Bien, estamos aquí para el tercer y definitivamente último extra de esta historia que inició como un One Shot, tuve mucho interés en escribir esto pues tengo aprecio muy especial por la familia de Viktor, Yuri y Yurio, hay muchas cosas que decir y quizás algunas de ellas no las llegue a tocar, pero por favor no se molesten conmigo, si no llego a mencionar lo que pidieron no lo tomen personal, es simplemente que acorde a mi idea no encajaban muy bien, pero no se preocupen, posiblemente pueda centrar futuros trabajos en esos temas o parejas. Gracias a todas esas personas que han seguido esta historia desde el inicio, es por ellas y su respuesta a una pregunta hecha al final del One shot que podemos disfrutar de estos extras. También quiero dar las gracias a quienes se integraron a este proyecto por el camino, y sí estás llegando en el final, no importa, eres igual de importante.

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pd. Me abrí una cuenta en Sarahah, les dejo el link por si desean preguntar algo

pd. El siguiente proyecto de YOI que tengo en puerta se llama "Get it right", espero poder revelar el primer capitulo pronto.

¡Un abrazo y un beso!

Extra III

Yuri y Yuri

—¡Yuri-kun!— El grito de Minami se escuchó por todo el lugar, el joven patinador se acercaba corriendo a donde Yuri, Viktor y Yurio esperaban por un antojo de último minuto del moreno, habían volado para que Yurio y Otabek disfrutaran por primera vez el Hanabi. Además Yuri sentía nostalgia por aquella festividad típica de Japón.

—¡Minami-kun!— Respondió Yuri y una sonrisa se iluminó en su rostro, el pequeño Alpha que solía acosarlo en sus redes sociales se había ganado su corazón. Minami definitivamente cambió desde la última vez que se vieron, la naturaleza le dio un segundo aire y mejoró su altura, ahora era casi tan alto como Viktor y su atractivo también se elevó. —¡Cuánto tiempo sin verte!— Viktor parecía curioso por aquél japonés y Yurio le veía con desprecio, odiaba la forma en que quería la atención de su mamá, odiaba que lo acosara, odiaba su personalidad acaparadora... en conclusión, odiaba a Minami.

—Yuri-kun me recuerda— sonrió el Alpha y Yuri dio una risilla graciosa que hizo enojar a Yurio.

—No podría olvidar a Minami-kun— contestó y una caja pequeña con varios tipos de wagashi fue puesta frente a Yuri por Viktor.

—Hola de nuevo Minami— saludó con voz grave Viktor, de pronto el Alpha que vivía en él reaccionaba a la presencia del intruso.

—Viktor-san— sonrió Minami con desconfianza —Gracias por cuidar a Yuri-kun, él es muy importante para mi.

Yurio apenas comprendía la conversación que saltaba de japonés a inglés en segundos, sin embargo podía sentir la batalla silenciosa que libraba su papá y el intruso japonés. Lamentablemente aquello era algo frecuente, las personas en Japón guardaban mucho cariño por Katsuki Yuri, lo consideraban un orgullo nacional y siempre que pisaba tierra nipona atraía la atención de las personas. Sin embargo Minami Kenjiro era un caso especial, él literalmente estaba enamorado de su mayor japonés, Yuri sabía como se sentía aquello, él pasó mucho tiempo admirando y amando a Viktor pero dentro de sí no encajaba la idea de que aquel simpático joven sintiera lo mismo por él que lo que él sintió por Viktor cuando joven, pues claro que después de conocerse y convivir sus sentimientos evolucionaron y su amor terminó de consolidarse. Pero Yurio no era idiota, él veía en los ojos de aquel Alpha el deseo de pertenencia sobre su mamá, a pesar de que su papá había marcado a su mamá.

—Gracias por apoyar a mi esposo Minami, pero disculparás la descortesía, debemos irnos, Yuri debe descansar, un embarazo no es fácil— sonrió Viktor de forma amenazadora y Yurio lo secundó con una sonrisa superior abrazándose a su mamá y dejando ver esa imagen amenazadora que alejaba a cualquier intruso.

—Hey, Yura, tranquilo— Yuri acarició los cabellos de su hijo con cuidado y ternura —No soy bueno con el equilibrio— agregó y su hijo sonrió.

—Es solo que quiero mucho a mamá y a mi hermanito— Yuri apenas anunció una semana atrás que efectivamente esperaba un bebé, si todo iba bien nacería para la época del Hanami. Yurio saltó del gusto cuando la noticia fue dada, desde que ellos le consultaran sobre si quería un hermano o no, estuvo esperando aquella noticia cada día, ansiaba que su familia creciera, ahora que tenía la oportunidad de contar con una familia podría tener el hermano que siempre deseó.

