Buenos Días/Tardes/Noches a todos mis amigos invisibles que seguramente me esperan con cuchillos afilados por no actualizar antes ésto.
La verdad es que las asignaciones se me habían montado encima y, combinando con mi otro pasatiempo de escribir música, había dejado de escribir un poco.
En fin, ya dejando lo que me molestaba de lado, ¡que empiece este capítulo!
Conviviendo con un Desconocido
Capítulo 3: Un pequeño problema.
Ya varias semanas habían pasado desde la adopción del menor y no muchos cambios ocurrieron en ese período. Ambos se levantaban, desayunaban juntos y el poni blanco se quedaba en casa esperando que llegara su hermano del trabajo. StarLight salía a las 9 de la mañana, se tomaba un descanso de una hora a las 12 y volvía a las 5 de la tarde de vender algunas manzanas de Sweet Apple Acres.
Una mañana tranquila, Dust se levantó más temprano de lo normal y decidió salir a respirar el aire puro, ahora solía disfrutar de la naturaleza y el ambiente que le rodeaba. Son embargo, cada vez que lo hacía se sonrojaba, recordando el "accidente" de Havent.
Se puso a observar las bellas flores amarillas que descansaban entre el pasto verde y húmedo. La luz del Sol en el cielo azul que casi no tenía nubes era perfecta. Llenó sus pulmones del tan preciado oxígeno que necesitaba para vivir, suspiró soltando todo y se dispuso a volver a entrar cuando vio una figura voladora que venía hacia él. Entrecerró los ojos para detallar mejor, acertó en que era una poni pegaso. No podía distinguir bien de quién se trataba ya que tenía el astro mayor de frente.
"Parece un ángel descendiendo así" Pensó mientras contemplaba su trayecto hacia el suelo. Su cara cambió a una de susto cuando notó que no disminuía la velocidad y entró de nuevo apoyándose en la puerta para evitar el evento que alcanzó a predecir.
Sintió un empujón fuerte proveniente del otro lado mientras escuchaba un sonido seco y corto de golpe; definitivamente, cualquier poni que estuviera volando por ahí se habría estampado contra la madera sólida.
Abrió la puerta sólo para ver el cuerpo débil y confundido de una pegaso de pelaje gris con crin dorada y ojos del mismo color un poco cruzados, su CutieMark de burbujas estaba cubierta por su uniforme de cartera, constituido de un traje azul y una gorra del mismo color, finalmente se veía una alforja color café en la que llevaba lo que venía a entregar.
— Buenos días, señor Dust. — Saludó un poco adolorida y confundida por el golpe, incorporándose frente al unicornio.
— ¡Santo cielo, Derpy! ¿Estás bien? — Preguntó con una cara de preocupación revisando que no tuviera grave. — Y... Buenos días.
La pegaso rió un poco divertida y le miró. Bueno, al menos eso creía él. En realidad no sabía qué estaría mirando. Él sabía que la percepción se debía al uso de los dos ojos mirando a un punto pero, ¿cómo sería la percepción de ella? Era muy curioso en torno a lo que los demás consideraban "una discapacidad".
— Estoy bien, señor Dust. — Dijo mientras sacaba un sobre azul celeste de la alforja con su boca. — Ésta es para usted. — Aclaró con dificultad mientras intentaba no soltar la carta.
El aludido pensó que era raro debido ya que casi nunca tenía correspondencia. Fue a la cocina donde tenía una canasta con muffins, tomó uno y se lo dio a la de ojos bizcos tomando la carta. Se despidió y observó cómo tomaba vuelo, siguiendo si camino para entregar cartas y otros paquetes a otros ponies.
Al ya perderla completamente de su campo de visión, entró a su casa dispuesto a darle una ojeada al documento. Se dirigió a la mesa de la sala donde reposaba tranquilamente su taza de café matutino, la primera de las cinco que se tomaba en total en un día. En esas raras ocasiones en que no bebía el líquido oscuro, se ofuscaba y se quejaba de un leve dolor de cabeza que, para él, era el equivalente a una tormenta en medio de un mar con un oleaje tremendo.
