Hola a todos. Feliz 31 de diciembre. ¿Ya vieron Sinsajo parte 2? Envíen sus comentarios con las opiniones de la película. Bueno, aquí está el último capítulo de la historia y espero que lo disfruten de verdad.

Lichicasco este capítulo es para ti.

Mellark jessi: Feliz navidad para ti también y un feliz año nuevo.

Invitado: ¿La primera vez? Espero que te guste y la verdad es que es mi cuento navideño favorito así que me dije "¿Por qué no?"

Arianalex: ¡Aquí estoy! Espero que te haya gustado el avance de la historia y gracias por ser el primer comentario.

Sin más atraso, la última entrega.

El fantasma se aproximó despacio, solemne y silenciosamente. Cuando estuvo cerca, Katniss cayó de rodillas porque hasta el mismo aire en que el espíritu se movía parecía emanar desolación y misterio. Iba envuelto en un ropaje de profunda negrura que le ocultaba la cabeza, el rostro, las formas, y sólo dejaba a la vista una mano extendida, de no ser por ella, habría sido difícil vislumbrar su figura en la noche y diferenciarle de la oscuridad que le rodeaba. Katniss notó que era alto y majestuoso y que su presencia misteriosa le llenaba de grave temor. Nada más podía discernir pues el espíritu ni hablaba ni se movía.

-¿Me hallo en presencia del Fantasma de la Navidad del Futuro?- dijo.

El espíritu no respondió, pero señaló hacia delante con la mano.

-Has venido para mostrarme las imágenes de cosas que no han sucedido pero sucederán más adelante-, prosiguió Katniss -¿Es así, espíritu?

Los pliegues de la parte superior del ropaje se contrajeron por un instante, como si el espíritu hubiera inclinado la cabeza. Esa fue la única respuesta. Aunque por entonces ya estaba muy habituada a la compañía espectral, Katniss tenía tanto miedo a la silenciosa figura que sus piernas le temblaban y se dio cuenta de que apenas lograba mantenerse en pie cuando se dispuso a seguirle.

El espíritu hizo una pausa, como si hubiera observado su condición y le concediera tiempo para recuperarse. Para Katniss fue peor. Un vago horror le hizo estremecerse al saber que unos ojos fantasmales estaban fijamente clavados en ella mientras sus propios ojos, forzados al máximo, no podían ver más que una mano espectral y un bulto negro.

-¡Fantasma del Futuro!- exclamó, -te tengo más miedo a ti que a cualquiera de los espectros que he visto. Pero sé que tu intención es hacerme el bien y como tengo la esperanza de vivir para convertirme en una persona muy distinta de la que fui, estoy dispuesto para soportar tu compañía y hacerlo con el corazón agradecido. ¿No vas a hablarme?-

No hubo contestación. La mano señalaba hacia delante. -¡Dirígeme! -, dijo Katniss. -¡Dirígeme! Cae la noche y yo sé que el tiempo apremia. ¡Condúceme, espíritu! - El fantasma se movió igual que se le había acercado.

Katniss le siguió a la sombra de su ropaje, que le sostenía pensó y le llevaba en volandas. Casi no parecía que hubiesen entrado en la ciudad, sino que la ciudad había brotado por si sola para circundarles, en la Bolsa, entre los hombres de negocios que se apresuraban de aquí para allá, hacían tintinear las monedas en sus bolsillos, conversaban en grupos, miraban sus relojes, jugueteaban con sus grandes sellos de oro, tal como Katniss les había visto hacer con mucha frecuencia. El espíritu se detuvo al lado de un grupito de mujeres . Al observar que les estaba señalando con la mano Katniss avanzó para oír su conversación.

-No-, decía una mujer muy gorda con una papada monstruosa, -No estoy muy enterada. Lo único que sé es que está muerta-

-¿Cuándo murió?-Preguntó otra.

-Anoche, creo –

-¿De qué?, ¿qué le pasaba?-

-Preguntó una tercera mientras sacaba una gran cantidad de rapé de una caja enorme. -Pensé que no se iba a morir nunca-

-Sabe Dios qué hará el pobre Peeta- dijo la primero dando un bostezo.

-¿Qué ha hecho con el dinero? - preguntó una dama de rostro enrojecido y con una petulante excrecencia en la punta de la nariz que temblequeaba como el moco de un pavo.

-Lo más seguro es que se lo quede el marido- Dijo la de la gran papada bostezando de nuevo. -Tal vez lo ha dejado a su Compañía. A mí no me lo ha dejado. Es todo lo que sé-. Esta gracia fue recibida con una carcajada general -Seguramente tendrá un funeral muy solitario-, dijo la mismo, -Porque os aseguro que no conozco a nadie que vaya a ir además del joven Mellark. ¿Y si organizásemos una partida de voluntarios? –

-No me importa ir si va a haber un almuerzo», observó la dama de la excrecencia en la nariz. -Pero si voy, hay que darme de comer. - Más carcajadas.

