Capítulo 4: Semi nínfula
Cuando te miré, supe que tendría una obsesión.
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Durante toda la semana mi cabeza estaba hecha un lío y en verdad me debatí entre ir o no, sin embargo no es como si yo tuviera muchas oportunidades, ante todo debía mantenerme optimista y no acobardarme. Por supuesto que no odiaba a las mujeres, pero tampoco me agradaban ya te lo he dicho en estas cartas Sarada, yo quiero y le tengo un deseo carnal a las párvulas no a las mujeres. Pasé a una pastelería del centro, un pequeño negocio con vitrales que dejaban a la vista sus postres. ¿Qué debería haberle llevado a tu madre? Poco y nada sabía de aquella mujer cuyo nombre era Sakura Haruno, según Kakashi ella amaba los libros. Claro que ese no era un dato que me ayudara mucho. Mirando con poco entretenimiento los pasteles opté finalmente por un pay de manzana, pagué y entré a mi coche.
Si te soy sincero quería ser atento, sea cual fuera el motivo le debía mucho a tu madre por el simple hecho de dejarme vivir en su casa —claro que sabía la situación y no iba a convertirme en un mantenido, le pagaría como si fuera una renta— y tener un techo en donde vivir. Estaba seguro, en aquellos años que un nuevo cambio de aires me ayudaría a encontrar una inspiración la necesitaba de una manera tan aferrada que me era vital como el mismísimo aire que respiro. Tener inspiración y escribir "cartas a una desconocida", también pensé en su momento que esa obra sería lo mejor que habrían visto las editoriales en mucho tiempo —quizá desde la muerte de mi padrino, uno nunca sabe— pero si tenía esa ilusión de que reconocieran mi trabajo como escritor y no como un trabajador del gran maestro Hatake. No me malinterpretes, le estoy eternamente agradecido a Kakashi a pesar de todo lo que ocurrió, gracias a él tuve cierto reconocimiento y te conocí a ti. Sin embargo a veces creo que debí quedarme en una oficina a seguir con mi trabajo en vez de querer saltar a una fama de pseudo escritor que por supuesto nunca llegaría. Pero de nueva cuenta lo repito, ¿cómo iba yo a saberlo antes?
Las calles estaban llenas de carros, y el pitido de sus vehículos no aminoró mi dolor de cabeza. Estaba sumido en mis propios pensamientos y en mi nerviosismo, estaba temblando y temí ser incapaz de conducir por mi cuenta. Al final las cosas se dieron por sí solas y atravesé la mitad de Konoha en media hora. Divisé la colonia en donde sería mi nueva residencia: Casas juntas unas de otras, con patios grandes y rejas. Todas tenían un estilo diferente, y era un problema grande si eras un inquilino nuevo. Fue entonces que vi la casa de jardín enorme y barandales medio oxidados con número 39. Allí vivía Sakura Haruno. Tenía que guardar la calma si no quería dar la impresión de ser un adolescente con las hormonas emocionadas por ver a una fémina como si fuera una primera cita. Había un timbre justo arriba, así que lo toqué y de inmediato sonó un "grrrring" eléctrico que seguro se escuchó en toda la casa, me pregunté si acaso ella recibiría muchas visitas y la verdad no sé porque lo pensé en su momento. Pasó como medio minuto hasta que apareció.
Oh Sarada, no mentiré tu madre era hermosa. No exageradamente bella, era hermosa. Así tal cual, natural. Desde luego e infortunadamente la comparé con Hinata Hyuga. Aunque no eran para nada iguales, Sakura era alta, al menos más que las mujeres con las que había convivido en mi vida. Su cabello era tal vez un rasgo bastante particular: corto, un poco más arriba de los hombros y color rosa pastel. Sus ojos ligeramente rasgados y lo más destacable (después del cabello, claro) dos orbes verdes jade. Eran como dos joyas que irradiaban luz y brillaban intensamente. Esa fue la Sakura que vi por primera vez, y en este momento y a pesar de que han pasado diez años todavía la veo tan lúcida frente a mí corriendo con esos zapatos de aguja rojos mientras canturrea "Hola, hola tú debes ser Naruto ¿cierto?". La veo en mi mente y mi corazón duele, pero no es del dolor que siento por ti, sino por lo que le hice y por qué la culpa me carcome día con día y me odio a mí mismo, porque como te lo dije una vez "odio a las personas que se mienten a sí mismas" y por desgracia yo me mentí.
