-Hatake Kakashi- le susurró al oído haciendo que Uzumaki se parara en seco.-Tiene gran influencia en esta universidad… Si hago correr la voz, seguramente al que echarían de aquí es a ti, no a él…- y con esto último el azabache se marcho tal cual había aparecido, dejando al rubio paralizado.
Todos sus sueños de convertirse en un gran escritor… deshechos. Hechos añicos como la vajilla que se había destrozado esa mañana. Todo por lo que había trabajado, el tiempo que había invertido estudiando para ingresar a esa renombrada universidad, todo el esfuerzo que había hecho para poder pagarse los estudios…todo. Todo se iba al demonio, por ese simple rumor. ¿Qué más podía hacer? Ni siquiera había sido intención suya lo que había ocurrido en el aula. Fue todo por pura coincidencia… Desde que se había encontrado a Eri en el pasillo…
Sin darse cuenta, la campana había sonado y ya los alumnos comenzaron a inundar los jardines como olas de un mar enfurecido. Todos salían muy animados de sus aulas. Todos, menos él. ¿Qué pasaría si tuviera que abandonar por una estúpida reputación ese establecimiento? Era el único en el cual, uno podía llegar a ser escritor. ¿Tendría que abandonar sus sueños? De pronto alguien lo tomó del hombro, y el ojiazul volvió a la realidad.
-¡Hey Naruto! Mira te tengo un regalo de la niña de esta mañana…- Temari le dio un papel doblado a la mitad. El rubio lo tomó y lo abrió.
Era un hermoso dibujo de un zorrito con una gran sonrisa, producto de una niña de seis años que le demostraba cuánto lo quería.
Se quedó unos minutos observando el papel en sus manos. Finalmente respiró profundo y sus labios dibujaron una sonrisa antes de echar un último vistazo al dibujo. Lo dobló cuidadosamente y lo guardó en su cuaderno, luego le encontraría un buen lugar para que se lucieran los esfuerzos de Eri. Temari observaba cuidadosamente al rubio, estaba raro.
-Naruto… ¿Estás bien?
El rubio tardo unos segundos en responder.
-No es nada…- murmuró, más para sí mismo que para su amiga. Alzó la vista y contempló la imponente universidad que estaba frente a él. Se sentía diminuto al lado de ella. La ojiverde no le quitaba la mirada de encima, definitivamente algo le ocurría. Comenzó a caminar a su lado. Ambos en silencio. Naruto suspiraba de vez en cuando, estaba perdido en sus cavilaciones y de a ratos fruncía el entrecejo. Temari no soportó más esa situación y finalmente rompió el hielo.
-¿Ha ocurrido algo?
- ¿Por qué lo preguntas…?- La rubia le sonrió brevemente.
-Tu rostro me lo dice. No te encuentras como siempre…
El ojiazul no despegaba la vista del suelo, ¿Era conveniente que le dijera a Temari lo que había pasado? Ella era una buena amiga, siempre confió en ella… pero esta vez implicaría que el rumor comenzara de una u otra manera. Además Su rubia amiga podría reaccionar como Kiba lo había hecho en la cafetería unas horas atrás… Horas… Era increíble como pasaba el tiempo. ¿Cuánto podría tardar un rumor en esparcirse…? No, debía quitarse esas ideas de la cabeza, no debía dejarse dominar por una estúpida amenaza… ya encontraría la forma de librarse de todo aquello. Suspiró.
-No te preocupes, me las arreglaré- Dijo dando final el interrogatorio. Temari no despegó la vista de su amigo en todo el camino, aunque éste hablaba de trivialidades para distraer la preocupación de su amiga. Llegaron a una calle en la cual se separaban.
-¡Oh! Bueno… nos veremos mañana Temari-Saludó Naruto
-¡Espera!- El aludido volteó.
–Sea lo que sea… Sabes que puedes contar conmigo… ¿Si?
