CAPITULO TERCERO:

AVADA KEDAVRA

Después de las dos primeras semanas de clases, Alison se sentía más cómoda en el lugar. Debía admitir que el cambio era drástico, pero en su vida como muggle no vería saltar su chocolate para poder fugarse y ella atraparlo para comérselo o grajeas con todos los sabores que te puedas imaginar… Esas cosas la mantenían viva, alegre y alerta frente a cualquier situación. No quería perder ni el más mínimo detalle. Los aires cambiaron en la escuela durante esos días, por lo que dejo de ser blanco de las miradas y de los comentarios de los pasillos… lo único que no había cambiado era su deseo de salir de su casa de estudios e ir a cualquier otra que no fuese aquella.

Hizo amistad con varios alumnos de diferentes años y casas, generalmente se veía en los ratos libres, de buen clima, rodeada por chicos y chicas de Gryffindor. Aunque había simpatizado con una chica de su cuarto, trataba de mantener excelente relación con todos. A pesar de que muchos no la querían por ser Sangre Sucia.

Una tarde que se encontraba en el Sala Común de Slytherin, su compañera de cuarto llegó a su lado y le dijo que Níger, su lechuza, se encontraba en el alfeizar de la ventana esperándola. Alison subió con prisa las escaleras, tenia dudas de quién le había escrito… su padres no podían ser ya que hace tan sólo dos días antes le anunciaron que irían en busca de su hermano. Al llegar a la habitación vio a Níger en el respaldo de una silla contigua a la ventana. Níger había dejado sobre la cama una carta y esperaba solemnemente a que le felicitase por su arribo. Alison tomo de su baúl una golosina que cortésmente Alfred le regalo para que le tuviese a su lechuza. Níger recibió muy contento y se echo a volar, con rumbo desconocido para Alison. Ella abrió el sobre, contenía un pergamino bien doblado:

"Hola Alison:

Lamento no haber escrito antes pero, las cosas en Londres en estos días han estado demasiado extrañas…incluso para nosotros.

Perdona si me olvide, pero se supone que te había enviado ambos hechizos en conjunto. Sin importar, aquí te mando lo restante.

Espero que cuando todo este embrollo se solucione, me visiten.

Cariños, Tom."

Y en otro trozo de papel amarillento encontró lo que buscaba, un hechizo que la ayudaría a verse correctamente en el espejo. No le tomo mayor importancia a la carta de Tom, por lo que la doblo y volvió a meter en el sobre, y guardo en su baúl. El conjuro no decía nada más que:

"Aparecium". Este hechizo debes pronunciarlo de este modo (a-par-E-xi-um).

De un segundo a otro, tras haber dicho aquella palabra, se vio reflejada como en un espejo normal. Esto la tranquilizó. Busco el lugar adecuado donde instalar su espejo. Cuando lo dejo colgado al interior de un ropero que compartía con una de sus compañeras, se sobresalto y profirió un pequeño grito de susto, porque detrás de ella había una mujer vestida con un traje de encajes blancos y peinada a la usanza de los 1400 y tantos. Alison distinguió su belleza, pero sus ojos que demostraban un valor genuino, la maravillaron. Pero, después de sentirse tan aturdida frente a su presencia, se percato de que los fantasmas no se veían en colores. Aterrorizada frente a esta manifestación, se giro lentamente para ver por completo la imagen de su supuesto fantasma. Y al no encontrar nada, se le pasó por la mente que había sido una manifestación de su imaginación. Tomo un breve suspiro y siguió arreglando su mueble. Gritó una vez más, pero esta vez solo la oyó la imagen fantasmal de espejo. Ahí estaba, mirándola con aprehensión…esperando que se calmara, si era en ese caso lo que estaba aguardando. Se quedo de una sola pieza, no se movía, no hablaba…si con suerte lograba parpadear y respirar. La bella y majestuosa imagen no perdía ni por el más mínimo momento la paciencia, pero decidió que si no hablaba, se quedarían allí por horas.

"Mi querida sobrina. Eres como te vi. Hace tantos años en mis sueños. Por favor, no te asustes. Soy tu tía Clely…"

Alison que empezó a salivar demás se atraganto y tosía como frenética. Bebió un poco de jugo de calabazas y entre respiros agitados se sentó en la silla al lado del alfeizar. Se escuchaba que al otro lado del espejo, la Tía Clely con gran destreza empujaba, por su lado, el vidrio. Tía Clely se volteo hacia Alison que cada día se sorprendía más y más. Hablaron por varios minutos a solas. Sobre su deber y la misión que tenia por delante.

