Capítulo 4: EL COCHE BLINDADO
LEXA
Bajamos las escaleras lo más rápido que nuestros pies nos lo permiten. Aún no sé que ha pasado, pero el tono de Lincoln al teléfono no me ha transmitido nada bueno.
Clarke está ya mucho mejor, menos mal que su bebida ya estaba a la mitad cuando empezó a consumirla. A pesar de ello, no me atrevo a soltarla mientras salimos del local, no quiero que se tropiece o se maree y yo no pueda hacer nada para evitar la caída.
Cuando por fin salimos a la calle, podemos notar el frío recorriendo nuestra piel. El cual se agradece, así podemos remediar el calor que ambas nos habíamos provocado minutos antes. Noto que Clarke empieza a tiritar de frío, lo más seguro es que sea por la bajada de tensión, así que la pego más a mí agarrándola de la cadera. Ella se deja y se acurruca para sentir mi calor.
Vamos caminando hacia la zona de atrás, justamente donde horas antes habíamos aparcado el coche Lincoln y yo.
- Vamos Clarke no te duermas – le digo acariciándole el pelo.
Ella me mira, y me deposita un beso tierno en mi mejilla. No digo nada, solamente me limito a agarrarla más fuerte mientras buscamos el coche de Lincoln. Al fondo puedo apreciar el faro de un coche, me acerco y veo que es él. Pero antes dejo a Clarke apoyada en un coche para que descanse.
- ¿Quién es ella? - dice extrañado.
- Es Clarke – Lincoln abre los ojos como platos – ¿qué le pasa?.
- ¿Tú que crees? - le digo con un tono arisco. - tu trabajito me va costar tener que llevarla a mi casa porque ella no quiere ir a la suya en su estado – digo en voz baja.
- ¿Ella también está…? - pregunta atemorizado.
- ¿Cómo que ella también está? - pregunto sin entender lo que dice – Lincoln, no me digas que…. - antes de terminar la frase entiendo a lo que se refiere. Veo entre las sombras del coche como una chica de pelo negro está durmiendo en el asiento delantero - ¿Qué se supone que hace esa chica en tu coche? - digo en voz baja.
- Tranquila Lexa, déjame que te lo explique cuando lleguemos al taller. No creo que sea conveniente que hablemos de esto aquí...si quieres puedes venirte con Clarke y así os ahorráis el dinero en un taxi.
- ¡La que has liado Lincoln! - digo maldiciendo.
Voy hacia el coche para ayudar a Clarke que se había dormido en el maletero.
-Vamos Clarke, nos vamos a casa – digo con un tono tranquilizador.
La elevo en brazos y la meto en el asiento de atrás junto a mí. Lincoln arranca y Clarke se apoya en mi hombro aún tiritando del frío. Me aprieto más a ella y le acaricio la piel hasta que entra en calor y se duerme.
Diez minutos antes de llegar al taller, Clarke ya había despertado. Ya se les estaban yendo los efectos de la droga y estaba lo suficientemente consciente para preocuparse al ver a Octavia inconsciente en el asiento delantero. Antes de que se asustara y pidiera explicaciones, le explicamos lo sucedido y estuvo de acuerdo de llevar a Octavia al lugar dónde vive Lincoln.
Una vez que llegamos al dormitorio de invitados, Clarke ayuda a Octavia a cambiarse para pasar la noche en ese lugar, ya que en su estado no sería conveniente que volviera a sus casa.
- Me puedes contar ahora, ¿qué ha sucedido? - digo temiéndome lo peor.
- Es difícil de explicar… todo ha pasado tan rápido…
- Lincoln…
- Está bien… por donde empiezo… - hace una pausa para aclararse las ideas – cuando me reuní con los chicos, me invitaron a pasar a la zona de su fiesta para probar si daban resultado los efectos que les iba a producir la droga, y que no fuera un timo. Por lo que, uno de ellos… creo que fue el rubio, empezó a repartir alcohol mezclado con ésta y a dársela a los nuevos. Al ver que funcionaba decidió echarse dos copas, una para él y otra para Octavia, pero lo que no sabía es que ella ya había bebido demasiado y… bueno, ese es el resultado.
- Ya… y ese chupetón que llevas, ¿qué significa?. - pregunto señalando hacia su cuello.
- ¿Qué chupetón? - me dice poniendo su mano en el cuelo para esconderlo.
- Por favor, sólo dime que no fue ella… - digo temiéndome lo peor.
