Se sentía como un puberto una vez más, como si a penas estuviese descubriendo los placeres mundanos de la carne y lo que era desear a alguien hasta el punto de materializarlo en las fantasías más vívidas.

De cierta forma era así, estaba redescubriendo aquel éxtasis como si fuera algo totalmente novedoso-como si nunca se hubiese visto, hace varios años, en esa misma situación pero con Bárbara Gordon en su cabeza-, a la vez que su mente le guiaba a una nueva y prohibida pasión carnal.

Si Bruce pudiera entrar en su cabeza, que a Dick le daba la impresión de que con su aterradora mirada fija podría hacerlo, seguro lo golpearía hasta quitarle las ganas de fantasear con su primogénito.

Deseaba a aquel que todas las leyes morales que conocía le decían a gritos que no podía tener- estaba seguro que era parte de los "bati-mandamientos" de la familia-. Pero entre más pensaba en lo incorrecto de su deseo más fuerte era la oleada de placer que sentía recorrerle el cuerpo.

Grayson movía sus manos por toda la extensión de su miembro erecto, evocando imágenes provocadoras del adolescente culpable de ocasionar todo su embrollo mental; reprimiendo suspiros placenteros que buscaban escaparse de sus labios entre abiertos; rememorando las veces que lo tuvo tan cerca que pudo haberlo tomado sin dificultad.

La sensación de humedad entre sus manos, causada por el lubricante que atinó a añadir a su sesión vespertina de autoamor sólo ayudaba a su psique en la creación de fantasías que se le antojaban cada una más deliciosa que la anterior. En ellas ya no eran sus dedos los que estrujaban su erección y la recorrían a ritmo ascendente, tras sus párpados cerrados él veía al pequeño demonio Al Ghul con su húmeda boca, su lengua rosada y su garganta calida, contribuyendo gustoso a su llegada al éxtasis.

¿Cuántas veces lo había tenido tan cerca que podía respirar en su nuca? Perdió la cuenta.

Deseaba apresar al "hijo de sangre" de su mentor entre sus brazos y poner a prueba esa flexibilidad y resistencia de la que tanto se jactaba el menor en sus aposentos, en la sala, en la ducha, en el batimóvil o donde fuera; claramente su sentido común no le permitía de ninguna manera cumplir con aquel sueño. Siendo así, lo único que tenía en ese momento para saciar sus bajos instintos eran sus propias y hábiles manos en busca de complacerle.

Con cada imagen que llegaba a su mente se sentía más cerca del clímax, aumentando progresivamente la velocidad en que se movían sus manos. Los espasmos le indicaban el inminente final, a la vez que veía en espejismo al que había crecido hasta convertirse en un bello hombre obsequiandose a su merced, mientras sus labios a duras penas dejaban escapar el nombre del objeto de su bestial deseo.

"Damian..." lo dijo como una plegaria, manteniendo sus ojos cerrados fuertemente mientras dejaba a sus dedos mancharse con su propio esperma.

--La próxima vez que necesites ayuda sólo toca a mi puerta --habló una muy bien conocida voz para el ex-Robin del otro lado de la puerta cerrada de su recámara. --, imagino que ya sabes muy bien donde está mi habitación, Richard --la forma en que pronunció su nombre causó en él un escalofrío placentero que reptó por su columna, anteponiendose esa sensación a la inicial vergüenza que sintió al saberse descubierto.

El acróbata tragó saliva, tomando valentía de donde no supo para pronunciar sus siguientes palabras. --La necesito ahora --y la puerta se abrió al instante.