—Aún no sabemos si es un niño, podría ser una niña Yura, una muy hermosa como papá y como tú— sonrió Yuri ante la mirada enamorada de los dos Alphas.

—Pero yo quiero que sea un niño que sea tan bonito como mamá— confesó el adolescente y Yuri abrazó con fuerza a su hijo, últimamente las hormonas volvían más intensas sus emociones y por ende sus actos.

—Debemos irnos— dijo Viktor pasando su brazo por la cintura de su esposo de forma posesiva rodeando su vientre aún plano pero que guardaba a su bebé —Hasta pronto Minami— sonrió Viktor alejando a su familia del joven Alpha.

—Nos vemos Minami-kun, disfruta el Hanabi— se despidió con una sonrisa amable Yuri y el corazón del joven se aceleró, realmente amaba al omega. Yurio por su parte caminó abrazado a su mamá volteando solo para sacarle la lengua al chico recordándole que jamás se acercaría a su mamá, que Yuri solo pertenecía a Viktor, a él y pronto a su hermano.

Tokio era húmeda en esa época, el verano japones resultaba bochornoso incluso para los mismos japoneses, de más está decir que para aquél par de rusos hubiese sido una tortura total si Yuri no los hubiese llenado con productos dedicados a mantener frescos e hidratados a sus chicos. A diferencia de la primera vez que estuvieron en Japón, ahora los tres vestían ropa fresca, camisetas sin mangas y pantalones cortos que ayudaban a que su cuerpo se mantuviese fresco.

Viktor vio una máquina expendedora de bebidas y decidió comprarse una botella de agua, para su desgracia no halló lo que deseaba, en cambio estuvo a punto de pedirse una bebida energética y de no ser por Yuri el ruso no hubiese podido dormir esa noche. —No, eso no es bueno a menos que tengas que trabajar diez horas y otras horas extra— dijo, fue entonces que empujó a su esposo e hijo a un combini al otro lado de la calle dónde pudieron comprar bebidas frías y dulces que se antojaron a Yuri.

—¡Mamá, es un gato gigante!— dijo Yurio corriendo a dónde un nendoroid de Tailmon se exhibía.

—¡No corras Yura! ¡Espera!— decía Yuri corriendo tras su hijo con Viktor a su lado.

—No hagas correr a tu mamá Yura— regañó Viktor preocupado porque su hijo cruzó la calle sin esperar la luz azul del semáforo y porque Yuri corrió tras él.

—Lo siento papá— tanto el regaño como la disculpa fueron pronunciadas en ruso y las personas comenzaron a murmurar viendo con curiosidad a la familia.

—Es Tailmon, personaje de un anime muy popular llamado Digimon, ¿lo quieres Yura?— dijo el japonés en ruso y uno de los dependientes del lugar le vio

extrañado, nadie en japón estaba acostumbrado a ver a otra persona hablando un idioma tan complicado como el ruso.

—¡Sí mamá!— pidió el rubio y Yuri amablemente se acercó al dependiente para pedirle que le dieran a su hijo lo que pedía, Viktor veía a su esposo moverse por su país con admiración, era como ver a un Yuri diferente pero no menos encantador.

—Yo pago— dijo Viktor sin esperar a que su esposo se opusiera, algo era claro en Viktor, le gustaba comprar cosas y si se trataba de su familia menos se ocupaba de ver el precio.

—¡Gracias!— saltó Yurio a los brazos de su papá con emoción dejando un beso en sus mejillas.

Su camino siguió hasta la suit de hotel en que se hospedaban, el mismo en que Otabek también solicitó una habitación, aunque claro que mucho más modesta que los Nikiforov. Aquel sería la primera ocasión en que Otabek saldría con ellos como el novio oficial de Yurio. No había sido fácil el camino de obtener el permiso, especialmente porque Viktor no pensaba entregar a cualquiera a Yurio, conocía los sentimientos de su hijo por el joven kazajo, más aún tenía que comprobar que el moreno era digno de su pequeño rubio. Yuri por su parte era más permisivo, estaba de acuerdo con la relación, sin embargo se aseguró de dejar en claro a Otabek que si causaba daño a su bebé podría acabar con él sin que la policía sospechara.

