¡Hola cariños míos! Vengo actualizando un par de días más tarde de lo que me hubiera gustado - mierda de universidad - pero aquí estoy ya. Sé que habéis llorado mi ausencia (?).

Aquí os traigo recién salido del horno el momento que tanto me gusta que ya mencioné en el comentario de mi última actualización. Situado en la saga del East Blue, en el arco de Arlong Park. ¿Quién no recuerda lo que pasó aquí? Aún me emociono cuando lo pienso... TE QUIERO NAMI *3*

Sé que aquí muchos tenemos grabada a fuego la épica escena entre Luffy y Nami, cuando por fin ella le pide ayuda y él antes de responderle siquiera le pone su sombrero, que para mí es el mayor grado de confianza que Luffy podría demostrarle a nadie jamás. Él se da la vuelta y podemos ver a Zoro, Sanji y Usopp en poses muy relajadas pero muy chulas y listos para la pelea. Los cuatro caminando muy dignamente en dirección a Arlong Park... POR FAVOR COMO ME GUSTA ESA ESCENA.

Es una de mis escenas favoritas de toda la serie sin duda alguna. Pero yo aquí hago hincapié, obviamente, en la escena entre Zoro y Nami frente a toda la tripulación de Arlong. ¿Vais sabiendo ya cuál es? Pues bien, mi mente ha añadido unos detallitos y éste es el resultado.

Antes de callarme e irme a tomar por culo, quiero decir que el siguiente shot está decidido y medio escrito. Pista: el arco al que pertenece es exclusivo del anime. Viendo el otro día un vídeo fue como me dio la inspiración, ya lo veréis, me lo estoy pasando genial escribiéndolo xddd.

¡Disfrutad!


Zoro está enfadado, muchísimo. ¿Cómo se han atrevido los cobardes de Usopp y Johnny a dejarle tirado como un perro a merced de los gyojin? Observa a Arlong con el ceño fruncido y mirada peligrosa, tiene muchísimas ganas de partirle la cara a ese gilipollas. Le mantiene prisionero sin tener ningún motivo por el que hacerlo y le jode más que nunca porque tiene cosas que hacer.

Se encuentra en Arlong Park, sentado en el suelo, atado de pies y manos, con un montón de gyojin rodeándole. Justo frente a él, Arlong se mantiene sentado en su silla observándole con un deje de diversión.

- Ya te lo he dicho, solo estoy buscando a una chica. Maldito fenómeno mitad pez – su voz suena amenazante a pesar de ser el que tiene todas las de perder en su posición.

- Palabras fuertes de un humano inferior…por esta vez lo dejaré pasar, pero no quiero volver a escuchar eso de mitad pez – Arlong sonríe de forma horriblemente siniestra, lo que hace que el ceño de Zoro se vuelva más pronunciado debido al enfado y no al miedo –. Nosotros los gyojin, somos humanos que han adquirido la capacidad de respirar bajo el agua. Eso, junto con los poderes derivados de los peces… ¡nos convierte en una raza superior!

Arlong sigue hablando sobre el mismo tema durante un rato más y Zoro no deja de pensar en las ganas que tiene de tirarse al agua solo por dejar de escucharle. Puto imbécil… menuda sarta de chorradas.

- Me estoy aburriendo de escuchar una y otra vez el mismo discurso, Arlong.

Zoro ya había reconocido su voz antes de verla llegar, pero era casi como si no se lo creyera hasta que aparece frente a sus ojos con ese caminar elegante que siempre ha mostrado. Nami se coloca justo al lado del gyojin, manteniendo un porte sereno y unos ojos fríos como el hielo. El espadachín no puede evitar mostrar su más profunda sorpresa cuando ve el trato tan amigable que Arlong le da a la muchacha.

Ya sospecha lo que está pasando, pero todavía no puede creerlo… o no quiere.

- ¡Hey, Nami! – habla Zoro por primera vez desde que la joven apareció –. ¿Por qué eres tan cercana a estos tipos? – pregunta, aunque no está seguro de querer saber la respuesta.

- ¿Qué? ¿Os conocéis? – Arlong sonríe, muy interesado en la conversación.