-Bueno, después de todo, yo soy la más desinteresada», dijo la primera interlocutora -Pues nunca llevo guantes negros y nunca almuerzo. Pero yo me ofrezco a ir si va alguien más. Cuando me pongo a pensarlo, no estoy segura de que no fuese yo su amiga más íntima pues solíamos detenernos a charlar cuando nos encontrábamos. ¡Adiós! –

Todos se dispersaron y se mezclaron con otros grupos. Katniss los conocía y miró al espíritu pidiendo una explicación. El fantasma se deslizó hasta una calle. Señaló con los dedos a dos personas que se encontraban. Katniss volvió a prestar atención pensando que allí podría estar la explicación. También conocía a esos dos hombres perfectamente. Eran hombres de negocios muy ricos e importantes. Compañeros de Peeta. Siempre había considerado esencial que le tuvieran en su estima desde un punto de vista mercantil, claro está, exclusivamente desde el punto de vista de los negocios.

-¿Cómo está usted?-, dijo uno.

-¿Qué tal está usted.?- respondió el otro.

-¡Bien!- dijo el primero. -Por fin le ha llegado la hora a la joven señora, ¿eh?

-Eso me han dicho-, contestó el segundo. -Hace frío ¿verdad?

-Normal para Navidad. ¿Querrá usted venir a patinar?

-No, no. Tengo cosas que hacer. Buenos días.

Ni otra palabra más. Ese fue el encuentro, la conversación y la despedida. Al principio Katniss estaba más bien sorprendido de que el espíritu concediera importancia a conversaciones tan triviales, en apariencia. Pero tenía la seguridad de que en ellas se ocultaba algún propósito y se puso a considerar cuál sería. Difícilmente podrían tener alguna relación con la muerte de Gale, su antiguo socio, pues se había producido en el pasado y el campo de acción de este fantasma era el futuro. Tampoco lograba relacionarlas con alguien muy vinculado a ella misma además de Peeta. Pero no le cabía duda de que, quienquiera que fuese el objeto de las conversaciones, éstas contenían una moraleja para su provecho; por eso resolvió atesorar cada palabra que escuchase y cada cosa que viese, y muy especialmente su propia imagen cuando apareciese. Tenía la esperanza de que encontrara en su conducta del futuro la clave que le faltaba para resolver fácilmente los acertijos. Miró a su alrededor buscando la imagen donde su marido almorzaba con sus compañeros pero en su esquina habitual estaba otro hombre, y aunque el reloj señalaba la hora en que él solía estar allí, no vio rastro de Peeta entre las multitudes que cruzaban el porche. Esto le olía mal.

A su lado, silencioso y oscurecido, estaba el fantasma con la mano extendida. Cuando cesó la pensativa búsqueda, Katniss creyó adivinar, por el giro de la mano y su posición en relación a él, que los ojos invisibles le estaban mirando inquisitivamente. Esto le hizo estremecerse y notar intenso frío. Salieron del ajetreado escenario para llegar a una tenebrosa zona de la ciudad, donde nunca antes había penetrado Katniss , aunque reconoció la localización y su mala reputación. Los caminos eran tortuosos y angostos, las tiendas miserables, la gente medio desnuda, borracha, desaseada, repugnante. Callejones y arcadas, como otros tantos pozos negros, vertían sus ofensivos olores, suciedad y vida sobre las calles desparramadas, y el barrio entero apestaba a crimen, a inmundicia y a miseria. Muy en el interior de este antro de citas infames había un tenducho que sobresalía bajo el tejado de un cobertizo y allí se compraba metal, trapos viejos, botellas, huesos y grasientos despojos de carne. En el suelo del interior se apilaban llaves herrumbrosas, clavos, cadenas, bisagras, limas, básculas, pesos y chatarra de toda clase. En aquellas montañas de trapos inmundos, montones de grasa putrefacta y sepulcros de huesos, se mantenían y ocultaban secretos que pocas personas habrían querido desvelar. Un bribón canoso, de unos setenta años, estaba sentado en medio de sus mercaderías junto a una estufa de carbón hecha de ladrillos viejos, se protegía del aire frío del exterior con una miscelánea de guiña-pos sucio colgado de una cuerda a modo de cortina, y estaba fumando su pipa con todo el bienestar de un tranquilo retiro. Katniss y el fantasma llegaron junto al hombre en el momento en que se introducía subrepticiamente en la tienda una mujer con un pesado fardo. Apenas acababa de entrar cuando otra mujer, igualmente cargada, también se metió. Un hombre, vestido de negro descolorido, las siguió muy pronto y, al verlas; se sobresaltó tanto como ellas se habían sobresaltado al reconocerse. Tras una corta pausa de turbada consternación, en la cual se había acercado a ellos el viejo de la pipa, los tres estallaron en una carcajada.

