Amour Sucre es propiedad de Beemoov y Chinomiko.
Fantasy (Dye)
Abrí los ojos pesadamente y el techo color marfil de mi habitación se convirtió en mi campo visual. Estaba un poco entumecida y sentía el cuerpo languidecido. Me di cuenta de aún llevaba las ropas que portaba el día anterior y todo vino a mi mente. La fiesta de Kim…
Lo último que recordaba era haber subido al auto de Lys y eso es todo, de ahí todo es negro. ¿O era Castiel? No recordaba bien probablemente porque me quede dormida, no es como si hubiera ingerido tanto alcohol para tener lagunas mentales ¿O si?
Me incorporé, me quité los jeans y las medias y me dirigí al baño a llenar la tina de agua caliente, necesitaba asearme con urgencia. Tía Carolina no estaba por ninguna parte, los sábados también tiene que ir a su oficina.
Una vez estuvo listo, me sumergí en las cálidas burbujas y puse play a mi iPod y me relaje un poco a la par de la música que sonaba.
The walls so high and you
won't feel
The moon is always spying on
your fears
I make it to the golden geek
and fail
So then you throw your fantasy away
to fade
De repente los sucesos del día anterior vinieron a mi mente como una ráfaga de aire. No puede ser, ayer Amber y yo nos agarramos a manotazos… y después… ¡invité a Castiel a bailar conmigo! Maldije mi estupidez, en mis cinco sentidos no hubiera tenido aquel atrevimiento, pero la cerveza me entorpeció el buen juicio. Además, recuerdo que se burló de mí.
¿Porque me gusta Castiel? En realidad, no lo sé… tal vez solo se trate de un crush y es todo, después se me pasara. Además, él es un chico complicado y tosco, o al menos aparenta serlo, definitivamente no es que su personalidad me haya hechizado… Recordé brevemente aquel día, cuando se infiltró en mi habitación para disculparse.
- No siempre es un completo idiota- reflexioné en voz baja.
A pesar de repasar aquellos sucesos en mi mente, tenía la sensación de que se me olvidaba algo importante, pero por más que intenté recordar nada vino a mi cabeza. Seguramente es mi propia paranoia ...
El fin de semana restante estuve castigada, al parecer tía Carolina es más responsable de lo que aparenta y no le agradó que llegara en aquel estado a casa, Al menos no me delato con mis padres.
Hice algunos deberes, unas ecuaciones algebraicas y un pequeño ensayo para la clase de literatura. El domingo por la noche , miré el "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos", una de mis películas favoritas, con mamá. Claro, ella desde Australia y yo aquí en la sala del departamento. Ambas estábamos conectadas vía Skype. Antes teníamos la costumbre de mirar una película los Domingos juntas, y la distancia no iba a dejar que rompiéramos la tradición.
Se hizo tarde y me dirigí a la cama no sin antes darle las buenas noches a mi tía que se encontraba en el baño aplicándose una mascarilla y llevando a cabo algún tipo de ritual embellecedor.
- Oh Janis, por cierto, pronto invitare a mi novio a cenar para que lo conozcas. -eso me tomó por sorpresa.
- ¡¿Tienes novio!?
- Si, aunque es bastante reciente…
- Con razón, hace poco estabas libre y sin compromiso…
- No tiene mucho tiempo que empezamos a salir. Lo conocí en la oficina, estaba solicitando un asesor para renovar el aspecto de su departamento y ¡Voila! Nos flechamos el uno con el otro- suspiró.
- Pues me alegra, ojala sea guapo- bromeé.
- ¡Claro que lo es!
Lunes otra vez. Había llegado temprano, caminaba por los pasillos para encontrarme con Nathaniel hacia la sala de delegados. Normalmente suelo buscarlo y después vamos juntos a nuestras clases, tenemos casi el mismo horario a excepción de una o dos materias. De repente una cara extrañamente familiar me distrajo. Era un señor de unos cuarenta años, de cabello ralo y con anteojos, se encontraba hablando con la directora. Yo lo he visto en alguna parte…
- Janis… -una voz detrás de mí interrumpió mis pensamientos.
- ¿Ken? - ah, pero claro, por fin recordé-¿Que está haciendo tu papá aquí?
- Esta aclarando los detalles de mi traslado.
- ¿Apenas? Y hace mucho tiempo que estas estudiando aquí.
- No, es justo lo contrario. Lo que pasa es que me voy a trasladar de instituto otra vez-un semblante triste se apodero de su siempre sonriente rostro.
- ¿Cómo? ¿Pero por qué?
