Capítulo 4: El Castillo del Olvidado


Arena. La única palabra para poder describir a los Páramos Abandonados: El mundo de donde provenían los siete misteriosos sujetos. Un mundo en ruinas, con montañas secas, ruinas de civilizaciones antiguas, océanos interminables de arena que se extienden hasta donde alcanza la mirada.
Pero en un punto donde las ruinas pueden llegar a ser vistas más fácilmente, usando de base pilares viejos, estatuas gigantes y demás trozos de otros templos perdidos, se alzaba una torre gruesa y antigua, similar en color y estilo al de las ruinas: El Palacio de Arena. Rodeada de ésta, habían otras torres a medio enterrar: varias de éstas completamente desmoronadas en sus partes más altas. Otras inclinadas. Y otras solo sobresaliendo por el hecho de verse aún estables y conservadas. Usando trozos completos de escalinatas de piedra, daban a una escalera improvisada que daba a la entrada del lugar.
En el enorme salón comedor las paredes prístinas eran decoradas por cuadros blancos, junto con muebles blancos típicos de un comedor: las mesitas con adornos florales, la chimenea, las cortinas, las sillas y el mismo comedor: todo era blanco en ése lugar.
Un total de trece asientos estaban en sus respectivos lugares: todos con un número romano delgado. Doce estaban a los costados de la mesa, y en el lugar de honor se encontraba el asiento de KH.
Rodeando éste asiento con una luz blanca acompañada de números y diagramas verdes, KH apareció en su asiento con un gesto de incomodidad, mientras que recargaba su barbilla con su mano, y su codo con su pierna.
Acto seguido, apareció Dyxen en su lugar respectivo: a la derecha de KH y en el trono con el número "III".
Después de esto, dos asientos a la izquierda de KH fueron ocupados por dos personas envueltas en sus capuchas: en los lugares "IV" y "VI".

-¿Dónde están Angelix y Cyxnel? –habló KH con molestia.
-En sus respectivas misiones. –habló el chico en la posición "VI" con una voz tranquila y jovial.
-Tenemos una situación. –habló Dyxen en completa seriedad.

Pero tan pronto todos voltearon a ver a KH, notaron que ella estaba comiendo un trozo de pizza con total gusto, mientras que escuchaba la conversación.

-Ahí va de nuevo… -habló el chico en el asiento con el número "IV", mientras se retiraba la capucha. Una piel clara, ojos cafés oscuros, cabellera negra relamida hacia atrás y unas gafas con aumento. Eran los elementos para identificar a Liuxus, que ahora estaba hablando con seriedad y algo de calma.

-A veces me pregunto de donde aparecerá la comida. –dijo el chico de la posición "VI"": Zulex. Reveló su rostro de igual manera que su compañero, mientras dejaba salir una exhalación: de piel clara, cabello corto y castaño en un peinado de medio hongo, y ojos azules.
-¡¿Corvux fue secuestrado y tu andas tranquila, comiendo?! –gritó Dyxen hacia su compañera, mientras que tanto Liuxus como Zulex se impactaban por la noticia.
-¿Qué? –dijo KH con la boca llena, mientras que miraba con molestia a Dyxen.

Liuxus se levantó con un enojo y pánico, reflejados en sus ojos.

-¡¿Cómo que fue secuestrado?! –gritó con preocupación.
-¡Fue su culpa! –gritó KH.
-¡Tu tropezaste! –chilló Dyxen.
-¡Basta, las dos! –gritó Liuxus con enojo, haciéndolas callar.
-Heh, a éste paso bien podrías ser tú el nuevo líder. –dijo Zulex, mientras que por respuesta Liuxus lanzaba un bufido y se acomodaba sus gafas.
-No se trata de ser líder y poner las misiones: sino de tener todo en el orden que debe de ser.

Todos se quedaron en silencio, excepto por KH que estaba muy tranquila, masticando su comida.

-KH, Dyxen: ¿Qué ocurrió en Villa Crepúsculo?

El comedor quedó en silencio, mientras que ambas chicas narraban lo que ocurrió en ése lugar. Además de hablar sobre Axel y Roxas.

