Hey, aquí el nuevo capítulo, miren que si me están dejando tirada, pero mi imaginación está desbordando mucho y quiero aprovechar que tengo tiempo por ahora, porque si les advierto que no podre publicar muy seguido en unas semanas. No se preocupen, ya verán que le pongo de mi sazón a esta historia, espero disfruten este capítulo y reglamente al menos 4 review por este cap., que si me esforcé mucho para hacerlo más largo y más interesante.
Rescate
Tan pronto como Inuyasha se giró curioso para averiguar que era aquel ruido palideció igual que un calamar, más arriba, justo encima de él, había un humano… bueno a juzgar por lo fino de sus rasgos diría que era una hembra humana; se pegó lo más que pudo al casco del barco sin moverse bruscamente, no debía verlo, de hacerlo estaría firmando su sentencia de muerte. Pero la mujer humana no lo veía, tenía su rostro fijo en el horizonte. Intentando estar lo más quieto posible Inuyasha la detallo, tenía el cabello negro y largo, pero no como el de Koga o Miroku, sino más bien con ligeros tintes azulados, su piel era blanca como la de una perla, su rostro era fino, y tenía los ojos color café, un café que no había visto antes.
Llevaba algo extrañó sobre su cuerpo, algo similar a esa cosa que había en los palos altos de los barcos, pero era de color verde brillante y blanco, que cubría la parte inferior de su cintura, con la forma de una copa vista al revés, mientras que el resto de la tela se ceñía a su cintura y su busto, cubriéndolos por completo, definitivamente era algo… digno de verse. De hecho, quitando esa extraña prenda, era casi igual a cualquier otra sirena del reino, bueno casi… definitivamente era mucho más bonita que una sirena. La escucho suspirar mientras se recargaba en la barandilla, haciendo que sus hermosos cabellos negros callearon enmarcando su rostro. Inuyasha sintió que su corazón se aceleraba ante esa visión, de una manera que todo su instinto le grito que era peligroso, o que empezaban a secársele demasiado las escamas… Con mucho cuidado se pegó más al casco del barco, necesitaba saltar a la primera oportunidad, pero si lo hacía con ella pegada a la borda seguro lo vería. Se mantuvo observándola, esperando a que se distrajera o se diera la vuelta para poder saltar antes de que ocurriera algo que lo metiera en un nuevo embrollo, lo cual si no necesitaba pero para nada en este momento.
- princesa Kagome – escucho que una voz rasposa y autoritaria sobre la cubierta, desde su posición, vio que la chica se giraba para ver a la nueva persona sobre la cubierta.
- ¿si nana Kaede? – escucho que la humana hablaba, "así que se llama Kagome, y… también es una princesa" pensó Inuyasha, algo sonrojado por la dulzura de la voz de la chica.
- ¿qué crees que estás haciendo aquí arriba a estas horas? – la regaño, lo que Inuyasha supuso que sería su cuidadora.
- solo pasaba el rato, sabes que me gusta ver como la luna y las estrellas iluminan el océano, además estamos a pocas horas de llegar a casa – explico la joven.
- es muy peligroso, tu deberías estar en el camarote tejiendo y bordando la túnica matrimonial para tu futuro pretendiente y lo sabes – la regaño la anciana guardiana. ¿Bordar? Se preguntó Inuyasha, no sabía que tarea era esa, pero a juzgar por la expresión del rostro de la humana era todo un rollo, de hecho se preguntó si sería similar a cuando su padre o Sesshomaru le hacían limpiar todos los percebes de la fachada de palacio.
- pero nana… eso es un tedio – la escucho quejarse en voz alta, sip definitivamente debía ser algo odioso.
- no importa señorita, tu eres una princesa y debes de comportarte como tal – la regaño fuertemente la otra humana.
- es más ahora mismo quiero que bajes, aun estas castigada por lo que le hiciste al pobre príncipe Houjo – Inuyasha arqueo una ceja ¿una princesa castigada? ¿Qué le habría hecho una princesa a un príncipe para castigarla?
- vamos nana Kaede, ni que le hubiera hecho algo tan terrible – se quejó la princesa.
- metiste una colonia de hormigas rojas entre las colchas de su cama y luego bañaste sus pijamas en azúcar – Kagome se rio con culpabilidad.
