Dedicatoria: para la señorita de nombre ruso, Ludmi. Es increíble todo el cariño que te he tomado, en tan poco tiempo. aunque la pareja no sea de mi agrado, espero que este fic te compense todos los malos ratos que te he hecho pasar. Y seguro los que pasarás. Se te quiere, Ludmi, por ser valiente y por ser tú. :D


Árboles IV – Arya Stark & Gendry.


–¿Qué haces trepada a ese árbol? –Pregunta por debajo suyo una voz ronca, ligeramente desagradable para los oídos de la niña–. Apuesto a que te caes.

Arya frunce el ceño, contrariada, sujetándose con los dedos de los pies a las ramas del árbol. El sudor perla su frente, humedece el cabello castaño y le escuece en los ojos, aún así no se desconcentra de la tarea que desempeña. Con un palo grueso abate las ramas de la copa, fija la gris mirada, contemplando, en lugar de la verdosa vegetación, a sus enemigos. Ser Gregor, Ser Ilyn, Ser Meryn, El Rey Joffrey, la Reina Cersei, el Perro. A todos aquellos los mata con la joven destreza de su práctica, visionando casi ese momento fabuloso en que sus enemigos rogarán ante ella por haberle hecho daño. Pero eh aquí la voz de aquel joven, sacándola de las fantasías.

–¿Qué te importa? –su interrogante es áspero y le abandona la garganta con debilidad, el pecho le silva de cansancio–. ¡Y no me caigo! ¡Nunca me he caído!

No alcanza a verlo desde arriba, pero sabe que el aprendiz de herrero está sonriendo. Aquello sirve para enfurecerla.

–Te caerás si no vienes a comer algo ahora –toda la buena intención del mundo, pero también el sarcasmo, se dejan notar en las palabras de Gendry–. Ya está listo el cabrito que ha asado la hermandad. A ver si su señoría viene a comer o tendremos que bajarla del árbol.

–Eres un idiota.

–Puede ser, pero al menos no me quedaré sin comida –rebate Gendry, apartándose el pelo negro de los ojos azules. Entre los huecos de las ramas Arya alcanza a verle los hombros fornidos, manchados de tierra por el viaje–. Hasta la vista, Lady Arya. Comed hojas si queréis.

Hace una reverencia burlona, que encierra la socarronería de un joven con ganas de divertirse y, muy en el fondo, una realidad de clases sociales que los separan y de la que ambos son vagamente conscientes. La niña lanza el palo con todas sus fuerzas hacia abajo, que tiene la suerte de acertar al chico en la cabeza. Una risilla escapa de los finos labios infantiles mientras gendry se deshace en improperios.

–¡a ver si aprendes, cabeza dura! –Le grita ella, sonriendo.

Pero baja del árbol con rapidez, deslizándose por el tronco con las manos hábiles que la infancia otorga a las niñas. Baja, se posiciona junto al aprendiz de herrero y le examina fijamente con esa mirada gris, tan aparentemente hostil.

–¿Vamos a comer o te vas a quedar haciendo muecas? –Pregunta, poniéndose las manos en las caderas y mordisqueándose el labio inferior.

Un pensamiento extraño pasa por la mente de ambos, al mismo tiempo, al mirarse a los ojos y bajar rápidamente la mirada hasta sus labios, pero ninguno sabe descifrarlo. Son demasiado niños para entender la súbita descarga emocional. Quizás, cuando Arya creciera... quizás.

–Vamos a comer –dice él, malhumorado, echándole una mirada de rencor al árbol.

El árbol donde sintieron por primera vez atracción mutua.