Disclaimer: ningún personaje es mío pertenecen a Stephenie Meyer.
Notas de la autora: creo que en este capítulo me he demorado más, lo siento, primero porque he estado organizando un festival con mis demás amigos de la universidad, cosa que me ha llegado a aterrorizar porque soy nula en cocina, bueno los postres me salvan, y segundo porque gracias al festival he llegado a quemarme por el sol, ahora estoy de dos colores. Bueno lo único para decirles disfruten el capítulo; por cierto agradecer a todos los reviews así como las suscripciones, gracias.
Tortura.
Los vampiros no cenan.
Me desperté al mediodía, había podido dormir tranquilamente; sabía que él me velaba los sueños, me gire despacio; me encontré con sus ojos, dorados; me miró; sonreí; hace días que no despertaba así, la sensación era muy buena, felicidad, me acerque lentamente; bese sus labios, eran fríos, duros; pero apropiados, adecuados; se adaptaban perfectamente a los míos, y llegaban a formar una danza; casi prohibida e única, llegaban a ser dulces y dejaban huella.
- Será mejor que te duches – me sugirió Edward, cuando nos separamos.
- Si – contesté mientras me levantaba; en mi mente solo estaba ocupada por el consejo que me daría Alice.
Me encerré en el baño, con el móvil, Edward podría llegar a escuchar algo; estaba tan nerviosa que marque mal el número, para luego corregirlo; las timbradas me ponían más nerviosa mientras aumentaban ansiedad, Alice debería saber que la llamaba, pero aún así no contestaba.
- Alo – contestó una voz cantarina.
- Hola Alice – dejé que las palabras salieran apresuradamente, ella debía intuir mi nerviosismo.
- ¿Para que me llamas? – preguntó, ella lo sabía pero aún así esperaba hacerlo más difícil, complicado.
- Ya debes de saberlo – murmuré; no entendía que de por sí era penoso pedirle un consejo de ese índole, acaso no sabía como me sentía; le gustaba hacerme sufrir.
- Prefiero que tú me lo digas – indica.
- Por favor – le pido, sabiendo que es una batalla perdida, pero aún así guardo la esperanza.
- Bella, no te ayudaré sino me lo dices – deletrea las palabras, sabiendo que dio en el punto, sabiendo que yo lo diré.
- Bueno – respiró hondo – quiero provocar a un chico.
- Para eso necesitas mi ayuda – murmura, como si no tuviera ganas, pero muere por aconsejarme, solo quiere que algo a cambio.
- Alice, ayúdame – le digo.
- Con una condición – imagino que lo disfruta.
- ¿Cuál?, la que sea – respondo, no me entiendo estoy desesperada.
- Serás mi modelo, un mes entero – dice, lo pienso.
- Sí – aceptó su propuesta.
- Primero haz una cena, a la luz de las velas – propone – con un buen vino – agrega.
- ¿Nada más? – preguntó, no pensé que fuera tan fácil, si lo hubiese sabido me hubiera ahorrado todo el mal rato.
- No, espérate – me interrumpe – tienes que llevar un vestido coqueto.
- ¿Qué? – grito, eso sale de mis límites; sentí el calor de mis mejillas, me había ruborizado.
- Rosalie tiene uno en su armario - ignora mi grito – es negro de tirantes, te quedará muy bien Bella – agrega.
- Pero… - traté de disuadirla.
- Me cuentas como te fue – dijo, para luego cortar.
Ni siquiera el baño que me di, logró disipar mis dudas, me debatía entre hacerlo o no, si bien moriría de la vergüenza; quizás no era tan malo tratar de intentarlo, quizás llegaría ser satisfactoria; y lo decidí, decidí hacer lo que Alice me dijo, pero a cada momento el pánico y la vergüenza me asaltaban, podía llegar a ser malo como bueno; ¿por qué tenía que adoptar una actitud pesimista?.
- ¿En qué piensas? – preguntó Edward, me había abrazado mientras estaba peinándome, me asustó un poco, pero también sentí mí corazón estallar; cuando su aliento rozó mi cuello.
- Pronto te enteraras – contesté, mientras volteaba lentamente, me quedé mirándolo; su rostro era perfecto, sus ojos dorados me volvían loca; eso hizo que me olvidará de la vergüenza, intentaría seducirlo.
- ¿Por qué tardabas en bajar a comer? – interrogó; su terciopelada voz me saco de mis pensamientos.
- Me demoré bañándome – dije.
- Baja a comer, Bella, yo he preparado el almuerzo – indicó.
Era verdad, me había hecho el almuerzo; era un bonito gesto, pero mi mente no maquinaba lo de bonito gesto sino que se imaginaba a Edward cocinando se le debería ver demasiado sexy; si no me hubiese demorado, en esos momentos me maldecía a mí misma, por estar tan metida en mis pensamientos, que ni siquiera había sentido el olor de tan deliciosa comida.
