la muchacha y empezó a acariciar la zona húmeda con la lengua, dando pequeños roces al principio y aumentando la cadencia poco a poco. Ella sentía descargas eléctricas por todo el cuerpo con cada lametazo que recibía, dando pequeños espasmos de placer inevitables. Jugó con ella, la exploró, y en poco tiempo consiguió que se dejara llevar por el éxtasis. Suavemente Gray se retiró y se puso a la altura de su cara, mirándola con dulzura mientras jadeaba arrebolada y sudorosa.
- Gray-sama... ha sido...
- Juvia, yo... aún quiero seguir. Quiero... sentirte, quiero darte más placer.
La chica lo miró estupefacta.
- Gray-sama está pidiendo permiso a Juvia?
Él se ruborizó un poco.
- Bueno, yo...
La maga de agua sonrió, y de un ágil salto se colocó encima de su amado y se empaló de un solo golpe. Ambos dejaron salir un grito de placer. El morbo del momento hizo que el chico agarrara con fuerza las caderas de la muchacha, ayudándola en sus movimientos, primero arriba y abajo y después en círculos que iban aumentando su velocidad e intensidad por momentos, buscando su propio placer a la vez que hacía a su pareja perder la cabeza. Estaban disfrutando el uno del otro hasta límites insospechados, cuando de repente él notó que no podía aguantar más.
- AAH! Me voy! -gritó sin poder evitar las oleadas de calor que azotaban su cuerpo.
Juvia, al notar cómo perdía el control por ella y se derramaba dentro de su ser, se abandonó a un clímax inevitable, por segunda vez. Cuando se relajaron, ella se tumbó al lado del chico en la cama, mirándole con los ojos entre cerrados, esperando ver un gesto positivo en su rostro. Pero él estaba exhausto y con la cara girada hacia el otro lado. No se atrevía a tocarle, pero se moría de ganas de abrazarle y quedarse así toda la noche. Al final, optó por darse la vuelta y acomodarse en la cama para tratar de descansar. Unas manos la rodearon atrayéndola hasta el cuerpo duro y frío del mago de hielo, y un susurro en su oído hizo que reverberaran todas las células de su cuerpo.
- A dónde vas? Esto no se ha acabado aún.
Mientras, en el bar que hay en el piso de abajo, Lucy se tomaba una bebida sentada en la barra. Varios chicos ya la habían echado el ojo, y algunos comentaban cómo acercarse. Entonces, de entre todos, uno especialmente grosero y feo logró reunir el valor que a los demás le faltaban y apoyarse en la barra al lado de la chica.
- Buenas noches, bella dama.
Ella le sonrió cansada pero cortés.
- Buenas noches, puedo ayudarle?
- Verás, me estaba preguntando cómo puede ser que una chica tan guapa como tú esté sola en un lugar como éste.
- Pues -contestó cortante pero sonriente- porque no me apetece tener compañía, gracias por preguntar.
- Oye oye, no hace falta que seas tan dura contigo misma?
- Conmigo misma?
- Qué te parece si te invito a una copa y charlamos?
Natsu acababa de bajar las escaleras del hotel y por suerte reconoció el olor de Lucy en la taberna. Se giró y la vio rodeada de chicos que esperaban para abalanzarse sobre ella, pero no podía esperar para decirle lo que tenía en la cabeza. Se acercó por detrás y la llamó la atención.
- Lucy, perdona que te moleste un momento.
- Natsu! -la chica se dio la vuelta contenta de que estuviera allí, y se encontró con una cara más seria de lo que habría querido.
- Lucy, no me importa que quieras buscar novio, si eso es lo que te hace feliz. Pero no voy a volver a ayudarte, porque realmente no quiero que lo encuentres.
- Qué estás...?
- Oye oye! -interrumpió el pretendiente enfadado- No ves que estás molestando? Espera tu turno para hablar con ella, pringado de pelo rosa.
Sin romper el contacto visual con la chica, ni la seriedad de su expresión, el dragon slayer le preguntó.
- Oh perdona, estás interesada en este tío?
De la misma forma que él, ella contestó.
- Para nada.
- Bien -y le soltó un puñetazo en la cara que le hizo caer hacia atrás del taburete. El corazón de la chica se aceleró.- Disculpa, estaré en mi habitación esperando a que llegue mañana, porque no creo que hoy pueda dormir.
Y dicho esto dio media vuelta y se fue escaleras arriba. Le había sido muy difícil controlarse, pero creyó que lo había hecho bastante bien. No podía soportar la idea de que otro tío la tocara, pero no podía obligarla a no tener a alguien en su vida nunca. Estaba abriendo la puerta de su habitación cuando un torbellino rubio llegó hasta él, le empujó y cerró la puerta tras de sí.
- Hoy no vas a dormir, Salamander, pero porque yo no te voy a dejar.
