Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Capitulo 4:Descubriendo el interior.
Marín camino con ese cierto misterio atrapante hasta las escalinatas de Aries y cuando se sintió lo suficientemente lejos de los oídos de los hombres del interior, la pelirroja miró fijamente a Seika con esa fría mascara de plata. Tras un par de segundos de respiraciones inquietantes y las manos de la castaña hechas un manojo de nervios , la amazona se atrevió a preguntar:
— ¿Qué se supone que haces vestida así y qué significa todo esto, tu así, en ese aspecto?—la amazona señalo hacia el gorro y ropas de la castaña y no pudo evitar escapar una risilla burlona de su boca.
Seika se acercó lo suficientemente cerca para alcanzar el oído de la pelirroja y murmuró:
—Marín, ¡por tu culpa y una doncella psicótica han pasado tantas cosas y ahora no se como salir de ellas!—y volteó ambos lados cuando terminó.
— ¿De qué hablas?
— ¿Recuerdas la vez que me dejaste en la Fuente de Athena? — ella asintió—Esa vez yo me proponía regresar felizmente hacia Rodorio cuando pasó por ahí una doncella loca y por destino termine en el cuarto de Escorpio y luego de Cáncer y me encontré a Kiki y luego llegue a Aries y...y...
—No te entiendo y tu habilidad de explicar las cosas es idéntica a la de tu hermano. —ironizó la pelirroja— Así que dime si entiendo, ¿estas cuidando a Aries como doncella por culpa de Kiki , la mía y una doncella?
Seika suspiro tratando de calmar sus nervios y comentó—Te explicare.
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En el interior del Templo, los dedos de Leo golpeando incesantemente la mesa de Aries mientras permanecía sentado y observando constantemente hacia la puerta del Templo, tenían a ambos lemurianos atentos a cualquier movimiento que el santo hiciera .
Fue entonces que para calmar la situación, Mu habló:
—Y bien... ¿cómo esta todo en Leo?—el castaño giró su rostro hacia los lemurianos y esbozó una suave sonrisa.
—Todo comienza a tomar lugar bastante bien Mu, no pensé que sucediera así menos con todo lo que ocurrió, aunque, sin duda quedan cuestiones en el aire que se deben aclarar.
—Quiero entender que por cuestiones hablamos de la situación de algunos caballeros.
El castaño asintió, escondiendo su mirada en la mesa—Al menos para mí, la situación no es del todo favorable y supongo que para ti tampoco.
Los recuerdos del Hades invadieron al lemuriano, quien cerró sus ojos y negó con la cabeza para olvidarlo—Algunas cosas han de cambiar, será cuestión de horas para que el Patriarca se recupere y tengamos una reunión con Athena, entonces llegara el momento de aclarar nuestras dudas.
Leo sonrió ante lo dicho por Mu y ansioso, se levanto de su silla hacia la próxima de Kiki, tomando asiento y agitando los cabellos colorados del niño al instante, para después tomar un panecillo de la mesa y al propinarle un mordisco:
— ¿Y tu, pequeño, cómo has estado?
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—Vaya...—escapó el murmullo seco de la boca de Marín tratando de entender todo el problema en el que se había metido Seika.
—Ahora no se como salir de esto, aunque como ya estoy dentro, quizá debería terminar con mi labor de doncella—comentó la castaña sonriente removiéndose de los escalones donde compartía asiento con la pelirroja. —No lo se , quizá me gustaría quedarme aquí después de eso.
El semblante callado de la amazona atrapó la atención de Seika.
—Tarde o temprano se sabrá la verdad Seika, y es peligroso que estés tu aquí, en el Templo de un caballero. —suspiro Marín tan lentamente que provoco que el corazón de Seika se acongojara—Deberías decir la verdad o simplemente escapar para no volver nunca más, si optas por la segunda, te ayudare ahora mismo.
