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— Capítulo III —
— Ese Mayordomo; Condecoración —
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Porque el motivo del sufrimiento de nuestro corazón, no es el que se conozcan.
Porque el motivo del sufrimiento de nuestro corazón, es que no tuvieron el derecho a hacerlo.
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Si se lo hubiesen preguntado, respondería francamente que no esperaba volver a ese lugar en mucho tiempo, las ceremonias de condecoración así como los eventos sociales no eran su estilo, en su corta vida se había dado cuenta ya, mucho tiempo atrás, que lamentablemente los nobles casi siempre se reunían con el único fin de charlar sobre temas verdaderamente irrelevantes, tanto así que recordó que el único motivo por el que acompañaba a su predecesor a dichos eventos, era solamente porque a veces se topaba con su tío: Sir Claus. Siempre le pareció que los adultos de esas reuniones hablaban de cosas sin sentido, y lo había comprobado casi inmediatamente de haber ocupado el puesto de actual cabeza de la familia Phantomhive. Suspiró.
Su cabeza estaba apoyada en su mano derecha mientras inútilmente trataba de distraerse al mirar los arboles pasar por la ventana de la galera, últimamente, en especial desde que decidió ponerle fin a cierto asunto, el ambiente se volvía denso, claro está, que solo le ocurría cuando se encontraba a solas con cierto pelinegro. Se maldijo por haber aceptado la invitación en vez de terminar el papeleo de la empresa, por lo menos en la soledad de su diván no se tenía ese ambiente tan "opresivo", aunque tampoco era como si se pudiera negar. Suspiró nuevamente.
–Aun si lo considera impertinente de mi parte joven amo —el silencio monótono que se cernía dentro del carruaje fue interrumpido por la voz de su sirviente— Usted que rehúye a dichos eventos sociales, ¿Por qué accedió el ir a este en particular?
Se maldijo nuevamente por no ordenarle a su mayordomo que sea el él que manejase la carroza, después de todo no era como si él se pudiera negar.
–Tsk —dejó pasar el atrevimiento de su sirviente, ya que realmente tenía razón, deseaba que envés de perder innecesariamente su tiempo, pudiera estar en su mansión ocupándose del papeleo de las empresas. ¡Oh!, dichoso él si pudiera hacer realidad ese sueño— No es obvio, es ya que ella estará allí.
Después de su propia condecoración, hace ya cinco años atrás, La Reina dejo de realizar dichos trámites, ya que su salud había franqueado levemente, y desde entonces en las condecoraciones su papel era tomado por algún sustituto, generalmente por el Conde Grey, uno de sus mayordomos. Por lo que era muy extraño ver a su majestad fuera de la casa real, ya ni siquiera la veía cuando iba a entregar el informe de sus misiones, por ende no podía darse el lujo de faltar a esa ceremonia en particular.
–Pensé que el joven amo no quería volver a ver a la Reina después de lo ocurrido con la anterior. —los ojos de su sirviente adquirieron un místico color resplandeciente revelado que su naturaleza no era humana.
–Tú y yo Sebastián, sabemos muy bien que esa era la verdadera reina falsa.
–Ciertamente —contestó monótono su sirviente, provocando así que un silencio levemente incómodo se apoderase del lugar.
La atmósfera del lugar se volvió increíblemente tensa, desde hace más de una semana era así, desde hace más de una semana no permitía que su sirviente lo tocase más de lo estrictamente necesario, hace más de una semana que se bañaba solo, hace más de una semana que no sentía la acompasada respiración del mayor en su oreja, ni sus deliciosas manos recorriendo su cuerpo y…
«¡Deja de pensar en "eso"!» Se gritó mentalmente, «eres un Phantomhive, "el perro guardián de la reina"». No debía rebajarse pensando así en su mayordomo, en su varonil voz, en sus fríos y finos labios que quemaban contra su piel en la efervescencia que los acogía casi todas las noches, o como cuando ponía sus piernas sobre sus hombros y…
– ¡Basta!—gritó el Conde levemente ruborizado, no solo en su mente, sino que el silencio sepulcral fue irrumpido por su grito.
–Joven amo, ¿Está usted bien?— preguntó el enigmático mayordomo ahogando una risilla.
Enojado, levanto la vista para retar a su mayordomo, se arrepintió enseguida, ese par de rubíes brillantes lo dejaron sin aliento, recordó como adquirían ese extraño y seductor resplandor por las noches cuando…
¡No!. Sacudió su cabeza, si estuviera trabajando no pensaría así, ¡eso era!, el perder innecesariamente su tiempo le hacía pensar cosas que solo le provocaban jaqueca. El mayordomo soltó una risilla casi inaudible. Casi. El Conde se enfureció por la osadía del demoniaco sirviente.