—Hola, uh... Bueno yo soy Naruto en efecto.
—Vamos, vamos, sígueme.
El jardín era realmente hermoso, verde y con vida. Una mesa de picnic estaba a las afueras con una jarra llena de agua de limón. También había una mecedora y una manguera de agua del otro extremo. Yo caminaba medio perdido en todo, y es que esa casa era grande y tal vez lo que más me llamó la atención fue que estaba muy organizada. Un librero al fondo con cuatro niveles, un piso perfectamente limpio y fotografías en casi todas las paredes colgadas en un orden que me asustó llamando la atención una en particular, me detuve un momento y la observé con mayor detenimiento era sin duda Sakura con una niña a su lado, ¡una párvula! Sin embargo ella me llamó y tuve que apartarme de ahí, quedando con ganas de saber más acerca de la acompañante de Sakura
No pasó desapercibido el color rosa color rosa pastel sobre todo en las paredes, con adornos de pequeñas flores pintadas. Fue entonces que me hice a la conclusión de que Sakura amaba el color rosa y era un tanto natural ya que su cabello era de ese color.
—Espero que no te hayas perdido—Me invitó a sentarme en una de las sillas del comedor, lo hice.
—No, de hecho no me perdí ¡de verdad! Pero he de reconocer que esta colonia es muy grande.
—Demasiados vecinos, supongo—Me acercó el té y acepté— .Kakashi me ha dicho algunas cosas sobre ti.
Alcé mis cejas con interés al tiempo que olía el aroma de aquella bebida, también supe desde ese momento que tu madre tenía una obsesión no declarada por el té y su olor.
—¿Cómo cuáles?
—Que eres un gran trabajador y que te tiene confianza. Y que amas el ramen.
—Oh bueno, Kakashi exagera. Aunque eso sí amo el ramen.
Sakura rió con mi comentario y me pregunté del por qué lo hizo, mas no le quise dar muchas vueltas.
A continuación ella siguió hablando de muchas cosas que en este momento no recuerdo con lucidez, solo sé que ella era una persona muy platicadora jamás dejó de hablar ni por un instante. Yo la escuché y respondía a sus preguntas o en su defecto me atrevía a hacer comentarios. Era ameno platicar con ella, de una u otra manera Sakura era de esas personas dispuestas a ayudar a la gente sin esperar nada a cambio. Tal vez ese fue su error, que nunca esperaba nada de nadie, o quizá era una virtud. ¿Tú que piensas Sarada?
—Entonces me despidieron, fue un golpe terrible Naruto. Yo amaba ese trabajo y creí ilusamente que trabajaría ahí de por vida pero cuando eres novato nunca cuentas con que llegara un nuevo director del Hospital y te sacara.
—¿Has conseguido un trabajo nuevo?
—No por ahora, parece ser que todo mundo tiene doctores. Es algo desesperante a decir verdad, de hecho trabajo en un pequeño consultorio en la Iglesia, no cobro mucho por que sé que allí va gente con pocos recursos y no es mi ética cobrarles dinero, si por mí fuera no lo hiciera pero…
—Tienes que vivir, ¿no?
—Así es, mas estoy tranquila aunque siempre tengo el miedo de que ese consultorio cierre por falta de recursos de cualquier manera la iglesia hace mucho por mantener ese consultorio abierto. Bien hacen…
—Estoy seguro de que conseguirás trabajo nuevamente Sakura, ¡de verdad! Supongo te esforzaste mucho por ser una gran médico y te lo mereces.
—Fueron años difíciles no lo negare, pero tienes razón y espero que ese trabajo llegue pronto. De mientras seguiré en el consultorio de la Iglesia y cuidando a la señora Chiyo. Es una vecina que no tiene nadie a quien llamar familia, así que yo me encargo de cuidarla y darle la atención que requiere.
—Es un gesto amable de tu parte Sakura.
Ella me preguntó sobre mí, y yo respondí lo de siempre aunado a mis proyectos en mente y mi objetivo de darme aires diferentes. Los minutos pasaban y yo no me había dado cuenta, fue cuando el té se acabó que me percaté del tiempo.
