CAPÍTULO 4: GINNY Y LOS HOBBITS
Ginny Weasley permaneció inmóvil durante varios minutos tras la marcha de Harry. Aún no se sentía capaz de asimilar todo lo que había ocurrido. ¿Cómo se había atrevido a cortar con ella? ¡Ella, que desde hacía años había manejado a los chicos de Hogwarts a su antojo! ¡Ella, que tenía una legión de admiradores que no cesaban de perseguirla por cada rincón del castillo! ¡Ella, que siempre había terminado sus anteriores relaciones como y cuando había querido! Aquello era absolutamente inconcebible. De todos los hombres del mundo, había tenido que enamorarse de Harry Potter. No podía haberse conformado con alguien como Neville, por ejemplo, no, tenía que encapricharse del "Elegido", que ahora la dejaba tirada para hacerse el héroe solitario. Tremendamente furiosa, Ginny se levantó y echó a correr, sin saber a dónde se dirigía…no importaba, sólo quería alejarse de aquel estúpido de Harry Potter y sus delirios de grandeza…
Ginny corrió y corrió, hasta perder la noción del tiempo, y finalmente se detuvo, sin saber siquiera dónde se encontraba. Parecía haber salido de los terrenos de Hogwarts, pero eso no era posible…¿o sí? Miró a su alrededor y se descubrió en un hermoso valle bordeado por un río. A lo lejos, distinguió a tres figuras a caballo que se aproximaban despacio hacia ella. Una de ellas iba cerrando el grupo, silenciosa y cabizbaja. Las otras dos parecían ir cantando una extraña cancioncilla, que conforme se acercaban Ginny alcanzó a distinguir:
"Una pinta me tomé, en el Poney Pisador,
y me dije sin dudar: no hay una sin dos,
Dos pintas me bebí, en el Poney Pisador,
y a por la tercera fui, pues muy sano es el alcohol.
Tres pintas me tomé, en el Poney Pisador,
y al señor Mantecona, le canté esta canción.
Cuatro pintas me bebí, en el Poney Pisador,
más mi hierba de fumar, pues no hay mezcla mejor.
Cinco pintas me tomé, en el Poney Pisador,
Y a la mesa me subí, ciego por el colocón.
Seis pintas me bebí, en el Poney Pisador,
y a la sexta creí ver, un olifante volador.
Salí corriendo tras él, y de la mesa caí,
con el suelo me empotré, y la cabeza me abrí.
Pero cómo disfruté, las pintas que me bebí,
Y la hierba que me fumé, en el Poney Pisador."
Los tres viajeros llegaron al lugar donde se encontraba la menor de los Weasley, deteniéndose ante ella:
Mira Merry, más gente grande, ¿no nos encontrábamos ya cerca de la frontera de La Comarca? ¿Qué hace ella aquí?
No lo sé, Pip. Señorita, ¿está usted perdida?
Ginny contempló a los tres extraños, muy confundida, pues nunca había visto seres semejantes, y eso que en sus 5 años en Hogwarts se había topado con criaturas muy diversas. En un primer momento los tomó por enanos, pero no lo eran, ni siquiera tenían la característica barba larga enanil. Tampoco parecían ser duendes, o elfos domésticos. En realidad eran como humanos, pero de baja estatura, y tenían pies peludos y orejas picudas. Además, aquellos forasteros vestían elegantes ropajes. ¿Serían acaso personajes importantes de algún lejano territorio mágico, enviados para asistir al funeral de Dumbledore? Si así era, llegaban con retraso.
Yo soy Ginny Weasley, alumna de 5º curso del Colegio Hogwarts. Vienen ustedes por el funeral de Dumbledore, supongo. Lamento comunicarles que finalizó hace unos minutos.
¿Funeral de quién? – preguntó Pippin alarmado.
Dumbledore, el director de Hogwarts y el mago más poderoso que haya existido en los últimos tiempos, exceptuando al Que no debe ser Nombrado, por supuesto…- respondió Ginny con gesto sombrío.
¿El mago más poderoso? ¿Muerto? ¡Merry! No estará hablando de Gandalf, ¿verdad? Aunque nunca oí que Dumbledore fuera uno de sus nombres, ni que fuera director de un colegio…
No lo creo, Pip. Sam, ¿tú has oído hablar del tal Dumbledore? ¡Sam!
El tercer componente del pequeño grupo levantó súbitamente la cabeza, como si saliera de alguna especie de ensoñación.
¡Eh! ¿Señor Frodo? ¿Dónde está usted? ¡No vaya donde su Sam no pueda seguirle!
¡No Sam! Soy Merry, Frodo se fue a los Puertos, ¿recuerdas? Lo despedimos hace un rato, y estábamos a punto de entrar en La Comarca cuando ha aparecido esta señorita, que dice que un famoso mago llamado Dumbledore acaba de morir. ¿Sabes de quién se trata?
Umm…pues no, nunca oí hablar de él, ni siquiera a mi viejo tío. – murmuró Sam confuso mientras observaba a Ginny detenidamente.
Si no habéis venido por el funeral de Dumbledore, ¿quiénes sois y qué hacéis aquí?
Somos hobbits de La Comarca, y volvíamos a casa en estos momentos. Peregrin Tuk es mi nombre, y éstos dos son Meriadoc Brandigamo y Samsagaz Gamyi ¿Vives cerca de aquí? Está anocheciendo, quizá podríamos llevarte a casa, no tienes buen aspecto – ofreció Pippin.
Claro que no tengo buen aspecto. ¡El estúpido de mi novio acaba de cortar conmigo! – repuso Ginny, furiosa en un principio, aunque luego una expresión de sorpresa se dibujó en su cara - ¿Hobbits? Nunca he oído hablar de hobbits.
Oh, vaya, suele pasar, aunque en los últimos tiempos hemos adquirido mucha fama, ¿no has escuchado la historia de nuestra grandes hazañas en la Guerra del Anillo? – preguntó Pippin, extrañado al ver cómo Ginny hacía un gesto negativo con la cabeza. – Bueno, quizá seas demasiado joven. En cualquier caso, lamento lo de tu novio, sin duda es un tonto con cara de orco y cerebro de troll. ¡Vamos, sube a mi poney y te llevaremos a casa!
Y así, Ginny montó con Pippin y los cuatro emprendieron el camino de vuelta a Hogwarts…
