Disclaimer: Los personajes de Full Metal Alchemist no me pertenecen.
4/35
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, como prometido, he aquí el capítulo correspondiente a hoy, y gracias por la paciencia. Quisiera dejar asentado para el registro que estoy muy feliz, sinceramente no esperaba tan buena recepción, ¡gracias! ¡Mil mil gracias! A todos los lectores y especialmente a: HoneyHawkeye, Sangito, Maii. Hawkeye, fandita-eromena, Lucia991, Alexandra-Ayanami, kaoru-sakura, inowe, HaruD' Elric, Sunako Jigoku, Mrs. Darcy95 (es bueno saber que los primeros capítulos te engancharon y espero que este te guste), lizzie kinomoto (no te preocupes por no haber podido dejar un capítulo en los primeros capítulos, me alegre que lo hayas hecho en este, me alegró mucho leerlo), Noriko X (¡gracias! Y espero este capítulo te saque las dudas) y mariana garcia (me alegro mucho que te hayan gustado mis historias Royai y Elección, ¡de verdad! Y supongo que este capítulo aclarará todo para todos: En cuanto al review, me alegró mucho leerlo. Gracias). Gracias a todas por haberse tomado ese tiempo y haber hecho ese esfuerzo extra para hacerme llegar sus opiniones, percepciones y lo que piensan de mi historia. Es bueno saber que hay alguien del otro lado leyendo, anima a mejorar y segiur escribiendo. Por eso, ¡gracias! Espero este capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!
Momentos prestados, segundos robados
IV
"Paralizado"
Podía verla de reojo, observándolo con expresión suave, de preocupación. El tipo de mirada que generalmente dedicaba a él y únicamente a él, como cuando le había pedido en el hospital que no se esforzara demasiado por favor, o de lo contrario sus heridas (las que él mismo había cauterizado tras el incidente con Lust) volverían a abrirse y ese era meramente el escenario más favorable. Pero él le había ordenado que le trajera su uniforme, aún a pesar de que ella le había asegurado que aún no debería abandonar la institución, y Riza finamente había aceptado la orden y cumplido eficientemente, aún a pesar de su mejor juicio. De hecho, Hawkeye siempre estaba preocupándose por él y ocupándose de él antes que de sí misma, y ésta no era una situación diferente. No, ésta no era una excepción. Pero era ella quien tendría que estar sentada, un momento –solo un momento para recuperar el aliento- repasando su propio informe médico una y otra vez en su cabeza. Era sobre ella quien recaía el diagnóstico, y sin embargo era él el que se encontraba inmóvil desde hacía veinte minutos sentado en una de las sillas de su cocina. Inclinado hacia delante con los codos sobre sus propias rodillas y las manos unidas palma con palma, extendidas, y tiesas.
Riza suspiró suavemente, observando al hombre sentado frente a ella —General...
Pero él continuaba completamente ausente, intentando enroscar su mente alrededor de algo que parecía imposible de aprehender. Su cuerpo tieso, y cada tendón y nervio de su cuerpo permanecía tirante y recortado contra su propia piel. Los tendones de sus manos, de los dorsos de éstas, perfectamente visibles a los ojos de su teniente primera así como los músculos contraídos de su fibrosa espalda, a través de la camisa. E imaginaba que su expresión sería similar a la que habría tenido cuando Bradley le había informado que Riza Hawkeye sería asignada como su asistente personal a partir del día siguiente. Ojos negros bien abierto y labios entreabiertos y una fría gota de sudor rodando por el lateral de su aniñado y contradictoriamente masculino rostro. Su cabello azabache cayendo sobre su frente y proyectando sombras sobre su semblante. Luciría paralizado. Así se sentía.
Su voz sonó ligeramente ahogada cuando habló, como ajena y distante —Cuánto... —negó con la cabeza suavemente. Simplemente no podía ponerlo en esos términos— Cuán avanzado...
Ella le dedicó una mirada contrita. Y, como aquella vez, con Bradley, Riza Hawkeye había sentido que su presencia, más que una ayuda, estaba resultando una molestia para su superior. Una carga, que solo estaba retrasando su camino a la cima. Su camino a su tan ansiada ambición que, de hecho, había jurado ayudarlo a alcanzar. Y eso no era esto. Su presencia, nuevamente, se había tornado en un contratiempo. Se había convertido en una pieza de ajedrez que no podía moverse, una pieza inútil –como Havoc lo había puesto aquella vez. O quizá no aún, pero eventualmente lo haría.
