Muchas gracias a todos los review que me dejáis, los fav y follows! Los aprecio mucho, pero por favor no dudéis en dejarme vuestro opinión en forma de review los que dais a fav y follow, los tengo muy en cuenta pero leer vuestras opiniones y formas de mejoran ayudan, y mucho! Siento no haber actualizado antes, estoy muy liada y lo tenía escrito pero no pasado y he aprovechado un hueco para colgarlo. Intentaré no tardar mucho con el siguiente. Espero que os guste!
CAPÍTULO 4
- ¿Cómo?
- Estaba paseando a Pongo cuando he pasado por delante de su casa. La puerta estaba abierta Emma, he entrado y la he llamado para ver si contestaba, y nada. No soy detective ni nada que se lo parezca, pero había señales de pelea en la entrada. Creo que no ha desaparecido por ella misma. Alguien o algo la ha hecho desaparecer.
- Si tienes razón, no creo que lo haya hecho tan solo para charlar con ella, voy para allí enseguida.
Emma colgó el teléfono, tenía un mal presentimiento y no le gustaba en absoluto.
- Regina ha desaparecido - dijo mientras le dirigía una mirada extrañada a Neal - tengo que ir a comprobar su casa, ve con Henry, dile que, que estaba ocupada, que ha habido una pelea...no, espera, dile la verdad, no quiero mentirle más.
Neal asintió y le dio un leve beso a Emma.
- Definitivamente te queda mil veces mejor esta chaqueta - dijo mientras salían de la habitación, pero antes la cogió del brazo – ten mucho cuidado, por favor.
- Tengo varios motivos para andar con cuidado – dijo con media sonrisa – entre ellos estás tu.
Dicho esto se unieron en un nuevo y dulce beso, antes de que Emma se dirigiese a dar con el paradero de Regina.
- Me prometiste que sufriría - espetó con una gran furia interior.
- Y así lo hice - contestó Regina.
Había sacado toda la fiereza que podía. No quería parecer lo que no era. Ella era la reina malvada, con magia o sin ella. Y no iba a permitir que ese hombre la achantase.
- No, ahora vive su final feliz con la mujer que acabó con tu amorcito - dijo con unas palabras llenas de desdén.
Regina llena de ira, hizo ademán de levantarse, pero las cuerdas que tenia alrededor de las muñecas y los tobillos se lo impidieron.
- Ni si te ocurra hablar de él, ni si quiera oses mencionarle en una frase que salga de tu asquerosa y repugnante boca - pronunció cada una de las palabras llenas de odio - Cuando paré la ejecución de David y te dije que le haría sufrir, lo dije de verdad, y ya han sufrido suficiente.
- ¡Nunca es suficiente! - gritó – él arruinó mi imagen y orgullo, me retó y tú me ofreciste destruirle, arruinarle la existencia y, ¡no has cumplido!
Regina no sabía que hacer, sin su magia se sentía indefensa. Quería gritar, ese hombre estaba loco, fuera de sus cabales.
En realidad, quería llorar, pero no le daría a ese hombre ese gusto.
¿Desde cuando se había vuelto tan endeble? ¿Tan emocionalmente rota?
Antes de que aquel hombre le diera un culatazo en la sien, Regina no paraba de pensar en una persona, en una sola y única persona.
Emma entró en la casa de Regina con la pistola en mano. Le había pedido a Archie que se quedara fuera por su seguridad. Estaba nerviosa, y no sabia el porqué, pero no era por la opción de que alguien se le echara encima. Era por otra cosa y no sabía diferenciarla.
Apagó sus sentimientos y se obligó a prestar atención a la escena que aparecía ante sus ojos.
La entrada estaba destroza, había un jarrón roto en el suelo, el espejo ovalado había corrido el mismo destino, el mueble donde Regina debía haber dejado las llaves estaba en el suelo, junto con ellas. El juego de llaves que estaba en el suelo parecía el de su casa.
Pero había una de ellas, otra, que estaba fuera del juego de llaves de esa casa y era diferente a las otras. Más antigua. No pudo aguantarse, se agachó y la cogió.
Prestada.
Al fin y al cabo podían ser pruebas para la investigación.
Emma se disponía a abandonar esa mansión, ahora destrozada. Pero lo iba a hacer con una única imagen en su cabeza. Las flores.
Morían lentamente. Deshidratadas. Pero poco a poco. Emma dibujó una media sonrisa en su cara.
¡Era eso!
No se había dado cuenta hasta ahora de la metáfora que suponían. Se acercó a donde se encontraban esas pequeñas plantas. Entre los cristales encontró una pequeña nota.
¿La quieres viva principito?
No consiguió hacerte sufrir tanto como yo deseaba. Intercámbiate por ella o morirá. Ve al puerto.
La carta no iba dirigida a ella, sino a su padre, a David.
Emma sonrió de nuevo, en seguida borró ese gesto de su cara al recordar lo que estaba ocurriendo y se castigó mentalmente.
Era masoca.
Había recordado que días atrás, deseó algo de acción, emoción. Storybrooke había estado muy tranquilo últimamente, incluso aburrido, y volvía de nuevo a su punto interesante aunque de forma macabra.