- Voy a comprar algunas cosas – dije, mientras tomaba un poco de jugo.
- ¿Quieres que te lleve? – preguntó.
- No será necesario; si quieres puedes ir de caza – solté era mejor tener la casa para mí sola.
- ¿Quieres que vaya de caza? – preguntó incrédulo.
- Era una sugerencia, pero hoy voy a estar algo ocupada – contesté, rogaba con todas mis fuerzas que siguiera mi consejo y se fuera de caza.
No dije nada más salí corriendo, mientras cogía mi cartera, no quería sonrojarme en frente de él; pensaría que algo me preocupaba, sentí alivio ya que sabia que él no podía leer mi mente, no sabía lo que pensaba; cuando llegue al supermercado, estaba sonrojada; quizás al final mi vergüenza ganaba está batalla; esperaba que no. Mientras miraba pasaba por los pasillos del supermercado escogiendo lo necesario para hacer espaguetis, me sentía desesperada, no sabía si llevar el plan a cabo o no, cuando mi celular comenzó a sonar.
- Bella – habló una voz cantarina, se notaba la diversión en su voz.
- Sí – dije pesadamente, no sabía Alice que estaba luchando conmigo misma.
- ¿Qué haz pensado hacer de cenar? – preguntó tranquilamente, con una tranquilidad inquietante.
- Espaguetis – contesté forzadamente.
- Delicioso, ¿te has probado el vestido? – interrogó ansiosa, en realidad ese era su objetivo; saber si me había probado el vestido, pero sabía que dejaría esa parte para el final; quizás la vergüenza ganaba antes de ponérmelo .
- No – dije, sabiendo que la había dejado decepcionada.
- Pruébatelo cuando regreses, a fin de cuentas tú eres el postre – argumentó.
- ¡Que! – grite y deje caer una caja de jugo.
- ¿Qué pensabas? – preguntó ella, no sabía que me había puesto nervioso, o lo había hecho a propósito.
- Íbamos a cenar – contesté algo cohibida.
- Bella, tú misma dijiste quiero provocar a un chico, no dijiste quiero tener una cena romántica a la luz de las velas – indicó Alice.
- Si lo sé – le di la razón, en verdad la tenía yo no quería que eso acabara en una linda cenita, sino quería que se cumplieran mis pensamientos, mi deseo más latente.
- Todo saldrá bien, adiós – se despidió, había llegado el pánico, no hacían más que torturarme, directa o indirectamente.
Regresé a casa esperando que el pánico, la vergüenza y los malos pensamientos se quedaran atrás en el supermercado, en la carretera o en el auto; más cuando entre a la casa, estos seguían presentes, no se alejaban; me relaje un poco al no encontrar a Edward por allí; seguramente se había ido de caza. Me dirigí a la cocina y decidí comenzar la cena, eran las cinco, me daba tiempo para prepararme y terminarla; termine en una hora, estaba todo listo; pero yo estaba cada vez más nerviosa.
Puse la mesa, cerca del piano, para dos, pensé que a la luz de las velas sería mejor y así lo hice; había quedado perfecto; era hora de ver el dichoso vestido; cada vez me ponía más nerviosa y ansiosa, cuando llegue a la habitación de Rosalie; sentía que entraba al mismo infierno, sabía como eran las prendas que le gustaban a Rosalie, y suponía que el vestido debería de ser de infarto; pensaba en el vestido y más me ruborizaba; camine temblorosamente, temía abrir el armario; era como si mis peores pesadillas iban a ser sueltas; lo abrí cuidadosamente; y encontré lo que buscaba; era negro, sin pedrería pero con tirantes; tuve un impulso y decidí ponérmelo; seguramente estaba ridícula, no quería mirarme al espejo; seguro estaba espantosa; a pesar de mi miedo me dirigí al espejo; la imagen que me devolvía, me dejó con la boca abierta, me queda exacto, podía decir que hasta me veía sexy; sonreí satisfecha, busque unos zapatos a juego; rogando por que esa noche no sufriera una caída, y tuviera que pasar toda la noche en el hospital.
- ¿Bella? - preguntó una voz aterciopelada que logró sacarme de todos mis pensamientos.
- Ahora bajo – contesté mientras, sentía que cada vez me ponía más nerviosa.
- Hola – susurré estaba esperando debajo de la escalera; aún en la penumbra se le veía sumamente guapo; con el cabello algo despeinado y la camisa fuera del pantalón.
- Hola, Bella – contestó él mientras se volteaba; y su mirada se perdía en la mía, contuve el aliento; sus ojos dorados bajaron por mí cuerpo.
- ¿Te gusta? – solté, nunca pensé llegar a ser tan directa; llegue a sonrojarme.
