Padre e hija.
...
Tony no había planeado que sucediera de esta forma, de verdad.
Él sólo quería ir y salvar a Natasha de ese horrible lugar y también a todas las niñas que pudiera, lo cual, bien, logró. La cosa era, Tony no había planeado tomar a Natasha con él y llevarla a Asgard, él había pensado en dejar a las niñas con las autoridades correspondientes y asegurarse de que no volvieran a ese horrible lugar, lo cual también hizo, pero él no había esperado que Natasha se pegara a su lado como lo había hecho.
— ¿Se van? —había preguntado la pequeña pelirroja, su rostro permanecía sin expresión, al igual que el resto de las niñas, pero Tony pudo notar la aprensión disimulada en su voz.
Natasha era una niña de cuatro años, pero esos años habían sido suficientes para adoctrinarla en un ser sin emociones. Tony no quería más que regresar a ese horrible lugar y hacer sufrir a los bastardos como realmente se merecían, pero no podía porque ahora era momento de enfocarse en esta pequeña niña que había sido una de sus personas importantes en su otra vida.
— Así es —respondió Tony, agachándose hasta estar a la altura de la niña —. Mi hermano y yo hemos cumplido con lo que teníamos que hacer; salvarlas. Ahora tenemos que regresar a casa —su voz era suave, más suave de lo que había planeado.
Natasha lo observó fijamente —. Yo no tengo una de esas. Todos están muertos.
Maldición. Tony no se esperaba un comentario como ese, una idea pasó por su mente y le dio un análisis de un segundo antes de tomar su decisión. No había otra forma de que esto fuera, y tal vez él lo había sabido desde que decidió bajar a Midgard.
— Natasha —dijo Tony, ganándose una mirada de la niña.
— Mi nombre es Natalia.
Tony se mordió el labio —. Sí. Lo siento. Es solo que Natasha y Natalia suena tan parecido, me confundí —la pelirroja siguió observándolo —. La cosa es… ¿quieres venir con nosotros?
Pudo sentir entonces la mirada de Loki, quien había permanecido un paso detrás de él, sólo escuchando, clavándose con fuerza en su rostro. Tony lo ignoró, después se encargaría de su hermano; se enfocó en la niña, quien lo veía fijamente, como tratando de averiguar si lo que decía era verdad o no. Ella estaba buscando alguna señal de mala intención, después de todo sólo hacía una hora que ella había estado en la Habitación Roja y el hombre frente a ella, aunque la había salvado a ella y a las otras niñas, seguía siendo un desconocido.
Esos hombres las habían salvado, pero ellos tenían mucho poder y el poder no siempre era bueno, pero… el hombre frente a ella la miraba de una forma suave y dulce, como si pudiera ver más de ella de lo que la misma Natalia era consciente. Y, por alguna extraña razón, ella sentía que podía confiar en él.
— ¿Puedo?
Los ojos del hombre estaban repentinamente llenos de un amor puro, sin adulterar, que parecía casi doloroso. Nunca nadie la había visto de esa manera. Era, de alguna forma, como si fuera la cosa más preciosa del mundo. Fue en ese instante que ella supo lo que era ser amado de verdad.
— Claro que sí, si es lo que quieres —dijo Tony.
La pelirroja entonces asintió, un movimiento imperceptible y vacilante, pero verdadero.
— Bueno —Tony le sonrió, igualmente tentativo, y la tomó con delicadeza, en movimientos lentos para que ella los viera y no se sintiera amenazada.
— Hermano —llamó Loki, la desaprobación reflejada en su mirada.
— Lo sé, Loki —Tony entendía lo que el pelinegro trataba de decirle, lo que estaba haciendo era algo inaudito en Asgard, pero él había tomado una decisión y estaría condenado si no fuera a pelear por mantener a Natasha con él cuando ella lo necesitaba —. Pero lo he decidido. Ella viene con nosotros, es mía ahora.
Apretó su agarre en el pequeño cuerpo y Natasha- no, Natalia, debía recordarlo, correspondió apretando sus bracitos en el cuello, dándole una mirada desconfiada a Loki.