Volvió a enfocar su vista en la carta, acomodando sus gafas. Tomó un sorbo y empezó a leer en voz baja, había heredado el mal hábito de no leer mentalmente de su madre. Sin embargo, debido a un comentario de Big Mac en una fiesta a la que le habían invitado hace varios meses y ya que leía escandalosamente, decidió bajar el volumen cada vez que leyera.
— A ver... Es de mamá. — Abrió el sobre y sacó un pequeño papel blanco. Comenzó a leer con una pequeña preocupación. — "Querido hijo, de antemano espero que te encuentres bien. Como sabrás, ni tu hermana ni yo hemos sabido nada de ti en un largo tiempo, ambas estamos muy preocupadas y hemos decidido ir a visitarte hoy. Llegaremos a las 2 de la tarde. Te queremos."
La cara de susto que tenía no era normal. La taza de café que sostenía con su magia estaba muy volteada, casi al punto de derramar el líquido. Volvió a revisar el sobre y vio que contenía 3 bits.
Se habían confirmado sus mayores sospechas y sintió que se hacía realidad el peor de sus miedos en ese momento. Su madre y su hermana de visita, justo cuando había adoptado a Havent.
— Espera... ¡Havent! ¿Qué demonios voy a hacer con él? — Subió a la habitación tratando de hacer el mínimo ruido posible. Le movió suavemente para despertarlo. — Oye, Havent.
El dormido abrió un poco los ojos y se cubrió por completo por las sábanas, era más que obvio que no quería despertar tan temprano.
— Cinco minutos más, mamá. — Dijo con pesadumbre y flojera mientras seguía siendo movido por el otro.
El mayor, al ver que sus intentos no funcionaban, se subió a la cama y, acto seguido, se colocó sobre Havent.
— Así que no quieres despertar, ¿verdad? — Comenzó a saltar suavemente sobre el otro cuidando de no hacerle daño. — ¡Despierta, flojo!
Durante esas dos semanas que llevaba viviendo en Ponyville, el poni blanco se había acostumbrado a levantarse a las 8:30 de la mañana. Ahí le daba tiempo para desayunar y despedirse de su nuevo hermano. Debido a eso, en raras ocasiones y con mucho esfuerzo lograba despertarse más temprano.
El menor comenzó a abrir los ojos quejándose sin articular palabras coherentes. Desarropó su cabeza y se quedó viéndolo. El otro se detuvo y ambos se miraron a los ojos por un largo tiempo. Un poco sonrojados los dos pero sin apartar la vista de los ojos del otro.
— Eh... Star... — Le llamó un poco la atención rompiendo el tierno silencio entre los dos. — Estoy un poco incómodo.
Al oír esas palabras, cambió su expresión a si típica cara seria y se bajó de la cama.
— Tenemos que hablar, Havent, pero primero vamos a desayunar.
Salió de la habitación y el blanco miró la hora en el reloj de la mesa de noche. Las 7:30 de la mañana, aún muy temprano para todo. Se volteó hacia su derecha para volver a dormir pero sintió una desagradable incomodidad entre las patas traseras. Se volvió a colocar con la vista hacia el techo y descubrió la razón de un leve dolor al notar una parte levantada de la cobija. Se levantó rápidamente y corrió al baño más cercano repitiendo un montón de obscenidades, maldiciendo su suerte. Los saltos de su nuevo hermano le habían "alegrado" la mañana.
...
Ya habiendo comido, ambos se habían reunido en la sala. Ambos tenían algo que decirse y las dos cosas eran importantes. Sin embargo, el dueño de la casa desconocía los motivos del nerviosismo y el enrojecimiento en las mejillas del otro, que mantenía la vista hacia el suelo.
— Escucha — Comenzó a hablar rompiendo el tenue silencio. —, me ha llegado una carta esta mañana y creo que te conviene a ti y nos compromete a ambos.
— ¿Ocurre algo malo?
El cuestionado dio un suspiro de resignación.
— Mi madre y mi hermana vienen de visita hoy a las 2.
Con eso le había aclarado mucho. Durante toda la media hora que duraron comiendo un sándwich de zanahorias cocidas le había visto muy esquivo y un poco distraído, pero sin cambiar su inexpresiva tez. Compartía un poco su miedo al enterarse de que la progenitora del que consideraba su hermano. ¿Qué ocurría si le prohibía estar en esa casa? ¿Qué pasaría si apenas se enterara de que su propio hijo vive sólo con otro semental? Nunca le había preguntado nada pero no quería que tuviera una mala imagen frente su familia.
