N/A: Aunque sean las 3am no podía irme a dormir sin terminar esto. De todos modos el ruido del helicóptero no ayuda. [?] Esto tiene lugar poco después de que ambos comenzasen a vivir juntos, alrededor de uno o dos años.

Renuncia: Los personajes son de Horikoshi.


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DÍA 4: Hogar / Primeras veces

La primera vez que ambos adoptaron un gato, no fue de forma muy convencional.

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Shinsou no podía dormir.

Y no, extrañamente esta vez no se debía a su insomnio, aunque en ocasiones aquello le dificultaba mucho pegar ojo. El calor que el cuerpo de Izuku le proporcionaba era más que suficiente para hacerle caer rendido algunas noches. Llevaba alrededor de 20 minutos escuchando ruidos provenientes de la sala de estar, y si no fuese porque no había saltado la alarma que Hatsume les había instalado generosamente, pensaría que habían entrado a robar.

Restregó perezosamente sus ojos. No le quedaba otra que levantarse y comprobar qué era aquel sonido. Con cuidado levantó el brazo de su pareja, que al notar aquel movimiento, abrió los ojos lentamente. Bostezó mientras le observaba adormecido.

—¿A dónde vas?—preguntó, en algo más bien parecido a un susurro.

—Hay un ruido extraño viniendo de la sala de estar. Ahora vuelvo—besó sus rizos verdes y el menor se dio la vuelta sin decir nada más para volver a dormir. Shinsou sonrió un poco al verle hacer aquello; le pareció algo tierno.

Puso los pies en el suelo y caminó hacia la puerta tratando de no tropezarse en la oscuridad. Cuando llegó al pasillo vio una luz parpadear durante un segundo y escuchó un estruendo provenir del lugar al que se aproximaba. La ventana de la sala de estar se encontraba abierta y la lluvia entraba a montones en la habitación. Al parecer afuera había una tormenta. Rápidamente la cerró y bajó las persianas, creyendo que así se había librado del problema.

Regresó a la cama, lanzándose de nuevo sobre el colchón. Izuku no tardó mucho en volver a abrazarle y enredar sus piernas con las del contrario. Pensando que al fin tendría un momento de paz, Shinsou cerró los ojos esperando lograr dormir unas cuantas horas más.

Excepto que aún no se había terminado.

—¿Hitoshi?—susurró el peliverde—¿Has escuchado eso?

No—respondió cortante, sin ganas de lidiar con más cosas durante aquella noche—. Ahora cierra los ojos y vuelve a dormir.

Izuku frunció el ceño, aunque el mayor no pudo verlo por la oscuridad. Esta vez fue él quien se levantó para encender la luz, recibiendo como respuesta un gruñido de disgusto por parte de su pareja antes de que hundiese la cabeza de vuelta en la almohada. El ruido provenía del armario de su habitación, que se encontraba ligeramente abierto pero no lo suficiente para ver qué había dentro. Era como si estuviesen arañando la madera desde dentro. Tragó saliva antes de abrirlo por completo.

Lo primero que sus ojos captaron fue que el estado en el que había dejado la ropa ahí dentro no era el mismo a cómo estaba ahora. Todo se encontraba revuelto y ligeramente sucio, puede que mojado quizás. Pero antes de poder preguntarse cómo había terminado así y sacar mil hipótesis, algo saltó encima suya.

—¡¿Qu-?!

La sorpresa hizo que cayese hacia atrás, golpeando en el acto su cabeza contra el borde de la cama. Shinsou se levantó de inmediato al escuchar aquella conmoción.

—¡Izuku! ¿Estás bien?—le preguntó una vez estuvo a su lado, acariciando suavemente su nuca.

El peliverde iba a responder, pero antes de poder hacerlo el tercer sonido de aquella noche le interrumpió. Aunque, en esta ocasión, se escuchaba más familiar. Era un maullido.