— No me mires así —mandó Loki, él no era un ser sin corazón.
Él sabía que los niños debían ser protegidos y había soltado su ira en aquel lugar al ver las maneras terribles con que trataban a esas niñas, pero él nunca había pensado en adoptar a una de ellas como su hermano lo estaba haciendo. Pero como siempre, Anthony hacía lo que quería y era claro para Loki lo invertido que ya estaba su hermano con esa pequeña niña.
— Ignora a Lolo, Nat —Tony llamó la atención de la niña —. Él sólo está preocupado de que papá se enoje. Hey, tranquila —dijo al notarla tensarse —. Nuestro padre no es malo, sólo es estricto y como es el rey tiende a tomarse a pecho lo de poner cara de pocos amigos.
— ¿Rey? —inquirió ella.
Tony asintió y Loki decidió dar una breve explicación —: Nuestro padre es el rey de Asgard y nosotros somos príncipes junto con Thor, nuestro otro hermano y el menos brillante de los tres —hizo una pausa, ignorando la mirada burlona del moreno y la interesada de la niña —. Anthony —hizo un gesto al mencionado —, es el futuro rey.
Ante eso Natasha volvió sus grandes ojos verdes al castaño, Tony se encogió de hombros —. Soy asombroso, lo sé —entonces adoptó una expresión seria —. Nat, hay algo que quiero que entiendas antes de irnos. Loki y yo no somos de este reino, puedes pensar en ello como que nosotros venimos de otro planeta. Asgard es muy diferente de aquí en muchos sentidos, demasiados como para explicarlos ahora, pero lo que tienes que saber es que si vienes con nosotros es posible que no regreses aquí por un largo tiempo.
— Está bien —dijo ella —, no me gusta mucho aquí.
Tony entonces miró a Loki por encima de la cabeza de Nat; Loki no hizo ni dijo nada, de todas formas las cosas ya estaba dichas.
— Bien —Tony le sonrió —. Ahora agárrate fuerte. ¡Heimdall!
Los tres desaparecieron a las espaldas de todos. Nadie notó la falta de una niña y pronto se olvidarían de los dos hombres extraños que habían dejado un grupo de niñas frente a las puertas de un hospital.
...
La discusión con Odín para mantener a Natasha fue dura, pero Tony no era, sino, obstinado. Y Odín sabía cuándo iba a perder una batalla. Nada más tenía que ver la forma en que Anthony se aferraba a la niña en sus brazos y en como ella le correspondía.
Y Odín lo entendía y se sentía enfermo ante el pensamiento de lo que esa pequeña niña había pasado. Ninguna persona, en especial un niño, debía pasar por tal sufrimiento.
Y luego estaba Anthony, quien pasaba días enteros sin dormir por estar inventando, quien cumplía con los caprichos de Thor y sacaba a Loki de su caparazón. Anthony, quien pasaba largas caminatas con Jarvis, quien podía pasar horas volando con sus dragones como si hubiera nacido para vivir entre las nubes. Anthony, quien soportaba las horas del té con la señoras de la corte sólo porque a Frigga le encantaban esas reuniones, quien gastaba su tiempo en pláticas con un viejo aburrido como Odín. Anthony, su hijo, quien podía mandar ejércitos enteros con un movimiento de dedo y que se mezclaba con la gente y se preocupaba por su pueblo.
El mismo Anthony que ahora quería convertirse en padre.
Odín no tenía oportunidad.
...
— Natalia-
— Natasha —dijo ella.
Tony parpadeó —. ¿Qué?
— Me gusta Natasha. Es mi nombre desde ahora.
— ¿Por qué? —Tony la vio sin comprender.
— Fue el nombre con que me llamaste cuando fuiste por mí. Es un nombre especial.
Tony la vio, parpadeando —. Es- está bien —no tenía otra respuesta a eso, después de todo siempre había sido incapaz de ir contra ella.
...
— ¿Cómo debo llamarte? —inquirió Natasha un día, mientras ambos veían entrenar a los Tres Guerreros y Lady Sif desde lo alto de un balcón.