El ojiazul sonrió –Gracias por preocuparte- Y con un ademán en su mano, finalmente se alejó de la rubia.
Naruto continuó su camino, su preocupación lo había absorbido tanto que no notó que la acera estaba cubierta por pétalos de cerezos. Alzó la vista y sus ojos se iluminaron.
-Definitivamente no debo dejar que esto me afecte… Los cerezos seguirán floreciendo…
Debo controlar más a Eri…Aunque no la traeré aquí muy seguido, pero no debo dejar que se escape de nuevo de esta manera… Pensaba el azabache viendo a su pequeña hija corretear por los pasillos delante de él. Era una bendición tenerla, cada vez sentía con más frecuencia que su vida se tornaba gris, un gris inquebrantable que no le permitía sonreír con sinceridad. Cada vez le costaba más levantarse cada día para ir a trabajar, Eri era la única razón por la cual aún seguía adelante. De nuevo sintió sobre sus hombros la pesadez de la soledad…
De pronto la imagen de su alumno cruzó por su cabeza. Uzumaki… Lo veía diferente a los demás, él estaba decidido, quería a toda costa cumplir su sueño. Lo veía claramente en sus ojos, tenía un fuego interno que le llamaba mucho la atención… Era esa chispa que poco a poco a Sasuke se le estaba apagando. Pero… ¿Qué estaba pensando? Naruto Uzumaki era un alumno. Su alumno… A fin de cuentas, él no podría estar con el rubio… ¿Acaso estaba teniendo pensamientos homosexuales con respecto a su alumno?... Aunque luego de haber estado seis meses con aquella bruja y haber salido con las demás arpías, no le vendría mal probar… Lentamente se iba resignando a la idea de "una nueva esposa".
-Papá ¿Estas bien?- De nuevo la pequeña lo sacó sus pensamientos… Qué atenta era.
-Sí Eri, solo estoy un poco cansado- Contestó para tranquilizar a su hija, aunque ésta lo miraba con los ojos llenos de preocupación.
-Iremos a comer a un restaurante, ¿Quieres?
-¡Si! ¡Hace mucho que no salimos!- Exclamó de alegría la niña.
Es verdad… Me he dejado estar…
Naruto suspiró. Debía alejar esas ideas de lado. No podrían echarlo así como así… ¿Verdad? Tal vez estaba exagerando al preocuparse tanto por esas cosas. Si ha de correr un rumor tardaría al menos unas semanas para que todos lo sepan, y para ese entonces él ya tendría un plan perfecto, ¡infalible! Y así podría quedarse en la universidad para cumplir su sueño. Sí eso era, todo iba a salir bien… solo debía encontrar la manera de que eso se cumpla.
Y como si le hubiesen susurrado la cosa más dulce del mundo, una cálida sonrisa se dibujó en su rostro. Miró de nuevo los árboles de cerezo… Sí definitivamente, ellos no dejarían de florecer por más tormentas que pasaran. Y con esa tranquilidad en su pecho, que había aflojado aquel nudo que ardía en su garganta siguió avanzando pero no para su casa. Sus pies divagaron un poco y lo llevaron hasta el centro de la ciudad, una vez allí decidió comer algo ya que todo ese tiempo no se había percatado del hambre que tenía.
La pequeña niña iba saltando por toda la acera acompañada de su padre que iba sereno a su lado. Eri tenía la costumbre de saltar y cantar cuando estaba feliz, y ahora precisamente estaba más que eso. No sabía cómo pero de alguna manera planeaba conseguir a Naruto como nueva madre. Aunque le sonaba extraño la niña no le veía nada de malo, además de que ambos se pusieron nerviosos cuando se encontraron, la azabache era buena en esos detalles. De pronto se detuvo, haciendo que su padre hiciera lo mismo. Éste la miro con curiosidad. La niña embozó una sonrisa traviesa, para luego reírse bajito y seguir cantando y brincando por la calle, haciendo que Sasuke la mirara extrañado.
