NOTA: Los personajes de Hellsing no me pertenecen son de Kouhta Hirano, la personaje Elizabeth solo me corresponde a mi.


Capítulo IV - ESTACA EN EL CORAZÓN

Aquella noche, Elizabeth estaba en las afueras de la mansión, sin poder contener las lagrimas, sentada sobre el pasto mirando un punto muerto, Alucard la encontró sollozando y se sentó junto a esta sin decir palabra alguna, aunque extraño de él, puesto que no suele actuar así. Ella no lo miro, pero controló sus lágrimas y dirigió su mirada al vampiro, apunto al horizonte -Eres alguien orgulloso y muy creído, además de que no solo yo actúa algo infantil, si ves en el horizonte, esta lleno de oscuridad, y cada vez que esta se aleja de aquel profundo abismo, una tenue luz ilumina el camino. Para seguir adelante, debes salir de ahí, no dejar que tus recuerdos atormenten, mírame a mí, aun me cuesta superar esto, pero intento seguir adelante, en cambio, solo tu has enterrado los recuerdos, consumidos por los años y dejándolos estancados, pero cada vez que alguien toca el tema, estoy segura que aun te duele, es una cicatriz que aun no cierra-.

Él miro a la vampira, su expresión no expresaba sentimiento alguno, frío, tan neutral, que incluso ella sintió algo de incomodidad entre el ambiente, este solo miró el horizonte que ella señalo sin decir palabra alguna. -Lo que yo quiero es que veas mas allá de lo que te rodea, aunque también cierto tengo odio hacia las estupideces de los humanos, pero lo que ellos crean, las maravillas que rodean este lugar es lo que mas admiro, con eso pude seguir adelante, ¡ah! a veces no es fácil y lo admito, pero te aseguro que después de mostrarte que no todo es un infierno, hay un pequeño oasis-, este conservaba la misma expresión -Elizabeth, te doy un mes para que muestres eso, de lo contrario sabes que pasará, además, lo único que aprecio de los humanos, ademas de la fortaleza que estos tienen para seguir adelante, son sus armas- sin mas que decir, este se levantó y se retiro, ella solo suspiro y musito -Condenado vampiro-.

Alucard se dirigió hacia la azotea de la mansión, la noche parecía acogedora pero no motivo a este a salir o cazar siquiera, desde ahí podía ver a Elizabeth, su físico era la de una hermosa joven, su piel pálida y el tono de sus ojos hacían una hermosa combinación, pero el error que tenía es que parecía comportarse como una adolescente, pero aun así, al vampiro le llamo la atención mucho aquella vampira, ¿cómo alguien que tuvo un pasado doloroso puede sonreír?, a esto también se le vino a la mente a Seras Victoria, pues ella también pasó por cosas que marcaron su vida, y aun así, a pesar de ello, sonreía, aun conserva ese lado sensible que caracterizan a los humanos. Entonces aquel nosferatu comenzó a dudar de si mismo, ¿Acaso... no es capaz de olvidar su pasado? ¿No puede seguir adelante por aferrarse a ese lazo?, sin dejar de mirar a Elizabeth se hacía esas cuestiones, a lo que pronto su expresión se torno molesta.


Elizabeth sentía una mirada, cuando viro para ver quien era, no vio a nadie, se levanto e ingreso a la mansión, justo ahí Integra estaba saliendo, ella la miro -Debes ser la nueva inquilina, el tiempo no es favorable ahora, pero en cuanto regrese, te espero en mi oficina, quiero hablar contigo respecto a las reglas que debes cumplir en esta mansión- sin nada mas, continuó su camino, tomo el auto y se retiro. Elizabeth asintió con la cabeza y entró. Se dirigió a la habitación de Seras, toco la puerta, la draculina sonrió y le accedió el paso.

Ella observó la habitación, y después miró a Seras avergonzada -Lamento mucho lo sucedido con lo de tu ataúd, pero... este... bueno, estaba molesta y aun no controlo mis impulsos- Seras solo sonrió -Vamos, toma asiento- la vampira miró unos instantes a Seras y después tomo una silla y lo coloco cerca de Seras, que había tomado también otra silla -Mi maestro es frío y cruel, y a veces puede haber ocasiones que no mide sus actos, aunque también admito que cometo algunos errores, disculpa a mi maestro por tal actitud, pero no le agradas, y literalmente solo acepto tu residencia por aquella propuesta que hiciste, aunque no entiendo porque en vez de dejarte estar aquí no te ha matado-.

Elizabeth sonrió y sin apartar la mirada a la draculina -A pesar de ser alguien frío, se que aun conserva su lado humano, sensible, y quizás sea esa la razón por la que aun no me mata jajaja. No estoy segura, y casi no lo conozco, pero se que puedo hacerlo cambiar de opinión- Seras le miró ilusionada -Si necesitas ayuda, puedes buscarme, también quiero hacer que mi maestro sonría, no por matar a sus enemigos y burlarse de ellos, si no por que además aprecie esa vida que tiene- Elizabeth sonrío ante la ilusionada vampira -No se si lo logré, pero en todo caso, solo tengo un mes, haré lo mejor que pueda, aunque, ¿puedo pedirte un favor?, es que Alucard me ha dado una habitación pero esta muy descuidada, ¿podrías ayudarme a arreglarla? No quiero molestar a tu maestro?-, Seras sin borrar esa sonrisa dulce aceptó, tomo algunas cosas de su habitación y tomo de la mano a Elizabeth para ayudarla.


