¡Uno más! Estoy feliz de haber podido actualizar relativamente rápido. ¡Disfrútenlo!

LaDiosaYenapa:

¡Y los problemas que faltan por venir! Gracias por los halagos, como dije, estamos haciendo un gran esfuerzo en cuanto a investigación, trama y redacción para que tengamos un resultado limpio para ustedes. Estaré intentando mantener este ritmo en las actualizaciones. También yo hice la misión con elocuencia, pero me gustó este detalle acá, ja ja.


III

La Llave

-¿En serio? ¿No me buscará más?

-No, a menos que vuelvas a pedirle ayuda a la gente equivocada, claro está.

A la mañana siguiente Isildë había ido a reunirse con Shadr a los establos de Riften para informarle de su misión nocturna. Estaba lista para partir después de eso, planeaba continuar con su viaje hacia el sur, después de lo que había ocurrido no le convenía quedarse en esa ciudad por mucho más tiempo.

-¡No sé cómo agradecerte! No creía que nadie se preocupara por mí…

-Ya, déjalo estar. No fue complicado hacerla desistir de todos modos.

Hubo un pequeño silencio mientras la elfa alistaba todo en las bolsas laterales de su caballo.

-¿De verdad tienes que irte?

-¿Por qué?

-No es nada, sólo esperaba que te quedaras un poco más.

-No sé cómo estar quieta, pero lo más probable es que un día regrese.

-Eso espero.

Montó y se echó la capucha.

-Bueno, nos veremos después. Cuídate hasta entonces.

-Sí, tú también. Que los Divinos estén contigo.- se despidió Shadr.

La brisa que mecía los árboles en los bosques aledaños era refrescante y tenía un olor puro, se escuchaban algunas aves matutinas cantando y las pisadas cautelosas de algún zorro que rondaba cerca. Algunos recuerdos de mañanas parecidas a aquella flotaban en la mente de Isildë, sonrió al recordarse de niña y las vivencias que había tenido. Posiblemente este mismo sopor de tranquilidad la hizo bajar la guardia lo suficiente para que no se percatara a tiempo de que alguien la seguía de cerca y, antes de que pudiera reaccionar correctamente, la habían rodeado cuatro hombres con armaduras ligeras de cuero negro. Uno de ellos se adelantó y se bajó la capucha, era pelirrojo con el cabello a la altura de los hombros y una barba de candado.

-No fuiste tan afortunada esta vez, ¿eh? Debiste pensar que nadie sale impune al meterse con el Gremio de Ladrones. Baja del caballo y no tendremos que ser tan violentos contigo.- canturreó socarronamente.

Isildë se apeó y sonrió con cortesía.

-Buenos días, caballeros. ¿A qué debo el honor?- sabía bien que era probable que no pudiera vencer a los cuatro a la vez y no le convenía arriesgarse.

-Sabes bien a qué. Amenazaste a Zafiro anoche, seguro que la recuerdas, ¿no?- el líder se aproximó a ella y le colocó una daga bajo la barbilla.

-Estaba defendiendo a un amigo mío, ha sido una desafortunada coincidencia que su agresor haya sido de tu gremio.

-Desafortunada es exactamente la palabra para describir tu situación. Ahora…

-Siendo tú el líder seguro que sabes de negocios.- lo interrumpió. El pelirrojo alzó las cejas con interés.

-Continúa.

-Mira, ya has visto mis habilidades, estoy segura de que no toman por sorpresa a tu gente muy a menudo, ¿o sí?

-Pues no, lo cierto es que no.

-Y estoy segura de que debe haber algo en Tamriel que no hayan sido capaces de… obtener por sus medios, tal vez alguien podría darles una mano. Alguien que pudiera ser exonerada de sus crímenes a cambio de un útil servicio.

El hombre lo sopesó un segundo.

-Piénsalo, Brynjolf, no es tan mala idea. Podría ayudarnos con lo de…

-¡Silencio!- la observó de pies a cabeza, analizando sus opciones.

-¡Vamos! Además sin el factor sorpresa no soy una gran amenaza.- soltó la elfa alegremente.

-Mmhh… Vale.- guardó la daga.- ¡Pero no te quitaré el ojo de encima! Ven con nosotros.