¿En qué estará pensando…?
Pronto llegaron a un gran bar, él cual se veía sereno y acogedor. Se ubicaron en la última mesa junto a las ventanas. Todo parecía tranquilo.
-Umm… este parece un buen lugar…- Se dijo a sí mismo y sin más preámbulos entro. Era más grande de lo que aparentaba y el ambiente que reinaba allí era cálido. Perfecto para calmar sus nervios. Busco asiento y efectivamente había un lugar libre cerca de los ventanales.
El rubio recargó su mejilla en una de sus manos, observando vagamente la gente que caminaba apresurada por llegar a sus correspondientes destinos, pendientes de sus cosas, de sus problemas.
En ese momento Naruto sentía que flotaba sobre el agua, perdido en un mundo donde las preocupaciones no existían. Era como si tuviera la mente en blanco. Y realmente disfrutaba de eso. Él había sido un chico que había sufrido mucho en su infancia y en su adolescencia, comenzando con la pérdida de su madre a los ocho años de edad. Apenas una criatura que comenzaba a descubrir el mundo. Era solitario. No conversaba demasiado y no lograba sociabilizar con los demás por lo que recién a los 12 años había conocido a Kiba y con él había descubierto otro rostro de la vida. Su alma estaba cubierta por cicatrices, esas que en las noches más oscuras vuelven a abrirse, desgarrándolo de dolor. Pero debía ser fuerte. Y gracias a ese pensamiento y a esa fuerza de voluntad, él era lo que era hoy. Un estudiante universitario, aspirante a escritor, rodeado de nuevos amigos… Todo volvía a tener equilibrio en su vida.
Suspiró. Estar allí realmente lo calmaba.
-Que extraño… Aún no nos atendieron- comentó el azabache buscando con la mirada a alguna camarera.
-¡No te preocupes papi! ¡Yo conseguiré que nos atiendan!- Y dicho esto la pequeña se esfumó de su asiento. Ni tiempo de reaccionar le dejó a su padre.
-Esta es… la segunda vez en el día que hace eso… ¿Seré mal padre?- Se preguntó a si mismo recostándose sobre el respaldo de aquel sillón. Sabría que su pequeña no podría hacer demasiado revuelo buscando a alguna camarera… o ¿si?
-Disculpe….- se oyó una vocecita, mientras una manito jalaba de una falda.
-¿Umm?- La pelirroja camarera volteó a ver quién la llamaba.
-¿Podría atendernos? Hace ya un tiempo que llevamos esperando- Sonrió tiernamente.
-¡Oh! Lo siento, enseguida- Se disculpó siguiendo a la pequeña.
Por azares del destino la niña volteó hacia los ventanales y vio a un joven rubio que se le hacía muy familiar.
-¡Naruto-Kun!- Exclamó de alegría la niña, logrando sobresaltar al rubio.
-¿E-eri?- Murmuró observando a la niña que corría hacía él.
-¡Naruto-Kun! ¡Qué alegría verte!- y se lanzó a sus brazos en un cariñoso abrazo. La joven camarera sonrió.
-T-también mío…- Sus labios dibujaron una gran sonrisa. -¿Te encuentras sola…?- Realmente el muchacho no se había dado cuenta de las consecuencias que podía llegar a traerle aquella tonta y simple pregunta.
-¡No! ¡Estoy con papá!- Los ojos de la niña se le iluminaron. -¡Ven! ¡Ven a comer con nosotros Naruto-Kun!- Dijo la azabache tironeando de la camisa del mayor.
-¡¿Qué? ¡N-no! No te preocupes Eri… yo estoy bien…- Intentaba detener a la niña, pero ella insistía. La tierna escena llamaba la atención de los comensales cercanos, llenando el aire de risitas y admiración por la pequeña. El rubio notaba el revuelo que comenzaba a armarse por lo que no tuvo otra opción que desistir.