Escuché el ruido de un automóvil estacionarse, y ante mi cara de duda Sakura sonrió.
—Es el autobús escolar.
Mi corazón palpitó desbocado, escolar quería decir que había niños y por ende habría niñas. Mis manos se movieron nerviosas y me inquieté, pero desde luego que tu madre no se dio cuenta, ella seguía hablando de cosas que a mí no me parecieron importantes. Tal vez hablaba del tiempo, o del color de la jarra frente a nosotros, pequeños detalles que carecían de todo sentido, ya que mi atención estaba puesta en los pasos que se acercaban.
La puerta se abrió y yo fui el único que se sobresaltó. Sakura se levantó y te recibió.
Aquella Sarada, fue la primera vez que te vi y sin duda reconocí al instante a la persona que estaba junto a Sakura en aquella fotografía colgada en la pared. Usabas mallones largos y unos zapatos de charol negros, mientras te iba recorriendo notaba más detalles, usabas el uniforme de una colegiala una falda más debajo de la rodilla y una blusa blanca holgada. Tu cabello llegaba justo al hombro. A simple vista no había un rasgo notorio en ti, para serte honestos. No eras como tu madre con ese color chillante que era evidente, ni tampoco tenías ojos de color. Tus ojos negros y tu cabello del mismo color eran comunes, sin embargo era el brillo en ellos que les daba ese algo diferente. Para serte sinceros tú y tu madre no guardaban ningún rasgo en común por lo menos físicamente no. Sin embargo faltaba conocerte mejor, ¿no es así?
Ay mi querida Sarada, Sara, ensalada, Sahara, desde ese momento me cautivaste con tu personalidad tan…
—¡Sarada!
Sakura había saltado hacia ti en un gran abrazo, mientras tú rodabas los ojos un poco hastiada, no supe si era de molestia o tan solo no te gustaba el contacto físico.
—Mamá… Me asfixias.
—Lo siento amor, bueno… Te presentó a Naruto Uzumaki, de ahora en adelante…
—Ya lo sé mamá, me lo estuviste diciendo toda la semana.
Sakura enrojeció y ese acto me pareció tierno, Sarada tú siempre fuiste una chica que no se callaba nada, poco prudente pero a la vez de una personalidad muy reservada. Debí saber que eras una niña muy madura para tu edad.
—Bueno, entonces preséntate.
Te miré esperando una reacción, todas las párvulas me habían sonreído tímidas y obedientes decían mi nombre. Sin embargo tú no eras así.
—Sarada Haruno.
Después de eso el silencio reinó por bastantes segundos hasta que tu madre se atrevió a interrumpir esa burbuja de mutismo.
—Tiene trece años, y bueno… como ya habrás visto es un poco callada.
Poco se quedaba corto, muy callada quedaba mejor.
Sin más preámbulos abandonaste el comedor y subiste las escaleras con tu mochila en la espalda, ningún adorno, nada femenino. Una mochila cuadrada y café desabrida.
—Siempre ha sido así Naruto.
—Está en la etapa de la adolescencia, ya no es tan niña…
Pero esa frase apenas y salió de mis labios, fue más un murmullo. Tú no eras una nínfula, bueno casi ya no lo eras. Ese era un motivo desconcertante para mí Sarada ya que tú lograste cautivarme sin ser necesariamente una niña como aquellas párvulas inocentes. Quizá fueron esos ojos cenizas que tanto me llamaron la atención o tal vez fue tu mutismo, no lo supe y posiblemente aun el día de hoy no lo sé con franqueza Sarada. Sólo sé que el virus letal me había infectado ya, y que tu rostro seguiría en mi mente por muchos días más o puede que hasta años. Ah Sarada, ¿por qué tenías que ser tan así?
Pasaron las horas, y me dispuse a ver el atardecer al tiempo que Sakura cocinaba algo. Le ofrecí mi ayuda sin embargo ella en su defensa respondió que no hacía falta. La casa estaba sumida en el mayor de los silencios, era como estar solo sin estarlo, tu madre seguía en la cocina revolviendo cosas y picando otras. ¿Y tú? ¿Dónde estabas? La pregunta me asechaba pero me sentía incapaz de recorrer la casa con tanta libertad, era nuevo ahí, y todavía no tenía esa confianza y esa libertad así que solo miraba el atardecer, con ganas enormes de agarrar un poco de inspiración que desde luego no llegó por que la metamorfosis de tu cuerpo seguía ahí. Te imaginé siendo más joven, una nínfula y después te imaginé como adolescente. Quería explorarte más y hablar más contigo, así como con las demás pequeñas con las que había tratado pero era imposible contigo o al menos había llegado a esa fatal conclusión.