Alucard se encontraba una vez mas en la biblioteca, había tomado esa obra de Bram Stoker, tan conocida como su fama de aquel vampiro. Había leído fragmentos de este, tomo otras obras, leyendo las múltiples versiones de su vida, su historia, y las mas destacadas, Elizabeth Barthory y Mina Harker, aunque varias mostraba que tuvo relación amorosa con este, ninguna era real, aunque a excepción de que conoció a una mujer que llego a ser inspiración de este, alguna vez fue su motivo de vida y existencia, que en ningún libro encontró mención de esta. Este recordaba a aquella damisela, su pelo negro como la misma oscuridad, sus ojos verdes olivo, penetrantes y hermoso, su piel blanca, parecía una hermosa muñeca de porcelana, la historia no sabe de ella, el tiempo la ha consumido en sus lazos, pero aquel recuerdo de esa mujer, permanecía en el vampiro. Guardó los libros en su lugar, se mantuvo ahí, estático, recordando a aquella mujer que marco su vida.

-Bárbara...- Entre suspiros brotó de sus labios, -Así que es eso lo que aun hace que me aferré a esto. No lo creo, eso es parte del pasado, esto es el presente y aferrarme a tal recuerdo sería muy estúpido. Además, Elizabeth es muy ilusa, ya deseo pronto acabar con su vida, pero seré paciente, alguien como ella, infantil, ilusa, es fácil de manipular, por algo paso por eso, por algo esta en esta situación- Pensaba aquel vampiro, sintió una ligera humedad en su rostro, toco su mejilla y al ver su guante manchado de sangre, cerro el puño y golpeó la pared creando una grieta. -No es posible que aun me aferre a tal pasado- Decía molesto, gruñía ante aquello, limpió aquella lágrima y se retiro a su habitación, azotando la puerta, Seras y Elizabeth escucharon aquel sonido, -Debe estar molesto por lo que le dije hace rato- dijo la vampira, saliendo de la habitación y dirigiéndose hacia donde se encontraba Alucard, Seras estaba algo asustada, era la primera vez que veía tal acto de su maestro.


Antes de llegar a la habitación del vampiro, se sentía una brisa fría, la fuerza era tan penetrante que se volvía muy tensa, Elizabeth comenzó a sentirse incomoda, estaba frente a la puerta, pero algo le impedía seguir, hasta que la puerta por sí sola se abrió, ella entró, estaba oscuro, continuó caminando hasta encontrar al vampiro postrado en su trono, usaba sus gafas, en una mano tenía una copa de vino, tomaba de ella, pequeños sorbos, dejo la copa a su lado y miro a Elizabeth -¿Qué haces aquí? Nadie te ha llamado- sus palabras estaban llenas de odio, aunque los lentes no dejaban ver la mirada del vampiro de manera concisa, ella no se retiro. -Alucard, ¿estas bien?-... -Es una pregunta ridícula, ¿no lo crees Elizabeth?- ella se apeno pero continuaba mirandolo-Tienes razón, pero ¿por qué estas así? Fue por lo que te mencioné hace un momento ¿verdad?-, él movió la cabeza negativamente -Son asuntos que no te corresponden Elizabeth, ni siquiera deberías estar aquí- Elizabeth se acercó a él a pesar de esas palabras que sonaban mas como advertencia -Alucard... se que esto no tiene nada que ver conmigo, y que además no llevamos ni una semana de conocernos, pero se que hay algo que aun te molesta, pude verlo en tus ojos- él solo frunció el ceño -La vida es un enigma, así como este tiene sus ventajas, tiene las desventajas, envidio a los humanos por la capacidad de poder morir, en cuanto yo estoy condenado a una eternidad, a un eterno sufrimiento de esta vida que los humanos degradan con sus actos, sus deseos. ¿Cómo quieres que aprecie algo que los humanos no son capaces de ver o conservar?- quitándose las gafas para mirarla -Tienes razón, pero solo ves eso, no ves mas allá de lo que hay, aunque no es necesario que lo repita- se levantó y se dirigió a la puerta -Espera, tengo una duda respecto a tu forma de ver las cosas-, ella lo miró -Ya se lo dije, mi pasado fue doloroso, que aprendí a apreciar esta nueva vida- ella sonrió y se retiro de la habitación, el vampiro quedo pensando en esas palabras...


Jajaja bien, esto es el fin del otro capítulo, quiero basarme mas en cuanto a lo que es Alucard y un poco a las obras de Bram stoker, así como la vida conocida por este como el Empalador, dando cierto toque de humanidad a este, conocemos a Alucard y sabemos que él es muy orgulloso, pero aquí se mostrará un lado un poco tanto sentimental, aferrado a cierta persona que cambio su vida. Este capítulo es corto, pero solo hace énfasis en cuanto a cierta etapa de Alucard, espero les agrade :)