- No seas idiota, solo fue una víctima más. Les robé un tesoro gigantesco – Nami camina hasta donde se encuentra Zoro y se agacha frente a él con una sonrisa que parece de todo menos feliz –. Sabía que me buscarían, pero no pensé que llegarían hasta aquí.

El rostro de Zoro se ensombrece. Nami está a muy poca distancia de él, y piensa en lo mucho que le hubiera gustado que un gesto así se hubiera dado en cualquier otra situación. Se mantiene impasible, no quiere que la chica sea capaz de leer sus emociones. Les ha traicionado. Ya había sospechado que algo extraño sucedía con ella, pero eso no era algo que hubiera llegado a imaginarse.

- ¿Así que este es tu verdadero yo?

- Así es. ¿Sorprendido? Soy una oficial de los piratas de Arlong. Desde el principio he sido una pirata – la mueca de Nami se vuelve cruel y se gira un poco para que Zoro pueda ver su tatuaje en el hombro, el que hasta ese momento había ocultado con camisetas de manga corta.

Zoro se pone pálido y alza la mirada para ver la bandera de los piratas ondeando en lo más alto del edificio. El símbolo es el mismo. Es algo más serio aún de lo que pensaba.

Tras Nami, Arlong suelta una sonora carcajada.

- ¡Parece que te tenía bien engañado! Olvidaría la muerte de su propia madre por el dinero. ¡Solo es una bruja de sangre fría!

Las palabras de Arlong parecen hacer mella en Nami. Sus pupilas se dilatan y se muerde el labio inferior, como si… como si de esa forma evitara lanzarse directa al cuello de Arlong. Ahí está, lo que Zoro estaba esperando. Sea cual sea la razón por la que Nami está con ese grupo de piratas, tiene muy claro que no es por voluntad propia. La expresión que acaba de poner se lo ha dicho todo, Arlong ha tocado su punto sensible. Hay algo que la joven no le está contando.

- Mentir y robar el dinero de idiotas como tú, esa es su especialidad, y nos tiene a nosotros como su refuerzo – sigue hablando el gyojin.

Zoro decide que él tampoco se va a quedar callado.

- Ahora lo veo… bueno, desde el principio nunca confié en ella. Así que no me sorprende que acabaras siendo una salvaje asesina – mira a Nami mientras dice esto último. Ésta se mantiene seria, incluso cuando una sonrisa extraña se dibuja en el rostro de Zoro –. Desde el principio supe que no darías más que problemas.

Mentira. Todo mentira. Pero Zoro tenía que decir eso para que Arlong crea que aquí se acaba toda relación entre Nami y él. No sabe qué se esconde detrás de su actitud, solo que está relacionado hasta la médula con Arlong y no es un tipo que puedas tomarte a broma precisamente.

Nami sonríe y se pone de pie.

- Eso nos ahorra tiempo. Ahora que sabes que todo fue un engaño, ¿puedes olvidarte del tesoro y de mí e irte de aquí? ¡Lárgate!

¿Olvidarse de ella? Solo han estado juntos unas pocas semanas, pero duda mucho que eso sea algo que pueda hacer. Zoro enseña todos sus dientes en una sonrisa que nadie se ve capaz de entender. Se acuerda de Luffy, y a su mente vienen las palabras que les dijo antes a Johnny y a Usopp. "Luffy me ha pedido que traiga a esa mujer de vuelta. No me importa quienes sean nuestros enemigos, ¡pero estoy convencido de que la voy a traer de nuevo!"

Con el único impulso de sus pies, se empuja a sí mismo hacia atrás cayendo directamente al mar. Todos se quedan impactados y sobre todo sorprendidos, el muchacho está atado así que no puede nadar para salvarse.

Nami no puede creerse lo que acaba de ver. ¿Pero de qué coño va ese imbécil? No solo se atreve a seguirla hasta su pueblo, sino que además se deja atrapar y encima pone su vida en peligro. Sabe que es un tipo muy capaz de salvarse solito pero no puede sacarse de la cabeza el hecho de que sigue inmovilizado por las cuerdas. Los minutos pasan. Ni siquiera él puede salir de una situación así sin ayuda.

- Ese idiota… – murmura furiosa mientras se quita los zapatos.