- Papá se enteró de los altercados que hubo entre Amber y yo. Como imaginaras no está nada orgulloso de que su hijo sufra bullying a manos de una mujer así que me ha inscrito en una academia militar en París. No tengo opción, así que me vuelvo con mamá a la capital …
- ¡No lo puedo creer! y todo debido a esa maldita. Exclamé con pura sinceridad. Ken puede incordiarme algunas veces, pero le aprecio sinceramente.
- No puedo hacer nada para evitarlo-se quitó un momento los lentes y los limpió mirando hacia el piso, noté que estuvo llorando momentos antes- pero no te pongas triste por mi partida, ¡Toma!-sacó de su mochila un oso de peluche y me lo entregó -Regresare algún día ¡te lo prometo!
Reiteradamente, no soy buena con las despedidas. Después de todo creo que extrañare al pequeño Ken. Casi sin pensar me incliné un poco para darle un beso en la mejilla. Él se ruborizó completamente como un tomate.
- ¡Y todo esto por culpa de esa desgraciada! - pronuncié con furia, pero inmediatamente sentí la mirada dura del rubio que estaba a mi lado. - Jeje, lo siento -a veces se me olvida que esa chica tan odiosa es hermana de Nath.
- Veas como lo veas no creo que sea malo para Ken. Eso puede ayudarlo a fortalecer su carácter, ¿No lo crees? -Nath sacó su celular del bolsillo de su camisa blanca y me mostro una fotografía- Un pequeño detalle, Kim la tomó aquel día.
Eché un vistazo. Éramos Nathaniel y yo posando para la cámara. Me había olvidado de que nos habían hecho una foto. Noté que en el fondo estaba Amber haciendo un gesto ridículo y eso me causo gracia. Me envió la fotografía y la coloque como fondo de pantalla - Gracias Nath.
Nos encontrábamos almorzando en el patio. Me puso al tanto sobre lo que no recordaba de la fiesta de Kim, y como sus padres lo castigaron a él por no cuidar "bien" a Amber aquel día. Era realmente injusto, a estas alturas podía darme cuenta de que la relación de Nathaniel con sus papás no era la mejor. Me encontraba cavilando sobre ello cuando noté a Castiel caminar en dirección nuestra. Inmediatamente mi corazón se estremeció.
El pelirrojo nos miró de soslayo y siguió su camino. Me quedé observando su espalda unos segundos hasta que pude escuchar que alguien me hablaba. Nathaniel me hablaba.
- ¿Eh Janis?
- ¿Huh? - El rubio sacudió las murusas del sándwich que comía de su pantalón y me sonrío de lado-¿Te gusta mucho verdad?
- ¿Que? ¿Quién?
- Castiel -abrí mis ojos como platos.
- ¿T-tan obvio es? -tartamudeé. El chico solo asintió.
Esto se me estaba saliendo de las manos. Cuando llegue aquí no tenía ni la más mínima intención de buscar algún interés amoroso, esto sucedió sin que me diera cuenta.
Además, todo esto es como una sensación nueva. Si, ya había tenido un novio antes, pero no fue realmente gran cosa. De hecho, llegamos a aquel acuerdo porque él me retó una partida extrema de tetris y si perdía, me haría su novia. Evidentemente, acepté porque él no me desagradaba. Salimos un tiempo, y lo único que hacíamos era jugar videojuegos y tomarnos de las manos. Aunque recuerdo bien que la primera vez que nos besamos al sentir una lengua intrusa dentro de mi boca me desagradó tanto que lo abofetee y salí corriendo. Fue muy vergonzoso. Pero, en fin, después de todo supongo que aquel fue mi primer amor.
Caminaba hacia mi próxima clase mientras recordaba aquello cuando algo en el piso llamó mi atención. Era una pequeña caja. Me incliné un poco para recogerla y leí en voz alta. "Prudence, Contenido: 10 condones de látex". Huh... ¿Condones!?
- ¡Janis! -una voz femenina gritó mi nombre tan fuerte que seguramente se escuchó por todo el pasillo. Volteé rápidamente para ver de quien se trataba.
- ¿Rosalya?
- Dime por favor que no has leído lo que decía la caja- dijo con voz agitada.
- Si lo leí.
- Jajajaja, ya veo- sonrío de manera nerviosa-¿me los podrías dar por favor?-extendí mi mano y se los entregué.
- Con que eran tuyos. Sé más cuidadosa, no querrías quedarte sin condones
- No me di cuenta en qué momento se cayeron de mi bolso. Si los hubiera perdido aquí en el colegio, podrían hacerse un montón de chismes. ¿Me podrías guardar el secreto? -la peli-plateada junto las palmas de sus manos como si suplicara.