- Perdón, no fue mi intención – me mira arrepentido quitándose la mano del cuello – ella estaba mal... había visto a su novio besándose con otra chica, y… y yo intenté consolarla pero sin esperarmelo me besó… no sé que me pasó... una vez que me di cuenta de lo que estaba bebiendo la detuve. Intenté buscar a alguna de sus amigas pero no encontré a nadie… y al volver, ya la encontré inconsciente.
- Puf... - miles de pensamientos y emociones corren a gran velocidad por mi cuerpo y mi cabeza. Siento que voy a estallar– solamente espero que no llamen a la policía y no te detengan por esto.
- Tranquila, todo está en orden.
Se produce un silencio incómodo, hasta que decido hablar.
- A todo esto… necesito que me hagas un favor – me mira intrigado - necesito que Clarke también duerma aquí contigo esta noche, no puedo llevármela a casa.
- Está bien, puede quedarse.
Me encuentro cansada y me pican los ojos. Mientras que Lincoln ha ido a preparar la cama de Clarke, yo subo a ver como están. Octavia ya está consciente y parece que Clarke le está contando lo sucedido. Ambas están tranquilas, demasiado tranquilas... yo en su lugar estaría nerviosa al estar a cargo de dos desconocidos, pero claro, ellas creen en la bondad de la gente. Poco habrán podido experimentar en aquel internado lleno de seguridad o en sus mansiones lujosas dónde nadie puede hacerles nada.
- Ya está dormida y lo sabe todo. Así que mañana al levantarse no se asustará y podrá coger un taxi para que la lleve a casa.
- No hace falta, Lincoln se asegurará de llevarla para que no le pase nada malo...
Ambas nos quedamos mirándonos sin saber que decir.
- Bueno… creo que es hora de que me marche – le digo dándole un abrazo – buenas noches, Clarke.
- ¿A dónde se supone que vas? - me dice agarrándome de la chaqueta que me había prestado Lincoln.
- A mi casa. Mañana temprano, mi hermana Anya tiene que trabajar y tengo que llevar a Aden a su partido de baloncesto.
- Pensaba que iba a quedarme en tu casa – me mira con tristeza.
- Y puedes quedarte, pero quiero que descanses después de esta larga noche. Si quieres mañana vengo a por ti – la miro por última vez mostrándole una sonrisa tranquilizadora y me marcho.
Voy por el desguace a paso lento, disfrutando del cielo y la brisa nocturna antes de que empiece a amanecer. A lo lejos escucho como unos pasos se aproximan.
- ¡Lexa! - me grita desde la distancia con los ojos llorosos.
Me giro y ambas nos quedamos mirándonos hasta que ella se acerca dejando muy poca distancia entre nosotras. Quiero decirle que vuelva a la casa pero no puedo. No entiendo en qué está pensando para estar a punto de llorar, me acerco a ella en silencio con intención de abrazarla pero no hace falta ya que ella toma la iniciativa y me rodea con sus brazos con miedo a que me marche. No esperaba esa reacción de ella, la complazco y la abrazo para que se tranquilice ya que había empezado a sollozar. Un nudo se me hace en la garganta asfixiándome por escucharla de esa manera, respiro hondo poniendo mi cara en su cuello para evitar derrumbarme. No quiero que esto me afecte, quiero que sienta que está protegida si está a mi lado. Una vez que me relajo respirando el aroma de su pelo, un sentimiento de angustia atraviesa mi corazón y me asusta. Me doy cuenta de lo que significa, tengo miedo de perderla. De repente, miles de preguntas recorren mi cabeza asustándome, no quiero empezar a sentir nada por ella, pero me lo está poniendo demasiado difícil.
- Todo está bien, Clarke – digo separándome de ella – no voy a dejar que te pase nada malo.
- Déjame ir contigo, por favor - me dice mirándome con dulzura.
No digo nada y me limito a mirar esos preciosos ojos azules que estaban llenos de tristeza. No lo pienso más tiempo, me quito la chaqueta y se la pongo por encima. Agarro su mano entrelazando sus dedos con los mios y la conduzco fuera del desguace.
CLARKE
No entiendo que me acaba de pasar. ¿Realmente he estado a punto de llorar al pensar de que iba a separarme de ella?. No puedo creer que esté empezando a sentir algo por Lexa... no puedo permitírmelo porque sé que esto va acabar mal. Y no es por la historia del chico pobre y la chica rica sino porque somos incompatibles en todos los sentidos.