Inhaló con calma —Seis semanas... —pero eso él debía saberlo. No, él lo sabía perfectamente.
Roy asintió precariamente, haciendo cuentas en su cabeza —Cierto —exactamente seis semanas. El diagnóstico final repitiéndose una y otra y otra vez en su cabeza—. ¿Estás completamente segura?
Riza asintió secamente —Positiva.
Mustang volvió a asentir débilmente, aún inmóvil y en la misma posición inclinado hacia delante con los codos en las rodillas —Entonces... —Hawkeye Riza. Embarazo: Positivo—. ¿Cómo...?
Ésta vez, ella se sintió ligeramente ofendida por su pregunta —Estoy segura de que no tengo que explicarle cómo funciona, general. Estaba presente, si mal no recuerda.
La vista de él se posó inmediatamente en ella. Como si hubiera recibido una bofetada de su teniente primera, lo cual ni siquiera podía imaginarse sucediendo, no en la realidad (Riza no abofeteaba, después de todo. Una bala parecía más exacto y posible) —Por supuesto que lo sé, Hawkeye. No estaba preguntando eso, sino cómo es posible.
La rubia asintió. Sus ojos cerrados, su postura erguida y de pie junto a él —Lo lamento, señor. No hay nada como 100% efectividad, supongo —replicó más pacientemente. Ella como francotiradora lo sabía perfectamente, dado que aún cuando se realizara un disparo perfecto, directo al blanco, siempre había y habría variantes con las que debía contar como el viento y el terreno y el que el blanco estuviera en movimiento –cosas que no estaban a su alcance para controlar- para tomar en consideración. Como francotiradora, sabía que en realidad un buen tiro era efectuado cuando el margen de imprevisibilidad se reducía al mínimo. Y ella siempre se había dedicado con esmero a reducir dicho porcentaje para poder controlar el tiro y realizarlo con efectividad. Por esa razón, la habían llamado "Ojo de Halcón". Y como en todo en su vida, Riza había sido metódica y cuidadosa y organizada y ordenada. Y se suponía que ese no era el tipo de cosas que le sucedían a las personas como ella. Había reducido el margen al mínimo, ambos se habían ocupado de ello, pero el margen nunca desaparecía, por ínfimo que fuera.
Roy presionó ambas palmas de sus manos contra su rostro, contra sus ojos cerrados, frotándose ambos exhausto. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Cuál debía ser su plan de acción a seguir? Siempre tenía uno, en el pasado siempre –o casi siempre- lo había tenido pero esto definitivamente no había estado ni remotamente en sus planes para el futuro y no podía simplemente improvisar una solución al aire como había logrado en el pasado, en otras situaciones. Se trataba de su futuro, y del de Hawkeye y de... aún no podía siquiera decirlo en su cabeza...
Pero no dudaba de ella y jamás lo haría, la conocía desde hacía dieciocho años, después de todo. Y era la persona a la cual había confiado su vida en sus manos y su espalda a su cuidado por lo que tenía plena confianza en ella. Sin mencionar que sabía que Riza no era del tipo de persona que saltaba a la cama con cualquiera, en parte por sus reservas propias y personalidad y en parte por su deseo de ocultar sus marcas de la espalda, y sabía que si afirmaba que se trataba de él, entonces lo era. Definitivamente lo era. Lo que lo llevaba a lo siguiente, la naturaleza de su relación con ella. De la cual, decir inusual, parecía inclusive inexacto. Cuanto menos imaginaba que podría usar la palabra "compleja" para definirla pero aún entonces no parecía del todo correcta.
No importaba, ellos nunca hablaban del tema. Una especie de tabú entre ambos. Y de hecho no habían cruzado ninguna línea –las líneas trazadas por ellos mismos para mantenerse en sus correctos caminos, respecto el uno del otro- hasta el fallecimiento de Hughes. Lo cual había sido un error probablemente, en retrospectiva; pero había estado tan vulnerado por el suceso y llevaba tanto tiempo deseándolo que simplemente la había visto allí, observándolo con esa misma preocupación que veía ahora en sus ojos, y la había tomado. Y ella había sido permisiva, Dios sabía por qué, y le había permitido arrastrarla con él hasta ahogarla completamente bajo sus sábanas, bajo él, hasta perder el conocimiento. Se había odiado a la mañana siguiente, por supuesto; especialmente cuando había despertado y no la había sentido a su lado, sólo para percatarse de que se había marchado en medio de la noche cuando él había caído rendido pero no había podido evitar pensar que había sido mejor de esa forma también.
