Eran cerca de las dos de la tarde cuando se miró indecisa en el pequeño espejo de su locker después de haber guardado su bolso. Soltó un suspiro bastante cansado y largo para ser considerado normal; estaba cansada, por un momento algo en su cabeza cuestionaba gravemente la decisión que tomaba.

La respuesta era sencilla; el amor. Solo eso necesitaba para tomar iniciativa y continuar con sus agotadoras rondad de servicio social para su carrera de enfermería que después se volverían más laboriosas cuando consiguiera el título.

"Tal vez no deberías hacer esto" esa voz hablaba como una conciencia pre programada que a ella no le gustaba para nada pero que no podía evitar escuchar "¿realmente crees que valga la pena?"

Por supuesto que sí, objeto mentalmente cerrando sus ojos como único método para tener paz y no volver a ver su rostro en el espejo. Todo vale la pena, recalco cerrando el locker necia a no ver ignorando una presencia que se encontraba cerca de ella.

-Ey Hinata- esa no era la voz que generalmente escuchaba. Era distinta pero particularmente familia que le obligo en cierta forma a regresar a tierra firme- ¿te encuentras bien?- abrió los ojos encontrando el rostro preocupado y curioso de la joven.

-C-claro Ino – murmuro en ese ligero tono tímido que era algo que marcaba su ser.

-Es que te vi algo mal- expuso la rubia que estaba consciente que a veces solía pasar y que eso era algo rutinario.

-Pues estoy bien… no tiene por qué preocuparse- dijo a manera de disculpa la azabache ¿Por qué siempre causaba problemas?

-Ya, déjalo- hacia vagas señas con la mano quitándole importancia a eso- ¿vamos?- pregunto.

-Si- asintió rápidamente. Por lo menos no estaría sola y eso era un gran alivio.

-Hinata- empezó hablar de nuevo la otra chica mientras caminaban por los largos y blancos pasillos del hospital- ¿Cómo te fue con el psicólogo?- pregunto sin darle mucho rodeos al asunto.

Se encogió de hombros ligeramente. No había mucho que contar que fuera relevante o tan siquiera interesante que contar pero después recordó a ese chico.

-No es nada importante- argumento- conocí a alguien- susurro.

-¿Eh? ¿Conociste alguien?- pregunto Ino en un sincero estado de perplejidad- ¿Cómo era?

-Era un chico y….

-¡Un chico!- exclamo siendo el centro de atención de muchos a su alrededor.

-Shhh…- Hinata puso una mano delante de sus labios haciendo la señal del silencio ya que también le miraba y era algo realmente incómodo.

-Lo siento- susurraba disculpándose aunque esa sonrisa traviesa la delataba que no era culpa lo que sentía- y ¿es guapo?

El rostro de la Hyuga se encendió tan pronto en ese tono rojizo sin poder hacer nada para poder evitarlo de la vergüenza que sentía por eso. Había que admitir que aquel chico tenía su gracia e incluso que se veía adorable cuando se ponía nervioso como cuando vio aquella chica castaña. Pero ¿Qué cosas estaba pensando? Ella amaba alguien, no podía pensar que otro chico era lindo, sentía como si traicionara a su corazón.

-Es agradable- contesto sencillamente, no quería que hubiera malos entendidos. Mal al ver la sonrisa de su amiga todavía seguía sin desaparecer la hacía dudar que le había creído.

-Oye a mí no me engañas- esa sonrisa se amplió más iluminando su rostro- yo sé mucho de esto y tus ojos no me mienten- aseguro como si tuviera más experiencia más allá de su edad.

-No…no sé de qué me hablas- murmuro sintiendo que su acostumbrado tartamudeo podría dejarla en "evidencia"

-Bueno ya ¿Cómo se llama?- pregunto para sacarle la mayor parte de información posible.

-Obito- decía tratando de recordar mas- Uchiha creo.

-¿Eh? ¿Uchiha? Tal vez pariente de mi amado Sasuke – divago la rubia pensando en el joven residente del cual estaba encaprichada. Ella aseguraba que era amor, pero era joven y era fácil confundir los sentimientos- y ¿Qué más?

-Nada más, no hable mucho con el- mintió a medias. Había hablado con el bastante tiempo, si pero nada que valiera sinceramente la pena.

-Oh…bueno se seguro lo vez otra vez y ya hablas más íntimamente con el ¿sí? Dijo echando una risita indiscreta al aire.

Asintió pese a que no estaba segura de cumplir con eso. Era un poco torpe por así decirlo cuando se traba de relacionarse con la gente que dudaba mucho que si volvería hablar con aquel joven. Igual, no rompería las ilusiones que tenía su amiga puestas en ella. No era tan mala.

-Ino cerda ¿otra vez perdiendo el tiempo?- se escuchaba una voz detrás de ellas. Esa voz que prácticamente anunciaba una nueva pelea verbal y que para alivio de Hinata no tenía participación de esta.

-Y sigues con ese apodo frente de marquesina – murmuro cabreada volteando a ver a su rival de muerta.