-¡Qué sea la asistenta la primera!-Exclamó la que había entrado en primer lugar. -La segunda, la lavandera, y el empleado de la funeraria el tercero. ¡Viejo Gloss, mira que es casualidad encontrarnos aquí los tres sin querer!

-No hay mejor sitio para que os reunáis-, dijo el viejo Gloss sacando la pipa de la boca.-Vamos al salón. Tú hace ya mucho tiempo que entras, ya lo sabes; y las otras dos no son extrañas. Esperad a que cierre la puerta de la tienda. ¡Ah, cómo rechina! Creo que en este sitio no hay un metal más herrumbroso que esas bisagras . Vamos a la sala. Pasad a la sala.

La sala consistía en el espacio que quedaba tras la cortina de trapos. El viejo atizó el fuego con una vieja varilla de alfombra de escalera, despabiló la humeante lámpara con la boquilla de su pipa y la volvió a meter en la boca. Mientras lo hacía, la mujer que había hablado antes arrojó su fardo al suelo y se sentó en un taburete con ostensible complacencia cruzando los codos en sus rodillas y mirando con abierto desafío a los otros dos.

-¿Qué pasa, a ver? ¿Qué pasa señora Dilber», dijo la mujer que Katniss reconoció cono Cashmere.

-Todo el mundo tiene derecho a cuidar de lo suyo. ¡Ella siempre lo hizo!- Dijo Sae, una de las mucamas.

-¡Esa es una gran verdad!- dijo la lavandera, Cashmere.

-Ella más que nadie.

-Bien –Dijo Gloss -¿Cuál es el botín?

-No mucho –Alego Sae con frustración –El marido se dejo casi todo y solo nos dio lo que no iba a necesitar.

Gloss, el encargado de la funeraria lanzo con rudeza una enorme bolsa de lana que traía Sae consigo. La desataron y esparcieron por el suelo algunas cosillas.

-¿Esto es todo? –Pregunto Gloss contando las cosas.

-Sí.

-Al menos son finas.

Katniss vio, con horror que eran cosas suyas y entendió por donde iba la cosa. Varios de sus vestidos más caros estaban extendidos por el suelo. Unos tres de color blanco y el otro un purpura intenso. Unos aretes de oro falso que nunca usaba y una cadenilla que le regalo Gale. Nada valía además de los vestidos.

-¡Ah! –Exclamo Gloss –El marido es igual de tacaño que la putilla. Se dejo todo lo valioso.

-Eso –Dijo Sae –Casi me lo traigo todo porque supuse que una vez muerta el señor Mellark iba a querer deshacerse de todo lo que le recordara a esa espantosa mujer. Pero apenas entro a la habitación y vio que estaba vacía de las pertenecías de ella me abordo en el primer piso y me pido permiso para poder sacar lo más valioso para él. Se llevo consigo unos dos camisones, el resto de vestidos y las joyas.

Si así fue, a Katniss no le extraño que Peeta se deshiciera de la cadenilla que le regalo Gale.

-¡Ja! –Canto Gloss –Delly Cartwright debe de esta feliz como una lombriz y con el imperio Mellark sin herederos no creo que el señor Mellark dude mucho en aceptar a la señorita Cartwright. Ahora veamos –Presto más atención a la ropa frente a ellos.

-¿Y te dio la ropa así nomas, Sae?-Pregunto Cashmere.

-No, el señor Mellark dijo "Désela a los pobres" pero bueno ¡Nosotros somos pobres! –Eso desencadeno una carcajada.

-Bien –Dijo Gloss –Aquí –Señalo los cuatro vestidos –Hay al menos doscientas libras. Los aretes valen unas diez y la cadena unas cincuenta.

-Está bien con eso –Concedió Cashmere y Sae asintió dándole la razón

El viejo Gloss sacó una bolsa de franela con dinero y distribuyó en el suelo las diversas ganancias de cada uno. -¡Así se acaba, ya ven! Ella espantaba a todos cuando estaba viva para que nos aprovechásemos nosotros cuando estuviera muerta.

El escenario cambio nuevamente, y la habitación se lleno de una suave luz de la lámpara de aceite. Katniss lo reconoció como su habitación. En la cama estaba Peeta acostado, enroscado como un niño en una tormenta, algunas de sus cosas estaban regadas en la cama. La peineta con un cerezo en flor traída desde Japón que usaba diariamente, el anillo de matrimonio, y uno de los vestidos que usaba a menudo. Peeta estaba jadeando acurrucado contra la almohada de Katniss y al acercarse un poco más noto que estaba oliendo la tela. Tenía abrazado el vestido verde esmeralda con fuerza. Cuando Katniss se arrimo un poco más él se dio la vuelta, los ojos los tenia de un rojo nada sano y Katniss se pregunto "¿Podría ser?" Después de años era posible que la siguiera queriendo como para llorarla. Cerró los ojos e inhalo el olor en el vestido. Los suaves sollozos llenaron la habitación.