— ¿Llamarme? —Tony le dio una mirada de soslayo, viéndola asentir y ahora que lo pensaba, en las semanas que Natasha llevaba en Asgard, ella nunca lo había llamado de alguna forma.
Era como si tuviera un sexto sentido para saber que ella se dirigía a él, era como un acuerdo tácito.
Tony se encogió de hombros —. Puedes llamarme como quieras, Tasha. Puedes llamarme Tony o como se te ocurra. Eso sí, nunca me llames Anthony, eso sólo sería raro.
— Papochka —dijo Natasha entonces, ganándose toda la atención de Tony —. Quiero llamarte papochka.
Tony sabía lo que esa palabra significaba; era una palabra rusa con un significado sencillo, pero tan importante y terrorífico. Tony nunca pensó que alguien llegaría a llamarlo así y mucho menos porque quisieran. Papá. No se suponía que esa fuera una palabra con la que asociar a Tony Stark o, ahora, Anthony Odinson, pero ahí estaba Natasha, la persona más improbable, llamándolo con la palabra más improbable de todas.
— ¿Por- por qué? —logró decir, sintiendo un nudo en la garganta y entonces Natasha se movió desde su lugar en la baranda para estar frente a frente con el hombre que la había salvado.
— Porque eso es lo que eres —dijo ella en un tono de obviedad —. ¿No quieres? —preguntó en seguida, frunciendo el ceño.
Tony negó con la cabeza, sus ojos ligeramente húmedos y la mandíbula apretada para evitar soltar algún sollozo embarazoso; él llevó una mano para acariciar el cabello rojo y luego posarla en la mejilla pálida —. Dije que puedes llamarme como quieras, ¿recuerdas?
Natasha entonces se relajó, asintiendo.
— Oh, Dios, Nat —Tony entonces cargó a la niña para un abrazo.
— No llores —dijo ella, acurrucándose en el abrazo y dándole palmaditas en la cabeza al mayor.
— ¿Quién está llorando? Yo no —dijo Tony, logrando sonreír entre su garganta apretada y la calidez que sentía en su pecho —. Sólo se me metió una basura en el ojo. Estúpido viento.
— Eres tonto, papochka.
Tony entonces soltó una risa.
...
Era de noche y Tony estaba arropando a Natasha después de contarle una de sus historias cuando era niño. Fue un momento, cuando ella se le quedó viendo de esa manera fija y clara suya, que Tony decidió que era tiempo de tocar un punto importante.
— Tasha —empezó él —. Sé que tu abuela te ha hablado sobre las manzanas doradas —ella asintió —. Entonces sabes que tienen el poder se hacerte inmortal, como nosotros… si comes una tú empezaras a envejecer muy lentamente.
— Yo sé todo eso —interrumpió Natasha.
— Sí, cierto —Tony se esforzó por sonreírle —. ¿Vas a comerla?
— No —y antes de que Tony pudiera preguntar el por qué, ella continuó —. No quiero ser una niña por mucho tiempo y quiero crecer normalmente, como en Midgard. Es lo único que me queda de ese lugar.
— Pero, Nat-
— Eso no significa que no la comeré un día —ella le sonrió, una sonrisa pequeña, pero genuina como todas las que había comenzado a mostrar en los últimos tiempos —. Yo… creo que quiero ser una adulta primero.
Oh.
Era eso.
Ella no quería prolongar la niñez que había comenzado de forma tan horrible y dolorosa; Natasha quería alcanzar la adultez antes de tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre, después de todo tener una vida larga no siempre era bueno. Y ella siempre había sido tan independiente y hermosa y fuerte que era normal para ella el querer salir del seno familiar sobreprotector.
Tony lo entendía, y lo respetaba.
— Lo que no quieres es pasar tantos años conmigo llamándote por apodos ridículos, ¿no es así, arañita de jengibre? —le pellizcó suavemente la nariz, ganándose un ceño fruncido acompañado de una risa de su hija.
Y lo extraño, pero entrañable que era decir esa palabra.
— Eres tan vergonzoso, papochka —dijo ella —. No sé cómo mis hermanos han podido pasar tanto tiempo contigo.