Llega a escuchar su nombre antes de saltar al agua. Sabe que no debería hacerlo, que se la está jugando de forma muy temeraria, pero igual que no estuvo dispuesta a dejar morir a Luffy tampoco está dispuesta a dejar morir a Zoro. A él muchísimo menos.

Nada con todas sus fuerzas hasta el fondo, dónde es capaz de divisarlo. Aún está consciente y Nami siente una oleada de rabia cuando incluso en un momento como ese sonríe al verla. Entonces se da cuenta. Lo ha hecho a propósito. Sabía que iba a lanzarse a por él. Puto gilipollas.

Le toma por las vendas que cubren su torso entero. Nami no puede evitar preguntarse qué le habrá pasado porque el chico estaba perfectamente cuando ella se fue. Parece algo grave. Chasquea la lengua ante ese pensamiento y sacude la cabeza. Centrándose de nuevo en el asunto que de verdad importa, tira de él hacia arriba para sacarle.

Aún están a medio camino de la superficie cuando ve los ojos de Zoro poniéndose en blanco para después cerrarse. Nami es una chica lista, así que enseguida se da cuenta de que el chico está perdiendo la consciencia, lleva demasiado sin respirar. Le maldice interiormente e intenta pensar en qué puede hacer. No puede hacerle el boca a boca cuando lo saque, Arlong estará ahí y bastante la ha cagado ya.

Vuelve a mirar a la superficie y de nuevo a Zoro. Ya tiene una idea.

Se detiene un instante, no puede hacerlo si no se queda quieta ya que el chico pesa demasiado incluso en el agua. Sin pensárselo ni un instante, le abre la boca y junta sus labios con los de él para pasarle parte del aire que ella cogió antes de sumergirse. No es mucho, pero Zoro es fuerte así que espera que sea el suficiente como para que se recupere antes de salir.

El espadachín abre los ojos antes de que Nami se separe de él. Ambos se encuentran con la mirada del otro tan cerca de la propia que tienen que apartarse rápidamente para no marearse ya no solo por la falta de aire, sino también por la cercanía. La pelirroja decide entonces que ya basta y vuelve a engancharle para salir por fin a la superficie.

Lo consigue. Apoya la parte superior del cuerpo de Zoro bocabajo en el suelo mientras que la otra mitad se mantiene en el agua. Con ella sucede lo mismo, solo que se apoya en el brazo para no caer al frío mármol. Con el otro mantiene el agarre de Zoro. Ambos jadean de forma sonora para recuperar el oxígeno perdido.

- ¿A qué crees que estás jugando? – le pregunta Nami en un susurro, con un tono que no deja lugar a las bromas.

- No, ¿a qué crees tú que estás jugando? – Zoro, que hasta ese momento estaba mirando hacia el otro lado, gira la cabeza hacia ella con una sonrisa –. Una pequeña idiota que ni siquiera puede ver morir a un hombre… deja de hacerte la fuerte.

Nami recuerda sin querer los momentos previos a conocer a Zoro, cuando eligió salvar a Luffy en lugar de salvarse a sí misma. Lo que está sucediendo ahora es algo muy parecido. Luffy se atrevió a dudar de su valentía, y ahora Zoro está dudando de su templanza. Malditos cabrones. Ella no es ningún monstruo, claro que no puede matar ni ver morir a un hombre.

Pero de todas formas, ese no es el motivo ni de lejos por el que ha salvado a Zoro.

- Date prisa y ayúdame, idiota. Creí que iba a morir… – vuelve a hablar el espadachín.

Nami se siente incapaz de controlar su ira. ¿Entonces para qué se lanzó en primer lugar? Sale del agua y arrastra a Zoro con ella sin ninguna delicadeza. Se alza sobre él y no siente ningún tipo de remordimiento cuando pisa con fuerza su espalda y le chilla un "muérete" que suena realmente enfadado. Zoro suelta un quejido.

- Sigue metiendo tus narices en nuestros asuntos… ¡y morirás! – amenaza entre dientes. Ha movido el cuerpo de Zoro, de modo que ahora está sentado y ella agachada frente a él, manteniéndole firmemente agarrado por el cuello.

- Me lo imaginaba… – y sonríe.