Era un pensamiento egoísta, lo sabía, pero de esa forma ambos podrían pretender que nada había ocurrido y eso era exactamente lo que habían hecho. Fingido, y enterrado el suceso en el pasado porque simplemente mirar hacia delante, hacia la arriba y hacia la cima, era más importante que cualquier efecto secundario de su asociación. De su relación. Y así habían continuado los siguientes meses, sin sobresaltos y retomando él su ambición y ella su determinación de seguirlo hasta el mismo infierno –porque eso era lo que ellos hacían- y las cosas habían empezado a parecer nuevamente normales. Parecer, porque él no podía simplemente apartar el suceso tan bien como ella parecía haberlo hecho desde la exacta mañana siguiente. Pero se forzaba a no pensar en ello. En su teniente de esa forma y en todas las razones por las que no debería haberla tocado siquiera en primer lugar. Las leyes de fraternización siendo las primera de la lista, para empezar; y de todas parecía la más insignificante.
Sin embargo, y a pesar de su determinación de rectificar sus acciones para con ella, había vuelto a recaer y la situación se había vuelto a repetir toda de nuevo. Y ella lo había consentido esta vez también. Lo cual lo había dejado perplejo pero no se había detenido a pensar en ello al momento cuando la tenía al alcance de su mano. Y la había besado, como había deseado desde siempre, en cada centímetro de piel y en cada trazo de tinta y en cada cicatriz y lo había hecho con completa dedicación y devoción, la misma que le debía a ella por todo lo que Riza había hecho por él, y había esperado que ésta vez ella permaneciera con él hasta el día siguiente. Pero a la mañana siguiente se había ido, probablemente tras recuperar su sensato juicio, y simplemente lo había recibido como si nada en la oficina. Con un asentimiento seco de cabeza y un "Buenos días, coronel" para continuar con su trabajo –sin siquiera alzar la mirada. Aún con todo, la situación se había vuelto a repetir y se había vuelto una especie de costumbre entre ambos. Y a lo largo de los últimos cuatro años.
Ella no hablaba de ello, y él no se había atrevido a mencionarlo y así había permanecido y "funcionando" –si es que la palabra siquiera tenía alguna especie de sentido- hasta ahora, entre ambos. Los mantenía en una pieza, de alguna forma, cuando la carga de ambos se convertía en demasiado y los pecados de sus pasados se tornaban demasiado para soportar y entonces la besaba e intentaba borrar los rastros de Ishbal de su piel, aún sabiendo que la guerra jamás abandonaría su cabeza tal y como ella le había afirmado aquella vez. Dentro de mi corazón la guerra de Ishbal aún no ha terminado. No, probablemente nunca termine. Pero estaba bien, siempre que pudiera al menos sostenerla contra él por una noche. Aunque fuera una noche, unas horas, encontraba que era más que suficiente para calmar su necesidad de poseerla. Su necesidad de saberla viva y sentirla latiendo y respirando bajo suyo y llamándolo mientras sostenía literalmente la vida de ella entre sus manos manchadas de sangre.
Pero todo lo que hacía era causarle disgustos y hacerla pasar por dificultades y malos recuerdos que seguía acumulando junto con las cicatrices que había tatuado ya en su cuerpo y aparentemente aún continuaba haciéndolo —Lo siento. Sólo te he causado malos recuerdos —su expresión una de profundo dolor, casi similar a la de aquella vez con Envy.
Ella negó con la cabeza, su expresión firme —No. Te equivocas. Éste es el camino que yo elegí. Yo elegí creer en ti y seguirte... Nadie me obliga a hacerlo. Lo hago por voluntad propia.
Aún así, Roy negó con la cabeza. Había sido egoísta. Siempre se encontraba siendo egoísta respecto a ella, una y otra vez, y no parecía poder evitarlo. Pero eso no era excusa para hacerla pasar por todo lo que había pasado, partiendo desde la guerra de Ishbal hasta la actualidad —Te usé.