"Cariño, entiende que si has sido tú quien recobro el don mágico es, porque en tus manos está detener a quién ha hecho tanto daño. Y si tienes los poderes que yo, es por algo especial. Por ahora, lo primero que debes hacer es recuperar mis manuscritos…"

"¿Escribiste libros? Debes saber que no puedo salir de Hogwarts". Respondió muy preocupada Alison.

"Alison, no son libros exactamente, sino que mis pensamientos."

"Ah. Quieres decir tu diario de vida. Pero¿Dónde lo dejaste?"

"No es dónde lo dejé, sino quién lo tiene."

Los días precedieron y Alison mantuvo en secreto el regalo de Tom, al menos a sus amigos. Estaba concentrándose en no parecer tan tonta e inocente asustándose con cada demostración sobrenatural en la escuela. Aprendió mas rápido que cualquier otro hijo de muggles y por la impresión que dejaba en los demás, era una auténtica vidente y eso en algún momento sacó de sus casillas a la profesora Trelawney.

"Mi querida niña, no debes jugar con las predicciones…tus amigos, creen las invenciones que les dices y de verdad, no veo aura clarividente en ti…"

Alison escucho atenta sus palabras y antes de que pudiera contestarle se escucho el timbre que daba por finalizada la clase. Era mejor no contestarle y dejarle creer que inventaba aquellas predicciones. Salían todos comentando la desdicha de la profesora Trelawney, su envida de no ser una vidente como Alison. Ella escuchaba los comentarios y se sonreía, le parecía tan subjetivo el futuro como la misma psicología para estudiar a los seres humanos. Tan poco predecible. Al bajar por las escaleras de la torre norte, Alison miro de pasada por un ventanal que daba a Bosque Prohibido y una situaron muy extraña le llamó la atención. Se despidió muy rápido de sus compañeros y salio corriendo en aquella dirección. Sabía muy bien que estaba denegado el acceso hacia donde ella se dirigía, pero si era cuidadosa nadie sabría que estuvo espiando a un profesor.

"Debes entregarme el libro… ahora lo necesito mas que nunca."- dijo el único que vestía de negro todo el año, aun cuando hubiesen 90º Fahrenheit, además de ser el mas odiado por su especial carácter, el profesor Severus Snape. Pero lo que hizo que Alison bajara con prontitud a los terrenos de bosque no era porque Snape estuviese ahí, sino que, hablaba con alguien y este ser, no era visible.

"Sabes que no puedo, aun no termino con el. Tiene demasiada información, si cayera en las manos equivocadas… estaríamos en un grave embrollo."

"El Señor Oscuro debe conocer ahora los secretos de la familia de la chica, ahora que ella es vulnerable y está en mi casa… cuando aun es posible manipular. Debe ser antes que todo su plan se descubra."- Snape, se estaba impacientando.

"Severus, haré lo posible por enviártelo pronto. Pero, esto es un precio que el Señor Tenebroso tendrá que pagar de todos modos."

"Sabes perfectamente que El lo hará, te pagará muy bien tus servicios Horace Slughorn".- dicho esto se escucho un "Plaf" y Snape salio muy serio de los terrenos de Bosque Prohibido.

Alison sabía que conocía ese nombre, el problema que no recordaba dónde, cuándo y quién lo había dicho. Meditaba en silencio la conversación de Snape y Slughorn. Buscaba de forma análoga EL SEÑOR TENEBROSO, pero nada de lo que había escuchado o aprendido durante ese mes en Hogwarts le recordaban lo que le interesaba descubrir. Después de varios días de haber descubierto a Snape en el Bosque, Alison fue a buscar algo que leer para pasar la tarde en que debía esperar a que los de tercero llegaran y así Alfred le entregara sus encargos de Hogsmeade. Llego hasta el hall de entrada del castillo y subió a través de la escalera de mármol hasta el cuarto piso, donde se encontraba la Biblioteca.