- vamos nana, debes admitir que fue divertido, además se lo merecía por pomposo y desagradable – la vio sonreír, si querer él también sonrió.
- que se lo mereciera o no es otra cosa, Kagome ya tienes 18 años y debes comenzar a comportarte como una princesa, eso significa que debes respetar las reglas, y empezar a buscarte un buen marido – el regaño de la nana hizo que la princesa dejara escapar un fuerte suspiro de fastidio.
- de hecho, mejor te bajas ahora mismo de la luna y vienes al camarote conmigo – la vieja nana ordeno con voz tan dura como la del padre de Inuyasha.
- pero nana… - la vio quejarse, aquello lo hizo sonreír, se veía adorable haciendo pucheros.
- nada de nana, te espero abajo en tres minutos, ni un minuto más, a partir de ahora me asegurare de que te comportes como toda una princesa – aun desde su escondite Inuyasha, escucho unos sonidos alejarse, al parecer la vieja cuidadora se había ido.
- ¡yo no pedí nacer siendo una princesa! – escucho a Kagome gritar llena de frustración, dejo escapar un suspiro, en la entendía perfectamente.
- ¿Por qué tengo que pasar por todo esto? Ah… como desearía que me dejasen en paz ¿o es que tiene algo de malo ser uno mismo? – aunque Inuyasha sabía que ella estaba hablando sola, no pudo evitar sentirse identificado con ella.
- si tuviese pantalones ahora mismo tomaría un bote y me marcharía bien lejos, donde no me molestaran con eso de los pretendientes - Inuyasha estuvo solo a un segundo de decirle que se atreviera, el conocía algunas islas desiertas muy bonitas que seguro le gustarían, pero al menos tuvo el suficiente sentido común para cubrirse los labios antes de cometer esa tontería.
Había estado a punto de hablarle a un humano, su padre le arrancaría las escamas si se enteraba, al igual que cualquiera de sus hermanos. La sola idea era ridícula, no, toda esa situación era completamente ridícula. Porque, de algún modo, Inuyasha no pudo ver a esa chica como una asesina, sin espinas, arponera y devoradora de pescado como solía decir su padre; ella era hermosa, y su voz era tan dulce como la de las mejores cantantes de su mundo submarino. Seguramente esa bella hembra humana era el epitome de todas las cosas buenas de la superficie.
CRRRRAAAAAAKKKKKK
El fuerte sonido de la madera crujir por las olas se vio opacado por un destello de luz seguido de un profundo estruendo, Inuyasha tuvo que agarrarse de la madera para no caer por la sorpresa. Encima de ellos, las nubes habían formado un espeso remolino que no tardo en ennegrecer y apagar cualquier rastro de luz de luna o de estrellas. El viento comenzó a soplar con mucha fuerza y las olas se acrecentaron a tal grado que rosaban sin problema la punta de la aleta de Inuyasha.
- ¡TORMENTA! – escucho que alguien gritaba desde la sima del palo más alto del barco, un segundo después todo en la cubierta era un caos.
Aun desde su posición Inuyasha podía ver como varios machos humanos corrían de un lado al otro como un banco de peces rallados. De hecho sus pasos martillaban igual que Sesshomaru cuando lo encerró sin querer en uno de los armarios cuando eran niños. Al bamboleo de la nave comenzó a hacerlo resbalar, así que se agarró a la madera como pudo, caerse al agua desde esa altura sin duda sería algo muy doloroso.
- ¡protejan a la princesa! – escucho a alguien gritar desde la cubierta, intento estirar el cuello para mirarla pero solo vio hombres corriendo de un lado al otro. Pero cuando comenzó a llover le fue imposible ver nada realmente, además las olas comenzaban a azotar el barco con fuerza. Inuyasha se aferró aún más fuertemente al casco del barco, pues con la humedad comenzaba a resbalarse.
