Capítulo 4: "El trabajólico, el maniquí y la voyerista"


La tarjeta era enorme y de un papel grueso y suave. Tenía un borde decorado con dorado y los nombres de los novios más vistosos que las demás palabras que los invitaban a la solemne boda de la heredera del Clan Hyuuga y la promesa rubia de la aldea. Shikamaru le había entregado personalmente la invitación cuando quedaron para almorzar en el puesto de ramen con Choji.

—Un plato regular —dijo el señor Ichiraku mientras extendía el bowl a Shikamaru y éste le daba las gracias—. Y un plato extra grande para ti —dijo cuando le tocó el turno al Akimichi, quien dejó la invitación a un lado con una sonrisa al tener el plato caliente frente a él—. Provecho.

—Ya estaba preguntándome por qué me habías invitado aquí y no a la barbacoa como siempre, Shikamaru —dijo Choji mientras sorbía fideos con sopa caliente. El Nara hizo una mueca.

—Temari dijo que era malo para la salud comer tanta carne roja —contestó, indiferente—, además me pareció coherente con las nuevas noticias —dijo apuntando con la mirada la invitación de Choji que descansaba sobre la mesa entre los dos, con el peligro inminente de ser manchada con sopa—. Kakashi me aseguró que hará lo posible para que todos los invitados estemos libres para la boda.

—Qué bien —respondió el grandulón, tragando una gran cantidad de fideos de una vez.

Shikamaru sonrió para sí mirando hacia su plato y separó los palillos de madera para, recién, comenzar a comer.

—Pareces…, feliz —puntualizó Shikamaru, algo vacilante.

—Lo soy —dijo—, siempre lo he sido —aseguró Choji, limpiándose la comisura de la boca con rapidez para prestarle la atención a Shikamaru que le había estado negando, ocupado comiéndose la mitad de su plato de ramen como si jamás hubiera comido antes.

—He estado preocupado por ti últimamente, después de… —Shikamaru se encogió de hombros, algo culpable—, ya sabes… —«El hecho de que Shikamaru será padre», pensó Choji, adivinando sin problemas las preocupaciones de su mejor amigo—. Lo único que me interesa es que seas feliz, al diablo con la tradición. Lo mismo va para Ino… Ninguno de los tres ha tomado bien la noticia.

—Soy feliz; Ino, en cambio, está enloqueciendo. —Aquello hizo reír a los hombres con suavidad. Nadie había visto a Ino en los últimos días y solo ellos dos, incluyendo Temari, sabían de lo que estaba huyendo—. Pero creo que tú, de los tres, es el que está tomando peor la noticia…, no te preocupes por mí, estoy contento con cosas simples —dijo Choji con una sonrisa amable—. Ya me conoces. Cosas como un buen plato de comida en el estómago, una conversación contigo…, que mis amigos estén felices me hacen feliz. Y soy feliz de que vayas a ser padre.

Shikamaru pareció un tanto aliviado.

—Solo…, no quiero obligarlos a hacer nada. Especialmente a ti.

—No te preocupes —aseguró el Akimichi con una sonrisa que achicó sus ojos. Luego se volteó al señor Ichiraku que intentaba no escuchar la conversación privada sin poder evitarlo—. Otro plato igual, por favor.

—Enseguida.

Pero Shikamaru no tenía tantas de comer como su mejor amigo, y se dedicó a revolver sus fideos en su sopa con los palillos hasta que estuvieron tibios. Choji tuvo que terminar su segundo plato para notar lo lúgubre que estaba Shikamaru, respondiéndole con monosílabos y no dando mayores comentarios. Fue obvio entonces que algo le estaba pasando, al menos para Choji.

—Acaso…, ¿pasa algo?

Shikamaru frunció los labios un par de veces, sin dejar de mirar su plato al que le había comido mucho menos de la mitad, estaba casi como se lo habían entregado.

—Es el trabajo —dijo de inmediato, sin parecer muy convencido—, jamás he sido bueno trabajando —bromeó aunque fuera una mentira, Shikamaru era bueno en lo que hacía—. Pero llego demasiado tarde a casa.