¿Por qué coño la ha seguido? Nami está frustrada y triste y tiene muchas ganas de correr por toda la isla gritando para descargar esos sentimientos de alguna manera. Zoro, Luffy y Usopp son las únicas personas en el mundo que han llegado a considerarla una amiga fuera de su pueblo. Incluso Sanji, con las escasísimas horas que ha pasado con él. No puede viajar con ellos pero tampoco puede permitir que Arlong mate a ninguno y el gilipollas que tiene delante no se lo está poniendo nada fácil.

Le ha salvado la vida a Zoro porque no quiere que muera bajo ninguna circunstancia. Lo hubiera hecho por cualquiera de los tres, pero aún siente ahí clavada en el pecho esa… emoción, sensación o lo que sea que ha conseguido que a Zoro no le mire igual que a los demás.

- Bonitas vendas… – comenta al cabo de unos segundos con expresión indiferente. La sonrisa de Zoro continúa en su rostro, volviéndose incluso más ancha.

- No encontraba mi camisa, así que me puse esto – se chulea.

Nami le obliga a ponerse en pie y le estampa un puñetazo en pleno estómago. No es muy fuerte porque ella de por sí no lo es y, sin embargo, Zoro se dobla sufriendo hasta en la última célula de su cuerpo un dolor indescriptible. La pelirroja confirma así que sea lo que sea lo que le ha sucedido a Zoro debe haber sido muy grave para que con lo poco que ella le ha hecho haya gritado de esa manera. Por un momento se siente mal, pero entonces recuerda lo fuerte que es y se le pasa. Estará bien.

- ¿Qué hacemos con él, Nami? – le pregunta alguien a su espalda.

- Encerradle, después me encargaré de él.

Sin nada más que decir, la joven le lanza una última mirada de reojo a Zoro y se marcha dejando al espadachín en manos de los gyojin. Con el corazón en un puño y la mente a mil pensamientos por segundo.


Encerrado como se encuentra, Zoro no puede dejar de darle vueltas al mismo pensamiento.

Nami.

Ya es obvio para él que está con Arlong por obligación, el problema está en que como no sabe cuál es el motivo tampoco sabe hasta dónde puede llegar ni lo que puede hacer. Aun así, sigue recordando que le ha salvado de morir ahogado. Era una prueba y la ha superado.

No le interesa lo que pueda haber pasado para que acabara así, solo quiere que vuelva junto a ellos. Se siente tremendamente cansado de repente, así que decide descansar un rato a pesar de que la imagen de la muchacha no se va de su mente en ningún momento. Las cosas están empezando a complicarse y sabe que Luffy no se va a quedar de brazos cruzados ante esto.

Sinceramente, él tampoco.

Cree que debe haber pasado una hora más o menos cuando la puerta de la celda en la que le mantienen se abre con un feo chirrido. Abre los ojos, reconociendo inmediatamente la figura de Nami que camina hasta agacharse frente a él. Sostiene un cuchillo en la mano y sin embargo a Zoro no se le ocurre que sea para matarlo. Si no, ¿por qué le había salvado antes entonces?

La joven corta las cuerdas que aún le aprisionaban y, sin que el espadachín pueda prever su movimiento, coloca la mano que sujeta en cuchillo en el pelo de Zoro. Lo agarra con fuerza pero no tira de él, así que no le duele. Zoro, a duras penas, mantiene su impasible mueca ante los ojos vidriosos de la chica.

- ¿Qué haces aquí? – pregunta. Quiere verse entera, pero la voz se le quiebra al final.

- Luffy me pidió que viniera a buscarte. Sé que no hace mucho que le conocemos, pero deberías saber ya que no deja ir fácilmente a aquellos que quiere que se unan a él. Si no, intenta recordar cuantas veces te preguntó si querías ser su nakama.

Se miran el uno al otro, tal vez con más intensidad de la que pretendían. Nami es la primera en apartar la vista con la angustia pintada en sus ojos oscuros. Zoro decide que aún no quiere moverse de ahí.

- Además, qué cojones, a mí tampoco me gusta nada la idea de dejarte ir.