Los relámpagos comenzaron a escucharse cada vez más fuertes y con más frecuencia, haciendo que los vellos de la nuca de Inuyasha se erizaran. Un segundo después una luz se encendido sobre su cabeza, cuando levanto la vista, Inuyasha vio una enorme masa blanca, aquella cosa de tela que atrapaba el viento para navegar estaba envuelta en una extraña luz naranja, la cual creció de manera muy rápida, tragándose toda aquella tela blanca y luego se trasladó directo a la cubierta. De pronto Inuyasha sintió que se le calentaba la piel, más de lo que nunca había estado en su vida, todo su cuerpo, hasta la más pequeña de sus escamas estaba seca, aunque la lluvia azotaba su espalda y todo su cuerpo como si fueran mil látigos. Definitivamente algo en esa cosa naranja no estaba bien.
Pronto esa cosa comenzó a acercarse peligrosamente a él, y los relámpagos tampoco estaban lejos de golpearlo, Inuyasha supo que tenía que saltar, o esa quien sabe qué cosa lo alcanzaría. Tan pronto como esa idea cruzo por su cabeza, toda la nave se sacudió con fuerza, al parecer había colisionado con algo. El agarre de Inuyasha en la madera se perdió, pero se negó a caer como una piedra, así que usando su poderosa aleta, se impulsó, saltando lejos del barco solo un segundo antes, y se posiciono para ser en picada con los brazos por delante al igual que los clavadistas. Como prefijo el golpe contra el agua fue doloroso, pero sin duda el frio del agua era bien recibido contra su piel hirviente, incluso sus pulmones le agradecieron volver al mar, pues aunque el aire no les hacía daño a los tritones y sirenas, era mucho más cómodo estar bajo el agua.
Tan pronto como recuperó el aliento, Inuyasha se precipito nuevamente a la superficie y miro a ambos lados, del barco solo quedaban pedazos, y una parte del casco del barco, atascada en un desfiladero de roca que estaba siendo consumida por aquella cosa naranja que brillaba como el sol, pero calentaba peor aún. Una cosa larga y puntiaguda como una lanza que surgía del océano, la mayoría de la tripulación también estaba en el agua arrojada debido a la fuerza del impacto, tal como había sido arrojado Inuyasha.
- ¡la princesa! ¡¿Dónde está la princesa Kagome?! – escucho que una voz gritaba desde uno de los botes salvavidas.
- ¡esta pérdida!, ¡es imposible que haya sobrevivido! – escucho una segunda voz desde una parte oscura del océano.
El rugido de la tormenta segó las voces de los hombres, pero Inuyasha apenas lo noto, tan pronto como escucho la palabra "perdida" se dio la vuelta y comenzó a nadar entre los escombros, no sabía porque, pero no podía permitir que esa humana muriera, simplemente no podía. Nadaba desesperadamente por entre los escombros que contaminaban las olas del océano, pero no llegaba a vera, estaba temiendo que realmente se hubiese perdido entre las holas cuando un destello blanco con verde llamo su atención. No muy lejos de ahí, estaba la mujer humana, aferrándose a un trozo de madera, pero no tardo en hundirse bajo las olas.
Sin dudarlo el príncipe tritón se lanzó tras ella, con ayuda de su poderosa aleta se colocó debajo de ella y la sujeto de la cintura, apenas y pesaba nada. Cuando la tuvo bien sujeta se impulsó con toda su fuerza para llevarla a la superficie, bien sabía que los humanos no podían respirar bajo el agua. Una vez fuera del agua, se movió buscando indicios de la tripulación o de los botes, pero no había nadie. Enojado la sujeto bien contra su pecho, para que no se resbalara. ¿Ahora que podía hacer?
"tierra… ¡debo llevarla a tierra firme!" pensó, decidido. Azotando con su aleta color rojo las frías a aguas del mar, Inuyasha comenzó a dirigirse, con cuidado de no sumergir su preciada carga, a la tierra más cercana que conocía. Solo había visto esa playa una vez, de lejos, cuando estaba buscando a Hachi para preguntarle algo. Ahora solo rezaba a Poseidón por que le permitiera encontrarla de nuevo. "solo aguanta princesa…" repartía en su cabeza sin dejar de nadar.
