Disclaimer: lo único que es mío es la cuenta de fanfiction.

Asesinato en el Ministerio

4-La fiesta (I)

Risas y un agradable murmullo de fondo. Eso era lo que escuchaba Hermione mientras paseaba la vista por el inmenso salón habilitado en la entrada del Ministerio.

Apoyada en la barandilla que daba a un agradable balconcito, Hermione observaba por detrás de su copa de champagne, aún intacta, como Remus Lupin y su esposa charlaban aquí y allá con todos los invitados. Había allí reunidos una gran cantidad de hombres influyentes del mundo mágico, no sólo de Inglaterra sino también de Francia, de Alemania o de España.

Volvió la cabeza y observó a su compañero poniendo en práctica la maquinaria del Amor Malfoy con una joven morena de cabello corto. Una simple mirada de advertencia bastó para que Malfoy dejara a un lado sus artes de conquista y se dedicara a observar a la multitud un poco más.

Hermione sabía que Malfoy se aburría y, sinceramente, ella no podía decir que lo estuviese pasando estupendamente. Sólo había podido charlar unos escasos diez minutos con Tonks, y las demás personas que conocía lo eran tan sólo de vista. Pero tenían que observar, observar y observar, ya que estaban totalmente a oscuras en la investigación. Se habían quedado sin sospechosos al comprobar las coartadas de Potter y Weasley y cualquiera de aquellos hombres y mujeres elegantemente vestidos podría ser el asesino.

Había muchos grupos dispersos por la sala. Observó, a lo lejos, al viejo profesor Slughorn, a los dos exministros Fudge y Scrimgeor, a varios miembros del Wizengamott y a algunos compañeros de Hogwarts, así como a sus padres.

Miro hacia un lado para darse de bruces con El-Niño-Que-Vivió.

-Inspectora –Harry inclinó la cabeza a modo de saludo y se acomodó en la barandilla, a su lado.

-Buenas noches, señor Potter. Me sorprende verle aquí.

-No se sorprenda. Soy un hombre codiciado para las fotos y los titulares de prensa –rió entre dientes –aunque estoy aquí como invitado personal de Remus. Es un viejo amigo.

-Entonces ambos somos invitados personales.

-Brindo por eso –Harry alzó su copa y Hermione chocó la suya con un tintineo, aunque apenas bebió un sorbito.

-Me gusta usted, señor Potter. Tiene un sentido del humor bastante extraño.

-Es Harry. Usted también me gusta, Inspectora. Le cae bien a Dobby, y Dobby nunca se equivoca. Tiene olfato para las personas –Harry se tocó la nariz. Hermione abrió la boca para responder, pero las puertas del Ministerio se abrieron y una joven pareja entró en el comedor.

Hermione observó como Harry perdía al resto del mundo de vista. Sus ojos, brillantemente verdes, se clavaron como dagas en aquel cuerpo menudo y en aquella melena pelirroja que acababa de entrar. Ella alzó os ojos un segundo, sólo un segundo, y lo vio. Sonrió casi imperceptiblemente, y después desvió la vista.

Cuando, cinco minutos después, Ginny volvió a mirar hacia Harry, Hermione pensó que Michael Corner era ciego o idiota.

-Harry.

Harry tardó unos segundos en darse cuenta de que le hablaban.

-Ya puede volver a respirar –Hermione bebió un poco de champagne tratando de ocultar una risita.

-Eh-eh... si claro... Lo siento, es que yo, bueno, yo... –Heery se pasó una mano por el mentón, perfectamente afeitado, sin saber exactamente qué decir.

-No importa –Hermione sonrió –De todas formas yo de usted me despejaría la mente, porque juraría que Percy Weasley viene hacia aquí para llevarle con aquellos viejos y aburridos hombres influyentes.

-Oh, joder. Tengo que esconderme –ambos sonrieron y se tendieron la mano –Un placer, Inspectora.

-Llámeme Hermione. Al fin y al cabo, le gusto a su elfo ¿verdad?

Hermione escuchó la risa del joven mientras se alejaba. Pero no estuvo mucho tiempo sola.