El lugar se oscureció y por la sensación de flote y caída que tenía como cuando se deslizaba en trineo supuso que estaba descendiendo a un nivel inferior de la casa.

-¡Cielo santo! ¡¿Qué es eso?!

Retrocedió aterrada pues la escena había cambiado y ahora casi tocaba una camilla, una camilla desnuda, sin cortinas, y en ella, bajo una sábana limpia yacía algo tapado que, aunque mudo, se anunciaba con espantoso lenguaje.

La habitación estaba muy oscura, demasiado oscura para ver con detalle aunque Katniss, obedeciendo a un impulso secreto, miraba ansiosa de saber cual habitación era. Del exterior venía una pálida luz que caía directamente sobre el lecho, y en éste yacía el cadáver de aquella persona, despojada, desposeída, sin que le velaran, sin que le lloraran, sin que le atendieran.

"No"-Dijo-"Él lo hizo, Peeta me velo, solo esta acostado por la pena"

Katniss echó una ojeada al fantasma. Su mano invariable apuntaba a la cabeza. Ella lo pensó, sabía cuán fácil sería y estaba deseando hacerlo, pero para retirar el velo no tenía más capacidad que para alejar al espectro de su lado.

¡Oh muerte fría, fría, rígida y atroz, eleva aquí tu altar y vístelo con esos pavores que sólo a ti obedecen porque este es tu reino! Pero en tus terribles propósitos no podrás volver odioso un solo rasgo ni tocar un solo cabello de los rostros amados, honrados y reverenciados. Y no es porque la mano sea pesada y se desplome al soltarla, ni porque se hayan parado los pulsos y el corazón, sino porque era una mano abierta, generosa; fiel; porque era un corazón valiente, cáli-do y tierno; porque el pulso era un pulso de una mujer de verdad. ¡Golpea, sombra, golpea y verás cómo manan de la herida sus buenas obras para sembrar en el mundo vida inmortal!

Ninguna voz pronunció esas palabras al oído de Katniss y sin embargo las escuchó cuando estaba mirando el lecho. Si esta mujer se pudiera levantar ahora, pensó, ¿cuáles serían sus sentimientos? ¿La avaricia, el trato despiadado, la intención de acaparar? ¡A buen fin le habían llevado, en verdad!

Allí yacía el cadáver, en la oscura habitación vacía. Un gato arañaba la puerta y se escuchaba un sonido de ratas royendo bajo la chimenea. Katniss no se atrevió a pensar qué buscaban en la habitación del muerto ni por qué estaban tan agitados a impacientes.

-¡Espíritu-, dijo ella, -este lugar es horrible. Después de salir de aquí no olvidaré la lección, créeme. ¡Vámonos!

Pero el fantasma siguió apuntando con un dedo inmóvil a la cabeza.

-Te comprendo», dijo Katniss, -y lo haría si fuera capaz. Pero no tengo fuerzas, espíritu, no tengo valor.

Otra vez pareció que le miraba.

-Si hay en la ciudad alguna persona que sienta emoción por la muerte de esta mujer -dijo Katniss dolida, -muéstramela, espíritu, te lo suplico.

Una ligera mancha en la pared atrajo la atención de Katniss y se fijo en un Peeta dormido, las marcas de lágrimas secas seguían en su cara y agarraba el vestido como si al apartar las manos un segundo este se convertiría en polvo.

Pero Katniss negó con la cabeza, no era eso lo que buscaba.

El fantasma desplegó su oscuro manto durante unos instantes, como si fuera un ala, y al recogerlo dejó ver una estancia iluminada por la luz del día, donde estaba una madre con sus hijos.

Ella esperaba a alguien con ansiedad, pues iba de un lado a otro de la habitación, se asomaba a la ventana, miraba el reloj, intentaba en vano hacer labor con la aguja y apenas podía soportar las voces de los niños que jugaban.

Al fin, se escuchó la llamada tanto tiempo esperado. Ella se precipitó a abrir la puerta para recibir a su marido, un hombre cuyo rostro reflejaba preocupación y tristeza, aunque era joven. Ahora tenía una expresión extraña, una especie de intenso regocijo que le hacía sentirse avergonzado y que procuraba reprimir.

Se sentó a cenar lo que ella había reservado cuidadosamente para él junto al fuego y, tras un largo silencio, ella le preguntó tímidamente qué noticias había; él pareció incómodo al buscar una respuesta.