- Sí estás, hermosa - murmuró; quería saltar de alegría, pero me contuve.
- Acompáñame – dije mientras le agarraba de la mano, y nos dirigíamos a la sala.
- Bella, ¿qué es esto? – preguntó.
- Pensé que podríamos cenar juntos – contesté, con una sonrisa; la verdad que me sentía feliz el plan marchaba a la perfección.
- Bella – comenzó a hablar pausadamente él – los vampiros no cenan – el mundo se me callo, como había obviado ese pequeño detalle; y Alice, ¿por qué no me lo había dicho?, seguro le parecía divertido; ahora me iba a escuchar.
- Espérame un momento – dije mientras me dirigía a la cocina, marque lo números rápidamente.
- Bella – contestó – tan pronto llamas, ¿qué tal te fue?
- Alice, creo que te olvidaste de un pequeño detalle – solté, amargamente, estaba haciendo el ridículo, con Edward.
- ¿Cuál? – preguntó ella, usando su voz cantarina, que en esos momentos me ponía fuera de mis casillas.
- Edward es un vampiro, no cena – contesté.
- Ups, lo olvide – indicó ella – pero tu dijiste quiero provocar a un chico, no un vampiro, allí cambian las cosas.
- ¡Cállate! – espeté, quería librarse, y no entendía que había hecho el ridículo, no entendía como me sentía, y así se hacía llamar amiga.
- No te preocupes, Bella, mañana te ayudaré para seducir a un vampiro, lo siento – dijo ella, tratando de disculparse; pero en el fondo quería reír.
- Alice Cullen, no cuelgues – le advertí, sabía que la frase dicha anteriormente era para despedirse, sabía que estaba a punto de hacerle un escándalo por el teléfono.
- Me tengo que ir, Jasper me llama, que tengas una buena noche – soltó antes de cortar.
- Todo me sale mal – grite, en esos momentos, me sentía ridícula, avergonzada; quería llorar, las lágrimas se agrupan en mis ojos.
- Bella, ¿estas bien? – preguntó Edward mientras me abrazaba, había comenzado a gimotear.
- Tengo aspecto de estar bien – solté, me estaba desquitando con Edward, aunque el no tuviera la culpa.
- Cuéntame – me dijo mientras me miraba.
- Me siento ridícula por hacer una cena sin pensar que tú eras un vampiro y no podías comer – indique.
- Eres una tonta - susurró mientras acercaba sus labios a los míos y me daba un beso – tú detalle me gusto mucho – lo mire a los ojos y supe que no mentía, quizás no había salido todo mal.
- Pero estoy haciendo el ridículo – insistí.
- No, no lo haces, aún tenemos tiempo para cenar – dijo mientras me agarraba de la mano y me llevaba hacía la sala.
- Pero, tú no comes – protesté.
- No, pero tú sí, yo puedo mirar mientras tú comes; me gustaría observarte – susurró en mi oído, haciendo que mi corazón se acelerada.
Mientras yo comía, él observaba, jugaba con los mechones de mí cabello; me miraba, hacía que me sonrojara; me sentía feliz; por un momento llegue a olvidarme del mal rato que pase, así también de los deseos que sentía hacía Edward, sentía que era un pequeño momento, solos, de los dos, que quedaría guardado para siempre en mi mente.
- Bella, ya es muy tarde – dijo Edward, mientras acariciaba mis cabellos.
- Si lo sé – contesté, mientras sonreía.
- Debes ir a dormir – sugirió.
- ¿Puedo dormir contigo? – pregunté, esperando que la respuesta sea afirmativa; quería que él velará mis sueños como la noche anterior.
- Claro que puedes, alguna vez te lo he impedido – respondió, mientras acariciaba mi mejilla.
- Me has impedido poner a prueba tu autocontrol – solté.
- Eso no se puede discutir, Bella – indicó.
- Si, se puede – le di la contra.
- Hoy día lo has puesto a prueba – dijo, sus manos entre mis cabellos, hacía que cada vez sintiera más sueño.
- ¿Cómo? – interrogue.
- Hoy, estas, muy hermosa – susurró.
- Gracias – contesté, para luego bostezar.
- Creo que debes ir a cambiarte; te estaré esperando en la habitación – dijo mientras subíamos los escalones; estaba nervioso.
Esa noche dormí entre sus brazos, con una gran sonrisa, al final de cuentas, el plan no había sido tan malo; había llegado a poner a prueba su autocontrol, quizás debía usar ese vestido de Rosalie más seguido.
¿Qué les pareció?
Merece un review, una crítica o alguna sugerencia solo díganla.
Por cierto tratare de subir el capitulo cinco para mañana ya que me voy de viaje este fin de semana, nos e si lo logre, espero que sí.
Bye.
Besos.