Llegaron al hotel cargados de chucherías que Yuri quería, la recepcionista los saludó con excesiva amabilidad, era obvio que estaba entusiasmada con ese par de rusos que acompañaban al japonés —No te acerques a mi esposo e hijo— había advertido Yuri tan pronto notó sus intenciones de coqueteo. Así era como Yuri Katsuki marcaba su territorio, con elegancia y sin ensuciar sus manos.

Al día siguiente asistirían al Hanabi, Yuri había advertido a todos sus acompañantes que sería una locura hallar un buen sitio para verlo y un caos lograr salir de allí, sin embargo aún contra la advertencia tanto el kazajo como los rusos estaban más que ilusionados con la idea de presenciar aquel evento tan famoso.

A la mañana siguiente Yuri fue despertado por las nauseas matutinas típicas del embarazo, tras una visita al retrete se sintió mucho mejor, fue entonces que salió al balcón para admirar a Tokio moverse desde muy temprano, suspiró llevando sus manos a su vientre con una sonrisa. Unos pasos se escucharon en su dirección, era Yurio quien parecía haberse levantado recientemente, sus cabellos estaban alborotados y desordenados.

—Mamá ¿está todo bien?— preguntó el joven y Yuri asintió.

—Vuelve a la cama Yura, estoy bien— sonrió el moreno peinando los cabellos de su hijo con suavidad.

—Mamá, ¿puedo preguntarte algo?

—Claro Yura.

—¿A ti podría gustarte ese Alpha japonés?— dijo con desagrado

—¿Hablas de Minami? Claro que no, mi amor siempre estará con tu padre. Minami-kun es gracioso, pero yo siempre he amado a Viktor.

—Entonces ¿ese Alpha no tiene oportunidad contigo? Mamá, ese odioso está enamorado de ti, pero eres mucho para ese, no quiero que papá se ponga triste.

—Yura, Minami-kun es solo un niño, nunca podría interesarme, además tengo una familia con Viktor, un hijo y otro en camino, siempre seremos una familia Yura, incluso si decides que Otabek es a quién deseas para siempre voy a apoyarte.

—¡Mamá! no digas esas cosas

—¿Por qué no? he visto como lo ves, solo quiero que estés bien y con la persona que ames y te ame.

—Otabek apenas estamos empezando...

—Yura, el amor tiene caminos muy curisos.

Aquella conversación quedó grabada en la mente del joven rubio, su mamá tenía razón, a pesar de su inexperiencia podía imaginar una vida con el kazajo, podía creer que su amor podría llegar a ser tan hermoso como el de sus padres. Admiraba como Viktor cuidaba con devoción a Yuri y como éste le correspondía siendo su suporte, Yurio aprendía cada día que el amor se hallaba en pequeños detalles, como que su madre cocinara la comida favorita de su papá tras un mal día o ese masaje de pies que recibía mamá por parte de papá cuando estaba exhausto, también esos momentos de besos castos en que se decían lo mucho que se amaban...

Yurio se vio en el espejo, no era la primera vez que vestía un Yukata, pero sí la primera que esperaba verse espectacular con el atuendo, pues necesitaba impresionar a su novio. Sus cabellos fueron peinados por su mamá con cuidado en una trenza que adornó con flores. Definitivamente el amarillo era su color. Salió a la pequeña sala de la suit econtrándose con su padre vistiendo un Yukata negro, observó su expresión y pudo adivinar que esperaba ansioso ver a su esposo aparecer, Yuri vestía de azul marino, había peinado sus cabellos hacia atrás tal y como lo hacía cuando patinaba Eros, la expresión de Viktor fue hermosa, se acercó a su esposo abrazándolo y dejando un beso en su frente.

—Te amo Yuri— susurró Viktor tomando las manos de Yuri en las propias a tiempo que los fuegos artificiales comenzaban a inundar el cielo nocturno.

—También te amo Viktor— contestó el japonés dando un beso suave a su esposo.

Otabek tímidamente entrelazó sus manos con las de su novio, el rubio le observó con un sonrojo, ahora comprendía por qué aquellos fuegos artificiales eran tan importantes. Veía a Otabek con el corazón latiendo tan fuerte que podría jurar que se confundía con el sonido de los juegos artificiales, el rostro del kazajo era todo cuanto Yurio necesitaba para sentirse bien, para creer que el amor lo llamaba. Acercó tímido su rostro al contrario y rozó sus labios, jamás se habían dado un beso, ahora era el momento y Otabek solo necesitó acercarse apenas para que sus labios se unieran en su primer beso, tímido y breve, uno que los dejó con antojo de más. Entonces aprovechando la intimidad de los colores en el cielo se aventuraron a explorar un poco más, sus labios uniéndose, degustando el sabor del contrario, atraídos por sus sentimientos y la naturaleza que indicaba que ellos estaban destinados para estar juntos. Tal y como Yuri y Viktor.