Choji frunció los labios, imaginando a qué se refería Shikamaru con su problema con llegar tarde a dormir.

—¿La señorita Temari se molesta contigo?

Shikamaru se rio de una forma penosa, una mezcla de burla con tristeza.

—Me gustaría que lo hiciera —respondió, sonando abatido—. Quisiera que me gritara y me golpeara, pero ella no dice nada. Ahora que está… —hizo una pausa, Shikamaru aún no tenía asumido la noticia y él pensaba que no lo haría hasta que a ella se le comenzara a notar el vientre—. Las cosas empeoraron, al menos eso siento.

—Entonces por qué no hablarlo, quizás no lo dice para no estresarte… —divagó el robusto, algo incómodo tratando con un tema que él no había tenido que lidiar jamás. En ese momento llegó el señor Ichiraku con un pequeño plato con galletas saladas, una especie de postre después del ramen, y los dos se quedaron callados mientras duró la intervención del cocinero.

Shikamaru dio las gracias y alejó el plato de sí mismo para acercarlo a Choji.

—Toma el mío, yo no tengo apetito. —Choji asintió en silencio pero no se atrevió a comer mientras su amigo estuviera en medio de su confesión. Luego de una pequeña pausa, Shikamaru decidió continuar—. He querido hablar con ella estos últimos días pero no he tenido el valor —dijo y nuevamente rio penosamente—, supongo que no quiero que las cosas se compliquen más de lo que ya están. Con la noticia del…

—Bebé —dijo Choji cuando Shikamaru no fue capaz de decir esa inocente palabra.

—Sé que ella ha estado saliendo con las chicas pero… —Shikamaru frunció los labios—, no es lo mismo. Temari no debería estar pasando por esto sola.

Choji quedó sin palabras, se encogió de hombros y tomó las galletas saladas con un puño y se las metió a la boca. Se sentía aún más incómodo y nervioso que antes.

—Deberías invitarla a almorzar en vez de salir conmigo. Ya te lo dije, no hay necesidad de preocuparse de mí, estoy bien —dijo con una sonrisa queda—. Pasa tiempo con ella, Shikamaru. No deberías huir de ella.

—Lo sé.

Tras una hora de almuerzo, Shikamaru tuvo que irse para volver al trabajo y pagó la cuenta de Choji por más que éste le dijera que no era necesario. Se despidieron con un abrazo y unas palmadas en la espalda, y el Akimichi miró al estratega marcharse a paso lento con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha.


Ino pegó el grito de su vida cuando vio una figura oscura mirarla por el tragaluz.

—¡¿Qué te pasa?! —gritó con el corazón saliéndose por las costillas y Sai se bajó del tragaluz con suavidad. Casi no hacía ningún ruido, quizás cuánto tiempo había estado mirándola.

—Lo lamento, bonita —le dijo sin sonar del todo arrepentido. Llevaba su ropa negra ajustada, ya había dejado la costumbre de mostrar el vientre y lucía más tétrico de lo normal—. Ha sido muy difícil encontrarte, me tomó un tiempo rastrearte sin ser… —Sai se puso la mano bajo el mentón, buscando la palabra que describiera a la perfección su acción.

—¿Sicópata? —siguió Ino, dándose la vuelta para calmar su corazón agitado al recostar su torso, antebrazos y cabeza sobre la mesa de la morgue.

—No era lo que quería decir —dijo él—, pero podríamos decir que sí. —Ino se rio con ironía—. Una flor no debería estar bajo tierra. —Se encontraban en el piso subterráneo y la luz venía principalmente desde las lámparas artificiales en las paredes.

Ino se sonrojó.

—Eso fue muy lindo —suspiró la rubia y Sai se encogió de hombros.

—Sólo hice una metáfora de ti siendo florista y la morgue —explicó—. ¿Hice algo malo? ¿Estás enojada conmigo? —preguntó el pálido sin hacer una pausa en el momento de ternura que recién habían vivido simplemente porque no lo notó, y la florista se puso a la defensiva otra vez—. Según Sakura me estás evitando.