Uno de los hombres tomó al caballo por las riendas y anduvieron en silencio el camino de regreso a Riften. Al llegar, el mismo hombre del establo recibió al animal y el guardia les cedió el paso. La condujeron por las calles empedradas hasta llegar a un orfanato, de ahí, bajaron unas escaleras hasta los ríos que cruzaban bajo la ciudad, cruzaron un puentecillo y abrieron una de las puertas. Una vez adentro, Isildë pude sentir el olor a humedad y podedumbre, estaba oscuro. Las alcantarillas, tal como había dicho Shadr. Avanzaron por el entramado de túneles y llegaron a una sala donde el aire no se sentía tan viciado como antes, imaginaba que sería más espacioso y había agua estancada, no podía estar del todo segura. Se detuvieron.

-Quédate aquí y no intentes nada o tendrás a todo el Gremio encima. Vigílala, Runa.

-Como digas.

-¿Al menos me dirás en dónde estoy?- preguntó Isildë con aire casual una vez que Brynjolf se hubo alejado.

-Estás en el Jarro Ajado. Un punto de reunión, por decirlo así.- respondió Runa con sequedad, pero no se escuchaba áspero como Brynjolf.

-¿Y quiénes se reúnen?

-El Gremio, naturalmente.

Su conversación se vio interrumpida por las crecientes voces de disgusto de Brynjolf y un hombre más.

-¡Te digo que es una oportunidad!

-Eso ya lo veremos.

Los pasos se detuvieron frente a ellos.

-¿Tú eres la elfa que amedrentó a Zafiro? No pareces la gran cosa.

-Las apariencias son un arma peligrosa, ¿no lo crees?

El hombre bufó levemente.

-Chica lista. Bueno, si quieres salvar tu cuello hay un trabajo disponible del que podríamos discutir. Si todo sale bien, olvidaremos todo este embrollo. ¿Qué te parece?

-Te escucho.

-Aquí no, ven conmigo.

Avanzaron a rodeando el pequeño estanque, pasaron al lado de la barra del Jarro Ajado llevándose consigo algunos murmullos curiosos y entraron por una puerta semi oculta que llevaba a una cisterna que albergaba un montón de camas y espacios de entrenamiento. El hombre se detuvo detrás de un escritorio que se encontraba al fondo.

-Bien, la misión es muy simple en realidad: tienes que entrar a las ruinas de Irkngthand, buscar una llave o alguna manera de entrar y volver aquí con la llave o la información. Toda esta operación debe mantenerse en sumo secreto. No debe enterarse ni un alma, ¿comprendes?

-¿Irkngthand? ¿Ruinas dwemer? ¿Para qué querrías entrar allí? Dudo mucho que sea por el bien de la investigación…

-La información extra no es parte del trato. Y bien, ¿aceptas o no?

Isildë lo sopesó un momento, había algo en la esencia de aquél hombre que le inquietaba enormemente.

-Acepto.

-Entonces, más vale que te pongas en marcha. Brynjolf irá contigo, no confíes en nadie más que él.

-Creí que era sumo secreto…

-No soy idiota como para permitir que se te ocurra escapar a medio camino.

-Vale…

-¿Cuál es tu nombre?

-¿Por qué?

-Me gustaría saber con quién estoy trabajando.

-La información extra no es parte del trato.- su tono de voz se ensombreció y un escalofrío le recorrió la espina dorsal a su interlocutor.

-Bien. Adelante entonces.

Cuando estuvieron armados, cargados con provisiones y pociones, les otorgaron un mapa y partieron desde Riften hacia el norte. Cuando la ciudad se perdió en el paisaje otoñal que dejaban atrás, Brynjolf comenzó a conversar sintiéndose incómodo por la tensión que había entre él y la elfa.

-Así que… ¿Qué te trajo a Riften? ¿Eres amiga de Shadr?

-Ahora lo soy.

-¿No lo conocías de nada? ¿Por qué lo defendiste entonces?

-No necesito un motivo para ayudar a alguien que lo requiere.

-Una curiosa forma de pensar. No hay mucha gente que la haga de héroe estos días.

-No pretendo ser un héroe, sólo hago lo que considero correcto.