Izuku parpadeó confuso, clavó su mirada en la criatura que se encontraba en su regazo, sucia y empapada, y luego en su pareja, que tenía una sonrisa un tanto idiota comenzando a surcar por sus labios. Aquello sin duda era muy oportuno.

—Izuku, es...—no terminó la frase debido a lo emocionado que estaba.

—Lo sé, Shinsou. Puedo verlo—el menor rió ante el rostro iluminado de su pareja.

Lo cierto era que, si bien Hitoshi siempre había amado a aquellos felinos, su madre era alérgica y nunca pudo tener ninguno en casa. Eso no quería decir que nunca hubiese podido tener contacto con ellos. Todos los fines de semana visitaba un parque cerca de su hogar donde se reunían muchos gatos. Básicamente se volvió una tradición ir siempre con una bolsa llena de latas de atún para alimentarlos, y ellos le esperaban pacientemente; incluso les había puesto nombres.

Aunque desde que comenzó a encontrarse más ocupado —debido a sus obligaciones como héroe—, no pudo visitarlos más.

—Pobrecillo, está sucio y empapado...—murmuró el peliverde, sujetando al animal por sus costados. Supuso que había pertenecido antes a alguien o estaba acostumbrado a estar alrededor de otros humanos, porque no respondió de forma violenta ante el contacto. Y si alguna vez había sido la mascota de alguna persona, ahora parecía más un gato callejero que otra cosa—. ¿Crees que habrá llegado escalando? Vivimos en un segundo piso...

—Es lo más probable, no creo que sea de un vecino. Si lo fuese, al menos yo lo sabría.

Izuku rió ante aquello. Luego se levantó con el felino entre sus brazos. El mayor le ayudó a estabilizarse, aunque no podía apartar la vista del animal.

—¿Quieres sostenerlo? Aunque está algo sucio—le ofreció, a lo que Shinsou terminó asintiendo con algo de entusiasmo, algo que rara vez mostraba. No le importó mucho su condición, simplemente lo aceptó a pesar de terminar manchando su camiseta.

Eso sí, aquel momento le recordó vagamente a cuando, tras un parto, el padre sostenía al bebé después de que hubiese estado con su madre. Ante aquel pensamiento no pudo evitar sonrojarse, y el peliverde alzó una ceja divertido.

—Creo que alguien necesita un baño.

Sin saber muy bien cómo, tras terminar de lavar al animal con agua templada, los dos habían terminado empapados. Bueno, en realidad que lo sabían— y no, no había sido culpa del felino. No era todos los días que podías ver a un par de adultos a las tres de la madrugada, llenándose mutuamente de agua, riendo y lanzándose al suelo con la regadera de la ducha en una mano como si no tuviesen vecinos —esperaban que no les llegase ninguna queja al día siguiente por eso—. Al final tuvieron que cambiarse de ropa, aunque de todos modos les hacía falta.

En una esquina de la habitación habían colocado varias sábanas y almohadas para que su nuevo compañero—o compañera; aún no lo habían comprobado— descansase, cáldo y tranquilo.

—Mañana le llevaré al veterinario—dijo el mayor de la nada, una vez que ambos habían vuelto a la cama.

—Vaya, ¿Hitoshi tomando responsabilidades?—comentó divertido—¿Quién eres y qué has hecho con mi novio?

Qué gracioso eres—respondió, revolviendo sus cabellos. Aunque su mano terminó viajando a la mejilla del contrario, uniendo sus pecas con el pulgar.

Izuku sonrió y se acercó más a él, hundiendo la cabeza en su pecho. Sus rizos le hacían cosquillas en el cuello, pero a Shinsou no le molestaba.

—Espero que no seas un desastre con los nombres, porque ahora es tu deber ponérselo—susurró contra su piel, golpeándola con su cálido aliento.

—Tranquilo, no soy como el señor Baku-Explodo Kills—murmuró—. Ahora duérmete.

Se dieron las buenas noches, antes de caer en un agradable sueño. La mañana siguiente, se encontrarían con alguien más ocupando sus sábanas.