—¿Hablaste con Sakura sobre nosotros? —Ino sonaba ofuscada.

Sai percibió que había habido una mala maniobra de parte de él y rebobinó sus memorias para entender el por qué, y como siempre le pasaba, no encontraba nada malo en lo que decía o hacía.

—Sakura es nuestra amiga, ¿no es natural compartir nuestros problemas con los amigos para escuchar sus opiniones y consejos, y así poder solucionarlos?

—¡No lo sé, Sai! —exclamó Ino con un tono sarcástico que Sai no notó—. ¿Tenemos problemas? —De nuevo aquella exclamación gritada, áspera y sarcástica.

—Eso es lo que quiero descubrir, Ino. Por eso te busqué para preguntártelo, según Sakura estás teniendo un problema que no es un problema para ella porque eres histérica. Y la señorita Temari dijo que no debería preguntarte porque seguramente no es nada.

—¡Quizás mi mejor amiga deba ser Temari y no Sakura! —gritó ella para luego bufar enfadada y Sai se tomó un momento para pensar en lo que estaba pasando.

Tras un silencio, el pálido puso su dedo más profundo en la herida supurante y sentimental de Ino.

—Estoy percibiendo que estás enojada, ¿estoy en lo correcto?

—¡Eres un tonto! —le gritó en la cara y sus mejillas se enrojecieron—. ¡A veces actúas como un maniquí sin corazón! ¡Ah! ¡Cómo odio eso!

—No soy un maniquí y estoy bastante seguro que tengo un corazón.

—¡Figurativamente!

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Otro bufido de Ino y se quedó callada pero no dejó de mirarlo furiosa y terminó por cruzarse de brazos. La expresión de Sai no cambió ningún ápice.

—¿Cómo es estar enojado? He deseado sentirlo hace días, Naruto me ha dicho que debería experimentarlo y que no entiende por qué no me ha pasado siendo tu novio. Dijo que también debería haberme estresado… —Un grito lo acalló y Sai abrió los ojos con sorpresa porque, otra vez, no comprendía cómo la situación se le había ido de las manos.

Ino se volteó hacia la despensa de la habitación de la morgue y le aventó cuencos vacíos, tijeras y cajas llenas de jeringas que Sai logró esquivar con facilidad, y pronto un uniformado entró por la puerta invitado por el desorden. El recién llegado miró la situación sin interferir porque era una escena rara de ver, era sabido que eran novios y era sorprendente que tuvieran momentos violentos.

—Ino, sabes que esquivaré todo lo que me lances y sólo consigues romper propiedad de la aldea.

—¡Lárgate! —le gritó y la rubia se dirigió al uniformado con rapidez—. ¡Échelo! ¡No quiero verlo aquí!

Sai se dejó de mover cuando los proyectiles cesaron y miró a su novia con sorpresa, luego miró al uniformado y terminó por volver la vista a Ino. El uniformado hizo lo mismo y sabiendo que Sai perteneció a la Raíz, no tuvo deseos de entrometerse.

—Señor…, por favor, le pediré que se retire.

Sai acató cabizbajo y se alejó por el pasillo pensando que debería decirle algo a Ino antes de marcharse. El uniformado caminó junto a él para asegurarse que cruzara la entrada principal, con el deseo interno que no volviera para no tener que enfrentarse con Sai. Sin embargo, el pálido lo miró con el ceño fruncido pero la mirada confusa.

—¿Cómo es estar enojado?


Tenten volvía a su casa en las primeras horas de la noche, cansada y aburrida, por lo que no vio como mala idea dar una vuelta larga por el parque. Se había quitado los tacones porque sonaban demasiado sobre el camino de piedra y seguía teniendo la necesidad de ser sigilosa en tiempos de paz. Las plantas de sus pies apenas arrancaban sonidos de los adoquines y rápidamente eran alejados por el viento que pululaba entre el pedazo de bosque que era el parque.

Aquella fue la razón por la que Tenten fue capaz de captar la conversación que en otra situación habría obviado.