-Ya…

El pelirrojo se veía algo intrigado, pero no hizo más preguntas. El resto del camino se vio entorpecido por bandidos, manadas de lobos y las criaturas hostiles habituales de Skyrim. Dejaban personas y paisajes atrás y las conversaciones superficiales iban y venían entre tramos del camino y descansos para los caballos. Isildë sabía que tendrían que pasar cerca de Ventalia para poder alcanzar las ruinas y se sentía inquieta entre más se acercaban, pero no dijo nada a su acompañante. Afortunadamente para ella, no había lugareños que pudieran reconocerla a ella o a su montura cuando atravesaron ese tramo.

A medida que avanzaban al norte, el clima se sentía más frío y la nieve caía helándoles las mejillas. Llegaron al pie de la montaña, aún quedaba un tramo más cuando dejaron los caballos y se dispusieron a continuar sigilosamente.

-Puede que esté lleno de bandidos…- señaló Brynjolf.

-Sí… No debemos darles oportunidad de que se den cuenta que algo ocurre.

-¿Pretendes matarlos a todos?

-Pasar desapercibidos si es posible sería más inteligente, dudo que quieras enfrentarte a todos, ¿o sí?

-Claro que no. A discreción entonces.

Sus pasos se amortiguaban en la nieve y la espesura de la tormenta los ocultaba de miradas indiscretas. Subieron por las ruinas despacio, inadvertidos. Al llegar a la entrada había un último vigilante, era imposible esquivarlo.

-¿Y ahora qué?- susurró el ladrón.

-Silencio.

Podía escuchar sus pisadas leves y amortiguadas, el tintinear de su armadura y su pesada respiración. Se giró para observar la lejanía y soltó un bostezo. No había terminado de darlo cuando la daga de plata de Isildë le rebanó el cuello sin que éste pudiera analizar qué había pasado antes de caer muerto. La sangre manchó la nieve y Brynjolf alzaba las cejas impresionado.

-Zafiro no exageraba sobre ti…

-Hay que llevarlo dentro o se enterarán.- le cortó.

Brynjolf tomó al cadáver e Isildë cubrió las manchas de sangre con la nieve y entraron.

En el interior de las ruinas podían escucharse sonidos extraños producidos por el propio eco de la piedra tallada, pero nada más.

-Parece que adentro no hay nadie, pero no bajes la guardia de todas formas.- el tono de Isildë era pausado y tranquilo, sin revelar el presentimiento que le oprimía.

-No entiendo por qué Mercer creía que necesitaríamos a alguien más. Esto lo hubiera podido hacer solo…

-Es un hombre astuto, debe tener algún motivo.

Sus pisadas resonaban por todo el complejo subterráneo.

-¿Cómo sabes eso?

-No es difícil adivinarlo, de otro modo no sería el líder de su organización.

Brynjolf alzó las cejas y asintió levemente como reafirmando la obviedad de su propia pregunta.

Avanzaron bastante, cada vez más profundo. Algunas puertas cedían con una ganzúa, otras estaban completamente cerradas, la última que pudieron alcanzar era una de estas.

-Supongo que era esta la puerta a la que se refería.- la elfa recorría el tallado de la cerradura buscando algún indicio de debilidad.

-Sí… No se abrirá por los métodos normales.

-No, hay que buscar. Tal vez encontremos algo en los alrededores.

-Claro…

Se separaron y buscaron en las cámaras secundarias. Algunas piezas de metal, máquinas que no funcionaban y sistemas que parecían funcionar a base de vapor fue lo que encontraron, pero ninguna llave. Isildë dejó de palpar un cofre pequeño y redondo que había encontrado cuando escuchó la voz del pelirrojo que la llamaba desde otra habitación.

-Encontré este. No parece dwemer.

Se trataba de un cofre de extraña figura, de color negro y de hechura rústica. La elfa frunció el entrecejo y alzó la tapa.

-¿Qué hay?- preguntó en voz alta, no arriesgaría su mano.

-Un par de insectos y… ¿una llave?- Brynjolf la extrajo y sus ojos se iluminaron.- ¡Ja, ja! ¿Podría ser? ¡Mercer por fin admitirá que siempre tengo razón!

-Silencio…

-¿Por qué..?