–Sebastián… —masculló enojado mientras levantaba nuevamente su vista haciendo que las brasas carmesíes y los- hielos azures se encontrasen— tú…
No supo ni como paso, solo que de un momento a otro termino atrapado entre el asiento de cuero del carruaje y el cuerpo del mayordomo, mientras los labios de este devoraban su boca con desesperación y lujuria.
–Usted es un niño malo joven amo, tentarme inconscientemente de esa manera —Sebastián delineaba con su índice los suaves belfos de su sonrojado y petrificado contratista— Realmente encantador. —Y Sebastián volvió a tomar esos rosados labios en un apasionado beso.
¿Cuándo había cambiado tanto su relación?, ¿Cuándo permitió que aquel ser sobrenatural lo controlase así?
No lo sabía, nunca lo haría. No le molestaba, tampoco le agradaba. Solo pedía que cada vez que Sebastián se acercaba, su corazón dejase de latir tan velozmente.
Sintió como la lengua de su mayordomo bajando lentamente por su cuello, sintiendo casi instantáneamente un corrientazo eléctrico en su espina dorsal, ocasionando que un placentero gemido escapara de sus rosas labios.
Se maldijo por tercera vez ese día, sabía que con una simple orden el mayordomo, quiera o no, se alejaría de él, después de todo esa era una de las normas de su contrato. Sin embargo, no procuro ningún sonido, aparte que uno que otro gemido involuntario, después de todo, aunque se maldijera un millón de veces, sabía muy bien que no era como si realmente se pudiera negar a los deseos del más alto.
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Realmente se impresiono al ver el palacio de Buckingham tan increíblemente decorado y lleno de personas, al bajar del carruaje se sorprendió de ver la audiencia que tenía la condecoración de Lord Cavendish, si no lo supiera, creería que estaban a punto de coronar al nuevo sucesor de la corona inglesa.
Casi enseguida notó, que la mayoría de los invitados, eran jóvenes de las más prestigiosas familias de Inglaterra, así como de Escocia. En cuanto entró, las miradas de todos los caballeros mostraban cierto recelo hacia él y las de las pocas damas, interés mezclado con desconcierto. El gallardo mayordomo captó enseguida una interesante conversación. Aunque, debía admitir, no entendía el uso de ciertas palabras en el contexto de sus difamaciones.
–Oh, así que incluso el Conde Phantomhive ha venido atraído hacia el "lirio", pensé que ya tenía de prometida a la marquesa de Middleford. —una hermosa mujer de grandes ojos pardos y sedosa cabellera áurea cubría su boca con un abanico.
–Lady Clarease, no sea tan impertinente —exclamó una dama de larga cabellera aceitunada— si la llegasen escuchar, usted podría…
–Ocasionar un malentendido —el Conde Phantomhive se había acercado hacia las dos damas que su mayordomo había escuchado, estaban conjurando negativamente contra él— Aunque he de decir, que no he venido por ningún "lirio".
–Por favor disculpe mi impertinencia Conde —la dama llevo su abanico a su cara cubriendo sus sonrosadas mejillas— He pensado que como la mayoría de los presentes, ustedes han venido por el "Lílium Caerúleus".
– ¿Lílium Caerúleus? —Antes siquiera de haber podido terminar de preguntar, se vio envuelto en un estrangulador abrazo de parte de su prima y prometida Elizabeth, para después ser arrebatado de los brazos de esta de una manera en extremo violenta por un muy enfadado Edward. No esperaba verlos allí, ¡a ninguno de los dos!
– ¡Bastardo! Maldita sea, ya tienes a Lizzy, y aun así tu siempre $%&/ #... —repentinamente Ciel se vio siendo sacudido de una forma algo brusca por su primo, ignorando totalmente el porqué de su enojo. Siendo que solamente había preguntado algo por lo que anteriormente esa mujer le había recriminado de una manera nada educada.
–Basta hermano —Elizabeth Middleford intentaba todo lo posible para separar a su hermano; Edward, de su prometido; Ciel— No le lastimes.
– ¿Lílium Caerúleus? —sin tomar en cuenta la pequeña y para nada planeada escena que estaba haciendo Lord Edward con su amo, Sebastián al ver el repentino interés, que más bien era una simple curiosidad, se dedicó a sacar algo de información sobre ese supuesto "Lirio Azulado" por el cual su joven amo había preguntado antes de ser zarandeado por su primo— disculpe la impertinencia mi joven dama, pero podría por favor explicarme que es eso del "Lílium Caerúleus".
La dama se sonrojo violentamente al mismo tiempo que empezaba a hiperventilar intentando pensar coherentemente. Mujeres, criaturas en extremo predecibles, deseando internamente un amor trágico de novela, aprovechaban cualquier ocasión en que alguien hermoso les dedicara media palabra para dejar volar su imaginación. En verdad eran criaturas predecibles, o por lo menos, la mayoría con las que se había topado en su estancia en el mundo humano eran así.