Riza no se inmutó, aunque exhaló ligeramente irritada —En ese caso, general, fue mutuo. Creo que soy lo suficientemente adulta como para acceder a algo consensuado. Y fue perfectamente consensuado —aseguró. Él la observó un instante y luego hundió su rostro en las anchas palmas de sus manos. Los mechones azabaches que caían de su flequillo escurriéndose entre los dedos como tinta.
Quiso preguntarle por qué, por qué razón creía tan fervientemente en él, por qué lo seguía, por qué lo había hecho hasta la guerra misma, hasta el infierno. Por qué le había dado concesiones para con ella que evidentemente no le habría permitido a nadie más, pero no lo hizo. No pudo. El nudo en su garganta no le permitía siquiera respirar con regularidad y todo lo que podía ver en ese instante, tras sus párpados, eran las quemaduras de la espalda de ella. Las que él había ocasionado en primer lugar. Las escaras, ásperas, secas y oscuras cubriendo la antes tersa piel. Y ,antes de éstas, la piel supurada, corroída por las flamas. Las ampollas burbujeando como lava ardiente sobre lo que una vez había sido una hermosa espalda. Porque lo sabía, de no haberse cruzado la alquimia en su camino, Riza habría tenido una hermosa espalda. De no haberse cruzado él por su camino, sus manos no estarían manchadas de sangre y sus ojos conservarían la inocencia que habrían tenido alguna vez (suponía, porque aún a sus 14 años parecían haberla perdido). Sus ojos jamás se habrían convertido en los de una asesina, para empezar. ¿Cómo es posible? Sus ojos también se han convertido en los de una asesina...
Exhaló, aún inmóvil. Los tendones de sus hombros tirantes contra su piel, bajo su camisa. Los hombros de éstos contraídos rígidamente bajo la superficie. Finalmente, alzó la vista. Evidentemente no se marcharía de allí ahora, no cuando aún tenía demasiado que solucionar e indudablemente no abandonaría a su teniente primera, tras saber la noticia, para irse a una cita. Roy Mustang podía ser muchas cosas, y muchas tantas otras que eran ciertas y no lo eran, pero conocía sus prioridades perfectamente y dejar a su subordinada en un momento así, por marcharse a una cita, estaba terriblemente jodido, incluso para él. Por lo que observándola aún de pie, derecha y tensa, y observándolo con sus expresivos y amplios ojos caoba, dijo —¿Puedo usar tu teléfono?
Riza asintió secamente. Y Roy se puso de pie y se excusó un instante para realizar la llamada. Cancelaría, porque simplemente no podía plantar a una mujer de esa forma. Más aún cuando ésta no tenía nada que ver con sus motivos para no presentarse. Era lo mínimo que podía hacer, después de todo. Una cortesía. Hawkeye, por otro lado, lo siguió con la mirada por unos segundos, observándolo tomar el auricular y hablar con calma, hasta que algo en su estómago –como un tirón, seguido de una torsión- la forzó a apartar la mirada y apresurarse al baño. Encorvándose, se inclinó sobre el retrete –una mano firmemente en el borde y otra sosteniendo su cabello dorado ahora suelo de su habitual agarre- mientras sentía la convulsión de su garganta en una violenta arcada y el ascender del contenido de su estomago hacia fuera. Jadeando, aguardó una segunda oleada.
La voz familiar de su superior viniendo desde la cocina —¿Hawkeye?
Cerrando los ojos, sintió una segunda convulsión en su tráquea y el resto del contenido fue a parar al agua arremolinándose delante de ella. El sabor a bilis inundándole la boca, mezclado con algo que sabía ligeramente a hierbas. Aún débil, intentó ponerse de pie pero una tercera arcada, súbita y violenta, curvó su cuerpo hacia delante –sobre la apertura del retrete- y la obligó a arrodillarse delante de éste. Aferrando el filo de loza fría con ambas manos, permitió que el resto de su estómago se vaciara completamente, mientras una tercera mano le sostenía el cabello en alto.