Star decidió no ir a trabajar con el fin de limpiar la casa, quitarle un poco el polvo. Durante la tarea implacable que ambos realizaban utilizando magia para mover los plumeros negros, capaces de hacer estornudar a cualquier poni que se acercara. Ambos tenían un sentimiento de miedo que les oprimía el estómago y les dejaba un mal sabor a la boca, con un nerviosismo que era demasiado como para ir correctamente de un lado a otro sin chocarse entre sí.
Entre pasada y pasada, barrida y barrida, se les fueron las horas que tenían para, por lo menos, asearse ambos. Al portador de las gafas se le pasó por la mente la idea de darse los dos una ducha al mismo tiempo para ahorrar tiempo, sin embargo, cuando le llamó para atraer su atención, él empezó a tartamudear y balbucear hasta el punto de no decir nada. "Olvídalo." le dijo para subir a su habitación a prepararse. Al poco rato volvió para intentar colocar un plan en los cascos de ambos.
— ¿Qué haremos ahora? — Preguntó entre el miedo y la confusión al escuchar unos golpes en la puerta.
— Shhh, tranquilízate. Diremos que eres un amigo mío de la Universidad de Ponyville y que no tenías dónde quedarte. — Dijo acercándose a la entrada para abrir.
Nadie dudaría realmente del plan que tenía en ese momento el de crin roja, porque era cierto que él asistía a la Universidad de Ponyville, que era pública. Había sido inaugurada hacía dos años, justo después de la remodelación de la estación de trenes. Tenía paredes externas de un vidrio muy resistente, era muy espaciosa, habían tenido que expandir la villa para darle más espacio a la universidad. Contaba con más de 20 salones, un gran campo deportivo que incluía una pista de atletismo de tamaño olímpico y una piscina para enseñar natación. También tenía laboratorios especializados en química y estudios de magia avanzada. Definitivamente era la más avanzada después de la Universidad de Canterlot.
— ¡Hermanito! — Exclamó una unicornio azul celeste con una crin negra bien peinada y una Cutiemark de un corazón con una flecha atravesada mientras se lanzaba sobre el mencionado abrazándolo con fuerza. — Tanto tiempo sin verte, incluso ya empezaba a extrañarte. ¿Quién lo diría?
El aclamado comenzaba a luchar por mantener aire en sus pulmones, y empezaba a perder la lucha.
— He… na… — Eran las pocas sílabas que lograba pronunciar en esos momentos.
La otra unicornio que esperaba en la puerta con unas valijas marrones con decoraciones de unas cuantas piedras preciosas tenía el pelaje de color verde menta, una crin color rosa peinada hacia su derecha un poco larga y una Cutiemark de un diamante con una clave de sol. Respondía por Diamond Melody, la madre de StarLight. Por otra parte, la más joven, que aún seguía ahorcando al semental, se llamaba Crushy Love, y era conocida en Manehattan como la actriz más bella de las obras teatrales que cualquier poni hubiera visto.
— Crushy, te dije que si lo ahorcabas, no me dejarías oportunidad de abrazarlo. — Comentó sonriendo un poco la mayor de todos.
En ese instante, y obedeciendo, no tanto por ella sino por ver al unicornio blanco de crin amarilla como una llama candente. Le causó una curiosidad tremenda así que dejó a su hermano y se acercó a él mientras Dust se levantaba respirando agitada y profundamente. Debía recuperar todo el preciado oxígeno perdido. Acto seguido, fue con su querida madre y le dio un cálido abrazo, demostrando todo el cariño que le había faltado en varios días.
De toda su familia, la única persona con la que demostraba un amor incondicional y, realmente la única persona con la que demostraba tanto afecto, era Diamond. Ella le daba una calma extraordinaria en las peores situaciones, inclusive cuando los doctores le tomaban muestras de sangre y él, asustado por las jeringas afiladas, lloraba escandalosamente; cuando se daba un golpe accidentalmente y sollozaba por el dolor; cuando su hermana lo molestaba tanto que él derramaba sus lágrimas.