El sabor dulce de aquellos primeros besos quedaron grabados en la memoria del rubio por los siguientes meses en que no pudo ver a Otabek. El embarazo de su mamá era bastante tranquilo o eso le pareció a Yurio pues no fue él quien corría a las tres de la mañana por algún antojo, fuera de ello los meses pasaron rápido, dado su estado Yuri no podía patinar sin embargo acompañaba a su esposo e hijo casi siempre a los entrenamientos, seguía siendo el mismo de siempre, amable y cálido, Lilia parecía encantada con la llegada del bebé y de pronto su instinto de abuela se activó, Yakov por su lado tuvo que admitir que le hacía tremenda ilusión el nacimiento del bebé de Viktor y Yuri. Georgi y Mila estaban dispuestos a malcriar a aquel niño, los rusos parecían más que enamorados de Yuri y su barriga cada vez más grande.

—Yura, tienes que relajarte— dijo Yuri al ver como si hijo fallaba su programa una y otra vez — ¿qué te molesta?

—Ellos— soltó señalando a todos excepto a su papá — ellos me molestan, siempre queriendo tu atención mamá, no me gusta.

—Yura, los celos no son buenos, además mi niño, tú eres mi hijo y Viktor mi esposo, siempre serán mi prioridad, ellos son buenas personas que quieren que nuestra familia esté bien y se preocupan por el bebé.— Yuri explicó dejando que su hijo sintiese la seguridad a través de su aroma.

Una semana después de esa conversación Yurio comprobó que si algo existía en esta vida mejor que encontrar una familia era que un nuevo miembro llegara, Misha nació cerca de las nueve de la noche, un niño muy pequeño de cabellos negros y ojos azules, aunque era pronto para adivinar a quién se parecía más, Yurio estaba rogando que los genes de su mamá hubiesen predominado, para Yurio no existía omega más hermoso que su mamá, así que si su hermano se parecía a su mamá sería muy guapo. Viktor no cabía en sí de lo emocionado y feliz que se hallaba, Yuri estaba cansado por el parto pero aún así estaba conmovido de ver a su pequeño hijo dormitar en la cuna a su lado en la habitación del hospital.

Yurio veía al pequeño dormir y comprendió lo que su mamá le explicó cuando preguntó si lo querría menos al tener un cachorro propio, ahora podía sentir mucho más amor, su familia creció y el amor también, él se propuso ser el mejor hermano mayor que Misha pudiera tener, le enseñaría todo cuanto pudiera, seguramente sería tan buen patinador como su mamá o como su papá... tenía toda una vida por delante, unos padres que lo amarían siempre y un hermano mayor que lo protegería toda la vida.

—Hola hermano— susurró Yurio meciendo la cuna —Soy Yura, tu hermano mayor, bienvenido a la familia... papá es algo torpe e ingenuo, pero te va a proteger siempre, él te amará con todo su corazón, él estará siempre para ti, lo sé porque es el mejor papá que pudiera tener y ha estado para mi siempre que lo he necesitado. Acerca de mamá... él pertenece a otro tipo de mundo, mamá te cuida y protege, mamá puede dar miedo cuando se enoja, pero mamá te ama incondicionalmente... es la mejor mamá, sin él yo no estaría ahora aquí. Sé que hablo por todos cuando digo que te amaremos y protegeremos, Misha, esta es nuestra familia.

La vida con un bebé no fue fácil, sin embargo se las arreglaron para que funcionara, tanto Viktor como Yurio cuidaban a Misha para que Yuri pudiese descansar unas cuantas horas, el bebé crecía sano y fuerte, era un bebé muy guapo, Yurio no se cansaba de presumir a su hermano, incluso su grupo de fans había enviado un trajecito con orejas de gato que dejaba leer "Yuri Angel Honorario", a su mamá le causó gracia y se apuró a vestir al pequeño Misha con el atuendo para que Yurio le tomase una foto y agradeciera a sus fans, la federación rusa de patinaje estaba enamorada de Misha y ni que hablar de la japonesa, incluso volaron a Rusia para conocer al hijo de su líder. Los años habían pasado desde que Yurio tuviese una crisis y pidiera a Yuri que fuese su Mamá, desde aquel instante su vida dio un giro monumental, pero todo cuanto vino tras ese momento fue para bien del rubio, tenía un padre, un hermano, una familia, y sobre todo tenía a Yuri, ahora siempre tendría a su mamá.