-Hola.

Aquel no fue un "hola" normal. Fue un "hola" suave, que llegó como una brisa, que trepó por su espalda y se metió por dentro de su cabeza, haciendo que todos sus sentidos se embotaran con un veneno dulce.

Fue un "hola" pelirrojo con ojos azules como el mar y millones de pecas. Alto, con nariz aguileña y un estómago plano.

-Señor Weasley. Qué placer... tan inesperado.

Y una sonrisa merecedora de una Orden de Merlín de 1º clase. Porque, Merlín, qué maravillosas eran todas aquellas arruguitas que se formaban alrededor de sus ojos al sonreír, cómo brillaban sus ojos, como se tensaba la áspera y pecosa piel alrededor de la mandíbula.

Céntrate, Granger, maldita sea.

-¿Está usted en misión oficial? –preguntó su objeto de deseo mientras se apoyaba en la barandilla con naturalidad.

-Eso a usted no le importa –Hermione podía beber los vientos por aquel hombre, pero ni loca le revelaría detalles de su investigación –Aunque le diré que estoy aquí como invitada personal del Ministro.

-Lástima. Me gustaba su nuevo uniforme.

Hermione sostuvo su mirada de azul inmenso sin sonrojarse.

-Sí, supongo que el vestido y los tacones son mejor para interrogar a los sospechosos que la gabardina.

La joven sintió un escalofrío cuando él la recorrió, lentamente, con la mirada. Se detuvo a contemplar la curvatura de sus senos, la suave línea de su cintura, las piernas que se adivinaban bajo la tela negra, los pies menudos enfundados en tacones altos.

-Le prometo que me dejaré interrogar todas las veces que quiera si se pone ese vestido.

Los ojos azules estaban ahora fijos en su copa de champagne. Hermione bebió, con menos tranquilidad de la que le hubiera gustado.

-Todos los hombres son iguales. Me pongo dos metros de tela enrollada sobre el cuerpo y olvida usted enseguida lo antipático que se mostró conmigo el otro día.

-No sabe cómo lo lamento –el susurro de su voz le llegó de pronto muy cerca. Estaba tan cerca de ella que podía sentir su aroma, limpio y varonil. Si hubiera querido habría podido contar las pecas de sus mejillas.

Cuando Ron rozó su dedo suavemente contra la piel desnuda de su brazo, fue como si un chispazo la recorriera. Notar su piel, áspera y dura contra la suya propia, la hizo temblar por dentro como una niña asustada. Los labios de él estaban entreabiertos, y sus ojos fijos en su piel.

Un impulso irracional la recorría por dentro. Su mente gritaba órdenes que su cuerpo ignoraba, y su único pensamiento coherente era alzar la mano, desabrochar aquella inmaculada camisa blanca y besar aquellos labios ligeramente rojos hasta quedarse sin fuerzas.

Y el impulso se hizo más fuerte cuando la mano de Ron acarició su cuello.

-Ésa es una pobre disculpa. Va a tener que esforzarse más, señor Weasley.

Su voz había sonado helada. Su rostro compuso una mueca de desprecio. Reuniendo sus últimas fuerzas, se separó de él, fría y distante, y se alejó.

OoO

-Joder, Granger. Un poco más y te tiras a Weasley aquí mismo, delante del Ministro.

-Cierra el pico.

Draco Malfoy estaba de pie, fumando un cigarrillo, mientras su jefa se daba cabezazos contra la fría pared del baño.

-No, en serio. Le ha faltado meterte la mano por debajo de la falda. Y luego me dices a mí que soy un salido, un depravado y un desesperado. Y porque no te has visto la cara, pero parecías a punto de arrancarle la camisa a mordiscos.

-Cállate ¿quieres?

-Al menos podrías haber avisado y me habría traído la cámara. Habría colgado las fotos en el tablón de la comisaría.

-¡¡Malfoy!! ¡Cállate!

Malfoy alzó las manos, en señal de rendición y le tendió un whiskey. Hermione lo bebió de un sorbo y le devolvió el vaso.

