Celos
Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor no me pertenecen, son propiedad de CLAMP.
¡Disfrútenlo!
Mierda, mierda, mierda, mierda… ¡MIERDA!
No podía evitarlo, lo odiaba y mucho…
¿Cómo se atrevía ese...ese... ese pelele, a besar a su amada hija?
El pelinegro soltó un pesado suspiro al recordar cómo había acabado en esa situación
Flash back
En una casa bastante amplia se podía ver a una joven de unos diez y sietes años correr escaleras arriba, esta tenia ojos color violeta claro, cabello negro con destellos azules un poco por debajo de la cintura, su piel era tan blanca que parecía porcelana y su figura era extremadamente hermosa como la de su madre.
Entre rápidos pasos y uno que otro tropiezo, llego hasta una amplia habitación de color blanco. Con cuidado abrió y cerró la puerta, y se dirigió con cautela hasta la cama donde descansaban sus padres. Con mucho cuidado se sentó sobre la figura de su padre, y con pequeñas palmadas en su cara trato de despertarle.
-Papá, Papá despierta. – dijo en un pequeño susurro –. Papá, ¡papá! – se quitó al ver como se movía la figura debajo de ella. Pensando que por fin pudo lograr su cometido sonrío triunfante, pero la deshizo al ver como se volvía a acomodar para seguir durmiendo.
-no puedo creerlo. – susurro con fastidio.
Al ver que no se levantaba, tuvo que recurrir a su última alternativa. Una sonrisa maliciosa surco por su rostro y con lentitud acerco su boca hasta la oreja de su padre, y sin más, sucedió lo que tenía que suceder…
-¡PAPÁ, YA DESPIERTA! – grito con fuerza.
Eriol grito espantado, saltando de la cama y hiendo a para en el piso en un fuerte golpe. Su esposa, que se había despertado por el grito, se acercó a su marido con preocupación
-¿Te encuentras bien, Eriol? – pregunto Tomoyo preocupada.
-Sí, estoy bien. No te preocupes, Tomoyo. – dijo un poco más calmado, luego de haber normalizado su respiración dirigió su mirada hasta donde estaba su hija, que se reía con bastante fuerza.
-No me parece gracioso, Himeko. –gruño mientras fruncía el ceño y se levantaba.
-Perdón, papá pero…– soltó una risa –. No vi otro modo de despertarte.
-Bueno, ¿pero para qué nos querías levantar? – pregunto extrañado.
-Es que hay algo que les quería decir. – murmuro mientras se sonrojaba levemente.
-¿y qué es? – pregunto Tomoyo arqueando una ceja.
-Humm... ¿porque no mejor vamos a desayunar y ahí les platico? – sugirió nerviosa.
-Como quieras. – respondieron sus padres en unisón.
La familia bajo al comedor en donde estaba el desayuno ya preparado y servido.
-Itadakimasu. – dijeron todos al unisón para luego empezar a comer.
-Y dime, Hime-chan ¿Qué es lo que nos tienes que decir? – Tomoyo miro a su hija, sonriéndole.
Himeko se atraganto al escuchar la pregunta de su mamá. Un sonrojo aparecía por su blanca piel y su semblante cambio a uno nervioso.
-P-pues yo… emm… quería decirles que yo… emm... – la pobre pelinegra no podía dejar de tartamudear, sentía su corazón latir a mil, ¿Cómo lo tomarían sus padres? ¿La apoyarían?
A Eriol no le gustaba para nada el tartamudeo de su hija, eso le indicaba que algo malo estaba pasando y el mal presentimiento que tenía no lo ayudaba. ¿Acaso…? ¿Acaso tenia…? No, ¡no lo quería ni pensar! ¡Todo menos eso!
Tomoyo, en cambio, no entendía nada ¿Por qué su hija estaba tartamudeando? Lo que más la extrañaba era que, al parecer, su esposo si lo sabía. ¿Desde cuándo era ella la despistada? ¿No se suponía que era ella la astuta que sabía las cosas antes de tiempo?
-Hija, por favor, respira hondo y aclara tus ideas. – le aconsejo Tomoyo.
Himeko hizo lo que le indico su madre, respiro hondo y después de unos segundos comenzó a hablar
-Pues verán yo…. – hizo una pequeña pausa, buscando las palabras correctas – ¿Recuerdan al chico que vino la otra vez a la casa?
-¿Te refieres a Hitomi? – dijo Eriol entrecerrando los ojos.
-Sí. Digo, no.
-¡Ah, ya se! ¿Te refieres a Yusei? – adivino Tomoyo.
-¡Sí! ¡A él! – exclamo la chibi-pelinegra.
-Ah… ¿y que tiene que ver el con la conversación? – inquirió Eriol un tanto molesto al recordar a ese chico.