— ¡No, eso no!—espetó determinada Seika, percibiendo la mirada fría de la máscara ante su negativa—Marín no me lo tomes a mal, pero ¿te imaginas que se preguntara Mu y Kiki al no saber donde estoy? y...—suspiro pensando en Aioros—de alguna manera, me he encariñado con este lugar, con ellos.
— ¿Sabes lo peligroso y mortal que es que existan sentimientos como esos en este lugar?—advirtió fría Marín—Aquí todo es diferente, no esta permitido tener tales sentimientos a menos que estés dispuestos a pagarlos con tu vida Seika, por eso debes apartarte de aquí.
El aliento de la castaña se detuvo un instante—Seika, tu mejor que nadie sabes que el Santuario es un lugar mundano y de sufrimiento, a las doncellas o personas que se sientan tentadas por lo que hay en él, no hay mas que dolor en su camino, por eso no deben existir sentimientos para ellas, nadie debe involucrarse de más con los caballeros y menos tu, porque Seiya jamás lo hubiera querido.
Aquel nombre cimbró por completo a Seika, haciéndole titubear—Él vivió el Santuario por destino y no voluntad, el sabe del dolor de este lugar, ¿crees que hubiera querido lo mismo para ti, que tu lo afrontaras para ti por voluntad propia?
Marín se levantó de las escalinatas dejando ausente a Seika—Solo piénsalo un momento, no te obligare a hacer nada, pero ya que lo has decidido, deberías terminar tu encomienda lo mas neutral y fría que puedas y alejarte lo mas rápido de aquí. En el Santuario no habrá mas que dolor para ti.
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Marín penetró sola el Templo de Aries y se marcho llevándose consigo a Leo, aunque el silencio que ella mantenía, dejo extrañado al santo de la quinta casa al seguirla. Algo habia sucedido con aquel muchacho y él averiguaría todo a su tiempo.
Seika se quedo ausente en sus pensamientos, era como si hubiera sido invadida por miles de cuestionamientos propios sobre su verdadero lugar y todo aquello que añoraba. Comenzó a recordar a Seiya, en ese instante en que lo había sentido tan cerca, en la manera como la había defendido Jabu, Shaina y todos sus nuevos amigos del dios Thanathos y entonces supo a lo que Marín se refería.
Aquel lugar solo representaría sacrificios, dolor y perdidas de a quienes mas amaba ella, ¿acaso estaría dispuesta a afrontarlo, acaso podría soportar ver heridos ó quiza, nunca más a Aioros, Mu o Kiki ? Ella sabía que eran tiempos de paz, pero que eso no era garantía de que no sucedieran batallas más y que la vida de alguno de ellos no era propia, si no de la voluntad de Athena y la paz mundial.
Las lagrimas comenzaron a resbalar en las mejillas de Seika mientras el aire se las llevaba una a una, fue hasta que Mu en el interior de Aries, percibió su esencia triste y ordeno Kiki quedarse en el íntimo del Templo mientras él buscaría a Seiko .Lentamente caminó hasta donde la silueta de Seiko hacia sombra con la del Sol al borde de las escalinatas y silente apoyó su mano sobre el hombro de la chica, haciendo que Seika se quedara quieta y sorprendida.
—Siempre supe que eras una persona especial y sensitiva—murmuro él agachándose hasta ella.
No hubo necesidad de que girara su rostro mojado, Mu podría percibir la tristeza de Seika con su simple tacto, cuestión que sorprendió a la castaña. Aquel talento hizo sonreír a la dama, quien, con tosquedad limpió sus lágrimas.
Sin girar y nerviosa, ella espetó: —Señor Mu, hay algo...que debo contarle y...
Mu la soltó del hombro, haciéndola callar y enfrentarle en cuestión de segundos su mirada:
—Es mejor que no lo hagas, aun no, se que cuando lo hagas tendrás que irte, y aun no...no quiero perderte. —Seika le miró fijamente, como si existiera una mezcla de complicidad con ella, como si pudiera ver a través de los ojos de Mu la verdad—Nunca te he pedido nada, por eso ahora te pido que no acabe la magia que trajiste con tu presencia.