-¿Son buenas o malas?-, dijo ella para ayudarle.

-Malas-, respondió él. - No,Alma. Todavía hay esperanza.

-¡Sólo la hay si ella se conmueve!», dijo ella espantada. -Si ha ocurrido tal milagro aún nos queda una esperanza.

-Ha hecho algo más que conmoverse-, dijo el marido.-Se ha muerto.

Si la cara es el espejo del alma, ella era criatura dulce y apacible pero al oírlo se sintió agradecida en lo más profundo de su corazón y así lo expresó con las manos entrelaza-das. Al instante, pidió perdón y lo lamentó, pero el primero fue el sentimiento que le salió del alma.

-Resultó bastante cierto lo que me dijo aquella mujer me-dio borracha, que te conté anoche, cuando intenté verle para conseguir un aplazamiento de una semana; yo pensé que era una excusa para no recibirme, pero entonces ella no sólo estaba muy enferma sino que se estaba muriendo.»

-¿A quién se traspasará nuestra deuda?

-No sé, pero antes de que eso ocurra ya tendremos el dinero, y aunque no lo tuviéramos el marido tiene la pena sobrepuesta por lo que no creo que tome inmediatamente el asunto en sus manos. ¡Esta noche podremos dormir sin congoja,Alma!

Sí. Se les había quitado un peso de encima. A los niños, enmudecidos y apiñados alrededor para oír algo que apenas comprendían, se les había iluminado la cara, y el hogar era más feliz gracias a la muerte de aquella mujer.

-Permíteme ver algo de cariño por un muerto que no venga de mi marido -, dijo Katniss – O jamás podré librarme, espíritu, de la siniestra cámara que acabamos de dejar.

El fantasma le llevó por varias calles que ya conocía y mientras avanzaban Katniss miraba de un lado a otro buscándose, pero no se le veía. Entraron en la casa de la pobre Annie Cresta, el hogar que había visitado anteriormente, y encontraron al padre y a los hijos sentados cerca del fuego.

Silenciosos. Muy silenciosos. Los ruidosos pequeños Cresta estaban quietos como estatuas en un rincón, sentados mirando a Hazelle que tenía un libro. Las otras hijas estaban ocupadas en la costura, pero muy en silencio.

-Y él puso a un niño en medio de ellos

¡Dónde había escuchado Katniss aquellas palabras? No las había soñado. Tal vez las había leído la muchacha en voz alta cuando él y el espíritu cruzaban el umbral. ¿Por qué no prosiguió?

La madre dejó la labor sobre la mesa y se llevó la mano al rostro.

-Me duelen los ojos de colorear-, dijo- Mi pobre Posy.

-Ahora ya están mejor-, dijo el esposo de Annie. -Me lloran con la luz de la vela y no quiero, por nada del mundo, que vuestra madre los vea así cuando vuelva a casa. Ya debe ser casi la hora.

-Más bien pasa-, respondió Hazelle cerrando el libro.-Pero creo que estas últimas tardes viene andando más despacio que de costumbre, padre.

Se quedaron otra vez muy silenciosos. Finalmente, con una voz firme, animada, que sólo se quebró una vez, él dijo:

-Le recuerdo andando con Posy en sus hombros, correteando por todas parte, a todos los lugares, era tan activa como su m-madre.

-Y yo también», exclamó Hazelle. -Con frecuencia.

-¡Y yo también!- dijo otro. Todos se acordaban.

-Pero ella pesaba tan poco, prosiguió el marido, y su madre le amaba tanto que no era una molestia, ninguna molestia. ¡Y ahí está vuestra madre en la puerta!»

Se precipitó a su encuentro y la pobre Annie, con su bufanda de lana entró en la casa. Ya tenía el té preparado en la chapa de la cocina y todos procuraron anticiparse a los demás para servirle. Después, las dos jóvenes Cresta se sentaron en sus rodillas y apoyaron en su rostro una pequeña mejilla como diciendo: «No te preocupes, madre. No estés triste.»

Annie estuvo muy animado con ellos y muy agradable con toda la familia. Contempló la labor que estaba sobre la mesa y alabó la habilidad y rapidez de las chicas.

- Quedaría terminada mucho antes del domingo- les dijo.

-¡Domingo! Entonces, ¿fuiste hoy, Annie?-, dijo su esposo.

-Sí, querido-, respondió Annie. -Me habría gustado que hubieras podido ir. Te habría tranquilizado ver lo verde que es ese sitio. Pero ya lo verás con frecuencia. Le prometí que iría andando un domingo. ¡Mi hijita, mi niña pequeña!-, lloró Annie. -¡Mi niñito!

Se desmoronó de una vez. No podía evitarlo. Tal vez hubiera podido si ella y su hija no hubiesen estado unidas tan estrechamente.

