Nuevo capítulo después de mucho tiempo!! El siguiente tal vez tarde también... Aunque tampoco es que haya mucha prisa XD

Ouka, gracias por tu review :) Me alegro de que te gustara el primer capítulo y espero que los otros también fueran de tu agrado! Intentaré continuarlo; de momento ya tengo casi toda la historia pensada XD (aviso: la trama empezará a volverse más y más disparatada conforme avance su desarrollo!).


Capítulo IV: ¡A comer!

Se acercaba la hora de cenar, pero ya no podía esperar más. Tras un día entero sin probar bocado, sin dinero y sin tabaco, y con el agravante de estar en una ciudad que no le sonaba de nada, un joven rubio paseaba desorientado en busca de alguna moneda extraviada que pudiera haber por el suelo. Si encontraba algo, tal vez podría gastárselo en una tragaperras, y entonces a lo mejor conseguía un pequeño premio que le valiera para pagarse una cena esa noche.

Godai se llevó las manos a la cabeza desesperado. Sabía que eso era altamente improbable. Seguramente tendría que aguantar toda la noche sin llevarse nada a la boca... ¡Y todo por culpa de ese monstruo!

Además de haberlo metido en ese berenjenal en contra de su voluntad, lo había vuelto a encerrar en la dichosa maleta y se lo había llevado a rastras hasta la puerta de una casa en la que, por lo visto, iban a quedarse él y la niña a cenar. Pero claro ¡al bueno de Godai que lo partiera un rayo! Para él no había cena. El demonio fue muy claro al respecto; le dio un cigarrillo que había sobrado del último paquete y lo mando a que se buscara la vida como le fuera posible. ¡Como si fuera un perro!

Exhausto, el gamberro se sentó en un banco del parque y se quitó los zapatos. Tenía los pies molidos, y eso que la mayoría del día había estado dentro de una maleta. Justo cuando había empezado a ponerse cómodo y a hurgarse distraídamente un oído, se dio cuenta de que había alguien a su lado. Era un chico bastante grande, con pintas de duro y una melena engominada hacia atrás. No podía ser mayor de veinte años, aunque cualquiera lo hubiera dicho, porque el chaval imponía con esa chupa de cuero y esas gafas de pandillero. Sin embargo, radicalmente contrapuesto a ello, estaba el hecho de que el chico estaba sollozando como un crío con un tubo de escape abollado en las manos. Godai no conocía la historia, pero la moto de Kenji Harima había pasado a mejor vida ese día.

En condiciones normales, Godai no era muy dado a hablar con gente así, y menos aún en momentos como ése. Pero el rubio sintió una especie de "simpatía" por el chico, le recordaba (muy en el fondo) a sí mismo... sólo que él no había sido tan llorica.

-Esto... ¿Ha habido problemas con la moto...? –dijo por decir algo.

Evidentemente y como ya se dijo, Godai no estaba muy habituado a tratar circunstancias como la presente.

Harima dejó de mirar el tubo de escape y se fijó entonces en el desconocido que se había sentado a su lado. Tenía un rostro especialmente cansado, como si se hubiera pasado toda la tarde dentro de un espacio terriblemente reducido con muy mala ventilación.

-Ah... ¿L-la moto? –Harima arrojó el tubo de escape a sus espaldas, como intentado ocultar al mundo que había estado lamentándose de la vida-. No, sólo estaba pensando qué hacer con ese tubo de escape que me había encontrado por ahí... Debió de metérseme algo en el ojo y se me escaparon algunas lágrimas... Nada importante, ya sabes.

La excusa de Harima fue tan mala, que era obvio que ni siquiera él esperaba que se la creyera el desconocido del pelo rubio. Sin embargo, Godai decidió que era una buena forma de verse libre de la obligación moral de animar a un alma descarriada como la suya.

-Oye, tú tienes pinta de entendido. ¿Sabes de algún sitio en el que pueda comer por la gorra?

Harima se llevó las manos a los bolsillos preocupado. Itoko había salido esa noche y él estaba sin blanca, por lo que estaba exactamente en la misma situación que Godai.

-Créeme, me gustaría saberlo... –dijo desperezándose-. Pero siempre podemos ir a ver si damos con algo.

Los dos macarras se levantaron al unísono. Acaban de conocerse y ya había nacido entre ellos una profunda compenetración, sin duda comparable a la de cualquier tipo de animal gregario. Esa noche ambos estaban en la ruina y el único modo de sobrevivir al hambre era unir fuerzas. Se estrecharon las manos de forma ceremoniosa y se presentaron haciendo gala de sus gestos más chulescos. Sería una noche larga, pero algo sacarían... Y si no, siempre les quedaría tener a alguien con quien compartir las penas.

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-¡Caray, Yako! –exclamó una alegre Tenma-. No me esperaba para nada que fueses a venir a cenar.

-Es que... yo... –intentó explicar la rubia sin que le viniera nada a la cabeza.

Acababan de sentarse a la mesa mientras Yakumo había ido a traer la cena. Tenma sonreía divertida, tan entusiasmada que no se había dado cuenta de que nadie había ido a ayudar a su hermana.

