CAPÍTULO VI: CABALLERO POR SIEMPRE.

Ephraim esperaba la respuesta de su hermana, paciente, pero poco a poco la ansiedad lo invadía. Al notar que esta había cerrado sus ojos, decidió continuar y satisfacer los deseos que se alojaban en su corazón. Se acercaba lentamente mientras cerraba sus ojos, tal y como su gemela; si esta no le había ordenado detenerse significaba que le estaba permitido continuar.

Sin embargo, el destino tenía preparado algo distinto a los hermanos.

— Con su permiso, lamento la interrupción.

Bastó tan solo escuchar una voz ajena para que Eirika hiciera a un lado a su hermano con una rapidez impresionante, casi haciendo que este pierda el equilibrio y termine sentado en el suelo de la sala.

— ¡S-Seth! — exclamó muy nerviosa la joven reina al darse cuenta que se trataba de su guardián quien la había sorprendido en semejante intimidad y con su propio hermano.

— General Seth. — al contrario de la chica, el joven rey se veía relajado, como si la escena que acababa de presenciar el paladín hubiese sido de lo más ordinaria.

— Solo he venido a informar que su pueblo le espera bajo el balcón del castillo, mi rey. — anunciaba Seth, quien parecía no reaccionar de ninguna forma ante lo que acababa de ver. — esperan escuchar un discurso de su parte tras regresar de su misión en Grado.

Era de esperarse que luego de su larga ausencia lo mínimo que podía hacer el joven era rendir cuentas a su reino. No podía permitirse el descuidar sus responsabilidades como rey, y por ningún motivo iba defraudar a las personas que juro proteger.

— Entiendo, muchas gracias, general. — respondía Ephraim, aún sereno. — Eirika ¿te gustaría acompañarme? — consultaba a la joven reina, extendiendo su mano.

— . . . — la chica, por su parte, retrocedió. — No hermano, nuestra gente espera verte a ti después de todo este tiempo, no a mí. — explicaba evitando cualquier contacto visual con su gemelo. — tan solo iría a estorbar. Con permiso, debo retirarme.

Dicho esto, la joven restauradora se marchó corriendo del lugar mientras sostenía su bello vestido para no tropezar. Por supuesto, su gemelo no podía quedarse de brazos cruzados.

— ¡Eirika, espera! — gritó Ephraim, para luego correr tras ella. No obstante, algo le detuvo en seco, Seth había agarrado con fuerza el brazo izquierdo de su rey.

— Mi señor, le suplico que no pierda la paciencia, por favor. — solicitaba el caballero mientras sostenía al chico, quizás con demasiada fuerza. — deje que yo me encargue de Lady Eirika, su pueblo no puede esperarlo más, sería descortés y muy perjudicial para su imagen. — Seth ponía sobre la mesa argumentos muy sólidos. — Piense en Lord Fado, que en paz descanse.

Tras la mención de su difunto padre, el lancero no tuvo más opción que tranquilizarse y obedecer la petición del paladín, aunque fuese de muy mala gana. Dejó de forcejear.

— Tiene razón… — admitió el chico peliazul. — te la encargo, general Seth.

— Será un placer, Lord Ephraim. Le deseo suerte en su discurso, que sus palabras cautiven los corazones de nuestra gente.

Luego de presentar sus respetos con una educada reverencia, el paladín pelirrojo se retiró de la sala. Por su parte, el joven rey se sentía molesto, no solo por la interrupción desafortunada del caballero, sino por la forma en que este se dirigía a él. No estaba seguro, pero algo en el tonó de Seth perturbaba a Ephraim, como si le tratara con desprecio a pesar de que este fuese su mejor soldado. Tiempo para pensar no sobraba, por lo que rápidamente se encaminó hasta el balcón del castillo, donde la gente de Renais le esperaba.