Y lo adorable que era el que Natasha se dirigiera a los tres dragones como sus hermanos. Tony estaba haciendo un buen trabajo.
— Ellos me aman.
— Es sólo porque no hay nadie más que pula sus escamas.
— Mentiras. ¿Y qué es esto? ¿Por qué le dices cosas tan hirientes a tu padre? —Natasha no le respondió —. Si no fuera porque eres tan adorable y porque te amo, ya estarías severamente castigada —hizo una pausa, pasando por alto la mirada de suficiencia de la niña. A veces le parecía increíble lo parecida que su Natasha era a la Natasha adulta de sus memorias, era entrañable y doloroso, todo al mismo tiempo —. Muy bien, Natasha. Lo haremos como tú quieres. Cuando creas que ha llegado el momento sólo tienes que decirme, ¿de acuerdo?
— Bien —asintió ella.
...
— Lady Sif, creo que tienes un admirador —dijo Fandral al final de una de sus sesiones de entrenamiento.
— ¿Disculpa? —inquirió la guerrera y entonces se volvió lentamente, justo a tiempo para ver una pequeña figura esconderse detrás de una columna.
Fandral hizo un gesto decorado —. La princesa Natasha la ha estado observando durante la última hora.
Sif asintió, ella ya se había dado cuenta de la presencia de la niña, pero había decidido dejarla estar, la pelirroja no estaba molestando a nadie —. Ella nos observaba a todos —entonces dio un paso hacia la columna —. No creo que pueda ver algo a través de la piedra, princesa. Pero si usted puede, debe decirnos como lograr tal hazaña.
Natasha entonces salió con una mirada obstinada —. ¿Te burlas de mí?
— No somos su tío Thor —señaló Fandral, a pesar de que Thor adoraba a su sobrina, también disfrutaba de molestarla con comentarios sin malicia sobre su marco tan pequeño —. Y, hablando de eso, ¿dónde está él?
Fue cuando una fuerte explosión resonó, sacudiendo el suelo y siendo seguida de una risa ruidosa.
— ¿Cuándo va a dejar de usar a Mjiolnir como si fuera un juguete? —Sif resopló y se volvió de nuevo a Natasha, quien permanecía estoicamente en el mismo lugar —. Tal vez deberíamos decirle a su alteza Anthony que ponga a la princesa sobre Thor, cabe la posibilidad de que así empiece a actuar como un adulto —entonces se dio cuenta de que la mirada de la niña vagó hacia sus espadas —. Princesa, no tiene que esconderse, es sólo una práctica e independientemente de, nadie va a hacerle daño.
— Parece peligroso —dijo Natasha, aunque el estilo de pelea aquí era diferente, el ver todos esos movimientos y todas esas armas le traía recuerdos espantosos de su vida antes de conocer a su padre.
Sif frunció el ceño y se puso de cuclillas frente a la niña —. Tienes razón. Sigue siendo peligroso, pero nadie resulta gravemente herido aquí y, de hecho, su tío Thor tiende a actuar como si tuviera su edad, princesa.
Eso hizo a Natasha reír —. Él es tonto. Como papochka.
— Sólo la princesa sería capaz de decir eso sobre nuestro futuro rey —bromeó Fandral.
— Y Loki —agregó Sif.
— Tío Loki es agradable, y él hace magia como mi abuela.
Sif hizo una mueca, no tenía nada contra Loki, él era uno de sus príncipes, pero no dejaba de ser molesta la tendencia de este por hacer travesuras y meter a todos en problemas.
— ¿Qué es lo que hace eso aquí? —dijo una voz, resonando por todo el lugar, haciendo que la conversación llegara a su fin.
Lady Sif sintió que su espalda se tensaba, ella conocía esa voz. Se trataba de Morac, un guerrero del mismo tamaño de Hogun, pero más silencioso que el mismo Loki —. No sé a lo que te refieres, debes ser más específico.
— Eso —señaló Morac a Natasha —. ¿Qué hace la perra Midgardiana aquí?
El silencio continuó en los jardines y Sif dio un rápido vistazo alrededor, ninguno de los príncipes estaba cerca, por lo que Morac tenía la suerte de seguir respirando.