«—¿Quién se detiene a conversar en medio de los árboles en una noche tan cerrada como ésta? —pensó ella con algo de burla—. No soy una voyerista —se dijo a sí misma al dedicarse a buscar de dónde provenían las voces.

Por supuesto que estoy segura —dijo la voz femenina—, ¿no te hace feliz la noticia? —continuó ella y Tenten, sin verla, supo que al menos ella era feliz. El hombre simplemente gruñó sin sonar enojado y ella rio—. ¿Quieres sentirlo?

Siguieron la conversación sin notar que Tenten caminaba silenciosamente hacia el camino imaginario entre los árboles, por donde la pareja se había alejado de los adoquines y de la vista de los demás transeúntes.

Tenten alargó el cuello por el pasadizo natural de ramas y lo que la luz de la luna le mostró fue a la pareja en una escala de azules y blancos, ella mucho más baja que él. Tenten pensó que debería retirarse antes de ser descubierta.

Alguien nos ha visto —murmuró la voz profunda de él y la chica ladeó la cabeza bruscamente hacia donde estaba la chica de los moños, que rápidamente salió del lugar con el corazón latiéndole rápido.

La imagen de la chica se le quedó grabada en la retina de Tenten mientras huía y aunque llegó a estar muy lejos del parque, Tenten no estuvo contenta por la distancia que había logrado poner entre ella y la pareja. Con la respiración profunda y rápida, la chica se detuvo cuando le fue difícil respirar y se acercó velozmente una esquina para vomitar como hacía últimamente. La tos que le produjo su malestar alertó a un conocido.

—¿Tenten? —la llamó la extranjera de tono áspero. La aludida se volteó hacia Karui como si la hubiera pillado en medio de un crimen y sufrió un mareo—. Tonta, es mejor que te sientes.

—Estoy bien —respondió ella, viéndose completamente opuesta a su dicho. Karui chasqueó la lengua y buscó en la bolsa de papel que traía en un brazo. Le acercó a la boca un trozo de chocolate y Tenten apartó la cabeza cuando el olor le llegó a la nariz—. No quiero.

—Cómetelo —le ordenó la morena—, te ayudará a no desmayarte —explicó y tras unos titubeos, Tenten mordió el chocolate con un poco de asco—. Te llevo a tu casa.

—Estoy bien, en serio —le dijo y Karui se largó a reír con burla—. Sólo estoy enferma del estómago, algo me cayó pésimo…

—¿Estás segura de que no estás embarazada?

—¡Dios, no! —Tenten se levantó de un salto y su vista se oscureció por un momento—. ¿Tú también? ¿Fue Ino la que te contó el chisme?

—¿Qué? No —respondió la extranjera algo enojada—, odio los chismes. Fue sólo una maldita pregunta.

La valentía de Tenten desapareció en tanto la fuerza del mareo amainó y recordó el miedo que le tenía a Karui.

—Perdón, pensé que… —tartamudeó—, no importa…, señorita Karui. Lo lamento, no debí hablarte así.

Karui simplemente chasqueó la lengua e hizo el ademán de retirarse, y Tenten entró en pánico. Si no podía lidiar con Karui en su estado normal, menos podría acercársele si estaba molesta con ella.

—¿Estás haciendo una cena especial? —preguntó Tenten, apuntando su bolsa y la lengua torpe. Karui miró su bolsa y la ocultó un poco, como si no quisiera que la descubrieran. Si su piel no fuera tan oscura, quizás Tenten habría notado un sonrojo sutil.

—No —respondió raudamente y tan pronto como quedó sin palabras, Karui intentó parecer calmada—. En mi país no tenemos alimentos así.

—Oh.

—Ya sabes, por el desierto.

—Ah. —Tenten sonrió sintiéndose un tanto más tranquila y superior al no ser la nerviosa por una vez—. ¿Sabes? Conozco a un amigo que podría enseñarte ingredientes y recetas. Es Choji, lo conoces, ¿verdad? Es un excelente cocinero aunque más en la teoría que en la práctica —rio.