Salió de la habitación y subió al cuarto de arriba, que estaba alegremente iluminado y decorado con adornos navideños. Cerca de la niña, había una silla y se notaba que alguien había estado allí poco antes. La pobre Annie se sentó, y después de meditar un momento se recuperó y besó aquella carita. Se sintió resignado con lo sucedido y volvió a bajar bastante animado.

Juntos hablaron los más alegremente que podían recordando los buenos momentos con Posy.

-Espectro-, dijo Katniss, -Presiento que ha llegado el momento de separarnos. No sé cómo, pero lo sé. Dime quién era el hombre muerto que vimos. –Y, aunque ya lo sabía solo necesitaba una confirmación.

El Fantasma de la Navidad del Futuro, igual que en anterior ocasión, le trasladó aunque pensó que eran otros tiempos pues no parecía existir un orden en las últimas visiones, si bien todas se desarrollaban en el futuro a los lugares frecuentados por los hombres de negocios, pero a él no se le vela por ninguna parte. Además, el espíritu no se detenía sino que seguía directamente, como si se encaminara a una meta ahora deseada, hasta una verja. Antes de entrar se detuvo un momento para mirar a su alrededor.

Un cementerio parroquial. Así pues, aquí yacía bajo tierra la desdichada mujer cuyo nombre iba a conocer ahora. ¡El sitio merecía la pena! Emparedado entre edificios, cubierto de yerbajos vegetación de la muerte, no de la vida, demasiado atiborrado de enterramientos, inflado de voracidad satisfecha. ¡Bonito lugar!

El espíritu se detuvo entre las rumbas y señaló una. Katniss avanzó hacia ella temblando. El fantasma estaba exactamente igual que antes, pero Katniss tenía miedo de ver una nueva significación en su solemne forma.

-Antes de que siga acercándome a esa losa que señalas- dijo Katniss, -respóndeme a una pregunta. ¿Son las imágenes de cosas que van a suceder o solamente imágenes de cosas que podrían suceder?

Pero el fantasma señalaba, con el dedo hacia abajo, la tumba que tenía delante.

-El rumbo de la vida de una persona presagia cierto final que se producirá si la persona persevera- dijo Katniss. -Pero si se modifica el rumbo, el final cambiará. ¡Dime que eso es lo que me estás enseñando!

El espíritu permaneció tan inconmovible como siempre.

Temblorosa, Katniss se arrastró hacia él y, siguiendo la indicación del dedo, leyó en la losa de la nueva tumba su propio nombre.

KATNISS MELLARK EVERDEEN.

-¿Soy yo la mujer que yace en la cama?-, gritó arrodillad.

El dedo le señaló a ella y otra vez a la tumba.

-¡No, espíritu! ¡No, no, no!

Allí continuaba el dedo.

-¡Espíritu!- Gritó agarrándose con fuerza al manto, -¡es-cúchame! Ya no soy como antes. Gracias a este encuentro ya no seré la misma que antes. ¿Por qué me muestras todo esto si ya no hay esperanza para mí?

Por vez primera la mano pareció vacilar.

- ¡Espíritu bueno! -, continuó diciendo postrado en el suelo. -Tu benevolencia intercede en mi favor y me compadece. ¡Dime que todavía puedo modificar las imágenes que me has mostrado si cambio de vida!

La mano benéfica temblaba.

-Haré honor a la Navidad en mi corazón y procuraré mantener su espíritu a lo largo de todo el año. Viviré en el Pasado, el Presente y el Futuro; los espíritus de los tres me darán fuerza interior y no olvidaré sus enseñanzas. ¡Ay! ¡Dime que podré borrar la inscripción de esta losa

En su agonía, se agarró a la mano espectral. La mano trató de soltarse pero Katniss la retuvo con fuerza implorante. El espíritu, aún con mayor fuerza, le rechazó.

Alzando sus manos en una pose de súplica para cambiar su destino, Katniss vio una alteración en la capucha y túnica del fantasma, que se encogió, se desmoronó y se convirtió en la columna de una cama.

DESENLACE FINAL

¡Sí!, y la columna era suya, de su propia cama, y suya era la habitación. ¡Pero lo mejor de todo es que el tiempo que le quedaba por delante era su propio tiempo y podía enmendarse!

Mientras gateaba para salir de la cama, Katniss repetía «Vi-viré en el Pasado, el Presente y el Futuro. Los tres espíritus del tiempo me ayudarán. ¡Oh, Gale! El Cielo y las Navidades sean loados! ¡Lo digo de rodillas, viejo Gale, de rodillas! »

-¿Katniss? –La voz le atravesó los oídos y congelo su alma. Peeta, era Peeta.

- ¿Peeta?- Se dio la vuelta y lo vio sentado a su lado, con ojos preocupados y cabello despeinado

.