— No soy una perra —dijo Natasha, su voz temblando ligeramente.
— Todos los Midgardianos son sin valor, incluso los Gigante de Hielo saben eso —siguió el hombre.
— Suficiente —mandó Fandral —. No sólo acabas de insultar a la princesa, también a uno de tus príncipes.
— Como si fuera la gran cosa, el príncipe Anthony no debió traer a esta mocosa en primer lugar. Se supone que es el ser más inteligente de los nueve reinos y sin embargo-
— Déjala en paz —lo cortó Sif, interponiéndose entre el hombre y la niña.
— Que la chiquilla luche sus propias batallas, lady Sif —escupió Morac.
— Estás loco si crees que alguien podría permitir eso —dijo ella, notando como Natasha hacía todo lo posible por no parecer asustada.
— Entonces la perra sólo debería volver a jugar con sus muñecas o, mejor aún, volver al sucio Midgard, que es donde pertenece.
— ¿Estás tratando de hacerte matar? —exclamó Fandral.
Fue entonces que Natasha salió detrás de Sif, tratando de lucir segura y feroz; ella había tenido suficiente.
— Bueno, parece que la perra quiere una paliza —dijo Morac.
Vólstagg rompió el silencio que los rodeaba al acercarse desde el otro lado del área de entrenamiento, decidiendo que había sido suficiente desfachatez de Morac —. ¿Qué crees que estás haciendo? —demandó.
— Enseñando a esta cosa su lugar —respondió, moviendo su mano en un claro gesto para golpear a Natasha.
El sonido que siguió, sin embargo, no fue el de una cachetada, sino el de los gritos de dolor del mismo Morac cuando Natasha le dio una fuerte patada en la espinilla.
— ¡Maldita! —bramó Morac, agarrando con fuerza uno de los brazos de Natasha y arrojándola a un lado.
La pelirroja voló entonces, aterrizando a los pies de su padre y tíos.
Tony lucía asesino y Loki y Thor parecían más que dispuestos a deshacerse del cadáver.
— ¡Cómo te atreves a tocar a mi hija! —bramó Tony, viendo con ojos rabiosos al hombre, y antes de que siquiera moviera un músculo, Natasha se levantó y miró con desdén y valentía a su infractor.
— ¡Sólo espera a que crezca más alta, voy a patearte los lugares donde no llega el sol!
Loki y Vólstagg fueron los primeros en comenzar a reír.
...
Jarvis se encargó de Morac después de que Tony tuviera su momento de diversión. Bebé, Rojo y Ojitos tuvieron que compartir su nuevo mondadientes.
...
— No me gustan los vestidos —dijo Natasha, levantando los brazos para que su abuela Frigga pudiera deslizar la prenda en su cuerpo —. Papochka me deja usar pantalones.
Frigga esbozó una sonrisa mientras ataba el vestido en la espalda de su nieta.
— Si fuera por ti y tu padre usarías pantalones todo el tiempo —dijo ella.
— Son cómodos —acotó la niña, levantando la cabeza para ver a los ojos de su abuela.
La reina se paró frente a ella y observó su obra con atención, el vestido era de un precioso color azul que resaltaba sus ojos verdes y hacía que su cabello luciera como llamas vivas. Su querida nieta era simplemente preciosa. Frigga estaba encantada con ella, la niña era un ser tan hermoso, tan fuerte y especial. Justo como su Tony; la mujer ya no podía imaginar su vida sin su nieta en ella.
— Lo sé, querida, pero dale gusto a tu abuela —le sonrió, pasando sus manos por el cabello rojo de Natasha.
La pelirroja se relajó en el toque y le dio una sonrisa suave —. Bueno —ella dejó que su abuela se tomara su tiempo en arreglar su cabello, a Natasha no le importaba darle gusto a la mujer, a pesar de que no le gustaban los vestido, era agradable dejar que otras personas se ocuparan de ella con tanto cariño.