-E-esta bien… iré- Dijo finalmente haciendo que la niña saltara de alegría y la camarera riera bajito. La pequeña se dirigió hacia la mesa donde se encontraba su padre con el rubio de la mano. El progenitor ya estaba de pie, a punto de ir a buscar a su pequeña pero al ver a su nuevo acompañante de quedó de una pieza. ¿Qué hace él aquí?
-¡Papá! Naruto-Kun almorzará con nosotros- Anunció feliz de la vida la pequeña, en sus ojos podían verse que saltaban chispas de alegría. Su padre no podía negarle nada cuando Eri le ponía esa carita… Pero… ¿Acaso era obra del destino? Aparentemente esto era sólo el comienzo.
El rubio se sentó al lado de la pequeña. Estaba totalmente cubierto de sudor, por el pánico. ¿Qué rayos hacía ahí? ¿Con la niña y con su padre? ¿Cómo había pasado todo eso? No bastaba con encontrarse en los corredores de la universidad que ahora, en ese mismo instante, estaba allí sentado, enfrente de él y lo peor iban a almorzar juntos. Eso definitivamente si se vería sospechoso. Comenzó a rezar internamente para que nadie conocido se dignara a cruzar por aquella ventana. Eso sería el fin. De pronto recordó la amenaza de Sai y comenzó a marearse.
-Disculpe señor… ¿Señor?
Alzó la vista.
La pelirroja camarera lo observaba preocupada.
-¿Se encuentra bien…?
-Eh… sí lo lamento… ¿Qué decía?
Y antes que la joven pudiera responderle, Eri contestó en su lugar. –Preguntó qué ibas a ordenar Naruto-Kun…- El rubio vio fugazmente al azabache. Este no le quitaba los ojos de encima, lo que hizo que el rubio desviara la mirada algo nervioso.
-un… plato de Spaghettis… Por Favor…- Dijo suavemente.
-¿Y algo para tomar?
-Una soda…
-Enseguida les traigo el pedido- Anunció amablemente la joven retirándose con las ordenes.
Silencio. Sólo habían transcurrido algunos segundos que ni el mayor, ni la niña y ni Naruto decían palabra alguna. Pero para el rubio eran eternos. Miraba con timidez a su profesor pero éste no le dirigía la mirada… parecía ¿Enojado? No lo dudaba, de pronto uno de sus alumnos estaba allí a punto de almorzar con ellos sin su consentimiento. Obviamente debía estar enojado. La niña sonrió.
-¡Naruto-Kun! Parece que tenemos gustos parecidos
-Ah… ¿si?- intentó comportarse naturalmente, a pesar de que los nervios y la angustia lo estaban consumiendo. Su mareo iba en aumento.
-¡Si! pedimos lo mismo- Sonrió. De pronto su pequeño rostro se tornó preocupado.
-Naruto-Kun… Estas pálido- Murmuró la niña tocando con su manito la frente del rubio. –Papá…
El azabache salió de su ensimismamiento y posó sus orbes negros en los ojos zafiro del rubio. Éste se estremeció.
-N-no se preocupen… por favor… estoy bien…- murmuró y notó como sus mejillas hervían por el repentino sonrojo que las cubría.
-Iré por un paño frío…- comunicó la niña antes de marcharse nuevamente.
-¡Eri!- exclamó su padre pero ya era tarde, su hija se alejaba con paso veloz de su vista.
-Yo… lo lamento- Murmuró Naruto y de inmediato se puso de pie. Sasuke hizo lo mismo.
-¡Espera!
Pero antes de que el rubio pudiera hacer más, el mareo lo dominó completamente haciendo que perdiera el equilibrio. De pronto todo se volvió negro. Abrió pesadamente los ojos como si fuera lo último que hiciera en su corta vida. No sentía nada como si tuviera el cuerpo vacío, pero poco a poco comenzó a recobrar sus sentidos. Y para su sorpresa estaba rodeado de unos fuertes brazos y se encontraba apoyado en un cálido pecho.