Fue un viaje largo, incluso para un tritón macho con una carga apenas pesada a acuestas, pero nadie podía decir que Inuyasha había sido menos que determinado. Después de encontrar por el camino a Shippo, y para su sorpresa a Myoga, había conseguido, con su debido esfuerzo, llevar a la princesa humana de vuelta a la orilla, peor aun así, su estado de inconciencia lo preocupaba bastante. Cuando llegaron a las aguas poco profundas de la orilla, Myoga insistió en que la dejara y se marchara, pero Inuyasha se negó a hacerlo, avanzo todo lo que pudo dentro de la playa y luego recostó a Kagome en la arena con toda la suavidad de la que fue capaz, pero estando en tierra su cola era más un estorbo que una ayuda, pues lo volvía torpe de movimientos. Shippo y Myoga lo esperaron desde el agua, aguantando la respiración mientras los rayos del sol comenzaban a asomarse desde el horizonte.
- ¿está muerta Inuyasha? – pregunto el pequeño tritón curioso. Inuyasha observo a la princesa inconsciente.
- creo que no, pero no sé cómo asegurarme – masculló, él sabía bien que a los humanos les era imposible respirar bajo el agua, peor no sabía bien porque, ni tampoco como podía saber si estaban bien, o enfermos o heridos.
Con mucho cuidado toco el rostro de la princesa, estaba blanco como la espuma marina, pero no fría al tacto, ¿eso estaría bien? ¿Qué los humanos tuvieran la piel caliente? Los tritones eran de piel más fría. Inuyasha se incluido un poco más hacia adelante para quitarle algunos mechones negros del rostro, su semblante era muy tranquilo, no parecía que había estado a punto de ahogarse. Mientras quitaba uno de los mechones negros que cruzaba su rostro, mientras lo hacía sintió una brisa tibia contra su muñeca, rápidamente bajo la cabeza, confirmando que se trataba del aliento de la joven.
- está respirando – murmuro aliviado, si respiraba significaba que estaría bien ¿cierto?
- bien por ella ¿podemos irnos ahora antes de que el rey decida que quiere cenar sopa de cangrejos ente noche? – escucho a Myoga quejarse, mientras caminaba por la punta de su aleta, pero lo mando a volar de un coletazo.
- ¿Inuyasha? – pregunto Shippo, que si bien no se había atrevido a salir del agua si estaba lo bastante cerca como para ver a la princesa, de hecho el también creía que era hermosa.
- en un momento Shippo, quiero verla un poco más – le pidió, la verdad estaba paralizado por la belleza de la joven, así, dormida sobre la arena se veía como una ninfa, tan serena que no podría creer que estuvo a punto de ahogarse. Su extraña prenda estaba hecha un desastre y su cabello parecían algas secas, peor aun así, era muy bella.
Comenzó a lamentar que estuviera inconsciente, estaba seguro de que habría muchas cosas de las que podrían hablar, o incluso si solo hablara ella… la verdad también había disfrutado del sonido de su voz, era tan armoniosa como la de cualquier sirena ¿Cómo sería oírla cantar? Seguro algo excepcional. También observo sus piernas y aquellas cosas que había al final de las mismas ¿Cómo se llamaban? Pies quizá… noto que eran muy parecidos a sus propias manos. Antes de darse cuenta de lo que hacía Inuyasha volvió a tomarla en sus brazos y la acomodo de tal manera que quedara acunada por él, protegida de los rayos del sol por su musculoso trozo, manteniéndola en su lugar con un brazo comenzó a acariciarle el rostro y cepillarle el cabello con sus dedos mientras le susurraba dulcemente.
- lo que daría por estar en donde tu estas… por estar a tu lado… verte sonreír…- murmuraba con un tono tan soñador y cariñoso que Shippo por un segundo pensó que algún tipo de brujería había reemplazado a Inuyasha por alguien con corazón, y uno de poeta para colmo.
- oh… como desearía escucharte decir mi nombre… ser parte… de tu mundo – eso ultimo lo dijo con voz sumamente baja, bueno, al parecer no tan baja.
En sus brazos Kagome comenzó a revolverse ligeramente, luego sus ojos se crisparon antes de abrirse un poco. Inuyasha se quedó paralizado, sabía que tenía que escapar y meterse al agua antes de que ella se diera cuenta de su naturaleza mitad pez. Pero algo lo tenía atrapado contemplando esos ojos color castaño… seguramente se habrían quedado así mucho tiempo hasta que un sonido extraño irrumpió el encanto, Inuyasha ese asusto dejo a la princesa sobre la arena y salto de vuelta al agua. Esperando que ella no hubiese viso su aleta color escarlata; con cuidado rodeo una roca bajo la superficie antes de resurgir, oculto tras la piedra observo como un extraño animal de cuatro patas y cubierto de pelo se acercaba a la princesa, seguido de cerca por una anciana humana.