Mientras su hermano se encontraba rindiendo cuentas a su pueblo, Eirika estaba encerrada en su habitación, confundida y muy agitada luego de su carrera por los pasillos del castillo. Aún le costaba asimilar lo que acababa de ocurrir, hasta hace tan solo unos momentos, su hermano gemelo había intentado… ¿besar sus labios? de tan solo pensarlo su corazón se ponía latir como un tambor; una reacción que la confundía todavía más. ¿Y por qué no había sido capaz de parar semejante acto pecaminoso? Ephraim no la tomó por la fuerza, por el contrario, la sostenía con meticuloso cuidado entre sus fuertes brazos. ¿Qué habría pasado si el general Seth no hubiera aparecido ante ellos en el momento preciso? ¿algo horrendo? ¿algo imperdonable? ¿o aquello que desde hace ya mucho tiempo atrás estaba esperando? La joven reina se sentía muy frustrada al no ser capaz de comprender lo que ocurría en su interior, era una sensación que le quemaba. ¿A caso era que no quería reconocer que era decepción lo que sentía debido a la interrupción de su guardián?

De pronto, alguien tocaba la puerta de su habitación.

— Lady Eirika, con su permiso, ¿puedo pasar? — era el paladín pelirrojo una vez más.

— Sí, pasa, por favor. — respondió la chica, sin mucho ánimo.

Cuando el caballero ingreso a los aposentos de su reina, la halló sentada en una de las orillas de su cama. Su rostro no transmitía la alegría que la caracterizaba, por lo que Seth se preocupó de inmediato. Se sentó a su lado, observándola; no estaba seguro de cómo dirigirse a su señora en tal estado de melancolía.

— Ahora mismo el rey debe haber finalizado su discurso, todos en el reino se encuentran celebrando su retorno con juegos y banquetes. — explicaba el caballero. — ¿no piensa salir a acompañar a su hermano?

— No me siento muy bien en este momento… — se excusaba la reina, cabizbaja. — preferiría quedarme aquí por el resto de la tarde. Lo lamento, Seth.

— No me debe disculpas, Lady Eirika, respeto su decisión y le ofrezco mi compañía si así lo desea.

— Te lo agradezco mucho, Seth, pero me gustaría estar sola. Sé que estoy actuando de forma inmadura y lo siento, pero… — la chica no pudo terminar de expresarse, y observaba su regazo con la sonrisa apagada.

Por su parte, el paladín se imaginaba el motivo de la desdicha de su señora, y le lastimaba, pues hace tiempo que estaba enamorado de ella. Recordó aquella vez cuando le confesó que había faltado a su juramento de caballero el día del asedio de Grado al castillo; que la había protegido con su vida no por ser miembro de la familia real de Renais, sino por ese inmenso amor que sentía por ella. Sentía muchas ganas de romper esa promesa solemne una vez más, especialmente luego de lo que había sido testigo en la sala del trono.

— Mi reina, ¿me permite ser egoísta por unos momentos? ¿me permite hacerle una pregunta que quizás la haga sentir incomoda? — solicitaba el guardián, luego de que unos segundos de silencio pasaran. — castígueme luego, si he de traspasar un límite que no debería jamás ningún subordinado.

— Seth… — no podía evitar sentirse muy intrigada, incluso un poco asustada, luego del comentario de su soldado. — Puedes preguntarme lo que gustes con confianza, no hace falta que te restrinjas, pues sé que eres incapaz de faltarme al respeto.

— Gracias, mi señora. — hizo falta que el chico se armara de valor antes de continuar dirigiéndose a su amada reina. — Sé que usted ama al rey más que a nadie en el mundo. Sin embargo… ese amor que siente por él… ¿ese amor… supera lo que es simple cariño entre dos hermanos?

— ¡S-Seth! — tal pregunta la había tomado completamente desprevenida. — ¿D-De qué estás hablando? n-no entiendo a qué te refieres. — era imposible para Eirika ocultar su rostro rojo por la vergüenza.

— Hablo de que si ama a Lord Ephraim, no como hermano… sino como hombre. — explicaba Seth, con rostro serio; no se trataba de ninguna broma pesada.