- No tienes que pedírmelo, ¿a quién podría contarle una cosa así? -reí.
- Gracias Janis, lo sé- Rosa volteó a su alrededor asegurándose de que nadie estuviera cerca y cautelosamente abrió la caja y me dio uno de los preservativos que contenía-toma, te lo regalo. -sentí que mis orejas empezaron a arder.
- P-pero Rosa, yo no necesito algo como esto- murmuré intentando rechazar aquel objeto-¡ni siquiera tengo novio!
- ¿Y que con eso? puedes usarlo para una emergencia, tu sabes, anda es en muestra de agradecimiento- Dudé un poco pero finalmente lo guarde en mi pantalón. A nadie le hace daño tener un condón de reserva para protegerse, eso es indudable.
El día pasó rápido, busqué a Lysandro entre los pasillos, pero no lo vi ni una sola vez. Quería agradecerle que me llevara a casa, pero era como si se hubiera escondido. Probablemente no vino hoy.
Antes de llegar a casa fui al supermercado a hacer algunas compras. Poco después, tomé el autobús el cual estaba atiborrado de gente y entre las bolsas que llevaba y el movimiento del vehículo, tropecé con mis propios torpes pies, pero antes de que mi cara se estampara con el piso, una mano fuerte me sujetó por la cintura. Giré mi cabeza velozmente, pero me encontré con unos ojos grises mirándome fijamente. ¿Castiel?
Después de unos minutos tomamos asiento, uno junto del otro. Me sentía extrañamente nerviosa. Había tráfico.
- Eres bastante divertida cuando te encuentras borracha, ¿sabías?
- Oh cállate.
- Es la verdad- noté que llevaba una pequeña bolsa del super. -¿Y qué? ¿Estas desconsolada porque tu novio se ha ido?, escuché a Iris comentarlo esta mañana.
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que Ken nunca ha sido mi novio? Pero para ser franca, si me entristece un poco. Va a ser raro sin él alrededor ¿sabes? prácticamente ha estado a lado mío desde el segundo año de la escuela media.
- Hmm, eso es ser perseverante.
- ¿Qué es lo que llevas ahí? - cambié de tema.
- Mi cena- Castiel tomó la bolsa y saco uno por uno los artículos que llevaba. Eran unos cacahuates salados, un ramen instantáneo, unas pastillas de menta, y una soda.
- Debes estar bromeando, ¿acaso comes ese tipo de porquerías todos los días? - el pelirrojo solo se encogió de hombros con indiferencia- para vivir solo, pensé que sabrías cocinar.
- Lo he intentado, pero la última vez casi quemó mi departamento-confesó. Imaginé la escena en mi mente y solté una risita, pero a él no le causó mucha gracia. -¿Que es tan divertido? ¿A caso tu si sabes?
- Por supuesto- afirmé con la cabeza. El chico tomó las bolsas que llevaba en la mano con velocidad, e inspeccionó su interior.
- ¿Nuggets de pollo? Vaya, no tenía idea de que fueras una chef certificada-señaló irónicamente.
- ¡Hoy planeaba hacer una cena rápida eso es todo! -Castiel se quedó callado y me estudió un momento con esos ojos penetrantes suyos. -¿Q-que sucede?
El chico parecía a punto de decir algo, pero el repentino freno del autobús nos distrajo a ambos. Castiel levantó la mirada. -Esta es nuestra parada.
Subimos las escaleras en silencio. Yo me encontraba pensando con determinación algo que se me acababa de ocurrir, pero me daba mucha pena tan siquiera mencionarlo. Los escalones casi terminaban y yo tendría que dirigirme a mi departamento y Castiel al suyo así que solté lo que pasaba por mi cabeza.
- Castiel …
- ¿Mmm?
- ¿Quieres subir a cenar?
El pelirrojo me miró con extrañeza unos segundos, pero después su gesto habitual de siempre regresó.
- No lo creo. -su rechazo inmediato ante mi ofrecimiento casi me hizo sudar frío, pero después de unos segundos, continuó hablando- La última vez no parecías muy contenta- Comprendí que se refería al sushi que le invitó tía Carolina la otra vez.
- Es diferente… esta vez te estoy invitando yo.
- ¿Está tu tía en casa?
- No
- Interesante. -sonrío con picardía.
- ¡No pienses cosas raras! - cambié de idea en un santiamén- mejor, olvídalo. - Me di la vuelta y subí corriendo. Siempre tiene que hacerme desatinar ¿cierto?