-Mira Granger, olvídate del asesinato por esta noche. Ninguno de estos tipos lleva un cartel que ponga en letras gigantes SOY EL ASESINO, así que vive la vida por una vez –Malfoy le dio otra calada al cigarrillo y se arregló la corbata mirándose al espejo. Hermione se inclinó sobre el lavabo y dejó correr el agua del grifo entre sus manos.

Una mujer mayor y con una llamativa túnica abrió la puerta y miró a Draco escandalizada.

-¡Esto es el lavabo de señoras!

-Pues entonces busque el de viejas-pintadas-como-una-puerta y déjenos en paz –espetó Malfoy de mal humor -¿No ve qué estamos haciendo algo importante?

La mujer se marchó murmurando cosas que sonaban como jóvenes, locos, increíble y vergüenza. Hermione ni siquiera se molestó en gritarle.

-Debería haber lanzado un fermaportus. Como iba diciendo: serénate, arréglate el maquillaje, sal ahí fuera y lígate a un tío. Seguro que eso te quita el estrés –Malfoy apagó el cigarrillo en el suelo y se ajustó los puños de las camisas –Es justo lo que voy a hacer yo.

-¿Vas a ligarte a un tío? –la voz de Hermione sonó débil aunque cargada de ironía.

-Ja, ja, qué-graciosa-soy –Malfoy sujetó la puerta antes de salir –Mañana ya te contaré con quién y con cuantas he ligado.

Hermione se sujetó la cabeza con las manos frías por el agua. En cierta manera agradecía que Malfoy la hubiera seguido hasta el lavabo, porque le había permitido gritarle a alguien un rato. Se sentía mejor ahora que había recuperado en parte la objetividad.

Apoyó la espalda contra la pared y suspiró. Odiaba admitirlo, pero Malfoy tenía razón. Había estado a punto de perder el control. Nunca antes le había sucedido aquello con ningún otro hombre. Cuando él la había rozado, la sensación de placer fue tan intensa que le nubló el sentido.

Ronald Weasley había despertado en ella instintos dormidos. Salvajes.

Se arregló el maquillaje, tal y como su compañero tan amablemente le había indicado. Estaba poniéndose los polvos cuando entró otra mujer. Joven y morena, se miró también en el espejo.

-Qué calor hace ahí fuera ¿eh?

No te haces idea, pensó Hermione. –Sí, mucho.

-He visto como charlaba usted hace un rato con Ronald Weasley. Soy Lavender Brown, una amiga suya –la joven le tendió la mano.

-Oh, esto, yo soy Hermione Granger, una emh... conocida.

-Ya, conocida –Lavender emitió una risita desagradable –yo también era una "conocida" suya hasta hace poco.

-¿Qué quiere decir?

-Bueno, ya sabe –ella volvió a reír de aquella forma –él está buenísimo y tiene esos maravillosos ojos azules... Y yo me moría de ganas de ser una... "conocida" suya.

A Hermione no le gustaba nada lo que aquélla joven insinuaba, pero Lavender siguió charlando sin darse cuenta.

-Hasta que en la fiesta del otro día, la de las Escobas Voladoras, lo conseguí. Oh, Merlín, ese hombre es buenísimo con las manos. Y no me refiero sólo al quidditch –Lavender le guiñó un ojo. Hermione frunció el ceño.

-¿Quiere usted decir que estuvo con él toda la noche?

-¿Toda la noche? –la otra rió a carcajadas –Oh no, no, no, no... Sólo una media hora. Después él se tuvo que ir a nosequé urgente y yo volví a la fiesta.

-¿Y el señor Weasley no volvió después?

-Yo no le vi volver –dijo Lavender simplemente, alzó los hombros y salió del lavabo.

Hermione se mordió la lengua con fuerza. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? ¿Cómo podía haberse dejado llevar de esa manera por sus instintos y no hacerle caso a su cerebro? Abrió la puerta de un tirón y salió al pasillo, con una rabia contenida que le hacía echar chispas por los ojos.