Con el paso de los años había aprendido a dejar de llorar tan ruidosamente, comenzó a cometer un error que, a veces era muy útil, pero era un método autodestructivo. Lloraba solo, sin nadie alrededor, se escondía en su habitación y sufría en silencio, escondiendo su dolor de todos aquellos que estaban a su alrededor. "Todos son unos falsos." Llegó a comentar una vez en la panadería de Donut Joe con Spike, "Lo único que quieren hacer es mostrar una compasión inexistente por los otros para no tener un mal papel frente a la sociedad." Terminó de explicar mostrando un odio hacia los otros ponies. Sin embargo, nunca llegó a tener esos pensamientos por ninguno de sus familiares.
— No sabes cuánto te extrañé, mamá. — Dijo dejando caer una pequeña lágrima.
— Yo también, cariño. — Respondió antes de ver a Havent, que estaba inmóvil mientras Crushy le acechaba con curiosidad. — ¿Quién es tu amigo? ¿Tenías otra visita mientras nos esperabas? — Le preguntó con una sonrisa.
La dejó de abrazar por unos momentos mientras se volteaba a ver a su nuevo hermano. Sintió un miedo viajando desde su estómago hasta llegar a su garganta, donde sintió una comezón terrible que le dificultaba hablar.
— Él es Havent Fire, él es… está viviendo conmigo.
Ante eso se formó un incómodo silencio entre todos, que el dueño de la casa aprovechó para meter las valijas en la sala. La excantante fue la primera en hablar unos 5 minutos después de miradas intercambiadas entre sus hijos y el recién conocido.
— StarLight Dust, ¿podemos ir a la cocina? — Le llamó con una voz severa, el terror del unicornio turquesa desde su niñez.
Ambos se dirigieron seguidos de la yegua actriz, dejando al nuevo en la familia con varias dudas y temiendo lo peor. Justamente se había imaginado algo así, sabía lo que seguía. Seguramente lo echarían de ahí, volvería a vivir en las calles, dejado a su propia suerte, sufriendo bajo las tempestades.
El inexpresivo poni sentía algo cercano a lo mismo. La curiosidad le mataba internamente, como siempre solía suceder mientras no conociera algo incierto. Volteaba a todas partes a la cocina, intentando evitar una seria mirada por parte de Melody.
— ¡Jovencito, mírame a los ojos cuando te hablo! — Obedeció nervioso. Ella suspiró y comenzó a hablar normalmente. — Cariño, dime algo, ¿acaso estás… del otro lado?
Obviamente se esperaba esa pregunta, sin embargo, abrió los ojos por la sorpresa y sus mejillas se encendieron en un tono carmín.
— ¡Claro que no! — Respondió casi gritando y frunciendo el ceño. — Es un compañero de la Universidad, ya tenía varias clases y nunca lo había visto irse, así que un día le pregunté y me dijo que no tenía un hogar. Desde ese día está viviendo conmigo, es un acto de buena fe. Nada más. — Terminó de mentir relajando su cara.
Las dos se miraron un poco inseguras, temiendo un poco por la orientación sexual de su familiar. Aunque confiaban en él, sentían que algo no estaba bien en todo ese asunto. El menor nunca ayudaba a nadie que no conociera completamente, y si lo conocía completamente, es que algo había pasado para llegar a ese nivel de confianza.
— ¿Sabes algo, hermanito? Mejor olvidemos todo esto y vamos a merendar. — Propuso la celeste dando la mejor de sus sonrisas.
…
La tarde se había pasado volando y ahora las penumbras reinaban en las afueras. Cualquier poni que saliera no vería ni sus propios cascos mientras andaba por las oscuras calles de la villa. El crepúsculo había dejado paso a una hermosa luna creciente, levantada por la princesa Luna con total comodidad y alivio para poder dar una noche tranquila a todos los súbditos de Equestria.
El castillo nunca había estado más silencioso y calmado. Pareciera que todos se hubieran puesto de acuerdo en no hacer ningún tipo de escándalo en la noche. Definitivamente era el momento más pacífico que había presenciado la princesa antes exiliada.
— ¡LUNA!