Volvió a la realidad y se puso seria. Empezó a andar de camino al puerto, si no se daba prisa, Regina podría morir, y por mucho que la odiara, no dejaría que eso pasara.
Marcó el teléfono de su padre y esperó a la contestación.
- Te quiere a ti, dijo que te intercambiaras con ella, en el puerto, si no la matará, no se de quien se trata, pero estoy de camino.
- Nos vemos allí – contestó David – pero Emma, ten mucho cuidado.
- O no han leído la nota, o te van a dejar morir como a una sucia sabandija, parece que no les importas lo más mínimo y la verdad es que no me extraña, aunque realmente no creo que dejen que mueras, ese tipo de valores que tienen, dan asco, incluso pena, si fuese yo, dejaría que murieras, vamos, que ni me lo pensaría dos veces.
- Recordaré este momento, y te juro que pagaras por lo que me estas haciendo, lo pagaras muy caro - Regina aun se encontraba mareada por el golpe que le había dado en la cabeza.
- ¡Regina! - gritó alguien fuera del cobertizo.
- Emma... - susurró la morena.
- Vaya, parece que tenemos compañía, nada mas y nada menos que la hija del principito - dijo con una sonrisa despiadada mientras le tapaba a Regina la boca con cinta adhesiva.
Emma había estado registrando todo el puerto y tan solo le faltaba una pequeña cabaña que se encontraba al final de todo. Sostuvo la pistola con una mano apuntando a la puerta mientras con la otra giraba el pomo de la puerta. Para su sorpresa se encontraba abierta. No pudo evitar empujarla del todo para ver enseguida quien o no había.
- Regina... - dijo la rubia mientras se acercaba corriendo donde se encontraba.
Estaba en el centro de la estancia, puesta como un trofeo, atada de pies y manos, y con cinta adhesiva en la boca. Regina no paraba de intentar emitir cualquier sonido sonoro, pero le era imposible con eso en la boca, hasta que Emma se lo arrancó de cuajo.
- ¡Emma, cuidado!
La rubia desconcertada, se giró todo lo rápido que pudo pero se encontró con un hombre que había estado oculto en las sombras, apuntándola con un arma.
- ¿Que coño está haciendo? - le había conocido como abogado, pero no sabía cual era su verdadera identidad.
- Me parece que aún no nos habían presentado como es debido, soy Jorge – dijo con una media sonrisa en la cara, pero enseguida cambió el semblante y mientras le alargaba unas esposas, se puso muy serio, tan serio que hasta la propia Emma temió - o te las pones, o te pego un tiro entre ceja y ceja.
Emma se levantó lentamente haciendo que la pistola presionase su frente.
Le iba a decir: "Adelante, dispara"
Pero pronto recordó lo que le había dicho a Neal y contuvo sus palabras.
- ¿O prefieres que primero sea a ella? – dijo con voz amenazadora.
Emma se giró a Regina. Estaba pálida y juraría poder vislumbrar algo de sangre en su rostro. Aún así, la miraba, a ella, a la pistola que apuntaba a la rubia, con cara de… ¿preocupación?
Finalmente, Emma cogió las esposas y se ató las manos a la espalda. Lo cierto era, que en cuanto tuviera la oportunidad, pasaría las piernas por debajo de los brazos para así poder conseguir colocarse los brazos delante. Lo había hecho otras veces, sería doloroso, pero lo haría.
Miró a Regina de nuevo e intentó transmitirle un mensaje de esperanza.
- Vamos a salir de aquí – dijo con la mayor cara de confianza que pudo poner – te sacaré de aquí.
- Cállate y siéntate – dijo apuntándola con el arma.
Obedeció.
En el exterior pudo oír como chillaban su nombre. Era Neal. Y David. Estaban allí.
- ¡Aquí! – chilló con fuerza.
- Te había dicho que te callaras – dijo quitándole el seguro a la pistola.
- ¡No! – gritó Regina – ella no tiene nada que ver, fui yo la que no cumplí, soy yo la responsable.
Emma se giró desconcertada. Estaba protegiéndola. Estaba dispuesta a que le dispararan a ella antes que a la rubia.
- Tienes razón – dijo mientras redirigía el arma a Regina.
Emma no se quedó parada y comenzó su estrategia. Estiró los brazos todo lo que pudo y empezó a pasarlos por las piernas. Reprimió un grito de dolor. Tenía que conseguir tener los brazos delante de su cuerpo para poder empujar, pegar, lo que fuera. Con ellos detrás no podía hacer nada. Volvió a reprimir otro grito esta vez más doloroso. Tenía que sacar a Regina de allí, no estaba dispuesta a que muriera, por lo menos, no de esa forma. Dio un estirón brusco.
Y chilló. Chilló como nunca. De dolor.
Consiguió su propósito, había conseguido poner los brazos delante de ella pero a costa de que el hombro izquierdo se le dislocara. El secuestrador no parecía haberse dado cuenta del sonido que había proferido Emma. Tenía la cara perdida, parecía estar lejos de allí. Colocó el dedo índice en el gatillo.
Iba a disparar.
Emma se levantó todo lo rápido que pudo y empujó a Regina con sus brazos. Poniéndose ella por delante.
PUM.