-¿Estas bien?
-E-eso… creo- Su respiración se había agitado. No se encontraba del todo bien aún, el mareo seguía presente, pero por otra parte, juraría que estaba en el cielo. Uno de sus tantos anhelos, esos que lo desvelaban en las noches de luna llena, se estaba cumpliendo. Estar en sus brazos, sentir su calidez, su aroma. Se separó un poco y vio que a su alrededor habían varias personas observando y algunas con intenciones de ayudar. Eso hizo que aumentara su nerviosismo.
-Será mejor que comas algo…- Le dijo suavemente llevándolo hacia la mesa. La comida ya estaba servida y Eri estaba de pie sobre el sillón atenta a cada uno de sus movimientos. ¿Cuánto tiempo había pasado?
No quería que el azabache se molestara por él, pero el inesperado desmayo le había quitado fuerzas por lo que no podía hacer otra cosa que asentir y dejarse ayudar. Aunque no quisiera admitirlo le encantaba toda esa amabilidad de su parte.
Lo ayudó a sentarse y para completar la frutilla del postre, éste tomo asiento junto a el.
-¿Seguro que te encuentras bien?- preguntó el mayor volteándose para examinarlo mejor.
-S-si…
-¡Claro que lo está papi! ¡Con tu ayuda Naruto-Kun se puso mucho mejor! ¡ÑAM!- Y dicho esto se llevó a los labios un gran bocado de Spaghettis, dejando a ambos sonrojados por el comentario inocente de la pequeña.
Luego del súbito desmayo que sufrió el rubio, la atmósfera tensa que se había formado por su repentina aparición, poco a poco se volvió más amena y prácticamente Naruto y Sasuke comenzaron a platicar de temas triviales pero llevaderos. La pequeña acotaba cosas sin sentido, sobre temas que se le escapaban de los dedos por su edad, a pesar de eso la niña no dejaba de desprender esa ternura tan característica suya. Todo parecía volver a la normalidad.
-¿Así que quieres ser escritor?
-Así es ¡Y pienso ser de los mejores!- acotó con tono triunfante alzando su vaso de soda, observando el líquido agitarse en su interior como si de una bola de cristal se tratara.
-¿Y que género escribirías?- preguntó el mayor curioso, no apartaba la vista del rubio.
El aludido se ruborizó. Nunca pensaría que él… justo él… Le preguntaría eso. Kiba ya era bastante molesto cuando tocaban ese tema. Él no podía evitar ponerse más rojo que un tomate y gritarle histérico para que dejara de burlarse de él… Pero con el moreno no podría hacer eso ni aunque la idea se asomara por su cabeza.
-¿Y bien…?- Insistió de forma victoriosa. Eri notó ese ligero cambio en su tono de voz. Y una gran sonrisa cubrió su rostro. ¡Entonces es verdad! ¡Naruto-Kun haría que mi papi volviera a la normalidad!
-¡Naruto-Kun me escribirá un cuento de hadas papi! Por eso es que le da vergüenza decírtelo- y con su mejor carita de "superada" se terminó finalmente su soda sorbiendo las últimas gotas.
Esta inesperada reacción provocó un estallido de carcajadas por ambos. Sasuke tomó a su niña y la estrechó entre sus brazos con cariño.
-Eres una traviesa, ¿Lo sabías?- Dijo Sasuke sonriéndole como pocas veces lo había hecho en esos últimos tiempos. La niña no hizo más que reírse de las cosquillas que le hacía su padre.