Pero a Karui eso no le hacía sentido y se puso seria en el acto.

—¿El grandote? —Tenten asintió—. No sabe cocinar.

—¿Quién te dijo eso? —Como Karui no respondió, Tenten continuó—. Es Choji, ¿el gordito? Sí, el mismo. Ama la comida, por supuesto que sabe cocinar y todo sobre…, tú sabes, la comida.

—Ah.

Karui y Tenten comenzaron a caminar al unísono, como si se hubieran leído la mente y acordaron telepáticamente que Tenten acompañaría a la extranjera al menos a la puerta de su casa. Estuvieron un rato calladas, cada una pensando en lo propio hasta que Karui gruñó.

—¿Qué era lo que hacías antes?

Tenten resopló.

—Escuché algo. Fue sin querer. Digo, ellos eran los que estaban hablando de cosas privadas en medio del parque cuando pasé. Quizás hice mal en acercarme pero… —Tenten se calló en tanto notó lo rápido que vomitaba las palabras, tal como vomitaba todo lo que comía—. ¿Sabes? Quizás sí estoy embarazada porque un intruso entró por mi ventana y me hizo el amor sin que me diera cuenta mientras dormía.

Karui rio con ganas aunque a Tenten le pareció una risa un tanto macabra.

—Estás loca, ¿lo sabías? —dijo—, ¿un intruso? Debe tenerla muy pequeña si no notaste que te hacía el amor —bromeó y la chica de los moños se turbó por esa nueva faceta de Karui—. Hablando en serio, ¿qué fue lo que escuchaste? ¿Información clasificada? ¿Acaso hay aldeas que se quieren levantar en contra de otras? —Se interrumpió a sí misma al imaginarse un escenario peor—. ¿Es mi aldea la traicionera?

—No…, digo, es una tontería. No sé ni siquiera por qué me preocupo si simplemente es un chisme. —Pero sí lo sabía—. Supongo que es grave el hecho de que escuché algo privado de Sasuke Uchiha.

—Ese maldito —escupió Karui—, no sé cómo lo aceptaron después de todo lo que hizo. Yo jamás olvidaré lo que hizo con mi maestro —aseguró ella, aunque Tenten sabía que su rencor solamente daba para odio y ninguna acción en concreto—. ¿Acaso él se quiere revelar otra vez? No me sorprendería…

—No, para nada… —dijo Tenten—. Escuché que tendrá un hijo con Sakura.

Karui paró en seco y la miró con los ojos bien abiertos.

—¿Es eso lo que te tenía preocupada?

—Osea, sí…, pero nada más porque me han visto espiarlos —explicó—, Sakura me vio…, así que si eso se llega a saber, será a la primera que me culpen.

Karui chasqueó la lengua.

—De mí no se sabrá.

—Señorita Karui, ¿puedo quedarme un rato en tu casa? No quiero estar sola esta noche.

—¿Estás preocupada porque Sasuke Uchiha te venga a cortar la lengua? —bromeó amargamente Karui y Tenten apenas pudo sonreír, el malestar la estaba mareando otra vez.

—Ahora que te dije lo que vi, también te la cortará a ti.

Ambas rieron suavemente.

—¿Segura que no estás embarazada? —preguntó Karui con un tono de broma y Tenten frunció el ceño.

—¿La verdad? No lo sé —confesó con los hombros caídos—. Pensaba visitar a Sakura para que me hiciera exámenes. Ya dejé de confiar en mí —dijo.

—Será del intruso entonces.


Nota de la Autora: Esta vez de degradaré de Autorísima a sólo Autora porque no me siento feliz con el capítulo pero ya colapsé y quiero subirlo jajaja La escena que encuentro extraña es la de Tenten con Karui, supongo que quise amigarlas(?) y tenía la idea de que ella espiara a Sakura con Sasuke... No sé, espero poder volver a ser graciosa porque la escena de Shikamaru y Choji se me hizo muy tristona jajaja ¿qué me ha pasado? x'D

Besotes, espero que no les haya aburrido tanto, RP.