Como ya tenia todos su deberes en orden y deseba leer, le pregunto a la señora Irma Pince que le recomendaba para entretenerse. Ella sólo le hizo la seña con la mano de que se las arreglara sola. Llego hasta la sección de Historia y sacó el primer libro que se titulaba Historia de Hogwarts. En esos momentos se lamento que sus padres no estuviesen en casa para que les enviara una provisión con sus libros favoritos. Saco el libro de la bblioteca y leyó atentamente por primera vez la advertencia impresa por la señora Pince:

Una advertencia: Si rompes, desgarras, doblas, arrugas, estropeas, manchas, emborronas, tiras o haces cualquier cosa que dañe, arruine o demuestre falta de respeto por este libro, las consecuencias serán tan desagradables como esté en mi poder.

Fue inevitable reírse, se imaginaba qué haría para desquitarse de los inescrupulosos y los valientes que hicieran alguna de esas cosas y le dio un ataque de risa. Camina sin rumbo, llego hasta le lechuceria y vio que estaba Níger jugando con otra lechuza color grisáceo y ojos grandes y amarillos. Sobre la cabeza tenia dos esquinas angulares elevadas en forma de mechones, y una especie de V dibujada entre los ojos. Miro a Níger y pensó en lugar de origen de su lechuza, le recordó mucho a las que había visto en el parque nacional de Zion en Utah y le recordó la especie virginianus, tenia cuernos negros al igual que los que había en su libro de presentación del Parque. Hizo aparecer un trozo de pergamino y una pluma, escribiéndoles una nota a sus padres para que le remitieran alguno de sus libros. Les deseo suerte y les pidió que descansaran, que su hermano Michael estaba bien, como dice el dicho: "Las malas noticias son las primeras que se saben". Níger salio feliz de la lechuceria y Alison se fue a recostar a su habitación a leer el libro.

Comenzó por la historia básica de los terreros y la magia que la protegía de los muggles, y que no se podía aparece dentro del castillo. Que existe un fácil conjuro para que las velas se encendieran y flotaran en el cielo raso del Gran Comedor. Cuando llego a la formación de las casas leyó sin prestarle mucha atención a los jefes que habían pasado por Slytherin y de pronto vio el nombre de quien había estado pensando por tanto tiempo: Horace Slughorn. El dato que más le importaba era de su residencia actual: Canterville-Chase.

Ese era otro dilema, también sabia que había escuchado de ese lugar y lo mas probable que haya leído sobre el, fue corriendo de regreso a la Biblioteca y busco por todos los estantes hasta las ocho de la noche, pero fue imposible no hallo nada de lo que hablara de él. Después de la cena Alfred y Alice conversaron por un momento con Alison de su primera visita a Hogsmeade y de las delicias que compraron en Honeydukes. Alfred noto a Alison despistada.

"Ocurre algo. ¿Por qué estás tan distraída¿No habrás visto augurios de muerte o si?"- ambos chicos se largaron a reír.

"Hay algo que debo contarles, pero no aquí ni ahora".- acordaron de reunirse en el séptimo piso, en un lugar que Alice descubrió una noche en que deambulaba sonámbula y despertó por Peeves (El Poltergeist) que le arrojo un vaso de agua muy fría.

Alison subió riendo sobre una travesura que Marylin Doyle, su compañera de habitación, le contaba. Vio a Peeves tapar los inodoros y cuando llego el celador, arrojarle toallas mojadas a Filch en el baño de Prefectos, pero que a este se le acabó su momento cuando llegó el Barón Sanguinario a reprenderlo por petición de uno de los Premios Anuales. Esa noche Alison se sumergía en un sueño con tendencia a ser una pesadilla. Se sintió como si estuviese en el cuerpo de otra persona, sentía miedo y locura vehemente. Pero, no era ella quien se sentía así, sino la persona de quién se posesionó, si era así cómo podía llamarle. Avanzaba por un pasillo hasta una biblioteca que muy era grande, espaciosa y que terminaba en un ancho ventanal. En un sofá de piel negra se hallaba sentado un hombre gordo que se disponía a beber una tacita de té al lado del fuego de la chimenea. De pronto entendió Alison que algo extraño y malo sucedería….salieron chispas de la varita y el mago dijo: "Cruciatus". Se movía lentamente mientras el cuerpo del viejo hombre se retorcía en el suelo de dolor y trataba de gritar, pero sonaba más bien a un aullido. El mago se vio reflejado en el espejo, vestía de negro y llevaba una mascara que le cubría el rostro.