El santo esbozó una sonrisa y se alzó avanzando hacia el interior del Templo. Seika se mantuvo quieta y observando en silencio la silueta andar. Era una mezcla de descubrimiento y confianza que el propio santo le había inspirado y le hacia olvidarse del dolor propio y el tormento de sus recuerdos.
— ¿No vas a tomar tus alimentos?—el santo se detuvo a preguntar a unos pasos aun dándole la espalda—Pronto será medio día y habrá que empezar con la comida.
Seika sonrió, se sacudió un poco la ropa y corrió hacia el comedor. Por ahora tendría que mantenerse de pie.
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Las horas continuaron su curso, y Seika comenzó a levantar los platos sobre la mesa del desayuno. Aun permanecía melancolía y a veces se abatía en las palabras de Marín que resonaban como eco en su mente, mas los pequeños pasos corriendo hacia ella, le atraparon su atención. De pronto la mágica sonrisa de Kiki la hizo reír.
— ¿A dónde se supone que iras pequeño?—pregunto ella al verlo listo para emprender un viaje. Una mochila y lo que parecían unas vendas acompañaban al pequeño.
—Iré con mi maestro a las montañas rocosas cerca del mar a entrenar, caminaremos mucho, por eso debes comer sin nosotros ya que llegaremos tarde.—el pequeño tenia su encanto al hablar—¡ Estoy emocionado!, es la primera vez que entrenaremos después de...—el silencio del pequeño y su mirada desviada, lo dijo todo.
—Siendo así...—comento Seika acercándose hacia la cocina—Les prepare algún refrigerio que puedan comer allá antes de la cena.
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Mu dudo al estar frente aquella puerta. Había detenido toda actividad de su taller y como imán atraído había caído hasta el pasillo que daba al cuarto de Seiko. En el fondo, tenía miedo de descubrir algo que su interior intuía, mas su inquietud (rara en el siempre sereno Mu), lo había forzado a tomar el pomo de la puerta y abrirlo sin más.
El crujido de la puerta le tensó más los nervios mas al tan solo forzarlas unos centímetros a permitirle la entrada, la voz en el pasillo le hizo detenerse y cerrar de inmediato la puerta.
Mu se quedo quieto al borde de la entrada de la habitación de Seika y esperó a que le pequeño Kiki hablara primero:
—Maestro... ¿ya esta listo, ya nos vamos?
El mayor asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia la salida del Templo antes de que le pequeño le cuestionara su extraño comportamiento.
—Mire maestro, Seiko nos preparo refrigerios para la playa—comentaba el pequeño enseñándole a su maestro un mantel enredado con frutos. Por ahora su ansiedad tendría que esperar.
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Seika se despidió de ambos lemurianos y los observó partir desde las escalinatas de Aries, para volver quizá a sus labores de limpiar y acomodar el Templo de Aries, pues eso era preferible a quedarse quieta con excesivo tiempo para pensar en lo dicho por Marín.
Tomó un trapo húmedo y comenzó a limpiar el polvo de algunos libros de un mueble de la estancia principal del privado y al tratar de alcanzar unos de la parte alta del mueble ,una voz aterciopelada la hizo tirar algunos y sobresaltarse del susto.
— ¿Te ayudo?—Seika se tiro al suelo junto con los libros y segundos mas tarde, observó la preciosa mirada que le ofrecía su mano para levantarse.
Como aparición fantasmal, Aioros se encontraba observándole divertido.
— ¿Qué, qué, que haces aquí?—pronunció con cierto miedo Seika mientras el santo le tomaba la mano por iniciativa y la hacia levantarse.