Levantándose en rodillas se acomodo sobre él abrazándolo por el cuello.

-¿Cielo? –Peeta estaba preocupado, eso lo sabia -¿Estás bien, amor?

-Peeta, estoy mejor que nunca –Contesto ella con una sonrisa - ¿Y tú?

-Y-yo bien.

-Peeta –Katniss empezó, con la esperanza de poder decir algo con sentido –Quiero disculparme.

Peeta la miro desconcertado un segundo: -Katniss, no hay nada que perdonar.

-Tienes que perdonarme todo, Peeta.

Él la miro expectante un segundo, su manzana de Adán subió y bajo, trago en seco: -¿Me fuiste i-infiel otra vez?

-¿Qué? ¡No! –Katniss lo miro con el ceño fruncido, pero lo ignoro –Te pido perdón por no ser una buena esposa, por no ser una buena mujer.

-¿Qué dices, cielo? Estas bien, Kat.

-Te prometo que seré mejor, más abierta –Katniss se monto completamente sobre las piernas de Peeta, haciendo que su camisón blanco se subiera por sus muslos –Más cariñosa –Cruzo los brazos por la fuerte espalda –Más alegre, más atenta –Beso a su marido como desde hace meses no lo hacía, con cariño, lento y concienzudamente.

-Katniss, si eso te hace feliz estoy de acuerdo –Peeta la veía con los ojos extrañados, pero aprovechándose un poco beso a su mujer y la abrazo por la cintura. Se besaron tranquilamente por un rato, hasta que Katniss se separo.

-Ve a bañarte –Ordeno. Peeta le beso el cuello, los labios y se levanto.

-Pero Katniss.

-Ve –Dijo Katniss, le sonrió con picardía –Terminaremos en la noche.

Con esa promesa, Peeta bajo la escalera y se metió en el baño.

Entró en el salón brincando y allí se quedó de pie, completamente enredada.

-¡Ahí está el bol de las gachas!-Exclamó empezando nuevamente a brincar junto a la chimenea. -¡La puerta por dónde entró el fantasma de Gale! ¡La esquina donde se sentó el fantasma de la Navidad del presente! ¡Todo es verdad, todo ha sucedido de verdad!

Katniss lo comprobó cuando se miro el brazo izquierdo y el corte que le hizo la ignorancia estaba sanando.

Para una mujer que llevaba sin practicar durante largos años, era realmente una risa espléndida, una risa de lo más insigne. ¡La madre de una larga, larga descendencia de radiantes carcajadas!

-¡No sé en qué fecha estamos!-, dijo. -No sé cuánto tiempo he estado con los espíritus. No sé nada. Estoy como un niño. Qué más da. No me importa. Es mejor ser como un niño. ¡Hola! ¡Yuppy! ¡Hola eh!

Katniss asomándose por la ventana se dio cuenta que estaba nevando.

Justo en frente estaba pasando un jovencito en trineo y Katniss pregunto: -¡Oye chico! ¿Qué fecha es hoy?

-¿Qué? –Pregunto el jovencito con el mayor asombro.

-¡¿Qué fecha es hoy? Mi buen amigo!

-¡Hoy es navidad!

-Gracias.

-¡Es el día de Navidad!-, se dijo Katniss hablando consigo misma. -No me lo he perdido. Los espíritus lo hicieron todo en una sola noche. Pueden hacer lo que quieran. Naturalmente. Claro que pueden. ¡Hola, amiguito!-

-Hola-, replicó el chico.

-¿Conoces la pollería que está a dos calles, en la esquina?, inquirió Katniss.

-Desearía haberla conocido-, replicó el chaval.

-¡Qué chico más inteligente!», dijo Katniss. -¡Un muchacho notable! ¿Sabes si han vendido el pavo caro que tenían allí colgado? No digo el barato sino el pavo grande.

-¡Cuál?, ¿uno que es tan grande como yo?», dijo el muchacho.

-¡Qué encanto de chico!-, dijo Katniss. -¡Da gusto hablar con él. Sí, caballerete!

-Allí está colgado ahora-, respondió el chico.

-¿De veras?-, dijo Katniss. -Vete a comprarlo.

-¡Amos anda!-, exclamó el muchacho.

-No, no-, dijo Katniss, -Hablo en serio. Vete y cómpralo y diles que lo traigan aquí, que yo les daré la dirección a la que deben llevarlo. Vuelve con el mozo y te daré un chelín. ¡Si vuelves con él en menos de cinco minutos te daré media corona!

El chico salió disparado, como si hubiera tenido una mano firme apretando un gatillo.

-Se lo enviare a la familia de Annie Cresta, no sabrán quien se lo envió. Es del doble de tamaño de la pequeña Posy.

Cuando el chico y el encargado llegaron, Katniss pago a ambos y anoto la dirección de la casa de Annie. Peeta bajo justo cuando se despedían.