Eirika no sabía cómo responder, lo más evidente era decir "no" sin pensarlo un solo segundo. Pero le era imposible… la palabra no salía de sus labios porque algo la estaba deteniendo. La chica jamás fue buena cuando se trataba de mentir, eso significaba que, si respondía a la pregunta del paladín con una negativa… ¿estaría mintiendo? ¡no podía ser! Seth esperaba que su reina le dijera algo, lo que sea, pero esta ni siquiera era capaz de mirarle de frente. La verdad estaba escrita en la cara de Eirika como si se tratara de un libro abierto, y el pelirrojo podía darse cuenta perfectamente. Ese rostro sonrojado y confundido de la restauradora hacía daño al caballero, y ya no aguantaba más semejante dolor, preferiría ser atravesado de lado a lado por una lanza. Se levantó de la orilla de la cama de la chica, sin decir una palabra, para dirigirse a la puerta.

— Seth, espera… — pedía la chica entre dientes.

— No hace falta que me responda, Lady Eirika, fui un atrevido y le ofrezco mil disculpas por mi comportamiento.

— No, Seth, yo… — no había caso, tenía un nudo en la garganta.

— Aún conservo esos sentimientos… — decía el paladín, dando la espalda. — Todavía siento lo mismo que le confesé antes de su asunción como reina de Renais. Siempre seré un caballero antes que un hombre, por lo que no tengo derecho a exigir ningún trato especial. Continuaré sirviéndole bien hasta el final de mis días, o hasta que usted lo estime conveniente; nada en este mundo hará que cambie ese hecho.

— ¡Seth, espera un segundo, te lo imploro! — exclamaba la restauradora con voz temblorosa mientras su guardián estaba a punto de abandonar su recamara. — ¿Tú… guardarás rencor a mi hermano?

— . . . — el chico se quedó en silencio por un instante, pensando en su respuesta. — Juré lealtad al rey de Renais, preferiría la muerte antes de faltar a mi código de caballero. Protegeré al rey siempre, incluso a consta de mi propia vida si es necesario, por lo que no hace falta que se preocupe en lo más mínimo, mi lady. Con su permiso.

Una vez replanteado su juramente de caballero, Seth se retiró de la habitación de su señora. Eirika no podía evitar sentir que el paladín pelirrojo no había respondido a su pregunta, y tal vacío le comía por dentro; se sentía responsable de haber herido al hombre que siempre la había defendido de todo daño.

— ¿Por qué… por qué no le pude decir que no…? no lo comprendo…

La visita de su guardián solo había conseguido desordenar todavía más los pensamientos de la chica peliazul. Estaba segura que se había marchado con una idea equivocada acerca de sus sentimientos, porque eso era ¿verdad? una mala interpretación. Ella amaba a su hermano muchísimo, ya que él era la única familia que le quedaba en este mundo, pero ese amor no era… no tenía nada que ver con… era tan solo amor fraternal entre hermanos, era tan solo amor fraternal entre hermanos, era tan solo amor fraternal entre hermanos... ¿Por qué no lograba convencerse? Era inútil, no estaba pensando con la cabeza fría, por lo que decidió que lo mejor era irse a la cama a pesar que aún era temprano y una fiesta tenía lugar a las afueras del castillo.

Se dirigió al espejo que tenía en su habitación, allí observó su reflejo pensativa. Aún traía consigo el largo y hermoso vestido azul, y su rostro aún conservaba el maquillaje que se había puesto tan solo para recibir a Ephraim luego de un largo tiempo. Contemplaba su imagen, como si allí fuera a encontrar las respuestas a sus problemas. Había esperado en regreso de su gemelo con tantas ansias, pero ahora se hallaba sola y encerrada entre cuatro paredes, evitando enfrentarse al rey cara a cara una vez más.

— Hermano… ¿qué pasaba por tu mente al ver este rostro? ¿qué pensabas hacer cuando me tuviste entre tus brazos?

FIN CAPÍTULO VI

NOTA DEL AUTOR

Lo siento mucho por aquellos que shipean a Eirika con Seth, pero advertí que este fanfic se trataba de EphraimxEirika, por lo que no me hago responsable si llegaron hasta aquí sin que les guste esta ship. Solo me gustaría aclarar que no odio a Seth, al contrario, es (discutible) el paladín más fuerte de toda la saga de Fire Emblem~ puedes acabar Sacred Stones con él haciendo el 80% del trabajo si te lo propones (lo he visto en speedruns). En fin, espero que les haya gustado este capítulo, esta vez más largo; y ojalá puedas dejar una review, me anima a continuar este fanfic. ¡Hasta la próxima!