–La… la muchacha del vestido chocolate. Lady Lyonesse, hermana de Lord Dimitri Devonshire. Todos los jóvenes cabaleros libres de casamiento están aquí presentes por ella. —respondió a lo que señalaba a un punto fijo, en el que se hallaba un total de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. Observo a un joven alto de cabellera ambarina, quien supuso era Lord Dimitri, al lado se hallaba otro hombre, más alto, de cabellera azabache: era su mayordomo, noto inmediatamente algo "extraño" en él.
–Vaya, vaya. Eso sí que es interesante. —Ciertamente no esperaba encontrar que alguien más de la nobleza de ese país tuviera ese "tipo de ayuda". Ambos estaban acompañados de una niña, supo inmediatamente que ella era Lady Lyonesse. Al lado de esta, se encontraba una muchacha la cual desde su actual posición solo podía verle la espalda, nunca había visto a ninguna de las tres personas que se encontraban pocos metros adelante, sin embargo la muchacha a la cual no le veía el rostro se le hizo en extremo familiar, pero no noto nada "raro" en ella.
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Durante toda la ceremonia notó el tenso ambiente que emanaba su imperturbable tía Frances, así como Madame Red. En una carta que Lizzy le mando hace un par de días, habló sobre el repentino cambio de actitud de su madre. Creía que exageraba, pero en cuanto vio a Frances Middleford se dio cuenta de que la menor no exagero en absoluto. Su tía se veía ansiosa, o más bien ¿asustada? Madame Red, en cambio, quien siempre parecía tener una especie de brillo propio en ese tipo de eventos, se encontraba algo "extinguida". Esa no era una actitud normal. En ninguna de las dos.
La ceremonia paso sin ningún imprevisto, su majestad La Reina, contra cualquier posibilidad apareció en público para efectuar la condecoración de Dimitri Devonshire como el Duque de Devonshire. Una vez finalizada la ceremonia, La Reina se retiró alegando un pequeño malestar. Cuando salía de la habitación, ella regreso a ver a todos los invitados, para después posar su mirada sobre él y dedicarle una triste sonrisa, junto con una mirada que expresaba un notorio "lo siento", y después ver a alguien más, que por el ángulo de la mirada, suponía debía estar lejos de él.
No entendía nada, primero sus tías se comportaban de una forma nada habitual, y después la reina lo miraba tristemente. Tal vez tan solo estaba cansado, últimamente había tenido más trabajo del habitual, además del "gasto físico" de hace unas 4 horas atrás, debían de haberlo afectado. Se disponía a retirarse del lugar, cuando una voz lo detuvo.
–Lord Ciel Phantomhive, Conde de Phantomhive. —
–Efectivamente, soy yo. —giró para observar a quien se había dirigido a él, para encontrarse con un par de álgidos ojos cobrizos.
El hombre frente a él realizó una leve reverencia para después sacar elegantemente de su gabán una carta azulada con un sello rojizo en ella que tenía la forma de un escudo atravesado por dos espadas y un grifo en el centro de esta— Conde Phantomhive, mi amo lo invita cordialmente el día de hoy a su mansión.
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N.A: Hola chicas, estoy feliz porque se viene la 3ra temporada de Kuroshitsuji, aunque creo que más que una 3ra tempo van a hacer remake, ya saben, después de convertir a Ciel en demonio, lo malo es que toca esperar hasta julio.
¿Estoy yendo muy rápido? Por cierto, me refiero a la rapidez con la que estoy manejando el argumento, o la historia. La velocidad de publicación esta mermada por mis estudios universitarios. Hace tres meses comencé la Universidad y ya me siento levemente agotada porque me he quedado casi sin tiempo para nada más que los deberes y estudiar, que jorobar. Aun así continuaré con la historia, claro, según me lo permita la Universidad XD.
Desearía que pudiéramos tener una relación escritora-lectores mucho más afianzada. Me explicaré. He leído fics que tienen un buen argumento, pero la forma de tratarlo no es la adecuada y quien escribe no mejora porque no recibe comentarios críticos. Supongo que por tener tacto con el autor nadie le comenta sus fallas. Por el mismo motivo yo no comento nunca, ya que no se si el escritor lo reciba como ayuda o como insulto. Sin embargo yo preferiría que comenten porque tomo los consejos como consejos.
Retomando mi pregunta, desearía que la respondiesen, y me digan mis fallas, claro, con respeto. Por ejemplo: niña te equivocaste en…; creo que la historia va muy rápido; mejora tu ortografía, etc. Sean lo más precisos posible, por favor.
Estoy en busca de un beta, busco a alguien que tenga un extenso vocabulario (a veces tiendo a escribir palabras "desconocidas"), y que tenga tiempo para leer las desfachateces que se me ocurran. Así que si hay interesados mandar un mensaje privado.
¿Review?