Natasha miró a su alrededor; su habitación era espaciosa y llena de luz, su cama era grande y suave, los muebles estaban bellamente tallados en madera y había juguetes y muñecas por todo el lugar. Y el cielo brillaba azul fuera de su balcón. A ella le gustaba Asgard, le encantaba y no había nada aquí que le recordara la Habitación Roja, aunque tal vez se debía a que aquí se encontraban las personas que realmente la amaban y, más importante aún, que ella amaba.
A Natasha le encantaba su hogar.
— ¿Qué es lo que ven mis ojos? —dijo la voz que reconocería en cualquier lugar.
La pelirroja se volvió para ver a su padre entrar por la puerta en compañía de Jarvis. La loba, que era tan grande como la misma Natasha en ese momento, se apresuró a su lado y lamió su mejilla.
— Hola, Jarvis —saludó, acariciando las orejas de la loba.
— ¿Y no hay "hola" para mí? —Tony hizo un puchero, acercándose hasta tomar a Natasha en brazos —. Sólo mírate, sweetie pie, vestida así hasta pareces una princesa.
Natasha levantó la barbilla con orgullo —. Soy una princesa.
Tony entonces la vio con cariño y le dio un beso rápido en la nariz —. Sí, lo eres.
Frigga veía con amor la escena frente a ella, viendo a su hijo mayor actuar de esa manera la hacía sentir tan cálida y orgullosa. También, la sensación de que su niño parecía incompleto todos esos años antes de que Natasha apareciera, desaparecía. Ellos parecían encajar perfectamente, como si sus almas se reconocieran de alguna manera. Era la misma sensación que tenía cuando veía a sus tres muchachos juntos, se sentía correcto. Ellos pertenecían juntos, se pertenecían los unos a los otros, y Natasha sin duda pertenecía ahí en Asgard al igual que Tony.
— Bueno, ¿y no hay saludo para mí? —dijo entonces Frigga —. Creí haberte educado mejor, niño.
— Me educaste a la perfección, mamá —Tony se acercó a la mujer, sin soltar a Natasha —. Sólo que quedé deslumbrado por la belleza de mi hija por un momento, ella se parece a su abuela —le sonrió descaradamente, los tres de ellos ignorando la condición de adopción de Natasha, después de todo eso para ellos era irrelevante. Natasha era la hija de Tony, sangre o no, y eso la convertía en la nieta de Odín y Frigga, y la sobrina de Thor y Loki —. Estoy en graves problemas, ustedes me han echado a perder para todas las mujeres. Sólo tengo ojos para ustedes, las únicas mujeres de mi vida.
— La adulación te llevará a cualquier parte, mi querido —Frigga rio.
— ¿Qué hay de lady Freya? —inquirió Natasha.
— Freya, mi pedazo de jengibre, es la mejor parte de mí —dijo Tony, pellizcando la nariz de su hija —. Es mi consciencia y mi brazo derecho, y también el izquierdo. Ella es mi mejor amiga.
Y eso era verdad, Freya se había convertido en alguien importante y especial para Tony; la Diosa era como tener a Rhodey y Pepper en un sólo ser. Eso no quería decir que pensara en ella como si fueran ellos, Freya era su propia persona, y Tony la amaba por eso, y tampoco era como si lo que sus dos mejores amigos habían significado para él hubiera desaparecido. Tony los recordaba y vivía contando los días para volver a verlos.
Las personas necesitaban a otras personas, fuera de su familia, para seguir adelante, para apoyarse. Y Freya se había convertido en esa persona. Ella era como la Mujer Maravilla de su Batman, sólo que sin contar el interés amoroso.
...
Sleipnir era un caballo enorme, de un precioso color gris y largas crines; a pesar de tener ocho patas, él era hermoso y a Natasha le gustaba mirarlo. Sobre todo, a ella le gustaría llegar a montarlo un día, el único inconveniente era que Sleipnir no dejaba que nadie lo montara a excepción de Odín.
— No debes estar tan cerca de él, Natasha —dijo una voz detrás de él —. Sleipnir no te hará daño a propósito, pero lo mejor es mantener la distancia.
— Abuelo —saludó Natasha, dando un paso atrás —. ¿Por qué nadie más puede montarlo?