Nami vuelve a mirarle con la sorpresa pintada en cada uno de los detalles de su rostro. Frunce los labios para intentar no echarse a llorar. ¿Por qué tiene que decirle algo así en una situación como esa? Afloja el agarre de su pelo y desliza la mano suavemente hacia el hombro. Avanza sobre sus rodillas hasta quedar aún más cerca de él y le da un corto abrazo.

- No dejes que te maten, por favor. Vete de aquí y no dejes que vengan los demás a esta isla. Te he salvado a ti, pero no sé si podré salvaros a todos.

Zoro escucha sus palabras con seriedad. La pelirroja se levanta, le mira suplicante una vez más y pasa el brazo por sus ojos repetidas veces para eliminar los rastros de lágrimas. Entonces, recupera su actitud fría mientras camina de nuevo hacia la salida. Se detiene solo durante un segundo para pedirle que se marche antes de que vuelva Arlong y se va dejando la puerta abierta.


- ¿De verdad crees que Nami haya podido matar al narizón?

La pregunta de Sanji se queda volando en el aire unos segundos. La revelación de Johnny sobre el asesinato de Usopp a manos de Nami y el reciente encuentro con ella les ha dejado de lo más pensativos. Luffy duerme tirado en el suelo, a pocos metros de ellos.

Zoro gira la cabeza solo un poco para poder mirarle de reojo. Claro que no. Nami ya les ha demostrado repetidas veces que no es capaz de matar a nadie. Aunque su estancia con ellos haya sido una farsa, se la ha jugado frente a Arlong por él. Se la jugó frente a Buggy por Luffy. Porque no solo no puede matar, sino que tampoco puede ver morir. Pocas personas deben quedar ya en el mundo como ella, piensa el espadachín.

Eso sí, también ha dejado claro mil veces que su vida es lo que más aprecia en el mundo y si se ha visto obligada por Arlong, que parece ser la persona que más teme en todo el mundo, a matar a Usopp… podría ser.

El espadachín sonríe.

- No lo sé. Nami es pequeña pero podría haberse encargado de él.

- ¿Pequeña? – Sanji se incorpora del árbol sobre el que estaba apoyado –. ¿Qué tiene de pequeño el pecho de Nami? – se abalanza sobre Zoro con la pierna en alto y este apenas tiene tiempo de sacar sus espadas para detenerle.

- ¿Es que eso es en lo único que piensas? – le grita Zoro, indignado.

Cuando pierna y espada se encuentran, ya es demasiado tarde. El pobre Usopp ha decidido aparecer en un muy mal momento y en plena zona de guerra. A Sanji y a Zoro les cambia la cara. Menuda torta se ha llevado.

- Está vivo – susurra Sanji.

Zoro sonríe para sus adentros.

¿Qué habrá hecho Nami para que engañara la vista de Johnny?

- Me parece que ya no… – dice con algo de guasa mientras ambos se retiran y el cuerpo de Usopp cae frente a ellos debido al fuerte impacto que se ha llevado por parte de sus nakamas.

Luffy, que se ha despertado por el golpe, acude al rescate de Usopp y una vez se recupera les informa a todos de los sucedido. Para Zoro, es tan solo un eco de lo que le ha sucedido a él y de sus propios pensamientos. Nami no quiere que mueran y hay una razón de peso por la que pertenece a esa tripulación de gyojin.

Pero entonces la hermana de Nami decide hacer acto de presencia para pedirles, como docenas de veces lo ha hecho ya la pelirroja, que se marchen. A cambio, ella les contará que es lo que tanto les ha ocultado Nami. Zoro camina para tomar el lugar que antes ocupaba el cocinero junto al árbol mientras Luffy anuncia con desinterés que se va a caminar.

- Escucharemos lo que nos tienes que decir, pero eso no cambiará las cosas – Zoro decide dejar las cosas claras porque eso no va a convertirse en ningún trato.

Ya no solo porque Luffy no está dispuesto a dejar que ninguno de sus nakamas se quede atrás, sino también porque él no está dispuesto a dejar a Nami a merced de nadie. Así que de golpe decide que tampoco le interesa su pasado, que lo único que quiere es que esté bien. Sea dónde sea y con quién sea, pero bien.

No tarda ni dos segundos en quedarse dormido mientras Usopp le grita enfadado por eso mismo.

Nojiko sonríe. Pobre Nami, ahora entiende por qué está así de confundida.