"Oh, bueno. Hasta ahí llegó la paz." Suspiró mientras veía cómo las grandes puertas eran abiertas estrepitosamente por la princesa del Sol. Traía un aire de estés y preocupación que parecía aumentar con cada pisada. Desde hacía algunos días, Celestia se pasaba desde el amanecer hasta el anochecer en su oficina. No salía a no ser que fuera a levantar el Sol, no iba a su cómoda y se empezaban a notar unas bolsas bajo sus ojos producto del insomnio.
Cada vez que su hermana le preguntaba qué sucedía, ella respondía que nada en absoluto, provocando confusión y algunas burlas diciendo que "los pasteles le empezaban a afectar la razón". La realidad era que llevaba acabo una increíble y exhaustiva investigación para encontrar algo. Algo que ni siquiera le había mencionado a su mejor y más fiel alumna, Twilight Sparkle.
— ¿Has logrado tu objetivo que había eliminado tu costumbre de dormir dos horas diarias? — Cuestionó alzando una ceja, hablando con sarcasmo.
— Te dije que esas reformas para la distribución de tierras no se aprobarían solas. — Respondió ante el comentario de la otra. Habían sido unas semanas muy ocupadas. — De todas maneras, no es eso de lo que quería hablarte.
En realidad nunca supo cuándo le restó interés, Luna empezó a mostrar un cierto cansancio ante la actitud alarmante de la otra alicornio. No es que no le preocupase su familia, sino que hacía un escándalo por todo lo que no fueran asuntos de estado y seguridad. 10 años. 10 años del ataque de Tirek y obtuvo la mala costumbre de tener los nervios a flor de piel, aunque no lo demostrara. Solamente se desquitaba con su círculo extremadamente cercano.
— Entonces, ¿qué es?
La princesa del Sol dudó un poco antes de pronunciar sus palabras.
— Creí que... encontré al heredero.
El silencio volvió en un ambiente incómodo, ninguna se disponía a articular ni una sílaba. Definitivamente la tensión se concentraba en algo serio, Luna al final comprendió la preocupación.
— Ni una palabra a nadie de ésto. ¿Entendido?
...
A mitad de la noche en Ponyville, la familia de StarLight Dust estaba dormida, esperando tranquilamente el alba. Por motivos de caballerosidad, el turquesa dejó a su madre y su hermana dormir en el cuarto de huéspedes, ocupado hasta ese día por Havent Fire, sin embargo fue asignado como "su" habitación. Por supuesto, también estuvo dispuesto a dejar su propia habitación para que Melody y Crushy durmieran separadas sin ninguna molestia.
Aún con eso, la mayor se rehusó alegando que era casa del portador de gafas y no quería quitarle el privilegio de dormir en su cama. A ésto, le explicó que, en ese entonces, el unicornio blanco tendría que dormir en el sofá rojo con detalles amarillos.
— Si es así, — Le dijo para luego susurrar. — y viendo que no juegas de ese lado, no verás problema en que duerma contigo en tu cama.
Dust se enojó notablemente por la ilógica respuesta de su madre. Aunque no sintiera una cierta atracción hacia los sementales, o eso decía él, era igualmente incómodo dormir en el mismo colchón con un poni que no conocía muy bien. Sin embargo, si llegaba a decir eso, su madre descubriría el engaño.
El sonido de los grillos era el único audible en esos momentos. Había empezado a caer una suave llovizna, producto de los pegasos responsables del clima. Por segunda vez en una noche, esa tibia paz fue interrumpida por un grito de una voz profunda y grave, aunque arrebatada de toda calma que mostraba casi siempre.
— ¡¿Que tu eres un Qué?!
Escucho alguien tocando mi ventana, veo la estrella que se acerca a mí, que se apoya en mi corazón, que me da fuerzas para vivir. Si tan sólo pueda ser real lo que escribo en realidad, cada noche pienso en que soy feliz, en que no me salen lagrimas; ya no más, sólo quiero sonreír, felicidad quiero tener ya. — Havent Fire.
Uf... Les juro que cuando terminé de escribir, no daba para más. Lo hice anoche y, bueno, caí rendido a la cama.
Aquí les dejo la intriga para el próximo capítulo que vendrá el próximo mes. (Ja, soy malvado.)
Como siempre, se les agradece dejar reviews o comentarios de cualquier tipo que puedan tener sobre la historia.
La presentación de las Princesas será importante.
Les mando a todos un abrazo, saludos. CSR.