—Sinceramente yo tampoco lo se.—nervioso por su explicación el santo comenzó a rascarse la nuca— Solo supe que esta mañana me levante y mis pasos me trajeron hasta Aries. —el santo sonrió sonrojado—Quizá es que acepte tu oferta de buscarte cuando me sintiera solo.
Seika bajo su mirada sonrojada, mas sus pensamientos trajeron el recuerdo de Marín y al instante trato de calmar los nervios que Aioros provocaba.
—No...no esta bien que me busques así—murmuro mas para si misma que para él.
Aioros alzó su ceja y pregunto fijamente observándole con un gesto de inocencia que cautivó a la joven— ¿No esta bien, te incomoda, Mu te ha dicho algo?, si es así, perdona solo quiero que seas mi amigo.
— ¡No!—respondió con prisa la joven—No es por eso, solo creo que...bueno, los ayudantes del Santuario, doncellas y demás no deben involucrarse más allá de su trabajo con ustedes, los caballeros.
El santo sonrió complacido mientras la veía agacharse nerviosa a recoger algunos libros—No te preocupes, seré discreto aunque me parece muy absurdo que no seas mi amigo solo porque soy un caballero y tu un "ayudante" del Santuario.
—No digas eso, si soy tu "amigo"—aquella palabra la ponían demasiado nerviosa— solo que eso de venir a buscarme al Templo de Aries, tu un caballero, me extraña.
—Tampoco quise meterte en un problema, espere a que Mu se fuera. —comentó inocentemente el santo, haciendo que los libros que había recogido Seiko se cayeran de nuevo y ambos rieron —No quiero causarte problemas, de verdad, menos a la única persona que ha sido cálida conmigo desde mi llegada.
—Bien, ¿y puedo hacer algo por ti?—pregunto entre risas nerviosas Seika.
—Si, quería que me acompañaras a caminar un poco y comer algo en Rodorio, si no tienes nada que hacer claro—la manera en que la miraba, por muy vana que fuese, a Seika le derretían.
Y así, olvidándose del trapo y los libros, Seika camino hacia la salida junto con Sagitario.
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Quizá había caminado algunos metros lejos del Santuario hacia los caminos que ella conocía de Rodorio y todo su mundo había eclipsado en los ojos del caballero que le acompañaba.
Hubo momentos incómodos en que su condición de "hombre" se le olvidó a la pequeña castaña y tomaba del brazo al caballero que sonrojado y sintiendo la mirada extrañada de algunas personas que lo veían caminar del poblado, la soltaba lentamente.
Ambos llegaron hasta una pequeña tienda de comida y tomaron dos platos de sopa típica de la región y minutos más tarde caminaron por la ciudad en busca de un delicioso helado, haciendo que Seika jama olvidara que el chocolate era el preferido del caballero.
Tras una platica trivial y ambos quedarse observando al ciudad en un pequeño árbol de escasas hojas verdeceos con tintes dorados ,él santo comenzó a observar al cielo mientras saboreaba su dulce perdiéndose unos segundos, mientras Seika quien apenas había notado su distracción comenzó a analizarle en silencio.
Aioros al sentirse observado, giro su mirada hacia Seiko, quien de inmediato la evadió y continuo en su labor de comer su helado.
— ¿Qué?—preguntó el santo divertido.
—Nada...—contestó nerviosa ella pretendiendo no saber nada de lo que el santo refería.
—Enserio, puedes decirme lo que sea.
—Bien—aclaro ella tratando de desviar su atención.—De alguna manera, encuentro fascinante la manera en que come el helado, es como si fuera la primera vez que lo prueba y no lo culpo, supongo que después de catorce años, de pensar que jamás volvería a probar uno ,este ha sido un regalo divino ,o ,¿me equivoco?
El santo sonrió complacido y dio un gran mordisco al mantecado, para responder.
— ¿Por qué pareciese que me conocieras de toda una vida? , realmente me sorprendes—exclamo él atrapando su atención—Normalmente son las mujeres quien tienen esa gran capacidad sensitiva y empática, en ti me sorprende.