Se dieron media vuelta y se percataron del ser que los observaba desde la puerta: encorvado, flaco, con los ojos cegados como si se los hubieran quemado. Brynjolf dejó escapar un bajo gemido de horror. La criatura gritó algo y múltiples gritos le respondieron desde las profundidades. Isildë se adelantó y, haciendo uso de la espada de plata que llevaba, le cortó la cabeza.

-¡VAMONOS!- le gritó a Brynjolf sacándolo de su asombro y comenzaron a correr tan rápido como les permitían los músculos.

De las fisuras en las paredes, aparentemente inaccesibles, salían más y más de los pálidos monstruos y comenzaban a darles alcance. Llegaron a la puerta de entrada y la abrieron. Isildë volvió para juntar el cadáver que habían dejado antes.

-¡¿Qué estás haciendo?!

-Necesitamos una distracción para escapar.

Brynjolf bufó y la ayudó a sacar el cadáver. Cuando ya estaban afuera, uno de los monstruos logró darle una estocada en un costado, derribándolo y lo tomó de los pies para arrastrarlo de vuelta al interior. Isildë dejó el cadáver fuera y, dudando un segundo, volvió a entrar y le clavó la espada en la garganta al ser, que cayó inerte. Ayudó a Brynjolf a ponerse de pie y salieron cerrando la puerta. Con una patada tiró el cadáver por la orilla del pasillo en el que se encontraban de manera que cayera al lado contrario de donde ellos debían descender. Los gritos de los bandidos no se hicieron esperar y corrieron a examinar el cadáver, dejándoles el paso libre.

Bajaron con la mayor rapidez que la herida de Brynjolf les permitía y montaron en el caballo de Isildë y se alejó a toda velocidad mientras guiaba al segundo caballo hasta salir de la zona de peligro. Se refugió cerca de un par de pinos que se alzaban majestuosos entre unos matorrales, allí no los podrían ver tan fácilmente. Isildë desmontó y ayudó al pelirrojo a sentarse en el suelo, recargando la espalda en uno de los pinos.

-Creí que me dejarías…

-No soy tan vil.- replicó ella.

Rebuscó entre las bolsas que llevaba su caballo y sacó un par de vendajes y una botella que contenía un líquido rojo, se arrodilló junto a Brynjolf y comenzó a desatarle las correas de la armadura.

-Oye, tómatelo con calma, ¡nos acabamos de conocer!- río el ladrón con una sonrisa ladeada que pretendía ocultar su dolor.

La elfa le devolvió levemente la sonrisa con un delicado rubor.

-No te muevas.

Examinó la herida, no era muy profunda pero podría infectarse. Tomo un paño a modo de compresa, la colocó sobre la herida y vendó para sujetarla en su lugar y que siguiera haciendo presión.

-Sabes lo que haces, ¿eh?

-Es útil cuando sueles viajar lo que yo.- le tendió la botella.- Bebe un sorbo.

Brynjolf hizo una mueca al tragar.

-Sabe a rayos…

Isildë río.

-Te ayudará a sanar más rápido.- le ayudó a volverse a colocar la armadura y se sentó en el suelo junto a otro de los pinos.- ¿Y la llave?

-Debe haberse caído en alguna parte.- y sonrió con ironía.

-Volveré a buscarla mientras esperas aquí.- dijo ella con seguridad al tiempo que hacía un ademán de ponerse en pie.

-Déjala, es casi imposible que la vuelvas a encontrar, se habrá caído entre la nieve y los bandidos no te dejarán pasear por su territorio como si nada. Además, estoy casi seguro de que no es la que buscamos.

-¿Ah, no?

-No, es demasiado simple. La cerradura tiene pinta de tener una llave más compleja.

-Ya…- suspiró.

-Hey, no te preocupes. Después de esto seguro que lo de Zafiro quedará olvidado. Me encargaré de eso.

-Gracias…

-Brynjolf. Me llamo Brynjolf.

-Isildë, pero no se lo digas a nadie, ¿sí?

-¿Por qué no?

-Se gasta si lo usan demasiado.- le sonrió.

-Vale…- dijo él en medio de una risotada.

La tormenta se había calmado y la nieve caía lenta y pacífica mientras volvían a Riften, cabalgando y conversando poco más animadamente.