Odín se paró junto a su nieta, posando una mano sobre sus pequeños hombros y procedió a mirar a su fiel Sleipnir —. No puedo asegurarlo, pero supongo que es por la misma razón que Bebé no permite que nadie más que tu padre lo monte.
Natasha frunció la nariz entonces, un gesto que había aprendido de Anthony, Odín se dio cuenta —. Bebé está demasiado mimado.
— Todos los hijos de tu padre lo son —asintió Odín, refiriéndose tanto a los dragones como a Natasha.
— No quiero ser mimada tanto —declaró Natasha y, por su tono, se refería a algo en especial.
— ¿Cuál es el problema, Natasha?
Ella lo meditó por un minuto, como decidiendo si debía decírselo a él o callar; optó por la primera opción —. Papochka no quiere que entrene para luchar.
Odín asintió —. Nadie quiere que salgas lastimada, en especial tu padre.
— Pero yo quiero ser fuerte.
— ¿Y por qué es eso?
Natasha se tomó un momento —. Cuando estaba en Midgard era entrenada para hacer daño a la gente. Yo lo entiendo ahora, esas personas sólo querían usarme como un arma para matar en su nombre —Odín la escuchó con atención, Natasha nunca hablaba de su tiempo en Midgard —. Yo no quiero ser un arma y sé que nadie aquí quiere eso tampoco. Pero he visto que la gente también lucha por iniciativa propia para proteger a las personas que aman. Yo quiero ser ese tipo de persona. Quiero poder protegerme a mí misma y a otros, en especial a papochka, él se mete en muchos problemas.
Odín sintió una oleada de calor en su pecho, la misma que sentía por sus hijos cuando hacían algo tan entrañable. Y allí estaba Natasha, dándole la misma mirada que Anthony le había dado hacía tantos milenios. Odín estaba orgulloso. Natasha era por completo la hija de Anthony.
— Si es lo que quieres, entonces no deberías dejarte intimidar por lo que otros digan, incluso si se trata de tu familia —dijo él, recordando todas las veces que Anthony había ido contra sus deseos, pero con razón.
— ¿No estás en contra, abuelo?
— Claro que lo estoy. Lo último que quiero es que seas lastimada, pero esto se trata de ti, no de mí, querida niña —dijo con voz pausada —. Entiendo tu deseo y no puedo más que respetar tu noble pensamiento. Y estoy seguro que te convertirás en una gran guerrera.
Natasha le sonrió, apretando en un puño la manga del mayor —. Gracias, abuelo.
...
Tony sabía que Natasha era una guerrera, lo había sido en su otra vida y lo sería en esta, pero eso no le impedía querer que el camino de la pelirroja fuera diferente. Todos ellos estaban teniendo una segunda oportunidad, lo supieran o no, y Tony creía sinceramente que Natasha era una de las que se merecían lo mejor. Ella se merecía una vida tranquila y llena de amor, él quería para ella todo lo que la Natasha adulta no había tenido. Tony quería protegerla, no sólo por sus recuerdos o porque ahora ella fuera su hija, sino por la misma Natasha.
Pero Tony también sabía que la lucha estaba arraigada en ella, era parte de ella, era lo que hacía a Natasha, Natasha. Y Tony nunca podría quitarle eso.
Aunque eso significara sentir su corazón pararse ante el pensamiento de su niña poniéndose en peligro.
...
El tiempo pasó y antes de darse cuenta, Natasha había alcanzado los catorce años de edad. Con el paso de los años, todo Asgard dejó de pensar en ella como una Midgardiana y sólo la veían como su princesa. Natasha Anthonydóttir era una niña caprichosa, hermosa, orgullosa y noble; y era imposible pensar sobre ella de otra manera.
Era justo como Vólstagg había comentado una vez; desde que nace, una hija se convierte en el centro del universo de su padre. Le das amor. La motivas. La miras crecer y convertirse en una mujer fuerte y segura.
Tony no se arrepentía ni un poco de haberla tomado con él.