-Te echaba de menos.

El pasillo era largo y oscuro y durante un momento Hermione no supo de dónde había salido el murmullo, profundo y de hombre.

-Yo también.

Esta vez la voz era suave y femenina. Oh, no. Una parejita de enamorados. Hermione puso los ojos en blanco. Mierda.

Los vio acercarse hacia donde ella estaba en la penumbra. Se movían despacio, mientras el ruido de sus besos los hacía ajenos al resto del mundo. Hermione se sintió terriblemente incómoda. El ruido de los besos se apagó.

-Te quiero.

Joder.

-Oh, Harry –sin duda aquella voz ahogada y temblorosa era la de Ginny Weasley. Hermione enrojeció al pensar que alguno de ellos se diera cuenta de que ella estaba allí. Miró a su alrededor, desesperada, buscando una solución. Su mano tanteó el pomo de una puerta y sin pensarlo, la abrió y se metió dentro.

Se apoyó en la puerta, aliviada, y suspiró.

-Vaya.

Oh no. Ohnonononononononononono. Dime que esta puerta no es la del lavabo de caballeros y que él no es...

-Primero me humilla y ahora me acosa, Inspectora –Ron Weasley tenía el ceño fruncido –Aclárese.

Hermione lo miró en silencio durante un segundo. La camisa estaba por fuera de los pantalones y la corbata asomaba por uno de los bolsillos. Al parecer alguien más también había tenido calor. Pensó en Ginny y Harry, ahí afuera, besándose en la oscuridad, y maldijo el día en que ambos le cayeron bien.

-¿Demasiado champagne, señor Weasley?

Ron frunció el ceño aún más.

-¿Y usted qué? ¿Es que no podía aguantar hasta el lavabo de mujeres?

-Oh, no. No es eso. Verá, es que estaba ocupado. Por una jovencita muy locuaz, amiga suya. Dicha jovencita me ha contado cosas muy interesantes ¿sabe? –Hermione sacó su lado profesional –Su nombre es Lavender Brown.

Ron dejó de fruncir el ceño y se quedó pálido.

-La señorita Brown me ha dicho que, ciertamente, usted fue a esa fiesta de quidditch el día del asesinato. Pero se marchó por algo urgente (supongo que al Ministerio, a reunirse con el señor Potter) y... no volvió.

Ron retrocedió, como alcanzado por un rayo.

-No, no, yo no... Usted no sabe...

-Así que dígame señor Weasley ¿les pagó a todo esos testigos para que dijeran que estaba usted allí, o los amenazó? ¿Mató a Dolores Umbridge por lo que le había hecho a su amigo? ¿Decidió que ella debía pagar por lo que...?

-¡NO!

El cabello, del color del fuego bajo la luz brillante, le cayó sobre la frente cuando pegó el puñetazo contra la pared, a muy pocos centímetros del rostro de Hermione. Por alguna extraña razón, ella no tuvo ningún miedo.

-¡No es así, no lo es! ¡Deje de tergiversarlo todo!

Hablaba con los dientes apretados, con los ojos fijos en ella con rabia, con los brazos apoyados en la pared, acorralándola. Hermione permaneció impasible y eso pareció enfurecerlo aun más.

Y entonces hizo algo que la Inspectora definitivamente NO se esperaba.

La besó.

Continuará...

OoO

Vale: tensión acumulada+Ron+baño vacío. Pueden pasar muchas cosas. Pero tendréis que esperar.

Muchas gracias por todos los rewiews, en serio, me emocionaron mucho. Pensaba que la historia era demasiado extraña para que le gustara a la gente y me habéis hecho sentir muy bien con vuestros comentarios. Por cierto, aclarar algo que me han preguntado varias veces: los personajes no se conocían de antes. Ambos fueron juntos al colegio, pero en diferentes años, ya que los he hecho con edades diferenciadas. Por ejemplo, Ron y Harry tendrían unos 26 años, Hermione sobre 24 y Ginny 21, así que no coincidieron en el mismo curso.

Nos vemos en el próximo y felix félicis para todos.