"¿Dónde está el manuscrito?"- dijo el hombre enmascarado.

"No lo tengo, no sé de queeeeeeee"- el enmascarado volvió a repetir la maldición y el hombre se retorcía como un gusano en la tierra.

"¡Mientes! Le dijiste a Snape que lo tenías. ¡Cruciatus!"

"Sólo es…toy reempla...zando a mi amo Slughorn"- chillaba el hombre en el suelo y el enmascarado revelo ante sus ojos que se trataba de un joven flacucho y torpe que había bebido (y estaba por beber) la poción Multijugos. La furia y el miedo inundaron todos los rincones de aquel hombre sin rostro y no pensó en las opciones un segundo más y…

"¡Avada Kedavra!"- el enmascarado miro hacia el alto techo de la biblioteca y apunto con la varita y dudó de realizar un nuevo maleficio. En la sala se escuchaba su crepitante respiración, resolvió no hacerlo y desapareció de la casa tras un "Plaf".

Alison despertó agitada y con un sudor frío corriéndole por todo el cuerpo. Se llevó una mano a la cara y así, poder desprenderse de la transpiración. Alison se conocía bien y por lo que le habían dicho sus padres, ella hablaba en sueños. Estaba insegura y temerosa de haber despertado a alguna de sus compañeras y esta escuchara todo aquello que soñó, aunque ya no estaba tan segura de que hubiese sido un sueño. Miró a través de la ventana hacia el cielo estrellado y vio que la Luna estaba declinando. Trató de calcular la hora y de un salto se levanto, tomo sus cosas y se fue a asear. Se fue de puntillas hasta la puerta para no despertar a sus compañeras que aun dormían. Cerró la puerta tras de sí. Lo que no sabía es que una de sus compañeras despertó y escuchó todo lo que dijo antes de despertar de su pesadilla. Marylin Doyle también se levantó en dirección a la Sala Común.

A la media hora regresó Alison de los baños con el pelo recogido en una coleta muy firme, que dejaba ver al final de ella unos rizos revoltosos que trataba de alisar, pero la humedad de la localidad no le ayudaba. Entró a la Sala Común y se encontró con Marylin, tenía muy mal aspecto y su cara daba la impresión de haber sido golpeada por una Bluger Pérdida. Cuando Alison la vio que estaba a punto de golpear el respaldo del sillón donde estaba sentada le habló.

"Mary¿Qué sucede…Qué haces en pie a estas horas?"- se sentó a su lado, dejando su toalla y el resto de sus cosas en un espacio a su lado.

"No dormí bien. Estoy preocupada… por una amiga. Pero tú¿por qué estás vestida? Pensé que aun dormías.- mintió Marylin.

"Tampoco dormí bien, tuve una pesadilla…"- Marylin cambió el tema.

"¿Vas a ir a desayunar?"

"Si".

"Vayamos juntas, si te parece. Pero, primero debo ir a bañarme. ¿Me esperas?"

"Claro".

Minutos después salieron dejando atrás las mazmorras. Conversaban de su vida antes de Hogwarts. Alison le preguntaba toda clase de cosas y Marylin respondía amablemente a su interrogatorio, algo muy extraño para una Sangre Limpia que por generaciones su familia residió en Slytherin. Estuvieron así por más de dos horas y el Gran Comedor empezó a recibir poco a poco a los más madrugadores alumnos de Hogwarts. El frío les obligo a repetirse muchas veces tazas de chocolate caliente. Momentáneamente se olvidaba de su sueño, pero como unos destellos llegaban a su mente fragmentos de su mundo onírico. Y marylin se dio cuenta de que algo le ocurría.

"¿Cuál fue tu sueño?"

"Nada importante, sólo estoy un tanto cansada. Nada que un poco de descanso no pueda arreglar"- Sonrió y levanto la vista como por un llamado interno y ahí estaba Alfred entrando con varios chicos de Gryffindor. Le levantó la mano para saludarla y le dijo que lo esperara para ir juntos a reunirse con Alice. Alfred comió tan rápido como pudo y se llevó corriendo del Gran Comedor a la somnolienta joven de Slytherin.

CAPITULO DEDICADO A QUIEN QUERIA UN POCO MAS DE EMOCION