La mano que empujó el comic hacia él era pequeña y elegante, finamente cuidada. Steve Rogers levantó la vista para encontrarse con el rostro de una jovencita con rizos rojos y una sonrisa en la cara. Ella era pequeña, pero la mirada en sus ojos verdes le decía que era alguien que había pasado por mucho y seguido adelante. Rogers entonces notó un brazo rodeando los hombros de la chica.
Siguió la línea del brazo hasta toparse con un hombre vestido con una abrigo largo que lucía definitivamente costoso. Pero lo que más llamó su atención fue el rostro; era un rostro de tez oliva, con líneas de expresión suaves adornándolo, algo le decía que eran por sonreír tanto y tal vez por preocupación. Y también estaban esos labios ligeramente agrietados, pero que parecían suaves a la vista; y las cejas castañas a la par del cabello; y las largas pestañas que enmarcaban unos expresivos ojos marrones.
Steve nunca había visto un hombre más atractivo.
— Capitán —dijo el hombre con una voz increíble —, ¿nos haría el honor de firmar el cómic? Mi princesa salvaje aquí es su más fiel admiradora.
Tony ignoró la mirada fulminante que Natasha le envió, él estaba enfocado en el rubio frente a él. Dios mío, cuanto había extrañado ese rostro.
Steve entonces se centró, obligando a sus ojos a apartarse del rostro del hombre y enfocándolos en la pelirroja —. ¿Cuál es su nombre, señorita?
— Natasha —respondió ella, dándole una nueva sonrisa.
Firmó rápidamente el nombre y le regresó el cómic —. Todo listo.
— Gracias —dijo Natasha, apretando el libro contra su pecho, sus ojos verdes entonces adquirieron un brillo divertido —. Mi papá y yo nos preguntamos si va a ir a Alemania y golpear al verdadero Hitler.
Steve miró al hombre, al padre de la joven, brevemente antes de regresar su atención a la misma —. Tal vez —le sonrió —. Pero no se lo digas a nadie, o las cosas pueden tornarse peor si se entera que voy por él.
— Lo ves, Tasha —dijo Tony —. No hay nada de qué preocuparse, el querido Capitán se hará cargo. América está en buenas manos.
Steve se sonrojó por lo dicho, a pesar del tono divertido que el hombre estaba usando, algo le decía que sus palabras eran sinceras. Antes de que pudiera dar una respuesta, la chica dijo —: Asegúrate de romperle unos huesos, de preferencia las piernas, así él no podrá huir —entonces ella empezó a moverse junto con su padre —. Adiós.
Entonces Tony le dio un saludo militar y una sonrisa, y se alejó por la calle junto con su hija. Steve los vio partir, aturdido, pero su atención fue demandada, regresando rápidamente a firmas autógrafos.
Esta nunca había sido su idea de servir en el ejército.
N/A: Amo a esos dos! No sé, pero siempre los he visto como beffos y me encanta ponerlos como familia.
Natasha se ha unido a la historia y Steve hizo su primera aparición, lo siguiente será sobre mi versión de Capitán América el Primer Vengador, así que esperen lo (?)
Muchas gracias por leer, comentar, seguir y favoritear esta historia! Especialmente gracias a , luciakkss, , Kana-23, Gwenpool, Pieri Alea, Lizabeth Prince, Alley Michaelis, Esmeralda12, HanaHK, mony, Dheisen Weslin, , Anah Tezuka, yen-lyn y Youko Saiyo. Me encantan sus reviews! xD
Sobre la "trivia" que dejé en e capítulo pasado; la respuesta es que ese fragmento lo saqué de Supernatural. Y la primera personita que me lo dijo fue Kana-23, por lo que, encanto, te ganaste un "extra"... dime algo que te gustaría escribiera sobre esta historia, ya sabes, algún momento en la infancia de los príncipes, algo referente a Natasha o cualquier personaje. Lo que se te ocurra. Eso sí, que sea según la línea de tiempo que llevamos y con los personajes hasta ahora.
Muchas gracias por su apoyo en esta aventura!
P.d. ¿Quién me dice de dónde viene el fragmento de "Vólstagg había comentado una vez." El primero que me lo diga también se ganará algo (?)