Roy, acuclillado a su lado –ahora con una mano en la espalda de Riza y la otra sosteniéndole la larga cabellera-, la observó con expresión de preocupación. Sus ojos negros escaneando la imagen general delante suyo. Su teniente primera, fuerte, firme y determinada, se encontraba arrodillada en un estado indigno y con los ojos vidriosos, jadeando y debilitada. Y él era el responsable de ello, así como lo había sido la última vez que ella había caído de rodillas, resignando su vida, tras haber creído que él había muerto frente a Lust. No lo había admitido, y le había reprochado a ella su conducta por rendirse (con legítima razón), pero Havoc había tenido razón. Si él no se hubiera tomado tanto tiempo en hacer su aparición, si hubiera sido más efectivo, más responsable como su superior, ella no habría tenido que enfrentarse sola al homúnculo. Y Alphonse no tendría que haberla protegido, cuando debería haber sido él en primer lugar, y Havoc no hubiera perdido la capacidad de caminar tampoco.
Riza le dedicó una mirada remordida —Lo lamento —mientras intentaba ponerse en pie por su cuenta. Sin embargo, Roy se apresuró a deslizar un brazo por detrás de la espalda de ella y ayudarla a pararse. Negando calmamente con la cabeza.
—No es necesario, descansa ¿Puedes caminar? —inquirió, permitiéndole usarlo como muleta mientras abandonaban el cuarto de baño dado que ella evidentemente aún se encontraba mareada.
Hawkeye asintió —No tiene que quedarse, general —aseguró, pero él ignoró la observación y continuó ayudándola a caminar de regreso hasta la cocina, donde la escoltó hasta que pudo tomar asiento en una de las dos sillas.
—Tonterías, por supuesto que tengo que, teniente ¿Puedo prepararte una taza de té o algo?
Riza negó suavemente con la cabeza —Creo que eso era el té, general —dedicando una rápida mirada hacia la dirección del baño.
Roy ofreció una sonrisa de comprensión, aunque atenuada dada la situación —Por supuesto.
Resignado, tomó asiento frente a ella. Apoyando ambos codos sobre la mesa y entrelazando sus manos delante de su rostro, bajo su mentón. Tal y como solía hacer en la oficina, cuando estaba sumido profundamente en sus pensamientos, intentando enroscar su mente alrededor de algo o pretendiendo organizar su siguiente plan de acción. Su siguiente movimiento, de camino a la cima. Particularmente no se sentía inclinado a discutir nada en aquel instante, dado que aún no había terminado siquiera de aprehender la idea pero no podía simplemente marcharse de allí con nada en las manos —¿Qué piensas hacer de ahora en más?
No era que quisiera adosarle la carga a ella, porque no lo hacía. Pero preferiría saber primero la opinión de Riza y su decisión al respecto antes de siquiera opinar. Después de todo, era ella la que padecería el proceso y la que se vería directamente afectada por éste. No él. Y por esa razón no tenía derecho de forzar sus opiniones al respecto, no sin saber antes las de Hawkeye.
Riza bajó la mirada inconscientemente a su regazo, y a su plano vientre de por medio, y suspiró. Una larga y tendida pausa antes de ser capaz de responder calmamente a su pregunta —Lo conservaré —aseguró, seriamente. No era una decisión aleatoria, Riza nunca tomaba decisiones a la ligera y ésta no era la excepción. No, llevaba días pensando en las distintas posibilidades, porque había sido entrenada para ello, pero por más que quisiera considerarlas todas había una que terminaba rechazando inmediatamente. Aún cuando fuera la solución fácil y obvia al problema. Simplemente no podía.
Roy asintió, comprendiendo al instante. Asesiné muchas personas en mi pasado. Además, yo misma elegí ese camino. Esa era sangre que no quería en sus manos, que no querían en sus manos. Una carga que no estaba dispuesta a adosar a la ya de por sí pesada carga que debía llevar en sus hombros y que llevaría hasta el final de sus días. Su propia sangre, y la sangre de él, era sangre que no Riza Hawkeye no podía tener en sus manos. Aún cuando había admitido estar dispuesta a continuar tomando vidas por el bien de su ambición. Sencillamente le parecía intolerable. Y esperaba que él pudiera entenderlo.
Lo hacía —Entiendo —asintió, solemne—. Entiendo, teniente.
Riza dedicó una calma mirada a su superior, de agradecimiento. Su expresión general más relajada —No es necesario que permanezca aquí, general. Yo podré hacerme cargo por mi cuenta.
Mustang frunció el entrecejo —¿Me está haciendo a un lado, teniente? Porque me rehúso a aceptar algo así.
Negó con la cabeza —Lo lamento, general. Pero no puedo aceptarlo. Aún si no fue este el resultado que esperaba... no puedo escapar de la responsabilidad que me corresponde.