Al instante, la jovencita se levantó bruscamente dejando caer en en sus ropas su propio mantecado, sin contar la cara de extrañeza del santo.
— ¡Tengo que irme, es tarde!—el castaño asintió divertido—Además ya me he manchado, ¡Por los dioses!, Mu me reprenderá.
Y sin más Seika se echo a andar de regresó al Santuario.
— ¡Espera...!—grito a lo lejos Aioros divertido por lo extraño de la situación.
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Había quedado dormido y a él no le había importado llevarlo en su espalda al pequeño Kiki de regresó al primer Templo.
Mu al penetrar Aries, dejo en un sillón al dormido Kiki, quien mantenía un gesto inocente y divertido al vacilar en el mundo de los sueños tras un día de arduo entrenamiento .Sonrió al quedarse unos momentos observándole y tras ello deposito los recipientes del refrigerio que también había traído en una mesa.
Fue entonces que ante el silencio del Templo, el santo buscó con su mirada a Seiko y al observar en toda la casa, vio un par de libros de su estante tirados en el suelo , cuestión que atrapo su atención y de inmediato hizo buscar a Seiko por toda la casa.
Fue paso a paso hasta la habitación de Seiko, esa misma que dudo en abrir unas horas antes pero al escuchar el sonido de la regadera y su preocupación dispuesta, le hizo mover poco a poco el tomo de la puerta.
Su mirada se adentro a la habitación con el filo de la abertura, esperando encontrar la silueta escurridiza de Seiko moverse por ahí mientras su respiración cada vez era mas intensa y pesada sin explicación aparente. No vio nada, así que empujo un poco más la puerta, lo suficiente para que su delgada fisionomía penetrará a la habitación y al hacerlo, observó alrededor aun permanecía silencioso y sin movimiento aparente mas el sonido del agua cayendo le hizo aproximarse nervioso hacia la puerta del baño.
—Seiko, ¿esta ahí?—pregunto el santo suave al allegarse ala puerta del baño.
—Aioros me la va a pagar, mira que llenarme de helado—comentaba en el interior del baño Seika mientras se despojaba de sus ropas y gorro, quedando en plena desnudez tanto regulaba la temperatura del agua de la regadera.
Al abrir la puerta por un impulso, Mu se quedo quieto ante lo que vio. Una preciosa silueta de tez blanca y cabellera castaña cayendo como cascada en la espalda dejo maravillado al santo que por instinto no hizo nada más que contener su aliento a pesar de que sus pasos le advertían que tenía que alejarse de ahí.
Seika estaba punto de meterse en la bañera cuando al mirar al espejo sobre el lavabo, su cara palideció. Tardo en pensar que era una alucinación, incluso rebuscando en el vapor del agua caliente que aquella imagen del santo de Aries era real, mas se congeló al afirmarse que todo aquello salía de sus planes. Ahora todo habría de cambiar.
Continuara...
Lindos lectorcitos, se que no tengo perdón ni vergüenza para presentarme después de largos meses que deje en stand by este fic y que muy a mi pesar no podía actualizar a pesar de sus preciosos comentarios, pero así es la vida real y se mejor que nadie que bien da pereza leer un fic después de tanto tiempo, pero es mi deber continuar con la ilusión que se quedo en el tiempo pero que jamás abandone. No mis caballeritos son algo especial en mi vida, así que abandonarlos, no tan fácil.
Tomare en cuenta sus comentarios sobre ver en acción a mas caballeritos, todo a su tiempo lectorcitos, paciencia, bueno menos que antes, ahora que ando de vagaciones con gusto actualizare mas seguido .Les mando muy buena vibra y les doy las gracias por al confianza con esta autora, realmente por ello, esperen sorpresas!(Angel elisha amiga te extraño a montones,songosuh,kaito,Sanathos mil bendciones para ti y tu apoyo,arcee93,Blue foerever,fio y dulce locurilla gracias)