-Oye ¿y quién es ese amigo tuyo? –preguntó la niña mirando al extraño del traje azul.

Yako había intentado por todos los medios retrasar las presentaciones lo máximo que le fuera posible. No deseaba verse en el aprieto de ser la culpable de relacionar a dos chicas inocentes con un monstruo de los infiernos como ése. Sin embargo, la cosa ya era inevitable.

-Éste es... –empezó a decir, pero se encontró al momento con una mano haciéndole presión sobre la cabeza.

-Soy tan sólo el ayudante de la detective –interrumpió sonriente el demonio, que parecía obcecado en tener siempre la última palabra-. He venido corriendo desde nuestra oficina porque esta mañana mi jefa me llamó diciendo que su agudísimo olfato para los misterios le había avisado acerca de un posible caso en los alrededores... ¡Y aquí estoy!

Un vez más, Neuro había metido a su pobre humana en una situación comprometida. Tenma miró a Yako con los ojos brillantes de emoción y las coletas de su pelo moviéndose de puro entusiasmo.

-¿Un caso? –preguntó-. ¡Y además puedes saberlo antes de que ocurra! Cómo se nota que eres una gran detective- ¿Pero por qué no me dijiste nada cuando te pregunté esta mañana?

Yako se había visto atrapada dentro de la mentira de su ayudante. Sólo podía seguir el juego y tratar de dar una explicación razonable. Justo iba a hacerlo cuando el demonio le tapó la boca y dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre ella, dedicándole una sonrisa a Tenma.

-A mi jefa no le gusta nada hablar de trabajo con sus amistades. Es más, me tiene ordenado que me asegure de cerrarle la boca si por cualquier motivo se siente tentada de hacerlo.

Acabada la explicación, Neuro apartó sus garras de la rubia, que estaba al borde de la asfixia por la presión que había ejercido el monstruo sobre ella.

-Ah, bueno –dijo Tenma satisfecha con la explicación y sin prestar atención a la cara de agobio de la detective-. De todos modos, espero poder verte en acción pronto.

-De eso no debes preocuparte –dijo Neuro, con ese brillo demoníaco a sus ojos-. A que no ¿verdad jefa?

El demonio volvía a lucir su falsa sonrisa de siempre, haciéndose el inocente. Yako se limitó a mirarlo mosqueada. Qué fácil era manipular a la gente siendo un monstruo como él.

Justo en ese momento llegó Yakumo con la cena. Su hermana celebró que hubiera preparado su plato favorito y, dando las gracias por la comida, se lanzó al ataque. Lo mismo ocurrió con Yako, que una vez vio la buena pinta que tenía la cena, se olvidó totalmente de sus problemas y empezó a engullirla con entusiasmo y muy buen apetito. La propia Tenma se llevó una sorpresa pues, aunque ya sabía que la rubia era una auténtica glotona, nunca antes la había visto comer con tantas ganas. Cuando Yakumo miró de pasada a Yako, vio que el pensamiento de su cabeza había cambiado. Ahora se veía con total claridad, la chica tenía una idea bastante parecida a la de su amigo: "¡Qué bueno está esto, quiero que esta chica cocine para mí durante el resto de su vida!".

Sin embargo, el pensamiento del demonio seguía siendo el "Tengo hambre" de antes. A Yakumo le extrañó porque, por más que comía, la idea seguía en su cabeza. Para Neuro, era exactamente lo mismo comer comida humana que comer tierra. No podía sacar ningún nutriente de algo así, lo estaba haciendo sólo para aparentar normalidad ante las chicas. No obstante, tenía que admitir que ese pedazo de tierra en concreto sabía bastante bien... dentro de lo que cabía esperar. Pero estaba claro que no había ido a esa casa sólo para perder el tiempo haciendo como que comía; tenía que hacer un experimento. Lo primero era desviar la atención de la gente. Con disimulo dejó caer sus palillos al suelo.

-¡Oh! –exclamó con falsa preocupación-. ¡Qué torpe soy! Iré a la cocina a buscar otros; es que soy muy escrupuloso con las cosas que se caen al suelo.

-No importa –dijo la siempre servicial Yakumo-. Te los traeré yo, de todos modos tengo que ir a llevar mi plato.

Neuro sonrió mientras veía a la chica marcharse. Con asombrosa rapidez, agarró a una distraída Yako por la cabeza, haciendo que casi se atragantara con lo que estaba comiendo.

-¡Increíble! –dijo maravillado. De pronto miró a Tenma, que también había estado distraída con su comida-. Mi jefa acaba de llegar a una conclusión interesante acerca de un caso que tuvimos hace tiempo. ¿Te importaría taparte los oídos un momento y mirar para otro lado? Es que la policía nos hizo prometer que no le diríamos nada a nadie; es confidencial...

Inocente como ella sola, Tenma obedeció al hombre de los abalorios y empezó a canturrear con los oídos tapados para no escuchar nada. Yako ya sabía lo que iba a ocurrir, lo supo en cuanto Neuro alzó la mano para invocar algo.