-¿Pues… recuerdas que él me gustaba? – pregunto Himeko con una sonrisa apenada.
-Ni me lo recuerdes. – bufo irritado.
-¡Eriol! – Le llamo la atención Tomoyo, antes de volverse a su hija – ¿Y que con eso, Hime-chan?
-Pues el otro día me pidió que…– no pudo terminar de hablar, ya que bajo la cabeza sonrojada.
-¿Qué te pidió? – exigió saber el pelinegro.
-Me pidió que…– de nuevo hizo una pequeña pausa, para exasperación de su padre.
-Himeko… – gruño Eriol entre dientes ganándose una mirada llena de reproche de su esposa.
-… ¡!... – lo dijo tan rápido que ninguno de los dos padres le pudo entender
-Hime, por favor, dilo más despacio. – pidió Tomoyo con una gota en la cabeza.
La chibi-pelinegra suspiro, y luego levanto la cabeza para ver a sus padres.
-M-Me pidió que fuera s-su novia. –murmuro con timidez y las mejillas sonrojadas.
-¡¿Qué fueras su QUÉ? – exclamo sorprendido el ojos azules.
-¿En serio hija? – comento sin poder creérselo la amatista.
La chica solo asintió avergonzada.
-¿Y qué le dijiste? – exigió saber su padre, la joven solo atino a sonrojarse aún más, eso le trajo mala espina a Eriol que solo pensaba en una cosa; – "por favor que le haya dicho que no, por favor que le haya dicho que no" – suplicaba internamente.
-L-Le dije q-que sí. – murmuro apenada, mirando el piso como si fuera lo más interesante del mundo.
-¡Oh, mi amor, eso es maravilloso! – exclamo la amatista alegre y feliz de que su hija por fin pudiera estar con el chico que quería, mientras que Eriol sentía que el mundo se le venía abajo. ¿Había escuchado bien? ¿Su hija tenia novio? ¿Porque lo que no quería que pasara, pasó? ¿Cómo podía ser que su ángel la aprobara?
-¿Qué tal si lo invitas a cenar aquí en la casa? – sugirió la amatista con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿De verdad puedo? – pregunto Himeko con ilusión.
-Claro. – afirmo sonriente su madre.
-¡No! – intervino Eriol.
-¿Y porque no? – preguntaron las dos, la chibi-pelinegra con tristeza, y la amatista con el ceño fruncido, claramente disgustada.
-P-Pues, porque…– Eriol estaba en problemas, no podía pensar en una excusa al ver la mirada triste de su hija y la de enojo de su esposa, ¿Qué iba a hacer?
-Bueno, como tu padre no encontró una razón por la cual no pueda venir, puedes invitarlo, ¿verdad, Eriol? – mascullo mirándolo a matar.
-¿Puedo, papá? – suplico su hija con carita de perro a medio morir.
-¡Está bien! ¡Invítalo! – gruño molesto.
-Gracias, ¡eres el mejor papá! – exclamo la joven abrazando a su padre.
-De nada hija. "Estoy casi seguro de que me arrepentiré de esto" – Pensaba Eriol con tristeza
Fin del flash back
-"Y vaya que si me arrepiento" – pensaba mientras miraba a su familia y a su "nueva familia"
Sip, su hija no solo invito a su "encantador" novio, sino que también invito a sus padres.
Suspiro con pesadez para luego ver como se divertían las chicas; Tomoyo estaba riéndose junto con los padres del chico, su hija estaba hablando con su novio, mientras que él estaba sentado en el sillón pensando. Tal vez no era tan malo que su hija tuviera novio, tal vez…. ¡Oh, por dios! ¡¿Acaso ese… ese… ese mocoso estaba volviendo a besar a su hija? Y lo peor de todo es que el chico era… era… ¡agg! ¡Como todo un modelo!
Su cabello era rubio, lo traía un poco despeinado, sus ojos era de un azul como el del mar, su piel era perfectamente bronceada, su cuerpo era delgado y un poco musculoso – pero sin llegar a exagerar –, y su voz era dulce y a la vez profunda.
No había duda, Eriol lo odiaba ¡y mucho!
-Papá. – lo llamo una voz, sacándolo de sus pensamientos psicópatas.
-¿Qué sucede, hija? – pregunto desviando su mirada hacia ella, aunque viendo de reojo al rubio, tratando de fulminarlo con la mirada.
-¿Por qué no vas y conversas con los padres de Yusei? – le sugirió señalando donde se encontraban.
-No tengo ganas, Hime. – dijo en un suspiro.
-Pero…– la chibi-pelinegra se calló, y luego bajo la cabeza. No podía obligar a su padre, ya era bastante bueno que los dejara invitarlo –. Está bien, yo iré con los demás. – susurro con voz desanimada.