La recién llegada era Sakura Haruno que miraba con verdadero fastidio a Ino. Esta chica era una de las mejores estudiantes de medicina y la que mejor se desempeñaba en el área. Sin embrago no todo era perfecto como digamos su carácter: tendía a molestarse a la poca provocación y su temperamento era voluble y violento – como para poner ejemplo con uno de sus compañeros, Naruto que era víctima frecuente de sus arrebatos de ira-

Tampoco era una chica muy sincera ya que no a todos mostraba su verdadero ser como a Tsunade que era su maestra y a Sasuke donde actuaba como toda una sumisa con tal de obtener su atención- atención que por cierto jamás tenia.

Llegando a ese punto era entendible el profundo odio que sentían ambas chicas entre ellas: Sasuke. Las dos podrían matarse entre sí pero esta joven no haría ni el más mínimo caso.

-No creo… que deberían peleas- intervino Hinata por primera vez llamando la atención de las dos chicas.

-Es cierto- comento con aspereza aquella chica de cabello rosa- no debo de perder el tiempo con alguien que no lo merece.- fue lo último que dijo antes de irse.

-Esta que se cree- escupió la rubia cuando estaba segura de que no le escuchaba - ¿mi jefa?- pregunto de manera irónica alzando su rostro de manera arrogante.

-No le tome tanta importancia Ino- san – dijo tratando de calmarla.

Y funciono. La chica logro tranquilizarse soltando un suspiro que le sonó muy cansado y pesado. No lograba comprender porque esa gran amistad que habían forjado aquellas dos jóvenes en su infancia se había destruido de una manera tan lamentable donde lo único que quedaba era el odio.

-Solo hagamos lo que tenemos que hacer ¿no?- dijo forzando una sonrisa. No quería demostrar su debilidad.

-Si- asintió.

Las horas pasaron sin nada en particular. Hacia su labor como era habitual…además de otro pequeño detalle que nadie sabía más que ella; la razón era simple: no quería que ningún ser llegara a enterar.

Su pequeña actividad clandestina era "observar" a uno de los residentes de medicina que estaban en el hospital: su nombre era Naruto Uzumaki. Tal vez no era el más aplicado profesionalmente, pero era su actitud y la pasión por esta que llagaba a trascender. Era entusiasta, dinámico y muy entregado a ayudar a los demás. Por lo general era muy comparado con Patch Adams. Eso siempre la causaba gracia.

Eso la enamoro, todo la parecía tan perfecto de él e inigualable. Pero ¿Por qué no le hablaba? Había dos razones muy fundamentales.

Sabía por ella misma que era incapaz de enamorarlo. Él era tan seguro de sí mismo y ella…bueno era ella. No había nada que llegaran a congeniar. Ni siquiera podía hablar con el coherentemente sin avergonzarse y trabarse de los nervios.

La segunda razón era aún más abrumadora que la anterior: el corazón de aquel chico ya tenía a quien amar y no era nada más ni nada menos que Sakura. No podía compararse ante aquella chica. Estaba consciente que el babeaba prácticamente por esa joven arrogante que muy a menudo lo despreciaba. El amor era injusto.

Se había resignado; se había retirado de aquella batalla la cual no había dado inicio porque era muy asegurada su perdida. Solo se limitaría a ver.

Sin embargo aquel cariño inocente poco a poco fue convirtiéndose en un obsesión. Una adicción, y como una buena adicta se negaba aceptar eso, se justiciaba con muchas cosas pero era la misma cosa engañosa. Ese amor la convencía y le alimentaba.

No obstante ese día se arrepentía de aquella conducta impulsiva. No todo lo que tenía que ver era agradable y ese era el punto culminante.

Eran cerca de las 6:00 de la tarde en lo que vendría siendo uno de los pequeños descansos que podía tener. Merodeaba el pequeño jardín trasero que contaba el hospital buscando al rubio. Le había perdido de vista y eso no le gusto. Tenía ansiedad de poder verlo ¿Dónde estaba?

Fue luego de unos minutos lo encontró. Y la escena con las que se topó le quebró por dentro de una manera tan contundente como la de un cristal golpeado con un martillo: aquel chico al cual amaba desde hacía años estaba sentado en un banco besándose con mucha calma con Sakura que tenía el ceño algo fruncido. Detalle que no noto, no le importaba mucho.

Y mientras en un lugar no muy lejano su recién conocido se moría por dentro por una noticia ella lo hacía por un hecho

Tenía otra cosa en común….

Un corazón roto.

Continuara.

Espero que les haya gustado.

Si no saben quién es Patch Adams dejo un pequeño resumen para que sepan de quien estoy hablando.

Hunter Doherty "Patch" Adams, mayormente conocido como el doctor de la risa terapia (Washington D. C., 28 de mayo de 1945),1 es un médico estadounidense, activista social, diplomático y escritor. Fundó el Instituto Gesundheit! en 1971. Cada año organiza un grupo de voluntarios de todo el mundo para viajar a distintos países, vestidos de payasos, en un esfuerzo por llevar el humor a los huérfanos, pacientes y otras personas. En su vida se inspiró la película Patch Adams (Dr. de la Risa), en la cual Robin Williams interpreta el papel de Hunter.

Adams actualmente vive en Arlington, Virginia, donde promueve medios alternativos de sanación para enfermos en colaboración con el instituto. Es el inventor de la risoterapia con fines médicos y terapéuticos, y el responsable de la inclusión de ésta en la medicina moderna.

No olviden poner sus comentarios n.n como siempre son bienvenidos con todo el gusto del mundo. Nos vemos en la continuación que espero no sea tan tarde.