-Así que se tratan de sujetos que visten igual que nosotros… -suspiró al final Liuxus. –Cabello rojo, otro que es rubio. Y ambos poseen El Rastro… ¿Estoy en lo correcto?

Las dos asintieron. Liuxus se cruzó de brazos y miró fijamente a la mesa.

-Tendremos que buscarlo: de una manera u otra. Nos separaremos y buscaremos en distintos mundos.
-Es muy amplio el rango de búsqueda… -dijo Dyxen algo desesperanzada.
-Ustedes tres encárguense de buscar tanto en Villa Halloween, Villa Crepúsculo, Agrabah, ya saben: los mundos que se les vengan en mente.
-¡¿Y tú qué harás?! –chilló KH totalmente enojada.
-Iré al Bastión Hueco. Escuché de cierta biblioteca y su computadora: ahí podré obtener información de los secuestradores. ¿O es que tú tienes la facilidad de apenas abrir un libro y no quedarte dormida? –dijo Liuxus confiado de sí mismo, mientras que su líder lo miraba con nerviosismo y enojo.
-Eh… ¡C-como la líder, propongo la misión de rastreo de Corvux! ¡Dyxen y Zulex, busquen en otros mundos, yo los acompañaré! ¡Liuxus, tú ve y busca a ver quién secuestró a Corvux!

Liuxus asintió con sus ojos cerrados, y desapareció justo de la misma manera que apareció, para quedarse en el comedor solamente los otros tres.

-¿Estás segura de que fue lo correcto? –dijo Zulex.
-Lo es. –dijo KH ahora con un cambio de humor. De su rostro despreocupado y sin problemas, cambió a uno completamente serio. Los demás no diferían de éste, mientras que aún hablaban.
-¿Qué pasará si él se da cuenta de…? –dijo Dyxen algo preocupada.
-No pasaría nada. –dijo KH. –Sí llegase a ocurrir lo que esperamos, entonces tal vez tengamos una oportunidad de… -dijo KH con una voz apagada y un rostro con algo de nostalgia.
-¿Y Corvux? Tú sabes que la prioridad está sobre él, y luego sobre Liuxus.
-Él estará bien. –dijo KH. –Además…tarde o temprano, empezará de nuevo. –dijo ella para terminar, viendo sobre la entrada del comedor el emblema de la organización: un corazón blanco de cabeza, y encima de éste, una cruz negra que alternaba su color a blanco.

Pero las cosas eran diferentes en una habitación grande y blanca. Con ciertos adornos florales blancos, ventanas que daban solo a un páramo blanco, y una esfera en el centro del cuarto.

-Aww…mi cabeza. –chillaba con una voz aguda Corvux, mientras iba despertando.

Se dio cuenta del problema en el que se hallaba, al notar que ni siquiera traía puesta la gabardina negra sino que usaba en su lugar ropas normales: una camiseta morada en conjunto con un chaleco ligero y negro, con unos pantalones negros y botas de igual color.

-Vaya, así que despertaste. –dijo una voz que no había escuchado antes. Al voltear hacia el origen de aquella voz, se dio cuenta que se trataba del mismo sujeto de cabellera roja que había visto antes.
-¿Qué quieres? –dijo Corvux con algo de precaución, mientras trataba de invocar su arma.
-Nada en especial, niño. Solo trato de hablar contigo. –dijo sonrientemente Axel.
-Sea quien seas, para mí eres un enemigo.
-Y para la organización tú eres un espécimen.
-¿Para…la organización?
-Sí. Organización XIII. Y más con la información que obtuvimos de ti.

Instantáneamente, en la esfera empezó a reproducirse las imágenes de la batalla que se había librado con el Lado Oscuro, al igual que la habilidad de copiar las armas y habilidades de otros.

-¿Qué quieren de mí? –preguntó Corvux.
-La organización quiere saber cómo es posible que tengas tal habilidad de copiar las armas. Más sin embargo… -terminó diciendo Axel, mientras se acercaba a Corvux. –Mis motivos son completamente distintos.

Con ésta última frase, Corvux abrió los ojos con curiosidad, mientras que Axel hablaba con él…