—¡La comida está lista!
La voz de Sakura me sacó de mis pensamientos, por un momento en serio que me había perdido y también me había sentido culpable de estar ahí, viviendo con dos mujeres. Bueno, una mujer y una "semi nínfula".
No tardaste en bajar —para mi curiosidad— llevabas un batón rojo y tu apariencia no había cambiado mucho. Tus lentes te daban un aspecto muy maduro puede que hasta mayor, el hecho era que seguías estoica y sin pronunciar palabra alguna. Te sentaste con parsimonia, junto a tu madre y te quedaste mirando un punto al infinito que no pude saber. ¡Ay Sarada! Hubiera deseado saber que pensabas en ese entonces, y ayer y hoy y mañana, sin embargo no pude, no puedo ni podré saberlo jamás.
—El señor Naruto trajo un pay de manzana Sarada.
Las palabras de Sakura vinieron acompañadas de una mirada filosa al instante tú respondiste con un "gracias". No supe si fue sincero o por obligación, al menos quedé con la satisfacción de oír tu voz una vez más aquel 8 de mayo del año 2006.
Poco a poco retiraste la comida de tu plato, la hacías de lado con el tenedor a pesar de la mirada de advertencia de tu madre, estábamos sumidos en un silencio bastante incómodo. Me di cuenta que su relación no era buena, Sakura por su parte hacía su lucha por sacarte plática de lo que fuera sin embargo tú te encerrabas en una burbuja y con tono a la defensiva respondías cortante. Como si tu madre fuera tu peor enemiga, no supe si temer de aquel comportamiento o adorar esa personalidad de una semi nínfula, sea lo que fuera, solo causabas que mi curiosidad creciera.
Cuando pediste un poco más de pay y tu madre vio que no habías terminado el pescado —algo salado e insípido desde mi punto de vista— te reprendió.
—Por supuesto que no Sarada. Demasiada azúcar, además no es sano que consumas tantas calorías.
Tú replicaste y bufaste.
—¡No me trates como si fuera una de tus pacientes!
A continuación te levantaste de forma abrupta y ahí fue cuando vino la riña.
—¿Qué te he dicho de pintarte las uñas Sarada? ¡Eso daña las uñas!
—Sí, sí. Respirar aire daña mis pulmones, acostarme en el suelo causa pulmonía y no sé qué tantas cosas. ¡Por favor! Mamá sé lo que hago, todas las chicas de mi salón tienen las uñas pintadas ¡el mundo no se acaba!
Jamás te había escuchado decir tantas palabras a la vez, por un momento creí que eras como Hinata, sumamente reservada y tímida pero me equivoqué. Dentro de ti escondías a una semi nínfula capaz de desatar su personalidad.
—¡No me grites Sarada!
—¡Pues tú tampoco lo hagas mamá!
Y ahí estaba yo Sarada, en medio de ustedes dos escuchándolas. El hambre se me había pasado, tampoco es como si me hubiera gustado mucho el pescado después de todo. Tomé un poco de té, y me alejé del comedor, yo era un mal tercio en una discusión madre-hija pero para serte totalmente honesto, yo supe que ganarías la discusión.
Ay mi pequeña Sarada…
N/A Estuve como dos días pensando cual podía ser el mejor encuentro entre Sarada y Naruto, si me basaba en el encuentro entre "Humbert y Lolita" iba a quedar un poco irreal y quiero que este fic sea un poco realista, si es que se puede. La personalidad de Sarada es la de una adolescente que desde luego NO odia a su madre, sólo es... adolescente, vaya la redundancia.
Muchísimas gracias por sus reviews, y bueno, este fic no hubiera sido posible de no ser por "Lolita" un buen libro sin duda (Aunque ya se los he dicho, he adaptado esta historia y cambiando un montón de cosas). Así que en fin, les deseo buen día.
Espero sus comentarios, ¡nos leemos pronto!
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