La escena era tan cálida… Parecía que nada podría destruir esa intensa felicidad, por nada ni por nadie. El rubio sólo se limitó a sonreír, sentía calor en su pecho y su corazón latía con fuerza. ¿Qué sería aquel sentimiento? Sus ojos zafiro lo delataban completamente. El amor había tocado su puerta y él le permitió entrar. Ya no había vuelta atrás. El azabache volteó a verle y el rubio se sorprendió por ello. Nuevamente sus mejillas se tornaron carmesí. El azabache había notado aquella reacción. Sonrió. Si sólo supiera que estaba tan emocionado como él al compartir un rato, juntos… Podía sentir su corazón hacerse notar dentro de su pecho, y era una sensación que por mucho tiempo había extrañado. Y ahora gracias al rubio, toda su pasión, sus emociones dormidas, habían vuelto a despertar con fulgor en su interior. Si fuera por él, lo estaría besando apasionadamente. Sin siquiera preguntárselo. Pero debía controlarse, no era ni el momento, ni el lugar indicado. Además de que había otras cosas de trasfondo, por ejemplo de ser profesor y alumno de la misma universidad… Sacudió brevemente la cabeza para alejar esos pensamientos amargos.
-Aún no me has dicho…- Le recriminó con una sonrisa de lado, típica de él.
El rubio lo observó unos minutos. No quería ver como seguramente se le burlaría en la cara como los demás. Así que tomo una servilleta y del bolsillo de su mochila extrajo un bolígrafo. Garabateó el papel y lo dobló en dos. Sonrió.
-Emm… Léalo más tarde… No quiero que lo sepa aún…- murmuró desviando la mirada. Sasuke sonrió y se guardo el papel en el bolsillo trasero de su pantalón. La camarera se acercó a ellos, ya que el mayor se había encargado de llamarla. Ellos ya se habían puesto sus respectivos abrigos, incluida Eri, pero ella estaba esperando a la joven para pagarle.
-Tome- Le dijo dulcemente entregándole el dinero a la pelirroja.
-Eres muy dulce pequeña- sonrió y acarició su cabecita. Sasuke y Naruto se dirigieron hacia la puerta, así que Eri corrió para alcanzarlos pero antes volteó hacia la camarera.
-¡Espera!- exclamó antes de que la joven siguiera su trabajo.
-Mi nombre es Eri- Dijo presentándose- ¿Y el tuyo?
Sonrió cálidamente. –Laura.
Las hojas de cerezos volaban por toda la calle. El infante corría traviesa, tras los pétalos, intentado capturar la mayor cantidad posible. Mientras que su padre caminaba serenamente junto al rubio.
-Gracias por cuidarla
-¿Umm?
-Tú sabes, hoy a la mañana…
-¡Ah eso! ha sido todo un placer… Eri es realmente adorable.
Ambos la observaron un momento. Sus ojos azul zafiro brillaban más que cualquier día.
-Espero… estar haciendo lo correcto
Esta vez los ojos zafiro de Naruto escrutaron al moreno.
-No es fácil cuidarla sólo…
Y como si el tiempo se hubiera detenido, sus miradas se perdieron en el océano que ambos ocultaban en sus ojos. No hacían falta las palabras. Casi al unísono, cálida sonrisa se dibujo en el rostro de cada uno.
-¡Kyaaaa!
Ese grito cayó como si fuera un baldazo de agua helada para ambos.
-¡Eri!- Gritaron al mismo tiempo.
-Me caí- Lloriqueó la niña, refregándose la rodilla que se había lastimado. Suspiraron aliviados.
Sasuke se dirigió hacia su niña, se arrodillo a su lado, diciéndole que debía ser fuerte y no llorar, que no había sido nada grave. Naruto por su parte los observaba.
Claro que estas haciendo un buen trabajo, un excelente trabajo diría yo…
Bueno aquí les traigo otro cap n_n No se preocupen que todo parece muy feliz al principio pero todo se irá tornando más y más oscuro (muajaja) y entenderán el porqué de algunas actitudes y comportamientos extraños :P Este cap fue enteramente NaruSasu (por decirlo de algún modo) pero en los próximos iré desarrollando a todos los personajes. Así que paciencia y gracias por leer!