El moreno se cruzó de brazos, claramente en desacuerdo —Si mal no recuerda, teniente; esto no es algo que se hace de a uno.
Riza frunció el entrecejo —Estoy perfectamente al tanto, general —replicó, igual de mordaz—. Sin embargo, no puedo permitir que se atrase en su ambición por esto. Yo prometí empujarlo hacia la cima, y esta es mi decisión de mantenerme firme a mi promesa.
Roy se pellizcó el puente de la nariz, pero sus ojos negros emanaban determinación —Es también mi responsabilidad, no esperarás que me quede sentado. Si no hago algo... estaría fallando a mi deber como adulto.
Una sutil sonrisa se dibujó en los labios de ella. Por supuesto, había intuido que él diría algo así. No era la primera vez que escuchaba algo de esa naturaleza de la boca de Roy, de todas formas. Es posible que el Fuhrer sea un homúnculo. No puedo quedarme aquí sentado. Además... sólo quedaron esos niños en el campo de batalla. Si no hago algo... estaría faltando a mi deber como adulto —No. No si es mi decisión, general. Y lo es. Por favor, déjame atrás. No quiero convertirme en una carga. Es tal y como dijo el teniente segundo Havoc, una pieza de ajedrez que no se mueve es completamente inútil.
Los ojos de él se abrieron ligeramente y una expresión de impotencia cruzó su rostro. Apretó los dientes mientras sentía una fría gota de sudor correrle por la frente ¿Por qué pones esa mirada? ¡Déjame! ¡Abandóname! ¡No tienes tiempo para andar preocupándote por un subordinado! ¿Acaso no tienes una promesa que cumplir ante el caído general de brigada Hughes? ¡No necesito tu compasión! Deja que me rinda. Te lo ruego —De ninguna manera podría... —cerró ambas manos en puño.
Pero ella sólo continuó observándolo con expresión calma —Al menos... Al menos si no puedo deshacer esto, al menos quiero evitar convertirme en un obstáculo.
Pero Roy negó con la cabeza —Cásate conmigo —sus ojos del color del carbón cargados con la misma determinación.
Los orbes caoba de Riza se abrieron ligeramente ante la proposición. Sin embargo, recompuso su expresión colecta al instante y exhaló pacientemente —Sin ánimos de ofender, general... no.
—¿No? —repitió completamente dislocado.
Riza negó con calma —No.
Mustang torció el gesto —¿Sabe, teniente? No era exactamente la respuesta que esperaba recibir cuando finalmente le propusiera matrimonio a una mujer. Sin mencionar que hirió mi ego.
Una apenas visible sonrisa apareció en los labios de ella. Su tono de voz paciente —No creo que éste fuera el motivo que esperara tener para hacerlo tampoco, general. Y lamento lo de su ego.
—No lo había descartado —aseguró, sonriendo arrogantemente.
Pero ella continuó con voz pausada, ignorando deliberadamente el comentario de su superior —Y déjeme recordarle que está prohibido según las leyes de la milicia.
—No lo olvidé. Sin embargo, estoy seguro que podría hacerse algo al respecto.
—Podrían acusarlo de confraternización, general, si se sabe que es suyo. Sin mencionar que podría poner en riesgo todo por lo que hemos trabajado y su posibilidad de alcanzar la cima.
—¿Espera que desconozca mi responsabilidad en el asunto, teniente? —reformuló, ésta vez serio. Aunque también había ido en serio con su proposición, sólo que aparentemente su teniente primera no lo había tomado de esa forma. No se sorprendía, por otra parte; rara vez había dado la imagen de ir en serio con una mujer, por no decir ninguna vez. Y probablemente lo había propuesto por todas las razones equivocadas. O eso era evidentemente lo que había dado a entender. Por su parte, no estaba seguro qué le había compelido a soltar las dos palabras de esa forma. Salvo que la idea de no tenerla más a su lado, cuidando su espalda, lo había desarmado por completo.
—Sólo espero que continúe haciendo su trabajo, general. Y avanzando hacia la cima. Un bebé... definitivamente no encaja en los planes.
Un bebé. Un bebé. Un bebé. Se paralizó. Por supuesto, de eso era de lo que estaban hablando y discutiendo. Sólo que él había deliberadamente omitido la temática (y mencionarlo en su cabeza) y había llenado el vacío con cualquier otra temática más tolerable. Pero estaban hablando de un bebé...