Intento quitarme ese pensamiento de la cabeza y disfrutar de la proximidad de Lexa lo máximo posible. Algo dentro de mí me dice que el tiempo que esté con ella va a ser limitado, como si el destino nos tenga preparado el tiempo necesario para luego arrebatárnoslo.
-Clarke, será mejor que nos demos prisa por esta zona. No es muy segura y menos a estas horas – me dice apretándome más la mano.
Ahora entiendo por qué me lo dice, estamos caminando en un barrio marginal. Prácticamente estamos a oscuras porque las farolas de la calle están tan desgastadas que a penas hay un destello de luz en sus bombillas. Vamos caminando rápido y llegamos al final de la calle. Al girar, me asusto al ver varios vagabundos calentándose con un barril en llamas, nunca había presenciado algo así anteriormente, solamente en las películas. Me quedo analizando la escena: dos de ellos están durmiendo en el suelo con cajas de cartón; uno está bebiendo alguna bebida extraña que no reconozco, pero dudo que sea saludable; y otro está convulsionándose en el suelo mientras que se inyecta algo en el antebrazo.
-Clarke – me dice poniendo mi cabeza en su hombro – no quiero que veas eso.
Tras diez minutos de caminata, llegamos a un pequeño barrio llamado Polis, me doy cuenta que se llama así por los grandes graffitis que hay en las paredes y una pequeña matrícula con ese nombre arriba de la calle. El lugar era marginal pero no tanto como el anterior que pasamos hace unos momentos, lo que más destacaba era el aspecto desgastado y callejero del lugar, pero no me desagradaba gracias a los diferentes dibujos y letras que había en los muros, le daban un toque salvaje y artístico.
Al final de la calle había unos departamentos unidos unos con otros, más bien parecía como si fuera un motel abandonado. Nos adentramos en la urbanización y Lexa me suelta de la cadera para ir delante e indicarme el camino por las escaleras hasta detenernos en una puerta desgastada pero menos que el resto.
- No es gran cosa pero es un hogar – me dice avergonzada.
- Seguro que es mejor que la mía – digo guiñándole un ojo.
Lexa introduce la mano en sus bolsillos y saca una llave. De repente, se escucha como un coche derrapa en la calle y se detiene justo en la urbanización. Sin darme cuenta, Lexa me había agarrado y lanzado hacia una esquina contra el suelo, poniéndose ella encima mío protegiéndome.
Mi corazón empieza a latir rápido sabiendo lo que iba a ocurrir ahora.
- Lexa… - digo asustada
- Shh… - dice levantándose con cautela. No me muevo del sitio, me limito a observarla con el corazón en un puño.
No sé que está pasando pero la cara de terror de Lexa no me tranquiliza para nada.
- ¡Clarke, levantate ya! - me dice asustada, ayudándome a levantarme – la llave está en la cerradura, abre la puerta y pase lo que pase no abras – dice tocándome la mejilla para tranquilizarme - Si ocurre algo… llama a la policía.
Con cautela y en silencio voy a la puerta y la abro. Me giro por última vez para ver a Lexa y observo que empieza a rebuscar dentro de una maceta hasta sacar una navaja.
- ¡¿ Pero, qué se supone que estás haciendo?! - digo atemorizada.
- Tranquila, confía en mí, todo va a estar bien. Tengo que solucionar un asunto.
- ¡No voy a dejarte ir para que te hagan daño!. ¿Estás loca? - digo con furia y tristeza.
-Por favor, Clarke. Acto seguido, me empuja dentro de la casa, cierra con llave desde a fuera y se marcha.
Corro por toda la planta de abajo en busca de una ventana que me permita saber que está sucediendo. Al cabo de un minuto encuentro la ventana que da hacia el exterior y me pego a ella pero con cuidado para que nadie me vea. Una vez que miro no encuentro a Lexa, hasta que la localizo escondida detrás de las escaleras abriendo la navaja. ¿Pero qué se supone que está haciendo?. De repente, mi mirada se centra en un coche blindado negro con un aspecto terrorífico. De él sale un hombre junto a una chica que parece de mi edad. El hombre mete su mano en el bolsillo, saca una billetera y le lanza un fajo de billetes a la cara; ella le escupe en la cara y el hombre furioso, la lanza al suelo. Éste se gira hacia el coche, pero antes de entrar, recibe un taconazo en la cabeza.