Eriol solo suspiro al ver que había puesto triste a su hija, pero no podía evitarlo, se sentía triste de que su hermosa hija tuviera a otro hombre en su vida además de él.
-¿Estas feliz, Eriol? – el pelinegro se sobresaltó al escuchar la voz fría de su esposa detrás de él.
-¿Por qué lo dices? – pregunto extrañado, mirándola por encima del hombro.
-Vamos a la cocina, ahí platicaremos mejor. – concluyo mientras caminaba para el lugar predicho.
-Pero…– Trato de decir, más Tomoyo lo agarro de la oreja y lo arrastro a la cocina.
-¡Ah! Eso me dolió, Tomoyo. – Se quejo Eriol cuando su ángel por fin lo soltó.
-¿Qué pretendes hacer? ¿Hacer sentir mal a tu hija? – Empezó Tomoyo, claramente enojada. – ¿Sabes que tu indiferencia hacia la familia de Yusei la hace sentir mal?
-P-Pero yo no les tengo indiferencia, es solo que no me siento bien. – Se excusó el pelinegro, poniendo sus manos frente a él.
-Pues más vale que te vayas sintiendo bien, porque si no, cuando se termine la cena ¡yo me encargare de que te sientas peor! – Amenazo con una venita en la frente y mirándolo con enojo, mucho enojo.
-"Si las miradas mataran" – Pensaba el pelinegro con una gotita
-Bueno, yo voy a servir el postre y tu empieza a cambiar tu actitud, o van a pasar cosas muy, muy malas. – sentencio con una mirada dura, antes de irse con una pastel entre manos.
Eriol soltó un suspiro y trato de darse ánimos a sí mismo.
-"De acuerdo, puedes hacerlo, solo respira, muestra una sonrisa y todo saldrá bien. Recuerda, es por tu hija." – soltó un suspiro, puso su mejor sonrisa y salió de la cocina para ver como todos comían y reían –. Vaya, puedo ver que se la pasan bien sin mí. – comento llamando la atención de los presentes.
-¡Papá! ¡Por fin saliste! – chillo emocionada la chibi-pelinegra.
-Es que ya me siento mejor y dije; ¿Por qué no convivir con los demás? Y aquí me tienen. – Era bueno saber que nadie notaba el tic en su sonrisa.
-¿Acaso se sentía mal? – Pregunto el rubio –. Yo lo hubiera curado, después de todo ya acabe mi carrera en medicina. – dijo con orgullo
-"Como si me importara" Gracias, pero no, gracias. Ahora como vez, estoy muy bien. Y dime, ¿Cuántos años tienes? ¿En qué grado vas? – pregunto Eriol tratando de hacer conversación.
-Voy a cumplir diez y ocho, señor. También estoy en tercero de preparatoria. – respondió con amabilidad –. Pero como mis notas eran muy buenas, gane una beca y decidí estudiar una carrera de una vez.
-Ah, mira que interesante. – dijo con sarcasmo, rodando disimuladamente los ojos.
-Eriol. – gruño en voz baja Tomoyo, con mirada de reproche.
-Bueno, ¿y tú linda jovencita? ¿Cuántos años tienes? – pregunto la madre del rubio.
-Yo tengo diez y siete años. – Respondió Himeko alegre.
-¿Qué carrera piensas estudiar? – Pregunto esta vez el padre del joven.
-Emm… quiero estudiar gastronomía. – respondió con simpleza.
-Vaya, eso sí que es una "gran" carrera – dijo la señor frunciendo los labios.
-Esa carrera es muy pobre, deberías considerar estudiar otra. – aconsejo el señor.
-¿Usted cree? – Pregunto intrigada la chibi-pelinegra.
-"¿pero quienes se han creído estos tipos para criticar lo que quiere estudiar mi hija?" – pensaba con enojo el pelinegro. Suspiro por bajo, sobándose el puente de la nariz. Cada vez se sentía más y más frustrado.
-Yo creo que es una buena carrera. – Opino el rubio –. Además ella puede elegir lo que quiera, yo siempre la apoyare. – sonrió pasándole un brazo sobre los hombros a la pelinegra menor.
-"Humm... Al menos la defiende" – pensó Eriol sonriendo débilmente.
-Además, así cuando llegue de trabajar sabré que una deliciosa comida me espera en casa. – continuo el rubio, borrándole la diminuta sonrisa a Eriol.
-"¿Solo por eso?" – torció los labios, mirándolo con enojo disimulado.
-Yu-Yusei, ¿no crees que un p-poco rápido para que hables d-de eso? – Cuestiono nerviosa y sonrojada la chibi-pelinegra, tomando la mano de su novio y pasando su propio brazo por la cintura del chico.