Riza le dedicó una mirada de preocupación, su mano extendiéndose de forma inconsciente hacia él, hasta sus ojos —¿Se encuentra bien, general? Parece algo pálido...
Se pasó una mano por el cabello –haciendo que Riza retrajera la suya-, intentando recomponerse nuevamente. Después de todo, él era EL alquimista de la flama. El héroe de Ishbal. Y se suponía que la guerra, lo que había visto y realizado allí, las vidas que había arrebatado, lo habían preparado para todo —Me encuentro en perfectas condiciones —afirmó. Pero aparentemente la paternidad no contaba entre ese "todo". Menos aún la paternidad súbita y no esperada ni buscada.
—¿Está seguro? Porque no parece...
Pero Roy volvió a negar con la cabeza —Me encuentro perfectamente, teniente.
Hawkeye asintió —Si, señor. Lo lamento.
Exhaló pausadamente —¿Entonces no aceptarás?
Riza observó a su superior y negó suavemente con la cabeza. No podía hacerlo —No, lo siento, general. No puedo hacerlo.
Simplemente no podía arrastrarlo con ella hacia abajo. Estaba cerca, finalmente estaba más cerca de lograr su ansiado objetivo, de alcanzar su sueño y cumplir con éste la promesa que le había hecho al general de brigada Hughes y esto evidentemente retrasaría su ascenso a la cima, sin mencionar que –de saberse- pondría en riesgo la posición de él en la milicia y todo por lo que habían trabajado durante años. Por supuesto, y de saberse, no faltaría quien quisiera aprovechar la situación para desacreditar a su superior y quitarlo de en medio. No eran pocos los que aspiraban a la cima, así como no eran pocos aquellos sin escrúpulos que estarían dispuestos a usar la situación a su favor para quitar a Mustang del camino. Especialmente porque la preferencia de Grumman por Roy era evidente y el anciano Fuhrer no se molestaba siquiera en disimularlo. Hecho que había fastidiado particularmente a Olivier Mira Armstrong también. Y la reina de hielo sería la primera de una larga lista de enemigos dispuestos a derrocarlo ante la menor oportunidad.
—Entiendo —suspiró—. ¿Te retirarás?
Riza negó con la cabeza. Firme. Y sin vacilar —No —por supuesto, había sospechado lo que diría. No, claro que no. La sola idea le resultaba absolutamente ridícula. Así como le había resultado ridícula la idea de Havoc retirándose cuando había ocurrido el incidente con su parálisis. E incluso antes de formular la pregunta ya había sabido la respuesta de ella. Era todo lo que conocía, después de todo. La milicia, eso era. El camino que había elegido seguir y no se apartaría de éste hasta cumplir con las razones por las que se había enlistado en primer lugar—. Después de todo, dije que protegería a esa persona hasta que alcanzara su ansiado objetivo. Que sobreviviría, para protegerla... Y eso haré.
—Continuarás en la milicia —no era una pregunta. Aún así, Riza respondió.
—Así es —sonrió con suavidad, bajando calmamente la mirada—. Es como dijiste... Para proteger a quienes son importantes para mi... Al menos, al menos quiero poder hacer eso... Para garantizarles un futuro mejor... a las siguientes generaciones.
Roy miró inconscientemente el abdomen de su teniente. Plano, y firme, tal y como había estado la última vez que lo había besado estando solos ellos dos, en el apartamento de él, entre sábanas enroscadas. Pero ahora todo eso le parecía lejano, así como presentía que no podría volver a sostenerla más de la forma en que lo había hecho en esas noches. Ella no lo permitiría, eso era seguro. Y suponía que él tampoco se atrevería a intentarlo con la situación actual. Aún cuando estuviera deseando hacerlo en ese preciso instante, y lo estuviera deseando terriblemente. Pero la idea del embarazo, por otro lado, provocaba el efecto opuesto en él.
La mano de ella cubrió su abdomen al ver que los ojos negros de él seguían fijos allí —Estaré bien, general. Creo que podré ser capaz de arreglármelas por mi cuenta.