- ¡princesa! ¡Princesa Kagome! – gritaba la mujer, no tardo en reconocer la voz, seguramente era la misma vieja que había regañado a Kagome en el barco.
- gracias a dios niña, ¡creía que te habíamos perdido en esa horrible tormenta! – gritaba al tiempo en que ayuda a la joven a incorporarse.
- no sabes el susto que me has dado, definitivamente no permitiré que vuelvas a treparte a un barco en un muy largo tiempo, de hecho será mejor que vayamos al castillo rápido para que puedas darte un baño y descansar. – Kagome dejó que su nana la ayudara a sentarse, aún tenía la vista borrosa y le dolía la cabeza.
- nana Kaede espera…- le pidió la princesa a su cuidadora.
- ¿Qué ocurre? – pregunto espantada la mujer mayor, creyendo que a su protegía le dolía algo…
- ¿había…? ¿Había alguien aquí conmigo hace un segundo? – pregunto mirando a su alrededor.
- ¿Qué? No niña, estabas aquí sola – negó de inmediato la anciana, Inuyasha dejó escapar un suspiro de alivio, bien, la vieja no lo había visto.
- no… aquí había alguien, un muchacho… el me rescato - desde su escondite Inuyasha retuvo el aliento, oh no, ella de verdad lo había visto.
- debes haber estado soñando Kagome, aquí no había nadie más que tú, y lo que queda de tu vestido…- mascullo la anciana mirando casi con lágrimas la tela rasgada del vestido.
- no nana, aquí había un muchacho… estaba aquí… me tenía en sus brazos… y me hablaba… - comenzó a decir de nuevo Kagome, desde su escondite Inuyasha trago saliva, sip, definitivamente ella lo había visto.
- ya está bien de imaginaciones niña, aquí no había nadie, así que mejor levántate para que podamos volver al castillo a que te des un buen baño – la regaño la mujer mayor, Kagome la vio con las cejas fruncidas.
- no son imaginaciones nana Kaede, ¡un muchacho me salvo del naufragio! ¿O crees que podría haber nadado toda esa distancia yo sola? – se quejó la princesa.
- ¿considerando lo atrabancada que eres desde niña?, ¡Sí! Ahora de vuelta al castillo, y ten por seguro que no te dejare salir por un muy buen rato señorita – mientras la anciana mujer se llevaba a rastras a la princesa, Inuyasha se atrevió a asomarse un poco.
Aun desde la distancia pudo ver como los ojos cafés de la princesa examinaban la playa sin dejar un solo grano de arena pasar inadvertido. Se quedó bien quieto tras la piedra, pues sabía que si ella veía algún movimiento no iba a rendirse hasta encontrar al causante. Por varios minutos se quedó tan quieto que Shippo se preguntó si acaso no respiraba, cuando finalmente las dos mujeres se marcharon Inuyasha dejo escapar un largo suspiro, mientras su cabello plateado, ya seco por el sol ondeaba suavemente por la brisa.
- Inuyasha, ¿estás bien? – preguntó Shippo preocupado.
- ¿eh? Oh si Shippo… si… mejor volvamos, ya es tarde incluso para mí – asintió Inuyasha mirando con añoranza al lugar donde había desaparecido Kagome.
- mejor será, y sepan jovencitos que no volveremos a mencionar nada de esto a nadie. O si no la familia real comerá ceviche de mariscos fresco – gruño el viejo Myoga que por fin había podido darles alcance a los dos tritones.
- ¿seguro que estas bien Inuyasha? – volvió a preguntar Shippo al ver tan distraído a su amigo. Pues cuando estaban entrando al castillo se dio de cabeza contra la puerta.
- ¡feh! estoy bien Shippo ahora mejor apresurémonos que tengo que llegar a mi habitación antes de que… - gruño el tritón frotándose la cabeza, estaba por dar la vuelta en el recodo del pasillo…
- ¡INUYASHA! –
Continuara…