-¿Tú crees? – Pregunto con inocencia, apretando su agarre.
-Yo lo creo…– murmuro distraídamente el pelinegro.
-Al contrario. – interrumpió Tomoyo –. Yo pienso que es bueno que empiecen a pensar en el futuro.
Eriol miro con enfado a su esposa. – "Lo está haciendo a propósito" – pensaba furioso.
-Yo apoyo a tu madre, cuando terminemos los dos la preparatoria nos comprometeremos. – dijo con decisión el rubio.
-¡¿QUÉ, QUÉ? – exclamo Eriol, eso sí que no lo esperaba.
-¿Pasa algo, papá?- pregunto con preocupación su hija.
-Yo creo que es un poco rápido que se comprometan después de la preparatoria. – comento con seriedad.
-A nadie le importa eso. – dijo con una sonrisa forzada la amatista
-A mí me importa su opinión. – dijo el rubio, para sorpresa de Eriol.
-¿En serio? – pregunto incrédulo el pelinegro, mirándolo con sospecha.
-Claro, a mí me importa mucho su opinión, señor. Y yo no me comprometería con ella si usted no me aprueba. – dijo con amabilidad y seguridad en su voz.
A Eriol casi se le salen las lágrimas al escuchar al joven – "Tal vez…no sea tan malo darle una oportunidad" – pensaba distraídamente –. Vaya, no me había dado cuenta que eras tan buen chico. Himeko, hiciste una buena elección y por ser mi hija te doy permiso de casarte con él. – dijo con felicidad
-Gracias, papá. – agradeció con una dulce sonrisa, abrazando a su novio.
-Ya no puedo esperar para ver a mis nietos corre por la casa. – comento Tomoyo con tono soñador, mientras le salían estrellitas en los ojos y un fondo rosa claro con brillos aparecía detrás de ella.
-…- silencio por parte de los demás
-Pues…– balbuceo el rubio –. Préstenos una habitación a Himeko y a mí y ya no tendrá que esperar. – comento con inocencia, ladeando levemente la cabeza.
Eriol al oír eso se quedó de piedra, ¿el tocando a su pequeña e inocente hija? Oh, no. No, no, no, no, no y ¡NO!
A Eriol le aparecía un aura maligna, en sus ojos se podía ver fuego y de la nada saco una pistola.
-¡TU! ¡LARGATE DE MI CASA EN ESTE MISMO INSTANTE! –rugió mientras le apuntaba al rubio y cargaba la pistola.
-P-Pero, ¿suegrito q-que ocurre? – tartamudeo nervioso mientras ponía las manos enfrente de él y las movía rápidamente.
-¡VOY A HACER QUE TE ARREPIENTAS DE TUS PALABRAS, Y QUE HAYAS PENSADO EN TOCAR A MI HIJA! – grito mientras lo correteaba por el jardín trasero de la casa.
-¡PAPÁ! ¡POR FAVOR YA BASTA! – gritaba Himeko desesperada.
-¡ERIOL HIRAGUISAWA! ¡MÁS VALE QUE PARES TODO ESTO O VAN A HABER GRAVES CONSECUENCIAS! – gritaba a su vez la amatista, mientras correteaba a Eriol para quitarle la pistola.
-¡CORRE YUSEI!, ¡CORRE! – gritaba a su vez la madre del rubio que estaba a un lado de Himeko, mirando preocupados la escena.
-¡ESTO ESTA MEJOR QUE EL FUTBALL¡ – exclamo el padre del rubio, riendo entre dientes. – ¡CORRE, YUSEI!
Toda la cena se convirtió en un desastre, y después de que pudieron evitar que Eriol cometiera un "acto asesino", Tomoyo castigo duramente a Eriol, dejándolo en abstinencia una semana.
Yusei nunca más volvió a hablar con su suegro.
Y Himeko convenció a sus suegros de que no pusieran cargos contra su padre.
"Porque Eriol podía ser un padre amoroso, cariñoso, justo y respetuoso. Pero cuando se trata de su adorada hija, podía ser el padre más celoso de todos"
¡Fin!
Nota de la autora:
¡Lo siento mucho!
Perdón por la tardanza, en especial a ti Tomoyo01, porque te dije que lo iba a subir antes, pero la inspiración se me fue de golpe y ya no lo pude continuar.
Les agradezco mucho a todos ustedes mis queridos lectores, por sus comentarios y por seguir esta historia n.n
¡Espero les haya gustado!
Quedó:
¿Mal? ¿Bien?
¡Solo ustedes lo saben!
¡FELIZ AÑO NUEVO! ¡Que se la pasen muy bien!
¡Nos leemos!
Bye XD
¿Algún review?