—No lo dudo, teniente —replicó ligeramente fastidiado. Ciertamente no había puesto en tela de juicio las habilidades de su teniente ni su capacidad para arreglárselas sola. Siempre lo había hecho, de todas formas. Incluso cuando había vivido con su padre –especialmente cuando había vivido con su padre- y no le sorprendía que Riza fuera una persona tan capaz. Por otra parte, se rehusaba a abandonarla, tal y como se había rehusado a abandonar a Havoc—. Pero no creo que deba hacer esto sola.
—Aprecio la preocupación, general. Sin embargo, yo decidí esto. Lo hago por voluntad propia, nadie me obliga a hacerlo —aseguró. Y tras verlo torcer el gesto, agregó—. Por favor, no ponga esa cara. Estoy embarazaba, no muriendo. Estaré perfectamente.
Roy exhaló resignadamente, las palabras "estoy embarazada" retumbando en su cabeza una y otra y otra vez —¿Qué espera que haga sin mi valiosa subordinada y habilidosa guardaespaldas, teniente?
Riza sonrió calmamente —Espero que no cometer tonterías en la lluvia, general. Ya sabe que la humedad lo convierte en un inútil.
—No me lo recuerde, teniente. Por eso mismo formulé la pregunta anterior —señaló, exasperado. La idea de no tenerla a su lado velando por su bienestar lo hacía sentirse ligeramente desamparado. Tal y como se había sentido cuando Bradley la había apartado de él, junto con el resto de sus subordinados, y la había asignado bajo su mando.
Pero la expresión de ella se suavizó, así como su voz descendió unos decibeles hasta alcanzar el estatus de un susurro —No tienes que preocuparte por eso todavía. Aún puedo serte útil. Y continuaré cubriendo tu espalda, como prometí.
—¿Aún en tu estado? —inquirió, inseguro de que fuera una buena idea pero incapaz de concebir la idea de continuar su camino hacia la cima sin ella.
Riza asintió firmemente —Sólo serán unos meses, general. Luego podré retomar mis deberes normalmente —una pequeña sonrisa casi imperceptible dibujándose en sus labios—. Después de todo, alguien tiene que asegurarse de que haga su trabajo correctamente.
Roy se puso de pie y asintió solemne, dando un paso a ella –quien habiendo imitado a su superior se había puesto de pie también- y tomando entre sus dedos un largo mechón dorado de su cabello. Su expresión completamente seria —Comprendo —susurró, inclinando ligeramente su cabeza hacia Riza—. Lo consentiré —ella suspiró con calma, su expresión aliviada, aunque ligeramente abatida—. Mientras tanto, continuaré avanzando a la cima... Y espero que me sigas —la observó pausadamente. Deseando besarla allí y en ese instante pero absteniéndose de hacerlo. No parecía adecuado. Y jamás la había besado fuera del contexto de una noche de negligencia por lo que no estaba seguro de que ella fuera a aceptar el gesto tampoco. De alguna forma... y aún cuando ya habían hecho todo lo que podían hacer... el gesto parecía demasiado íntimo, por ridículo que pareciera— hasta que no puedas hacerlo más... Entonces te esperaré más arriba.
Viéndolo retroceder un paso, asintió secamente. Y se llevó una mano a la frente. Su postura firme y erguida —Si, señor.
Roy asintió también —Te veré el lunes, teniente. Continúa cuidando mi espalda, con esmero.
Y ella solo lo imitó, cerrando los ojos durante el nuevo asentimiento de cabeza —Si, general —mientras él daba media vuelta y comenzaba a marcharse por el oscuro corredor. Seguido de Black Hayate, quien acababa de despertarse –habiendo estado aovillado bajo la mesa entre ellos- y trotaba junto a su superior hasta la puerta.
—No te preocupes, conozco el camino. Puedo guiarme hasta la salida.
Sin embargo, cuando se marchó. Cuando oyó el suave clic de la puerta cerrarse y supo que había desaparecido por completo, su entereza y determinación se deslizó al suelo una vez más junto con ella. Contra la pared. Y suspiró, observando con una sonrisa triste a Hayate acercarse a ella sollozando de preocupación. —¿Por qué... —susurró, acariciando la cabeza del perro mientras enterraba su rostro contra sus rodillas. Su cabello suelto cayendo a ambos lados de su semblante— tiene que aparecer siempre en estos momentos?
Después de todo, ella había estado determinada a no decirle nada. Y a aceptar la responsabilidad y llevar la carga por su cuenta.
Si... había estado determinada...
...hasta que él había aparecido.