Pero por alguna razón después de unas horas me encontraba frente a la puerta de Castiel con un tupperware lleno de ensalada y nuggets. Toqué el timbre y esperé un momento. Seguramente miró por el ojillo de la puerta y después de unos segundos abrió. Llevaba un cigarrillo entre los labios.
- ¿Qué quieres? - preguntó. Yo no dije nada y extendí lo que llevaba en mis manos. El pelirrojo examinó su contenido un instante y después de exhalar el humo de su cigarro, habló secamente- Pasa.
¿Huh? ¿Castiel acaba de invitarme a pasar a su departamento?
- ¡¿Piensas quedarte todo el día ahí afuera?!-vociferó. Lentamente me adentré al lugar y cerré la puerta detrás mía. A primera vista, el departamento del pelirrojo representaba el estereotipo de la utopía de un hombre soltero viviendo por sí mismo.
Tomé asiento en un sofá negro y el pelirrojo guardó la comida en su pequeño refrigerador. Llevaba la playera negra sin mangas del otro día y su cabello estaba atado en una pequeña coleta.
- ¿Quieres conocer a alguien?
- ¿Alguien?
- ¡¿Quieres o no?!
- De acuerdo- acepté no muy convencida.
Abrió la puerta de lo que supongo era su habitación (lo deduje por los posters pegados en ella) y un perro dóberman adulto hizo su aparición. El chico lo llevaba con la correa cautelosamente. -Él es "Demonio".
Me acerqué hacia el animal y apoyé mis rodillas en el piso mientras acariciaba su cabeza. Demonio dócilmente se dejaba hacer y movía su cola como una matraca.
- Hmp. Parece que le agradas.
- Parece que le agrado- repetí. Con más seguridad, Castiel soltó la correa y el perro se abalanzó sobre mí, pero de manera amistosa mientras intentaba lamer mi rostro.
- ¡Hey Demonio!
- Lo tengo bajo control- dije incorporándome-siempre le he agradado a los animales.
- De eso me doy cuenta- se dirigió a uno de los sillones y se dejó caer- por eso tú y el delegado se llevan tan bien ¿cierto?
Resoplé ante su mordaz comentario.
- En ese caso, a ti también te agrado, ¿No es así? - inquirí.
-¿Y quién te ha dicho que tú me agradas?
Capté a la perfección su juego y tomé uno de los cojines del sofá y se lo aventé a su rostro. Él respondió de misma manera. Pronto estábamos aventándonos mutuamente todos los cabezales del sofá mientras un confundido Demonio nos miraba y brincaba alrededor nuestro emocionado. Extendí mi mano y me robé la cinta que sujetaba el cabello de Castiel y los rojos cabellos cayeron como una cascada mientras el trataba de dominarme haciéndome cosquillas en las costillas.
- ¡Castiel! E-soo no, jajaja, ¡Para por favor! -imploré con las pocas fuerzas que tenía.
La sensación era agonizante pero aun así mi cerebro estaba alerta de que las fuertes y ásperas manos de Castiel tocaban mi piel y eso me ponía los nervios de punta. Así estuvimos un largo rato, porque nadie cedía ni planeaba perder, pero entre tanto forcejear el uno con el otro sentí que algo había caído de mis jeans. Entonces inesperadamente recordé con preocupación. ¡Oh no puede ser!
Un silencio agobiante se apodero de la habitación, incluso Demonio dejó de ladrar. Mi celular se desbloqueó con el impacto mostrando mi fotografía con Nath y el condón rebotó justo a un lado. Pero cuando tomé los objetos en mis manos intentado esconderlos, era demasiado tarde. Castiel lo había visto todo.
Por un segundo divisé confusión en esos ojos grisáceos que me miraban, como juzgándome. Era bastante sospechoso, una fotografía de Nathaniel y yo juntos y un condón. Incluso yo también hubiera puesto la misma expresión y pensado lo peor, si yo estuviera en la posición de Castiel o cualquiera que hubiera visto aquello.
- Cas …
- Sera mejor que subas, ya se está haciendo tarde.
- ¡No es lo que estás pensando! Yo-
- No necesitas darme explicaciones, ¿acaso te las estoy pidiendo? -me interrumpió tajantemente. Noté irritación en sus palabras. -Vete de una buena vez.
La frialdad con la que pronunció aquellas palabras me congeló la sangre y salí de ahí sin poder defenderme. ¡Maldita sea! Siempre que parece haber un avance entre Castiel y yo siempre sucede algo que lo entorpece. ¿Pero acaso esto podría significar que esta celoso? Es una remota posibilidad. Esa noche no pude dormir.