-¿Puedo saber que pasa aquí?

-¡Cariño! Vamos adentro, tenemos que cambiarnos y vamos a salir a pasear.

-¿Pasear? Katniss ¿Estás bien? –Peeta estaba preocupado -¿No estarás embarazada?

-No –Dijo ella –Pero quiero que sepas que para mi será un honor tener un hijo contigo –Se inclino hacia él y lo beso –Y quiero que ese momento llegue pronto.

Entrando a la casa, Katniss dejo a Peeta confundido y sonriente.

Después de bañarse, Katniss se vistió con sus mejores galas. El vestido verde esmeralda que Peeta olía y abrazaba en su cama.

No iban de la mano. Katniss abrazo la cintura de Peeta con ambos brazos y el paso un brazo tras su espalda y el otro tomo su mano.

Katniss tenía una sonrisa embelesada y unas cuatro personas simpáticas los saludaron y ambos respondieron alegremente.

Estuvieron en la iglesia, deambularon por las calles, contemplaron a la gente apresurándose de un lado para otro, dio palmaditas en la cabeza de los niños, se interesó por los mendigos, miró las cocinas de las casas, abajo, y las ventanas de arriba, y descubrió que todo le resultaba un placer. Nunca había imaginado que un paseo le pudiera reportar tanta felicidad. Por la tarde, encaminó sus pasos hacia la casa de su sobrino.

Peeta la miraba embelesado.

Ya al anochecer llegaron. Y Katniss camino de un lado hacia el otro al menos doce veces. Peeta la veía sonriendo sin presionarla. Hasta que se decidió tocar a la puerta.

-Hola guapo –Dijo ella cuando el empleado abrió. Peeta la miro frunciendo el ceño y ella rio –¿Esta tu jefe?

-Si señora.

-Bien, dile que vamos para allá –Katniss entro a la casa como si fuera suya y se dirigió al salón.

-¡Ya sé quién es, papa? –Dijo Rory –Es la…

Katniss empujo la puerta con algo de rudeza y las dos figuras se toparon frente a la puerta.

-Katniss.

-Hola, Rory –Dijo ella –V-vinimos a cenar. No te molesta ¿Verdad?

Un silencio incomodo se armo y ella lamento por un segundo haber ido y no quedarse en su casa haciendo el amor con Peeta.

-¡Claro, Katniss!

Algunos la recibieron bien pero la mayoría le lanzaban miradas irritadas. La de Delly era punzante en su frente. Peeta la abrazo y esto le dio un poco más de confianza.

La cena la pasaron bien y se fueron a casa faltando quince para las doce. En el coche empezaron a besarse y cuando llegaron a casa solo fue cuestión de tiempo para que Katniss cumpliera su promesa de la mañana.

A la mañana siguiente Katniss espero a Annie en la puerta de la casa. Peeta la miraba preocupado desde su sofá tomando un café.

"Oh si, ella sería la primera en recibir a Annie ese día"

Cuando llego dieciocho minutos tarde Katniss la llevo al despacho.

-Y bien señora Cresta. ¿Puede darme una explicación para la tardanza?

La mujer de cincuenta y algo se encogió de hombros: -Señora Mellark, es solo una vez al año…

-¡Escúcheme bien, señora Cresta. Usted es una pésima cocinera y si sigue con nosotros es por mi marido. Pero ya no más.

-No señora ¡Por favor! –Rogo Annie –Mis niñas y mi marido es pescador…

-¡Y se! –Dijo Katniss con rudeza, como si fuera un regaño –Que usted estudio para ser secretaria. Feliz navidad, Annie.

Katniss le entrego un sobre marrón que Annie abrió como si se tratara de una bomba. Adentro, una confirmación de trabajo en el ministerio de salud del distrito cuatro.

-Señora Mellark –Annie se arrodillo frente a Katniss y le beso las mano –Gracias, pero ¿Y la cocina?

Katniss agito el brazo despreocupada: Hay cursos de cocina, obligare a Peeta a tomar uno y ya.

Annie se rio y reviso el resto de la bolsa, siete boletos de tren al cuatro y una escritura para una casa de clase media.

Annie salió corriendo hacia su casa pero se detuvo antes de continuar: -Y gracias por el pavo, señora Katniss.

Katniss entro a la casa sonriendo y Peeta la detuvo antes de subir.

-¿Y bien? –Pregunto.

-Querido, tendremos que aprender a cocinar.

Desde ese día Katniss Mellark se convirtió en la mejor mujer, amiga, esposa y madre. La caridad se convirtió en un placer. Al poco tiempo quedo embarazada y tuvo a sus hijos con la persona a la que quería. Queriendo a Peeta siempre. Fue la mejor persona que la ciudad llego a conocer.

Fin.