-"Uno de los Setecientos Setenta y Siete Instrumentos del Mundo Demoníaco" –anunció con gesto teatral al tiempo que algo se materializaba con un destello maléfico en sus manos-; "Interferómetro de Resonancia".

Se trataba de una diminuta antena parabólica de aspecto siniestro; roja y con una curiosa textura ósea.

-¿Q-qué es eso? –preguntó Yako.

-Es un aparato que causa interferencias y alteraciones en las ondas que emite el cerebro. Parece ser que esa chica puede captarlas con mucha claridad, con este utensilio veremos hasta dónde llegan sus habilidades.

-¿Puedo mirar ya? –preguntó una impaciente Tenma.

-¿Pero de qué estás hablando? –se extrañó Yako, ignorando a la chica.

-Es esa tal Takumo la fuente de esa energía extraña que detecté antes. Sólo quiero saber la intensidad de su anomalía. El Interferómetro de Resonancia intentará anular sus poderes, obligándola a concentrarlos al máximo para vencer las interferencias.

-¿Y qué pasará si no puede vencerlas?

-Que le explotará el cerebro –respondió Neuro sin darle importancia.

En ese instante, entró Yakumo por la puerta con los palillos para Neuro. Le sorprendió ver a su hermana con los oídos tapados y mirando hacia el suelo, pero fue mayor su sorpresa al ver la expresión de horror de la chica rubia y el pensamiento que flotaba sobre su cabeza: "¡El cerebro!".

Neuro encendió entonces el aparato con una sonoro "click".

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Con la noche ya muy entrada, Godai y Harima seguían deambulando por las calles sin mejor suerte que hacía unas horas y hechos un par de esqueletos vivientes. Los habían echado de todos los sitios imaginables, hasta de un albergue para pobres en donde se habían intentado hacer pasar por vagabundos (con esa desesperación que sólo da el hambre). Normalmente, Godai se hubiera abierto camino a base de puñetazos hasta cualquier sitio en donde pudieran servirle un buen bol de arroz con ración extra de curry, pero aquel día no estaba para muchos trotes después del viajecito que le había regalado su jefe.

Arrastrando los pies y con el alma por los suelos, Kenji Harima se lamentaba de su mala suerte y se juraba a sí mismo que empezaría a ahorrar a partir del día siguiente. Aunque sabía muy bien que esas cosas le servían de poco a alguien como él...

-¿D-de verdad no tienes ningún amigo que nos pueda invitar a algo? –preguntó Godai por novena vez, llevándose las manos a su rugiente estómago.

-No tengo muchos amigos –respondió el susodicho, con el mismo gesto que el rubio-. Y no creo que a nadie le haga gracia que nos presentemos en su casa a estas horas pidiendo comida...

-Bien andamos...

Siguieron andando, apoyados el uno en el otro para no caerse de puro agotamiento. Había que ahorrar energías para no acabar cayendo en la autofagia. Fue entonces, quién sabe si por un capricho del destino o sencillamente porque la gente del tipo de Kenji Harima gozaba de esporádicos y curiosos estallidos de buena suerte, cuando Mikoto Suô, una de las amigas de Tenma, había salido a sacar la basura. La peliazul se encontró nada más salir de casa con los dos desnutridos jóvenes, y a punto estuvo de creerse que eran dos yonkis dispuestos a atacarla. Estuvo por ponerse en posición de combate, pero descubrió que la cara de uno de los yonkis le era muy familiar.

-Eh, Harima –lo llamó-. ¿Qué haces a estas horas por aquí?

El antedicho se giró para mirar a la chica, a la que ni siquiera había reconocido dado lo absorto que estaba pensando en cosas que le hubiera gustado comer si tuviera dinero. Lo cierto era que ofrecía una imagen realmente contradictoria a su fachada de tipo duro: con la cara pálida y escuálida, apoyado por un lado en su acompañante y por otro en un bastón de madera que se había encontrado en un contenedor. Era evidente que cualquier tipo de estrago se manifestaba de forma exagerada en Harima.

-Co... comida... –alcanzó a decir por puro instinto.

Una gota de sudor apareció en el rostro de Mikoto. En condiciones normales no hubiera hecho algo así, pero dada la lastimosa estampa que tenía delante de los ojos...

-C-creo que ha sobrado bastante comida esta noche. ¿Queréis que mire a ver si...?

Los dos gamberros se recuperaron milagrosamente en cuestión de milésimas de segundo. Ambos se irguieron en toda su altura y recuperaron el color en la cara. Parecía como si la sola posibilidad de llevarse algo a la boca los hubiera alimentado como por arte de magia.

-Gracias, amiga de Tenma –dijo un serio Harima-. Eres una tía legal.

Mientras los dos robustos hombres entraban en la casa, Mikoto reía nerviosa preguntándose si realmente había hecho bien al ser tan buena amiga.


Gracias por haber leído hasta aquí! Para los que no lo hayan pillado, Mikoto sólo iba a ofrecerles las sobras en una fiambrera... Pero ya sabéis que el que ofrece la mano a veces se queda sin brazo! XD

Saludos!!