Oh and I take,
take it in vain
So I fake,
fake it again
Could I
not take it in vain? Oh,
could I
not fake it again?
Can't I
not take it in pain? Oh,
can't I
not fake it again?
Sobra decirlo, pero al otro día lo primero que hice fue tratar de aclarar lo que sea que se le haya cruzado por la mente a Castiel. El pelirrojo iba por los pasillos con Lysandro y lo intercepté. No iba a permitir que se fuera sin poder limpiar mi nombre.
- Eso es todo, así que no te imagines cosas que no son ¿De acuerdo? -Le conté todo a Castiel. Bueno, casi todo, solo exceptúe el nombre de Rosalya en toda la conversación. Después de todo le había hecho una promesa. El pelirrojo esperó a que terminara y una vez fue así, hizo el ademán de alejarse sin mencionar una sola palabra. Lysandro lo esperaba en el otro extremo del pasillo. -¡Oye Castiel, di algo!
- Sí que eres molesta... Ya te he escuchado, ¿qué más quieres de mí? -arrugó sus cejas mientras hablaba.
Entonces la realidad cayó sobre mí como una cubetada de agua fría. A él ni siquiera le importa si hay algo entre Nath y yo.
- Tienes razón, no sé porque me tomo la molestia de hablar contigo.
Durante varios días apenas si nos dirigimos la palabra. Solo para lo estrictamente necesario. Todo era hostil entre nosotros y era una situación desesperante para mí, porque yo que yo más quería, era estar cerca de él.
Me encontraba en una de las jardineras del colegio, repasando unos apuntes de psicología cuando una voz grave llamó mí nombre suavemente detrás de mí.
- Lysandro, hola ...
- Janis, has estado cabizbaja últimamente. ¿Aun no hacen los pases?
- ¿Por qué querría hacer las paces- fruncí el ceño?
- Castiel y tú son fáciles de leer… Si necesitas hablan con alguien, yo esto aquí.
Decidí contarle lo que había sucedido a Lysandro mientras el asentía. El chico pasó una de sus manos por su inmaculada barbilla.
- Los condones son de Rosalya.
- ¿Cómo lo sabes?
- Ella misma me lo dijo.
- Oh – Deben ser muy cercanos.
- ¿Sabes? No deberías preocuparte mucho. Castiel es como es… pero no lo hace con la intención de lastimarte con sus acciones. Lo conozco.
- Supongo que debe ser así. Aunque no sé hasta cuando seguiremos de esta manera, yo también lo he estado evitando.
- Seguramente el será el primero en ceder.
- ¿Eso crees?
- Si
- ¿Por qué?
El no dijo nada, en su rostro tan solo se dibujó una ligera sonrisa indicando miles de cosas que podrían ser o no ser.
- ¡Ugh! Ni si quiera se porque me afecta tanto todo esto…
Porque me interesa. Porque me gusta ser su amiga. Porque quiero que note mi presencia. Porque él me gusta.
No estaba dispuesta a confesar todo lo que paso por mi mente a Lys. Al menos no, todavía.
- Confía en mí. No deberías preocuparte demasiado.
Gracias Lys. Hablar contigo siempre me tranquiliza y de alguna manera siempre estás ahí para mí cuando lo más necesito, y no solo esta vez. Había olvidado agradecerte lo de la fiesta de Kim. Por un segundo tuve la impresión de que el chico se sobresaltó.
- ¿A qué te refieres?
- Estaba muy borracha y no recuerdo todo, pero mi tía me confirmo que fuiste tu quien me llevo hasta casa. Seguramente fui un incordio.
- No te preocupes. -el chico clavó su mirada bicolor en mi un instante, por alguna razón parecía aliviado, -pero sabes, hay algo que si puedes hacer a cambio por mí.
- ¡Lo que sea!
De repente sentí los dedos de Lysandro sobre mi rostro. Tardé un poco en darme cuenta que lo hizo para formar una sonrisa en mi boca con sus propios dedos.
- Con eso es suficiente- dijo relajadamente.
Me quedé en esa posición con esa sonrisa dibujada por el mismo, (literalmente) hasta que solté una carcajada. El aire soplaba con benevolencia y el sol se cernía sobre nosotros, dándome sosiego, aunque la presencia de Lys, seguramente tenía mucho que ver. Gentilmente posé mi cabeza sobre su hombro y el no rechazó mi movimiento.
Ambos nos quedamos ahí, esperando a que trascurriera el tiempo suficiente para regresar a clase
I've sent my heart away,
like heroes in the rain
I've sent my heart away,
like heroes in the rain