El hombre misterioso, fuera de sí, agarra a la chica y le da un puñetazo en la cara dejándola en el suelo sangrando. Mi corazón se detiene y mi cuerpo tiembla al ver que Lexa había salido para enfrentarse al hombre. Éste la mira de arriba a bajo con desprecio, se acerca a ella y le toquetea el cuerpo, pero de repente, se pone tenso y se aleja un poco. Lexa está presionando con la navaja el abdomen del hombre provocándole un pequeño circulo de sangre. Finalmente, éste se marcha pero sin antes lanzar el último billete a la cara de Lexa.
Una vez que el coche se ha ido, Lexa se acerca a la chica y le limpia con un pañuelo de su bolsillo la cara ensangrentada. ¿La conocerá?. Mi cuerpo se ha puesto más tenso tras las suaves caricias que Lexa le ha dado en la cara para que la chica se tranquilice. En cuestión de segundos, mi alma se ha desvanecido y mi corazón se ha roto. La chica se había lanzado a besar a Lexa. Ésta la besaba con desesperación y pasión. Pero lo que provocó un dolor desgarrador en mi interior fue cuando Lexa, tras una pausa, la volvió a besar con la misma pasión.
Mi sangre ha dejado de fluir a través de mí y mi corazón se ha desgarrado. Un nudo en la garganta aparece provocando que mis ojos se humedezcan, y una lágrima se deslice por mi mejilla.
¿Por qué me ha hecho eso? - dice mi subconsciente. ¿Pero qué me iba hacer?, no somos nada y nunca lo seremos.
Dejo la ventana y subo por las escaleras llorando en silencio en busca de la habitación de Lexa. Cuando llego, cierro la puerta y me siento en el suelo, finalmente expulso todo el dolor que había contenido hace unos minutos. Nunca había sentido nada tan doloroso. No paro de llorar y tengo la respiración entrecortada, puedo sentir como la luz de mi interior se había destruido en cuestión de segundos, y todo por una chica que casi ni conozco.
Una vez que me relajo, voy hacia la cama y me desvisto quedándome en ropa interior. Me da igual si ella me ve, ya estoy convencida de que nada va a pasar, y más si ella tiene… ¿novia?, ¿amante?. No lo sé, pero lo que sí sé, es que no le intereso… o al menos como a mí me gustaría. Pensaba que podría enamorarse de mí pero qué equivocada estaba. Poco a poco me abro a los brazos de Morfeo y me duermo.
LEXA
Cuando pensaba que la noche no podía ir a peor, ¿me pasa esto?. No sé que le he hecho al karma, pero está siendo un capullo conmigo. Una vez que he tranquilizado a Costia y le he aclarado que no pensaba volver con ella entro en mi casa. Enciendo una lámpara para ver si Clarke me ha estado esperando en el salón pero no, está vacío, así que apago la luz y subo las escaleras que dan al piso de arriba. Voy despacio, sin hacer ruido. Cuando llego a mi habitación me quedo unos segundo pensando qué inventar para no cortarle lo ocurrido a Clarke. No tengo ni ganas de contarle que Costia es prostituta y mi ex, y menos, el pasado de ambas, por lo que decido esquivar el tema. Cuando entro, me encuentro a Clarke durmiendo en ropa interior, y un chispazo ardiente recorre mi cuerpo excitándome al momento. Rápidamente miro al suelo, evitando cualquier pensamiento erótico que me saque de mi racionalidad.
¿Cómo narices voy a dormir con esta diosa en lencería? - me digo desesperada.
Saco ropa ancha de mi armario para ponérsela,pero sé que si se la pongo, la despertaría por lo que rechazo esa opción. Finalmente, me decanto por taparla y yo dormir mirando al lado contrario para evitar la tentación. Ha sido una larga noche y dentro de unas horas saldría el sol.
Una vez que me pongo el pijama, abro la cama y me tapo sintiendo la calidez de las sábanas. Cierro los ojos pero veo que Clarke empieza a agitarse nerviosa, le acaricio su espalda desnuda para que vuelva a recuperar la tranquilidad. Parece tranquilizarse ya que ha dejado de moverse. Le doy un beso en la frente y me tumbo mirando al techo suspirando. Pero esa tranquilidad acaba cuando Clarke se apoya en mi hombro y me abraza relajando todo su cuerpo sintiéndose protegida.
Esto va a acabar muy mal – me digo apretando los ojos.
Ese acto había avivado la llama de mi interior pero no la sexual sino la de mi corazón.
